Diario Vasco
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Arriba los pobres del mundo, pero de uno en uno
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Alberto Moyano | 22-01-2014 | 10:24| 12

En  una nueva exhibición de lo que entiende por innovación, la patronal guipuzcoana Adegi propone el vis a vis carcelario como nueva forma de relaciones laborales en las empresas. Al igual que las preferentes, las condiciones de trabajo se firmarían de uno en uno en el mejor de los casos y por delegación en el peor de ellos. Al fin y al cabo, cómo va a rechazar uno las condiciones laborales que ya ha aceptado otro sin transmitir un mensaje de autoexclusión respecto al proyecto colectivo de gran familia que toda empresa se esfuerza por encarnar. En el nuevo escenario postchino, todo asalariado debe asumirse rehén de los sindicatos y su emancipación pasa por la concordia en vertical, de tal forma que el baile a lo agarrado sustituya a la lucha de clases.

Por supuesto, la organización empresarial se guarda mucho de proponer este nuevo modelo como sustitutivo del convenio colectivo. Al contrario, se apresura a enjabonarlo con el famoso lubricante marca “complementario”. En la fecunda imaginación de Adegi, lo ideal pasa no tanto por retrotraernos al Manchester del siglo XIX como por perfeccionarlo. Así, el apabullante aparato legal de la empresa trabajaría a toda máquina en pos del acuerdo con uno de sus empleados, de tal forma que el resultado fuera posteriormente trasladable al ámbito de la negociación colectiva de la empresa o incluso al sectorial. Por supuesto, el trabajador de Indias sería elegido por la dirección, en ningún caso por el conjunto de la plantilla, dado que esto supondría un giro de 360 grados, el viaje a ninguna parte de la denostada representatividad sindical.  En cuanto a las centrales, quedarían reducidas al organismo encargado de evitar que se desmadre el corral asalariado. Dado que no hay trabajador capaz de detener por sí solo la cadena de la producción, se trataría de una negociación entre dos partes, una de las cuales no tendría con qué . Evidentemente, las bondades de la propuesta son tantas, innumerables y ventajosas para Adegi que no habría un solo miembro de su organización que aceptase por descabellada una interlocución por separado entre el comité de trabajadores y cada uno de los miembros de su consejo de administración. Arriba los pobres del mundo, pero no todos a la vez, sino de uno en uno y según os vayan llamando por vuestro apellido.

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A la infanta siempre le ha ido bien, ya sólo puede irle mejor
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Alberto Moyano | 21-01-2014 | 08:08| 4

Respecto a la infanta Cristina, Mariano Rajoy se mostró anoche “convencido de su inocencia”, así como de que “le irá bien”. Veo la apuesta y la subo: convencido de su no inocencia, estoy seguro de que a la segunda hija del rey le irá, no ya bien, sino mejor. A la infanta le ha ido bien desde que nació; se finalmente es absuelta o ni siquiera juzgada por el sinfín de tropelías económicas en las que aparece involucrada la empresa que dirigía junto a su marido, habrá que desechar la expresión “bien” por rácana y abrazar la de “inmejorable”. Rajoy está convencido de la inocencia de Cristina de Borbón, afirmación que habría que poner en cuarentena desde el mismo instante en que también lo está de la suya propia. Como buen abogado, lo que el presidente del Gobierno hizo fue introducirle a la imputada un “canutillo”, esta vez, en la persona de Gloria Lomana. Antes ya lo había hecho con Bárcenas a través de SMS o con Jaume Matas en el transcurso de enfervorizados mítines. A continuación, citó al único español expresamente intangible ante la ley para recalcar que “la Justicia es igual para todos”. Fin de la cita.

El resto de la entrevista avanzó a gatas a través del fango del “periodismo ciudadano”. Gloria Lomana se presentó ante Rajoy con un cuestionario digno del guionista de Campofrío y a cambio obtuvo una reedición del #estoloarreglamosentretodos. No es que la directora de Informativos de Antena 3 fuera incapaz de arrancar al presidente del Gobierno un titular de enjundia, es que ni siquiera logró rescatarlo de ese profundo aburrimiento que rara vez se molesta en disimular. Sus preguntas fueron confusas alocuciones; sus repreguntas, tuits sin caracteres. Es improbable que Rajoy perdiera votos pero muy posible que Antena 3 perdiera audiencia. La presentadora recibió su merecido cuando Rajoy echó mano de toda su paciencia para, suspirando, introducir una de sus respuestas con la vejatoria fórmula de “vamos a ver, Gloria”. Sonó a Umberto Tozzi. Fin de la cita.

