Diario Vasco
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Autor: fernanbecerril
Limpiando la cabeza
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Fernando Becerril | 22-09-2016 | 5:49| 0

La Real ganó a una especie de coco que nos fabricamos la temporada pasada cuando los amarillos de Las Palmas nos dieron unas cuantas lecciones de fútbol en unos pocos meses. Fue un triunfo rotundo en el que además de jugar bien se dieron toda suerte de circunstancias favorables. Fue una de esas victorias en las que lo que menos vale son los tres puntos porque hay algo que nuestro equipo necesita todavía más como es limpiar la cabeza y recuperar la confianza en su propia capacidad.

Las señales de alarma eran claras. El equipo jugaba agarrotado, con miedo a perder el balón y meterse en un lío, las indecisiones tanto en ataque como en defensa convertían posiciones de fuerza en situaciones de debilidad. De hecho tanto en Pamplona como en Anoeta frente al Espanyol los nuestros no se liberaron hasta que no llegó el primer gol. Mientras, en el entorno, nos flagelábamos con una música que hace diez años nos ayudó a marcharnos a Segunda: “Lo hacemos todo mal. Los jugadores son unos niños consentidos; el entrenador, bobo; el director deportivo, absurdo y el presidente… Ése es el peor, que encima los mantiene”.

Mikel González le puso nombre la semana pasada: “No me quiero intoxicar por tanta negatividad”. Pero una cosa es ponerle nombre a una situación y otra que hacerlo sirva de exorcismo para que esa carga negra que respiramos no te afecte. Fue precisamente Mikel el que más se equivocó en la jugada del penalti en Villarreal. Había salido la Real como no lo había hecho al menos desde enero. El submarino sufría. Y un error puntual se convirtió en un penalti que les desactivó por completo. Ni siquiera se convirtió en gol. No hizo falta ni eso para que a nuestros jugadores les temblaran las piernas y se vieran perdiendo 2-0 en un momento.


Cuando un equipo está seguro de sí mismo, cuando la cabeza está limpia y sin miedos, un golpe no te derriba, especialmente cuando no ha pasado nada, cuando sigues estando empatado y has sido superior hasta ese momento. Pero en Villarreal un error sin consecuencia en el marcador te dejó con las piernas de algodón y te costó el partido. Después la mejor Real en meses hizo méritos para empatar, pero enfrente no estaba un equipo menor y los guipuzcoanos regresaron sin nada en las maletas y una frustración añadida.Es normal que el partido de Anoeta, sólo tres días después, diera a la gente un poco de yuyu. Televisión en abierto, una hora intempestiva, festival de cine… Menos gente en Anoeta que cuando estábamos en Segunda y eso que hacía una noche como para no quedarse en casa. Se daban todas las circunstancias para pasar un mal rato pero la Real salió presionando con todo y se cenó a un rival muy serio. La alineación, como la de El Madrigal, contaba con los mejores futbolistas de la plantilla. Ninguna precaución añadida. A por ellos. Con todo.La consecuencia fue un gol en el primer ataque, veinte minutos más en los que la Real entraba por todas partes ante un adversario que parecía indefenso, a pesar de lo bien que suele jugar con rotaciones y sin ellas, y una jugada afortunada que dejó el partido resuelto. Un alivio y una invitación al optimismo, aunque con 2-0 y diez rivales enfrente tampoco hay motivo para disparar euforia como tres días antes se había disparado veneno.

No necesitamos este tipo de exageraciones, ni la unas ni las otras. Llegarán malos días, quizás pasado mañana en Eibar, que hace unos meses la Real fue limpiamente superior en Ipurua y terminó perdiendo. Podemos ir hacia arriba o hacia abajo, qué sé yo, pero una cosa sí sé, si estos jugadores se liberan y salen a jugar en todas partes como lo han hecho esta semana, vamos a terminar disfrutando. Entre tanto tratemos de evitar las malas músicas, las que critican hasta los aciertos, las que defienden hasta los errores. Vamos a tratar de echar una mano a los que nos representan, que todavía no creo que tengan la cabeza limpia del todo y les vamos a necesitar bien despejados para llegar a donde pueden hacerlo.

