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Puerta atrás. Hablamos de basket, por Iker Sagasti (Deportes)
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Miércoles, 17/03/2010
El ¿Big? Three |
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Cuando algo va mal es muy importante identificar el problema, y sus causas, para solucionarlo antes de que sea demasiado tarde. Mirando una temporada en su globalidad, uno de los factores críticos a la hora de prosperar es la capacidad de mejora y el crecimiento constante del conjunto y su juego; para ello hay que potenciar las virtudes y corregir o al menos minimizar los defectos. En el caso de Lagun Aro GBC, comenzó esta temporada creciendo de manera adecuada, apoyado en un juego atractivo y efectivo, además de en la confianza que otorgan las victorias. Después pasó por un periodo de altibajos, pero manteniendo un nivel alto, para alcanzar seguidamente su punto más brillante de la campaña coincidiendo con los choques ante Estudiantes y Joventut. Después, sin entrar a valorar las circunstancias, el equipo se estancó para después comenzar con la cuesta abajo en la que está inmerso.
Más allá de los malos resultados, es el planteamiento, el estilo, la fórmula la que ha dejado de surtir el efecto deseado. La defensa impide al GBC llevar el partido a su terreno y en ataque, los sistemas generan cada vez menos situaciones ventajosas que aprovechar.
Ahora bien, ¿de quién es la culpa? A la hora de depurar responsabilidades hablando solamente del núcleo que forma el equipo junto al cuerpo técnico, está claro que todos tienen su parte, pero unos soportan más peso específico que otros. Dicho esto, los jugadores son tan responsables como el entrenador de lo que está pasando. Y no quiero dejar de dar un profundo vistazo a su actuación. Para empezar ese repaso, nada mejor que fijar nuestra mirada en los tres hombres que más juegan, que más tiran y, en definitiva, que lideran (o deberían) al equipo sobre la cancha: Andy Panko, Antwain Barbour y Michal Ignerski, nuestro particular Big Three, que ya veremos si lo es tanto.
Para darnos cuenta del peso específico de estos jugadores, de su preponderancia, podemos observar que entre los tres meten el 50% de los puntos del GBC (37,3 ppp), disponen del 51% de las posesiones (37,9ppp) y firman el 47% de la valoración de este GBC (36,6vpp); además de coger entre los tres el 40% de los rebotes (13 rpp), es decir 337, que son más de los capturados por Doblas, Miralles y Hopkins juntos. En definitiva, que de su actuación depende una parte decisiva del éxito del Lagun Aro GBC.
La diferencia es tan grande que en las 9 victorias, entre los tres han metido 45,4 puntos por partido, mientras que en las 16 derrotas apenas firman 32,7. Y eso que disponen de las mismas posesiones por encuentro, poco más de 37 de promedio. Su porcentaje en el tiro de campo pasa de 50% a un 40%, no resintiéndose mucho en el de dos (56 por 50) y sí en el tres (de un 40 a un 30). Como resultado, la estadística que más se agrava cuando perdemos en el trío responde a la valoración: En las victorias suman 48,5 mientras que en las derrotas 30. Un cambio más que relevante.
Como primera conclusión a estos datos, señalaremos que el GBC necesita ser liderado de manera sólida por los tres jugadores llamados a soportar el mayor peso del ataque; cuando cumplen se agradece; pero cuando no, se nota mucho. Se puede decir que para que el Lagun Aro gane el Big Three tiene que rondar los 40 puntos -cifra alcanza en todas las victorias salvo frente a Unicaja (39) y Alicante (31)-, además firmar un 50% de acierto en tiros de campo.
Ahora es cuando toca comprobar que, por desgracia, lo que era un verdadero Big Three en la primera parte de la temporada, ha perdido el adjetivo Big o, cuando menos, lo ha puesto en duda.
Andy Panko, del que pronto demostraremos que es una roca y cumple contra viento y marea; Antwain Barbour, el jugador más criticado actualmente y Michal Ignerski, regular en su irregularidad, protagonizaron una primera mitad de campaña fantástica. Llevaron la voz cantante y la acompañaron de acierto. Así, en los 16 primeros encuentros, entre los tres firmaban 40 puntos, más de la mitad del equipo, en 40 posesiones, también por encima del 50% del total de GBC. Por ellos empezaba y acababa todo, su acierto en los tiros de campo era del 46%, logrando un 53% en los tiros de dos y un 38% en triples. Sus canastas se repartían de manera equilibrada, siendo 62% de los aciertos tiros de dos y el 38% triples. En los lanzados, la estadística no era muy distinta, 54% de dos y 46% triples. Al final, su valoración media en la primera parte de la temporada fue un más que destacable 40,5.
