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Autor: fernanbecerril
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Fernando Becerril | 21-11-2017 | 6:07| 0

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La Real Sociedad aborda esta semana dos partidos de esos que puedes y debes ganar pero que por ello encierran un peligro diferente. Primero porque en el campo del Rosenborg nadie gana sin sufrimiento. Esa victoria te pondría en el sendero de la primera plaza de tu grupo europeo con el que se limitan los riesgos en el siguiente sorteo y, sobre todo, te asegura que podrás seguir jugando en Europa en el corazón del invierno. Aunque para clasificarse basta con el empate, mejor hacerlo ganando. Después porque Las Palmas vendrá el domingo agonizante a Anoeta y tratará desesperadamente de aprovechar el desgaste de los nuestros.

Nadie entendería que Pako Ayestarán acertara a levantar el vuelo precisamente aquí. Es un partido en el que la sorpresa sería un mazazo en el centro de nuestras ilusiones. Razón de más para cuidarse mucho de abordar el choque con menos energía. Todavía no hemos hecho nada. Todavía nos estamos buscando. Esta semana hay que salir con el cuchillo entre los dientes. Lo saben los que juegan y los sabemos los que les vemos. Toca ganar. En Getafe y en Girona pudimos comprobar que nunca es sencillo, que cualquier error, tuyo o ajeno, te deja sin premio.

Precisamente en Girona quedó a la luz que este equipo se está pareciendo poco a poco a lo que esperamos de él. Más consistente en defensa, capaz de hacer frente a un adversario que juega a mil revoluciones por minuto, que muerde o patea en cada metro y que te exige tanta intensidad como concentración, la Real Sociedad dejó buena imagen allá. Era un partido para adultos y a los de Eusebio sólo les faltó ganar. Hicieron todo lo que había que hacer para conseguirlo, excepto aprovechar alguna de sus ocasiones de la segunda mitad. Les faltó acierto en el área y eso cuesta puntos, claro, pero nos dejaron la sensación de que lo mejor está por llegar.

Bueno pues para que llegue va a hacer falta dar un paso adelante esta misma semana. Sin Llorente, al que le castigan en cada salto aunque la falta se la hagan a él, y sin Zuru, al que le cosieron a golpes en Girona. Seguramente es casual que al jugador que reaparece tras lesión le den más duro que a nadie. O no. A lo mejor la culpa la tiene él por estar en las zonas más calientes o por darle pausa al juego y aguantar el balón en los pies cuando vienen las botas rivales como si fueran las cuchillas de un cortacésped. Quién sabe. Lo que es seguro es que le cosieron y no viaja a Noruega. Le echaremos de menos.

En Trondheim nos vamos a encontrar con un adversario más firme que el que nos visitó hace un par de meses. Necesitan ganar y van a meter presión. La Real tendrá que encontrar espacios y darle sentido a la posesión del balón. Está bien ser dueños del cuero pero hay que tratar de romper con desmarques rápidos por dentro y por fuera. Que sean ellos los que sientan el riesgo. Porque si el riesgo lo sienten los realistas, la historia puede terminar mal. En Girona la Real se defendió mejor que bien pero a lo largo de noventa minutos siempre hay momentos en los que te sientes desbordado y cuando eso sucede, como ocurrió en Montilivi durante cinco, diez minutos máximo­, la cosa suele terminar en gol en contra.

Es algo que hay que mejorar porque, por ejemplo, el Valencia se ha convertido en un  aspirante a todo gracias a que sale ileso de los agobios y machaca cuando la ocasión asoma. Es una de las cosas que nos aleja todavía de los grandes objetivos. Claro que si echamos la vista un  poco atrás y vemos los goles que encajábamos no hace mucho, podemos pensar que esta lección también la aprenderemos y que entonces competiremos en el siguiente escalón, el que lleva a Europa cada año.

