Diario Vasco
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Autor: fernanbecerril
Con Iriondo empezó todo
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Fernando Becerril | 26-02-2016 | 8:27| 0

Rafa Iriondo

Rafa Iriondo, en uno de sus partidos con la Real Sociedad

Hace un par de días que nos dejó Rafa Iriondo. Fue un futbolista legendario, de ésos cuyos nombres van siempre acompañados de los de algunos de sus compañeros porque todos juntos hicieron algo trascendente, en su caso para el Athletic. Pero Iriondo no sólo fue uno de los cinco componentes de aquella delantera mítica. Además cerró su carrera como jugador en la Real Sociedad con la que jugó 32 partidos y anotó diez goles. Era el año 1955, tenía ya 36 años y no había jugado mucho después de haber sido el máximo goleador del equipo en su primera campaña como txuriurdin. Un digno epílogo a una gran carrera. Lo mejor vino casi dos décadas después cuando se hizo cargo del banquillo realista porque se puede decir que allí empezó todo. La mejor Real de la historia se empezó a gestar en aquellas dos temporadas en las que el fútbol empezó a fluir por las botas de futbolistas que habían sobrevivido pateando campos sembrados de barro.

De aquellos dos años entre el verano de 1972 y la primavera de 1974 recuerdo dos partidos de signo bien distinto. En aquel domingo de las navidades de 1972 en la universidad habíamos organizado un baile para recaudar fondos para el viaje de fin de curso. Jugaba la Real. Así que me escapé al Bernabéu. No os podéis imaginar lo que era bailar a aquel Madrid en su propio campo. La Real jugó el mejor primer tiempo que yo le había visto hasta entonces. Araquistain, un proyecto de gran delantero, adelantó a la Real. En el minuto 41 no se entendía como el partido estaba sólo 0-1. Pero era el Madrid y era el Bernabéu. Un árbitro malagueño llamado José Navarrete Antiñolo consiguió que los blancos llegaran al descanso ganando gracias a uno de esos penaltis que hoy nos sigue pitando un González González cualquiera. Supongo que en el túnel de vestuarios Gorriti le dio recuerdos porque el lateral realista no regresó al terreno de juego.
Después no hubo partido y nos metieron otros cuatro que Pirri, Velázquez, Santillana y compañía se encargaron de celebrar como si no nos hubieran metido la mano en la cartera al final del primer tiempo. Yo llegué al baile dispuesto a dar de beber a las masas con una extraña sensación. Por un lado estaba encendido como una farola, por otro no terminaba de creerme que la Real, aquella Real, la de Martínez y Gorriti, la del joven Kortabarria,la de Arzak y Luciano Murillo, la de Esnaola y Boronat, la de Ansola y Amas, aquélla, fuera capaz de jugar el fútbol exquisito del primer tiempo. Entonces la referencia era el Ajax de Cruyff y por unos momentos había parecido que, salvando todas las distancias, la Real jugaba al mismo deporte.

El otro partido que no he podido olvidar llegó quince meses después. Como uno tiene familia en Valencia me fui a las Fallas aprovechando que San José caía en martes y teníamos un puente espectacular en la facultad. El domingo la Real jugaba en Mestalla contra el Valencia. Quedaban nueve jornadas para el final y el equipo de Iriondo estaba metido, por primera vez en su historia, en la pelea por una plaza europea. Había que terminar entre los cuatro primeros y los puntos de Mestalla eran importantes. Como pueden imaginar me fui al fútbol y vi ganar a la Real. Satrústegui, un chaval de veinte años, era titular. Ya había jugado trece partidos ligueros pero todavía no se había estrenado como goleador. Aquella noche marcó nada más empezar y anotó mediado el segundo tiempo el gol de la victoria. Los primeros goles del que iba a ser el máximo artillero de nuestra historia. Pela Arzak se lesionó pronto, a Gaztelu le echaron al final, pero los puntos viajaron a San Sebastián con toda justicia tras una lección de solvencia. Dos meses después la Real había logrado su primer billete para Europa. La epopeya estaba a punto de comenzar. La temporada siguiente regresó un gigante como Andoni Elizondo para llevar de nuevo a su equipo a la Copa de la UEFA. Debutó Arconada y entró Irulegi como entrenador para dar paso al resto de estrellas del equipo campeón y para que su fútbol se fuera haciendo cada vez más firme… De aquí a la eternidad titulé la crónica de El Molinón para La Hoja del Lunes, pero años atrás había empezado todo. Con Rafa Iriondo. Ahora se ha ido. No le olvidaremos.

