Diario Vasco
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Autor: fernanbecerril
Nos vamos de marcha
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Fernando Becerril | 17-02-2016 | 1:15| 0

La Copa de la ACB vuelve a estar aquí y como consecuencia desde ahora mismo, más de seis millares de aficionados forasteros están tomando las calles de A Coruña para compartir su alegría y su buen gusto. Si estamos aquí es porque nos gusta el baloncesto y, por encima de cualquier otra cosa, esta Copa. No hay ningún otro espectáculo deportivo que resulte más divertido. En el pabellón y también en la calle.

Esta misma semana Raulzinho Neto, hoy repartiendo asistencias en la NBA como hizo durante tres temporadas en Illunbe, recordaba su experiencia de 2012 en Barcelona con el GBC: “El ambiente que se respira en la Copa no existe en ningún otro sitio, ni siquiera en la NBA”.

Si no han vivido nunca una Copa les parecerá que el base brasileño exagera o que quiere quedar bien con la gente de la Liga en la que se hizo grande. Si han disfrutado de ella alguna vez ya sabrán que sólo dice la verdad.

La Copa es una competición deportiva del máximo nivel en la que no hay más tensiones que las que crean los hinchas futboleros de Madrid y Barcelona con sus desparrames políticos. No llega la sangre al río. El resto de las aficiones les recuerda antes o después que estamos hasta los mismos del Barça y del Madrid y aquí paz y después gloria.

En el pabellón las aficiones rivalizan en ingenio. A falta de la gente de Málaga, Baskonia y Gran Canaria parten como favoritos en el duelo de las gradas. El año pasado los seguidores alaveses defendieron en Las Palmas su condición de afición top, a pesar de que su equipo no jugaba. Ojalá el buen humor malagueño se deje sentir, a pesar de la ausencia de su equipo.

Saldremos del pabellón cerca de las once y media de la noche con el tiempo justo de buscar un bocadillo y una cerveza en el corazón de la ciudad a eso de la medianoche. A partir de ahí las ocho aficiones convivirán juntas en la noche gallega, que dicen que será fría y lluviosa. Hablaremos con los canarios de lo bien que lo pasamos hace un año, trataremos en balde de quitar a los valencianos la idea de que aquí van a confirmar con un título su año maravilloso, nos solidarizaremos con la gente de Fuenlabrada porque allí juega Uriz y su entrenador también nos resulta próximo, no faltará el tiroteo con la gente de negro porque al fin y al cabo Sito no sería tan bueno sin haber pasado por Donostia, aconsejaremos a los blancos y a los blaugranas que se vayan al fútbol… Y reconoceremos a los anfitriones su buen rollo. A 65 kilómetros de Santiago pero en casa.

Ojalá podamos acoger dentro de poco en San Sebastián una fiesta como ésta. De momento es en A Coruña donde nos vamos de marcha desde hoy hasta el domingo. Además veremos jugar buen baloncesto. No les voy a decir quién va a ganar. Les diré lo que pasa casi siempre, que la final la juegan Barcelona y Madrid. Y les diré lo que queremos la gente del baloncesto, que la final la jueguen dos equipos diferentes. Yo estoy aquí, como cada año, con un amigo valenciano. Me gustaría retarle en la final… Y ganarle. Este Baskonia no merece menos.

 

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Agua
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Fernando Becerril | 15-02-2016 | 6:37| 0

Dos semanas han bastado para que la sensación de desguace de Gijón se haya convertido en una nueva esperanza. No es que hayamos apagado la sed de tantos meses, pero por lo menos hemos encontrado una corriente de agua. En esta Liga de todos los desequilibrios, pillar a dos rivales de rebajas te puede permitir dar un salto de gigante en la clasificación y cambiar la perspectiva. Está bien. Todo lo que aporte confianza está bien, pero justo, justo estamos sacando la cabeza del lodo. Queda todo por hacer.

En estos quince días con tres victorias lo más dulce son los números, aunque ya sabemos que en fútbol las estadísticas no explican nada. La sustancia hay que buscarla en las formas, en el juego y en ese aspecto hay cosas que celebrar. Lo más valioso es que el equipo se rompe menos por el eje, que empieza a haber gente suficiente por detrás del balón y que los cinco que juegan más adelantados están cada día más comprometidos con la parte oscura del juego, con la presión sobre la salida del rival.