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No rascaremos nada
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Fernando Becerril | 25-08-2016 | 12:25| 0

Ha tenido que ser Iñigo Martínez, uno de esos jugadores que no tienen querencia por las excusas, el que haya puesto el dedo en la llaga tres días después del lamentable partido contra el Real Madrid. “Jugando así contra Osasuna no rascaremos nada”. Es una de esas verdades que desenmascaran el aquí no pasa nada porque jugábamos contra el Madrid y además estamos en agosto. Como si a los blancos no les faltaran cinco titulares y no hubieran tenido una pretemporada mucho más desestructurada que la nuestra.

La Real Sociedad ha podido trabajar con normalidad durante mes y medio sin más contratiempos que la lesión desde el año pasado de Agirretxe y las dificultades físicas de Vela. Los dos partidos en veinticuatro horas en Inglaterra frente a dos rivales de Premier, menores pero de la Premier, nos hizo pensar que este verano sí, que por fin se había trabajado bien. Y, de pronto, el castillo de nuestras ilusiones se empezó a venir abajo. Primero frente al Eibar y después ante dos equipos poderosos como el Bayer Leverkusen y el Madrid, este último ya en competición oficial.

La imagen de la Real en Alemania fue idéntica a la del primer partido de Liga. Un equipo romo, sin ritmo, desesperantemente lento y con una ocupación de los espacios inadmisible en un conjunto de esta Liga. Añadan el tradicional déficit de agresividad y comprenderán la causa de que el Madrid nos pasara por encima. Pero como bien dice Iñigo jugando así, no sólo el Madrid puede hacerte una avería. También Osasuna. Cualquiera que compita con energía y con un mínimo orden táctico.

Es evidente que el Real Madrid es un equipazo, campeón de Europa por ejemplo, que sus jugadores son más fuertes y tienen más calidad, pero que te den un baño táctico escapa de cualquier previsión porque los blancos no eran fuertes en ese aspecto y porque un equipo de la dimensión de la Real está obligado a rozar la perfección en ese apartado si no quiere meterse en líos.

No me digan, por favor, que el Madrid le puede meter  tres a cualquiera, aunque su rival juegue un partido de categoría. Claro. Puede que te lleguen tres veces y las tres a la cazuela. Puede que tú les metas en su área y no metas una ni por casualidad. Pero lo que pasó fue que la Real no les hizo ni cosquillas, que nuestro centro del campo vio pasar el balón una y otra vez sin llegar a interceptarlo nunca y que la presión arriba fue entre desordenada e inexistente. Luego las culpas se las llevan los defensas, que no estuvieron bien, pero que se encontraron abandonados por unos compañeros que estaban por allí, pero lejos. Jugando así no rascaremos nada, como dice Iñigo, ni con el Madrid ni en Pamplona ni en ninguna parte.

Así que poco importa quien fuera el rival del domingo pasado ni la fecha que marca el calendario, lo que importa es que nuestro equipo está lejos del juego que cabía esperar hace sólo veinte días. Por eso tampoco es relevante la alineación que opuso Eusebio al Real Madrid, por mucho que los pocos minutos decorosos llegaron con Willian José y Prieto sobre el césped. Ni sirven de gran cosa las descalificaciones individuales cuando nadie estuvo bien y a algunos no se les vieron ni las ganas. La verdadera crítica que se puede hacer esta semana a Eusebio es el enorme desbarajuste táctico de sus jugadores y digo jugadores porque llamar equipo a la Real del pasado domingo se me antoja un regalo demasiado grande. Tanta preparación, tantos partidos para que todo el mundo termine toreando fuera de cacho… No es de recibo.

Si entre todos no lo arreglan, el sábado sin ir más lejos, Eusebio saldrá en otoño como les sucedió antes a Arrasate y a Moyes. La experiencia me dice que cuando esa circunstancia se repite año tras año la aventura suele terminar en Segunda División. Ya sé, ya sé, siempre habrá tres peores… Aunque saben lo que les digo, que en la primera jornada desde luego no.

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Paso de agravios
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Fernando Becerril | 30-05-2016 | 2:35| 0

Estos días he escuchado y leído algún comentario recordando viejos agravios futboleros. Hagamos memoria. Un amigo me decía que en el triste partido de Pamplona de 2007, aficionados navarros gritaron a la Real ‘a Segunda’. Es radicalmente falso. Aquel día Indar Gorri se fue del campo tras el 2-0 después de arremeter contra su presidente y los seguidores de tribuna se limitaron a cantar sus goles y abandonaron el campo en silencio mientras nuestros seguidores llamaban a los jugadores rojillos de todo menos bonitos. Puñal y sus compañeros cobraron buen dinero por aquella victoria y la directiva realista se negó a igualar la oferta para comprar el partido. Presuntamente, que a lo mejor me cae un puro por hablar de delitos sin más prueba que el propio conocimiento.

