Diario Vasco
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El primer huésped del hotel Monte Igueldo, hace 50 años, fue el hombre que inventó los cohetes de Atotxa
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Mitxel Ezquiaga | 30-05-2017 | 15:00| 0

¿Qué tienen en común el hotel Monte Igueldo, los cohetes que se lanzaban en Atotxa cuando había gol y las txapelas que se colocan a los ganadores deportivos? Vamos con otra de esas historias que nunca serán primera página… y por eso resultan tan seductoras. Al menos para quien la escribe.

El parque de atracciones de Igueldo es nuestro disneylandia txikito, un hito entrañable en la educación sentimental de sucesivas generaciones de guipuzcoanos. Y ahí está también el hotel Monte Igueldo, que cumple estos días 50 años de existencia. Fue un edificio polémico, obra del arquitecto Muñoz -Baroja, pero pronto se insertó en nuestro paisaje. La semana pasada una fiesta celebró tanto el medio siglo del hotel como el tiempo que llega, porque dicen sus responsables que ese establecimiento está cargado de proyectos.

Fue una fiesta divertida, con la bahía como telón de fondo. Lo dijo con ironía el alcalde, Eneko Goia: «Dicen en San Juan que lo más destacable de San Pedro es que tiene las mejores vistas de San Juan; del mismo modo, este hotel sería lo mejor de Donostia porque es el punto desde el que mejor se ve la ciudad».

El hotel es una atalaya fantástica que ahora se moderniza, pero fiel a su espíritu de siempre. La familia Pascual sigue al frente del parque y del hotel. La directora de éste último, Marymy Pascual, contó en la fiesta que había investigado quién fue el primer cliente del hotel hace medio siglo. Y ahí está la noticia doméstica: asegura que fue Patxi Alcorta, el legendario donostiarra que tantas cosas inventó, desde los cohetes que se lanzaban en Atotxa para celebrar los goles de la Real hasta el imponer txapelas a los ganadores de las pruebas deportivas. (Queda como recuerdo la foto de aquí arriba, en la que puede verse a Patxl Alcorta, a la izquierda, charlando con José María Casado, primer director del hotel).

Según Pascual, Alcorta fue entrevistado en directo por la radio para contar sus sensaciones esa noche inaugural. Cuando le preguntaron qué veía desde la habitación dijo que era «como estar un crucero divisando la ciudad más bella del mundo». Maite Alcorta Arzak, hija de Patxi, asistió a la fiesta de aniversario y pudo saludar a su primo, el cocinero Juan Mari Arzak.

(Alcorta regentó durante años el bar Iru Txulo, de la calle Puerto, un lugar que fue epicentro de gentes del deporte y la cultura. Patxi Alcorta, según escribió Javier María Sada, hacía todo con un sello especial y llevó sus típicas txapelas por el mundo entero. “¿Puede haber alguien, con edad para recordarlo, que no recuerde las txapelas del morrosko Urtain y sus rivales, las de Zatopeck, Abebe Bikila y todos los ganadores del cross de Lasarte, las de… ¡Hasta varias Olimpiadas y el Cross de las Naciones de Vichy llegaron a conocerlas!  ¡Y qué decir cuando las utilizaron, en señal de protesta, los atletas negros que participaban en las Olimpiadas de México”, decía Sada).

Volvemos al hotel. Los ibicencos se inventaron el ‘café del mar’ para ir a a aplaudir los crepúsculos. Nosotros tenemos en Igeldo el palco perfecto sobre la bahía y sobre el horizonte. O así.

 

 

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‘El halcón maltés’ en el Bizkaia: la txapela de Bengoetxea contada a quienes no saben qué es un frontón
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Mitxel Ezquiaga | 29-05-2017 | 07:23| 0

Es un partido de pelota, pero parece una película de John Huston. Al final ganará el antihéroe, como ocurre en las historias modernas, aunque el ‘chico’ estuvo a punto de lograrlo. Un  ’mano a mano’ en un frontón puede ser tan excitante como ‘El cabo del miedo’.

