Buscar
por palabra clave
Buscar
 
Cuéntame un cuento. Cuentos y más cuentos (Otros)
Lunes, 16/06/2008
Las ediciones invisibles
Tet-sugen, un alumno de Zen, asumió un tremendo compromiso: imprimir siete mil ejemplares de los libros sagrados, que hasta entonces sólo podían conseguirse en chino.

Viajó a lo largo y ancho de Japón recaudando fondos para su proyecto. Algunas personas adineradas le dieron hasta cien monedas de oro, pero el grueso de la recaudación lo constituían las pequeñas aportaciones de los campesinos. Y Tet-sugen expresaba a todos el mismo agradecimiento, prescindiendo de la suma que le dieran.

Al cabo de diez largos años viajando de aquí para allá, consiguió recaudar lo necesario para su proyecto. Justamente entonces se desbordó el río Uji, dejando en la miseria a miles de personas. Entonces Tet-sugen empleó todo el dinero que había recaudado en ayudar a aquellas pobres gentes.

Luego comenzó de nuevo a recolectar fondos. Y otra vez pasaron varios años hasta que consiguió la suma necesaria. Entonces se desató una epidemia en el país, y Tet-sugen volvió a gastar todo el dinero en ayudar a los enfermos, salvándolos de la muerte.

Una vez más, volvió a empezar de cero y, por fin, al cabo de veinte años, su sueño se vio hecho realidad.

Las planchas con que se imprimió aquella primera edición de los libros sagrados se exhiben actualmente en el monasterio Obaku, de Kyoto.

Los japoneses cuentan a sus hijos que Tet-sugen sacó, en total, tres ediciones de los libros sagrados, pero que las dos primeras son invisibles y muy superiores a la tercera.

Cuento zen
 
Escrito por RJ a las 09:14 am Hacer comentario (0)

     Enlace permanenteEnlace permanente General, Cuentos zen
Miércoles, 28/05/2008
La fuerza del hambre
Esta historia transcurre en el Japón durante un período de hambre.
Un campesino que no tenía con qué alimentar a su familia se acuerda de la costumbre que promete una fuerte recompensa al que sea capaz de desafiar y vencer al maestro de una escuela de sable. Aunque no había tocado un arma en su vida, el campesino desafía al maestro más famoso de la región.

El día fijado, ante numeroso público, los dos hombres se enfrentan. El campesino, sin mostrarse nada impresionado por la reputación de su adversario, lo espera a pie firme, mientras que el maestro de sable, estaba un poco turbado por tal determinación.

— ¿Qué será este hombre?, piensa. Jamás ningún villano hubiera tenido el valor de desafiarme. ¿No será una trampa de mis enemigos?

El campesino, acuciado por el hambre, se adelanta resueltamente hacia su rival. El Maestro duda, desconcertado por la total ausencia de técnica de su adversario.

Finalmente, retrocede movido por el miedo. Antes incluso del primer asalto, el maestro siente que será vencido. Baja su sable y dice:

— Usted es el vencedor. Por primera vez en mi vida he sido abatido. Entre todas las escuelas de sable, la mía es la más renombrada. Es conocida con el nombre de “La que con un solo gesto da diez mil golpes”. ¿Puedo preguntarle, respetuosamente, el nombre de su escuela?

— La escuela del hambre –responde el campesino.

Cuento zen
 
Escrito por RJ a las 09:14 am Hacer comentario (0)

     Enlace permanenteEnlace permanente General, Cuentos zen
Lunes, 12/05/2008
La muchacha
Dos monjes que viajaban de un templo a otro por un camino embarrado por la lluvia, se encontraron de pronto con un torrente que atravesaba la senda y que hacía imposible el paso a no ser metiéndose en el agua enlodada hasta la cintura.

Parada allí delante, con la desolación pintada en el rostro, estaba una bonita muchacha. La corriente era muy fuerte, su vestido nuevo…
Uno de los monjes no lo pensó dos veces y sin titubear, cogió a la joven y cargándola sobre sus hombros la pasó al otro lado. El otro monje los seguía haciendo gestos de desaprobación.

Bien entrado el día, cuando ya hacía horas que el torrente y la guapa muchacha habían quedado atrás, el segundo monje seguía enfurruñado y con el ceño fruncido, caminaba delante sin dirigirle la palabra al otro.

— ¿Se puede saber qué te pasa? –le preguntó éste

— ¡Qué me pasa! ¡Qué me pasa! ¿Qué me va a pasar? Pues, ¡que has transgredido un grave precepto! –contestó el monje-. Has cogido a una mujer en brazos, ¡una mujer guapa y joven! Su cuerpo y el tuyo unidos estrechamente por en medio del torrente…

El otro monje le contestó con toda tranquilidad:

— Pero, ¡cómo! ¿Todavía la llevas encima? Yo hace tiempo que la abandoné a la orilla del torrente.

Cuento zen
 
Escrito por RJ a las 09:46 am Hacer comentario (0)

     Enlace permanenteEnlace permanente General, Cuentos zen
Domingo, 20/04/2008
Rutina
Había una vez un hombre muy pobre que vivía a la entrada de un profundo bosque. Apenas tenía para vivir y siempre se estaba quejando de su suerte miserable.

