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Cuéntame un cuento. Cuentos y más cuentos (Otros)
Lunes, 05/05/2008
La corona de lata
Había un pobre sin morada fija. No poseía nada, ni casa, ni huerto, ni siquiera un asno.

Sobrevivía mendigando y recogiendo frutos salvajes; vestía un sobretodo descosido y escondía su cabeza pelada en un sombrero verdoso.

Pero no era infeliz. Se contentaba con vivir, contemplar el cielo, beber en la fuente. No deseaba nada. Y cuando no se desea nada se termina siendo casi feliz.

Un día, dando vueltas por las calles de una ciudad vio en la cabeza de un chaval pobre una vieja corona de lata adornada con cascabeles.

A cada movimiento del chaval las campanillas resonaban: dindán, dindán. ¡Qué maravilla!

El mendigo, aunque sabio hasta aquel día, quedó con la boca abierta. ¡Qué hermosura, poder arrojar el sombrero verdoso y ponerse en la cabeza aquella especie de anillo brillante que resonaba sin descanso!
Había nacido en su corazón inocente el primer deseo. El primero de una serie ilimitada. Había terminado la paz.

Desde aquel día el mendigo dejó de explayarse mirando las nubes, de zambullirse en el riachuelo, de coger moras y madroños. Soñaba con la corona de latón como jamás ningún príncipe ambicioso había soñado el emblema del poder imperial. Se volvió triste, hasta huraño.

Entonces pensó ofrecerle sus servicios al chaval de la corona de lata. ¡Qué brillante era, cómo sonaba alegre! Ya podía ser feliz el pobre mendigo.

Pero no lo era. Cada vez que resonaba un cascabel, un nuevo deseo se le encendía en el corazón. Deseaba todas las cosas más absurdas, todas las dulces, vanas e irresistibles bagatelas del mundo.

Entonces comprendió que su corona de lata no era más que un capricho, incapaz de darle otra cosa que no fuera intranquilidad y desorden.

Y con un profundo suspiro devolvió al chaval su corona de lata. Y volvió a sentirse libre y casi feliz.

Cuento español
 
Escrito por RJ a las 09:41 am Ver/Hacer comentario (2)

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Sábado, 26/05/2007
El sapo
Este era un sapo que quería subir una escalera, y tardó siete años. Y cuando ya iba al último tranco, se cayó de golpazo y dijo:

- ¡Caramba! ¡Lo que son las prisas!

Y por eso, cuando una persona tarda mucho tiempo para hacer una cosa y luego le sale mal, dice la gente:

"Te ha pasado lo del sapo. Después de los siete años las prisas."
 
Escrito por RJ a las 08:41 am Ver/Hacer comentario (5)

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Viernes, 25/05/2007
La viejecilla y sus tres perritos
Ésta era una viejecilla que tenía tres perrito que se llamaban Bebevino, Comepán y Comequeso. Y la viejecilla era muy devota de la iglesia y todo lo día iba a la iglesia a rezar, y siempre llevaba sus tres perrito.

Bueno, pues una vez que fue a la iglesia a rezar, cuando ya se iba para su casa echó de menos a uno de sus perritos, Bebevino. Y venga a buscarlo y venga a buscarlo por toda la iglesia, pero nada, no lo pudo encontrar. Y empieza la viejecilla a llorar y a gritar:

- ¡Ay, Señor, que me se ha perdido uno de mis tres perritos. Bebevino, Bebevino! ¿Dónde estás, Bebevino?

 Y nada, el perrito se había perdido y no lo halló. Y llora que te llora y grita que te grita y la viejecilla no salía de la iglesia.

Conque ya en eso llega el sacristán y le dice a la viejecilla que se salga porque ya tiene que cerrar la iglesia. Pero ella no se quería salir y lloraba si tenía que llorar y gritaba si tenía que gritar. Bueno, pues ya el sacristán la echó fuera y cerró la puerta de la iglesia Y la viejecilla se fue para su casa llorando y gritando.