Esos números se asemejan mucho a los que reflejan las victorias. Por tanto, la cosa marchaba, el juego funcionaba y los tres jugadores llamados a finalizar daban buenos réditos a sistemas diseñados en gran parte para ellos.
La diferencia en los siguientes nueve partidos es pavorosa. Las tres principales estrellas del GBC pasan de anotar 40 puntos por partido a 32; sin mucha diferencia en las posesiones (40 por 37,7). Su acierto en los tiros de campo pasa de un 46% a un 38%; cambiando un 53% por un 48% en los tiros de dos y un 38% por un 29% en los triples (aquí Panko apenas baja de un 40% a 38% e Iggy de un 40% a 35%, mientras Barbour pasa de un 34% a un 9%, metiendo 3 de 32).
Este dato es aún más preocupante si observamos que la repartición de sus aciertos entre tiros de tres y de dos sigue siendo de un 40%/60%, pero ahora tiran más tripes que de dos (54%/46%). ¿Qué se esconde detrás de ésto? Entre otras cosas, la previsibilidad y falta de efectividad de los sistemas de ataque, que desembocan en tiros forzados, la mayoría de veces, triples. Son numerosas las ocasiones que hemos visto cómo el Lagun Aro pasaba por encima del sistema para forzar un uno contra uno o dos contra dos; el bajón en los porcentajes responde a un viejo vicio que hemos recuperado.
Pero si entre la primera parte de la temporada y los últimos nueve partidos encontramos grandes diferencias, ninguna mayor que la consecuencia de todas ellas: La bajada de la valoración desde un 40,5 de media hasta un pírrico 29,6. No olvidemos que estos jugadores son el principal sustento del equipo y en su bajón de aportación se esconde un bajón de rendimiento que refleja la dinámica negativa de este equipo. Los números que antes se asemejaban a los logrados en las victorias, ahora están mucho más cercanos a los de las derrotas.
Pocos datos más reveladores sobre el descenso del rendimiento del equipo que el experimentado en los tres que más juegan, anotan y tiran. Pero, ¿son víctimas o detonantes del mal juego? Más bien, un poco de ambas. Lo que resulta obvio es que se antoja necesario, más bien obligatorio, que los Three vuelvan a ser Big. Necesitamos la mejor versión de nuestros principales referentes para recuperar sensaciones. Porque ellos son el espejo de lo que le pasa a este equipo. Nos hacen mucha falta.
Por último, ¿quién les parece que ha experimentado un mayor descenso en su rendimiento de los tres? Sólo dejo un dato: Panko, 19,5 de valoración en los 16 primeros partidos, 16,3 en los 9 siguientes; Ignerski, de 8,8 a 7 y Antwain Barbour cambia un 12,6 por un 6,3. Más claro, el agua. |
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Escrito por Iker a las 01:52 am Ver/Hacer comentario (3)
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Lunes, 15/03/2010
Autopista hacia el Infierno |
No me entiendan mal. Con el título
no afirmo que vamos de cabeza a la LEB, ni mucho menos. Me resisto a
pensarlo; aunque cada jornada que pasa la permanencia comienza a ser
más una cuestión de fe y es cierto que nos hemos metido
en ese camino. Quiero creer que en las nueve jornadas que restan
encontraremos algún desvío que nos deje donde estamos. Con más pena que
gloria, pero en la ACB. Con el título me refiero más bien al calvario
que nos acecha las cinco próximas semanas después de haber
perdido con el Xacobeo. Un calvario que, si se impone la lógica (ojalá
que no) nos puede llevar en dos jornadas a los puestos de descenso.
Esto es así porque las dos
próximas semanas un Murcia esquilmado -por otro triple de Salgado en el
último segundo-, juega frente a Alicante y Xacobeo, lo que puede
suponer una victoria más en el casillero de nuestros principales
rivales por la permanencia; mientras el GBC tiene dos citas muy
comprometidas, recibiendo a Valencia y visitando Gran Canaria.
