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La tesis de Blay. Una novela digital (Otros)
Martes, 13/05/2008
Había ideado una novela, La tesis de Blay, sobre una periodista que decide estudiar a un autor desconocido y devaluado en los círculos psicológicos y filosóficos.  Dicen que existe un canal conectado con el mar de la creatividad. Allí las novelas están escritas y sólo tienes que tener buen oído  para escuchar. Eso es lo que hicieron, al parecer, Antonio Tabucci y John Boyne para crear a sus  personajes.  A Antonio Tabucci el viejo periodista Pereira se le apareció una noche  y le instó  a que contara su historia. Llegó con suus tortillas a las finas yerbas, su calva y su aire sudoroso en aquel bochornoso verano de Lisboa. A John Boyne le pasó lo mismo con su Niño con el pijama de rayas. Fue Bruno el que le decía lo que tenía que escribir. Sólo así se explica que el irlandés cerrara su novela en dos intensos días y medio. Luego, por consejo de sus editores, pulió la novela durante meses. Cuando llegó la revelación, ambos eran escritores con oficio.






 

Para acceder a los cauces de la creatividad, ese canal por el que Tabucci y Boyne  pudieron escuchar a sus personajes, hay que tener muy aireada la caja negra del incosciente. Y que para ventilar la zona oscura hay técnicas.La menos agresiva, el prestar mucha atención a lo que pasa y nos pasa.



 
Escrito por Mujer tenías que ser a las 01:11 pm Hacer comentario (0)

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Lunes, 12/05/2008
¿Quién conoce a ese tío?
«No olvidaré aquel 18 de abril. Entré en el despacho de Félix Pons, mi antiguo profesor de Filosofía. Gesticulaba en el teléfono.

– ¿Por qué no se va a poder hacer un congreso sobre el infinito? Es lo que ha inspirado a los mejores pensadores y científicos.  Absurdo. Esto es absurdo.

Félix Pons era un filósofo de gran tirón mediático. Publicaba artículos en diarios de prestigio, escribía un blog y dirigía un exitoso curso en la Universidad de verano. Sus invitados eran matemáticos y científicos con Nobel o con libros muy vendidos en la Fnac.

Me esperaba una sorpresa.


– He ojeado el material que me trajiste. No está mal. Pero, ¿por qué no cambias de tema? Escribe sobre las pasiones en Spinoza, el ser humano según Montaigne, la  intuición darwiniana....

Paró un momento su discurso atropellado y me dedicó una mirada sonriente.

– Tu puedes con algo mejor, chica.

Noté mi corazon acelerado y opté por no responder. Aquello era importante para mí.

– ¡Ya lo tengo! Hay algo que va con tu estilo.Es Descartes y el racionalismo. El ‘cogito’ es lo tuyo.

Aquella frase maldita el  ‘Pienso, luego existo’, la idea que había amargado mis tiempos de estudiante de filosofía. No.


– Quiero hacer la tesis sobre Blay.

– Blay, Blay, Blay –gritó entonces Pons– Hasta el nombre resulta  ridículo. Blay. ¿Quién conoce a ese tío?».






 
Escrito por Mujer tenías que ser a las 11:52 am Hacer comentario (0)

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 La tesis de Blay (Otros)
Una novela digital.
 
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