Por ahora basta con saber que podemos hacernos fuertes con cinco jugadores en el centro del campo que pueden amargar a cualquiera, aunque el rival venga de hacerle un roto al mismísimo Real Madrid, que arriba siempre llegan las ocasiones por mucho que nos aprieten y que atrás progresamos adecuadamente. Es obvio que nuestros laterales todavía tienen que beber mucho colacao para ser tan eficaces cerca de nuestra área como suelen serlo cuando se lanzan hacia la puerta contraria y que ese centro del campo tan brillante no achica espacios con la contundencia que tienen otros. Ya digo, nos estamos buscando pero siento que no tardaremos en hablar de hallazgos antes que de búsqueda. Quizás antes de lo que pensamos.

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¿Cómo compites con un mito?
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Fernando Becerril | 18-10-2017 | 6:29| 0

bladerunner

La aproximación de Villeneuve al universo de Blade Runner me parece una deliciosa revisión, en el sentido de volver a ver, de uno de los iconos del arte del siglo pasado. Precisamente en esa comparación reside su debilidad, su riesgo y su valor porque ¿cómo se compite con un mito? No sé si se puede pero la nueva Blade Runner resiste con dignidad y eso en mi opinión encierra por sí mismo un elogio.

En esta nueva entrega aparece una reflexión que me inquieta, que me mueve. Ante la mirada inquieta, angustiada, de una adulta recién nacida -todavía embarrada de fluidos- su creador se asombra de que “todavía no saben lo que son y ya temen dejar de serlo”. No me parece fácil aproximarse más a los miedos de la vida, aunque sea artificial.

Claro que en nuestros oídos suenan desde hace 35 años las palabras de un replicante programado para vivir cuatro años, sólo cuatro, y que recitaba el texto que define lo que es el futuro de cada uno. “He visto cosas que vosotros no creeríais” y un poco después “todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

¿Qué se puede hacer para sobrevivir cuando te comparan con algo así? Sólo hay una cosa. Sacar unos pocos euros del monedero. Acercarse a la taquilla. Tratar de olvidar una película que no se borra nunca. Aceptar que Harrison Ford tiene 35 años más. Aceptar que tú también. Y sumergirse en una historia que funciona, ya lo creo, aunque no te vaya a acompañar tantos años como la anterior, aunque no vaya a ser un mito.

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Verano de 2017
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Fernando Becerril | 15-09-2017 | 5:06| 0

Han pasado años desde que John Toshack, entre socarrón y desesperado, dijera aquello de que en Donostia entre regatas y festival de cine la temporada de fútbol no empieza hasta octubre. Años, muchos años, y sin embargo su frase no ha perdido vigencia hasta estos días. Ganar los cuatro primeros partidos oficiales entre nuestra Primera División y la Liga Europa es algo que no tiene precedentes. Este verano de 2017 será recordado porque algo ha  cambiado y por otra parte algo sigue siendo lo mismo que era durante la pasada primavera. Este equipo ha empezado a competir desde el primer día y sigue jugando igual de bien, si no mejor, que en las últimas semanas de la temporada anterior. La ilusión de los realistas está justificada.

No me gusta escribir en verano. Así que como no tengo necesidad, no lo hago. Algunos de mis mayores errores se han producido por la obligación de opinar desde la pretemporada cuando uno no tiene datos suficientes ni bola de cristal para saber qué va a pasar. Este año había decidido seguir una vez más las ideas de Toshack y esperar a octubre para poder equivocarme con fundamento. La Real me obliga a cambiar de planes. No puede uno disfrutar tanto y permanecer callado.

Si les digo la verdad, personalmente, estoy tan sorprendido como encantado. La preparación se envenenó desde el principio. Primero cayeron los realistas bajo un chaparrón de lesiones musculares. Después Valverde quiso llevarse a Iñigo al Barcelona y tuvimos la fortuna de que Messi ­–el que manda, manda- no quisiera más competencia para su amigo Mascherano. El agente de Rulli se ha pasado todo el verano, como los anteriores, jugando al escondite con nosotros. Se adivinaba un inicio difícil… Y resulta que no paramos de ganar. No esperaba tanto y mucho menos no lo esperaba tan pronto pero Asier Illarramendi ha encontrado socios suficientes como para dar un curso de fútbol en cada partido hasta el punto de conseguir que buenos equipos parezcan a ratos medianos y a ratos malos.

