Diario Vasco
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Buen ambiente en el grupo
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Mikel Soro | 26-12-2016 | 12:41| 0

Como siempre, nos acompañaron los habituales viajeros, en esta ocasión italiana fueron unos 35, que disfrutaron y nos hicieron disfrutar de los nueve días de desplazamiento. Había habituales como la ‘amoñi’ Esther Gomez de Segura, Arantxa Martínez, esposa de ‘Jota Jota’, Mari Carmen Bercedo, mujer de ‘Goiko’, Blas Navascués y Jesús Marroquín. Se añadieron nuevos viajeros como Belén Lecuona, Karmele Aguirre (hija de los antiguos dueños del restaurante Urola), en primer plano a loa derecha, en el castillo milanés, y esposa del barítono Barandiarán, más otros antiguos acompañantes que regresaron al grupo, como Pedro Urain y Begoña Gallastegui y José Manuel Gómez y Pilar Pardo. Hay que destacar la presencia de Esmeralda Junquera, la asturiana que fue guía incansable de todo el grupo durante los nueve días del desplazamiento.

Entre las agradablemente sorprendidas, las viajeras Venturi Cortés y su amiga Isabel Huerta, dos maestras jubiladas que cumplían años al día siguiente y el lunes, curiosamente y a las que la coral dedicó el tradicional ‘Zorionak zuri’ con velita incluída.

Disfrutaron del viaje y las actuaciones también Pepe Castillo y su mujer María Jesús Otero, José Ramón Urreta y su esposa María Jesús Dolara, o de los hermanos Ortigosa, Manuel y María Pilar y de Pedro Munduate y su mujer María Dolores Tellería. Muchos de ellos se han apuntado ya al próximo y atractivo desplazamiento de mayo: un crucero fluvial por el Danubio, visitando Viena y Budapest entre otras maravillosas ciudades con visita previa a Praga. Habrá varias actuaciones oficiales. Así se conmemora el vigésimo aniversario viajero, turístico y musical del Coro de Cámara Gaztelupe. Precisamente, en 1998, en su primer desplazamiento con amigos, fue a Austria y Hungría. Ya os contaré.

 

Pues bueno…

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De la Scala de Milán, al Vaticano con terremoto incluido
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Mikel Soro | 26-12-2016 | 12:47| 0

No es una broma. El Coro de Cámara Gaztelupe cantó el sábado 29 de octubre de 2016 en una misa en el altar de San José, en la basílica de San Pedro, del Vaticano, y al día siguiente se sintió en Roma el terremoto que asoló una zona a 120 kilómetros. Afortunadamente, ninguno de los viajeros del grupo guipuzcoano sufrió un solo rasguño, pero sí que todos sintieron el balanceo de sus camas durante diez segundos, la caída de perchas o el meneo de las ventanas cuando nos estaban despertando a las 7,45 de la mañana.

Los treinta y cuatro viajeros habíamos viajado a Italia para realizar un desplazamiento turístico y musical organizado por Best Travel, como siempre, que comenzó en Milán, a donde llegaron desde Hondarribia, vía Barcelona. En el Prat tuvo que hacer Mikel Plazaola presión para que el avión de Vueling esperase a las maletas de todos porque el vuelo de Hondarribia salió con retraso, a las 8,30 de la mañana. El coro estaba formado por diez voces: Mikel Plazaola, José Ramón Otero, Mikel Aldanondo, Juanjo Goikoetxea, Ramón Barandiaran, Joshean Zubeldia, Aurelio Garnica, Salva Mujika y Eric Claveres, dirigido por José Javier Etxeberria.

Nos acompañó desde la pista guipuzcoana Esmeralda Junquera, la guía para todo el desplazamiento. La novedad fue Ramón Barandiaran, abogado donostiarra y barítono de Ozenki, refuerzo traído por ‘Jotajota’. Llegamos a la capital milanesa y nos llevaron a ver el Duomo, el Castello, las galerías… En este paseo, al coro no se le ocurrió mejor idea que cantar ‘Festara’ en la Scala, bueno, a sus puertas. La gente que paseaba esa tarde del sábado se quedó gratamente sorprendida y aplaudió con entusiasmo

.VIAJE A ITALIA 015

 

