Diario Vasco
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Autor: fernanbecerril
¿Por qué?
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Fernando Becerril | 28-04-2017 | 5:13| 0

Los seguidores de la Real se preguntan por qué no les van a dejar terminar por encima de la séptima plaza. Cuesta entender que al Villarreal le resuelvan partidos como el que en su día le enfrentó al Las Palmas o que den por bueno un gol como el que les permitió derrotar al Leganés con un manotazo en el descuento. Me cuesta calificar de tramposo a Bakambu porque seguramente ni él mismo se creía que aquella mano con todo el brazo extendido fuera a colar. La mano del dios Maradona fue mucho más discreta. A nuestra gente le sorprende menos que el Athletic tenga arbitrajes cuesta abajo a estas alturas de la temporada cuando se está jugando seguir en Europa, aunque seguro que es sin querer, que Aduriz y Raúl García son tan buenos comediantes que llevan a error a unos colegiados que cobran por su labor mejor salario que el presidente del Gobierno por hacer la suya sin que, a mi modo de ver, haya gran diferencia entre la calidad profesional de uno y de otros.

A nuestra afición le pasma también que designen para los partidos más importantes de su equipo a árbitros tradicionalmente hostiles y la suma de tanta circunstancia curiosa nos invita a preguntarnos por qué. Como desconozco las respuestas no puedo ayudarles a resolver su duda. Seguro que ustedes tienen algún motivo pensado pero ya saben que a mí de los árbitros no me gusta hablar. Su trabajo es complicado, sobre todo cuando están bajo presión y en esta Liga todos presionamos cuanto podemos. Eso sí, a la hora de apretarles algunos tienen más éxito.

Es que todavía me estoy preguntando por qué en un partido de Champions tan brillante como el que jugaron en el Bernabéu el Real Madrid y el Bayern, un componente de la aristocracia arbitral expulsó a Vidal en la jugada más clara de todo el encuentro. El chileno es un tipo duro que hace falta hasta cuando saluda a los rivales. Lo sé yo, lo sabía aquel árbitro y lo sabe cualquier futbolero del planeta, pero para una vez que llega medio segundo antes y no toca siquiera al contrario, le echan. Yo también me hago cruces todavía. Si el árbitro quería ayudar al Madrid, podía enseñar dos amarillas a ese futbolista más pronto que tarde. Hizo al menos cuatro entradas susceptibles de amonestación a poco que el colegiado hubiera venido con esa intención. Pues no. Le echa en una jugada que le pone en ridículo, que cuestiona la limpieza de la competición y que enriquece la leyenda negra (en este caso blanca) arbitral que acompaña a los merengues desde la noche de los tiempos. No fue su único error pero ése en concreto supera mi capacidad de análisis.

Y ya puesto a hacerme preguntas me gustaría que los queridos colegas que cubren la información del Eibar me explicaran por qué razón asumieron con semejante entereza el arbitraje sibilino que sufrieron el otro día en Ipurua en un partido cumbre en el que se jugaban una plaza en Europa League. Los jugadores armeros, tíos de pelo en pecho que no lloran ni aunque les duela, pusieron el grito en el cielo en el vestuario. Las crónicas locales no vieron motivos para quejas y eso que la última falta fue por lo menos discutible. Me llama la atención porque en Anoeta sí se quejaron y eso que el campo era una piscina en la que no era fácil ni jugar ni arbitrar, pero todas las dudas las miraron con ojo de halcón y las vieron como las vemos todos, del lado que nos conviene. ¿Por qué en su propio campo y en otro derbi bien distinto, la parcialidad arbitral sólo fue apreciada por sus jugadores? No sé qué decirles. Estoy perplejo. Se me ocurre que a lo mejor alguno o alguna quiere más al Athletic que a su valeroso Eibar, a ese equipo que siempre me ha caído bien y al que he ido a ver jugar en todas las categorías. Yo que soy de la Real, desde luego, me hubiera ido a casa cabreado aunque el partido no hubiera tenido el menor valor para los míos. Ellos no. En fin, mejor no me lo tomen en cuenta. Nada es tan absurdo como juzgar intenciones ajenas. Aunque no dejo de preguntármelo. ¿Por qué?

