Durante la convivencia entre perros y seres humanos surgen a veces algunas dificultades, producto del comportamiento de los animales. Estas dificultades se denominan "problemas de conducta". Sin embargo, esta definición muchas veces no es compatible con la realidad.
El hecho de que el comportamiento de un perro no sea del agrado de su dueño o que le cause algunos problemas, no significa necesariamente que la conducta sea anormal o que se trate de un verdadero trastorno de conducta, sino más bien comportamientos normales para el perro pero indeseables para su dueño.
En general, muchos de los comportamientos indeseables que presentan los perros son reacciones normales ante diversas situaciones conflictivas que les plantean sus propietarios.
Veamos un ejemplo. Ringo era un cachorro de Siberian Husky al cual su propietario solía dejar mucho tiempo solo durante el día, ya que trabajaba más de diez horas diarias. Como Ringo se aburría sobremanera, solía romper diversas cosas. De regreso al hogar, su dueño lo castigaba por su "mala conducta". Hasta que un día Ringo, mediante un gruñido, le demostró a su ocupado propietario que no toleraría ser castigado nuevamente. Esto fue suficiente para que la persona en cuestión solicitase una entrevista.
Resultó algo difícil convencerlo de que Ringo no tenía ningún problema de conducta sino que en realidad era él quien tenía un problema por la conducta de su perro, provocada por una situación que era incompatible con las necesidades del animal. Fue así como el contratar a un paseador de perros y el brindarle a Ringo objetos alternativos aptos para su destrucción solucionaron el problema.
Por supuesto que muchas conductas indeseables pueden ser verdaderamente anormales y además tener su origen en trastornos orgánicos de diversa índole. Si un perro comienza a orinar dentro de la casa por producir una mayor cantidad de orina a causa de una diabetes mellitus, su dueño no resolverá el problema a menos que un médico veterinario implemente un tratamiento para esta enfermedad.
Cuando un perro presenta un comportamiento indeseable para su dueño resulta entonces imprescindible diagnosticar si ese problema se debe a un comportamiento normal o anormal del animal. La consulta a un especialista en comportamiento animal será de vital importancia, ya que nadie mejor que ellos para determinarlo.
Caramelo, un dulce Beagle de 1 año, destroza la casa cada vez que se queda solo. Su dueño, Roberto, cree que lo hace como venganza porque no lo lleva con él. En cambio, para el médico veterinario especialista en comportamiento animal que atiende el caso Caramelo sufre de ansiedad por separación y por lo tanto le indica terapia comportamental y una medicación. Roberto, que es médico, se informa acerca de dicha medicación y se asombra al notar que se trata de un antidepresivo.
Nipur, un Collie de 2 años, agredió repentinamente a su dueña. Para llegar a un diagnóstico le realizaron, entre otras cosas, un electroencefalograma computarizado y un mapeo cerebral.
Estos ejemplos, que algunos años atrás hubieran existido sólo en la fantasía, son reales. Tal es así que para muchas personas lo sucedido con Caramelo y Nipur es sólo una muestra de que nuestros animales de compañía son tan "humanos" como nosotros. Sin embargo, podemos dar otra visión acerca de ello.
Los perros y los gatos reaccionan ante situaciones ambientales inadecuadas de diversas maneras; los humanos también lo hacemos. Los humanos tenemos emociones primarias tales como el miedo; ellos también. Los humanos tenemos emociones secundarias (sentimientos) y algunas especies animales seguramente también las tengan. Los animales pueden sufrir alteraciones en su comportamiento muchas de las cuales, al igual que en el caso de los humanos, probablemente se deban a problemas de adaptación al medio en el cual deben vivir y a diversas patologías. Sin embargo todo esto no los transforma en humanos ya que también hay muchas diferencias entre unos y otros, tanto psíquicas como anatómicas. La cultura, por ejemplo, es una característica exclusivamente humana.
Los perros que duermen con sus dueños mientras los hijos del matrimonio lo hacen en otra habitación pueden luego agredir a los niños, los gatos extremadamente mimados y luego obligados a usar sombreros de cumpleaños sufren un gran estrés, los perros que son tratados como bebés y que por lo tanto no se despegan del lado de sus dueños cuando éstos están en casa pueden realizar todo tipo de destrozos cuando son dejados solos. Estos animales no sólo pueden traer problemas durante la convivencia sino que no son animales felices. Desde ya lo son mucho menos los animales que viven aislados o maltratados.
Las similitudes que muchas veces observamos entre nuestros animales y nosotros probablemente se deban a que tanto unos como otros pertenecemos al reino animal; siendo también probable que los humanos tengamos más lo del animal que los animales lo del humano y que actualmente tanto unos como otros estemos sufriendo las consecuencias de vivir en un medio cada vez más complejo. Por lo tanto lo mejor que podemos hacer para respetar y mejorar la calidad de vida de nuestros animales es entender que ellos son lo que son y no lo que nosotros pretendemos que sean. Aunque ello no resulte una tarea sencilla.
