LA GRAN CASCADA DE GAVARNIE

El Gran Circo de Gavarnie se encuentra en la vertiente francesa del Pirineo, frente al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y en él se halla la caída de agua más alta de Europa y quinta del mundo : La Gran Cascada.
Hay varias opciones para llegar a este lugar, dependiendo si lo hacemos andando o en vehículo. Nosotros optaríamos por la más cómoda: llegar en coche hasta el pueblo de Gavarnie (cercano a la frontera con España).
Viernes 9-7-2004 : Después de pasar la noche en el albergue de juventud de Luz St. Sauveur y reponer fuerzas con un completo desayuno, a las 9:30 llegamos al pueblo de Gavarnie. Está situado a 1.357 m. de altitud, en el departamento Hautes-Pyrénées en plenos Pirineos, a orillas del río Gavarnie.
Buscando un lugar para estacionar nuestro vehículo, vemos que dentro del pueblo hay zonas de párking vacías, pero son zonas reservadas. Para no llevarnos un susto, decididimos dejarlo en un aparcamiento habilitado en una carretera a la entrada del pueblo. Desde allí, empezaremos la larga caminata hasta llegar a pocos metros de la Gran Cascada.
El grandioso circo y la gran cascada se ven desde el mismo pueblo, dándonos la impresión errónea de que están cerca. La cascada es nuestra principal referencia conforme nos vamos acercando. Caminamos junto al río Gave de Gavarnie que recorre todo el valle. Se nos hace eterna una pista ancha de buen piso en general, donde nos encontramos -en varias ocasiones- con jinetes a caballo que suben sentadicos hasta el mismo restaurante que se encuentra a pocos metros de la Gran Cascada.

El Gran Circo de Gavarnie
Gran Circo de Gavarnie

Atravesamos una zona de bosque con altos árboles, el camino se hace más pendiente y accidentado. Alcanzamos a más senderistas. El calor en todo el recorrido es sofocante. El río Gave está a nuestra derecha encajonado en un profundo cañón lleno de vegetación. Al poco, llegamos al bar-restaurante.
A estas alturas, no nos sorprende cómo se lo montan estos franceses para aprovechar el turismo alternativo. En todos los lagos a los que hemos subido, siempre había un bar-restaurante y una terraza con mesas y sombrillas donde descansar de la caminata comiendo o bebiendo un refrigerio. Los caballos descansan aquí, mientras sus pasajeros se dirigen hacia el gran circo y cascada.
Tenemos que atravesar en varias ocasiones, pequeños barrancos y torrenteras, de cierta dificultad. Una vez más, la ayuda de un bastón es imprescindible. Encontramos un nevero de hace millones de años, a juzgar por su grosor y su color derivando en un azul pálido. Mi compañera se pasea por encima, con mucho cuidado, pues resbala bastante.
Conforme nos acercamos a la Gran Cascada, el terreno se hace más abrupto -lleno de piedras- y carente de vegetación. Estamos metidos de lleno dentro del Gran Circo. El Gran Circo de Gavarnie es una gran muralla semicircular por la que se precipitan cientos de cascadas desde las altas cumbres nevadas, sobresaliendo la Gran Cascada. La roca se eleva de los 1.400 m. hasta más allá de los 3.000 m. de altura. La Gran Cascada cae desde 2.931 m. de altitud. También conserva varios glaciares. Al otro lado se encuentra el Parque Nacional de Ordesa y Monte perdido. El agua procede de la zona del lago helado de Monte Perdido. En invierno estas cascadas se hielan, variando sus formas y su composición. El mejor momento para verla es en primavera, cuando se produce el deshielo.
La aproximación a la Gran Cascada se hace lenta y cuidadosa, pues numerosas piedras mojadas, el frío y el fuerte viento hacen que caminemos hacia arriba con sumo cuidado. Nos ponemos el chubasquero y nos tapamos la cabeza. Imposible acercarse hasta el mismo pie de la cascada. Un francés de edad nos comenta que el año pasado subió hasta su mismo pie, pero que esta vez no era posible porque caía mucha más agua y hacía muchísimo frío y viento. Se le veía el agua tornada de color blanco sobre la piel de su cara. Nos refugiamos tras una gran roca y de esta incómoda manera podemos hacernos algunas fotos con la cascada como telón de fondo. El agua helada de la cascada nos azota sin compasión, es necesario bajar de allí cuanto antes, pues podemos cogernos un pasmo. Otras personas no suben tanto y cruzan un riachuelo, subiendo un poco por la derecha, pero sin acercarse al gigante manto acuífero que defendía su secreto con furia. La Gran Cascada tiene una caída de 423 m., siendo el mayor salto de agua de Europa. Emprendemos la bajada con prudencia.
Con este gran espectáculo, nos sentamos en la hierba, cerca del restaurante, para comernos nuestros merecidos nutrientes. Cuervos de reluciente pico amarillo sobrevuelan la muchedumbre campestre en busca de migajas.
Gran Cascada de Gavarnie
Gran Cascada de Gavarnie

Después de comer, ya de manga corta de nuevo, buscamos un sendero por la derecha del bar-restaurante-tienda, para regresar por diferente camino al pueblo. Tomamos altura por una vertiginosa senda que nos eleva en poco metros, pasando por estrechos pasos con caídas de vértigo en la pared de la montaña. Mejor concentrarse en el camino. La subida es fuerte, pero se hace cómoda, ya que hay pasos llanos y descensos que se alternan con los repechos. La vista del valle es magnífica. En poco tiempo subimos muchos metros. Abajo, vemos, como hormigas, a las personas que van por el camino hacia la Gran Cascada y una plataforma de color verde que están preparando para dar un concierto de música al aire libre. Tan precioso como peligroso ese recorrido de regreso, que en 45 minutos y tras sufrir una de tantas bajadas pedregosas, buscando atajos, nos llevaría a la pista principal, unos metros antes de entrar al pueblo, donde nos reciben varios puestos callejeros de souvenirs y alimentos, como pasteles vascos -rellenos de cereza y crema- que no son tal, pero que una boca hambrienta no le busca mucha explicación. Los pies doloridos en esta última jornada de senderismo, van por su cuenta en busca de nuestro corcel metálico.
También vamos a dormir hoy en el mismo albergue de juventud de Luz St. Sauveur, esta vez, como compañeros de habitación, una pareja de jóvenes ingleses, que se acuestan más tarde que nosotros y que no se les oye apenas ni moverse. Algo a lo que no estamos acostumbrados desde que nos tocó compartir barracón hace dos noches -en otro albergue-, con unos revolucionarios franceses, que no paraban de hacer escandalosos ruidos con sus bolsas y mochilas, mientras cuchicheaban entre ellos palabras ininteligibles.
Mañana será otro día y con él, otra bonita excursión. :)
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