Los dos primeros tiempos en Anoeta, el del Villarreal y el del Rosenborg, se pueden considerar un par de recitales a cargo de un equipo maduro capaz de hacer daño, mucho daño, cuando le dejan asociarse. Podrán decir que los noruegos son un equipo de broma porque desde luego ayer lo parecieron. Pero el que hubiera visto el partido del Rosenborg en Amsterdam el mes pasado se quedaría con la idea que puede que a este equipo le cueste ganar, pero desde luego no se le golea fácil. De Anoeta se pudo llevar un saco. Algún mérito tienen los nuestros.

A mí todavía me gustaron más los segundos tiempos de Vigo y Riazor que las dos exhibiciones de la Real ante su público. El Celta te acorrala durante media hora, no encuentras argumentos para frenarles ni para controlar el balón. Salvas los muebles como puedes y nada más salir del descanso te la clavan en una jugada de estrategia. Lo normal es que penes hasta el final y termines volviendo a casa con las orejas gachas, derrotados. Pues Eusebio movió sus peones, recuperó el control del juego y terminó remontando el encuentro. Hasta ganar. No se conformó con menos. Por eso ganó. Alguna vez esa ambición le costará un punto, pero nos estamos acostumbrando a que a menudo en vez de perder uno, ganemos dos. Haremos cuentas cuando vengan mal dadas. Que vendrán.

En Riazor tuvo todavía más mérito. Salida frenética. Partido cuesta abajo que se complica porque apuestas por la paciencia en vez de por el estrangulamiento y también porque el árbitro mete presión pitando lo que no debe donde no debe. Te empatan en una de las pocas ocasiones en las que defiendes radicalmente mal. Ya se sabe que tres indecisiones en la misma jugada cerca de tu área siempre termina en susto o en gol. Quedan cuarenta minutos y un equipo hambriento que se ha recuperado tras caer a la lona dos veces. A sufrir. Sí, sí… A sufrir el Dépor. Ni las lesiones de Iñigo y Aritz cambiaron el discurso magistral de los nuestros. Hasta que cayeron los goles y los puntos. Pocos equipos son capaces de dar tanto en circunstancias tan complicadas. Lo dicho, las ilusiones de los realistas están justificadas.

Ahora llega el más difícil todavía. Viene a Anoeta el Real Madrid, campeón de Liga y de Europa. El equipo que nos puso en evidencia en los dos enfrentamientos del curso anterior. En la primera jornada, en pleno agosto, se pasearon por Donostia como si enfrente estuviera un equipo de preescolar. En este mismo espacio me puse a dar palos a todo lo que se movía. Lo tienen por ahí abajo si quieren comprobar cómo puede uno meter la pata cuando no hace caso a Toshack y escribe en verano. Esta vez las cosas son diferentes. La Real no puede estar más fuerte y el Madrid no puede tener más necesidad. Llegan con bajas importantes, pero con estos equipos ese arma siempre tiene dos filos. Será un partido durísimo. El tercero de una semana en las que nos enfrentamos a un régimen que para nosotros no es nada habitual. Una nueva victoria nos dispararía en la clasificación y en otros aspectos menos tangibles aunque a lo mejor más importantes. La deseamos tanto, hemos hecho tanto en este primer mes, que podemos soñar con ella. Luego el juego nos dirá si tenemos al campeón siete, cuatro o un punto por debajo. Porque debajo van a estar después de cuatro jornadas. Aunque sea verano.

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Viaje con nosotros
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Fernando Becerril | 22-05-2017 | 5:53| 0

La Real regresa a Europa tres años después de la frustrante experiencia de Krasnodar. Lo hace gracias a una campaña llena de mérito en la que ha sabido hallar una forma de jugar, una manera de ganar, que nos ha reconciliado con el fútbol y le ha convertido en uno de los mayores atractivos del campeonato. Naturalmente no ha sido un discurso lineal en el que sólo se hayan producido buenas noticias, pero éstas dejan muy por detrás la cuenta de los pasos en falsos, de las indecisiones, de las debilidades, que también las ha habido.

