Diario Vasco
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El día que Muhammad Ali negó el saludo a Urtain ante 10.000 personas
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Mitxel Ezquiaga | 05-06-2016 | 19:57| 0

Muhammad Ali ya había dicho que Urtain era “el mejor peso pesado europeo”, y hasta gritó que estaría encantado de “romperle la cara“. Pero luego, cuando llegó el momento de conocerle en persona, el antes llamado Cassius Clay no quiso saludar al ‘morrosko’. ¿Falta de interés o parte del show? Más bien lo segundo. Porque nada menos que 10.000 personas contemplaron la escena en directo. Vamos a explicarlo…

Fue en Barcelona, en agosto de 1972, y una de las crónicas que dan cuenta del suceso la escribió en la revista Triunfo nada menos que Manuel Vázquez Montalbán, bajo el seudónimo Luis Dávila, uno de los múltiples nombres que utilizaba el escritor en su fecunda actividad periodística. Ali fue a capital catalana para protagonizar un combate de exhibición frente al argentino Goyo Peralta. El púgil de Louisville vivía un momento dorado y el público llenó la plaza de toros Monumental para presenciar la pelea. Cuentan las crónicas que el norteamericano recibió un millón de pesetas por la velada, gastos aparte, y que llegó como una estrella, acompañado de familia y amigos, hasta el punto de que pidió doce coches para moverse por la ciudad.

A Ali le pedían espectáculo y lo dio. En la rueda de prensa de la víspera se mostró histriónico (“¿dónde está ese Peralta, que lo mato aquí mismo?”), fue cuando habló de Urtain (“he oído hablar mucho de él”), protagonizó un público pesaje oficial en la galería Jorba Preciados y al fin llegó la cita de la Monumental.

Para recibirle subieron al cuadrilátero las grandes glorias del boxeo español. Ali dio la mano a todos, pero cuando apareció Jose Manuel Ibar ‘Urtain’ el nortamericano se negó. Urtain insistió y Muhammad Ali hasta hizo amago de propinarle un cachete. Hubo una pequeña trifulca en el ring, como prueba la extraordinaria foto de esa noche que acompaña estas líneas, y que reproducimos con su aire de teletipo histórico. Buena parte de los espectadores, incluido Montalbán, sospecha que fue más voluntad de show que otra cosa, tal como uno puede imaginar al ver el rostro sonriente del propio Urtain. Solo Ali parece tomarse en serio la escena. La pelea con Peralta era de exhibición y terminó, tras ocho asaltos, sin ganador.

Muhammad Ali viviría después grandes noches, como su mítico combate contra Foreman en Kinshasa, en 1974, y Urtain experimentó el triunfo, la fama, la polémica y, muchos años después, su triste final, en 1992, cuando se precipitó desde una ventana en lo que todo el mundo consideró un suicidio.

Ali ha muerto ahora como una leyenda. Urtain, después de fallecer, también originó en su modestia un buen puñado de historias literarias, incluido el fascinante y premiado montaje teatral de la compañía Animalario. Aquella noche de Barcelona fue solo una anécdota menor en sus vidas, pero deja un titular que bien podría haber firmado el propio Vázquez Montalbán: el día que Muhammad Ali negó el saludo a Urtain.

 

 

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Un guipuzcoano ha ganado la txapela, aita (Irribarria, mi padre y yo)
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Mitxel Ezquiaga | 29-05-2016 | 19:26| 1

 

Un guipuzcoano ha ganado el manomanista de Pelota 27 años después. Es un chaval de 19 años que podría ser mi hijo. Y al ver el gran triunfo de Iker Irribarria me he puesto sentimental y he recordado a mi padre. Si quieren leer la crónica de la final, hagan ‘click’ en otro sitio. Si les gustó ‘Cinema Paradiso’, aquí tienen ‘Frontón Paradiso’. O algo así.

Mi padre fue cronista pelotazale durante casi cuatro décadas. De niño yo le acompañaba a los frontones y disfrutaba, aunque confieso que me lo pasaba aún mejor cuando me llevaba a la Redacción. Al final heredé más la pasión por el periodismo que la afición por la Pelota.

En 1989, cuando él ya estaba jubilado de los periódicos, vivimos juntos a través de la tele la final que ganó Josean Tolosa, el pelotari que él había seguido desde que era un chaval que empezaba en los frontones. Lo celebró con una pasión que ya parecía haber perdido: la victoria de un guipuzcoano le recordaba mejores épocas (de la Pelota y de mi propio padre) cuando escribía crónicas sobre Gallastegui o los Atano que convertían en épica un dos paredes o una dejada al ancho.

Paco Ezquiaga murió en 1996 sin volver a ver un campeón guipuzcoano. La maldición ha seguido durante tiempo. Y por eso he seguido la trayectoria de Iker Irribarria estas semanas como un ‘enviado especial al presente’ de mi aita. Me he sentado a ver la final como si estuviéramos otra vez juntos, aunque quien andaba por el salón es mi hijo pequeño, de 17 años, casi la edad del pelotari ganador, el más joven de la historia.