Kovacevic y Savio se disponen a sacar de centro tras uno de los goles de Osasuna. / J.M. LÓPEZ

Donde sí hubo quién gritó a Segunda fue en Mendizorroza el 12 de marzo de 2000. No fueron todos los seguidores locales ni la mayoría pero tampoco fue un zumbado aislado según me contaron. Yo estaba a sólo unos metros, en el frontón Ogueta cubriendo la final de mano parejas. Igual que en el campo de fútbol hubo derrota guipuzcoana. Unanue y Errasti perdieron con Titín y Lasa III. Fue un día horribilis en el que Aznar se convirtió en presidente del gobierno con mayoría absoluta. Bueno, supongo que de eso algún guipuzcoano sí se alegraría.

Lo más curioso de aquella tarde de Vitoria es que la Real se había autoderrotado nueve meses antes en el mismo campo para hacer país y que el Alavés no tuviera que jugar la promoción de permanencia. Presuntamente, ya digo. Pero los tiempos habían cambiado mucho. El que corría peligro era la Real y el Alavés luchaba por una plaza europea que le llevaría a la postre a la final de la Copa de la UEFA. Hubo alavesistas que creían que aquel favor había que devolverlo y otros que se rebelaron contra aquellas presiones y la tomaron con la Real. No todos, ni muchos, pero bastantes.

De ahí se desprende una única lección. Hay que competir siempre, que los favores aunque sean por la patria no dejan de ser malas artes, malas prácticas, que ni siquiera sirven para hacer amigos. Pero tampoco es sano guardar en la memoria agravios y construirse enemigos artificiales. Que este año Hervías ha jugado en Oviedo y a esos sí que les debíamos algo más que una cesión. Verdad, ¿Osasuna?

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Remedio contra la frustración
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Fernando Becerril | 19-05-2016 | 12:59| 0

La temporada más frustrante en nueve años se cerró el otro día con una victoria bien trabajada pero en un partido menor, de aquellos de los que no se pueden extraer grandes conclusiones porque la auténtica competición sólo pasa rozando. Cabe suponer que los técnicos de la Real tendrán a estas alturas pensado un remedio para que no se repita una sensación tan descorazonadora.

Las razones de que nuestra gente haya terminado tan alejada de su equipo parten de una imagen deslavazada,carente de energía y de espíritu. No siempre, pero a menudo. Un equipo que te ilusiona un mes y te deprime el siguiente está lejos de los deseos de su afición y también de sus recuerdos. No éramos así y cuando lo fuimos, terminamos regresando a Segunda.

Todo comenzó en verano cuando se invirtió dinero, mucho, pero no se diseñó una plantilla. Puede ser que el desencuentro entre Moyes y los responsables técnicos del club tuviera que ver con la formación de esa estructura incomprensible en la que el 25% de los futbolistas eran laterales y en el que sólo había un cuatro de verdad, que no era precisamente insustituible, cuando se habían gastado 17 millones en Illarra. El de Mutriku es básico para cualquier proyecto pero no dejaba de ser, aunque mejor, más de lo mismo que ya había. Echamos un año más en falta el cuatro poderoso y con fútbol para jugar al lado de Asier. En cambio con su llegada sobraba un jugador del perfil de Granero.

Como consecuencia del desencuentro del que les hablaba subieron del Sanse dos jugadores prometedores a los que no se les iba a dar bola y a los que se les ha hecho perder el tiempo. Al menos uno de ellos está jugando en Miranda toda la segunda vuelta.

O sea que la plantilla tenía un equilibrio precario ya de partida y para colmo Vela y Rulli vivieron un verano complicado. Al primero le entró la tentación de jugar en Estados Unidos donde el sueldo es bueno y la responsabilidad relativa y llegó aquí pensando en las palmeras de Miami más que en las olas del Paseo Nuevo. Cuando despertó en febrero ganamos cuatro partidos seguidos, pero aquel estirón no fue duradero y los últimos meses del curso recuperaron ese meneo de montaña rusa que tan mal cuerpo nos ha dejado.