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Cuidado con los zoquetes
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Fernando Becerril | 25-02-2016 | 8:15| 0

No pude ver hasta el martes el derbi de San Mamés. La final de Copa de baloncesto no me permitió verlo en su momento, pero no me importó. El martes por la tarde me senté delante de la tele dispuesto a disfrutar y puedo asegurar que cumplí el plan sin desviarme ni un milímetro de mis previsiones. Disfruté. Me gustó mucho la Real en el primer tiempo y, si exceptuamos una pérdida de balón en zona de altísimo riesgo, también me gustó ese segundo tiempo en el que no pasó prácticamente nada. Porque es a eso a lo que suele aspirar un equipo de verdad cuando va por delante en un campo complicado y está jugando un partido importante. A qué no pasé nada.

El ejercicio de madurez de la Real me produjo una satisfacción enorme. Jugó el equipo a lo que seguramente quería Moyes que jugara sin llegar a conseguirlo. Fue una Real seria, firme, compacta y ganó en San Mamés para alargar una racha de cuatro temporadas sin perder un derbi con cuatro triunfos, dos en cada campo, y cuatro empates. En la temporada anterior las dos victorias fueron rojiblancas y después de que Llorente y Amorebieta nos la liaran en Anoeta, un amigo y gran periodista me tomaba el pelo desde Bilbao. Le advertí: “No te pases mucho que ya sabes que en estos partidos la historia suele ir y venir”. “Ya me tocará callar entonces” me contestó. Naturalmente no me ha vuelto a tomar el pelo y cuando la Real ganó hace dos años en San Mamés me mandó un tuit que era todo un reconocimiento: “Habrás gozado como un puerco en una charca”. Tenía razón. Como volví a gozar el otro día, aunque yo prefiero no picarle. Ya saben. Nuestra historia a veces va y a veces viene.

Este tiroteo verbal, bastante inocente aunque con un punto de pimienta, es lo que convierte la relación entre nuestras aficiones en un ejemplo para el fútbol mundial y nos permiten aspirar al premio fair play de la FIFA. El otro día en A Coruña un taxista futbolero valoraba esa imagen de concordia, a pesar de piques puntuales y de los habituales agravios institucionales, y echaba de menos ese buen rollo en los enfrentamientos entre Deportivo y Celta de Vigo. Es un valor que conviene preservar del asalto de los zoquetes que desde que se han comprado un móvil parecen concursar a ver quién escribe una tontería mayor.

Estos días en twitter he releído las bobadas escritas desde aquella orilla del país y no porque les lea a ellos sino porque gente de la Real, disfrutando del mal perder de algunos, se han encargado de repicarlas una y mil veces. Tontos hay en todas partes, pero venga de donde venga el presunto periodista que no puede contener su frustración o el aficionado que está envenenado vaya usted a saber por qué, no merece la menor atención y si la merece, porque en el fondo da gusto que la metralleta de Jonathas sea confundida con un acto de violencia, es imprescindible tener claro que el individuo en cuestión no representa a nadie, seguramente ni a sí mismo. Sólo es un animalillo de internet que cree que le gusta el fútbol.

He leído la práctica totalidad de las crónicas del derbi que se han escrito en clave bilbaína y, quitando algún picotazo entre líneas por la importancia que le damos a ganar en San Mamés, el tono ha sido respetuoso y la información veraz. La Real fue mejor. El Ahletic no jugó ni a tabas. Ése fue el mensaje de la mayoría. Ellos aseguran que el duelo con la Real es uno más, al menos comparado con los que les enfrentan al Madrid y al Barcelona. Seguramente será verdad cuando nos ganan porque cuando pierden da la impresión de que escuece más que una derrota ante el Espanyol. Pero da igual. Ellos sabrán. Para nosotros es un choque que tiene un siglo largo de antigüedad y que tiene un valor simbólico significativo. Y sobre todo es una fiesta. Que no nos la estropeen, que hay mucho zoquete sin el menor sentido del humor que anda por ahí armado con un móvil.