Esperemos que Lagun Aro se resista a esa circunstancia con alguna
victoria, pero tal y como están las cosas, lo más probable es que
visitemos el pozo. No pretendo ser agorero, sino
previsor con lo que se nos viene encima porque hay que ir preparándose.
Y además, después viene la Penya, visitamos al Estudiantes y recibimos
al Barça.
Sinceramente, de los próximos cinco encuentros,
nos podemos dar con un canto en los dientes si sacamos uno. Sobre todo,
teniendo en cuenta que éstas pueden ser las cinco jornadas seguidas más
complicadas de la temporada. Ya pasamos por un Penya, Baskonia, Fuenla,
Manresa y Real Madrid; pero el Valencia, Gran Canaria, Penya,
Estudiantes y Barça incluso lo supera, con todos los equipos en puestos
de playoff menos la Penya (9ª). Y más teniendo en cuenta
las visitas al Centro Insular de Deportes y Madrid Arena, dos de los
feudos más inexpugnables y con el GBC acumulando ocho derrotas seguidas
como visitante.
Después de esa especie de vía crucis que nos
aguarda, quedarán cuatro jornadas donde hasta tres partidos son
asequibles (y que no se me entienda mal, con asequible no quiero decir
fácil): Valladolid, que es un partido trampa observando el rendimiento
de los pucelanos; Granada y Fuenlabrada, los dos en casa con un visita
a Vitoria entre medias.
El calendario no es nada sencillo. Pero, dependiendo aún de sí mismo,
es el propio GBC el que no invita al optimismo. Hace semanas que es
patente la deriva del equipo, que no tiene nada que ver con el de los
mejores momentos de la temporada. Exhortar a que el actual Lagun Aro
puede recuperar el nivel de aquellas jornadas es un ejercicio de
futilidad y autoengaño. Ya no va a ser capaz de jugar así. Aceptémoslo.
Su estado de ansiedad se lo impide y la presión de las circunstancias
clasificatorias, también.
Siendo conscientes de que no puede rescatar ese juego y que para
salvarnos hace falta cambiar algo de manera enérgica, me surgen varias
reflexiones sobre el único golpe de efecto práctico en este momento: el
cambio de entrenador. La primera es que han pasado semanas, no se ha
corregido nada en lo que a la situación se refiere e incluso es más que
probable que se agrave sin que nadie haga absolutamente nada. Otra es
que ya sea demasiado tarde para tomar esa decisión y que venga quien
venga, difícilmente vaya a ser capaz de encauzar esto mejor que el que
lleva toda la temporada al frente de la nave.
Sin embargo, el que está al frente de la nave no tiene ya argumentos
efectivos para evitar la zozobra, que es meridiana, y que estos son
momentos para decisiones valientes, de reacciones significativas por
parte de los responsables del club. Al final, la llegada de Lorbek es
una ayuda, valiosa; pero no el golpe de timón necesario para que
nuestra dirección deje de ser la actual.
No es ya que el GBC ha perdido 9 de los últimos 11 partidos, tampoco que lleve sin
ganar fuera desde la jornada 12, ni que haya sido incapaz de encadenar
más de una victoria consecutiva desde la jornada 5; es el cómo. Busco
una y otra vez argumentos a los que aferrarme para ser optimista, una
razón para pensar que en estas nueve jornadas que quedan se puede
arreglar algo tal y como estan las cosas. Y les juro que es muy difícil
encontrarla.
Los 5,8 millones de presupuesto (menos los 250.000 sin cubrir) son más
que los 3,5 millones del Manresa, 3,7 del Xacobeo Blu:sens y Ayuda en
Acción Fuenlabrada, también son más que los 3,8 del Blancos de Rueda
Valladolid o los 4 más las deudas en fichajes del CB Murcia, incluso
son más que los 4,2 del CB Granada y los 4,4 del Meridiano Alicante
(datos publicados el dos de marzo por César Nanclares). Y hace no mucho
se nos dijo que eran el cuarto peor presupuesto de la ACB... ¿De verdad
no tenemos margen de maniobra? Porque algo hay que hacer. Sería mucho peor irse a la LEB. Y viendo lo que se nos viene encima, si seguimos así...
