En La Juguetería erotic toys no pasa un solo día sin que alguna de nuestras clientas nos pregunte sobre el sexo anal. Para ser una de las fantasías más comunes, es sorprendente la cantidad de prejuicios que tenemos hacia el placer anal y la cantidad de mujeres traumatizadas con algunas de sus experiencias con la puerta trasera.
¿Quiénes son estos villanos que traumatizan a las mujeres con sus anos? ¿Qué hacemos mal para no disfrutar con esta práctica? ¿El sexo anal es sano? ¿No es una práctica un poco… dirty?
Si alguna vez has tenido estas dudas o si simplemente te pica la curiosidad, esta semana en Juegos de Cama queremos hacer un especial anal: porque todas y todos tenemos derecho a DISFRUTAR del sexo anal, una de las prácticas sexuales más reveladoras que nos brinda nuestro cuerpo.
A menudo, el sexo anal se convierte en una de las principales discordias entre amantes. Puede llegar a ser una de las prácticas sexuales más conflictivas, pero con una buena comunicación, escuchando a nuestr@s acompañantes y con paciencia y dedicación, la gran mayoría de las personas pueden disfrutar del juego anal, eliminando el dolor de la ecuación y alcanzando nuevas cotas de placer a menudo inesperadas y siempre sorprendentes.

La principal razón para practicar el sexo anal es la intensa gratificación que proporciona. Pero a pesar de los millones de aficionados con los que cuenta en todo el mundo, el sexo anal puede quedar estigmatizado como algo sucio o perverso, y bajo la ignorancia del placer anal, llegamos a pensar que es una práctica dolorosa, poco higiénica e, inclusive, que puede alterar los procesos metabólicos de nuestro cuerpo.
Sin duda alguna, es la zona de nuestro cuerpo que más tabúes acarrea: que el juego anal produce dolor, pérdidas fecales, que las mujeres sólo lo practican por petición de sus amados, las dolorosas hemorroides y hasta la homosexualidad (en el caso de los hombres).
Con todas estas adversidades, nos inspira mucho pensar que el sexo anal sigue fichando nuevos adeptos, que muchas mujeres disfrutan tanto del sexo anal como de la penetración vaginal y que los hombres que disfrutan de la estimulación anal amplían enormemente su potencial erótico y su repertorio de sensaciones.
Lecciones de anatomía
El orificio y conducto anal están recubiertos (y forman parte) de nuestros genitales y de manera muy similar a los labios vaginales, el clítoris o el pene, la circulación se dispara en la zona cuando estamos excitados. Las miles de terminaciones nerviosas que se ubican por la zona nos brindan la posibilidad de descubrir un nuevo horizonte sexual.
En el caso de los hombres, el juego anal permite la estimulación de la próstata (el Santo Grial del placer masculino) y a las mujeres permite una estimulación del Punto G muy directa, puesto que la membrana que separa los conductos de la vagina y el ano son casi paralelos y además muy finos, con lo que para muchas, la mejor manera de estimular el Punto G es la penetración anal.
Explorar, relajar y lubricar
El orificio anal es uno de los puntos del cuerpo donde más acumulamos tensión de manera subconsciente. En ocasiones, sin darnos cuenta, mantenemos el orifico anal apretado como si nos fuese a escapar la vida sin darnos cuenta. Conviene saber que la incontinencia en personas sanas es prácticamente imposible, puesto que nuestros esfínteres controlan perfectamente nuestras visitas al baño y esta tensión gratuita a la que sometemos a nuestro ano es uno de las principales causantes del dolor a la hora de jugar analmente.
Para reducir la tensión (y proporcionalmente el dolor) hay diversas maneras de familiarizarte con tu ano. Primero puedes comenzar haciendo breves sesiones de ejercicios Kegel. Al igual que los ejercicios para la recuperación del suelo pélvico, estos ejercicios te permiten ir apretando el orificio y luego relajándolo. Esto te familiarizará con las sensaciones que te puede proporcionar tu ano y además comenzarás a controlar un músculo casi desconocido para muchos.
Lubricantes
Como todos sabemos, el ano no lubrica de manera natural, por lo tanto, para reducir tirones y roces indeseables, lo mejor es empezar por elegir un buen lubricante. Los más indicados son los lubricantes con texturas duraderas como el Maximus, lubricantes como sabores (si procedemos antes con la estimulación oral) como el Juicy Lube y para iniciados que controlen esta práctica, lubricantes con base de silicona, que son más duraderos e hidratantes para la piel, como el ID Millenium.
Cómo iniciarte en el sexo anal
Antes de ponerte en manos ajenas, puedes iniciarte jugando con tu propio cuerpo mientras estás en la ducha: prueba a enjabonar un dedo e introducirlo en el orificio anal, suavemente. Al comienzo puede resultar incómodo, pero poco a poco verás que tu cuerpo se vuelve más receptivo al dedo y que toqueteando en la parte interior descubrirás cuáles son las zonas más agradecidas y cuáles las menos deseables. Por norma general, los dedos han de dirigirse en la dirección contraria a la espina dorsal. 
Asimismo, con tu pareja, prueba a masajear la zona, sin llegar a entrar en la cavidad: esta sencilla caricia es en sí misma muy placentera, despertará tu ano y te motivará para seguir indagando en nuestra nueva zona de juegos.
Los ejercicios para tomar conciencia de la dilatación, la exploración a solas y en pareja suponen un acercamiento físico que disminuirá las barreras psicológicas que podamos tener con la zona y además nos identifica el placer que estamos a punto de descubrir.
¿Y si siento dolor?
Si llegados a este punto sentimos dolor, es que nuestro orificio no está suficientemente relajado. Muchas mujeres ignoran este dolor para proseguir con la práctica, pero atención, este puede ser uno de los punto más importantes de nuestro descubrimiento anal: si duele, hay que relajar, respirar hondo y procurar relajar el cuerpo entero, seguir jugando con los dedos o un mini vibrador (que ayudará a aliviar la tensión) hasta que nuestro cuerpo nos indique que prosigamos. Si persiste la incomodidad, no estamos preparados, nuestro cuerpo nos está diciendo que así no o que hoy no y que probemos otro día.
El dolor es pues la mejor manera que tiene nuestro cuerpo de enviarnos una señal de STOP, que conviene escuchar y obedecer a rajatabla. El sexo anal NUNCA tiene por qué doler, ni al comienzo ni al final. Pero es cierto que de todas las zonas erógenas del cuerpo humano, ninguna es tan caprichosa y rebelde… incluso para los profesionales del placer anal, hay días que simplemente hay que darse la vuelta!
Si no consigues relajar más la zona, prueba con un masaje muscular, comenzando desde el cuello y bajando por la espina dorsal hasta llegar a las nalgas. Llegados a este punto, masajea fuertemente los cachetes y las nalgas, esto hará que la circulación aumente en toda la zona (el orificio se volverá más elástico) y la tensión general disminuirá, nos quitaremos preocupaciones de la cabeza y podremos centrarnos en el placer, con risas relajantes por el camino…
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