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Pío pío
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Fernando Becerril | 22-02-2016 | 10:28| 0

El Real Madrid ganó la Copa un año más y lo hizo jugando buen baloncesto y haciéndose fuerte en algunas de las facetas que le han tenido tocado durante la primera mitad de la temporada. Superó a un Baskonia que resistió hasta el último minuto y soportó en la final la presión de un Gran Canaria que fue una amenaza hasta el último momento. Se había acostumbrado a remontar y obligó al Madrid a estar bien fino para no perder un título que le habían puesto a mano las sorpresas de los cuartos de final.

Escribo en un tren que cruza la península hacia el este y que atraviesa también el día entero. Acabo de repasar los periódicos y he visto los informativos de la mañana en la televisión mientras trataba de cerrar la maleta. La noticia es que ha ganado el Madrid. Desde luego es noticia, pero la pimienta de esta Copa la ha puesto el Gran Canaria y si una crónica deportiva tiene la aspiración de ser una narración épica en A Coruña no ha habido más protagonistas que los hombres de Alejandro García Reneses, el zorro capaz de liársela parda al Valencia, al Bilbao y casi, casi al Real Madrid.

La mañana del domingo en Coruña fue de resaca. La kalejira de las gentes del Baskonia había convertido en una fiesta las calles. Pero eso fue el sábado. El domingo reinaba la calma. No es fácil acostarse pronto cuando sales del pabellón cerca de la media noche. Si has ganado porque has ganado y si has perdido porque has perdido, hay que darse una vuelta. Cada vez que te cruzabas con esos pañuelos amarillos de los canarios, elegantes por cierto, les deseabas suerte y te respondían con un guiño que se podía traducir como “bastante hemos hecho”. Todos, ellos también, temíamos que la final fuera un paseo para los blancos. Desde que Baskonia ganó la final de Madrid en 2009, los dos clubes de fútbol se han repartido todos los títulos y sólo Valencia se había colado en una final gracias a que merengues y culés tuvieron que cruzarse en cuartos de final. Aquel partido de Vitoria no tuvo historia. En el Coliseum coruñés, lo normal es que tampoco hubiera gran cosa que contar en un choque que nacía poco equilibrado.

Los jugadores del Real Madrid celebran el título de Copa.

Pero… Pero los canarios soportaron el arreón inicial de los blancos con canasta sideral de Carroll para empezar a mover el marcador y fueron remontando los diez puntos que tuvieron encima desde el principio hasta ponerse por delante después del descanso. Como en la semifinal contra Baskonia, el Madrid abrió brecha en el último cuarto y como aquel día supo llegar por delante al último bocinazo, pero no fue porque Gran Canaria se rindiera antes de tiempo o porque les sobrara gran cosa, cuatro pequeños puntos. A minuto y medio del final, los de amarillo se dejaban la garganta diciendo que sí, que se podía. Y cuando finalmente no se pudo, para ellos fue la mejor ovación de la noche con el pabellón entero cantando el pío pío. Los blancos son los campeones, los héroes de esta Copa son canarios.

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Una final
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Fernando Becerril | 21-02-2016 | 11:34| 0

No podíamos esperar tanto de esta Copa gallega. Cabía temer que la competición empezara en semifinales por la diferencia de partida que se intuía en cuartos entre los cabezas de serie y sus rivales. Sucedió todo lo contrario. Sólo el Real Madrid confirmó el pronóstico con claridad. Jugados ya seis de los siete partidos, el único temor que nos queda es que no exista final porque el Madrid ha crecido y se empieza a parecer al que lo ganó todo, mientras que Gran Canaria acaba de firmar dos hazañas para poder disputar el título por primera vez en su historia. Ojalá haya partido y no se confirme la sensación que tenemos ahora mismo de que la final, la de verdad, se jugó anoche y la ganó el Real Madrid a Baskonia tras un duelo memorable que nos llenó de orgullo a todos, también a los perdedores.