No hacer nada y esperar a que otro equipo además
del Murcia sea peor que nosotros es como cerrar los ojos cuando ves que
te va a atropellar un coche; quizá dé un volantazo y te esquive, pero
que como te pille... Quedarnos quietos con los ojos cerrados, nos lleve
por delante o no, es muy triste. Un modo desilunionante de acabar una
temporada que pintaba muy bien. Ahora entramos en cinco semanas donde
va a ser vital saber sufrir, si sacamos algo de ellas, si las pasamos y
seguimos fuera de puestos de descenso, tendremos una buena parte de la
salvación en el bolsillo.
Pero teniendo en cuenta que encaramos el tramo más difícil de la
temporada, ayer nos dejamos mucho más que una victoria en Santiago, nos
dejamos la posibilidad de crear un colchón de dos o incluso tres
triunfos sobre el descenso, nos dejamos la opción de afrontar lo que
queda con más confianza. Y nos dejamos la tranquilidad para lo que
resta de temporada por el camino. |
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Escrito por Iker a las 02:27 am Ver/Hacer comentario (10)
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Jueves, 11/03/2010
Las dos caras del GBC (I) |
Desde que el GBC comenzó a meterse en problemas, ya sean de resultados o de juego, que al fin y al cabo van de la mano, casi siempre nos hemos basado en sensaciones y opiniones subjetivas para encarar la realidad. Ahora, partiendo de este artículo, trataré de explicar con datos objetivos esa misma realidad. Para comenzar, he escogido una mirada sobre las dos caras del GBC; un vistazo que ayuda a reflejar de manera fiel el evidente declive que nos ha llevado desde los puestos de playoff hasta la antesala del descenso. He escogido el partido frente al Fuenlabrada a modo de división, ya que me parece una cita significativa de inicio de la mala racha (a pesar de sumar dos derrotas anteriormente, DKV y Baskonia) y, sobre todo, del bajón anímico.
PARTIDOS: Victorias y derrotas
He delimitado dos grupos de encuentros. En el primero, los 16 partidos iniciales de la temporada, en los que el equipo transmitía sensaciones más que positivas y en el segundo, los ocho siguientes, es decir, desde la visita a Fuenlabrada hasta el último partido frente al Alicante. Comenzamos fijándonos en los resultados para, en primer lugar, identificar la enfermedad y despues, poco a poco, desgranar los síntomas.
En los 16 primeros partidos logramos 7 victorias y 9 derrotas (44% de triunfos). El balance en casa fue de 4-4 y el de fuera de 3-5. La mayor pega de esta fase, en general muy buena, está en el balance como locales, un 50% que podría haber sido mayor si no se dejan escapar las citas ante Valladolid y Xacobeo. A cambio, el despliegue lejos del Donostia Arena fue más que destacado, visitando a cuatro de los cinco primeros clasificados actualmente (Barça, Madrid, Valencia y Cajasol) y logrando 3 victorias en ocho partidos. Nuestro balance entonces nos permitía estar en puestos de playoff y las sensaciones invitaban incluso a soñar con algo más.
Todo lo contrario sucede en los ocho siguentes partidos, con un récord de 2 triunfos y 6 derrotas (25% de victorias). En este caso, el balance en casa de 2-2 (idéntico 50%) y fuera de 0-4, nada que ver con lo que venía mostrando el equipo. A esto hay que añadir que los dos triunfos se logran ante equipos que no conocen lo que es ganar lejos de su cancha, así que el equipo cumple con el -insuficiente- servicio mínimo y como resultado cae del 8º al 15º puesto.
Desde la derrota en Fuenlabrada, tarde o temprano, todo el entorno entra en estado de preocupación. Se alerta de la cuesta abajo del equipo y finalmente se disparan las alarmas. Las sensaciones cambiaron por completo, pero veámos si los números refrendan las opiniones subjetivas:
PUNTOS Y POSESIONES
Uno de los síntomas más acusados que alertan del bajón del GBC es el número de puntos. En los 16 primeros partidos el GBC anotaba 78,4 puntos por partido, pasando de 80 en ocho de ellos (seis de las siete victorias llegan metiendo más de 80 puntos) y bajando de 70 en tres -perdiéndolos todos, ante Madrid (67 pts. del GBC), Barça (54) y Xacobeo (65)-. En esa etapa de la temporada, el GBC dominaba el partido, jugaba a lo que quería, obligaba a sus rivales a jugar a su ritmo y aunque encajaba 79,8 puntos, su número medio de posesiones era superior al de sus rivales (75,5 para el Lagun Aro por 74,3 de sus oponentes).
