El viernes tocaba ligar. Y a nadie se le resiste una invitación a un champagne con fresas. ¿Champagne con fresas dónde en San Sebastián? Evidentemente, en el único reducto oficial del lujo en la ciudad, el Hotel Mª Cristina, dónde si no se puede encontrar champagne y fresas en el carro de los postres y que se puede pedir a media tarde. Enotnces, ¿por qué narices han cerrado el Restaurante Easo? Si la noticia del cierre de un restaurante es triste, el cierre del único restaurante de nuestro único hotel de 5 estrellas es un pequeño desastre. De acuerdo, ya nos habíamos acostumbrado a que el hotel de referencia no tuviera un restaurante de cierta categoría, pero era algo que podíamos sobrellevar porque tenía otras ventajas: el lugar era precioso, el servicio era el que se le suponía a un hotel de esa categoría (aunque en cierta época llegaron a preguntarnos, en una mesa de 6, a quién le correspondía cada plato, interrumpiendo nuestra conversación), era un comedor muy discreto con la distancia suficiente entre las mesas y, por último, era el único restaurante de la ciudad al que se lo suponía una carta de comida internacional - si es que eso significa algo. Pues ahora ya no queda nada de eso, si alguien queire un servicio de restaurante o lo pide con sufciciente anteleación o no tiene nada que hacer. Después del champagne o te comes unos tallarines con verduras o un sandwich en la barra. Por cierto que el viernes pasado esas fueron las opciones que tuvo que elegir Elías Querejeta y ante la disyuntiva eligió marcharse a otro lugar o quedarse castigado sin cenar. El Saigón es un restaurante en el que se cena muy bien pero no es el restaurante que se le supone a un Westin del Luxury Collection que, además, edita con todo lujo un libro titulado Taste in Style, recetas de los restaurantes del Luxury Collection. Lo dicho, una pena.
En total fueron 22 blancos los que catamos (a ciegas) la semana pasada. Trabajo duro, lo reconozco, pero esta vez mucho más divertido que con los tintos. En primer lugar porque fueron blancos muy diferentes, había un primer grupo de txakolís, otros de blancos frescos, otro de blancos con crianza y un pequeño grupo de dulces. Pero el motivo principal por el que nos lo pasamos mejor es que los blancos son muy diferentes entre sí. Pudimos comprobar una cosa que ya venimos diciendo hace tiempo, las variedades blancas son mucho más sinceras, más claras y más directas en todos sus matices. Son tan claramente diferentes y expresivas que muestran todo su poderío desde la primera copa. Añadimos más, en el blanco se nota muchísmo el terreno, la tierra, así que una garnacha de Navarra no tiene nada que ver con una de Priorato y eso hace que los vinos sean claramente diferentes entre sí, cosa que cada vez ocurre menos con los tintos. La ganadores en cada caso fueron: Entre los txakolis Aguirrebeko de Bizkaia (con un peqeuño porcentaje de riesling) entre los frescos Viña Godeval de Valdeorras y con un 100% de godello, esa uva que está dando que hablar ahora, como si el Guitián no hubiera estado años gritando las excelencias de la variedad. Entre los que tenían crianza el Milmanda de Torres y entre los dulces el Casta Diva, por supuesto. Hubo un vino que salía de toda la clasificación, el Viña Tondonia del 81 (que ha salido ahora al mercado). Es otra división y tendrán que pasar años hasta que alguien pueda asomarse a ese balcón.
Así que en Tolosa ¿quieres tener un restaurante que se distinga y no vas a servir txuleta? Así que en Tolosa ¿quieres tener un restaurante y liarte con cartas de temporada, diversos productos en las cámaras y vinos de muchas procedencias? A lo mejor no te queda otra si quieres distinguirte y tirunfar. Y con el tiempo es lo que ha hecho Roberto Ruiz en el Restaurante Frontón de Tolosa. Acaba de presentar durante la pasada semana su nueva carta de primavera. Berberechos, espárragos a la plancha como se ven y se saborean en muy pocos sitios, una novedad que quiere ir probando, calloos de bacalao con arroz (y que tendrá que seguir experimentando), verdel y su ya tradicional oveja latxa, por cierto que ahora está empezando a experimentar con las "otras" ovejas y las diferencias entre una carne y otra, la pasión por el producto le lleva a empezar a ser un experto en ovejas, como en su día la pasión por la alubia le ha llevado a ser un experto en la babarruna. Roberto Ruiz en Tolosa se distingue y triunfa, no le queda otra. Muy recomendable.
Dicen los sidreros que a ellos no les concierne lo que ocurre fuera de las sidrerías. Faltaría más. ¿acaso son culpables los fabricantes de coches o de armas de lo que ocurre con lo que ellos venden? Dicen los sidreros que la gente se "comporta" mientras está dentro de las sidrerías y que no saben lo que pasa fuera de ellas. Obviamente es una fuerza telúrica que les invade, no se sabe si es por una fuerza magnética que se crea al mezclar sidra y txuleta. Lo ha estudiado Iker Jiménez y muy pronto le dedicará un programa. Si hubiera una fuerza que no permitiera a la gente acercarse a las sidrerías, entonces los sidreros seguro que se preocuparían de lo que ocurre fuera de sus locales. Pero una vez que has pagado y consumido, allá tu y los vecinos. Si la gente empezara a enfermar después de salir de la sidrería ¿sería responsabilidad de los sidreros? "Al fin y al cabo, señor juez, estaban como una rosa cuando han salido de la sidrería." Dice El Diario Vasco que el que vendió el cuchillo al que agredió a la mujer el pasado lunes avisó a la policía por la actitud sospechosa del individuo. Si hubiera sido sidrero le hubiera importado un comino "si no la mata en mi local no me concierne". Allá cada cual con su negocio pero un profesional se preocupa por sus clientes y por la vecindad donde está colocado su negocio. Al fin y al cabo hay una ley que habla de actividades molestas e insalubres. Pero también es verdad que los mismos ayuntamientos que deben velar por esas actividades editan guías de las sidrerías. En fin.