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Amo este juego
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Fernando Becerril | 18-02-2017 | 9:14| 0

Ha sido fantástico. No se puede jugar mejor al baloncesto. Otra vez, una prórroga. Otra vez, un encuentro lleno de alternativas. Ganó el que fue más fuerte en los momentos en los que se decidía todo, pero los jugadores derrotados saldrán del Buesa Arena con la conciencia de haber hecho bien su trabajo. Baskonia perdía por 13 a poco de iniciarse la segunda mitad y ganaba por ocho en la recta final del encuentro. No pudo llegar al final por delante, pero no habrá sido por falta de fe o de fuerza o de voluntad. Su sacrificio y el de sus poderosos rivales nos han permitido disfrutar de una tarde inolvidable y me han permitido tomar conciencia una vez más de cuánto amo este juego. El más vistoso, el más divertido, aquél en el que cualquier cosa puede pasar, el que exprime a los mejores si quieren ganar un partido como éste.

Al final, la historia de los dos encuentros del Real Madrid en esta edición de la Copa se escribe de la misma manera. El esfuerzo enorme, generoso, de sus rivales resulta insuficiente porque Pablo Laso siempre tiene un recurso en el armario cuando a los demás ya no les quedan fuerzas. Esta vez fue Nocioni. Saltó a la cancha por primera vez cuando quedaban tres minutos y su equipo perdía por ocho. Su experiencia, su calidad y su frescura desequilibraron delante y detrás un choque que estaba muy cerca de terminar bien para la afición local. Taylor apretó todavía más a Larkin para que Llull tomara la batuta en ataque y gente de la calidad de Doncic, increíble lo que hizo el más joven en el primer tiempo, Ayón y Nocioni se dedicaban a proteger su aro de los zarpazos desesperados de Baskonia.

Es verdad que el partido pudo terminar mejor, pero será difícil ver otro partido de esta categoría. Tanto me gustó que no puedo eludir mis elogios al trío arbitral. Pocas veces habrán tenido un partido más complicado tras los errores decisivos de sus compañeros en el anterior triunfo de los blancos. Hicieron su trabajo, más allá de alguna decisión discutible, como si no sintieran presión. Mejor para todos. Hablaría también bien de las dos aficiones, pero esto es baloncesto, esto es la Copa, y se da por sentado. Los que ganaron, los que perdieron, los que eran más, los que eran menos, pusieron el marco perfecto para una tarde maravillosa. Si encima hubieran ganado los que yo quería, habría sido perfecto pero bueno lo que de verdad importa es lo fácil que es amar este juego. Un año más, una Copa más, hoy, siempre.

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Hierrezuelo no lo vio
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Fernando Becerril | 17-02-2017 | 5:16| 0

Que no lo vio hombre, que no lo vio. Hierrezuelo miraba hacia allá pero no lo vio. El paso atrás de Sergio Llull, con menos de diez segundos por jugar, le hizo pisar la raya imaginaria del centro del campo. Imaginaria digo porque la publicidad esconde esa línea. Además ya se sabe que Llull es rápido, como la velocidad de la luz o así. Cómo iba a ver Hierrezuelo que ese pie pisaba lo que no pisaba porque no había raya. Qué culpa tiene este árbitro malagueño de larga y conocida trayectoria de que los jugadores de Andorra no hicieran falta antes de que Llull pisara lo que nadie le vio pisar. Si ni siquiera el director de la transmisión vio el campo atrás o por lo menos no repitió la imagen hasta que el partido estaba en la prórroga. Y el entrenador andorrano y sus jugadores tampoco lo debieron de ver porque las cámaras no captaron vestimentas rasgadas ni protesta alguna.
No pretenderán que me crea que el responsable de la tele hizo caso omiso de una bronca que nadie apreció. No hubo tal bronca. No hubo ruido. Nadie salió. Hierrezuelo no lo vio y los demás tampoco. Pero no sé por qué esta mañana en Vitoria nadie creía, incluidos algunos seguidores madridistas, que no viera lo que no vio. Todos creían que simplemente no se atrevió a ser él con su silbato quien dejase al Real Madrid fuera de las semifinales. Hay mucho mal pensado. Yo, desde luego, no. Él no lo vio. Simplemente lo sé.

Lástima da que Hierrezuelo no lo viera, que Schreiner no hiciera la falta que necesitaba, que la presión sobre el base blanco dejara solo a Randolph y lástima, por último, que el talentoso americano la clavara con tanta tranquilidad. Lástima. Andorra mereció un triunfo que habría rebajado la audiencia y multiplicado el ya de por sí enorme prestigio del mejor torneo de baloncesto. Hoy Vitoria entera estaría hablando solo de lo sustancial, de este gran equipo andorrano que siendo menos resultó ser bastante más que el líder de Liga y Euroliga. Hoy siete de las ocho aficiones -la del Madrid no, claro- estarían celebrando que en la Copa, en nuestra Copa, ningún partido está ganado de antemano y que no cuentan tanto estrellas o trayectorias como las ganas de dejar huella, de hacer historia.