Cenamos en el hotel y nos fuimos pronto a descansar. Porque el domingo nos tocaron diana a las 6 de la madrugada. Visitamos Módena, Bolonia y Siena. Recorrimos la primera bajo la lluvia. En la plaza del ayuntamiento había un mercado de productos franceses. En un puesto grande ponía ´Paella basque‘ (¡) y la que servía era una chica de Alicante. Las ostras con chardonay estaban mucho mejor. Comimos en el comedor de un camping y el vino era horrible: 5 euros la garrafa. Luego nos fuimos a Bolonia, muy bonita. El coro cantó ‘Oh salutaris hostia’ en la iglesia de San Petronio, bajo la atenta mirada del vigilante, que se quejó… de no haberle pedido permiso. Nos desplazamos hasta Siena y allí en su hotel hicimos la ‘siena’, una grappa y a la cama.

El lunes hicimos el tradicional recorrido a pie, visitando la espléndida catedral, la plaza del Campo, donde la carrera a caballo por el palio y en la de Santa Catalina, el coro cantó ‘Sancta María’. Nos fuimos a San Gimigniano para comer en el castillo de Meleto… y nos perdimos. Tres cuartos de hora más de bus, eso sí, por una zona montañosa preciosa. Volvimos a Siena. Hacía tan buena noche que Plazaola, el matrimonio Barandiarán y quien escribe cenamos en la la terraza de un ‘ristorante’.VIAJE A ITALIA 060

El martes nos íbamos a la bellísima Florencia, donde al escritor francés Sthendal le dio un patatús al contemplar su belleza. Síndrome le llaman desde entonces. Comemos en el espléndido hotel, con una amplísima terraza verde en el centro. Hay actuación del coro y solos como los de Aldanondo y Salva. Paseo vespertino por la plaza del mercado y cena de un potente grupo en la Trattoria Angiolino, a base de antipasti y bisteca Fiorentina. Disfrutamos Aldanondo, Eric, Aure, los Etxeberria, los Barandiaran y los Mikel. Hicieron una exhibición musical que aplaudieron hasta los cocineros. Y nos hicieron un descuento de 60 euros… Así canta de bien Gaztelupe. De aquí, a la cama.

Al día siguiente visitamos Pisa. Un trenecito nos llevó desde el aparcamiento hasta la zona de la torre inclinada, la iglesia y el baptisterio. Los vendedores de color no nos dejaron en paz hasta que no les adquirimos decenas de relojes de marca (falsa) por cinco y diez euros. Que pelmazos. De ahí a Pistoia pasando por Lucca, donde la guía Ilaria nos mostró lo más bonito de la ciudad casi medieval. Comimos rissoto de hongos y carne guisada. Luego a tomar una grapa o birra en Pistoia y regreso a Florencia. A la noche nos enteramos de que hubo un terremoto a 200 km. que arrasó varios pueblos. Tema principal en los informativos.

El jueves día 27 nos íbamos a Roma pasando por Asis, lugar de nacimiento de San Francisco. La guía Esmeralda no para de hablar desde las 8,15 de la mañana. Hace un día soberbio. Fotos en Asis, recorrido por la explanada del conjunto eclesiástico y llegada a Roma, para comer en el restaurante Papa Rex, donde lo hicimos la primera vez que fuimos a la capital italiana en junio del año 1999 y tuvimos un rifirrafe con el dueño mafioso. Esta vez sin incidentes. Visita panorámica y al hotel. Tras la cena, algunos zampamos un tartufo exquisito en la plaza Nabona. El viernes se anuló el largo desplazamiento a Nápoles y Capri y nos fuimos a visitar el Coliseo y Roma a pie. Comimos en el hotel aprovechamos la tarde libre para dar un paseo. Algunos cenamos en el Trastevere y nos fuimos pronto a descansar porque al día siguiente era el de la actuación en San Pedro.

Concierto en San Pedro y terremoto

El sábado amaneció con un sol espectacular, anunciando lo brillante que iba a ser la actuación del Coro de Cámara Gaztelupe en la misa de las 11 en un altar de la basílica de San Pedro. Habíamos quedado con el padre Panza a las 10.30 en la Puerta Santa para entrar con él y los 100 peregrinos de su congregación. Ni apareció, así que entramos a la basílica y nos fuimos al altar de San José. Esperamos para acceder a las sillas y bancos y allí apareció Gianni Batista Panza. Por cierto, con una exuberante tripita… El coro se puso en un lateral y comenzó cantando ‘Aita gurea’, a petición de Colino. En la homilía, el sacerdote agradeció en perfecto castellano “la presencia del Coro Gaztelupe, la dirección de José Javier Etxeberria y la dedicación del ‘presidente’ Mikel Plazaola”, entre las sonrisas de los asistentes. Siguiieron el ‘Ave María’, ‘Oh salutaris hostia’, ‘Santa María’ y ‘Canticorum’.

