Diario Vasco
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Fecha: enero, 2017
No son sólo 35 puntos
Fernando Becerril 23-01-2017 | 7:27 | 0

 

La Real Sociedad cerró la primera vuelta con su undécima victoria liguera. Lo que le permite alcanzar los 35 puntos y le sitúa empatado con el Atlético de Madrid, con peor diferencia de goles pero con un 2-0 a su favor en el enfrentamiento directo, en posición de Champions League. Pero no sólo es eso.

Lo sustancial de esta primera vuelta se encuentra en la constante progresión del grupo tras un verano titubeante. Esta Real cada vez hace más cosas y cada vez las hace mejor. Es evidente que con la tralla que lleva este mes falta la frescura y la brillantez de los mejores días del pasado otoño, pero miren esta semana ha sido la primera en la que el equipo ha sabido competir en tres encuentros en un plazo de sólo seis días. La Rosaleda, el Barcelona y el Celta no son precisamente tres bombones. El equipo ha competido cada día y sólo faltó arrancar el empate ante los azulgranas, algo que no hubiera sido injusto a pesar de nuestro discreto balance ofensivo, para redondear un balance cercano al sobresaliente.

Cuando empezó a sonar la música pensamos que Eusebio había dado con un once y que todo se vendría abajo el día que Illarra o Zurutuza no pudieran seguir tocando de oído. Poco a poco se han ido sumando futbolistas a la orquesta y esta semana uno y otro han pasado por el banquillo, lo mismo que un Vela perjudicado por esa rodilla que le persigue, y el equipo ha mantenido holgadamente sus señas de identidad. Granero, desbordado ante el Sevilla, se deja ver como una pieza consistente y Canales jugó ante el Celta el que bien puede ser su mejor partido desde que viste de blanco y azul.

Empezamos el curso con un juego carente de chispa. Obsesionados con no perder el balón, la Real jugaba al ralentí hasta que un gol, poco menos que una casualidad, a favor o en contra abría de verdad las hostilidades y se dejaba ver otra cosa, otra idea, otra alegría. El gol del Espanyol en Anoeta desatrancó anímicamente al grupo. Se fueron arriba y empaquetaron en su área a los periquitos. Aunque no pasaron del empate, ya nada volvió a ser lo mismo.

Es cierto que el buen juego realista se fue encontrando obstáculos aquí o allá. Cuando la presión rival le impedía desarrollar su fútbol terminaba desbordado como sucedió en Ipurua (con  diez) y en San Mamés (con once). Luego nos encontramos con los que abusaron de nuestra defensa adelantada y a base de balones largos nos metían en un lío tras otro. Sucedió en el partido copero de Valladolid –menos mal que en la banda encontramos un defensa escoba levantando el banderín- y en Riazor. Ya está. Ya nos han descubierto, temimos muchos.

Ja. Se ajustó la presión y los siguientes rivales no hicieron ni cosquillas a la Real. Hicieron falta dos desajustes defensivos ante el Sevilla para que llegara otro resbalón. Goleados sí, pero aclamados por Anoeta que supo ver que su equipo no había bajado los brazos en medio del vendaval  andaluz. Ese traspié tenía una elevada porción de riesgo. Comprometidos en la aventura copera, los choques ante Málaga, Celta y Real Madrid podían dejarnos poco menos que en blanco durante este mes de enero y abandonar ahí las ilusiones de regresar a Europa. Pero la Real ha sabido jugar un partido cada tres días sin perder más que una porción de aire fresco y ha seguido sumando victorias.

En ese sentido el partido del Celta es paradigmático. Desde el banquillo donde Eusebio tuvo seguramente su mejor tarde, hasta el terreno de juego en el que en el segundo tiempo la Real, con otros mimbres pero sin dejar de ser la que es, se merendó a los vigueses y mereció un triunfo más claro. Los vigueses habían amordazado a los nuestros hasta el descanso. Compitieron bien, a pesar de que ellos rotaron mucho, y su presión nos dejó inermes. Sólo sobre recuperación de balón habíamos conseguido desequilibrar su entramado defensivo.

Eusebio movió ficha en el descanso. No en la alineación sino en el tablero táctico. Zurutuza se echó atrás y Granero dio un paso adelante. Adiós Celta. Después los tres cambios fueron haciendo cada vez más fuerte a la Real. Si nos dicen en septiembre que íbamos a jugar un partido como éste, a tener una semana como ésta, habríamos mirado con conmiseración al optimista en cuestión y le habríamos invitado a unas cañas. Ahora ésa es nuestra realidad. Con 35 puntos, sí, pero no sólo con eso.

