Diario Vasco
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Nos mojamos en Niágara
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Mikel Soro | 20-07-2016 | 15:58| 0

Más autobús y llegada a Toronto, que la visitamos en el mismo bus. Fotos, recorrido y cena en donde elige cada uno. Nosotros, en M’ Atre, bien pero caro. El lunes dia 20 visitamos a primera hora la Torre Nacional Canadiense, de 553 metros y un mirador a 353 desde donde se ve todo Totonto entero. Es la primera imagen, tomada desde el suelo de cristal de la zona para el público. De aquí, a comer en el restaurante del hotel Crown (Corona) con vistas impecables a las cataratas. De aquí, a las cataratas de Niágara. Enseguida al barco, a coger buen sitio, a la proa. Todos con un impermeable-xira rosa. Genial, porque la embarcación canadiense se acercó mucho a la espectacular caída de las cataratas. Casi hora y media de recreo espectacular, con la espuma mojándonos a todos. El plástico sevía de poco y a nadie le importó mojarse. Luego, a tomar algo a la terraza, animada por una pareja de músicos. Ella se llama Dylan Marz. Él, guitarrista, al saber que éramos de ‘Spain’ nos dedicó ‘La bamba’. Pues muy bien. Paseo y cervezas por la calle ‘de los horrores’ local, un espacio turístico para asustar críos. Cenamos en la terraza de una cervecería bajo la tormenta y luego hicimos fotos nocturnas de las cataratas iluminadas. A dormir.

El martes, 21, diana a las 5.30 de la madrugada. Porque teníamos que pasar la frontera cerca de Búfalo y podíamos tirarnos mucho tiempo. En una hora nos dieron el visado y seguimos ruta. Comimos en Peral Street y se organizó un pequeño lío porque donde comimos ene. Primer piso no servían cervezas. Al final se arregló todo y pusieron en marcha los cañeros. El coro cantó ‘El menú’, ‘Maitia nun zira’, Aldanondo y Salva se marcaron un solo y luego el mismo Mikel y Arantxa Martínez cantaron un dueto. De ahí a Corming, un pueblito que sólo tiene dos calles y un museo del vidrio. En la cena, Jesús Marroquí, un hombre con problemas de movilidad y atención, nos hizo unos trucos de manos. Luego directos al hotel Radisson, excepto los que nos tomamos algo por el camino.

New York, New York….

El miércoles 22 nos pusimos en camino a Nueva York. Demasiado tiempo en bus. Hubo circulación lenta por un incendio forestal y llegamos a media tarde. Visita por la ciudad. Noche libre. Nos vamos a cenar al Noho, andando hasta el sureste de Manhattan. En ‘El sombrero’, de un portorriqueño. Hamburguesa y cerveza. El barrio hierve de ambiente.

El jueves 23 realizamos un recorrido en bus por la mañana y me anuncia mi hija Nerea por el móvil que ya soy abuelo por primera vez. El coro me canta ‘Zorionak zuri’ en el bus después de que Mikel lo anuncie y recibo algunas felicitaciones muy cariñosas. Visitamos la Zona Cero de las Torres Gemelas, ahora la Torre de la Libertad, la Quinta Avenida, Central Park por fuera… Comemos donde podemos. Una pequeña siesta y por la noche, recorrido en bus por el Nueva Cork de luces. Viene a buscarnos Iban Ubarretxena, amigo de Mikel

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Las bellas Montreal, Quebec y Ottawa
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Mikel Soro | 20-07-2016 | 15:57| 0

El inicio del desplazamiento fue especialmente turístico, por las ciudades más bellas del este canadiense. El viaje comenzó el martes 14 en el aeropuerto de Loiu, donde cogimos un vuelo a Munich. Comimos en sus instalaciones, salchicha y cerveza, claro, y a media tarde nos subimos a un 747 de Lufthansa para viajar hasta Montreal, la famosa sede olímpica del año 1976, que hizo mundialmente famosa a la gimnasta rumana Nadia Comaneci. Curioso incidente: nada mas despegar, una azafata tira media bandeja de zumo de naranja sobre Pepe Castillo. Le indemnizan con 20 euros para la tintoreria… Llegamos ocho horas después. Damos una pequeña vuelta, tomamos unas cervezas y hasta el día siguiente. El miércoles visitamos la ciudad en bus. En la explanada del Chalet de Mont Royal (Montreal en inglés) había una pianista y el coro canta ‘Boga Boga’ acompañado al piano por Luis Aranalde. Muy bonito, mejorado por el sol y por las vistas. Esta es la foto.