Los hombres entrenados por Eusebio han ganado la mitad de los partidos jugados y han empatado sólo siete encuentros, tres de ellos en las tres últimas jornadas de la competición. El punto de inflexión tras una pretemporada difícil y una pobre puesta en escena ante el Real Madrid en Anoeta llegó bien pronto, en el tercer partido. Hasta entonces nuestro equipo había abusado de forma desesperante del pase en corto a ninguna parte. Parecía confundir la paciencia con la parálisis. El invento de jugar con Markel por delante del balón no funcionaba. Estaba bien que Asier dirigiera la salida y que Bergara fuera uno de los primeros en iniciar la presión defensiva, pero el juego colectivo se resentía y el equipo parecía agarrotado por el temor de perder la pelota en zona de riesgo. Hasta el tercer partido.

Aquella noche de Anoeta toda la lentitud desapareció cuando un Espanyol agazapado encontró un disparo lejano y mortal para ponerse por delante con media hora por jugar. Quique Sánchez Flores terminó feliz con el empate porque una Real desmelenada logró igualar y todavía le sobraron minutos y fútbol para poner a un adversario tan serio contra las cuerdas. A partir de ese momento el equipo que nos representa encontró la seguridad que necesitaba para hacer buen fútbol y para ir sumando victorias con regularidad.

Hubo momentos de infortunio como las dos derrotas ante el Villarreal. La Real no mereció perder ninguno de los dos pero los perdió. Si esos dos enfrentamientos hubieran acabado conforme a la lógica del juego con dos puntos para cada uno, hoy los hombres de Eusebio serían quintos. En cambio permitieron que los amarillos les tomaran una ventaja de seis puntos en choques que no habían tenido dueño.  Algo que aprender para una nueva temporada en la que tendremos que viajar por Europa y habrá que sobrellevar lo mejor posible el hándicap que han soportado con absoluta dignidad Villarreal y Athletic, nuestros rivales directos en la lucha por la Europa League.

Si repasamos el calendario no hubo nada mejor que el triunfo cristalino sobre el Atlético en Anoeta y el repaso al Barcelona, que se encontró un punto por uno de esos errores arbitrales que tradicionalmente les ayudan tanto a ellos como a sus eternos rivales. Bueno también se lo encontró porque los delanteros realistas no atinaron a aprovechar un puñado de magníficas ocasiones. Igual da. La imagen que dejaron los de Eusebio en ese partido y en el del Camp Nou fue de máximo prestigio. Lo malo es que si ante el Villarreal dos puntos merecidos se quedaron en nada, ante los anteriores campeones tendrían que haber sido cuatro y sólo sumamos uno.

Son cosas que pasan en un sentido y en otro. ¿O no recuerdan que los tres puntos de Las Palmas fueron consecuencia de uno de esos milagros que sólo suceden en este deporte? Los canarios perdonaron en el área guipuzcoana y su portero regaló a Prieto el gol del triunfo. Esa victoria ayudó en el momento más difícil de la temporada cuando Willian José había caído lesionado y los jefes del equipo acusaban la sucesión de esfuerzos tras una aventura copera de máxima intensidad.

Se ha hablado mucho de la falta de recambios en la plantilla realista. No comparto esa opinión. No tenemos capacidad para sustituir a dos jugadores, dos, que son Illarra e Iñigo Martínez y nos cuesta, sobre todo en Anoeta, encontrar un relevo en punta a Willian José. Juanmi le sustituye bien dentro del área gracias a ese instinto de cazador, pero la aportación del brasileño al juego no la puede ofrecer ningún otro delantero, al menos hasta que Agirretxe vuelva a ser habitual en las convocatorias.

En el resto de posiciones todas las necesidades han estado bien cubiertas por la plantilla y el equipo filial. Hasta un debutante como Kevin cumplió cuando a Yuri no le dejaron jugar en el Bernabéu por caer derribado en el área del Celta en un penalti indiscutible. Un mal árbitro y unos comités erráticos le sancionaron a destiempo en una decisión que lo sucedido en estas dos últimas semanas ha terminado por convertir en escandalosa.

Es probable que lo más positivo entre lo mucho bueno que hemos vivido esta temporada haya estado precisamente en los recursos deportivos del club. Odriozola ha sido una de las grandes noticias de la temporada y eso que vino a sustituir a un Carlos Martínez que se había roto cuando volvía a ser el que vimos en tiempos de Montanier. Bautista ha jugado doce partidos con más de trescientos minutos y ha anotado tres goles que han valido puntos. Zubeldia ha sido titular en tres de los cuatro encuentros en los que ha participado y Guridi tuvo la desgracia de lesionarse tras un estreno prometedor.