1ª. semana. Hoy cumplí una semana de nacido. ¡Que alegría haber llegado a este mundo!!!
1ºmes. Mi madre me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.
2 meses. Hoy me separaron de mi madre. Ella estaba muy inquieta, y con sus ojos, me dijo adiós, como esperando que mi nueva "familia humana" me cuidara tan bien como ella lo había hecho...
4 meses. He crecido rápido; todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí son como "hermanitos". Somos muy inquietos, ellos me tiran de la cola y yo los muerdo jugando.
5 meses. Hoy me regañaron, mi dueña se molestó porque me hice " pipí" dentro de casa... pero nunca me habían dicho dónde debía hacerlo. Además, duermo en el dormitorio y... ¡Ya no me aguantaba!!!
8 meses. Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar; me siento tan seguro, tan protegido... Creo que mi familia humana me quiere y me consiente mucho... Cuando están comiendo me invitan, el patio es para mi solito y me divierto escarbando como mis antepasados los lobos cuando esconden la comida. Pero nunca me educan, seguramente ha de estar bien todo lo que hago.
12 meses. Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto y mis dueños dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. Qué orgullosos se deben sentir de mí!!!
13 meses. Qué mal me sentí hoy... Mi "hermanito" me quitó la pelota. Como yo nunca agarro sus juguetes fui y se la quité. Pero como mis mandíbulas se han hecho muy fuertes le hice daño sin querer. Después del susto me encadenaron casi sin poderme mover. Dicen que van a tenerme en observación y que soy muy ingrato... no entiendo nada de lo que pasa.
15 meses. Ya nada es igual... vivo en la terraza... me siento muy solo... mi familia ya no me quiere. A veces hasta se olvidan que tengo hambre y sed y cuando llueve no tengo techo con que taparme...
16 meses. Hoy me bajaron de la terraza. Pensé que seguramente mi familia me había perdonado... Me puse tan contento que daba saltos de gusto y mi cola parece un molinete. Hasta parece que me van a llevar con ellos de paseo. Subimos al coche, enfilamos hacia la carretera y anduvimos un largo trecho hasta que de repente pararon. Abrieron la puerta y yo me bajé feliz creyendo que haríamos nuestro "día de campo". No comprendo porqué cerraron la puerta y se fueron... "¡Oigan, esperen!!!" - ladré... "se olvidan de mi...!!!" Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas... mi angustia crecía al darme cuenta que casi me desvanecía y ellos no se detendrían: Me habían abandonado...
17 meses. He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me siento y estoy perdido, en mi camino hay gente de buen corazón que me vé con tristeza y me dá algo de comer... Yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo con mi alma... quisiera que me adoptaran y sería leal como ninguno. Pero tan sólo dicen "pobre perrito", se debe haber perdido.
18 meses. El otro día pasé por una escuela y vi a muchos niños y jóvenes como mis "viejos hermanitos". Me acerqué y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó piedras "para ver quién tenía mejor puntería"... una de esas piedras me dió en el ojo y desde entonces ya no veo bien .
19 meses. Parece mentira, cuando estaba más bonito me querían ... Ahora estoy muy flaco, mi aspecto ha cambiado... perdí mi ojo y la gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra...
20 meses. Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar la calle por donde pasan los coches, uno me arrolló. Según yo, me encontraba en un lugar seguro llamado "cuneta", pero nunca olvidaré la mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarme. Ojalá me hubiera matado... pero sólo me dislocó la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultades me arrastré hacia un poco de hierba al costado del camino... Llevo ya 10 días bajo el sol, la lluvia y el frío, sin comer. No me puedo mover, el dolor es insoportable. Me siento muy mal; me quedé en un lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa y ni me ve; otras dicen: "No te acerques". Ya casi estoy inconsciente, pero alguna fuerza extraña me hizo abrir los ojos. La dulzura de su voz me hizo reaccionar. "Pobre perrito, mira como te han dejado", decía... junto a ella venía un señor de bata blanca, empezó a tocarme y dijo: "Lo siento señora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir." A la gentil dama se le salieron las lágrimas y asintió. Como pude, moví el rabo y la miré agradeciéndole que me ayudara a descansar... Sólo sentí un pinchazo y me dormí para siempre, pensando en porqué tuve que nacer si nadie me quería...
La solución no es echar un perro a la calle, sino educarlo.
