Diario Vasco
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Autor: fernanbecerril
Todo es posible
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Fernando Becerril | 20-02-2016 | 11:10| 0

La Copa cerró sus cuartos de final de la mejor manera posible, con una pelea dramática entre un anfitrión modesto, aunque orgulloso, y un Baskonia que además de juego ha recuperado su legendario carácter. Visto el partido cuesta creer que Obradoiro no llegase a firmar la tercera hazaña en cuatro encuentros. Sobrevivió Baskonia con un único argumento, una obstinada resistencia a la derrota. Se suele negar a perder y esa entereza le mantiene vivo en todos los frentes. No es raro que la afición alavesa esté así de feliz.

Habrá que ver si esa fuerza espiritual le permite resistir esta tarde a un Real Madrid que ayer distribuyó los esfuerzos y no necesitó exprimirse para dominar al Fuenlabrada. Laso hizo jugar más de treinta minutos a Llull. No es probable que sus compañeros terminaran la tarde con agujetas. Era dudoso el concurso de los renqueantes Nocioni y Felipe Reyes. El Chapu fue seguramente el mejor y el segundo que más minutos estuvo sobre la pista. O sea que están todos menos Rudy. Su banquillo es bastante más largo y su desgaste, inferior. Baskonia necesita hoy una inyección doble de orgullo y mentalidad y que sus artilleros reaparezcan. Hanga salvó el primer partido ofreciendo puntos además de defensa, salto y velocidad. Hoy no le pueden dejar solo otra vez. Dijo en su día el argentino León Najnudel tras hacer campeón al CAI en la primera final de la nueva copa que el que no gana con siete no gana con 17. Pero hacen falta al menos siete. Ayer Baskonia ganó con dos, pero el Madrid es otra historia.

Esta tarde todo puede pasar. Después de estos inolvidables cuartos de final, cualquier pronóstico es un atrevimiento. Sobre todo si analizamos la primera semifinal entre Bilbao y Gran Canaria. Sito Alonso contra su maestro, mentor y amigo, Aíto. Los dos equipos tienen mucho en común y armas para alcanzar su primera final. Es un duelo inesperado, pero se ha convertido en un caramelo. Sin Barcelona, sin Valencia. Qué grande es la Copa.

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Boooomba
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Fernando Becerril | 19-02-2016 | 10:00| 0

La Copa de baloncesto es un espectáculo, un acontecimiento social que reúne a centenares de personas venidas de todas partes y ha sido capaz de inventar la neutralidad pública a pesar de que siempre existe un anfitrión. No hay nada mejor. Claro que sufre un déficit de competitividad. El dinero del fútbol provoca grandes diferencias presupuestarias entre los que pueden perder mucho dinero cada año y los que se juegan la supervivencia si acumulan déficit. El impacto del fútbol multiplica la audiencia si se enfrentan los dos únicos clubes en esta cita para los que el basket es un adorno. Así que la final entre Barcelona y Madrid se repite y se repite. La excepción se produjo en Vitoria hace tres años. Les tocó encontrarse en el primer partido del torneo y claro sólo pasó uno.

Más excepcional fue lo que sucedió ayer cuando el Barcelona se estrelló de entrada ante el Bilbao y el líder Valencia ensombreció su asombrosa campaña frente a un Gran Canaria que jugó libre, mientras su adversario se sentía maniatado por una responsabilidad desconocida, la de la oportunidad de ganar la Copa en la primera ocasión en la que era un claro candidato. Fue una bomba multiplicada por dos.

Sito Alonso y Hervelle, tras lograr la clasificación para semifinales.

Hacía 18 años que los dos primeros de la Liga ACB no caían en cuartos de final. Era la primera vez desde la noche de los tiempos en los que la Copa hacía honor a su propia fama, a su legendaria identidad, y dejaba abierta sus puertas a cualquier resultado. Los aficionados al baloncesto, excepto blaugranas y taronjas, abandonaron anoche el Coliseum coruñés con un orgullo y una ilusión desconocidas. Este deporte, su deporte, se acababa de reivindicar después de años de rodillo en los que las sorpresas parecían vedadas.

La primera consecuencia se podrá apreciar esta tarde cuando Fuenlabrada y Obradoiro salten a la cancha para medirse uno al Real Madrid y otro al Baskonia sabiendo que el “sí se puede” es algo más que un slogan. Es sumamente improbable que sigan produciéndose sorpresas pero para los dos clubes más pequeños los resultados de la víspera avalan su ilusión. El Fuenlabrada ya ganó a los blancos hace unas cuantas semanas. Saben que sí se puede a poco que las bajas pasen factura al Real Madrid.