Otro día fue otra vez a la iglesia acompañada de sus dos perritos Comepán y Comequeso. Y estuvo rezando y cuando se iba para su casa, echó de menos a Comepán. Y anduvo buscándolo por toda la iglesia, pero no lo pudo encontrar. Y empieza a llorar y a gritar, que si muchos fueron los lamentos del día anterior, más fueron ahora:

- ¡Ay que me se ha perdido otro perrito, mi Comepán! ¡Ay que me se ha perdido otro perrito, mi Comepán! ¡Ay, Señor, que se me han perdido dos, Bebevino y Comepán! ¡Ay, Señor, que me se han perdido dos, Bebevino y Comepán! ¿Qué voy a hacer ahora?

Y venga a llorar y venga a gritar. Hasta que ya el sacristán tuvo que cerrar la puerta de la iglesia y la echó fuera. Y la pobre viejecilla se fue para su casa llorando si tenía que llorar.

¿Y Comequeso? ¿Saben ustedes lo que le pasó a Comequeso? Pues que se comió el queso y se acabó el cuento.

 
Escrito por RJ a las 07:47 am Ver/Hacer comentario (2)

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Jueves, 24/05/2007
El lobo que cree que la Luna es queso
Andaba el lobo muy hambriento y ya no sabía que hacer para coger algún animal y comerselo. Y por ahí encuentrasé con la zorra y le dice:

- Oiga usted, señora zorra, que me la voy a comer.

Y la zorra le dijo:

- Pero mire usted, que estoy muy flaca. No soy más que huesos y pellejos.

- No, que usted estaba muy gordita el pasado año.

- El año pasado sí que estaba gordita, pero ahora tengo que darles de mamar a mis cuatro zorritos y apenas encuentro bastante para crear leche para ellos.

- ¡Que no me importa!, le dijo el lobo.

E iba a darle la primera mordida, cuando la zorra le dijo:

- Deténgase usted, por dios, señor lobo. Mire que yo se donde vive un señor que tiene un pozo lleno de quesos.

Y se fueron la zorra y el lobo a buscar los quesos. Y llegaron a una casa y pasaron unas tapias y llegaron ante el pozo, y la Luna se reflejaba en el agua y parecía un queso. Y se asomó la zorra y volvió y le dijo al lobo:

- ¡Ahí amigo lobo, que el queso es grandón! Mire asomesé usted.

Y se asomó el lobo y vió la Luna y creyó que era un queso grandón. Pero el lobo sospechoso, le dijo a la zorra:

- Pues bueno, amiga zorra, entre usted por el queso. Y la zorra se metió en uno de los cubos y entró por el queso. Y desde abajo le gritaba al lobo:

- ¡Ay, amigo lobo! ¡Que grandón está el queso! ¡No puedo con él! Venga usted a ayudarme a subirle.

- Pero no puedo yo entrar -le decía el lobo-. ¿Cómo voy yo a entrar? Súbalo usted sóla.

- Y la zorra le dijo:

- Pero no sea usted torpe. Metasé usted en el otro cubo y verá como así entra fácilmente.

Y se metió el lobo en el otro cubo y, como pesaba más, se deslizó para abajo y la zorra subió para arriba. Y ahí se quedó el lobo buscando el queso, y la zorra se fue muy contenta a ver a sus zorritos.
 
Escrito por RJ a las 07:46 am Hacer comentario (0)

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Miércoles, 23/05/2007
La mata de Albahaca

Era una mujer que tenía tres hijas. Y tenían en el jardín una mata de albahaca y cada día salía una de las hermanas a regarla.

Un día salió a regar la mata de albahaca la hija mayor. Y cuando estaba regándola, pasó por allí el hijo del rey y le dijo:

- Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?

Y como no supo responder se fue el hijo del rey para su palacio.

Y al día siguiente pasó otra vez el hijo del rey por la casa y salió la hermana segunda a regar la albahaca, y él le hizo la misma pregunta:

- Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?