Al terminar la ceremonia, Panza y sus acólitos se marcharon rápidamente, por lo que no pudimos darle nada. Así que Mikel y yo nos fuimos a la sacristía para dejarle a Colino la txapela bordada, el mandil de DSS2016 y el disco del Coro Gaztelupe, que recogió el lunes cuando regreso de un concierto en Milán. Ese día comimos rápidamente porque nos llevaban a ver los Museos Vaticanos y la capilla Sixtina.

Cenamos en el hotel, nos acompañó Esmeralda y el coro cantó de todo, tanto en grupo como sus solistas. Marroquín hizo unos trucos –el de tragarse un globo es genial- y a dormir.

El domingo amanecimos con un bamboleo en las camas y el hotel, porque a las 7,45 hubo un terremoto a 120 km. de 6,5 grados que se notó en Roma. Saltaron las alarmas, claro. Hubo gente asustada que bajó en pijama a recepción. No pasó nada más. Luego hubo tiempo libre hasta mediodía, hora en la que nos dirigimos al aeropuerto de Fiumicino para regresar a Barcelona. Teníamos que coger el avión a las ocho de la noche pero se anuló el vuelo por la intensa niebla en Loiu y todo el litoral cantábrico. A pasar la noche en el Prat. Mikel Plazaola llamó al hotel para que mandase un autobús para todo el grupo. Se subieron cinco que no lo eran y Mikel tuvo que convencerles de que no podían ir con nosotros porque no cabíamos todos y el chófer no iba a conducir con viajeros sentados en el pasillo. Costó diez minutos conseguir que se bajasen. Cenamos, tomamos un trago y adormir a medianoche porque a las seis nos levantaban para volar a las ocho. Mikel coordinó estupendamente todo y a la hora en punto salíamos rumbo a un Bilbao soleado, para llegar a Donostia, Errenteria e Irún a la hora prevista.

 

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Nos mojamos en Niágara
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Mikel Soro | 11-12-2016 | 17:09| 0

Más autobús y llegada a Toronto, que la visitamos en el mismo bus. Fotos, recorrido y cena en donde elige cada uno. Nosotros, en M’ Atre, bien pero caro. El lunes dia 20 visitamos a primera hora la Torre Nacional Canadiense, de 553 metros y un mirador a 353 desde donde se ve todo Totonto entero. Es la primera imagen, tomada desde el suelo de cristal de la zona para el público. De aquí, a comer en el restaurante del hotel Crown (Corona) con vistas impecables a las cataratas. De aquí, a las cataratas de Niágara. Enseguida al barco, a coger buen sitio, a la proa. Todos con un impermeable-xira rosa. Genial, porque la embarcación canadiense se acercó mucho a la espectacular caída de las cataratas. Casi hora y media de recreo espectacular, con la espuma mojándonos a todos. El plástico sevía de poco y a nadie le importó mojarse. Luego, a tomar algo a la terraza, animada por una pareja de músicos. Ella se llama Dylan Marz. Él, guitarrista, al saber que éramos de ‘Spain’ nos dedicó ‘La bamba’. Pues muy bien. Paseo y cervezas por la calle ‘de los horrores’ local, un espacio turístico para asustar críos. Cenamos en la terraza de una cervecería bajo la tormenta y luego hicimos fotos nocturnas de las cataratas iluminadas. A dormir.

El martes, 21, diana a las 5.30 de la madrugada. Porque teníamos que pasar la frontera cerca de Búfalo y podíamos tirarnos mucho tiempo. En una hora nos dieron el visado y seguimos ruta. Comimos en Peral Street y se organizó un pequeño lío porque donde comimos ene. Primer piso no servían cervezas. Al final se arregló todo y pusieron en marcha los cañeros. El coro cantó ‘El menú’, ‘Maitia nun zira’, Aldanondo y Salva se marcaron un solo y luego el mismo Mikel y Arantxa Martínez cantaron un dueto. De ahí a Corming, un pueblito que sólo tiene dos calles y un museo del vidrio. En la cena, Jesús Marroquí, un hombre con problemas de movilidad y atención, nos hizo unos trucos de manos. Luego directos al hotel Radisson, excepto los que nos tomamos algo por el camino.