Ver a Prieto, a Vela o a Pardo cubriendo campo y cerrando pasillos al adversario produce una sensación de cambio, de confianza, de seguridad, que nos ayuda a creer que se acercan tiempos mejores. Habrá que ver si esa imagen se consolida con el tiempo, pero de pronto parece posible lo que hace nada se nos antojaba lejano.

Es evidente que la aparición de Vela a su mejor nivel es la noticia de la pasada semana. Le ha costado mucho. Le han llegado a negar la actitud solidaria, más que en las temporadas en las que nos iluminaba con su fútbol, que se le ha visto como nunca precisamente cuando peor le salían las cosas. Ha marcado un gol y ha participado de forma decisiva en otros cuatro en estas dos últimas victorias. Jonathas le agradeció con una reverencia el servicio con el que se aclaró la mañana frente al Granada. La Real con Vela es un equipo temible. Quizás por ello me apetece creer que lo mejor está por venir.

Pero no es sólo el astro mexicano. Además ha asomado Mikel Oyarzabal. No tiene pinta de ser un genio del fútbol, pero aporta frescura, inteligencia y a sus 18 años maneja las distancias como pocos. Siempre sabe que terreno pisa. Si no le volvemos loco, si no nos empeñamos en creer que es Maradona redivivo -que no lo es- nos puede dar muchas tardes felices. Es la presentación más atractiva desde que Griezmann se encontró medio por casualidad en el primer equipo. Otra buena noticia.

Frente a un Granada que arriba tiene pólvora, aunque atrás sea un queso de emmental, la Real supo guardar su parcela y no encajar un gol. Ni siquiera concedió una ocasión en juego abierto. La única vía de agua fueron los saques de esquina porque lanzar un libre directo al larguero tiene poco que ver con la estrategia defensiva. El Granada remató muchas jugadas a balón parado y dispuso de cuatro ocasiones claras en esas acciones. Algo en que pensar en una semana en la que toca visitar San Mamés, uno de los reinos del juego directo y de algunas cosas más.

El descenso se ha alejado mucho, pero no será fácil seguir amontonando victorias en las próximas jornadas con Athletic, Málaga y Atlético de Madrid en el horizonte. Razón de más para intensificar el esfuerzo y las ganas de competir. Ahora no es buen momento para parar. Conviene seguir sumando, aunque somos conscientes de que en Bilbao nos esperan con ganas después de tanto tiempo sin ganar un derbi. Recordarán que el último fue con ocasión del tradicional asalto de San Mamés firmado por Mateu Lahoz. Será un partido de máxima tensión y ya se sabe que Aduriz no sólo te puede hacer gol con soltura, además puede falsificar un penalti y una expulsión. Las trampas son uno, y no el menor, de sus muchos talentos. Kontuz.

Bueno, al menos, la Real llega al derbi sin los agobios que llevaba sufriendo durante todo el curso y parece haber recuperado la confianza que desapareció desde que Griezmann emigró al Manzanares. Han sido casi dos años paseando por la nada. Nos gustaría creer que estas tres últimas victorias son algo más que un oasis, que por fin hemos encontrado agua y el desierto queda atrás.

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Demasiados riesgos
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Fernando Becerril | 04-02-2016 | 10:54| 0

La catástrofe de Gijón, la madre de todas las derrotas, está probablemente en el origen de la inseguridad que vivimos estos días en la Real Sociedad. Nuestros jugadores muestran al menor contratiempo una inquietud que parecía desaparecida y nosotros –su gente, su afición- nos pasamos cuarenta minutos con las amígdalas como balones mientras tememos que lo que parecía ganado se nos escurra entre las manos. Es evidente que el castigo de El Molinón resultó más depresivo que motivador. No es raro que nuestros temores estén en este momento por encima de lo que la situación real parece dictar.

Es normal que tengamos dudas porque este equipo no ha alcanzado la línea de regularidad que le permita sacar de una vez la cabeza del agua. Los riesgos existen y no son pocos, pero conviene no confundir la responsabilidad con el miedo. Vamos a tratar de mirar a la cara a los problemas y haremos bien en no exagerarlos como cuando alguien, lo escuché el otro día en una emisora, es capaz de cuestionar el rendimiento de Iñigo Martínez porque llega tarde en la jugada del gol del Betis. Iñigo… Que lleva todo el curso ejerciendo de bombero, que gana nueve de cada diez disputas y que está en el origen del poco fútbol que fabricamos. Desde luego, Iñigo no es ni un problema ni un riesgo. Como tampoco lo es Asier Illarramendi, uno que juega bien hasta cuando no le salen las cosas. Seamos serios.

