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‘Verano 1993’, desprende verdad por los cuatro costados
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Asier Manrique | 09-01-2018 | 09:31

Verano 1993VERANO 1993

Título original: Estiu 1993

Año: 2017

Duración: 97 minutos

País: España

DirecciónCarla Simón

GuionCarla Simón

MúsicaErnest Pipó

FotografíaSantiago Racaj

RepartoLaia Artigas, Bruna Cusí, David Verdaguer, Paula Robles, Paula Blanco,Etna Campillo, Jordi Figueras, Dolores Fortis, Titón Frauca, Cristina Matas,Berta Pipó, Quimet Pla, Fermí Reixach, Isabel Rocatti, Montse Sanz, Tere Solà y Josep Torrent

ProductoraInicia Films / Avalon P.C

Género: Drama

Frida, una niña de seis años, afronta el primer verano de su vida con su nueva familia adoptiva tras la muerte de su madre. Lejos de su entorno cercano, en pleno campo, la niña deberá adaptarse a su nueva vida. (FilmAffinity)

El cine que nace de dentro, el cine auténtico y con alma es difícil que sea malo. ‘Verano 1993’, la primera película de Carla Simón, es de esas películas que respiran verdad por los cuatro costados. Rodada íntegramente en catalán, se trata de una pequeña película que aborda el tema de la adopción y la infancia, siendo una adaptación a la gran pantalla de la propia vida de la directora.

Verano 1993

Frida es una pequeña niña barcelonesa de 6 años que ha perdido a sus padres a causa del sida. En el verano del año 1993 dejó de vivir con sus abuelos para irse a vivir con sus tíos al campo. La película aborda el proceso de adaptación de la pequeña Frida, interpretada por Laia Artigas, a la vida con sus tíos (Bruna CusíDavid Verdaguer). Afectada por la muerte de sus padres y contrariada por la situación, tendrá que aceptar su nueva situación en un conflicto pintado con los colores del verano.

Carla Simón nos plantea una película bien construida, nada original en su forma, pero realmente potente en su resultado. Se trata de una agradable cinta, a pesar de tratar un tema tan complejo como el de la adopción. Lo hace grande centrándose en detalles, gestos, palabras y momentos más pequeños. No aspira a nada enorme, su auténtico potencial está en la cercanía que cada escena transmite al espectador.

Verano 1993

La película, eso sí, no escapa a temas espinosos. Aborda con acierto la capacidad de los niños de escuchar aquello que los adultos tratan de ocultarles, aun cuando están en la misma habitación mientras hablan de los niños. Nos deja claro que los niños de tontos no tienen un pelo. Los conflictos, que presuponemos más adultos, se dan de forma parecida en los más pequeños. El dolor, la pena, la frustración y, finalmente, el amor, el auténtico tema central de la película. El llanto final de Frida, ese momento de llorera incontenible es una forma preciosa de cerrar una ópera prima tan solvente como placentera.

La naturalidad de todo el conjunto, las actuaciones, que no parecen actuaciones, los ruidos del campo y un guion con los pies en el suelo hacen de esta película una gran obra. ¿Pero era la mejor para ir a los Óscars? Pues, sinceramente, no tengo ni idea. Creo que es una gran película, pero muy menor si la comparamos con la grandísima competencia que hay este año por el Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Es una película muy europea, que puede tener un recorrido importante por festivales de cine del viejo continente, pero no creo que fuese la apuesta más potente de cara al exigente mercado americano. A pesar de ello, remarcable que una cinta tan pequeña, rodada en catalán y con una taquilla muy pequeña como ha tenido haya pasado por encima de otras películas más “exitosas” hasta llegar a las puertas de Hollywood.

Verano 1993

Lo mejor: Es una película auténtica, verdadera y creíble en todo.

Lo peor: Es un tipo de cine muy europeo, complicado de llevar fuera.

Verano 1993

Sobre el autor Asier Manrique
Cine de ayer, hoy y de siempre en El Fotograma

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