Entre esos recursos hay que citar a un capitán inmenso ­–ha jugado todos los partidos- y un Zurutuza que por fin ha podido ser titular con regularidad y se ha ido por encima de las treinta presencias hasta los 2500 minutos que son cuatrocientos más de los que había sumado entre las dos campañas precedentes. Añadan la recta final de Canales que está dando lo mejor de sí mismo después de superar tres lesiones de máxima gravedad.

Para terminar con las buenas notas habría que recordar que la plantilla ha estado mejor equilibrada que en años anteriores gracias a dos fichajes que han funcionado de manera excelente. Ha podido hacer frente con decoro a los momentos difíciles y ello ayudará mucho a los técnicos del club para armar la plantilla que van a necesitar si quieren competir en Europa sin ceder demasiado terreno en el campeonato doméstico.

Puestos a enumerar los puntos frágiles tendremos que recordar que la omnipresencia de Rulli en las alineaciones no es buena ni para él –la falta de competencia no le está ayudando a mejorar- ni para el resto de los porteros de la plantilla. Ramírez hizo una pretemporada notable cuando el argentino todavía no sabía si iba o si venía pero no ha jugado ni la Copa y Bardají está lejos de las ilusiones que sentimos en su primera campaña con el Sanse. En vez de ayudarle a mejorar le han convertido en un jugador sin futuro, al menos de txuriudin. Los dos ceros (en minutos jugados) de los otros dos porteros son a mi modo de ver un disparate.

Tampoco me ha gustado la ambigüedad que ha rodeado a Granero. Fue un muerto viviente hasta finales de noviembre. Después pasó por delante de Rubén Pardo, al que se le dio salida hacia Sevilla en una aventura que no ha terminado de funcionar, y de un Zubeldia que estaba tirando la puerta abajo en el Sanse y que a mí me parece que puede ser el complemento perfecto de Illarramendi. El madrileño ha terminado con un papel de nuevo secundario. Su tiempo en la plantilla parece resuelto pero le queda un año de contrato y la última palabra, como hace doce meses, será suya. A veces fichar sin pagar traspaso no sale barato. Una lección que seguro que en los despachos de Anoeta ya habrán aprendido.

Eusebio ha hecho a mi modo de ver un trabajo notable tanto en el apartado del juego como en la administración de la plantilla pero el curso que viene tendrá que hacer frente a un desafío diferente en el que tendrá semanas de tres partidos durante todo el otoño y al menos en el inicio del invierno. Va a necesitar un central –que no debería ser Zubeldia, los experimentos conviene hacerlos con gaseosa- y tendrá que plantearse el futuro de Aritz. Siempre ha sido un jugador con carácter y esta temporada, especialmente difícil para él en el plano personal, ha estado devorado por la ansiedad. El centro de la defensa es muy sólido, pero necesitas cuatro hombres para hacer plantilla y no será fácil conseguir competencia y alternativas para Iñigo y para Navas.

De medio campo para adelante la obsesión de Loren siempre ha sido la de traer un jugador explosivo. No ha terminado de conseguirlo. Bruma fue el que más jugó entre los hombres de ese perfil y su aportación no fue suficiente. Si acierta en ese puesto y el mercado respeta a los jugadores más importantes, el trabajo estará hecho. Falta por ver si Vela culmina su contrato entre nosotros. Su actitud ha sido buena, aunque ha tenido problemas físicos que no le han permitido recuperar su nivel de excelencia y, sobre todo, queremos pensar que Agirretxe podrá ser el que era antes de que Keylor Navas le hiciera aquel penalti que truncó su carrera. Creo recordar que ni siquiera lo pitaron. Me parece que se apellidaba González González el individuo que prefirió mirar hacia otro sitio. Miren, se me olvidaba, ese señor ha vuelto a ser uno de los más amargos recuerdos de la temporada que termina. Pues incluso con eso, a pesar de eso, la Real se va de gira por Europa. ¿Viaja con nosotros? Anímese.