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Sólo puede quedar uno
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Fernando Becerril | 16-02-2017 | 9:04| 0

La Copa de Vitoria ya está en marcha. Ocho equipos, ocho aficiones con la de Baskonia a la cabeza. Son ocho pero sólo puede quedar uno. Sólo uno levantará el trofeo de campeón el domingo por la tarde, sólo uno cortará la red de la canasta que habrán utilizado para ganar. Sólo uno. Y más de la mitad del pabellón espera que ese equipo vencedor, ese único superviviente sea el suyo, el de casa. Aunque todos saben por aquí que no va a ser fácil.

Nadie se fiaba en Vitoria del primer adversario. Las ausencias del domingo pasado y los apuros sufridos ante un equipo menor como Obradoiro se sumaban a la trayectoria impecable de los tinerfeños. Toko no había llegado a tiempo pero la Copa es un bien demasiado precioso para esta afición como para quedarse sin juguete a las primeras de cambio y encima en casa. Claro que a veces no basta sólo con voluntad, a veces hay que extraer una veta de ambición extraordinaria para superar las dificultades y los de Sito Alonso salieron dispuestos a no perder bajo ninguna circunstancia. No iba a hacer falta menos.

Los laguneros fueron a remolque desde el principio pero encontraron siempre una manera de reengancharse por mucho que los locales estirasen el marcador. Tras el descanso, el partido se torció, se convirtió en una pelea áspera en la que eran los alaveses los que más tenían que perder. En medio del fango se veía más seguros a los aurinegros que a los azulgranas. El Buesa empujaba como si esto no fuera la Copa, como si el factor cancha tuviera valor real en un torneo que no ganan casi nunca los locales. Ni un paso atrás ni un grito menos por mucho que la amenaza estuviera cada vez más cerca.

La renta de once puntos del descanso se había quedado en seis antes de iniciar el último capítulo. El drama estaba servido y Hanga se encontraba con una cuarta falta que metía un poco más de tensión por mucho que la renta se elevará de nuevo a +11 con seis minutos largos por delante. Baskonia se sobrepuso a sus propias dudas y llegó al momento decisivo con una ventaja suficiente para seguir adelante, para mantener el sueño de que cuando esto se acabe, cuando sólo quede uno, ése sea el equipo de casa.

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Más difícil todavía
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Fernando Becerril | 14-02-2017 | 7:37| 0

 

No es la Copa un torneo en el que sean determinantes las dinámicas previas. Se puede ser campeón llegando en crisis y te puedes ir a casa el primer día cuando todos te daban por favorito. Ahora pasa menos porque lo normal es que Real Madrid y Barcelona se encuentren en el último partido, pero pasa. El año pasado Bilbao, con Sito Alonso a los mandos, se llevó por delante a los azulgranas. Gran Canaria dejó fuera a Valencia y Bilbao y resistió al Real Madrid en el último encuentro. Y los blancos necesitaron un error arbitral en el último minuto para hacer bueno el estallido final de Sergio Llull en la semifinal contra un Baskonia al que una vez más le faltaban jugadores importantes. La Copa ACB… El torneo más abierto, el menos previsible, a pesar de las diferencias económicas que sigue marcando el fútbol.

Baskonia tenía y tiene subrayado en rojo la cita de esta semana. Lo malo es que las circunstancias se lo están poniendo muy difícil. Los problemas son evidentes. Toko se recupera de una fisurá de peroné y su ausencia se ha demostrado imposible de cubrir para este equipo. Cada vez que falta, los problemas se multiplican. Encima Diop regresó de Tel Aviv con un tobillo como un queso de Idiazabal y Larkin tampoco pudo jugar el horroroso partido del domingo pasado frente a Obradoiro. Añadan que Bargnani no está ayudando ni poco ni mucho, más bien al revés, a sus compañeros y nos tendremos que acoger a la magia de la Copa para sustentar las ilusiones alavesas en su propia casa y en el torneo preferido de esta afición.

El primer enfrentamiento de los locales abrirá el jueves la competición ante un Tenerife que ha ganado quince de sus veinte partidos ligueros y sólo tiene por delante al Real Madrid. El sábado se estrelló ante el Gran Canaria en el derbi insular pero es un equipo bien trabajado y que juega un baloncesto versátil y extremadamente eficaz. Ya ganaron en Vitoria en su partido de Liga y serán un adversario rocoso para Baskonia incluso en el caso de que pudieran jugar todos, algo que no está ni medio claro. La inauguración se anuncia dramática. Menos mal que la Copa es un chute de adrenalina para el cinco vitoriano y es más que probable que en su cuarto de final este equipo se parezca muy poco al del domingo pasado. No hará falta menos.

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