Diario Vasco
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Autor: fernanbecerril
Paso de agravios
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Fernando Becerril | 30-05-2016 | 2:35| 0

Estos días he escuchado y leído algún comentario recordando viejos agravios futboleros. Hagamos memoria. Un amigo me decía que en el triste partido de Pamplona de 2007, aficionados navarros gritaron a la Real ‘a Segunda’. Es radicalmente falso. Aquel día Indar Gorri se fue del campo tras el 2-0 después de arremeter contra su presidente y los seguidores de tribuna se limitaron a cantar sus goles y abandonaron el campo en silencio mientras nuestros seguidores llamaban a los jugadores rojillos de todo menos bonitos. Puñal y sus compañeros cobraron buen dinero por aquella victoria y la directiva realista se negó a igualar la oferta para comprar el partido. Presuntamente, que a lo mejor me cae un puro por hablar de delitos sin más prueba que el propio conocimiento.

Kovacevic y Savio se disponen a sacar de centro tras uno de los goles de Osasuna. / J.M. LÓPEZ

Donde sí hubo quién gritó a Segunda fue en Mendizorroza el 12 de marzo de 2000. No fueron todos los seguidores locales ni la mayoría pero tampoco fue un zumbado aislado según me contaron. Yo estaba a sólo unos metros, en el frontón Ogueta cubriendo la final de mano parejas. Igual que en el campo de fútbol hubo derrota guipuzcoana. Unanue y Errasti perdieron con Titín y Lasa III. Fue un día horribilis en el que Aznar se convirtió en presidente del gobierno con mayoría absoluta. Bueno, supongo que de eso algún guipuzcoano sí se alegraría.

Lo más curioso de aquella tarde de Vitoria es que la Real se había autoderrotado nueve meses antes en el mismo campo para hacer país y que el Alavés no tuviera que jugar la promoción de permanencia. Presuntamente, ya digo. Pero los tiempos habían cambiado mucho. El que corría peligro era la Real y el Alavés luchaba por una plaza europea que le llevaría a la postre a la final de la Copa de la UEFA. Hubo alavesistas que creían que aquel favor había que devolverlo y otros que se rebelaron contra aquellas presiones y la tomaron con la Real. No todos, ni muchos, pero bastantes.

De ahí se desprende una única lección. Hay que competir siempre, que los favores aunque sean por la patria no dejan de ser malas artes, malas prácticas, que ni siquiera sirven para hacer amigos. Pero tampoco es sano guardar en la memoria agravios y construirse enemigos artificiales. Que este año Hervías ha jugado en Oviedo y a esos sí que les debíamos algo más que una cesión. Verdad, ¿Osasuna?

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Remedio contra la frustración
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Fernando Becerril | 19-05-2016 | 12:59| 0

La temporada más frustrante en nueve años se cerró el otro día con una victoria bien trabajada pero en un partido menor, de aquellos de los que no se pueden extraer grandes conclusiones porque la auténtica competición sólo pasa rozando. Cabe suponer que los técnicos de la Real tendrán a estas alturas pensado un remedio para que no se repita una sensación tan descorazonadora.

Las razones de que nuestra gente haya terminado tan alejada de su equipo parten de una imagen deslavazada,carente de energía y de espíritu. No siempre, pero a menudo. Un equipo que te ilusiona un mes y te deprime el siguiente está lejos de los deseos de su afición y también de sus recuerdos. No éramos así y cuando lo fuimos, terminamos regresando a Segunda.

Todo comenzó en verano cuando se invirtió dinero, mucho, pero no se diseñó una plantilla. Puede ser que el desencuentro entre Moyes y los responsables técnicos del club tuviera que ver con la formación de esa estructura incomprensible en la que el 25% de los futbolistas eran laterales y en el que sólo había un cuatro de verdad, que no era precisamente insustituible, cuando se habían gastado 17 millones en Illarra. El de Mutriku es básico para cualquier proyecto pero no dejaba de ser, aunque mejor, más de lo mismo que ya había. Echamos un año más en falta el cuatro poderoso y con fútbol para jugar al lado de Asier. En cambio con su llegada sobraba un jugador del perfil de Granero.