El equipo se sentía cómodo y con confianza plena en lo que hacía. A pesar de que en todos los partidos encajó 70 o más puntos salvo en uno (que perdió, ante Xacobeo), su porcentaje de victorias era alto, su juego convencía y el estilo funcionaba, en 11 de los 16 partidos los de Laso disfrutaron de más posesiones que su rival, frente a Alicante dispuso de las mismas (84, el partido que más) y sólo en 4 tuvo menos.
Sin embargo, en los últimos ocho partidos sólo ha dispuesto de más posesiones que su oponente en 4 de ellos. Pero esto no es lo peor. El GBC, que antes anotaba 78,4 puntos por encuentro, baja hasta una media de 67,2; mientras que encaja 77,6 por los 79,8 de antes. El diferencial cambia de un aceptable -1,4 que significaba un balance de 7-9, al -10,4 para un 2-6 que nos ha llevado al pozo.
La estadística de posesiones tampoco invita al optimismo: Pasamos de un 75,5 a 71,8 propio , mientras que los rivales pasan de 74,3 a un 73,7. Dejamos de tener más posesiones. Mala señal, indicio de que ya no sea juega a lo que el Lagun Aro quiere.
Se ha hablado mucho de la mala defensa y en cambio, los números dicen que se encajan dos puntos menos por partido. Pero, paradójicamente, lo que la mala defensa ha provacado (unida a la perdida del dominio del rebote) es que el GBC ataque peor, que pierda el control del juego, del ritmo (y por ende la que era su identidad), deje de correr, de conseguir canastas fáciles y anote 10 puntos menos por encuentro.
Pero hablemos del ataque con cifras en la mano.
LOS TIROS DE CAMPO: De dos y triples
Que el Lagun Aro está atacando peor es un hecho. Tiene menos posesiones, por lo que tira menos y, además, ha bajado todos sus porcentajes. Como resultado, mete muchos menos puntos.
En los 16 encuentros iniciales, el GBC lanzaba 55 tiros de campo, anotando en 26 de ellos (47%); logrando en 7 partidos un porcentaje del 50% o superior y sólo baja del 40% en un partido. Por contra, en los 8 siguientes, tira a canasta menos y peor: Intenta 51,5 tiros de campo y encesta 20, seis menos que antes, con un 39% de media.
Desglosando los lanzamientos en tiros de dos y de tres, observamos que un meritorio 56% desde dentro del arco, con 33,5 tiros y 18,8 aciertos desemboca en un 48%, intentando 29,3 y acertando en 14 de ellos.
Con los triples sucede que se tiran más pero se meten menos: Pasamos de intentar 21,5 y meter 7 (33%) a lanzar 22,1 por partido para anotar 6 (27%).
Tiros libres
Como contrapartida, metemos dos tiros libres más por partido, aunque con peor porcentaje. Pasamos del 78% (24,5 intentados y 19 convertidos) al 76% (27,6 intentos para 21 aciertos).
Otro dato relacionado con los tiros libres revela el atasco de nuestro juego. Siempre hemos sido un equipo que recibe muchas faltas, pero ha llegado el punto en el que en los últimos ocho partidos hemos anotado más tiros libres que tiros de campo: 168 t.l. por 161 t.c. (21 t.l. de media anotados por 20 t.c.), mientras que en los 16 anteriores anotamos 306 t.l. (19 de media) por 447 t.c. (26 de promedio). ¿Qué sucede? Los equipos saben que somos peligrosos corriendo y nos hacen faltas, nos obligan a jugar estático, nos convertimos en previsibles y nuestros porcentajes en juego bajan de manera ostensible.
Y las razones para no correr, para meter menos puntos y para tener menos posesiones parten de una premisa fundamental:
EL REBOTE
Una de las razones básicas, fundamentales, del éxito del estilo del GBC en la primera vuelta fue el dominio del rebote. Pero el equipo ha dejado escapar una de sus principales virtudes y con ella, se ha marchado por el sumidero algún que otro punto fuerte.
Cuando el GBC mejor jugaba, mandaba en el rebote y lo hacía con solvencia. En esos 16 partidos a los que vengo refieriéndome, los de Laso capturaban 33 rebotes por partido por 30 de su rival. Pero además, controlaba su aro, con 24 capturas por 9 rebotes ofensivos del rival, dejando escapar el 27% de los rechaces en nuestra propia canasta.