El mexicano es una referencia demasiado importante para la Real como para tenerlo en el campo y que no se le vea. Pero si lo sacas del equipo, los rivales lo agradecen y el jugador se puede terminar de volver loco. La estrella del equipo, que costó un quintal hace sólo dos años, se ha convertido en un problema de difícil solución para los técnicos y para el Consejo. Este verano será clave pero si se va, Loren y su equipo tendrán que buscar un relevo imposible y si se queda, cuesta imaginar que Vela vuelva a ser el mismo que fue al lado de Griezmann.

Rulli se pasó las vacaciones del año pasado sin saber si iba a poder jugar donde quería, que era en Donostia. Lo logró al fin y a su llegada se encontró con que el club había apostado por la cantera para el puesto de entrenador de porteros, lo que supongo que tampoco le facilitaría mucho las cosas. Una expulsión ante el Espanyol le dejó tocado, pero se recuperó para volver a ser el de su primera campaña y ahora estamos de nuevo con la misma novela, a ver si sigue como él desea y la Real también o si el fondo de inversión que posee sus derechos encuentra mejor postor.

De momento la Real puja fuerte, en mi opinión más fuerte de lo que debería, quizás porque terminada la temporada no tiene asegurada ni una sola plaza para la portería. La posición del club sería más cómoda si ya tuviera cerrado el acuerdo con el meta que tendrá que competir con el argentino. Competir. Bonita palabra. Hace años que nuestros porteros no compiten por el puesto porque los papeles están repartidos de salida. El bueno y el menos bueno. El titular y el suplente. Buena metáfora para algunos de los males que nos persiguen.

Y esto nos lleva al meollo del problema, la falta de competitividad que muestra el equipo demasiado a menudo y que nos tiene a todos locos. Un equipo que muerde, aunque termine perdiendo, en Ipurua y que ocho días después empata en Villarreal sin fútbol pero con rabia, se deja entre medias los tres puntos en Anoeta ante un Getafe moribundo porque los nuestros estaban todavía más muertos. Fue tal el bochorno de aquella actuación que no he sido capaz de escribir en un mes. Ni habiendo dado la cara en todos y cada uno de los partidos, sería aceptable una actuación así, pero es que no ha sido la única.

A los abonados les ha costado asistir a los encuentros de la segunda vuelta. Tres mil renunciaron a su abono de un año a otro. Ya. Estamos en una crisis larga y dura y las entradas no son regaladas. Ya. Los horarios del señor Tebas son un disparate que no se resuelve porque se sacrifica a los aficionados para mejorar los ingresos de televisión. Ni siquiera se busca una solución de compromiso que permita conciliar ambos intereses de la mejor manera posible. Ya. Pero si el equipo te ilusiona, si cuando vas al fútbol, te alegra la tarde, aguantas en tu asiento aunque te cueste. Y el mínimo común denominador para eso es que tus jugadores lo pongan todo en el campo. Siempre. No ha sido así. Siempre no. Habrá que mirar por qué.

La otra razón del desencanto de Anoeta hay que buscarla en el fútbol de su equipo. Le ha costado mucho crear ocasiones de gol cuando el adversario cerraba pasillos y eso es algo que hacen todos los rivales. Sin ocasiones los goles son raros y sin ellos no se gana en casa. Siete victorias sobre 19 oportunidades es escaso bagaje. Los primeros meses de Eusebio nos permitieron creer que el fútbol había regresado, pero el varapalo de Gijón -otro día que no admite excusas, lo mismo que el cuádruple compromiso ante Las Palmas- nos hizo cambiar de registro. Volvimos a ser un equipo bien montado atrás que vivía de la paciencia antes que del juego alegre y ofensivo.

Si añadimos la lesión de Agirretxe, más de media temporada de baja tras una serie de decisiones que si no tienen consecuencias para nadie es porque en este club nada parece tener consecuencias, y otro medio año perdido por Zurutuza más una interminable plaga de problemas físicos nos podremos hacer una idea de porqué todo ha sido como ha sido. La temporada empezó torcida y no se puede decir que haya terminado bien por mucho que en los dos últimos meses se hayan ganado cuatro partidos y se haya peleado en todos menos en uno. Lástima que de ése no vayamos a olvidarnos fácil.

Hay mucho trabajo por delante este verano. Será importante sacarlo adelante con un mínimo de solvencia porque la deriva es mala y si no la cambiamos ahora, podríamos volver a vivir lo que ya vivimos no hace tanto. No es fácil convivir con tanta frustración. Hay que buscarle remedio.