Vamos con el escenario. El frontón Bizkaia es el palacio moderno para la pelota, pero con sus colores oscuros podría servir de plató perfecto para una película de género negro. Se disputa la txapela del manomanista, que es la Champions League de este deporte antiguo, bello y extemporáneo en el que los atletas juegan con pantalón largo y sus ‘entrenadores’ reciben el nombre de botilleros. ¿Os imagináis que llamaran a Mourinho ‘botillero’ del Manchester?

Pero lo importante son los pelotaris. El campeón del año pasado, Iker Irribarria, es guipuzcoano, tiene cara de niño (y DNI: solo cuenta con 20 años) y todo un futuro por delante. Combate contra Oinatz Bengoetxea, un eterno de las canchas a sus 32 años. Iker es como un Anthony Perkins o un Hugh Grant, con su aire angelical, y Oinatz, con su aire serio y más vivido, es como un Edward G. Robinson que provoca la complicidad.

Como en las pelis de John Huston empieza ganando el bueno (bajo su cara de chico formal manda pelotas envenenadas, como el Perkins de ‘Psicosis’) pero Bengoetexea remonta, inventa saques perfectos y se pone por delante.

La tensión  se dispara, como en las pelis de Huston, e intercambian golpes como boxeadores de John Ford. La tensión es máxima, como un ‘Toro salvaje’ incruento donde los golpes son contra la pelota y la pared. Y gana Bengoetxea, el antihéroe.

En la famosa película decían que ‘El halcón maltés’ estaba construido con la materia con que se construyen los sueños. Eso, en pelota, se llama txapela. Gran final, grandes pelotaris, gran campeón. Y no la ha filmado Huston, sino una ETB que ha perfeccionado sus retransmisiones de Pelota como espectáculos teatrales. En las viejas películas el periodista busca rápido un teléfono para dar la noticia y parar la rotativa. Aquí son Euzkitze y Josean Tolosa los que lo cuentan desde una mesa a pie de cancha, como si estuvieran de picnic en el teatro de los sueños. Porque en los frontones cabe tanta épica como en Old Trafford.

 

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Por qué Monica Bellucci e Isabelle Huppert quieren tanto a Donostia y por qué George Clooney nos hace esperar
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Mitxel Ezquiaga | 16-05-2017 | 07:29| 0

Dice José Luis Rebordinos que nunca escribirá sus memorias. «Mi historia personal solo interesa a mis amigos, y las anécdotas profesionales están protegidas en muchos casos por cláusula de confidencialidad», explica el director del Festival de Cine de San Sebastián. Pero si se le tira de la lengua, a veces cuenta cosas.

Estábamos en Tabakalera, en la presentación de los carteles del Zinemaldi. Rebordinos anunció que ya está «prácticamente cerrado» un premio Donostia, que se dará a conocer en junio. En el copetín aproveché para preguntarle por algunos nombres.

Monica Bellucci, Rebor. Pocas veces te hemos visto tan feliz como la noche que bajaste con ella del brazo por las escaleras del Kursaal (véase la foto). ¿Volverá?
– Ella es una excelente actriz y una gran profesional. Tras su última visita nos mandó una carta contando qué bien se había sentido y que estará encantada de volver. Pero ha venido dos veces en poco tiempo, ya veremos. Isabelle Huppert es otra actriz gigante que ama al público de San Sebastián. Siempre está dispuesta a viajar  hasta aquí. “Me gusta cómo la gente ve ahí mis películas”, suele decir. Las dos saben apreciar los lugares donde el público vive de verdad el cine. Y eso ocurre en Donostia.

– George Clooney, Rebor. ¿Este año tampoco vendrá? Joti Díaz se va a disgustar.
– Será difícil que venga este año. De momento no parece que vaya a ser así. Por fortuna es un actor joven y habrá oportunidad en el futuro, seguro. Más pena me da que Clint Eastwood, por quien tantas veces hemos peleado, está mayor y ya no viaja a Europa salvo cosas muy aisladas.

– ‘Aundiya’, Rebor. ¿Se estrenará en el Festival de Donostia la película sobre el gigante de Altzo?
– Todavía no la hemos visto, aunque tiene una pinta estupenda. ¡Igual sus productores prefieren presentarla en otro gran festival, como Venecia, que se celebra antes! Aviso, de todos modos, que este volverá a ser un año con muy buen cine hecho en Euskadi.

