Todo amante de la lectura que se precie tiene en su corazón su propio “Cementerio de los libros olvidados“. El que haya leido “La Sombra del viento” de Ruiz Zafón, sabe de qué le hablo, sin duda. El que no haya descubierto todavía ese tesoro ambientado en la Barcelona de la postguerra, en primer lugar se lo recomiendo.

Y de segundas, explicarle que “el cementerio de los libros olvidados”, es ese sitio, un tanto oscuro, sórdido, triste y desvencijado, en el que puedes hacerte con tesoros que otros desechan. Libros ya leidos y que pasan a mejor vida, otros que ni siquiera han tenido ese privilegio y llegan a este especial camposanto completamente vírgenes, sin saber lo que es pasar por unas dulces manos calientes. Lo que para uno es inservible puede suponer una auténtica joya para otro.

Yo he encontrado mi cementerio en Belartza, sí, sí,…en el Polígono. Concretamente en el pabellón de Emaús. Allí van a parar toneladas de libros que esperan su oportunidad, quizás la última de su existencia, tras una larga vida de desplantes y fracasos. Por cierto, coinciden en ello con las personas que trabajan en ese sitio. Hay literatura juvenil, ensayo, novela hasta aburrirte (policiaca, romántica, clásicos), teatro, y hasta algún ejemplar de enciclopedia dispuesto a llenar de sabiduría a aquella persona que le adopte.
En responsable de esta peculiar librería es especial. Ya que estamos en un cementerio, llamémosle el Enterrador.
Pues bien, el Enterrador, tiene pinta de científico loco. 4 pelos mal peinados y con volumen, unas gafas que dejan claro que no ve ni de cerca ni de lejos, y en la cara, rastros de una vida muy dura. El trato que dispensa es esquisito, es su librería, su Fnac particular y el cliente debe estar contento, él sabe donde pone las novedades o donde encontrar un título en particular. Si eres tú el encargado de hacerlo quizás te vuelvas loco, pero en detalles como éste reside el encanto del Cementerio de los libros olvidados. Una noticia buena y otra mala para quien decida acercarse: los precios no pasan de los 2€ por lo que si la jornada de pesca ha sido fructífera llévate una carretilla; en el otro lado de la balanza está el problema del polvo, si eres alérgico lleva contigo el ventolín, porque ¿hay algo que acumule más polvo que un libro sin leer?. Si, montones de ellos.
No me digas que es un mal plan: está lloviendo, te acercas a Belartza, haces una visita al enterrador, liberas un libro del mundo de las sombras, le dás una oportunidad, quizás la última de su vida, y cuentas a tu chica que ha rescatado una novela del “Cementerio de los libros olvidados“.