New York, New York….

El miércoles 22 nos pusimos en camino a Nueva York. Demasiado tiempo en bus. Hubo circulación lenta por un incendio forestal y llegamos a media tarde. Visita por la ciudad. Noche libre. Nos vamos a cenar al Noho, andando hasta el sureste de Manhattan. En ‘El sombrero’, de un portorriqueño. Hamburguesa y cerveza. El barrio hierve de ambiente.

El jueves 23 realizamos un recorrido en bus por la mañana y me anuncia mi hija Nerea por el móvil que ya soy abuelo por primera vez. El coro me canta ‘Zorionak zuri’ en el bus después de que Mikel lo anuncie y recibo algunas felicitaciones muy cariñosas. Visitamos la Zona Cero de las Torres Gemelas, ahora la Torre de la Libertad, la Quinta Avenida, Central Park por fuera… Comemos donde podemos. Una pequeña siesta y por la noche, recorrido en bus por el Nueva York de luces. Viene a buscarnos Iban Ubarretxena, amigo de Mikel, y los tres nos vamos al Noho, el barrio del noroeste, al otro lado del Soho, lleno de restaurantes y bares con música. Tomamos un par de txupitos de ron, escuchamos a una banda melosa en uno y luego a un grupo magnífico de rap-rock, o lo que fuera, y nos volvimos a las dos horas al hotel, nosotros, e Iban a su casa. Al dia siguiente nos íbamos a ver de nuevpo en la fiesta de la Euzko Etxea.

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Las bellas Montreal, Quebec y Ottawa
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Mikel Soro | 20-07-2016 | 15:57| 0

El inicio del desplazamiento fue especialmente turístico, por las ciudades más bellas del este canadiense. El viaje comenzó el martes 14 en el aeropuerto de Loiu, donde cogimos un vuelo a Munich. Comimos en sus instalaciones, salchicha y cerveza, claro, y a media tarde nos subimos a un 747 de Lufthansa para viajar hasta Montreal, la famosa sede olímpica del año 1976, que hizo mundialmente famosa a la gimnasta rumana Nadia Comaneci. Curioso incidente: nada mas despegar, una azafata tira media bandeja de zumo de naranja sobre Pepe Castillo. Le indemnizan con 20 euros para la tintoreria… Llegamos ocho horas después. Damos una pequeña vuelta, tomamos unas cervezas y hasta el día siguiente. El miércoles visitamos la ciudad en bus. En la explanada del Chalet de Mont Royal (Montreal en inglés) había una pianista y el coro canta ‘Boga Boga’ acompañado al piano por Luis Aranalde. Muy bonito, mejorado por el sol y por las vistas. Esta es la foto.

Por la tarde, desplazamiento a la bellísima y francófona Québec. Nos maravilló su vieja ciudad amurallada, declarada  Patrimonio Universal. Todos cenamos en sus acogedores restaurantes. El vino, carísimo.  Un tinto normal, 50 dólares canadienses, unos 35 euros. Más el 15% de propina. Pero felices. Había una fiesta callejera de alto copete, para jóvenes, al lado del hotel. Nos quedamos un rato a verla… y enseguida a a dormir. Porque el jueves madrugábamos. A las 6 de la mañana. Nos íbamos a Tadoussac. Tres horas de bus para ver las ballenas que van al estuario del río San Lorenzo después de comer. Como curiosidad, al final cruzamos en ferry porque no hay carretera en el fiordo de la ruta. A medio camino paramos para ver la catarata de Montmorency, de 83 metros, con vistas espectaculares a través de un pasillo. Demasiado bus para este plan porque ballenas vimos muy pocas. Cenamos en Québec y la camarera, Emilie, que nos atendió a Mikel Plazaola, Jesús Irigoyen, Imanol Petrirena, Jayo, Vicario y a mí, hablaba castellano perfectamente. Abajo, imagen de la parte vieja de Quebec.