Rebordinos sigue transmitiendo entusiasmo. «Es su obligación ‘vender optimismo’, pero es que encima lo vive de verdad», explica uno de sus colaboradores. Llegó a la dirección del Zinemaldi cuando comenzaba la crisis económica pero nunca lloró en público. Fue cuando acuñamos aquello de “la doctrina Rebor”: menos llorar, más hacer. Y así sigue.

Esta semana vive días cruciales en Cannes cerrando acuerdos para nuestro Festival de septiembre. Que le vaya bien… por la cuenta que nos trae. Ya hablaremos entonces de películas. Ahora es tiempo para el polvo de estrellas. O así.

 

 

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El paraíso está en Donostia, como sospechábamos: es una calle
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Mitxel Ezquiaga | 11-05-2017 | 07:30| 2

 

 

El recordado José Antonio Labordeta llevaba «un país en la mochila» y yo en mis paseos construyo «una ciudad en zapatillas». Donostia es pequeña, pero no deja de sorprender. El otro día la caminata por el estupendo bosque de Miramon me llevó hasta la calle Paraíso de Aiete. Qué maravilla: Paraiso Kalea. Ya sabíamos que el paraíso está en San Sebastián… ¡pero yo desconocía que fuese una calle! Es una arteria corta, de villas y árboles, que termina junto al reconstruido caserío Katxola, convertido precisamente ahora en ‘puerta de entrada’ al parque de Miramon.

Me gusta vivir en una ciudad que tiene calles dedicadas a territorios de ficción como Macondo u Obaba (ahí queda la mano de Ramon Etxezarreta en sus años de edil) y también al paraíso. ¿Pero por qué se llama paraíso?

Pregunté primero a Javier María Sada, el sabio de nuestra historia. «Paraíso era el nombre de un caserío que en 1862 figuraba con el número 56 en las casas pertenecientes al barrio de Amara, y que actualmente existe como casa de viviendas. Se aprobó el nombre de la calle el 19 febrero de 1996», responde.

Y recurrí después al sabio de Aiete, Félix Perez, de la hiperactiva asociación Lantxabe. Me cuenta que esa zona de villas se construyó a finales de los 90, en un área donde existían caseríos emblemáticos como Erramunene, donde se hospedada el gran campeón Miguel Gallastegui. Ahí estaba también la casa Paraíso, una vivienda que alojaba a tres familias y que quizás se llamaba así «por el lugar tan singular y hermoso que ocupaba», aventura Félix Pérez. «Allí vivió Ramón Martiarena, que trabajaba en una serrería», rememora. Y el Ayuntamiento, que recurre habitualmente al topónimo o el nombre de viejos caseríos, llamó Paraíso a la calle en recuerdo de la que casa.

Esa es la historia, que publiqué en papel el sábado. Me preguntaba entonces si los primeros moradores de la casa podrían explicar por qué eligieron el nombre de Paraíso. Y recibí un correo de Joseba Arzelus Iriarte con más datos, obtenidos de su madre, Maria Pilar Iriarte. Su familia vivió en el caserío Paraíso desde el año 1935 o 36 hasta la década de los 70.

Me permito reproducir algunos fragmentos de su correo para compartir con los lectores la búsqueda del paraíso donostiarra. “Mis abuelos, Pedro Iriarte y Francisca Asteasu, y sus hijos se trasladaron desde Trintxerpe a Aiete al comienzo de la Guerra Civil”, dice la carta. “Pedro buscaba un caserío para vivir y dedicarse al ganado, ya que su padre era tratante. Contactaron con la familia Goya y arrendaron el caserío Paraíso al matrimonio compuesto por Eugenio Zatarain y Juanita Goya, que por aquel entonces regentaba el Hotel Euskalduna de la calle Easo. A la llegada de mis abuelos y familia, el caserío, que constaba de tres viviendas, estaba deshabitado y bastante abandonado, pero había funcionado como merendero y sidrería. El lagar seguía funcionando, así que mis abuelos pusieron en marcha de nuevo el merendero y servían sidra a los clientes“.