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Monta y doma de “nosotros, el mundo de la cultura”
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Alberto Moyano | 17-01-2014 | 09:00| 38

A pesar de los fallidos diagnósticos proferidos a modo de mantra desde las redes sociales, quien desee comprender la perversidad intrínseca al mundo actual deberá antender mucho antes al fenómeno de la autocensura que al de la censura. El de censor es un gremio en declive a manos del signo de los tiempos, como en su día lo fue el de conductor de diligencias. Sucece que la autocensura es el resultado de una batalla interior y como tal invisible. No se puede filmar, representar o relatar, con lo cual,queda desprovista de toda épica. Es más: la de la autocensura no es una lucha cuyo desenlace se cifre en términos de triunfo o derrota, sino aquélla de la que se niega de forma categórica que haya tenido lugar.

En el ‘El abogado del terror’, el director Barbet Schroeder daba voz a Jacques Vergès, implicado de todas las formas posibles en todo tipo de atentados terroristas perpetrados en Francia, sin que la exhibición de la película desatara en aquel país otros debates que los puramente formales. Qué decir de la danesa ‘The Act of Killing’, recién nominada al Oscar, en la que durante dos horas se presta la cámara y el micrófono a los perpetradores del exterminio de los comunistas indonesios, unos individuos autodenominados ‘gángsteres’, y en la que -por recurrir a la terminología al uso- “no se da voz a las víctimas”. Por el contrario, el director invita a los propios verdugos a encarnar ante las cámaras a sus víctimas. Todo esto, en un ambiente general de exaltación de los valores cinematográficos del filme, así en Hollywood como en España.

En contraste, cuando Aitor Merino relata que la práctica totalidad de los distribuidores de Madrid se han negado, no ya a exhibir en sus salas de cine, sino a visionar en la intimidad del hogar, su película ‘Asier ETA biok’ no estamos hablando de la férrea censura, sino de la viscosa autocensura. Ha desaparecido por innecesaria la figura del que decidía qué es lo que nos conviene o no ver, sustituida por la del que ni siquiera se atreve a asomarse. Por lo tanto, no ha lugar a discursos éticos, sino a la descripción del puro y simple pavor. Hablamos de una actitud semejante a la que aquel aterrorizado ciudadano que durante la dictadura dejaba caer al suelo sin leer siquiera el panfleto repartido por la calle, cuya simple posesión resultaba autoinculpatoria.

Desde esta actitud, tan legítima y comprensible como vergonzosamente postrada, resulta impresentable erigirse en ese ente autodenominado “nosotros, el mundo de la cultura”, en permanente batalla -económica, por supuesto- con el ínclito Wert. Por otra parte, cuando los propios distribuidores confiesan abiertamente su temor a que les llenen sus establecimientos de pintadas en el caso de que proyecten la película, cabe preguntarse qué sentido tiene desde una perspectiva vasca la aspiración a una “sociedad normalizada”, así como dónde quedó el coraje que permitió al público acceder a películas como ‘Je vous salue, Marie’, de Godard, pese a las aberrantes concentraciones integristas que por aquel entonces practicaban agresivos escraches frente a las taquillas de los cines. En efecto, estábamos hablando de’Asier ETA biok’, una película sobre terrorismo, y hemos terminado hablando sobre distribuidores aterrorizados, todo un síntoma de lo que aquí y ahora algunos entienden por cultura.