Porque sí que hay problemas plenamente identificados. El primero, la inseguridad que transmite el grupo incluso después de jugar dos buenos partidos como los que le permitieron ganar al Valencia y le hicieron merecer el triunfo ante el Dépor. Tampoco el mercado de invierno ha servido para equilibrar una plantilla mal construida. La apuesta por Juanmi no fue lo suficientemente decidida. El jugador estaba convencido, el Southampton habría seguramente aceptado una oferta que le hubiera permitido recuperar parte de los siete millones invertidos la temporada anterior, pero la Real cree que es un fichaje que puede esperar al verano. Veremos qué pasa dentro de medio año y si un jugador tan interesante vuelve a estar a tiro.
Eusebio Sacristán cuenta con 23 futbolistas, incluidos Aritz Elustondo y Oyarzabal. Por número parecen suficientes, pero… Tenemos a dos guardametas cedidos, mientras que Bardají y Marcellán no terminan de crecer como convendría que lo hicieran. El entrenador de porteros es un hombre del que todos hablan bien en el terreno formativo, pero que de momento parece verde para que su trabajo se deje notar en un entorno de alta competición.

El desencuentro con Moyes por el nombre del responsable de esta función sigue sin haberse resuelto de forma convincente. Es demasiado fácil hacer coincidir la difícil campaña que está viviendo Gero Rulli con la provisionalidad en el cargo del hombre que le entrena. Demasiado fácil, pero inevitable. El estupendo meta argentino está atravesando la primera crisis de confianza de su corta carrera. No es grave. Les pasa a todos. Razón de más para ayudarle. Por cierto tampoco le ayuda nada que haya quien le silbe cuando no acierta. Uno no se mete con el portero de su equipo. Nunca. Aunque esté mal. Sobre todo si está mal. Que tampoco está tan mal.

O sea que son 23, pero… Tras la marcha de Ansotegi, todavía quedan diez defensas, aunque uno lleva lesionado todo el curso. Héctor parecía una alternativa como interior, pero al final está jugando de lateral ante las lesiones encadenadas de Yuri y De la Bella. En el centro del campo sólo hay un pivote de contención, Markel Bergara. Illarramendi se ve obligado a menudo a jugar de cuatro cuando seguramente estaría mucho más cómodo si al lado tuviera un compañero poderoso, con una salida eficaz del balón y suficiente estatura como para ganar balones por arriba cuando el rival busque a sus delanteros con pelotazos largos.

De los once jugadores que quedan para las seis plazas restantes -nueve si añadimos los tres que deberían estar en un banquillo coherente- tenemos a un Zurutuza, que ha jugado sólo setenta encuentros en tres temporadas y media porque le persiguen las lesiones. Claro que sería un gran fichaje si pudiera jugar los dieciséis partidos que nos quedan, pero no me lo creo ni yo que soy fiel admirador. O sea que no se puede lesionar prácticamente nadie si queremos evitar problemas en la convocatoria.

Disponemos de sólo dos delanteros y Bruma es el único interior que puede desbordar por piernas. Vela quiere, pero no termina de recuperar su velocidad de crucero. Por todo ello parece demasiado arriesgado haber desperdiciado el mes de enero sobre todo cuando Canales ha terminado la temporada y se ha dado salida a Chory Castro y a Oyarzun. Alain tiene seda en su bota izquierda, pero le han subido para nada. Si era una opción para la banda izquierda, el experimento ha salido mal. Si no lo era, si sólo se trataba de mantener cupo de jugadores de la cantera, estaríamos hablando de un disparate.

Estos son los riesgos que acechan a nuestro equipo y conviene tenerlos claros porque la temporada anda torcida desde el inicio, la suerte nos ha dado la espalda y ése es a menudo un factor definitivo en descensos tan improbables como los que sufrieron en su día el Valencia, el Atlético de Madrid o el Villarreal. Sólo sabiendo a qué nos enfrentamos podremos evitar sustos de última hora. Y, sin embargo, después de tanto desastre seguimos teniendo cuatro puntos de renta sobre el descenso y con el actual promedio de puntos es muy poco probable que la historia acabe en llanto.