Una noche, cuando se disponía a cenar, alguien llamó a la puerta de su casa. Era un monje errante que le pidió alojamiento por esa noche. El hombre le acogió amablemente, compartió con él su humilde cena y luego le cedió su propia cama para que pasara la noche.

A la mañana siguiente, antes de partir, el monje le dijo:

— Has sido amable y hospitalario conmigo, por eso, en agradecimiento, te voy a confiar un tesoro. Delante mismo de la puerta de tu casa, ahí, en ese espeso bosque, vive un animal fabuloso que se llama Satori. Su vida transcurre en la copa de los árboles, allí come y duerme. El que consiga cazarlo no tendrá que preocuparse nunca más por nada; podrá conseguir todo lo que desee y vivirá en paz el resto de su vida.

El hombre se puso muy contento, y cuando el monje partió, fue al pueblo, compró un hacha e inmediatamente se puso a talar árboles.

"Con un poco de suerte -pensaba- lo sorprendo mientras duerme y antes de que se dé cuenta lo habré cazado".

Pero el animal Satori era muy sabio y muy viejo, y además poseía la facultad de leer el pensamiento; por eso, cada vez que el hombre se acercaba al árbol donde él estaba, captando sus intenciones, se trasladaba a otro árbol cualquiera.

Así pasó el tiempo. Cada vez que el hombre se acercaba, el animal Satori se cambiaba de árbol. El hombre había talado ya muchos árboles, y aprovechaba la madera para venderla como leña en el pueblo.

Así sus problemas económicos se habían solucionado. Llegó el día en que ni siquiera pensaba en el animal. Cortaba un árbol, recogía la madera y se iba. El animal Satori también había dejado de temerle. No captaba en él ningún pensamiento amenazador.

Una mañana, estaba el hombre como de costumbre cortando un árbol, cuando el animal Satori cayó a sus pies. Estaba durmiendo en la copa del árbol y no había podido detectar en la mente del hombre ni un solo pensamiento que le avisara de su presencia.

Cuento zen

 
Escrito por RJ a las 12:03 pm Hacer comentario (0)

     Enlace permanenteEnlace permanente General, Cuentos zen
Lunes, 24/03/2008
La extraña oración
En cierta ocasión, un monje que viajaba a pie, llegó a la caída de la tarde a la casa de un campesino al que le pidió hospedaje. El campesino accedió a alojarlo y darle de comer con la condición de que le pagara su hospitalidad con un kito por el bienestar de su familia. (Un kito es una ceremonia religiosa que se realiza generalmente para pedir algún favor, reverenciar a los muertos, etc.). El monje estuvo de acuerdo.

Una vez que hubieron cenado, la mujer del campesino limpió a conciencia la sala principal de la casa, adornaron el altar familiar y en presencia de toda la familia el monje comenzó la ceremonia.

Empezó el monje a recitar seguido por toda la familia. Se acercó al altar y formuló el primer voto:

— ¡Que primero se muera el abuelo!

La familia sobresaltada creyó haber oído mal.

El monje volvió al altar, ofreció incienso y rezó…

— ¡Que después se muera el padre!

La campesina miraba horrorizada a su marido. El monje continuó:

— ¡Que luego se muera el hijo!

Y a continuación, después de prosternarse tres veces, concluyó:

— ¡Que finalmente se muera el nieto!

El campesino, aguantando a duras penas la indignación que sentía, increpó al monje con los ojos llenos de lágrimas:

— ¿Qué has hecho, mal hombre? ¿Así pagas mi hospitalidad? ¿Deseándome un cúmulo de desgracias? ¡No puedo comprenderlo!

Pero el monje, imperturbable, le respondió:

— Sólo he pedido para tu familia la paz y la felicidad: que la muerte se suceda según el orden natural de las cosas. ¿Es que prefieres que muera primero el nieto y el abuelo el último? ¿No sería esta la forma más segura de que tu familia se extinguiera? Seguir el orden de la naturaleza, el orden cósmico: primero el abuelo, luego el padre, a continuación el hijo y por último el nieto. ¿Es eso una desgracia para tu familia?

El campesino le dio al monje la mejor cama de la granja.

Cuento zen


 
Escrito por RJ a las 10:33 am Hacer comentario (0)

     Enlace permanenteEnlace permanente General, Cuentos zen
 Cuéntame un cuento (Otros)
En esta bitácora pretendemos contarte cuentos que animen tu vida. Escribe tus comentarios sobre cada uno de los cuentos, si te han gustado o no, o aquellas sugerencias que quieras hacer.
 
LUN MAR MIE JUE VIE SAB DOM
<<  <  
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
 

 Buscar


Todas las palabras
Alguna palabra
Frase entera

 
 
 
   
 
VOCENTO
© Copyright DIARIOVASCO.COM
DIGITAL VASCA, S.A. CIF A-20677878
Camino de Portuetxe, 2. 20018 San Sebastián

Contactar / Mapa web / Aviso Legal / Política de privacidad / Publicidad / Master El Correo / Club Lector 10