Diario Vasco
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Fecha: noviembre, 2017
La cultura del fracaso
Fernando Becerril 30-11-2017 | 6:11 | 0

REAL SOCIEDAD - LLEIDA. LOBO ALTUNA. DONOSTIA 29.11.2017

Hace ya muchos años que se instaló entre nosotros una cultura maldita, la del fracaso. Hace demasiado tiempo ya que la Real Sociedad se convirtió en un equipo de reacción, que saca uñas y dientes cuando la realidad le golpea y que se ablanda hasta el empalago cuando las circunstancias le sonríen. Da miedo elogiar a nuestros jugadores, como se me ocurrió hacer en mala hora tras las cuatro primeras victorias de la temporada, porque lo natural es que el dulce que generan sus buenas acciones les pese en las piernas poco más tarde como saco de cemento. Si encima la Copa está cerca lo mejor es echarse a temblar.
Temblando fui ayer a Anoeta. Acorazado contra la lluvia y el frío pero indefenso, si se repetía el caso de otros años, frente a la desidia de buena parte de nuestros jugadores. La alineación con un centro del campo inverosímil despertaba cierta inquietud pero el 0-1 de Lleida y la enorme diferencia de categoría entre los dos equipos hacía suponer que no habría motivo para sustos mayores. Estaba equivocado. En todo.
Me equivoqué primero porque los realistas se tomaron en serio el partido por mucho que fuera un once digamos experimental. Fueron superiores durante 45 minutos. Hicieron dos goles que ponían un 3-0 en el global y se fueron al descanso con la tranquilidad del trabajo resuelto. No tenía el Lleida argumentos para revertir la situación. Su única posibilidad pasaba porque los hombres de Eusebio renunciaran a seguir jugando. Fue exactamente lo que sucedió. Así que me seguí equivocando porque no sólo iba a producirse un susto descomunal sino que aquello iba a terminar en un fracaso memorable, seguramente el mayor de nuestra historia, atormentada historia.
El segundo tiempo habrá que incluirlo como ejemplo de esa cultura del fracaso que hemos venido desorrallando durante más de veinte años. Una cultura que pesa como una losa en todo el ámbito del club, incluido Zubieta. Los profesionales de la primera plantilla se olvidaron de seguir jugando tras el descanso. Para qué se dirían ellos si ya tenemos un 3-0 en Anoeta frente a un discreto Segunda B como el Lleida. En los primeros minutos cedieron hasta tres saques de esquina. El Lleida los remató todos. Mal, pero remató. Canales vino persiguiendo desde su campo a un rival. Más que perseguir era acompañar, cuando el catalán alcanzó nuestra retaguardia el realista se detuvo. Para qué voy a correr más, que se encargue otro se diría. Toño sacó un balón por encima de la presión de un delantero contrario. Hacia la izquierda. Para Navas. Navas lo vio pasar y se quedó quieto mientras un delantero de Segunda B la jugaba solo en la banda. ¿De la Bella? Por allí debía de estar. Vela, relativamente presionado en campo propio, se la dio a un contrario que se lanzó hacia el área. Nuestro Messi, así le consideramos siempre, le miró correr. Cada vez más lejos eso sí porque él no se movió. Fue el 1-2.
Ahora podemos hablar de Eusebio. En esa misma jugada tendría que haber sentado a Vela y en la anterior a Navas y un poco antes a Canales y en la primera del segundo tiempo a De la Bella y a Pardo, porque dónde estaba Pardo, y a otros que no nombro pero que tampoco diferían mucho de los que estaban evidentemente fuera del partido.
Pero Eusebio sólo tenía tres cambios y se limitó a hacer lo que ya tenía previsto de antemano. Como de costumbre. El plan por encima de la evidencia que está ante los ojos. Por ese motivo al míster le está cayendo hoy la del pulpo. No es justo porque equipo había para llevar a puerto la eliminatoria. Lo que no hubo fueron ganas de seguir jugando y los que jugaban estaban en el verde, pero hombre míster usted también tendrá que ponerse las pilas y resolver los problemas que todos vemos. Ya sé que nos creemos mejores de lo que en realidad somos, pero un poco más serios de lo que hemos parecido en estos dos últimos partidos me parece que sí nos podemos presentar.
Vuelvo al título. Este último ridículo, seguramente el mayor de nuestra historia, viene a reforzar la cultura del fracaso que tantos sueños nos ha roto, que tanta desesperanza ha provocado. Hace menos de seis años fuimos a Mallorca con un 2-0 favorable y en el minuto 16 Ifrán puso en el marcador el 0-1. Como ayer 3-0 en el global, pero aquella vez el Mallorca necesitaba cuatro goles. Ya son nuestros pensaron los que tienen que jugar cada minuto como si fuera el último vaya como vaya el marcador. Y se fueron del partido. En seis minutos, en seis, nos hicieron esos cuatro goles que necesitaban porque esto es fútbol y si te paras, te matan. Y nos mató aquel Mallorca como ayer nos hizo picadillo un Lleida modesto y digno ante una Real menos modesta y para nada digna.
De la Bella, Xabi Prieto y Vela estaban en Son Moix en enero de 2012. Tenían que saber lo que podía pasar. Al menos dos de ellos fueron de los que prefirieron mirar que jugar en una segunda parte vergonzosa. A Xabi Prieto, que era de los pocos que sí querían, le cambiaron cuando más le necesitábamos pero ya se sabe si estaba el cambio programado, eso es sagrado.
Quizás lo peor es que no va a haber consecuencias, que nuestros jugadores desde el infantil hasta el primer equipo, van a poder comprobar que el fracaso no lleva aparejado más castigo que la rabieta de unos aficionados y unos periodistas que nos habremos olvidado en unos días de semejante ridículo. Si pasado mañana compiten como es debido en el Wanda Metropolitano, como hicieron ganando en Mestalla tras cubrirse de oprobio en Mallorca, las campanas dejarán de tañer a fiambre. Y el jueves que viene volveremos a Anoeta con la ilusión de terminar primeros la fase de grupos de Europa League. Y si se consigue aquí no habrá pasado nada.
Será esa la primera razón para que no deje de repetirse, para que nuestros críos aprendan que se puede estar sobre el césped con nuestro escudo en el pecho con menos afán que cualquiera de los espectadores. Pero si había alguno al que sólo le faltó pedir a un fotógrafo su silla para mirar más cómodo como aquellos cabrones con la senyera a cuestas no paraban de correr… Se olvidará. Yo no. Porque el fracaso no puede ser cultura ni la desidia nuestra razón de ser, algo habrá que cambiar. No se puede seguir pasando por alto.