El viernes 17 nos desplazamos a Mont Tremblant, una zona de esquí para ricos (como nosotros). Antes paramos en el poblado indio de los hurones. El buen tiempo seguía reinando y el sol hizo que fuese una visita atractiva. A la hurona le cantamos Boga boga porque nos sentó en unas traineras utilizadas por sus antepasados. Eso decía… En el camino paramos a comer en la Cabaña de Azúcar, donde nos mostraron el método para extraer el jarabe del arce, el árbol nacional canadiense. Lo probamos y lo aprobamos. Muy sabroso y sano. Comimos en una cantina gigantesca. El coro cantó ‘Festara’ de despedida y los clientes aplaudieron y fotografiaron al otxote atónitos por lo bien que sonó. Al bus otra vez. Llegamos a Mont Tremblant, cenamos en una terraza y nada más. No tenía especial atractivo… Cosas de los tour-operadores.

El sábado 18 nos dirigimos a la capital, Ottawa. Paramos en el parque Omega, donde hay animales sueltos: jabalíes, osos, búfalos, castores, alces… En la imagen, Irigoien da una zanahoria a un cervatillo mientras Jota Jota le acaricia el lomo. En la capital canadiense comimos de buffet, bien, y luego tomamos una cerveza en una terraza. Muy animado todo, claro, junto al mercado viejo. El coro hizo un ensayo en el hotel y Salva sacó su jamón (que pudo pasar porque estaba al vacío y se lo dijo a la agente de la aduana) y su vino. El resto, a ver la ciudad. Por la noche, gintonic (ni parecido al de aquí) en un local gigantesco de cuatro o cinco barras y música, llamado El barrio irlandés, con ambientazo. Y a dormir.

El domingo 19 realizamos un crucero por la región de las Mil Islas, en el río San Lorenzo, frontera con Estados Unidos. Precioso, soleado. Hay 1.800 islotes, que son tales si tienen al menos dos árboles. Algunos, tan pequeños que apenas cabe una especie de caseta, en la que si sales medio dormido te caes al agua. Otras tienen hasta un castillo, como el que construyó un muntimillonario, el dueño del hotel Waldorf neoyorquino, para su esposa. Entre ellas está el puente internacional más pequeño del mundo. Une dos islitas entre EE UU y Canadá y mide tres metros. Comida buffet en un txiringo de allí (flojo por cierto) y salida hacia Toronto. Os muestro una imagen del castillo gubernamental de la capital.

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Todos felices en la Euzko Etxea
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Mikel Soro | 11-12-2016 | 17:04| 0

Resultó entrañable y magnífica la fiesta que celebraron juntos los socios de la Euzko Etxea de Nueva York, presidida por el donostiarra Iban Ubarretxena Belandia, los 47 viajeros que acompañaron a un otxote del prestigioso Coro de Cámara Gaztelupe y varios amigos y socios en la sede vasca ubicada en Brooklyn. El ambiente de camaradería y amistad duró desde las siete de la tarde del viernes día 24 hasta la medianoche “porque el conductor del autobús tenía que irse a descansar”. El lehendakari, de familia koxkera, con un negocio familiar de flores en la Bretxa, y que trabaja como científico en el laboratorio del prestigioso hospital Monte Sinaí neoyorquino, preparó con esmero la ambientación del comedor, en la planta baja de la eusko etxea. Se trata de un edificio de dos alturas, de ladrillo  rojo, en una tranquila zona del barrio. Le ayudaron el hernaniarra Iñaki Bakedano en la cocina, Gari Udade en la barra del bar y la andoaindarra y ex presidenta Itziar Albisu. Al entrar, Ubarretxena reconoció a Salva Mujika, con quien coincidió en el Atlético San Sebastián en sus días donostiarras, mientras que Albisu recordó con el también andoaindarra Jesús Irigoien sus años juveniles en el pueblo.

Entrada a la Euzko Etxea de Nueva York, en Brooklyn.

La sociedad está adornada con fotos enmarcadas de pelotaris y eventos, elementos del deporte rural como dos piedras cúbicas y una redonda, un roble en cuyas hojas de metal figuran nombres de socios y otros elementos que les vinculan con su tierra. Están en plenas obras “y hemos tenido que mirar muchos presupuestos”, le decía Iban a Mikel Plazaola, de su cuadrilla en Donostia.

