Qué rápido se me ha ido el puente de mayo, chicas. Cundir, ha cundido. Empecé a lo Mónica Geller, ordenando todos los papeles y libros de cada esquina de la habitación; ropas, bolsos, pendientes y demás complementos; quitando el polvo de rincones que habían quedado en el olvido; y el momentazo: palangana, agua templada, jabón neutro, guantes de goma y limpieza al canto por todas las esquinas, rodapiés, patas de cama y sillas y todo lo que asomase. Acabé agotada pero feliz. Ahora, leyéndolo, también algo preocupada.
El viernes y el sábado fueron fantásticos. Y, lo que es la vida… Si en Salamanca se trataba de revivir la juventud, el sábado se despertaron en mí deseos de jubilación… Fui a la playa por primera vez; blanca tirando a azul, como estoy, con mi santo más blanquiazul si cabe, cagándose en todo por el despliegue que yo creo necesario para pasar una hora en la orilla: sillas de rallas azul y blancas, visera, periódico, algo de picar, pantalla total en todo el cuerpo (desde los dedos de los pies hasta el cuero cabelludo y un cuarto de hora antes de salir de casa), cacao de protección en labios y nariz y gafillas de esas de tomar el sol. Me faltaba el botellín de agua envuelto en albal, que no tenía… Qué placer…
Lo de los trillizos me tiene cavilosa. Hay quien, en tal caso, decide deshacerse de uno, tal vez de dos, ya que la ciencia aún no consigue complacer debidamente. ¿Está bien eso? Respecto del Congreso, nos permitió pasear por la bella Salamanca y escuchar en directo (no en el Congreso, lástima) a El mentón de Fogarty en un garito estupendo en el que recordé por qué tanta gente añora la juventud: ah, pensé, claro, lo bien que se pasa en estos garitos, que casi se me olvida. Fuera de los garitos, en lo que ya venía siendo la sede del Congreso, tomé conciencia de que la gente estaba exactamente igual que hace diez años, parecía una película de terror, o suspense al menos, ¿cómo es que no han envejecido absolutamente nada? Si fuéramos niñas valientes de una novela de éxito, lo investigaríamos. Pero como no somos ni niñas, ni valientes, y si formamos parte de una novela no es de éxito, lo vamos a dejar estar. Pero la cosa es como la cuento: profesores y profesoras idénticos, invariables, inmutables, una década después.
Respecto del reponedor de café, el mío es un tipo amable pero distanciado de la lujuria.
No sé, igual si lo imagino tocando la trompeta…, pero es que no se deja imaginar...
Del estado de shock en que nos dejaron los trillizos, me ha sacado un hombre.¡Dios! Tenemos un tipo que rellena la máquina del café que es lo más aproximado a aquel del anuncio que descargaba- para deleite de todas las oficinistas- las latas de coca-cola. Además, tiene un puntillo macarra que a mí me pierde, sobre todo por la resolución (un hombre indeciso es como un descafeinado). Mientras me tomo el café, leo una carta de la asamblea de estudiantes de filosofía y filología de la Complutense, contra la famosa reforma de Bolonia y empiezo yo también a pensar que, en vez de reforma, podría llamarse “malforma”. Y entonces recuerdo el congreso en el que hemos estado buena parte de las escribientes de enredadas este pasado viernes, evoco algunas de las figuras que allí se dieron cita y pienso: ¿Más malformadas de lo que estamos?... Va a haber que montar la mercería.
Escribo en estado de shock. Si nada ni nadie lo remedia, voy a ser tía de trillizos/as.
Esta tarde, mientras tomaba café plácidamente con un negro enfrente y un catedrático a mi derecha, me han dado la noticia. Ni que decir tiene que en un primer momento he pensado que era una vacilada en toda regla. Luego he comprendido que se trataba de lo que podríamos denominar un "error científico".
Mi hermana, la futura madre por partida triple, decidió recurrir a la ciencia -léase, reproducción asistida- para subsanar la vagancia de los espermatozoides del macho dominante que tiene por marido. Muy tontos debían estar los "bichos" del susodicho para no dar en la diana cuando las mujeres de la familia han demostrado generación tras generación quedarse en estado de buena esperanza echando los calzoncillos de sus contrapartes a la lavadora o, en tiempos más remotos, lavándolos a puño en el río. Era de esperar que la ciencia, lejos de romper esta inercia, la consagrara en grado superlativo con el consiguiente disgusto familiar.
Y digo yo: los avances científicos ¿no buscaban hacernos la vida más agradable? En qué parte de la historia me he perdido.
Sea como fuere que le den a la ciencia. Si mañana me pongo a ello y la cigüeña se resiste a venir, no pienso ponerla en busca y captura. Que se quede en París o en Quintalamela del Botijo que más vale sóla que muy acompañada.
Me he hecho de rogar por aquello de teneros en vilo y que dierais en pensar que no me gusta esto de abrir el buzón y encontrar carta de cualquiera. Pero, lógicamente, os equivocáis. Lo único que me molesta es no saber cómo encabezar las cartas, casi pongo “mis queridas todas”, pero hoy no tengo cuerpo para eso. Bueno, la verdad es que el gimnasio no me deja cuerpo para nada. Tras el paréntesis vacacional, la semana pasada fue dura para recuperar simplemente el movimiento.
En pilates aduje dolor de espalda para descansar en más de un ejercicio; además, me estaba poniendo mala la saltacabras que tenía delante con una sonrisa de entusiasmo idiota que repetía (daba igual cómo) todo lo que hacía la profesora, así se hubiera estampado contra los espejos. La danza del vientre de hoy muy bien, a mí cualquier baile me encanta, y hasta me he visto mejor en ese fatídico momento en que la monitora dice: “subíos las camisetas”, momento que yo trago como un cáliz, y sin apartar la vista de su tripa, que la masa informe que está entre mi sujetador y mi braga la tengo ya muy vista.
Besos a todas, que besar también me ha gustado siempre.
Dos mujeres se escriben para mantener su amistad y mantener a la adolescente que llevan encajada, y oculta. Hay cosas que corren por debajo de la normalidad. Si se tiene una vida de manual: familia, trabajo, hipoteca, no se puede hablar de ellas...con cualquiera. Lo que una mujer puede pensar mientras sonríe impecable.