En las últimas 8 citas, el GBC ha atrapado un rebote más, 34 por partido, pero sus rivales capturan 34,6 lo que supone casi 5 rebotes más. Y lo que es peor, en nuestro aro se llevan hasta 11,5 rebotes, lo que supone un 32% ofensivos. Sólo en 3 ocasiones de 16 permitimos más de 35% en nuestro aro (sinónimo de derrota), ahora, en ocho partidos, han alcanzado o superado ese porcentaje en 4 ocasiones. Estamos perdiendo la batalla por el rebote, que para el estilo de juego de este GBC es vital.
LAS PÉRDIDAS
Por último, el que quizá fuera el mayor defecto en los partidos iniciales, que no se ha logrado corregir y eso que el equipo dispone de unas cuatro posesiones menos por partido. Antes se perdían 16,7 balones en 75,5 posesiones. Bien, ahora el número de pérdidas ha bajado a 15,7 pero en 71,8 posesiones de media. No es un dato halagüeño.
En conclusión, aquí están las dos caras del este GBC. La inicial, más lustrosa, y la actual, que se ha oscurecido. Ambas explican porqué dejamos de pelear por los puestos de playoff para luchar por la permanencia. Hay que recuperar el reverso más brillante cuanto antes y Santiago es una buena ocasión para ello. Nos hace mucha falta. |
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Escrito por Iker a las 02:41 am Ver/Hacer comentario (6)
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Lunes, 08/03/2010
Servicios mínimos |
Qué mal nos lo ha hecho pasar el GBC durante un buen rato, pero qué victoria más importante ha acabado sumando. Ayer en el Donostia Arena se midieron dos equipos con problemas, serios problemas que se evidenciaron en diferentes tramos del partido. La ansiedad pasó factura a los donostiarras desde el arranque hasta bien entrado el tercer cuarto, pero supo sobreponerse a ella, mientras que Alicante, que había manejado el encuentro durante esa larga fase, se vino abajo en cuanto giró el marcador.
Hay razones para estar contentos por la victoria. Sin duda. En todo este trayecto por el desierto de la zona baja, el único oasis que ha encontrado el GBC ha sido el hecho de atar dos partidos que no se podían dejar escapar en su cancha. Lo ha hecho sin grandes alardes y sin permitirse muchas licencias, pero lo ha hecho. Es como una especie de servicios mínimos que nos mantienen por encima de los puestos de descenso pero que ni mucho menos responden al mínimo exigible para este equipo.
Visto lo visto, esta victoria nos ofrece tranquilidad clasificatoria. Pero poco más. Porque el juego no da para muchas alegrías; no sé ustedes, pero les confieso que yo sufrí muchísimo ayer en mi localidad. Sobre todo durante la primera mitad del encuentro. Como bien explica el maestro José Ángel Samaniego en su interesantísimo artículo para www.losnumerosdelbaloncesto.com titulado "El ritmo del partido", éste se consigue controlar desde la denfesa y la del GBC durante la primera mitad fue una calamidad en esta faceta. Y ello, unido al hecho de que al equipo cada vez le cuesta más anotar mediante sus sistemas, se tradujo ayer en un GBC a la deriva durante buena parte del partido.
Los alicantinos, en cambio, encontraban ventajas desde el perímetro y también en la pintura. El control del rebote defensivo volvió convertirse en un problema y el público comenzó a ponerse nervioso. En ese momento, la pérdida de nervios por parte de Pape Sow le vino que ni pintada al Lagun Aro. El público, hasta entonces bastante frío, se metió en el partido de lleno, circunstancia que se potenció con alguna que otra decisión arbitral dudosa. La afición se volcó, llevando al GBC en volandas a por la remontada, el apoyo de la grada se hizo notar de manera decisiva.
Lo que estaba siendo un partido perverso por parte del Lagun Aro, con abuso del uno contra uno como única solución cuando los sistemas se atascaban, pudo mejorar gracias principalmente a dos hombres: Ricardo Uriz y Albert Miralles; a los que hay que unir una destacada aportación de Domen Lorbek, que no sólo ganó la batalla de los recién llegados a Erdogan, sino que demostró ser un jugador mucho más útil que el Detrick que hemos conocido en Gipuzkoa.