Como consecuencia del desencuentro del que les hablaba subieron del Sanse dos jugadores prometedores a los que no se les iba a dar bola y a los que se les ha hecho perder el tiempo. Al menos uno de ellos está jugando en Miranda toda la segunda vuelta.

O sea que la plantilla tenía un equilibrio precario ya de partida y para colmo Vela y Rulli vivieron un verano complicado. Al primero le entró la tentación de jugar en Estados Unidos donde el sueldo es bueno y la responsabilidad relativa y llegó aquí pensando en las palmeras de Miami más que en las olas del Paseo Nuevo. Cuando despertó en febrero ganamos cuatro partidos seguidos, pero aquel estirón no fue duradero y los últimos meses del curso recuperaron ese meneo de montaña rusa que tan mal cuerpo nos ha dejado.

El mexicano es una referencia demasiado importante para la Real como para tenerlo en el campo y que no se le vea. Pero si lo sacas del equipo, los rivales lo agradecen y el jugador se puede terminar de volver loco. La estrella del equipo, que costó un quintal hace sólo dos años, se ha convertido en un problema de difícil solución para los técnicos y para el Consejo. Este verano será clave pero si se va, Loren y su equipo tendrán que buscar un relevo imposible y si se queda, cuesta imaginar que Vela vuelva a ser el mismo que fue al lado de Griezmann.

Rulli se pasó las vacaciones del año pasado sin saber si iba a poder jugar donde quería, que era en Donostia. Lo logró al fin y a su llegada se encontró con que el club había apostado por la cantera para el puesto de entrenador de porteros, lo que supongo que tampoco le facilitaría mucho las cosas. Una expulsión ante el Espanyol le dejó tocado, pero se recuperó para volver a ser el de su primera campaña y ahora estamos de nuevo con la misma novela, a ver si sigue como él desea y la Real también o si el fondo de inversión que posee sus derechos encuentra mejor postor.

De momento la Real puja fuerte, en mi opinión más fuerte de lo que debería, quizás porque terminada la temporada no tiene asegurada ni una sola plaza para la portería. La posición del club sería más cómoda si ya tuviera cerrado el acuerdo con el meta que tendrá que competir con el argentino. Competir. Bonita palabra. Hace años que nuestros porteros no compiten por el puesto porque los papeles están repartidos de salida. El bueno y el menos bueno. El titular y el suplente. Buena metáfora para algunos de los males que nos persiguen.

Y esto nos lleva al meollo del problema, la falta de competitividad que muestra el equipo demasiado a menudo y que nos tiene a todos locos. Un equipo que muerde, aunque termine perdiendo, en Ipurua y que ocho días después empata en Villarreal sin fútbol pero con rabia, se deja entre medias los tres puntos en Anoeta ante un Getafe moribundo porque los nuestros estaban todavía más muertos. Fue tal el bochorno de aquella actuación que no he sido capaz de escribir en un mes. Ni habiendo dado la cara en todos y cada uno de los partidos, sería aceptable una actuación así, pero es que no ha sido la única.

A los abonados les ha costado asistir a los encuentros de la segunda vuelta. Tres mil renunciaron a su abono de un año a otro. Ya. Estamos en una crisis larga y dura y las entradas no son regaladas. Ya. Los horarios del señor Tebas son un disparate que no se resuelve porque se sacrifica a los aficionados para mejorar los ingresos de televisión. Ni siquiera se busca una solución de compromiso que permita conciliar ambos intereses de la mejor manera posible. Ya. Pero si el equipo te ilusiona, si cuando vas al fútbol, te alegra la tarde, aguantas en tu asiento aunque te cueste. Y el mínimo común denominador para eso es que tus jugadores lo pongan todo en el campo. Siempre. No ha sido así. Siempre no. Habrá que mirar por qué.

La otra razón del desencanto de Anoeta hay que buscarla en el fútbol de su equipo. Le ha costado mucho crear ocasiones de gol cuando el adversario cerraba pasillos y eso es algo que hacen todos los rivales. Sin ocasiones los goles son raros y sin ellos no se gana en casa. Siete victorias sobre 19 oportunidades es escaso bagaje. Los primeros meses de Eusebio nos permitieron creer que el fútbol había regresado, pero el varapalo de Gijón -otro día que no admite excusas, lo mismo que el cuádruple compromiso ante Las Palmas- nos hizo cambiar de registro. Volvimos a ser un equipo bien montado atrás que vivía de la paciencia antes que del juego alegre y ofensivo.