Y el Obradoiro está en casa y nadie cuenta con él. Hará bien Baskonia en salir como cualquier otro día, dispuesto a defender fuerte, meter ritmo y desbordar a su ilusionado adversario. Porque como empiece a pensar en el título antes de jugar su primer partido puede pagar un precio alto. El mismo que pagaron ayer Barcelona y Valencia, el de volver a casa antes de lo previsto.

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Nos vamos de marcha
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Fernando Becerril | 17-02-2016 | 1:15| 0

La Copa de la ACB vuelve a estar aquí y como consecuencia desde ahora mismo, más de seis millares de aficionados forasteros están tomando las calles de A Coruña para compartir su alegría y su buen gusto. Si estamos aquí es porque nos gusta el baloncesto y, por encima de cualquier otra cosa, esta Copa. No hay ningún otro espectáculo deportivo que resulte más divertido. En el pabellón y también en la calle.

Esta misma semana Raulzinho Neto, hoy repartiendo asistencias en la NBA como hizo durante tres temporadas en Illunbe, recordaba su experiencia de 2012 en Barcelona con el GBC: “El ambiente que se respira en la Copa no existe en ningún otro sitio, ni siquiera en la NBA”.

Si no han vivido nunca una Copa les parecerá que el base brasileño exagera o que quiere quedar bien con la gente de la Liga en la que se hizo grande. Si han disfrutado de ella alguna vez ya sabrán que sólo dice la verdad.

La Copa es una competición deportiva del máximo nivel en la que no hay más tensiones que las que crean los hinchas futboleros de Madrid y Barcelona con sus desparrames políticos. No llega la sangre al río. El resto de las aficiones les recuerda antes o después que estamos hasta los mismos del Barça y del Madrid y aquí paz y después gloria.

En el pabellón las aficiones rivalizan en ingenio. A falta de la gente de Málaga, Baskonia y Gran Canaria parten como favoritos en el duelo de las gradas. El año pasado los seguidores alaveses defendieron en Las Palmas su condición de afición top, a pesar de que su equipo no jugaba. Ojalá el buen humor malagueño se deje sentir, a pesar de la ausencia de su equipo.

Saldremos del pabellón cerca de las once y media de la noche con el tiempo justo de buscar un bocadillo y una cerveza en el corazón de la ciudad a eso de la medianoche. A partir de ahí las ocho aficiones convivirán juntas en la noche gallega, que dicen que será fría y lluviosa. Hablaremos con los canarios de lo bien que lo pasamos hace un año, trataremos en balde de quitar a los valencianos la idea de que aquí van a confirmar con un título su año maravilloso, nos solidarizaremos con la gente de Fuenlabrada porque allí juega Uriz y su entrenador también nos resulta próximo, no faltará el tiroteo con la gente de negro porque al fin y al cabo Sito no sería tan bueno sin haber pasado por Donostia, aconsejaremos a los blancos y a los blaugranas que se vayan al fútbol… Y reconoceremos a los anfitriones su buen rollo. A 65 kilómetros de Santiago pero en casa.

Ojalá podamos acoger dentro de poco en San Sebastián una fiesta como ésta. De momento es en A Coruña donde nos vamos de marcha desde hoy hasta el domingo. Además veremos jugar buen baloncesto. No les voy a decir quién va a ganar. Les diré lo que pasa casi siempre, que la final la juegan Barcelona y Madrid. Y les diré lo que queremos la gente del baloncesto, que la final la jueguen dos equipos diferentes. Yo estoy aquí, como cada año, con un amigo valenciano. Me gustaría retarle en la final… Y ganarle. Este Baskonia no merece menos.

 

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Agua
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Fernando Becerril | 15-02-2016 | 6:37| 0

Dos semanas han bastado para que la sensación de desguace de Gijón se haya convertido en una nueva esperanza. No es que hayamos apagado la sed de tantos meses, pero por lo menos hemos encontrado una corriente de agua. En esta Liga de todos los desequilibrios, pillar a dos rivales de rebajas te puede permitir dar un salto de gigante en la clasificación y cambiar la perspectiva. Está bien. Todo lo que aporte confianza está bien, pero justo, justo estamos sacando la cabeza del lodo. Queda todo por hacer.

En estos quince días con tres victorias lo más dulce son los números, aunque ya sabemos que en fútbol las estadísticas no explican nada. La sustancia hay que buscarla en las formas, en el juego y en ese aspecto hay cosas que celebrar. Lo más valioso es que el equipo se rompe menos por el eje, que empieza a haber gente suficiente por detrás del balón y que los cinco que juegan más adelantados están cada día más comprometidos con la parte oscura del juego, con la presión sobre la salida del rival.