Por la tarde, desplazamiento a la bellísima y francófona Québec. Nos maravilló su vieja ciudad amurallada, declarada  Patrimonio Universal. Todos cenamos en sus acogedores restaurantes. El vino, carísimo.  Un tinto normal, 50 dólares canadienses, unos 35 euros. Más el 15% de propina. Pero felices. Había una fiesta callejera de alto copete, para jóvenes, al lado del hotel. Nos quedamos un rato a verla… y enseguida a a dormir. Porque el jueves madrugábamos. A las 6 de la mañana. Nos íbamos a Tadoussac. Tres horas de bus para ver las ballenas que van al estuario del río San Lorenzo después de comer. Como curiosidad, al final cruzamos en ferry porque no hay carretera en el fiordo de la ruta. A medio camino paramos para ver la catarata de Montmorency, de 83 metros, con vistas espectaculares a través de un pasillo. Demasiado bus para este plan porque ballenas vimos muy pocas. Cenamos en Québec y la camarera, Emilie, que nos atendió a Mikel Plazaola, Jesús Irigoyen, Imanol Petrirena, Jayo, Vicario y a mí, hablaba castellano perfectamente. Abajo, imagen de la parte vieja de Quebec.

El viernes 17 nos desplazamos a Mont Tremblant, una zona de esquí para ricos (como nosotros). Antes paramos en el poblado indio de los hurones. El buen tiempo seguía reinando y el sol hizo que fuese una visita atractiva. A la hurona le cantamos Boga boga porque nos sentó en unas traineras utilizadas por sus antepasados. Eso decía… En el camino paramos a comer en la Cabaña de Azúcar, donde nos mostraron el método para extraer el jarabe del arce, el árbol nacional canadiense. Lo probamos y lo aprobamos. Muy sabroso y sano. Comimos en una cantina gigantesca. El coro cantó ‘Festara’ de despedida y los clientes aplaudieron y fotografiaron al otxote atónitos por lo bien que sonó. Al bus otra vez. Llegamos a Mont Tremblant, cenamos en una terraza y nada más. No tenía especial atractivo… Cosas de los tour-operadores.

El sábado 18 nos dirigimos a la capital, Ottawa. Paramos en el parque Omega, donde hay animales sueltos: jabalíes, osos, búfalos, castores, alces… En la imagen, Irigoien da una zanahoria a un cervatillo mientras Jota Jota le acaricia el lomo. En la capital canadiense comimos de buffet, bien, y luego tomamos una cerveza en una terraza. Muy animado todo, claro, junto al mercado viejo. El coro hizo un ensayo en el hotel y Salva sacó su jamón (que pudo pasar porque estaba al vacío y se lo dijo a la agente de la aduana) y su vino. El resto, a ver la ciudad. Por la noche, gintonic (ni parecido al de aquí) en un local gigantesco de cuatro o cinco barras y música, llamado El barrio irlandés, con ambientazo. Y a dormir.

El domingo 19 realizamos un crucero por la región de las Mil Islas, en el río San Lorenzo, frontera con Estados Unidos. Precioso, soleado. Hay 1.800 islotes, que son tales si tienen al menos dos árboles. Algunos, tan pequeños que apenas cabe una especie de caseta, en la que si sales medio dormido te caes al agua. Otras tienen hasta un castillo, como el que construyó un muntimillonario, el dueño del hotel Waldorf neoyorquino, para su esposa. Entre ellas está el puente internacional más pequeño del mundo. Une dos islitas entre EE UU y Canadá y mide tres metros. Comida buffet en un txiringo de allí (flojo por cierto) y salida hacia Toronto. Os muestro una imagen del castillo gubernamental de la capital.

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Todos felices en la Euzko Etxea
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Mikel Soro | 20-07-2016 | 15:55| 0

Resultó entrañable y magnífica la fiesta que celebraron juntos los socios de la Euzko Etxea de Nueva York, presidida por el donostiarra Iban Ubarretxena Belandia, los 47 viajeros que acompañaron a un otxote del prestigioso Coro de Cámara Gaztelupe y varios amigos y socios en la sede vasca ubicada en Brooklyn. El ambiente de camaradería y amistad duró desde las siete de la tarde del viernes día 24 hasta la medianoche “porque el conductor del autobús tenía que irse a descansar”. El lehendakari, de familia koxkera, con un negocio familiar de flores en la Bretxa, y que trabaja como científico en el laboratorio del prestigioso hospital Monte Sinaí neoyorquino, preparó con esmero la ambientación del comedor, en la planta baja de la eusko etxea. Se trata de un edificio de dos alturas, de ladrillo  rojo, en una tranquila zona del barrio. Le ayudaron el hernaniarra Iñaki Bakedano en la cocina, Gari Udade en la barra del bar y la andoaindarra y ex presidenta Itziar Albisu. Al entrar, Ubarretxena reconoció a Salva Mujika, con quien coincidió en el Atlético San Sebastián en sus días donostiarras, mientras que Albisu recordó con el también andoaindarra Jesús Irigoien sus años juveniles en el pueblo.