Fue Uriz el que cambió el ritmo del partido y, sí, lo hizo desde la defensa. En los 17 minutos y medio que el capitán estuvo en pista el equipo apenas encajó 19 puntos, mientras que en los 22 y medio que estuvo en el banquillo, el GBC recibió 42. Una diferencia más que reseñable. Ricardo asumió la batuta, contagiando a sus compañeros la intesidad defensiva que hacía falta. Hasta entonces, Avdalovic había dirigido con comodidad, había encontrado tiros francos para él y superioridades para sus compañeros. En el último tramo de partido el ataque del Meridiano prácticamente no existió. Lo mismo se puede decir de un imponente Andriuskevicius, que dejó de marcar la pauta en la zona cuando el GBC comenzó a defender.
Pero Uriz no sólo logró cambiar el partido desde la defensa, sino que con su dirección en pista el juego del GBC fue mucho más solidario, dinámico y polivalente. A pesar de sus cinco puntos de valoración, su influjo resultó decisivo y para mí fue sin duda el jugador del partido. Pero tampoco se le pueden restar méritos a un Albert Miralles que aportó mucha consistencia al equipo en la pintura, su presencia significó solidez, sin restar ni un mérito al trabajo de Doblas, que sin duda fue ímprobo, aguantando el tipo para sus compañeros cuando más estaba lloviendo. Dejar de nombrar a Panko sería una injusticia, porque como nunca falla casi nos acostumbra a su excelencia, pero tenerle es todo un lujo, más que por sus números por su pundonor (pundonor como eufemismo de cojones).
Esto fue lo mejor de una victoria que hay que saber interpretar. No podemos estar contentos con el global del juego. Aunque la disposición fue la correcta, hay muchas cuestiones que tratar; el triunfo aunque valioso no puede ensombrecer el disgusto y preocupación generalizados en la grada durante casi tres cuartas partes del encuentro. Insisto, los sistemas han dejado de resultar efectivos, se abusa de la acción individual o el bloqueo directo como solución cómoda cuando no salen las cosas o lo que es peor, se pasa por encima de los sistemas casi como un pretexto para llegar a esa dependencia del golpe de talento o refugio del pick & roll.
Esto provoca que los finalizadores firmen porcentajes en los tiros de campo como el 2/10 para Barbour, 1/6 para Ignerski o 1/4 en triples para Sergio; traducción en números de una previsibilidad galopante y encefalograma plano en el ataque del GBC. Estos son los mismos males de los que llevamos semanas hablando, defectos de una magnitud tan relevante que nos han metido de lleno en la situación que atravesamos actualmente y que por el camino han minado el entusiasmo de la afición respecto al equipo y su juego.
Por suerte, en este partido se han enmendado los errores a tiempo y no hay que olvidar que el aspecto final del equipo ha sido más convincente que frente al Murcia. Pero esto no son más que los servicios mínimos que puede ofrecer este equipo. Quizá valgan para ganar a rivales de este corte y mantener la categoría, pero de ninguna manera bastan para satisfacer la mínima exigencia que le tenemos que pedir a nuestro GBC. La victoria era imperativa y se ha logrado, pero si no mejora el juego esto no es más que pan para hoy y hambre para mañana. |
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Escrito por Iker a las 01:53 am Ver/Hacer comentario (10)
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Lunes, 01/03/2010
La respuesta a todas las preguntas |
Antes del partido frente al Bilbao Basket y coincidiendo con el parón liguero, la victoria frente al Murcia nos planteaba una serie de preguntas que el GBC se ha encargado de contestar de manera reveladora este domingo. La imagen ofrecida sirve para encontrar la respuesta demandada, una imagen desilusionante, sin nada positivo a lo que agarrarse, de impotencia, de frustación, de falta de argumentos... Una imagen que no se puede permitir y que tiene que acabar de una vez. Sobre todo ante la ejemplar respuesta, ésta sí, de una afición guipuzcoana de diez, que nunca dejó de apoyar al equipo a pesar de escarnio.