Ver a Prieto, a Vela o a Pardo cubriendo campo y cerrando pasillos al adversario produce una sensación de cambio, de confianza, de seguridad, que nos ayuda a creer que se acercan tiempos mejores. Habrá que ver si esa imagen se consolida con el tiempo, pero de pronto parece posible lo que hace nada se nos antojaba lejano.

Es evidente que la aparición de Vela a su mejor nivel es la noticia de la pasada semana. Le ha costado mucho. Le han llegado a negar la actitud solidaria, más que en las temporadas en las que nos iluminaba con su fútbol, que se le ha visto como nunca precisamente cuando peor le salían las cosas. Ha marcado un gol y ha participado de forma decisiva en otros cuatro en estas dos últimas victorias. Jonathas le agradeció con una reverencia el servicio con el que se aclaró la mañana frente al Granada. La Real con Vela es un equipo temible. Quizás por ello me apetece creer que lo mejor está por venir.

Pero no es sólo el astro mexicano. Además ha asomado Mikel Oyarzabal. No tiene pinta de ser un genio del fútbol, pero aporta frescura, inteligencia y a sus 18 años maneja las distancias como pocos. Siempre sabe que terreno pisa. Si no le volvemos loco, si no nos empeñamos en creer que es Maradona redivivo -que no lo es- nos puede dar muchas tardes felices. Es la presentación más atractiva desde que Griezmann se encontró medio por casualidad en el primer equipo. Otra buena noticia.

Frente a un Granada que arriba tiene pólvora, aunque atrás sea un queso de emmental, la Real supo guardar su parcela y no encajar un gol. Ni siquiera concedió una ocasión en juego abierto. La única vía de agua fueron los saques de esquina porque lanzar un libre directo al larguero tiene poco que ver con la estrategia defensiva. El Granada remató muchas jugadas a balón parado y dispuso de cuatro ocasiones claras en esas acciones. Algo en que pensar en una semana en la que toca visitar San Mamés, uno de los reinos del juego directo y de algunas cosas más.

El descenso se ha alejado mucho, pero no será fácil seguir amontonando victorias en las próximas jornadas con Athletic, Málaga y Atlético de Madrid en el horizonte. Razón de más para intensificar el esfuerzo y las ganas de competir. Ahora no es buen momento para parar. Conviene seguir sumando, aunque somos conscientes de que en Bilbao nos esperan con ganas después de tanto tiempo sin ganar un derbi. Recordarán que el último fue con ocasión del tradicional asalto de San Mamés firmado por Mateu Lahoz. Será un partido de máxima tensión y ya se sabe que Aduriz no sólo te puede hacer gol con soltura, además puede falsificar un penalti y una expulsión. Las trampas son uno, y no el menor, de sus muchos talentos. Kontuz.

Bueno, al menos, la Real llega al derbi sin los agobios que llevaba sufriendo durante todo el curso y parece haber recuperado la confianza que desapareció desde que Griezmann emigró al Manzanares. Han sido casi dos años paseando por la nada. Nos gustaría creer que estas tres últimas victorias son algo más que un oasis, que por fin hemos encontrado agua y el desierto queda atrás.

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Demasiados riesgos
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Fernando Becerril | 04-02-2016 | 10:54| 0

La catástrofe de Gijón, la madre de todas las derrotas, está probablemente en el origen de la inseguridad que vivimos estos días en la Real Sociedad. Nuestros jugadores muestran al menor contratiempo una inquietud que parecía desaparecida y nosotros –su gente, su afición- nos pasamos cuarenta minutos con las amígdalas como balones mientras tememos que lo que parecía ganado se nos escurra entre las manos. Es evidente que el castigo de El Molinón resultó más depresivo que motivador. No es raro que nuestros temores estén en este momento por encima de lo que la situación real parece dictar.

Es normal que tengamos dudas porque este equipo no ha alcanzado la línea de regularidad que le permita sacar de una vez la cabeza del agua. Los riesgos existen y no son pocos, pero conviene no confundir la responsabilidad con el miedo. Vamos a tratar de mirar a la cara a los problemas y haremos bien en no exagerarlos como cuando alguien, lo escuché el otro día en una emisora, es capaz de cuestionar el rendimiento de Iñigo Martínez porque llega tarde en la jugada del gol del Betis. Iñigo… Que lleva todo el curso ejerciendo de bombero, que gana nueve de cada diez disputas y que está en el origen del poco fútbol que fabricamos. Desde luego, Iñigo no es ni un problema ni un riesgo. Como tampoco lo es Asier Illarramendi, uno que juega bien hasta cuando no le salen las cosas. Seamos serios.