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Conocen la receta
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Fernando Becerril | 05-04-2016 | 5:07| 0

Los dos últimos partidos de la Real Sociedad han dejado a la vista un problema que empezamos a sufrir como un quiste, la desesperante falta de continuidad del equipo. En Sevilla nuestro equipo apareció herido por el desastre del encuentro anterior en Anoeta y como consecuencia jugó uno de sus partidos más serios de la Liga en uno de los campos más complicados. Ganó. Igual que ganó en San Mamés porque fue un equipo adulto, intenso, capaz. Los jugadores de Eusebio aparecieron fuertes, maduros, profesionales. Demostraron que conocen la receta que cura todos los males y de paso dejaron abierta una inmensa pregunta. ¿Por qué no lo hacen cada semana? ¿Por qué sólo sucede cuando le ven las orejas al lobo o cuando tienen una motivación extra?

Iñigo Martínez lo decía hace bien poco: El Athletic juega así todos los domingos, nosotros sólo de vez en cuando. No es textual, pero la idea era ésa. La diferencia entre una manera de competir y la otra está a la vista en la clasificación y en los resultados de estas tres últimas temporadas. No es que en San Mamés o en Ipurua, que también el ejemplo vale con un presupuesto bien distinto, disfruten de un espectáculo futbolístico de primer orden, pero sus seguidores suelen salir del campo con la tranquilidad de saber que sus futbolistas no han regateado el menor esfuerzo y que han hecho todo lo que había que hacer para ganar su partido. La Real no siempre llega tan lejos.

Después del sacrificio colectivo del Sánchez Pizjuán, los realistas habrán recuperado la autoestima perdida. Seguramente será un buen momento para repasar las imágenes del partido contra los canarios y dejarles ver la pasividad con que defendieron el libre indirecto que a la postre les costaría la derrota, nada que ver con la actitud con la que saltaron todos cuando Reyes lanzó la falta al borde del área en el primer tiempo de Sevilla. O reproducir el penalti a Zurutuza que podía haber supuesto un empate nada merecido en Anoeta para que comprueben como ni siquiera supieron levantar los brazos para reclamar lo que Mateu Lahoz no había apreciado. Sólo protestaron los aficionados, que tampoco metieron mucho ruido porque la falta de reacción de sus jugadores invitaba a creer que no había pasado nada. Había sido penalti sólo que los nuestros estaban a otra cosa.

Las Palmas lleva dando sustos a todo el mundo desde hace meses. El Barcelona y el Real Madrid se escaparon vivos de casualidad. Se han habituado a sorprender a sus rivales, pero el único que no podía hablar de sorpresa era la Real. Tenía ya tres repasos a sus espaldas. Ni siquiera eso les picó el orgullo. En cambio, aquella derrota humillante y las críticas recibidas les movilizaron las tripas y en Sevilla fueron otro equipo, el mismo de San Mamés. Sólo que entre medias habían pasado cinco encuentros en los que su fútbol y su carácter parecían extinguidos. Tiempo suficiente para convertir la ilusión de febrero, en la desolación de marzo. Demasiado tiempo.

Estoy seguro de que el sábado frente al Barcelona nuestro equipo saldrá al límite de motivación. Los culés pueden pintarle la cara a cuaquiera. También a la Real, pero los nuestros darán la cara. Son partidos que les ponen. Lástima que tengamos que esperarles, lástima que no sean lo bastante maduros como para morder siempre como mordieron el domingo. Cuesta creerlo pero casi todos los balones divididos eran nuestros frente a un adversario que es como una roca cuando lo normal es que salgamos perdiendo en la mayor parte de las disputas. Esta semana estamos felices porque todos dieron la cara y ganaron, pero vamos a ver qué nos ofrecen en semanas sucesivas, en encuentros como el de Eibar o el de Anoeta frente al Getafe, en uno de esos días en los que tienen el deber de seguir mordiendo aunque no haya grandes objetivos por el medio. Porque ellos cobran todos los días y ustedes pagan por cada partido que van a ver con la intención de disfrutar con su equipo. Se puede perder o ganar, pueden brillar o fallar, pero lo que no debería volver a pasar es que salgamos de Anoeta con la sensación de lo que no lo han dado todo. Lo sentimos demasiadas veces y es algo que no sucede en otros lugares. En Eibar o en Bilbao sin ir más lejos.

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