Cuando ganamos a Murcia, surgió la duda de si esa victoria podía ejercer de punto de inflexión, como un principio de reacción. Nada más lejos de la realidad. Ese triunfo fue un espejismo, una pastilla que mitiga el dolor durante un rato pero no cura la enfermedad. No obstante, se daba la casualidad de que había dos semanas para tratar al enfermo; esa victoria regalaba días de tranquilidad al equipo para buscar soluciones a los problemas que llevaron a acumular siete derrotas seguidas. Y después de esas dos semanas, ésto es lo que nos encontramos, más de lo mismo, vuelta al desierto. Mira que todo el entorno ha tratado de ser optimista y ha buscado resquicios de ilusión, pero el golpe de realidad que nos ha dado nuestro propio equipo ha sido devastador.
Ha sido el propio GBC el que se ha encargado de decirnos que la última victoria fue una anécdota, un breve reinado en el país de los ciegos, una victoria ante un conjunto desahuciado que no ha servido siquiera para subir la autoestima. Porque lo que el Lagun Aro propuso en el BEC fue un canto a la impotencia y el abatimiento. Fue como retomar la situación de las sietes derrotas donde la habíamos dejado e incluso potenciarla.
Los mismos males que acuciaban al equipo hace tres semanas han reaparecido pero incrementados. El GBC perdió todos los cuartos en e BEC y con justicia, siendo incapaces de llegar a 20 en ninguno de ellos. El Bilbao Basket nos superó desde el salto inicial hasta la bocina final. Sólo una reacción entre el final del primer cuarto y el principio del segundo presentó un hilo de esperanza, pero ficticio; para esto ha quedado este equipo, para dar la cara cuarto y medio.
Y lo verdaderamente grave, lo que nos tiene que preocupar, es que no fue un probema de acierto. Los porcentajes fueron buenos. El problema es que la propuesta de juego no funciona, ha dejado de ser efectiva hace mucho. Esa es otra de las preguntas que ya tienen respuesta: ¿Puede este equipo volver a jugar como en sus mejores momentos de la primera vuelta? Después de dos semanas preparándose, el mismo Lagun Aro nos ha dado la respuesta: No. El ataque fue un despropósito, volvió a ser previsible y ramplón. Lo que unido a la incompresible falta de intensidad en defensa y rebote da como resultado que el rival te apisona.
La estadística del número de posesiones es como para echarse a llorar: El GBC realiza 40 tiros de campo (20 triples y 20 de dos) a lo que hay que añadir 21 tiros libres; mientras que el Bilbao Basket lanza 61 tiros de campo y 27 tiros libres... ¡¡Unas 24 posesiones de diferencia!! Así es imposible ganar. Pero claro, si pierdes 17 balones y lo que es peor, si casi la mitad de los rebotes de tu aro son para el rival (18 ofensivos por 21 defensivos), es que o no le pones ganas o algo no funciona. Y ojo, que se ha hablado mucho del arbitraje... la técnica a Sergio sobraba, cierto, hubo decisiones incomprensibles, totalmente de acuerdo; pero los anteriores datos no son culpa de los árbitros, ni tampoco la derrota. Simplemente, el Bilbao Basket puso toda la carne en el asador desde el principio, cosa que el GBC no hizo jamás.
Bilbao Basket y Lagun Aro son los dos ejemplos opuestos de equipos de la zona peligrosa, uno con rumbo ascendente y otro directo al sufrimiento. Uno que ha sido capaz de cambiar la dinámica y otro que no hace más que agravarla.
Porque, no nos engañemos, el GBC va camino de ninguna parte. Si esto sigue así, pueden pasar dos cosas: Que acabemos bajando otra vez, lo que sería un golpe terrible para el club y su afición, o el mal menor, que encontremos dos equipos peores (Murcia y otro) lo que nos dejaría en la ACB de una manera triste y ruin. Tanto una opción como la otra certificarían el fracaso de un proyecto que cada día se hace más evidente que está agotado, exhausto, un modelo que no funciona y que nos lleva directos al pozo si nadie tiene el tesón de tomar una decisión y buscar lo que de verdad hace falta: Un cambio de dinámica, un revulsivo real.
Las dudas que nos pudieron surgir hace dos semanas han quedado despejadas, dispadas con una respuesta vil por parte de un equipo que no sólo ha perdido de paliza sino que lo ha hecho mostrando una imagen indigna. Parece que ya ni los jugadores se lo creen. La única pregunta que queda por responder es ¿Cuánto tiempo vamos a tener que aguantar con algo que sabemos que no funciona? |
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Escrito por Iker a las 02:29 am Ver/Hacer comentario (9)
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