Diario Vasco
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Contra los boicots culturales
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Alberto Moyano | 09-05-2017 | 17:48

Asistimos tal cantidad en bucle de campañas de boicot a todo tipo de creaciones culturales que urge poner orden en el panorama. Esta misma semana se desataba el correspondiente llamamiento a no ver una serie de televisión porque figura en su reparto una actriz vasca que en su día participó en una campaña en contra de la dispersión de los presos. Dejando a un lado la sospechosa, recuperación de viejos vídeos en coincidencia con las fechas de determinados estrenos –y el hecho de que todo esto se desate al amparo del confortable anonimato admitiría las teorías más conspiranoicas–, hay que recordar una vez más el carácter inquistorial de estas prácticas y a la vez, por supuesto, el derecho de cada cual a adherirse a cuanta «caza de brujas» considere oportuna.

Lo inconsistente es que el boicot cultural se considere inadmisible y una prueba de ceporrismo en unas ocasiones y puro activismo en otras, siendo idénticas las circunstancias en los dos casos. Así, quien hoy manifiesta su solidaridad inquebrantable con la intérprete vasca mañana puede manifestar perfectamente para exigir el veto a una cantante israelí. A riesgo de que si legitimas esta práctica contra la proyección de una determinada película en el Zinemaldia por su producción o nacionalidad, mañana le puede tocar a un filme vasco y tendrás que asumirlo.

De esta forma, no hay quien se aclare. O el boicot cultural es un instrumento legítimo en todo los casos –y luego cada uno decide cuándo lo apoya y cuándo lo rechaza–, o es una práctica deleznable siempre y en todos los casos. O una cosa o la otra. No es posible aplaudir y poner el grito en el cielo ante fenómenos similares, si no idénticos. Dicho lo cual, todo esto tiene un componente mucho menos ideológico que moral, en concreto, de doble moral, la cual por otra parte no deja de ser también una ideología. Jamás hemos visto un boicot a producos culturales de China por la represión en el Tíbet, de Rusia por el aplastamiento de Chechenia o de Marruecos por el caso saharaui.

Por cierto, la serie en cuestión fue líder de audiencia en su franja horaria, con más de cuatro millones de espectadores y un 25,1% de share. Que algunos sigan en su burbuja, como el hámster en la rueda.

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