Diario Vasco
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Autor: fernanbecerril
Resurrección
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Fernando Becerril | 18-02-2018 | 8:58| 0

La Copa de Las Palmas 2018 pasó ayer a la historia por la resurrección de un Barcelona que parecía muerto y enterrado y ha reaparecido en la mejor cita del año con una mezcla explosiva de talento y poderío físico. Ha sido tan fuerte el cambio que la profesionalidad de los campeones queda bajo sospecha, aunque eso poco debe importar a estas horas a los azulgranas ya sean jugadores o simples aficionados. Llevaban años sin levantar un trofeo y en el Gran Canaria Arena no sólo han frenado la sequía sino que se han postulado para nuevos éxitos. Han sido el mejor equipo de la Copa y si compiten a este nivel aspirarán a todo menos a la Euroliga porque eso ya no tiene remedio. Los que les pagan igual tienen algo que reprocharles pero para qué si vuelven a ser campeones.

El pivot del Herbalife Gran Canaria Ondrej Balvin  intenta taponar el lanzamiento de Rakim Sanders, del F.C. Barcelona Lassa, durante la segunda semifinal de la Copa del Rey de Baloncesto que se disputa esta tarde en el Gran Canaria Arena.

El pivot del Herbalife Gran Canaria Ondrej Balvin intenta taponar el lanzamiento de Rakim Sanders, del F.C. Barcelona Lassa, durante la segunda semifinal de la Copa del Rey de Baloncesto que se disputa esta tarde en el Gran Canaria Arena.

El Real Madrid se tomó ayer un trago de la medicina que tantas veces recetó a otros. Esta vez eran menos y no tan fuertes como su rival. Con Randolph y Ayón lejos de su mejor forma, la rotación blanca quedó seriamente resentida. Sobre todo porque Felipe Reyes tampoco anda fino y la dependencia de Doncic resulta excesivo. Al joven crack merengue Pesic le puso un par de perros de presa como Hanga o Sanders y en la pintura la inferioridad madridista resultó manifiesta.

La final se rompió tras el descanso, aunque ya se estaba rompiendo antes. Los de Pesic impusieron un ritmo asfixiante y su gran rival literalmente estalló, aunque siguió remando hasta el final y se terminó echando encima a base de corazón. No le faltó fe al Madrid y por eso tuvo una última jugada para ganar, aunque antes a menudo le faltaron argumentos. No fue el mejor partido de la semana pero tuvo todo lo que tenía que tener y cumplió la mayor parte de sus promesa con un final que ni siquiera imaginábamos muy poco antes. Ganó el que defendió mejor, el que hizo valer su poderío físico, el que hizo más y sobre todo mejor.

Claro que lo mejor del día nos lo ofrecieron por la mañana los infantiles que jugaron la final de la Minicopa. A los afortunados que nos acercamos al antiguo pabellón del Gran Canaria nos costará ver un partido mejor en esta categoría. Fue un pulso magnífico en el que el Iberostar Tenerife se resistió a perder ante un Real Madrid que lleva años, ya son seis, dominando la categoría. Se adelantaron 65-68 muy cerca del final pero terminaron cediendo por 83-73. Aquí eran más los blancos pero había grandes proyectos de jugadores en ambos bandos. Juan Núñez, elegido MVP del torneo, Pablo Plasencia, Jahna Musa, N’Diaye, Garuba, Vaquero… Muchos. Muchos y buenos. No parecía un partido de infantiles. Un día les veremos en la otra Copa, en la de verdad.

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Una cama de tres metros
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Fernando Becerril | 18-02-2018 | 10:12| 0

Segundo partido de semifinales de la Copa del Rey. EFE/Elvira Urquijo A.

Segundo partido de semifinales de la Copa del Rey. EFE/Elvira Urquijo A.

Tengo aquí al lado a mi amigo Arturo -uno de los más fieles seguidores de Valencia Basket- que lleva toda la semana diciendo que el tapado de esta Copa era el Barcelona. Digo era porque ya no admite el pretérito imperfecto. Ahora es, definitivamente es, y no tiene nada de tapado. Se preguntarán ustedes qué puede haber cambiado en semana y media desde el ridículo de Vitoria a la sensación de fuerza omnipotente que han dejado en sus dos primeros partidos en esta Copa de Las Palmas. Pues sólo caben dos respuestas. Una, Pesic conoce el secreto de una poción mágica capaz de convertir la desidia en energía y la incompetencia en destreza. Dos, esta colección de estrellas se han dedicado los últimos meses a hacer la cama al bueno de Sito Alonso y no han parado hasta que se lo han cargado.

Pueden ustedes elegir la opción que más les convenga pero es evidente que Arturo tenía una vez más razón y dudo mucho que crea que problemas tan graves se resuelvan cruzando los dedos o escuchando palabras mágicas en boca de un entrenador nuevo. Declaraba ayer Oriola que Pesic habla mucho porque ha vivido mucho y tiene mucho que contar. Si a base de hablar ha conseguido transformar el agua en vino que se pase por el Consejo de Ministros a ver si hablando, hablando consigue que aparezca el dinero que desapareció de la caja de las pensiones.