Entrada a la Euzko Etxea de Nueva York, en Brooklyn.

La sociedad está adornada con fotos enmarcadas de pelotaris y eventos, elementos del deporte rural como dos piedras cúbicas y una redonda, un roble en cuyas hojas de metal figuran nombres de socios y otros elementos que les vinculan con su tierra. Están en plenas obras “y hemos tenido que mirar muchos presupuestos”, le decía Iban a Mikel Plazaola, de su cuadrilla en Donostia.

Los ocho coralistas que ofrecieron lo mejor de su amplio repertorio fueron Mikel Plazaola, Jesús Irigoyen, Mikel Aldanondo, Imanol Petrirena, Joshean Zubeldia, Salva Mujika, Aurelio Garnica y José Javier Etxeberria, el director. A destacar la soltura y calidad vocal del joven Imanol, tenor del Coro Easo, a punto de cumplir los 23 años. Ellos amenizaron la cena con varias interpretaciones, como ‘Festara’, ‘El menú’, ‘Ume eder bat’, ‘La jota’, interpretada por un inmenso Plazaola y Jota’Jota, ‘Maitia nun zira’, ‘Elurra’, ‘En mi viejo San Juan’… y ‘Haurtxo polita’ cantada por Arantxa, la esposa del director, que también cantó acompañando la interpretación de Mikel Aldanondo ‘Ruiseñor’ y un solo de Petrirena que hicieron las delicias de los vascos afincados en Nueva York y de los acompañantes. También viajaron con los coralistas algunas esposas o parejas, como Mari Carmen Iturbe (Aldanondo), Puri Ubriz (Garnica) y Arantxa Martínez (Jota-Jota Etxeberria).

El chaval, Imanol Petrirena, canta un solo para toda la concurrencia de la Eusko Etxea.

Como en casi todos los viajes, estaban la errenteriarra Esther Gómez de Segura, con sus 90 juveniles años, Mikeli Oiarbide, Pili Olano, Isaac Uriarte y Begoña Garitonandia. Otros habituales como José Mari Etxeberria y Gloria Rodríguez, el arquitecto Ignacio Mendiola y su esposa Virginia Munoa, Karl Wengert y María José Suárez, María Jesús Tapia y José Alberto Sarasa, María Angeles Nanclares, Feli García, Ana Soto, Javier Gastesi y Mari Carmen López Iturriaga.

En el café se realizó el protocolario acto de entrega de regalos. Primero un disco del coro para el guía uruguayo José Luis Andrés, un tipo simpático donde los haya. Luego, el joven cantante Imanol fue el elegido para imponer a Pili Olano, como una de las más veteranas acompañantes del Coro Gaztelupe, uno de los mandiles regalados por el departamento de Marketing y Comunicación de SSDonostia 20l6 con el anagrama del evento. Después, la jovencísima Ane Castello de la Caba, de 23 añitos recién cumplidos, fue la encargada de colocar la camiseta de la Real Sociedad, grabada con su apellido, a Ubarretxena. La donó el club a través de su gerente, Iñaki Otegi, cuando supo que el coro iba a cantar en la euskaletxea neoyorquina. Yo le coloco al lehendakari el tradicional delantal de SSD2016 y finalmente, Mikel Plazaola le impuso la txapela bordada con la fecha de la visita y un disco del coro.

Enrique Arana, oñatiarra afincado en Nueva York, junto a dos socias de la sede vasca neoyorquina.

