Diario Vasco
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Otra vez, ciego en Gaza
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Alberto Moyano | 15-07-2014 | 08:48

Ayer, exactamente a la misma hora en la que manifestantes españoles se concentraban frente a la embajada israelí en Madrid al grito de «no es una guerra, es un genocidio», el líder de Hamás, Ismael Haniye, proclamaba en televisión: «La respuesta política debe estar a la altura de la resistencia para recoger los frutos de esta GUERRA».

Y entonces, no queda más remedio que preguntarse a qué obedece esa irresistible y fascinante pulsión que algunos sienten a la hora de colgar la palabra «genocidio» a todo lo que suene a israelí. Y también cómo es posible que los palestinos, que sufren infinitas calamidades, puede ser el único caso en la historia en el que un pueblo es víctima de un «genocidio» y, a la vez, aumentar su población año tras año. Y ya puestos a preguntar, también cabe interrogarse cómo es posible que a estas horas de la mañana, Israel haya aceptado un alto el fuego condicionado únicamente al cese de cohetes contra su territorio, mientras que Hamás, víctima de «genocidio», lo rechaza categóricamente, un caso inédito en la Historia de los «genocidios». Y ya puestos,  habrá que preguntarse cómo es posible que se haya llegado a eviscerar de significado las palabras hasta este punto y en el nombre de qué nos hemos permitido hacerlo.  Convengamos que si realmente estamos ante un «genocidio», habrá que inventar una nueva palabra para dar nombre a otros acontecimientos registrados a lo largo de la Historia. ¿Por qué resulta tan complicado posicionarse en contra del bombardeo de Gaza sin recurrir a términos como «genocidio», «exterminio» y «nazismo», clamorosamente ausente en otros conflictos tanto o más sangrantes, en una espiral alocada que obligaría a calificar de “genocida” el atentado de Hipercor, por poner un ejemplo cercano?

Y hasta aquí la reflexión «humanitaria». Para los ‘expertos’ queda el análisis de las catastróficas consecuencias que para Israel ha tenido la desanexión de Gaza y las lúgubres lecciones que extraerá su gobierno de la que fue la primera devolución a los palestinos de territorios ocupados, un ensayo lamentablemente fallido del que nadie –y muy especialmente Hamás– quiere asumir su cuota de responsabilidad.

Mientras tanto, aquí continuaremos fingiendo que el antisemitismo, tan presente en Europa durante largos siglos, se evaporó un buen día, como si nunca hubiera existido, y en su lugar, floreció milagrosamente un angelical sentimiento humanitario denominado «antisionismo», y que ambos fenómenos no tienen absolutamente nada que ver entre sí..

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