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¿Por qué?
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Fernando Becerril | 28-04-2017 | 5:13| 0

Los seguidores de la Real se preguntan por qué no les van a dejar terminar por encima de la séptima plaza. Cuesta entender que al Villarreal le resuelvan partidos como el que en su día le enfrentó al Las Palmas o que den por bueno un gol como el que les permitió derrotar al Leganés con un manotazo en el descuento. Me cuesta calificar de tramposo a Bakambu porque seguramente ni él mismo se creía que aquella mano con todo el brazo extendido fuera a colar. La mano del dios Maradona fue mucho más discreta. A nuestra gente le sorprende menos que el Athletic tenga arbitrajes cuesta abajo a estas alturas de la temporada cuando se está jugando seguir en Europa, aunque seguro que es sin querer, que Aduriz y Raúl García son tan buenos comediantes que llevan a error a unos colegiados que cobran por su labor mejor salario que el presidente del Gobierno por hacer la suya sin que, a mi modo de ver, haya gran diferencia entre la calidad profesional de uno y de otros.

A nuestra afición le pasma también que designen para los partidos más importantes de su equipo a árbitros tradicionalmente hostiles y la suma de tanta circunstancia curiosa nos invita a preguntarnos por qué. Como desconozco las respuestas no puedo ayudarles a resolver su duda. Seguro que ustedes tienen algún motivo pensado pero ya saben que a mí de los árbitros no me gusta hablar. Su trabajo es complicado, sobre todo cuando están bajo presión y en esta Liga todos presionamos cuanto podemos. Eso sí, a la hora de apretarles algunos tienen más éxito.

Es que todavía me estoy preguntando por qué en un partido de Champions tan brillante como el que jugaron en el Bernabéu el Real Madrid y el Bayern, un componente de la aristocracia arbitral expulsó a Vidal en la jugada más clara de todo el encuentro. El chileno es un tipo duro que hace falta hasta cuando saluda a los rivales. Lo sé yo, lo sabía aquel árbitro y lo sabe cualquier futbolero del planeta, pero para una vez que llega medio segundo antes y no toca siquiera al contrario, le echan. Yo también me hago cruces todavía. Si el árbitro quería ayudar al Madrid, podía enseñar dos amarillas a ese futbolista más pronto que tarde. Hizo al menos cuatro entradas susceptibles de amonestación a poco que el colegiado hubiera venido con esa intención. Pues no. Le echa en una jugada que le pone en ridículo, que cuestiona la limpieza de la competición y que enriquece la leyenda negra (en este caso blanca) arbitral que acompaña a los merengues desde la noche de los tiempos. No fue su único error pero ése en concreto supera mi capacidad de análisis.

Y ya puesto a hacerme preguntas me gustaría que los queridos colegas que cubren la información del Eibar me explicaran por qué razón asumieron con semejante entereza el arbitraje sibilino que sufrieron el otro día en Ipurua en un partido cumbre en el que se jugaban una plaza en Europa League. Los jugadores armeros, tíos de pelo en pecho que no lloran ni aunque les duela, pusieron el grito en el cielo en el vestuario. Las crónicas locales no vieron motivos para quejas y eso que la última falta fue por lo menos discutible. Me llama la atención porque en Anoeta sí se quejaron y eso que el campo era una piscina en la que no era fácil ni jugar ni arbitrar, pero todas las dudas las miraron con ojo de halcón y las vieron como las vemos todos, del lado que nos conviene. ¿Por qué en su propio campo y en otro derbi bien distinto, la parcialidad arbitral sólo fue apreciada por sus jugadores? No sé qué decirles. Estoy perplejo. Se me ocurre que a lo mejor alguno o alguna quiere más al Athletic que a su valeroso Eibar, a ese equipo que siempre me ha caído bien y al que he ido a ver jugar en todas las categorías. Yo que soy de la Real, desde luego, me hubiera ido a casa cabreado aunque el partido no hubiera tenido el menor valor para los míos. Ellos no. En fin, mejor no me lo tomen en cuenta. Nada es tan absurdo como juzgar intenciones ajenas. Aunque no dejo de preguntármelo. ¿Por qué?

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