Uno se ha ido convirtiendo con los años en un sujeto tan suspicaz que no se termina de creer que los niños vengan de París o en el pico de una cigüeña. En una semana no se pueden borrar meses de indolencia para competir con tanta garra, con tanta rabia. Puede que Pesic merezca su confianza. Puede que a Sito le miraran de arriba hacia abajo o que le hubieran perdido el respeto por algún motivo que desconozco, pero a mí me parece que esta arrolladora presencia copera desacredita a los jugadores del Barcelona tanto o más que a su anterior entrenador.

Puedo estar equivocado pero la foto de antes y la de ahora del equipo de baloncesto del Barcelona me deja ver al fondo una cama enorme, más de tres metros de ancho y sábanas de rica seda, que los jugadores estiraron con mimo para mandar al paro a un técnico que no les iba. Dos semanas, sólo dos semanas, después del naufragio de Vitoria, los azulgranas pueden convertirse esta misma tarde en campeones de Copa. Partirán como favoritos ante un Real Madrid que lleva cuatro títulos consecutivos. Anteayer salían como víctimas en su cuarto de final frente a Baskonia. ¿Verdad que les ha quedado bonita la cama?

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MVP
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Fernando Becerril | 16-02-2018 | 11:30| 0

grancaMVP, el mejor jugador, el más valioso, de cada partido, de cada torneo, de cada Copa… Claro que en este torneo multitudinario, en esta fiesta anual del baloncesto, las aficiones proclaman más de un MVP en una sola tarde. No olvidamos el momento nada frecuente de Bilbao cuando boquiabiertos por la actuación de las cheerleaders, el BEC estalló en un grito unánime: MVP. Y aquel año pocos lo merecieron tanto como las mujeres del grupo de baile de la ACB.

 

La afición del Granca también estuvo fina ayer cuando se rindieron a un jugador que sólo llevaba dos puntos. Rabaseda tuvo una importancia decisiva en el momento en que los canarios estaban rompiendo su duelo de cuartos con un valeroso y disminuido Fuenlabrada. Tres balones seguidos recuperados con una agresividad lúcida, dinámica. Entre medias un pase maravilloso para una canasta de cinco estrellas. Y el pabellón respondió proclamándole como el mejor. Llevaba dos puntos. Terminó con dos puntos. Y su entrenador le sentó en ese preciso momento para que aquel clamor se alargara un poco más.

 

Luego también celebraron con el mismo cántico la apabullante exhibición de tiro de Pablo Aguilar pero ya era otra cosa. Lo normal es premiar al que las mete, pero tiene su mérito reconocer al que impide que las meta el equipo contrario. Si me permiten cambiar de deporte, sé de alguna afición que estaría feliz si en su equipo hubiera alguien que impidiera al rival marcar. Se conformarían incluso con que no encajaran más que cuando el rival tirase a puerta, con que las que no vayan no terminen dentro.

 

Volvamos a lo que hoy, al menos personalmente, me importa. Teníamos a medio pabellón de fiesta y al otro medio soñando con encontrarse a los anfitriones en la semifinal. Vale. Exagero. El millar y medio de seguidores baskonistas no llenaban la mitad del pabellón, aunque triplicaban a la afición más numerosas del resto de los equipos que vinieron de fuera. Pero si ustedes estuvieran aquí pensarían que más de la mitad del pabellón grancanario es alavés. Y tendrían que reconocer que si les otorgaran el título de MVP no lo habrían robado.

 

La gente de Baskonia es parte sustancial de esta maravillosa celebración. Meten más ruido que nadie, animan tanto o más cuando las cosas se tuercen que cuando se enderezan. Y si pierden, se van cantando todavía más alto, todavía mejor. No fallaron siquiera cuando hace tres años su equipo no se había metido entre los ocho elegidos. Se les escuchó alto y claro en este mismo escenario. Pues imaginen lo que ha sido ahora. Con su equipo luchando por alargar la fiesta al menos un día más frente a un Barcelona en vías de reconstrucción.

 

Lo malo es que este Barça no se parece en nada al que fue humillado en Liga en Vitoria doce días antes. Hizo sufrir a Baskonia de principio a fin y puso un nudo en el corazón de sus seguidores que no por ello callaron un solo segundo. Al final no pudo ser. Ganó el mejor pero los mejores ahí van, calle arriba… Siguen cantando. Se merecen el MVP a la mejor afición. En eso ganaron de calle.