Los ocho coralistas que ofrecieron lo mejor de su amplio repertorio fueron Mikel Plazaola, Jesús Irigoyen, Mikel Aldanondo, Imanol Petrirena, Joshean Zubeldia, Salva Mujika, Aurelio Garnica y José Javier Etxeberria, el director. A destacar la soltura y calidad vocal del joven Imanol, tenor del Coro Easo, a punto de cumplir los 23 años. Ellos amenizaron la cena con varias interpretaciones, como ‘Festara’, ‘El menú’, ‘Ume eder bat’, ‘La jota’, interpretada por un inmenso Plazaola y Jota’Jota, ‘Maitia nun zira’, ‘Elurra’, ‘En mi viejo San Juan’… y ‘Haurtxo polita’ cantada por Arantxa, la esposa del director, que también cantó acompañando la interpretación de Mikel Aldanondo ‘Ruiseñor’ y un solo de Petrirena que hicieron las delicias de los vascos afincados en Nueva York y de los acompañantes. También viajaron con los coralistas algunas esposas o parejas, como Mari Carmen Iturbe (Aldanondo), Puri Ubriz (Garnica) y Arantxa Martínez (Jota-Jota Etxeberria).

El chaval, Imanol Petrirena, canta un solo para toda la concurrencia de la Eusko Etxea.

Como en casi todos los viajes, estaban la errenteriarra Esther Gómez de Segura, con sus 90 juveniles años, Mikeli Oiarbide, Pili Olano, Isaac Uriarte y Begoña Garitonandia. Otros habituales como José Mari Etxeberria y Gloria Rodríguez, el arquitecto Ignacio Mendiola y su esposa Virginia Munoa, Karl Wengert y María José Suárez, María Jesús Tapia y José Alberto Sarasa, María Angeles Nanclares, Feli García, Ana Soto, Javier Gastesi y Mari Carmen López Iturriaga.

En el café se realizó el protocolario acto de entrega de regalos. Primero un disco del coro para el guía uruguayo José Luis Andrés, un tipo simpático donde los haya. Luego, el joven cantante Imanol fue el elegido para imponer a Pili Olano, como una de las más veteranas acompañantes del Coro Gaztelupe, uno de los mandiles regalados por el departamento de Marketing y Comunicación de SSDonostia 20l6 con el anagrama del evento. Después, la jovencísima Ane Castello de la Caba, de 23 añitos recién cumplidos, fue la encargada de colocar la camiseta de la Real Sociedad, grabada con su apellido, a Ubarretxena. La donó el club a través de su gerente, Iñaki Otegi, cuando supo que el coro iba a cantar en la euskaletxea neoyorquina. Yo le coloco al lehendakari el tradicional delantal de SSD2016 y finalmente, Mikel Plazaola le impuso la txapela bordada con la fecha de la visita y un disco del coro.

Enrique Arana, oñatiarra afincado en Nueva York, junto a dos socias de la sede vasca neoyorquina.

Estuvo muy atenta y divertida Claudia, la esposa mexicana de Iban, que trabaja en la ONU, así como sus hijas Alazne y Olatz. Tambíen el oñatiarra Enrique Arana, con sus más de ocho apellidos vascos, afincado hace décadas en N.Y.C. Grabó las actuaciones la periodista donostiarra Naiara Eizagirre, popular en TeleDonosti hace poco tiempo, que va a seguir tres años más en la gran manzana gracias a sus trabajos periodísticos y reporteriles. Es hija de Luisa Paulos, que viajó con su amiga Loli Estévez. También viajaron por primera vez el sacerdote Luis Pedro Aranalde, ex profesor del Lieceo Santo Tomás y ahora organista del Buen Pastor, que tuvo tiempo de tocar el piano en un par de ocasiones, Iñaki Urionabarrenechea, conocido por su segundo apellido, Jayo, acompañado de su amigo José Mari Vicario, Pepe Castillo y María Jesús Otero, Jesús Mari Beloqui y María Teresa Mendizabal, Manuel e Isabel Ortigosa… A destacar la presencia de Jesús Marroquín, que se destapó como un experto en trucos de magia y juegos de manos, que exhibió en una cena del viaje y en el fin de fiesta neoyorquina, antes de la foto final del grupo con sus anfitriones.

Con la interpretación de ‘Hartzaiaren egoak’ culminó la celebración en la eusko etxea de Nueva York, donde finalizó un magnífico viaje musical y turístico que empezó en las ciudades canadienses de Montreal, Québec, Ottawa, Toronto, incluídas las cataratas de Niagara, siguió por la estadounidense Búffalo y acabó en la ciudad que nunca duerme.

 

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Sobre el autor Mikel Soro