Sigo con el correo. “Más adelante ocuparon las otras dos viviendas las familias de Ignacio Zabala y Alejandro Otxoteko. Más tarde en el lugar de el merendero se habilitó otra vivienda, a la que llegó Ramón Martiarena, ya citado en su artículo, que era carpintero y fabricaba cajas de pescado. Los últimos moradores que conoce mi madre son la la familia de Ramón”. La familia de éste sigue viviendo en Aiete, en una casa que al parecer también se llama Paraíso, en la calle Juan A. Barriola, “y que según mi madre está construida en lo que eran los terrenos de el caserío”.

Pero la madre de mi comunicante no recuerda si cuando llegó al caserío éste ya se llamaba Paraíso, ni el posible origen del nombre. Así que la historia sigue abierta. En busca del pequeño paraíso dentro de ese gran paraíso que es Donostia… aunque a veces nos parece el infierno. O al menos, el purgatorio…Resulta, en cualquier caso, que el paraíso es solo una calle…

 

(En la foto de arriba, de Google Maps, una vista aérea de la calle. En la inferior, detalle de una de las placas).

 

 

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‘Amelia’: la historia del atrevido chef argentino que abre restaurante en Donostia, ‘la ciudad de la cocina’
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Mitxel Ezquiaga | 07-05-2017 | 18:55| 0

Esta es la historia de un cocinero y un restaurante, pero podría ser un western. La gastronomía de San Sebastián se sigue moviendo y hay un nuevo chico en la ciudad: el chef argentino Paulo Airaudo, que hace unas semanas ha abierto en la calle Prim su ‘Amelia’, un original local, distinto a a la oferta habitual en Donostia.

Airaudo es un personaje. Nació en Argentina de familia italiana, ha corrido mucho mundo y su última etapa fue en Ginebra, donde logró una estrella Michelin para su restaurante La Bottega. Dice que Donostia «es mi lugar en el mundo» y ha vuelto a esta ciudad, donde ya vivió y trabajó en Arzak, para abrir un local que se llama como su hija de 2 años.

El espacio también es distinto: tiene una decoración informal, entre bistrot moderno y taberna nórdica, con una gran cristalera abierta hacia la calle y una propuesta que quiere apostar por los productos locales, según dice el chef, aunque lleva sobre todo un sello personal: el suyo.

En ‘Amelia’ pareces no estar en San Sebastián, y lo digo como elogio. Pasan cosas raras: el maitre es italiano y solo habla en ese idioma, como si estuvieses en una película de Nanni Moretti. En la planta inferior está la cocina, abierta, y el chef invita a los comensales a bajar a degustar ahí uno de los platos. Junto a los fogones hay un par de mesas más amplias para grupos o para gente que quiere ver, simplemente, qué pasa en el corazón del restaurante.

‘Amelia’ ofrece un menú de 12 pases por 85 euros y uno más corto, de 9 pases, por 70 euros. A eso hay que sumar las bebidas: existe un maridaje con vinos italianos. El menú cambia según mercado, pero el que degustamos la semana pasada fue éste: espárragos blancos y mejillones; sardinas ahumadas y cebolla; mollejas con láminas de calabaza; crema de espárragos trigueros; panacotta y ostras; alitas de pollo y apio nabo; verdel curado, remolacha horneada y vinagreta de ‘creme fraiche’; pato, berenjana y espinacas; fresas e hinojo, y puré de Topinambur caramelizado con granola de nuez y sorbete de chocolate blanco.

Como saben los fieles, yo no soy crítico gastronómico (esa suerte tengo) sino observador de la fauna culinaria y sus circunstancias. El tiempo dirá si Amelia tiene hueco en un San Sebastián tan intenso en los fogones, y si sus precios son competitivos en la ciudad de la gastronomía. De momento queda constancia de que hay un nuevo personaje que también parece surgido (y termino ya  con los símiles cinematográficos) de un filme de Adolfo Aristarain o de un reparto con Ricardo Darín. Y es que estamos en la ciudad de la cocina, Airaudo, pero también del cine.

(en la foto, el chef en su salsa… o sea, en su cocina)

 

 

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