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Esta vez no hubo campo atrás
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Fernando Becerril | 15-02-2018 | 11:27| 0

tsLa Copa ACB no acepta jerarquías. Hace un año, el Real Madrid necesitó tres agonías y un campo atrás para levantar el trofeo y confirmar día tras día los pronósticos. Aquella jugada que eliminó de entrada al Andorra y nos dejó sin la mayor campanada copera en muchos años asomó ayer la cabeza desde el primer partido. Beirán corrió hacia atrás para evitar que el balón llegara a su propio campo y pisó en zona de nadie sobre la publicidad del círculo central. A Hierrezuelo, el árbitro que no vio pisar a Llull hace un año, casi se le caen los ojos al suelo para tratar de  ver si había existido la infracción o podía seguir la jugada.

Creo que esta vez acertó pero su gesto en un árbitro de su experiencia lo decía todo. Se acordaba de que una vez no miró bien. Vuelve a ser la Copa. Ahora en Las Palmas. Todo puede pasar. Hasta que un error intrascendente en el minuto uno se convierta acabando el partido en el salvavidas del pronóstico más claro.

Esta vez el error más grave lo cometió un jugador del Valencia. Después de ir toda la tarde a remolque, el campeón de Liga se acercó a tres puntos con al menos dos posesiones por delante. No merecía ganar pero su curriculum es superior y no se les puede dar por derrotados antes de tiempo. Un impecable Iberostar Tenerife agotó casi toda su posesión. El lanzamiento de Davin White no entró. El rebote en defensa abría el partido de par en par. Pero el balón se lo quedó Abromaitis. Doornekamp completó una noche horrible dejándose comer la tostada, condenó a su equipo y permitió a los de Tenerife llegar a las semifinales por primera vez y mandar a hacer puñetas la jerarquía del campeón de Liga y subcampeón de Copa.

Después el Real Madrid, el dominador del torneo en la era Laso, tenía que enfrentarse a Unicaja que es un equipo temible cuando compite de principio a fin. Y esta vez lo hizo. Convirtió un 31-23 en contra en un 34-43 a favor y aunque los blancos fueron capaces de llegar arriba al descanso se vieron obligados a vivir una pesadilla hasta el final y a ir siempre a remolque. Casi siempre.

Los malagueños dejaron escapar en un momento una renta de siete puntos con poco más de tres minutos por jugar y así llegamos a un final en el que cualquier detalle puede decidir. Esta vez no fue el campo atrás que recordó todo el pabellón mediado el segundo cuarto. Esta vez fue un triple de Thompkins que puso arriba a los merengues después de medio partido y el trabajo inconmensurable de Campazzo, líder absoluto de los suyos en un final de partido afilado como una navaja. Así es la Copa. Espectáculo.

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Un suspiro
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Fernando Becerril | 15-02-2018 | 5:47| 0

La Minicopa es un regalo. No sólo para los aficionados al baloncesto. También para cualquiera que quiera acercarse a disfrutar con el deporte de verdad. Porque es difícil hallar más verdad que la que se aprecia viendo a chicos de trece años jugando mejor que bien a lo que les gusta. En este caso, basket. Ayer les tocó perder a los pequeños guipuzcoanos por un breve 52-55 frente a una de las mejores canteras que existen por aquí, la de Unicaja. Al final les separó un suspiro.

Foto de la plantilla del GBC que irá a la MInicopa 10/02/2018 - foto Jose Ignacio Unanue

Foto de la plantilla del GBC que fue a la Minicopa-  Jose Ignacio Unanue

El mismo suspiro, por lo corto que se nos hizo, que duró el partido -apasionante, imperfecto, auténtico- y el mismo lamento que exhalaron las tres decenas de seguidores guipuzcoanos que se acercaron a los altos de Las Palmas para ver a sus chavales, sus hijos, jugando en esta fiesta reservada a los mejores. Habían perdido, pero no podían esconder su orgullo.

Porque los jóvenes guipuzcoanos salieron con demasiadas pulsaciones en sus venas y les costaba superar la feroz defensa malagueña. Estuvieron siete abajo tras los primeros diez minutos y catorce por detrás en el descanso. Cualquier otro equipo en sus circunstancias se habría venido abajo. Los chavales de Unicaja son mucho más fuertes, bastante más altos, tenían un par de refuerzos externos y a mitad de partido ya estaban paladeando la revancha de la derrota que habían sufrido a manos de los infantiles guipuzcoanos en la fase de clasificación de Valencia.

Todo cambió después del descanso. Un parcial de 11-2 metió pronto al GBC en el partido y a falta de dos minutos dispuso de dos tiros libres para empatar. Se salieron y terminaron perdiendo por bien poco. Seguramente con el pulso un poco más firme desde la línea de personal nuestros chavales habrían vuelto a sorprender al poderoso Unicaja, pero qué más da. Nuestros infantiles están disfrutando de una preciosa experiencia y han demostrado que son capaces de pelear con casi todos. Quedan dos partidos más, todavía más difíciles, ante el Real Madrid y el Iberostar Tenerife. Habrá que disfrutar de esta copa pequeña hasta el final. Lo harán. Seguro.

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