Porque sí que hay problemas plenamente identificados. El primero, la inseguridad que transmite el grupo incluso después de jugar dos buenos partidos como los que le permitieron ganar al Valencia y le hicieron merecer el triunfo ante el Dépor. Tampoco el mercado de invierno ha servido para equilibrar una plantilla mal construida. La apuesta por Juanmi no fue lo suficientemente decidida. El jugador estaba convencido, el Southampton habría seguramente aceptado una oferta que le hubiera permitido recuperar parte de los siete millones invertidos la temporada anterior, pero la Real cree que es un fichaje que puede esperar al verano. Veremos qué pasa dentro de medio año y si un jugador tan interesante vuelve a estar a tiro.
Eusebio Sacristán cuenta con 23 futbolistas, incluidos Aritz Elustondo y Oyarzabal. Por número parecen suficientes, pero… Tenemos a dos guardametas cedidos, mientras que Bardají y Marcellán no terminan de crecer como convendría que lo hicieran. El entrenador de porteros es un hombre del que todos hablan bien en el terreno formativo, pero que de momento parece verde para que su trabajo se deje notar en un entorno de alta competición.

El desencuentro con Moyes por el nombre del responsable de esta función sigue sin haberse resuelto de forma convincente. Es demasiado fácil hacer coincidir la difícil campaña que está viviendo Gero Rulli con la provisionalidad en el cargo del hombre que le entrena. Demasiado fácil, pero inevitable. El estupendo meta argentino está atravesando la primera crisis de confianza de su corta carrera. No es grave. Les pasa a todos. Razón de más para ayudarle. Por cierto tampoco le ayuda nada que haya quien le silbe cuando no acierta. Uno no se mete con el portero de su equipo. Nunca. Aunque esté mal. Sobre todo si está mal. Que tampoco está tan mal.

O sea que son 23, pero… Tras la marcha de Ansotegi, todavía quedan diez defensas, aunque uno lleva lesionado todo el curso. Héctor parecía una alternativa como interior, pero al final está jugando de lateral ante las lesiones encadenadas de Yuri y De la Bella. En el centro del campo sólo hay un pivote de contención, Markel Bergara. Illarramendi se ve obligado a menudo a jugar de cuatro cuando seguramente estaría mucho más cómodo si al lado tuviera un compañero poderoso, con una salida eficaz del balón y suficiente estatura como para ganar balones por arriba cuando el rival busque a sus delanteros con pelotazos largos.

De los once jugadores que quedan para las seis plazas restantes -nueve si añadimos los tres que deberían estar en un banquillo coherente- tenemos a un Zurutuza, que ha jugado sólo setenta encuentros en tres temporadas y media porque le persiguen las lesiones. Claro que sería un gran fichaje si pudiera jugar los dieciséis partidos que nos quedan, pero no me lo creo ni yo que soy fiel admirador. O sea que no se puede lesionar prácticamente nadie si queremos evitar problemas en la convocatoria.

Disponemos de sólo dos delanteros y Bruma es el único interior que puede desbordar por piernas. Vela quiere, pero no termina de recuperar su velocidad de crucero. Por todo ello parece demasiado arriesgado haber desperdiciado el mes de enero sobre todo cuando Canales ha terminado la temporada y se ha dado salida a Chory Castro y a Oyarzun. Alain tiene seda en su bota izquierda, pero le han subido para nada. Si era una opción para la banda izquierda, el experimento ha salido mal. Si no lo era, si sólo se trataba de mantener cupo de jugadores de la cantera, estaríamos hablando de un disparate.

Estos son los riesgos que acechan a nuestro equipo y conviene tenerlos claros porque la temporada anda torcida desde el inicio, la suerte nos ha dado la espalda y ése es a menudo un factor definitivo en descensos tan improbables como los que sufrieron en su día el Valencia, el Atlético de Madrid o el Villarreal. Sólo sabiendo a qué nos enfrentamos podremos evitar sustos de última hora. Y, sin embargo, después de tanto desastre seguimos teniendo cuatro puntos de renta sobre el descenso y con el actual promedio de puntos es muy poco probable que la historia acabe en llanto.

En cuanto llegue la calma, deberíamos ir a mejor porque este equipo tiene fútbol y a poco que recupere la fluidez, podría volver a ilusionarnos. Con su defensa adelantada, con la presión sobre el campo rival y con la calidad que nos dejaron ver en esa pared entre Oyarzabal y Héctor, su gran centro y el cabezazo del capitán llegando hasta el área pequeña. Existen argumentos para salir de pobres, pero hay que ponerlos sobre el césped y pelear como pelean todos. Si nos creemos más guapos que los demás, un Sporting que lucha a muerte por la vida, te puede pintar la cara. Ya pudimos comprobarlo hace bien poco. Jugando como aquel día no es que corramos riesgos, es que nos estaríamos suicidando.

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