Me cogen de la mano las niñas y me llevan de paseo. Así, andando, andando llegamos hasta los Pirineos leridanos, concretamente a Bossost, el último pueblo antes de llegar a la frontera (el primero al pasar la frontera desde Francia). Hay que apartar a unos cuantos franceses haciendo largas colas en las gasolineras antes de situarse pero no es difícil. Bossost es un pueblo turístico muy activo con unos cuantos restaurantes, lo cierto es que toda la zona del Valle de Arán tiene retsaurantes de interés, aunque después de pasar varios días las cartas pueden resultar aburridas. Al otro lado del río Garona (ese río que se convierte en mayor y que de camino al Atlántico nos da los grandes vinos de Burdeos) hay una calle en la que se encuentra una anitgua borda reformada en restaurante muy interesante: El Portalet. Carta corta con productos de temporada pero con gran imaginación. Aciertan plenamente en sus presentaciones y lo moderno no esconde una falta de imaginación, al revés, platos en los que se ensambla perfectamente lo moderno y lo tradicional. Una carta de vinos de mucha altura y un servicio familiar muy atento y profesional. Lo tiene todo para ser un gran restaurante y, estando tan cerca de Francia no se entiende que no esté en el firmamento de las estrellas. Recomendable. Precio: 50 €
¿Por qué se empeña la gente en decir que en Londres se come tan mal? Cuando cuentas que has estado una semana en Londres enseguida te dicen, "habrás comida muy mal". Se come tan mal en londres como aquí "se come de maravilla en cualquier parte". Además, comer en Londres tiene otros alicientes. Para empezar la ciudad es un paraíso del buen servicio en comedor: amable, elegante, atento y discreto. Si quieres encontrar la perfección en ese sentido, Londres tiene restaurantes donde se podría hacer una tesis y no hacen falta grandes estrellas para eso. Mi amigo y asesor Mike me mandó a Rules. Para saber lo que es la potente y buena comida tradiconal inglesa hay dos restaurantes emblemáticos Simpson on the Strand y Rules (pegado a Covent Garden), yo era más del primero pero ante el consejo decidí probar el segundo y no se equivocaron. La comida es excelente todo en la antigua y mejor tradición inglesa con la partiocularidad de que Rules cría sus propias vacas y, en temporada de caza, tiene una finca donde se caza lo que se come en el restaurante. Así que la calidad está asegurada. La cocina es pura y dura inglesa, sin tapujos, si alugien se pide un "kidney pie" (tarta de riñones) sabe que se encontrará con un plato casi para compartir entre tres o cuatro. Pero todo será auténtico y estará fantástico. Pero lo que más me gustó de Rules es el servicio. Un camarero por cada tres mesas, hay un movimiento en la sala que casi parece una coreografía porque a pesar de que los pasillos son estrechos no hay encontronazos, los platos salen en su tiempo e incluso hay un camarero especializado en servir sopas, sí, porque hay que hacerlo elegantemente, sin dejar caer una gota, con el gesto preciso de la mano, sólo hay uno en todo el restaurante el que se decia a servir las soopas que se piden en cada mesa. Es un lujo verlo. Tiene una carta de vinos que corresponde a su categoría y, como en la mayoría de los restaurantes ingleses, el vino se sirve por copas. La verdad es que puede parecer una tontería, pero cuando uno disfruta en un restaurante realmente tiene que disfrutar con todo lo que le rodea. Y eso me pasa. Rules es el restaurante más antiguo de Londres y merece la pena la visita. Entre 100 y 125 euros persona.
Después de muchos años de hacer crítica musical para el DV, el maestro Elexpuru me enseñó hace ya muchos años (hacia el año 85) que el mejor camino hacia la buena vida empezaba por la publicidad y por eso me hice publicitario. Julio Camba me ilustró la manera de disfrutar de las cosas pequeñas y grandes que te da una vida. En el 92 me caí en una cuba de buen vino y se hizo la luz: existían más zonas vinícolas que no fueran Rioja, desde entonces mi obsesión me lleva a difundir la buena nueva sin descanso.
En el programa Keridos Monstruos de Mitxel Ezquiaga abrimos una sección llamada La Buena Vida en la que se presentaban restaurantes, vinos y otros elementos del disfrute. Al mismo tiempo hice un programa de televisión centrado en la cocina y los vinos que se llamó Sopa de Ganso (el guiño a los Hermanos Marx es, fundamentalmente, porque Groucho y Yo fue un libro que me enseñó que en esta vida lo peor que se puede hacer es tomárselo todo demasiado en serio). Hace ya un año ese programa de TV se trasladó a Punto Radio y en el suplemento mensual sobre gastronomía que edita El Diario Vasco escribo de restaurantes y vinos.