Tampoco supo responder y el hijo del rey se fue para su palacio.

El tercer día, cuando volvió el hijo del rey a pasar por la casa, la hermana menor pasó a regar la albahaca, y él le hizo la misma pregunta que a las otras:

- Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?.

Y ella le respondió:

- Señorito aventurero, ¿cuántas estrellas tiene el cielo?

Y como el hijo del rey no supo responder a esta pregunta, se fue a su palacio muy avergonzado.

Y entonces el hijo del rey como estaba muy avergonzado de ver que no había podido responder a la pregunta de la hermana menor, se metió a encajero y salió a vender encajes a todas partes. Y llegó a la casa en donde vivían las tres hermanas y salieron a ver que vendía. Y la hermana menor escogió por fin una puntilla y le dijo al encajero:

- ¿Cuánto quiere usted por esta puntilla?

Y él le dijo:

- Por esta puntilla un beso.

Y ella le dio el beso y se quedó con la puntilla.

Y otro día volvió el hijo del rey como antes a la casa de las tres hermanas. Y salió la hermana mayor a regar la albahaca y él la preguntó otra vez:

- Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?

Y ella no supo que responder y él se fue para su palacio. Y al día siguiente volvió y salió la hermana segunda a regar la albahaca, y el hijo del rey le preguntó como antes:

- Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?

Y ella no supo que responder como la primera vez. Y vino otro día el hijo del rey y salió la hermana menor a reger la albahaca, y le preguntó como antes:

- Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?

Y ella le respondió como la primera vez:

- Señorito aventurero. ¿Cuántas estrellas tiene el cielo?

Y a eso preguntó él:

- Y el beso del encajero ¿estuvo malo o estuvo bueno?

Y como ella no supo responder se metió en la casa avergonzada.

Pero pocos días después se puso malo el hijo del rey y no había médico que lo pudiera curar. Y fue la hermana menor y se vistió de médico. Fue al palacio del rey de médico superior, mucho superior, y le dijo al rey:

- Yo vengo señor rey, a curar a su hijo.

Y la dejaron entrar y consultó con los otros médicos y dijo:

- Pa que sane el príncipe hay que meterle un nabo en el culo.

Conque bueno, que le metieron el nabo en el culo y el hijo se puso bueno.

Y cuando ya estaba bueno, salió el hijo del rey otra vez a paseo y pasó por la casa de las tres hermanas otra vez. Y salió como de costumbre la hermana mayor a regar la albahaca, y él le preguntó de nuevo:

- Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?

Y ella, como antes, no supo reponder.

Y otro día salió la hermana segunda a regar la albahaca, y le hizo el hijo del rey la misma pregunta de siempre:

- Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?

Y tampoco supo responder.

Y al tercer día, cuando pasó el hijo del rey por la casa, salió la hermana menor a regar la albahaca y él le preguntó como lo había hecho antes:

- Señorita que riega la albahaca, ¿cuantas hojas tiene la mata?

Y ella le respondió como antes:

- Señorito aventurero. ¿Cuántas estrellas tiene el cielo?

Y entonces el hijo del rey creyó que iba a salirse con la suya como antes y la preguntó:

- Y el beso del encajero, ¿estuvo malo o estuvo bueno?

Pero se engañó el hijo del rey, porque apenas había preguntado eso de antes, cuando ella le preguntó:

- Y el nabo por el culo, ¿estaba blando o estaba duro?

Y entonces el hijo del rey comprendió que ella había sido la que le había metido el nabo por el culo. Y como estaba muy enamorado de ella y ella también estaba enamorada de él, enseguida se casaron.
 
Escrito por RJ a las 07:48 am Ver/Hacer comentario (5)

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 Cuéntame un cuento (Otros)
En esta bitácora pretendemos contarte cuentos que animen tu vida. Escribe tus comentarios sobre cada uno de los cuentos, si te han gustado o no, o aquellas sugerencias que quieras hacer.
 
LUN MAR MIE JUE VIE SAB DOM
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