En cuanto llegue la calma, deberíamos ir a mejor porque este equipo tiene fútbol y a poco que recupere la fluidez, podría volver a ilusionarnos. Con su defensa adelantada, con la presión sobre el campo rival y con la calidad que nos dejaron ver en esa pared entre Oyarzabal y Héctor, su gran centro y el cabezazo del capitán llegando hasta el área pequeña. Existen argumentos para salir de pobres, pero hay que ponerlos sobre el césped y pelear como pelean todos. Si nos creemos más guapos que los demás, un Sporting que lucha a muerte por la vida, te puede pintar la cara. Ya pudimos comprobarlo hace bien poco. Jugando como aquel día no es que corramos riesgos, es que nos estaríamos suicidando.

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Una biblioteca en llamas
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Fernando Becerril | 11-01-2016 | 6:36| 0

Hace ya unos cuantos días que murió la ama y desde entonces suelo recordar una frase leída hace mil años: “Cuando un viejo muere, arde una biblioteca”. La suya, la mía, está en llamas desde un poco antes de Navidad y me siento obligado a escribir estas líneas porque una parte de esa enorme colección de recuerdos ahora me pertenece sólo a mí. Bueno, digamos que me pertenece sobre todo a mí porque nunca le faltaron otros oídos para acompañarle.

Una amiga me dijo hace algún tiempo que aprovechara lo bien que estaba mi madre para preguntarle por las cosas de su vida. “Cuando se vaya echarás de menos no haber preguntado, no saber más, a mí me pasa con la mía”. Cogí el consejo al vuelo y desde entonces cada vez que había oportunidad me iba enterando de cosas que no se suelen contar delante de todos en aquellas nochesbuenas en las que éramos tantos.

Hice bien porque esta generación de mujeres, que sobrevivieron a tiempos tan difíciles como no podemos ni imaginar, ha tenido una fuerza que para los de la mía resulta desconocida. Regatearon a la muerte desde chiquitas con tanta maña que parecía que no iban a dejarnos nunca, que la habían burlado para siempre.

Pondré un ejemplo, la guerra le sorprendió en Madrid donde trabajaba mi abuelo que era maestro. Tenía nueve años. Vivían en el Madrid viejo a un paso de la iglesia de La Paloma. Una vez me contó que cuando llegaban un día tras otro aquellos cuervos cargados de bombas, la gente se metía en un sótano que les parecía profundo. Refugio lo llamaban. Allí compartían el miedo hasta que un día descubrieron que el techo de su refugio era el suelo de un patio entre varios edificios. Al día siguiente tuvieron que correr más y más lejos para encontrar otro refugio, que tampoco sabían cuánto les podía proteger.

También me habló de su hermano Juan que falleció siendo un chaval por una enfermedad de corazón. Ella misma sufrió esa enfermedad cardiaca poco después de casarse. Le aconsejaron que no se quedara embarazada porque su vida corría peligro. Bien lo sabía ella sin necesidad de embarazos. No hizo ni caso. Quiso ser madre y me tuvo a mí. He pensado a menudo en la suerte que tuve. Si ella no hubiera tenido tanto coraje ni yo estaría aquí ni tampoco mi hija ni mi nieto. Estas mismas Navidades he escuchado decir a una pareja joven que no quieren hijos porque no podrían viajar a donde les gusta. No era la primera vez que sentía esa música, pero esta vez lo percibí de otra manera y la ama me pareció todavía más generosa.

Tranquilos, no voy a contar su vida entera. Al fin y al cabo es la misma que la de las otras madres de los de mi edad o de las abuelas de los más jóvenes. Más de la mitad de lo bueno y de lo malo que tengo me lo ha dado ella. Y echo de menos que no me cediera de paso esa capacidad de administrar sus afectos que yo no tengo ni de lejos. Vivió mucho, bastante más de lo que ella esperaba, y tuve tiempo de entender qué prudencia utilizaba para superar circunstancias complicadas y qué veneno le hacía amargarse por bobadas.

Pero la jodida se hacía querer.  Madrileña nacida y vivida, pasó sus últimos tres años en una residencia en Donostia. Una mala caída se la ha llevado en un mes, pero tras los primeros días de cuidados en el Hospital regresó a casa y sus compañeras y compañeros, los amigos de sus últimos días, la recibieron con tanto cariño que la sonrisa no se le apagó en un par de días. Todavía eso me tenía ella que enseñar y yo que aprender.