Perasovic hubiera necesitado al mejor Bertans para repetir victoria ante los blancos, pero acaba de volver de una lesión interminable y aquí no ha podido dar el nivel de sus primeros partidos tras la reaparición. Ilimane Diop está en pleno proceso de formación y tampoco encontró su mejor versión. Así que los alaveses pelearon con siete samurais frente a un rival que tenía doce jugadores disponibles en el banquillo y que llegaba bastante más fresco.

Pese a ello Baskonia no está en la final porque los dos bases blancos, Chacho y Llull, jugaron un último cuarto perfecto, porque los árbitros -por lo demás hicieron un trabajo sobresaliente- no vieron una clara falta a Causeur con 78–78 y poco más de un minuto por delante y porque en un duelo tremendo en el que nadie consiguió controlar el juego, el Madrid fue un poco mejor. Era sólo una semifinal, pero todos nos fuimos con la idea de que el título se acababa de decidir. Todos menos los seguidores canarios.

Porque para la asombrosa afición canaria, el partido de hoy es la final con mayúsculas, la final de su vida, la final. Se la han ganado remontando al líder Valencia doce puntos con un parcial de 21–0 y se la han ganado maniatando a un Bilbao Basket avasallador durante 25 minutos para levantar una piedra de 19 puntos con un marcador aplastante de 45–16 en los quince minutos finales. Oliver, Báez, Salin, Aguilar, Ómic forman ya parte del imaginario colectivo de los aficionados insulares y de cuantos hemos gozado como nunca en el Coliseum coruñés. Todavía nos queda un partido. Habrá que seguir disfrutando.

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Todo es posible
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Fernando Becerril | 20-02-2016 | 11:10| 0

La Copa cerró sus cuartos de final de la mejor manera posible, con una pelea dramática entre un anfitrión modesto, aunque orgulloso, y un Baskonia que además de juego ha recuperado su legendario carácter. Visto el partido cuesta creer que Obradoiro no llegase a firmar la tercera hazaña en cuatro encuentros. Sobrevivió Baskonia con un único argumento, una obstinada resistencia a la derrota. Se suele negar a perder y esa entereza le mantiene vivo en todos los frentes. No es raro que la afición alavesa esté así de feliz.

Habrá que ver si esa fuerza espiritual le permite resistir esta tarde a un Real Madrid que ayer distribuyó los esfuerzos y no necesitó exprimirse para dominar al Fuenlabrada. Laso hizo jugar más de treinta minutos a Llull. No es probable que sus compañeros terminaran la tarde con agujetas. Era dudoso el concurso de los renqueantes Nocioni y Felipe Reyes. El Chapu fue seguramente el mejor y el segundo que más minutos estuvo sobre la pista. O sea que están todos menos Rudy. Su banquillo es bastante más largo y su desgaste, inferior. Baskonia necesita hoy una inyección doble de orgullo y mentalidad y que sus artilleros reaparezcan. Hanga salvó el primer partido ofreciendo puntos además de defensa, salto y velocidad. Hoy no le pueden dejar solo otra vez. Dijo en su día el argentino León Najnudel tras hacer campeón al CAI en la primera final de la nueva copa que el que no gana con siete no gana con 17. Pero hacen falta al menos siete. Ayer Baskonia ganó con dos, pero el Madrid es otra historia.

Esta tarde todo puede pasar. Después de estos inolvidables cuartos de final, cualquier pronóstico es un atrevimiento. Sobre todo si analizamos la primera semifinal entre Bilbao y Gran Canaria. Sito Alonso contra su maestro, mentor y amigo, Aíto. Los dos equipos tienen mucho en común y armas para alcanzar su primera final. Es un duelo inesperado, pero se ha convertido en un caramelo. Sin Barcelona, sin Valencia. Qué grande es la Copa.

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