Fue mi hermana la que me lo prestó, con la autoridad de las hermanas menores. ‘Toma. Está en inglés y es fácil de leer’. Yo había ojeado 'El niño con el pijama de rayas' en un vips y de estar la familia algo más en la tienda, me lo acabo. O eso pensé entonces. Pero me llegó, sin pedirlo, en la versión original. Añoré la traducción por aquello de la economía de esfuerzos pero me mantuve. Me he acostumbrado a la escritura de John Boyle. Pero quien no se hace a su nueva casa es Bruno, el protagonista. Acaba de charlar con la asistenta. Y descubre que ésta tiene pensamientos y emociones. Que no está en el mundo sólo para cuidarles. También observa lo mal que le trata su hermana Gretel. Pero no sabe si disculparse por ello. Bruno tiene siempre este tipo de dudas.
Lo cantó Sabina. ‘Hoy que el público empieza a hacerme caso, ya no dice que pinto tan bien como Picasso’. La pareja Clinton daba palmaditas en el hombro a su contrincante Obama, hasta que los resultados le empiezaron a serle favorables. A la candidata (lo diferente) le ha salido un contrincante igualmente exótico (un candidato negro). Nadie se atreve a hablar de lo que les hace distintos, porque los mejores presidentes son los que hablan para todos los públicos. Pero bajo el manto de la elegancia formal quedan las pasiones sin digerir. Y cuando éstas se despiertan hay que echarse a temblar. Al final, la batalla electoral de los demócratas no se ganará por una cuestión de talento sino de talante. Ya lo dijo algún gregero, la ética es siempre estética y la mejor estética es siempre ética. O algo parecido.
Hay algo en el cine de Ang Lee, que mosquea. Y sería interesante descubrirlo. Una gran historia, como la de los vaqueros enamorados, llegaba a enervar por el uso de la muletilla ‘fucking’, que en versión doblada reducía a nada el diálogo entre los amantes. De su ‘Deseo, peligro’, hay algo que deja frío al espectador entregado. ¿Falta emoción en la decisión final de su protagonista masculino? ¿Trasmite poco la heroíca decisión de ella? Y una curiosidad: ¿Por qué es tan recargado el anillo si tan buen gusto demuestran todos los trajes de la película? ¿Por qué en una escena el estampado del vestido de la chica cambia? ¡Ay, esos bonitos trajes y esas caras maquilladas en en el moroso dominó chino! ¡Y esos paisajes nevados con los vaqueros cabalgando en silencio por la montaña! Y ¡glup! esas apasionadas escenas con ropa rasgada. Pero a ver.... ¿Por qué unas películas salen redondas y otras no?
El actor José María Pou sólo acepta personajes que cambien en el transcurso de la obra. La fiesta de San Sebastián ha demostrado que hasta la herencia de Sarriegui puede evolucionar. Los arreglos de las bandas a la festejada música recuerdan las versiones de canciones clásicas con las que los músicos huyen del aburrimiento. Pero la fiesta nos ha ofrecido otros ejemplos. El de Isabel Verdini, que se propuso que su sobrina con síndrome de Down bailara. Y lo ha logrado para esa niña y para más bailarinas que van camino de profesionalizarse. Otro, el de las tamborradas que han incluido aguadoras en sus filas (ampliación de la subvención, mediante).Y uno más, el de Cristina Garmendia, que dijo aprender de sus fracasos para lograr sus brillantes resultados en biotecnología. Ahora que hasta los caldereros tienen reina hay quien se mantiene fiel a la tradición. Ocurre cada año en la cena de Gaztelubide. ¿Para cuándo el cambio?
Ahora que le dan el Tambor de Oro a Cristina Garmendia ya sólo falta que le dejen cenar en Gaztelubide para que esta sección se autodisuelva. El movimiento se demuestra andando, parecía decir ayer la científica, el pelo al viento, mientras Vanesa Rodriguez le entrevistaba en el Palacio de Miramar para Teledonosti.
Los escritores son los grandes desconocidos. El semananario 'Le Nouvel Observateur' publica en portada un desnudo de Simone de Beauvoir
en el cien aniversario de su nacimiento. ‘La escandalosa’ reza el
subtítulo. Y la escritora lo fue. Rompió con lo que se esperaba de
ella. Lo contó en su biografía, en esos tomos que incluyen las
'Memorias de una joven formal'. Y dejó un manual –'El Segundo
sexo'– para entender qué nos ha pasado a las mujeres a lo largo de la
historia. Ahí se explica por qué pasamos de ser las más listas de la
clase a desaparecer del panorama social. De su parte menos luminosa se
viene hablando en los últimos tiempos. Pero queda su obra. Una buena
lectura para tiempos de gripe. La mesilla es un buen apoyo para los
grandes volúmenes.
Apareció en los suplementos de fin de semana como uno de los personajes
ilustres que murieron en 2007. Todo en él se agranda en el recuerdo.
Que si se casó 6 veces (?), que si su ego era gigantesco, que si su
vida no estuvo a la altura de su obra por su afán de solucionar los
problemas a puñetazos (y a intentos de asesinato). Escribir desgasta,
le dijo en cierta ocasión a una entrevistadora. Casi tanto como el
boxeo, sugirió. «A medida que escribes te vas erosionando y, si no te
cuidas, es muy fácil enfermar. Por eso siempre me ha fascinado el
boxeo: es muy distinto al ejercicio de escribir y, además, muy
parecido. Para convertirte en alguien realmente bueno tienes que usar
tu cuerpo de una forma que no es en absoluto beneficiosa para tu salud.
Un buen boxeador es un artista».
Para los chicos que tienden la ropa con o sin un breve delantalito y celebran los consejos de administración en el txikipark. Y para las chicas que han roto el cascarón...