Características de las distintas personalidades de los perros Así como utilizamos el término temperamento para referirnos al comportamiento individual de un perro, recurrimos al término personalidad para hablar acerca de su conducta social. De hecho, la personalidad de un perro es la expresión de su comportamiento en relación con otros seres vivos, ya sean congéneres o seres humanos. Además del liderazgo y la dominancia, existen otros tipos de personalidad.
Personalidad agresiva La personalidad agresiva, al igual que las demás, puede tener un componente genético aunque su expresión final depende también del aprendizaje recibido. Un ejemplo son los perros que han sido tradicionalmente seleccionados por su comportamiento de guardia como el rottweiler, el doberman y el pastor alemán. En estas razas la agresividad puesta al servicio de la protección del hogar -es decir, de la familia y su casa- puede transmitirse genéticamente de una generación a otra. No obstante, el aprendizaje puede provocar profundos cambios en la personalidad de estos individuos, ya sea tanto para disminuir su tendencia agresiva como para exacerbarla.
Lamentablemente en la actualidad es cada vez más frecuente que los propietarios de estos perros estimulen su comportamiento agresivo. Esto puede terminar provocando más disgustos que satisfacciones ya que es frecuente que personas inocentes sean agredidas por animales cuyos dueños han sobreestimado, consciente o inconscientemente, este rasgo de su personalidad.
Personalidad tímida La timidez también puede ser de tipo hereditaria o producto del aprendizaje a partir de experiencias traumáticas o incluso por falta de contacto social. Un cachorro criado en condiciones de aislamiento, sin poder interactuar con otros congéneres, puede transformarse en un perro tímido. Un cachorro que convive con perros muy dominantes y con una personalidad agresiva puede desarrollar timidez como consecuencia de las experiencias adversas que suelen producirse durante la interacción con esta clase de animales.
Personalidad tímida-agresiva Esta combinación suele traer dificultades durante la convivencia. Son perros que en lugar de huir en situaciones que les provocan temor suelen agredir al responsable de esa situación. El problema con estos animales es que la parte tímida de su personalidad hace que cualquier evento cotidiano les provoque temor, mientras que la parte agresiva los induce a agredir como forma de ponerle fin.
Este tipo de personalidad se observa frecuentemente en aquellos perros producto del apareamiento de una pareja en la cual uno de los individuos presenta una personalidad agresiva mientras el otro manifiesta una personalidad tímida. Estos apareamientos generalmente son llevados a cabo por criadores inexpertos que pretenden compensar las características indeseables de ambos tipos de personalidad de los padres, sin saber que en realidad el resultado más probable de esta cruza sea el de un cachorro tímido-agresivo.
Personalidad sociable Los perros cuya personalidad es de tipo altamente sociable presentan en general un comportamiento afable y amistoso, ya sea con otros perros o con seres humanos; difícilmente se manifiestan tímidos o agresivos con los demás. El problema que puede existir con ellos es que fácilmente se vayan con cualquier persona que les preste atención o les brinde afecto, lo cual no suele ser del agrado de muchos propietarios.
Cuando uno les pregunta a muchos propietarios de perros si consideran que sus animales son inteligentes, la mayoría no duda en dar una respuesta afirmativa y la ejemplifican a través del clásico "sólo le falta hablar".
Sin embargo, cuando uno les pregunta qué es la inteligencia parecen no tener demasiada idea acerca de lo que significa este concepto, por lo que suelen recurrir a ejemplos de la vida cotidiana para demostrar lo afirmado.
"Mi perro es inteligente porque rápidamente aprende a hacer todo lo que le enseño." 0 bien dicen: "Es tan inteligente que sabe distinguir el ruido del motor de mi auto cuando llego del trabajo y no reacciona si otro auto igual al mío se detiene en la puerta de casa." 0 explican: "Sin que nadie se lo enseñara aprendió a abrir todas las puertas de la casa."
Si analizamos detenidamente estos comentarios podemos darnos cuenta de que en todos ellos las personas se refieren a la capacidad de aprender que tienen sus perros. Pero si bien esta capacidad es una condición básica para toda inteligencia, no es un sinónimo de ese concepto. Dicho en otras palabras, el hecho de que un perro posea una gran capacidad de aprendizaje no significa necesariamente que sea inteligente. Por lo tanto, para encontrar una respuesta a este interrogante, primero es necesario definir el significado del término inteligencia.
Una definición que tiene consenso entre la mayoría de los científicos es aquella que dice que la inteligencia es la capacidad de enfrentar símbolos, relaciones y conceptos abstractos, así como nuevas situaciones o problemas, y resolverlos de una manera adecuada. A partir de esta definición muchos sostienen que la inteligencia canina es más un mito que una realidad.