Si añadimos la lesión de Agirretxe, más de media temporada de baja tras una serie de decisiones que si no tienen consecuencias para nadie es porque en este club nada parece tener consecuencias, y otro medio año perdido por Zurutuza más una interminable plaga de problemas físicos nos podremos hacer una idea de porqué todo ha sido como ha sido. La temporada empezó torcida y no se puede decir que haya terminado bien por mucho que en los dos últimos meses se hayan ganado cuatro partidos y se haya peleado en todos menos en uno. Lástima que de ése no vayamos a olvidarnos fácil.

Hay mucho trabajo por delante este verano. Será importante sacarlo adelante con un mínimo de solvencia porque la deriva es mala y si no la cambiamos ahora, podríamos volver a vivir lo que ya vivimos no hace tanto. No es fácil convivir con tanta frustración. Hay que buscarle remedio.

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Conocen la receta
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Fernando Becerril | 05-04-2016 | 5:07| 0

Los dos últimos partidos de la Real Sociedad han dejado a la vista un problema que empezamos a sufrir como un quiste, la desesperante falta de continuidad del equipo. En Sevilla nuestro equipo apareció herido por el desastre del encuentro anterior en Anoeta y como consecuencia jugó uno de sus partidos más serios de la Liga en uno de los campos más complicados. Ganó. Igual que ganó en San Mamés porque fue un equipo adulto, intenso, capaz. Los jugadores de Eusebio aparecieron fuertes, maduros, profesionales. Demostraron que conocen la receta que cura todos los males y de paso dejaron abierta una inmensa pregunta. ¿Por qué no lo hacen cada semana? ¿Por qué sólo sucede cuando le ven las orejas al lobo o cuando tienen una motivación extra?

Iñigo Martínez lo decía hace bien poco: El Athletic juega así todos los domingos, nosotros sólo de vez en cuando. No es textual, pero la idea era ésa. La diferencia entre una manera de competir y la otra está a la vista en la clasificación y en los resultados de estas tres últimas temporadas. No es que en San Mamés o en Ipurua, que también el ejemplo vale con un presupuesto bien distinto, disfruten de un espectáculo futbolístico de primer orden, pero sus seguidores suelen salir del campo con la tranquilidad de saber que sus futbolistas no han regateado el menor esfuerzo y que han hecho todo lo que había que hacer para ganar su partido. La Real no siempre llega tan lejos.

Después del sacrificio colectivo del Sánchez Pizjuán, los realistas habrán recuperado la autoestima perdida. Seguramente será un buen momento para repasar las imágenes del partido contra los canarios y dejarles ver la pasividad con que defendieron el libre indirecto que a la postre les costaría la derrota, nada que ver con la actitud con la que saltaron todos cuando Reyes lanzó la falta al borde del área en el primer tiempo de Sevilla. O reproducir el penalti a Zurutuza que podía haber supuesto un empate nada merecido en Anoeta para que comprueben como ni siquiera supieron levantar los brazos para reclamar lo que Mateu Lahoz no había apreciado. Sólo protestaron los aficionados, que tampoco metieron mucho ruido porque la falta de reacción de sus jugadores invitaba a creer que no había pasado nada. Había sido penalti sólo que los nuestros estaban a otra cosa.

Las Palmas lleva dando sustos a todo el mundo desde hace meses. El Barcelona y el Real Madrid se escaparon vivos de casualidad. Se han habituado a sorprender a sus rivales, pero el único que no podía hablar de sorpresa era la Real. Tenía ya tres repasos a sus espaldas. Ni siquiera eso les picó el orgullo. En cambio, aquella derrota humillante y las críticas recibidas les movilizaron las tripas y en Sevilla fueron otro equipo, el mismo de San Mamés. Sólo que entre medias habían pasado cinco encuentros en los que su fútbol y su carácter parecían extinguidos. Tiempo suficiente para convertir la ilusión de febrero, en la desolación de marzo. Demasiado tiempo.