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Cada año mejor
Fernando Becerril 16-01-2017 | 7:19 | 0

La Copa. La Copa de la ACB. El torneo más espectacular del baloncesto FIBA ya está llamando a la puerta. Aquí mismo. En Vitoria. Y las particulares circunstancias de esta temporada pueden convertir esta competición centelleante en una colección de fuegos artificiales. Porque se presenta mejor, todavía mejor, cada año mejor. Han llegado ocho equipos que están jugando de locura y la clasificación no suele estar tan cerrada como está. Tres derrotas lleva el líder Real Madrid, que se ha salvado de milagro en las dos últimas jornadas. Una más, cuatro, Valencia, Tenerife y Barcelona frente a las cinco de Baskonia y sólo seis de Unicaja y Gran Canaria. Andorra alcanza por primera vez  la gran cita de nuestro basket con nueve ganados por siete perdidos. El resto ha quedado lejos. Han llegado los mejores sin ninguna discusión.

Baskonia juega en Vitoria en una temporada en la que se está mostrando brillante, rápido, agresivo. Sobrelleva Liga y Euroliga con resultados importantes sólo unos meses después de haber tenido que reconstruir un equipo ganador de arriba a abajo. Además está haciéndoselo pasar bien a su gente. No suelen ganar este torneo los equipos locales, pero los alaveses ya lo lograron en su día y tienen esta cita marcada en rojo. La mayoría de su afición será abrumadora porque llegan a la Copa los dos equipos canarios y ni ellos ni Andorra desplazarán multitudes. Vamos, que cuando decimos que van a jugar en casa, es que van a jugar en casa.

 

Las mejores plantillas están soportando el peso de abordar cada semana un encuentro de Euroliga. Ese sobreesfuerzo ha convertido a la Liga ACB en una batalla encarnizada cada semana en la que cualquiera puede ganar a cualquiera. El sorteo de esta mañana ha terminado de endulzar la mezcla. El más atractivo de los choques de cuartos enfrenta a Barcelona y Unicaja, que por si le faltaran argumentos acaba de incorporar a Alen Omic al que le fue mucho mejor la temporada pasada en Las Palmas que estos últimos meses en Estambul.

Es el más atractivo porque se anuncia igualado. De hecho su enfrentamiento liguero se zanjó con triunfo malagueño después de una prórroga. Porque si hablamos de espectáculo resulta más difícil elegir. Baskonia no era cabeza de serie por haber perdido en casa precisamente ante su primer adversario copero, Iberostar Tenerife. Para los que no suelen ver partidos puede parecer un chollo ­–las alternativas eran Madrid, Barcelona y Valencia- pero en Vitoria están avisados. Y en Barcelona supongo que también después del baño que se llevaron en La Laguna ayer mismo. Son dos equipos a los que da gusto ver jugar y los canarios se han convertido en la gran atracción de la primera vuelta en la que no sólo han ganado doce partidos sino que además su diferencia de tantos a favor es más alta que la del cinco culé. La única sorpresa sería que este encuentro no resultara delicioso.

Morbo de verdad tendrá el Valencia-Gran Canaria. En el Buesa Arena conquistó el Granca su único título, la Supercopa, hace cuatro meses. El año pasado en A Coruña le discutió el título al Real Madrid en una final trepidante. Antes había sorprendido al Valencia que se postulaba como candidato al título. Ahora se volverán a encontrar con el pronóstico dividido. Los dos están jugando a ráfagas. Cualquiera de ellos puede avanzar hasta una semifinal en la que les esperaría Barcelona o Unicaja.

La otra semi podría enfrentar a Real Madrid y Baskonia como ya sucedió en la edición de 2016. Podría ser porque tienen más tablas y plantillas más largas pero para eso los blancos tendrán que mejorar ante Andorra su prestación de hace ocho días y los alaveses jugar bastante mejor que la última vez que se encontraron con los chicharreros. Es la Copa. No suele haber regalos. Y este año seguramente menos. Las fechas son del 16 al 19 de febrero. Vitoria podrá volver a vivir una fiesta única, la de ocho aficiones disfrutando juntas de su deporte favorito y de la ciudad que les acoge. Qué ganas.

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