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Fernando Becerril 21-11-2017 | 6:07 | 0

becerril

La Real Sociedad aborda esta semana dos partidos de esos que puedes y debes ganar pero que por ello encierran un peligro diferente. Primero porque en el campo del Rosenborg nadie gana sin sufrimiento. Esa victoria te pondría en el sendero de la primera plaza de tu grupo europeo con el que se limitan los riesgos en el siguiente sorteo y, sobre todo, te asegura que podrás seguir jugando en Europa en el corazón del invierno. Aunque para clasificarse basta con el empate, mejor hacerlo ganando. Después porque Las Palmas vendrá el domingo agonizante a Anoeta y tratará desesperadamente de aprovechar el desgaste de los nuestros.

Nadie entendería que Pako Ayestarán acertara a levantar el vuelo precisamente aquí. Es un partido en el que la sorpresa sería un mazazo en el centro de nuestras ilusiones. Razón de más para cuidarse mucho de abordar el choque con menos energía. Todavía no hemos hecho nada. Todavía nos estamos buscando. Esta semana hay que salir con el cuchillo entre los dientes. Lo saben los que juegan y los sabemos los que les vemos. Toca ganar. En Getafe y en Girona pudimos comprobar que nunca es sencillo, que cualquier error, tuyo o ajeno, te deja sin premio.

Precisamente en Girona quedó a la luz que este equipo se está pareciendo poco a poco a lo que esperamos de él. Más consistente en defensa, capaz de hacer frente a un adversario que juega a mil revoluciones por minuto, que muerde o patea en cada metro y que te exige tanta intensidad como concentración, la Real Sociedad dejó buena imagen allá. Era un partido para adultos y a los de Eusebio sólo les faltó ganar. Hicieron todo lo que había que hacer para conseguirlo, excepto aprovechar alguna de sus ocasiones de la segunda mitad. Les faltó acierto en el área y eso cuesta puntos, claro, pero nos dejaron la sensación de que lo mejor está por llegar.

Bueno pues para que llegue va a hacer falta dar un paso adelante esta misma semana. Sin Llorente, al que le castigan en cada salto aunque la falta se la hagan a él, y sin Zuru, al que le cosieron a golpes en Girona. Seguramente es casual que al jugador que reaparece tras lesión le den más duro que a nadie. O no. A lo mejor la culpa la tiene él por estar en las zonas más calientes o por darle pausa al juego y aguantar el balón en los pies cuando vienen las botas rivales como si fueran las cuchillas de un cortacésped. Quién sabe. Lo que es seguro es que le cosieron y no viaja a Noruega. Le echaremos de menos.

En Trondheim nos vamos a encontrar con un adversario más firme que el que nos visitó hace un par de meses. Necesitan ganar y van a meter presión. La Real tendrá que encontrar espacios y darle sentido a la posesión del balón. Está bien ser dueños del cuero pero hay que tratar de romper con desmarques rápidos por dentro y por fuera. Que sean ellos los que sientan el riesgo. Porque si el riesgo lo sienten los realistas, la historia puede terminar mal. En Girona la Real se defendió mejor que bien pero a lo largo de noventa minutos siempre hay momentos en los que te sientes desbordado y cuando eso sucede, como ocurrió en Montilivi durante cinco, diez minutos máximo­, la cosa suele terminar en gol en contra.

Es algo que hay que mejorar porque, por ejemplo, el Valencia se ha convertido en un  aspirante a todo gracias a que sale ileso de los agobios y machaca cuando la ocasión asoma. Es una de las cosas que nos aleja todavía de los grandes objetivos. Claro que si echamos la vista un  poco atrás y vemos los goles que encajábamos no hace mucho, podemos pensar que esta lección también la aprenderemos y que entonces competiremos en el siguiente escalón, el que lleva a Europa cada año.

Por ahora basta con saber que podemos hacernos fuertes con cinco jugadores en el centro del campo que pueden amargar a cualquiera, aunque el rival venga de hacerle un roto al mismísimo Real Madrid, que arriba siempre llegan las ocasiones por mucho que nos aprieten y que atrás progresamos adecuadamente. Es obvio que nuestros laterales todavía tienen que beber mucho colacao para ser tan eficaces cerca de nuestra área como suelen serlo cuando se lanzan hacia la puerta contraria y que ese centro del campo tan brillante no achica espacios con la contundencia que tienen otros. Ya digo, nos estamos buscando pero siento que no tardaremos en hablar de hallazgos antes que de búsqueda. Quizás antes de lo que pensamos.

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