Estoy seguro de que el sábado frente al Barcelona nuestro equipo saldrá al límite de motivación. Los culés pueden pintarle la cara a cuaquiera. También a la Real, pero los nuestros darán la cara. Son partidos que les ponen. Lástima que tengamos que esperarles, lástima que no sean lo bastante maduros como para morder siempre como mordieron el domingo. Cuesta creerlo pero casi todos los balones divididos eran nuestros frente a un adversario que es como una roca cuando lo normal es que salgamos perdiendo en la mayor parte de las disputas. Esta semana estamos felices porque todos dieron la cara y ganaron, pero vamos a ver qué nos ofrecen en semanas sucesivas, en encuentros como el de Eibar o el de Anoeta frente al Getafe, en uno de esos días en los que tienen el deber de seguir mordiendo aunque no haya grandes objetivos por el medio. Porque ellos cobran todos los días y ustedes pagan por cada partido que van a ver con la intención de disfrutar con su equipo. Se puede perder o ganar, pueden brillar o fallar, pero lo que no debería volver a pasar es que salgamos de Anoeta con la sensación de lo que no lo han dado todo. Lo sentimos demasiadas veces y es algo que no sucede en otros lugares. En Eibar o en Bilbao sin ir más lejos.

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¿Pero dónde estáis mirando?
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Fernando Becerril | 16-03-2016 | 7:04| 0

De todo lo que está pasando en la Real en las dos últimas semanas, lo único que entiendo es la decepción generalizada que siente el personal. Llueve sobre mojado y después del triunfo en San Mamés, nadie esperaba que se desinflara el globo tan pronto. Así que estamos quemados, pero no sé si es razón suficiente para despistarse y desde luego no hay excusa para que se despiste la plantilla de nuestro primer equipo.

Voy a poner un ejemplo, entiendo que un socio insista en que no sabe si mirar hacia Europa o hacia la permanencia. Lo entiendo menos, pero se justifica que un periodista insista en la misma idea porque al fin y al cabo vivimos de entretener a la afición y la relación es o debe ser lo bastante permeable como para que hablemos de lo que habla la gente. Hasta ahí. Me parece asombroso, y es seguramente un síntoma que explica lo que está pasando, que salga un jugador en rueda de prensa y hable de que vamos a luchar por llegar a la séptima plaza hasta que se nos agoten las opciones matemáticas y aparezca otro compañero al día siguiente hablando de que lo primero es amarrar la salvación. ¿Pero qué demonios estáis mirando?

Lo único que necesitais tener delante de los ojos, pero de verdad, es el partido contra Las Palmas. No hay nada más que mirar. Nada. Venís de perdonar la vida a un Levante al que al tran tran hicisteis media docena de ocasiones evidentes de gol y de perseguir sombras durante 45 minutos en Balaídos. ¿Qué nos contáis de vuestros objetivos dentro de nueve semanas? Sólo existe un objetivo, el de recuperar la imagen de madurez de San Mamés y jugar fuerte ante un rival que ha sido superior a vosotros en las tres ocasiones en las que os habéis enfrentado esta temporada. ¿O no os pica que Las Palmas sepa jugar al fútbol con más orden y con más sentido cuando acaba de regresar a Primera y tiene una plantilla bastante más modesta?

Si la Real Sociedad pretende terminar entre los diez primeros o mejorar los 46 puntos de la temporada pasada no puede estar pensando en que tiene que ganar tres de los nueve últimos encuentros y empatar otros tres. En lo único que tiene que pensar es en ganar el sábado. No va a sumar doce puntos de golpe. Sólo puede sumar tres esta semana y enfrente tiene un hueso que el domingo pasado puso en evidencia al Real Madrid. A ver si miramos lo que tenemos delante y dejamos de asomarnos al abismo o de tratar de ver la cumbre de la pirámide, que luego nos pasa lo que nos pasa.