Cuando me asalta la pena, los que me quieren me dicen que la deje marchar, que ha vivido más y mejor de lo que soñó, que se ha ido en paz. Sea. Marcha tranquila, ama, que te lo has ganado. Claro, que conociéndola, me extrañaría que dimitiera por una cosa tan tonta como morirse. No lo tengo yo tan claro.

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Vuelta a empezar
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Fernando Becerril | 09-11-2015 | 6:13| 0

David Moyes no ha conseguido enderezar su carrera en Gipuzkoa y la Real Sociedad no ha podido profesionalizar sus estructuras deportivas y recuperar un fútbol coherente, capaz de aprovechar las virtudes que a su plantilla se le suponen. El partido lamentable de Las Palmas cierra en falso un ciclo que nos debería haber ayudado a entrar en el círculo de los que juegan en Europa con regularidad. A día de hoy todos los realistas somos un poco más pobres y para saberlo ni siquiera hace falta mirar la clasificación.

Ver la ausencia de la Real en Las Palmas nos dejó una sensación de inquietud severa , pero lo de hoy me preocupa un poco más. Comprobar que un año después estamos donde estábamos nos sitúa en la peor dinámica, la de las destituciones en otoño cuando parece que ningún proyecto acaba de funcionar. Hasta Montanier corrió serio peligro a estas alturas, seis meses después Anoeta era uno de los pocos campos en los que la diversión estaba asegurada.

Puede que la salida de Moyes sea la única solución para frenar la sangría. No lo sé. Lo que sé es que este equipo no tiene un problema de entrenador sino de plantilla. Lleva más de veinte meses sin jugar al fútbol y de poco sirve que a buena parte de sus jugadores se les reconozca la capacidad que se han ganado a lo largo de su carrera. No funcionan. Existen desequilibrios. Hay demasiados futbolistas y es evidente el déficit de fuerza física y mental que padece el grupo en su conjunto. Pero todo eso no justifica que se le vean las costuras a cada poco o que Zurutuza, tan hábil como frágil, nos parezca a menudo imprescindible. No existen automatismos y el juego carece de sentido. Algo tienen que ver los entrenadores con todo eso, pero cuando se cambia la receta de forma radical y la sustancia final sigue siendo pringosa es que los ingredientes que utilizamos no combinan bien.

El nuevo cocinero tiene un nombre en el fútbol profesional, pero como futbolista. Eusebio Sacristán no ha entrenado todavía en Primera División y para estrenarse tendrá que coger una plantilla construida por un técnico con el que no tiene nada en común, excepto el carné. Cabe suponer que la Real Sociedad le ha elegido porque es un hombre con larga experiencia en un club que cuida su propia cantera tanto y tan bien como el Barcelona. Consiguió que sus jóvenes futbolistas brillaran en una categoría hostil para jugadores de su edad y habría rozado el ascenso si encima no estuviera papá Barça. Eusebio quiere ser entrenador y esa voluntad de forjarse un nombre puede haber sido también considerada, pero a sus 51 años no va a ser el más joven de la categoría.

Su idea futbolística es la de tocar y tocar. Es lo que han aprendido todos los que han pasado por su antiguo club en los últimos veinte años. Pero en la Real tendrá que convencer a sus jugadores de que ese espíritu asociativo se sustenta en la rápida recuperación de la pelota y los nuestros son especialistas en seguirla con la mirada mientras los adversarios, ellos sí, tocan y tocan. Nuestro equipo no brilla como debiera con balón y padece demasiado cuando no lo tiene. ¿Será Eusebio capaz de dar la vuelta a todo eso? Ojalá. Pero para ello va a necesitar la colaboración de la Real Sociedad entera, empezando por su plantilla.

Habrá que escribir de nuevo toda la historia. Tendremos que empezar de cero una vez más. Que no se convierta en costumbre. Hace diez años estas cosas terminaron por llevarnos a Segunda poco después de haber jugado la Liga de Campeones. Hoy el club está sano y nuestra plantilla parece más fuerte, pero si no te respetas a ti mismo, si no respetas la competición en la que participas, estarás haciendo malabares en el borde del acantilado. Conviene tener cuidado.

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