Estuvo muy atenta y divertida Claudia, la esposa mexicana de Iban, que trabaja en la ONU, así como sus hijas Alazne y Olatz. Tambíen el oñatiarra Enrique Arana, con sus más de ocho apellidos vascos, afincado hace décadas en N.Y.C. Grabó las actuaciones la periodista donostiarra Naiara Eizagirre, popular en TeleDonosti hace poco tiempo, que va a seguir tres años más en la gran manzana gracias a sus trabajos periodísticos y reporteriles. Es hija de Luisa Paulos, que viajó con su amiga Loli Estévez. También viajaron por primera vez el sacerdote Luis Pedro Aranalde, ex profesor del Lieceo Santo Tomás y ahora organista del Buen Pastor, que tuvo tiempo de tocar el piano en un par de ocasiones, Iñaki Urionabarrenechea, conocido por su tercer apellido, Jayo, acompañado de su amigo José Mari Vicario, Pepe Castillo y María Jesús Otero, Jesús Mari Beloqui y María Teresa Mendizabal, Manuel e Isabel Ortigosa… A destacar la presencia de Jesús Marroquín, que se destapó como un experto en trucos de magia y juegos de manos, que exhibió en una cena del viaje y en el fin de fiesta neoyorquina, antes de la foto final del grupo con sus anfitriones.

Con la interpretación de ‘Hartzaiaren egoak’ culminó la celebración en la eusko etxea de Nueva York, donde finalizó un magnífico viaje musical y turístico que empezó en las ciudades canadienses de Montreal, Québec, Ottawa, Toronto, incluídas las cataratas de Niagara, siguió por la estadounidense Búffalo y acabó en la ciudad que nunca duerme.

 

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Fiesta y música en Nueva York
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Mikel Soro | 20-07-2016 | 15:54| 0

“Volved cuanto antes”. Fue el resumen del corto discurso en euskera y castellano que Iban Ubarretxena, lehendakari de la Eusko Etxea de Nueva York, dirigió al grupo de casi 50 personas que formaba el otxote del coro Gaztelupe y sus acompañantes guipuzcoanos. Fue el viernes día 24, cuando en la sede del edificio de dos plantas de la sede vasca en el barrio de Brooklyn, se reunieron para compartir unas horas de charla, amistad y una cena sabrosa amenizada con las canciones de la coral donostiarra.

Una hora antes de la cita, Iban Ubarretxena, lehendakari, donostiarra y científico responsable del laboratorio del famoso hospital Monte Sinaí, había dispuesto las mesas junto a la expresidenta, la andoaindarra Itziar Albisu y Gari Udade, periodista afincado en la ciudad. En la cocina, un inmenso Iñaki Bakedano, de Hernani, había preparado una exquisita sopa de espárragos, ensalada y toneladas de sabrosa costilla. De postre, tarta de chocolate. Para beber, vino de Rioja López de Haro. Que supo a gloria a todos los comensales. Entre los asistentes, estaban Claudia, la esposa mejicana de Iban, sus dos hijas Alazne y Olatz, el oñatiarra Enrique Arana y otros amigos vascos residentes en la gran manzana.

El otxote Gaztelupe inició su actuación con ‘Festara’ y repartió otras canciones como ‘Hegoak’, ‘La jota’, con un Mikel Plazaola sobresaliente, ‘En mi viejo San Juan’, interpretado con armoniosa melosidad por el director Jota-Jota Etxeberria y otras interpretaciones como ‘Ume eder bat’ y ‘Haurtxo polita’, interpretada magistralmente, como siempre, por Arantxa, esposa del director. . El otxote estuvo compuesto por Mikel Plazaola, Jesús Irigoyen, Mikel Aldanondo, Imanol Petrirena –un debut excepcional de este joven coralista del Easo-, Joshean Zubeldia, Salva Mujika y Aurelio Garnica, dirigidos por José Javier Etxeberria. Los aplausos de todos ratificaron la calidad del otxote.

Cantando ‘En mi viejo San Juan’, con todos los asistentes entonando el ‘adiós, adiós’ con el pañuelo.

Con DSS2016 y la Real

Como es habitual, el coro repartió los regalos que siempre llevan para los anfitriones. Un disco de la coral para el guía uruguayo José Luis Andrés. Un delantal de Donostia Ciudad Cultural 2016 para Pili Olano, una de las más antiguas acompañantes del Coro Gaztelupe, otro igual para el cocinero Iñaki Bakedano por su enorme esfuerzo en los fogones de la Eusko Etxea. Para el lehendakari, que se volcó en organizar esta celebración, quedaron el disco del coro, el mandil que facilitó el departamento de Marketing y Comunicación de DSS2016 para este encuentro, una camiseta de la Real Sociedad, con su apellido a la espalda, donada por el club a través de su gerente Iñaki Otegi, y la tradicional txapela que le impuso Plazaola, responsable del viaje y amigo personal de Iban Ubarrextena.

Iban Ubarretxena, de la Real y de DSS2016, agradece en euskera y castellano la visita del grupo del Coro Gaztelupe.