Sin embargo, Aristóteles (384-322 a.C.) sostenía que la razón de los animales difería de la nuestra no por su naturaleza sino del más al menos. Otro filósofo griego, Porfirio (232-304 d.C.), haciendo uso de un razonamiento simple y claro decía: "Entre los animales hay muchos que aventajan al hombre por su tamaño, su velocidad, el alcance de la vista, la sutileza del oído. Pero no por esto el hombre es sordo, ciego o débil, ni está privado de movimiento. Si los hombres tienen más inteligencia que los animales, esto no es una razón para sostener que los animales no la tienen en absoluto; del mismo modo que sería erróneo sostener que las perdices no vuelan porque los gavilanes vuelan mejor que ellas".
René Descartes, filósofo francés del siglo XVII, sostenía que los animales carecían de estado consciente, de inteligencia y de cualquier proceso mental análogo al del ser humano. Muchos psicólogos y fisiólogos compartieron, e incluso comparten en la actualidad, este concepto. Para ellos los procesos mentales superiores que rigen el comportamiento humano están gobernados por principios distintos de aquellos que rigen el comportamiento animal. Más aún, para muchos científicos los animales en general y los perros en particular no serían otra cosa que máquinas biológicas que actúan sobre la base de reflejos y reacciones automáticas programadas genéticamente.
También para algunos científicos prominentes como Charles Darwin la inteligencia de los animales no es un mito sino una realidad. En su libro La descendencia del hombre sostenía que la diferencia entre la inteligencia de los seres humanos y la de muchos animales era una cuestión de grado y no de clase. Más aún, Darwin afirmaba que "las distintas emociones y facultades -como el amor, la memoria, la atención, la curiosidad, la imitación, etcétera- de las que se jacta el hombre, se encuentran en condición incipiente y a veces bien desarrolladas en los animales inferiores".
En lo que a mí respecta, me encuentro mucho más cerca de la opinión de Aristóteles, Porfirlo y Darwin que de la de Descartes y sus seguidores contemporáneos.
Recuerdo que ya en mi época de instructor canino pude comprobar personalmente la existencia de inteligencia en el perro. El animal en cuestión era un ovejero alemán de dos años y medio de edad, de nombre Muck. Después de finalizar el entrenamiento de obediencia procedí a instruir a Muck en lo que se refería a guardia y protección de la quinta donde él vivía junto a sus dueños. Un día, ya finalizando el proceso, estaba trabajando con el perro suelto cuando mi ayudante, que hacía las veces de delincuente, saltó la cerca e ingresó repentinamente en la quinta a una distancia de unos cincuenta metros del lugar donde Muck y yo nos encontrábamos. Ante tal situación el perro salió presuroso a su encuentro. El "delincuente", por su parte, intentó correr alrededor de la casa, que se hallaba ubicada en el centro del terreno, con el objetivo de lograr que Muck lo persiguiese.
Cuando el perro advirtió esta situación, en lugar de ir detrás del agresor decidió dar la vuelta y enfrentarlo en el extremo opuesto de la casa. Esto causó una desagradable sorpresa en mi ayudante, ya que mientras él esperaba ser perseguido por un lado, el animal decidió ir a buscarlo por el lado contrario. Resulta evidente que el perro se enfrentó a un problema y lo resolvió de la mejor manera posible, lo cual demuestra que tuvo una respuesta inteligente. Obviamente nadie sensato podría afirmar que la inteligencia canina está tan desarrollada como la del ser humano. Resulta también interesante destacar, aunque parezca increíble, que también está menos desarrollada que la del lobo.
Ahora bien, ¿por qué el antecesor salvaje del perro es más inteligente que su pariente doméstico? La explicación es sencilla. El perro que vive con una familia humana no necesita de su inteligencia para sobrevivir. Dado que se encuentra en un ambiente protegido, no se lo selecciona a partir de su inteligencia sino que se lo selecciona por su capacidad de respuesta al entrenamiento de obediencia. En cambio, en la vida salvaje, el individuo de mayor inteligencia resolverá mejor los problemas cotidianos, mientras que el de muy baja inteligencia tendrá mucha mayor dificultad para lograrlo y, por lo tanto, menos posibilidades para sobrevivir y dejar descendencia.
En síntesis, los lobos son más inteligentes que los perros debido a que están sometidos a una presión de selección en favor de la inteligencia. Por el contrario, la selección de los perros la realiza el hombre a favor de la docilidad, la facilidad de manejo y la capacidad de aprendizaje. Sin embargo, esto no significa que los perros no sean inteligentes, sino más bien todo lo contrario. De hecho, la inteligencia del perro es tan antigua como él mismo y lo acompaña desde su aparición en este mundo.
Serie de articulos sobre el adiestramiento en positivo, sin utilizacion de castigos. Como hacer que el perro aprenda sin castigarle. iniciacion al agility, ese deporte tan desconocido.