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Con Iriondo empezó todo
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Fernando Becerril | 26-02-2016 | 8:27| 0

Rafa Iriondo

Rafa Iriondo, en uno de sus partidos con la Real Sociedad

Hace un par de días que nos dejó Rafa Iriondo. Fue un futbolista legendario, de ésos cuyos nombres van siempre acompañados de los de algunos de sus compañeros porque todos juntos hicieron algo trascendente, en su caso para el Athletic. Pero Iriondo no sólo fue uno de los cinco componentes de aquella delantera mítica. Además cerró su carrera como jugador en la Real Sociedad con la que jugó 32 partidos y anotó diez goles. Era el año 1955, tenía ya 36 años y no había jugado mucho después de haber sido el máximo goleador del equipo en su primera campaña como txuriurdin. Un digno epílogo a una gran carrera. Lo mejor vino casi dos décadas después cuando se hizo cargo del banquillo realista porque se puede decir que allí empezó todo. La mejor Real de la historia se empezó a gestar en aquellas dos temporadas en las que el fútbol empezó a fluir por las botas de futbolistas que habían sobrevivido pateando campos sembrados de barro.

De aquellos dos años entre el verano de 1972 y la primavera de 1974 recuerdo dos partidos de signo bien distinto. En aquel domingo de las navidades de 1972 en la universidad habíamos organizado un baile para recaudar fondos para el viaje de fin de curso. Jugaba la Real. Así que me escapé al Bernabéu. No os podéis imaginar lo que era bailar a aquel Madrid en su propio campo. La Real jugó el mejor primer tiempo que yo le había visto hasta entonces. Araquistain, un proyecto de gran delantero, adelantó a la Real. En el minuto 41 no se entendía como el partido estaba sólo 0-1. Pero era el Madrid y era el Bernabéu. Un árbitro malagueño llamado José Navarrete Antiñolo consiguió que los blancos llegaran al descanso ganando gracias a uno de esos penaltis que hoy nos sigue pitando un González González cualquiera. Supongo que en el túnel de vestuarios Gorriti le dio recuerdos porque el lateral realista no regresó al terreno de juego.
Después no hubo partido y nos metieron otros cuatro que Pirri, Velázquez, Santillana y compañía se encargaron de celebrar como si no nos hubieran metido la mano en la cartera al final del primer tiempo. Yo llegué al baile dispuesto a dar de beber a las masas con una extraña sensación. Por un lado estaba encendido como una farola, por otro no terminaba de creerme que la Real, aquella Real, la de Martínez y Gorriti, la del joven Kortabarria,la de Arzak y Luciano Murillo, la de Esnaola y Boronat, la de Ansola y Amas, aquélla, fuera capaz de jugar el fútbol exquisito del primer tiempo. Entonces la referencia era el Ajax de Cruyff y por unos momentos había parecido que, salvando todas las distancias, la Real jugaba al mismo deporte.

El otro partido que no he podido olvidar llegó quince meses después. Como uno tiene familia en Valencia me fui a las Fallas aprovechando que San José caía en martes y teníamos un puente espectacular en la facultad. El domingo la Real jugaba en Mestalla contra el Valencia. Quedaban nueve jornadas para el final y el equipo de Iriondo estaba metido, por primera vez en su historia, en la pelea por una plaza europea. Había que terminar entre los cuatro primeros y los puntos de Mestalla eran importantes. Como pueden imaginar me fui al fútbol y vi ganar a la Real. Satrústegui, un chaval de veinte años, era titular. Ya había jugado trece partidos ligueros pero todavía no se había estrenado como goleador. Aquella noche marcó nada más empezar y anotó mediado el segundo tiempo el gol de la victoria. Los primeros goles del que iba a ser el máximo artillero de nuestra historia. Pela Arzak se lesionó pronto, a Gaztelu le echaron al final, pero los puntos viajaron a San Sebastián con toda justicia tras una lección de solvencia. Dos meses después la Real había logrado su primer billete para Europa. La epopeya estaba a punto de comenzar. La temporada siguiente regresó un gigante como Andoni Elizondo para llevar de nuevo a su equipo a la Copa de la UEFA. Debutó Arconada y entró Irulegi como entrenador para dar paso al resto de estrellas del equipo campeón y para que su fútbol se fuera haciendo cada vez más firme… De aquí a la eternidad titulé la crónica de El Molinón para La Hoja del Lunes, pero años atrás había empezado todo. Con Rafa Iriondo. Ahora se ha ido. No le olvidaremos.

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