Emocionado por todo, el lehendakari agradeció la presencia del grupo, explicó la trayectoria de 103 años de la eusko etxea, “nacida para ayudar a los vascos que llegaban como emigrantes a Nueva York, para trabajar en su puerto, en las fábricas o de paso hacia las zonas de pastoreo del oeste”. Recalcó que la sede vasca está en obras, “muy costosas, por lo que hubo que mirar muchos presupuestos” y que “sigue siendo un lugar de acogida para todos los vascos que visiten Nueva York”. La fiesta culminó con la  interpretación por todos de ‘Hartzaiaren egoak’, que tradicionalmente cierra en la eusko etxea neoyorquina sus celebraciones.

El Coro Gaztelupe con los agasajados: Iñaki Bakedano, Pili Olano e Iban Ubarretxena. 

Finalizaba así un viaje que se había iniciado diez días antes en Canada, donde el grupo pudo disfrutar de la belleza de Montreal, Québec, Ottawa, Toronto y las cataratas de Niágara en un viaje organizado, como siempre, por la agencia donostiarra Best Travel.

En próximas crónicas os sigo contando curiosidades de este viaje inolvidable.

 

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Concierto conjunto con Aizkoa, de Baiona
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Mikel Soro | 20-07-2016 | 15:53| 0

Resultó un éxito la doble cita de los coros Gaztelupe y Aizkoa en la iglesia de San Ignacio, de Gros, en un concierto en el que cantaron por separado, primero, y juntos al finalizar la actuación. Primero actuó la coral guipuzcoana, dirigida por José Javier Etxeberria, interpretando media docena de obras. En la segunda parte lo hizo el coro de Baiona, dirigido magistralmente por Patrick Betachet.

El prestigioso coro de Cámara Gaztelupe estuvo compuesto por dieciocho voces: Jesús Santos, Jesús Mari Irigoyen, Josetxo Urain, José Mari Murua, Xavier Maresma, Nika Daguer, Juanjo Goikoetxea, Mikel Aldanondo, Isidro Bengoetxea, Jon Garaizabal, Regino Ortega, José Antonio Soliño, Bittor Alkorta, Salva Mujika, Joshean Zubeldia, Jean Marie Carricano, Eric Claveres y Paco Apellaniz. Ortega y Etxeberria hicieron los solos de ‘Bakartasuna’, versión en euskera escrita por Zubeldia de una popular canción rusa, y Etxeberria de ‘Go down Moses’. Lo bordaron, como siempre.

En los bancos delanteros se sentaron las esposas de varios de sus componentes, como Karmentxu Ortega, Arantxa Martínez, Begoña Barrenetxea, María Jesús Arregi, Lourdes Do Santos y Nieves Zubiri. Otras parejas más se sentaron entre los numerosos asistentes. A pesar de ser jornada de Caldereros, que atraen a numeroso públco, el templo se llenó de personas.

El coro Aizkoa salió vestido con un kaiku verde oscuro y maravilló a la atestada concurrencia de acudió a la cita. Voces perfectamente empastadas y brillantes. Deleitó la interpretación de Claveres, que también canta en esta coral, de ‘Bodegonero’.  Otros solistas fueron Alain Richard, Pierre Trocq, Daniel Carriere y Jean Marie Bidegainberry.

Finalmente, se juntaron los dos coros y cantaron, bajo la dirección de Betachet, ‘Illunabarra’, ‘Boga boga’ y ‘Ume eder bat’, con el solo de Etxeberria. Finalmente, como despedida, interpretaron ‘Agur jaunak’. Los intensos aplausos finales rubricaron y premiaron el excelente concierto de ambos coros.

Posteriormente cenaron todos, 48 personas, en la sede de la Gimnástica de Ulía, donde su presidente Juantxo Apilanez les acogió con enorme cariño, junto con los cocineros Urrestarazu y Lauren. El menú estuvo compuesto por sopa de pescado, merluza al horno, solomillo con piquillos y buñuelos. Nada menos que 350 preparó Lauren… Antes, durante y después de la cena hubo amenización musical por parte de los integrantes del coro Gaztelupe, que dejó con la boca abierta, y no de hambre, a los de Iparralde. Los cantantes bayoneses los más felices de la tierra en esa noche.

Os dejo unas fotos de ambos coros, Gaztelupe y Aizkoa, más otras de ambos juntos tras cantar al final del concierto.  No son de calidad porque no hubo suficiente luz.

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Sobre el autor Mikel Soro