He animado al chaval de Arama desde el sofá y he vivido su victoria como un asunto de memoria histórica. Me gusta este Irribarria que en el juego se mueve tan serio que parece el imperturbable Indurain de los Tours, que da espectáculo en la cancha y que mañana, cuando pasen los ecos de su victoria, se centrará en preparar el fin de curso de sus estudios de Ingeniería Mecánica en la Goierri Eskola de Ordizia.

Un guipuzcoano ha ganado la txapela, aita. Y por cierto: tu amigo Miguel Gallastegui sigue como siempre. Continúa siendo el más joven del frontón.

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Viaje al preestreno secreto de Mugaritz: Mary Poppins sigue en Errenteria
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Mitxel Ezquiaga | 12-04-2016 | 19:23| 0

Es ya una tradición: el restaurante Mugaritz invita a una veintena de personas al ‘preestreno’ de su nueva temporada. Son (somos) felices conejillos de indias que ponen a prueba el complejo mecanismo del local antes de la apertura oficial de puertas. Este año el restaurante guipuzcoano recibió más de 5.000 peticiones de todos los lugares del mundo para su ‘ensayo general’. Y al final un puñado de escogidos ha disfrutado este martes (hoy, ayer, esta semana, depende de cuándo leas esto) de la siempre rompedora propuesta de Andoni Luis Aduriz y su equipo. Rompedora, sí: Mary Poppins sigue viviendo en este idílico lugar, rodeado de montes, donde el menú sigue una secuencia ilógica, las cosas no son como parecen y el sumiller Guillermo Cruz, a punto de competir en Argentina en el campeonato mundial de lo suyo, te sorprende con vinos llegados de una escarpada ladera alemana o una recóndita finca de Mendoza. Los vinos, como la comida, buscan llevarte al lugar donde nunca has estado.

Es una celebración de la vida. Aduriz y sus gentes siguen pensando que quien visita su restaurante no solo busca comer, sino una experiencia vital. En este pre-estreno que pone a prueba el funcionamiento de los fogones y de la sala había clientes de todo tipo: amigos donostiarras, fans madrileños o curiosos catalanes como la pareja formada por Teresa Boada y Antonio Quer (en la foto posan con el propio Aduriz en la cocina). Vinieron desde Girona, desde Port de la Selva, y disfrutaron del menú, del local y de la charla de Andoni Luis Aduriz. “¡Mis primeras prácticas como cocinero fueron en Port de la Selva!”, exclamaba el cocinero entusiasmado ante sus nuevos amigos catalanes. “Hemos vivido una experiencia única”, respondían los gerundenses, profesionales del pan y de la repostería.

“Hace años que empezamos este inicio con un doble motivo”, dice Andoni. “Por un lado nos sirve para rodar nuestra maquinaria y, por otro, invitamos a comer a gente interesada en nuestra oferta y que quizás no viene a lo largo del año”. Todo es diferentes este día: el propio cocinero se sienta en una mesa del comedor, con su mujer, para vivir como comensal la experiencia de Mugaritz. Luego toma el café con los invitados para conocer su opinión en una libre y espontánea tormenta de ideas.

Tras el ‘preestreno’ Mugaritz ya ha abierto sus puertas. La temporada 2016 está lanzada. Y la oferta sigue cambiando: un menú más largo que otros años espera al cliente. Se mantienen las ganas de jugar: ¿por qué hay que seguir el orden que empieza en las verduras, sigue en el pescado y termina en la carne?, dicen. Así que uno debe abandonar perjuicios y prejuicios y dejarse llevar: de las almejas glaseadas con limón a los tuétanos de col asados, de las hojas aliñadas con cochino  al chip salado de naranja y pato, para terminar con un delicioso queso de los de siempre o dulces no menos juguetones. Por cierto: la mayoría de los platos se come con la mano, sin cubiertos. En algún caso uno se siente como Leonardo Di Caprio en ‘El renacido’, comiendo un oso con los dedos. Solo el eficaz servicio de sala, guiado por Joserra Calvo y Elisabeth Iglesias con su exquisito oficio, nos recuerda que estamos en uno de los mejores locales del mundo según la lista de Restaurant.

Mugaritz sigue entre el respeto a la naturaleza, el juego y la transgresión. No es un restaurante, sino una experiencia. Mary Poppins, en moderno, sigue viviendo aquí.

 

P.d. Al equipo de Andoni Luis Aduriz le va la marcha. Entre los postres aparece un gelatinoso dulce que recuerda al muñeco Michelin. Ahora que una campaña en internet defiende dar la tercera estrella Mugaritz, en el local sirven a su mascota de postre. El espíritu de Mary Poppins y su paraguas todo lo protege.

