Siempre he creído que uno de los principales males de la política es que en demasiadas ocasiones la mayoría de los políticos están más preocupados por sus problemas que por los problemas de la gente. Buena prueba de ello es la política vasca.
Así, nuestro lehendakari comienza el curso político anunciando que va a viajar por Europa, y mucho, para contar y reivindicar que los malos españoles no le permiten consumar su referéndum soberanista. Nos anuncia más de lo mismo, y además nos demuestra que el descanso de verano lejos de aportar sosiego le ha servido para recargar las pilas de la obstinación más rocambolesca.
Ante este panorama quiero confesar algo políticamente incorrecto: la política vasca es un aburrimiento y provoca una pereza abrumadora. Estamos atrapados en una especie de bucle donde los gobernantes, ¡vaya paradoja!, viven permanentemente en la queja. Utilizan como fuegos de artificio reivindicaciones particulares, exclusivas de su círculo más próximo, de su rebaño más fiel, y eso les sirve para no abordar los problemas que son incapaces de resolver. Con Ibarretxe a la cabeza, el PNV que no es cualquier cosa porque lleva gobernando ininterrumpidamente desde hace más de 30 años en las instituciones más importantes del país, elude los problemas más cercanos de la gente y renueva su esfuerzo por aburrirnos con «su problema» más grande, con su particular obsesión. Este más de lo mismo nacionalista, cada vez cansa a más gente y, cada vez, interesa a menos personas. Dicho de otra manera, el lehendakari cada vez se queja más, y a los ciudadanos cada vez les importa menos.
Basta mirar a nuestro alrededor para comprobar que en todas las sociedades modernas el debate político gira en torno a cómo ser más competitivos, modernos y solidarios. Aquí gira en torno a mirarnos el ombligo.
Aquí los problemas de la sanidad vasca, que cada vez funciona peor; o de la educación, que lejos de servir para preparar a nuestros hijos en un mundo cada vez más global y competitivo es utilizada como un banco de pruebas en el que restringir la libertad de enseñanza y de elección; o de nuestras carreteras y trenes, esas cosas que se pagan con el dinero de todos, pues eso, ¿quién está contento con ellas?; o de la economía, que es debate preferente en toda España porque las hipotecas nos asfixian, el paro se incrementa mes a mes y la cesta de la compra está por las nubes. Pues aquí no, aquí estás cosas no importan, parece que a nuestros gobernantes no interesan, no están en su agenda, que no les preocupan lo más mínimo. Aquí dale que te pego con la consulta. Y además, por si todo esto fuera poco, tenemos que soportar el gran problema, el verdadero conflicto vasco: seguimos soportando a los terroristas, sus amenazas y su chulería. Además, cargamos con ETA. La sociedad sufre y la convivencia se resiente, pero Ibarretxe prefiere viajar a Estrasburgo para denunciar ante el Tribunal de Derechos Humanos a España: ¿cabe mayor despropósito?
El curso político que empieza será difícil, y lo que me preocupa es que el PNV pueda conseguir que cada vez más gente deje de interesarse por la política vasca ante el aburrimiento y sopor que provoca. Cuantos más ciudadanos hartos haya, más fácil lo tendrán quienes gobiernan para continuar con sus problemas y dejar de lado los de la gente. Creo que Ibarretxe representa el pasado, una forma de hacer política trasnochada y que no nos lleva a ninguna parte. Ibarretxe y el PNV han apostado por dejar de lado a los vascos, y se han convertido en los principales creadores de problemas. Dañan y perjudican nuestra imagen exterior y no hacen nada porque dentro vivamos mejor.
Pero tenemos solución, hay salida, hay esperanza. No será fácil, es verdad. Pero, ¿por qué no vamos a ser una sociedad normal que tenga políticos que se preocupen por las cosas normales, que para la gente son las cosas más extraordinarias? Aspiro a que Euskadi sea de una vez por todas normal, a que el debate político gire en torno a las necesidades de la gente y a que la regeneración política llegue a nuestra tierra para borrar de una vez por todas el victimismo irresponsable de un PNV que ha dado la espalda a Euskadi y a los vascos.