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Nada a la derecha del PP, salvo alguna cosa
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Alberto Moyano | 15-01-2014 | 08:19| 0

Para luchar contra la partitocracia, nace un nuevo partido. Vox -que así se denomina la nueva formación que Santiago Abascal y otros presentarán mañana formalmente en sociedad, aunque El Mundo se adelante hoy en su puesta de largo-, critica a los socialistas por crear “españoles de primera y de segunda”; a los populares por estar “perdidos en el limbo de las Taifas”, a los nacionalistas por serlo; y niega categóricamente que se sitúe a la derecha del PP. A falta de conocer su posicionamiento en torno al conflicto de Gamonal, Vox también propugna “una nueva Ley de Partidos, una nueva Ley de Financiación y, sobre todo, una Ley Electoral”. En otras palabras: UPyD sufre el ataque de los clones.  ”Hay que eliminar duplicidades”, repite UPyD a modo de martillo pilón y tras la irrupción de Ciudadanos, Ciutadans en catalán, lapao y lapapyp, Vox viene a poner remedio a esta situación irregular elevándolo al nivel de las triplicidades. Ahora mismo, Rosa Díez es un Gremlin haciéndose unos largos en la piscina tras la opípara cena de medianoche. Finalmente, Vox termina adornándose con la habitual prosopopeya de raigambre inequívodamente ‘perroflautista’, en la línea de los “no nos representan”, “democracia real ya” y demás jeremiadas.

Vox -que significa ‘Voz’ en la lengua común a todos los españoles del medievo-, se alinea junto a quienes que se apuntan a la teoría de que Rajoy sigue con ETA la ‘hoja de ruta’ de Zapatero y, en esta línea, acusa a PP y PSOE de «rendir el Estado de Derecho» a los terroristas, lo cual entra en flagrante contradicción con el documento que ayer mismo publicaba el citado rotativo horas antes de que sirviera de base para decretar la prisión incondicional de los ocho detenidos. Y ya, en un rapto de humor muy del terruño, el nuevo partido se lanza a parafrasear a Kennedy para instar a la ciudadanía a preguntarse “no tanto qué es lo que puede hacer la nación por nosotros, cuanto qué podemos nosotros hacer por España». Precisamente, los catalanes ya han fijado el 9 de noviembre para dar cumplica respuesta a esta cuestión. Por supuesto, Vox intentará evitarlo por todos los medios. En efecto: a la derecha del PP no hay nada, pero tan hacinada que empieza a asemejarse a una favela.

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He visto contenedores ardiendo más allá del Ebro
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Alberto Moyano | 14-01-2014 | 15:12| 36

Y no sólo contenedores. También más cosas, como grupos de encapuchados destrozando cajeros automáticos y derribando el vallado municipal, ante la inopia ciudadana y la pasividad policial. Es lo que tiene vivir en una sociedad enferma, atenazada durante décadas por el terror y con varias generaciones de jóvenes adoctrinados en las ikastolas, sin que el hecho de que todo esto esté sucediendo en Burgos tenga por afectar al diagnóstico. Comprenderán ustedes que después de treinta años leyendo desde San Sebastián la prensa de Madrid, me salté rigurosamente cualquier ‘guía para entender lo que está sucediendo en Burgos’ de los que proliferan en los últimos días. En su lugar, me centro en el motín de Esquilache, la revuelta que hace dos siglos protagonizó una España hambrienta en contra de la prohibición de una prenda de vestir y que se saldó, no con pan para todos, sino con un puñado de medidas de apaciguamiento.

Se entiende el fervor de los heraldos de la revolución pendiente por el guirigai castellano, pero parece que estamos más ante una casqueta vecinal que ante una revuelta popular. España es inmune a las revoluciones, pero muy propensa a las pataletas, por más que haya quien se empeñe en confundir el detonador con la mecha. En Burgos, localidad tan esquilmada como cualquier otra en materia de servicios sociales, no se reclaman recursos públicos, sino un hábitat para el vehículo privado. Hace años que se demostró que los coches también tienen derechos humanos, a diferencia de los de las personas, inalienables. Unos cuantos fantasmas recorren Gamonal, pero no son Lenin, ni Robespierre, sino otra vez los Alcántara. Al igual que en la España recortada o en la Galicia post Prestige,  en Burgos también gobierna la mayoría absoluta del PP. La interpretación del pasado español siempre ha pasado por los autores extranjeros, de Gibson a Preston, pasando por Brenan. La comprensión de la actual obliga a recurrir a los autores británicos , en la medida de lo posible, de ciencia-ficción.

“Creéme, la próxima revolución tendrá que ver con el aparcamiento”. J. G. Balllard. ‘Milenio Negro’ (editorial Minotauro, 2004, pagina 67).

 

 

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