 

 

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Cinco razones y media para leer ‘Cinco esquinas’ (Varguitas sin Preysler)
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Mitxel Ezquiaga | 15-03-2016 | 18:25| 1

La novela ‘Cinco esquinas‘ no entrará en el ‘top’ imprescindible de Mario Vargas Llosa, pero uno se lo pasa muy bien leyendo el libro. ¿No es bastante? ¿Hay que leer la novela-de-la-que-todo-el-mundo-habla? Ahí van cinco razones y media para hacerlo.

 

1. Verás: este tipo que ahora sale tanto en el Hola y que siempre lleva a la novia de la mano, incluso a los fastos de la Academia, ya era un escritor excelente antes de convertirse en hombre objeto. Y lo sigue siendo, aunque haga locuras de adolescente enamorado como empeñarse en dar en casa de Isabel Preysler (que ahora también parece su casa) todas las entrevistas de promoción de su nuevo libro.

2. ‘Cinco esquinas’ no es ‘Conversación en la catedral’, ni ‘La fiesta del chivo‘, pero cuenta con oficio y eficacia una historia que atrapa desde el principio hasta el final. La novela pasa la prueba del nueve: es de las que te pide desde la mesilla “tómame”. Aunque, como ha subrayado alguien, esté llena de diminutivos.

3. El argumento es sabido:  amores lésbicos, periodismo amarillo, la crónica del Perú de Fujimori y varias sorpresas más. ¿Les parece poco? Quizás solo sobra la moraleja… pero se compensa con su pequeño chiste. Vargas Llosa cumple este mes 80 años pero sigue siendo juguetón.

4. El escritor  termina con la maldición del Nobel. Ya saben: la experiencia nos dice que un autor queda incapacitado para escribir después de recibir el premio gordo de las letras. Vargas desmiente la historia y presenta una novela interesante post-Nobel.

5. Vargas Llosa es uno de esos escritores cuya obra nos acompaña a varias generaciones desde que empezamos a leer. Si nos gustan los libros es, entre otras cosas, porque a medida que cumplíamos años íbamos devorando ’La ciudad y los perros’, ‘Pantaleón y las visitadoras’ o ‘La tía Julia y el escribidor’. ‘Cinco esquinas’ podría ser una obra de madurez pero más parece la obra de un travieso. Lo celebramos.

Y media. la literatura es un placer solitario pero una buena excusa para socializar. Esta novela permite disfrutar en la intimidad y tener luego tema de conversación: es el libro que se comenta entre los lectores a la última. Un argumento frívolo, sí. Y qué.

 

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Mercero cumple 80 años, pero él no lo sabe: nosotros somos su memoria
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Mitxel Ezquiaga | 13-03-2016 | 20:13| 0

Vamos a contar una historia que parece de Antonio Mercero. Pero esta vez él no es el director, sino el protagonista. Y a su pesar.

El gran director de Lasarte  cumplió el lunes pasado 80 años. Lo hizo rodeado de los suyos, pero probablemente él no supo que celebraba un ‘cumple’ tan redondo: está enfermo, ausente, sin memoria. No importa: en realidad, nosotros somos ahora su memoria; todos los que crecimos acompañados de su talento y de su creatividad tranquila, surgidos desde la tele e incrustados con tanta naturalidad en nuestra vida cotidiana.

Llamo a su hijo, el también director y realizador Iñaki Mercero, otro artista discreto que está detrás de la cámara en series como ‘Allí abajo’ o ‘El príncipe’. «Mi padre está tranquilo, apagándose poco a poco. Su 80 cumpleaños lo celebramos con él, en familia, con la esperanza de que dentro de su mundo fuera consciente de tan señalada fecha», me cuenta.

La última película de Mercero, ‘¿Y tú, quién eres?’, rodada en 2007 precisamente en escenarios como Donostia o Chillida-Leku, hablaba del alzheimer, y es el alzheimer, o algo parecido, lo que le mantiene desde hace años ausente. En 2010 recogió en casa el Goya de honor que le llevó Álex de la Iglesia: la cabeza de Mercero ya vagaba por otros mundos, pero la estampa de esa entrega domiciliaria (en la foto) sigue emocionando hoy.

Mercero es nuestra historia, desde aquellas ‘Crónicas de un pueblo’ de los años oscuros hasta el adolescente ‘Verano azul’ (adolescente para sucesivas generaciones, a fuerza de repeticiones) o la ‘Farmacia de guardia’ que constituyó uno de los primeros éxitos de las cadenas privadas. Siempre triunfó con su cóctel de humor, ternura y costumbrismo, espejo de sucesivas épocas. También en el cine: su ‘Planta cuarta‘, con la lucha de los chavales contra el cáncer, fue uno de los últimos ejemplos.

Una vez le pregunté, con la simplificación que tanto usamos los periodistas, con qué se quedaría de toda su carrera. «Apostaría por ‘La cabina’, y no sólo porque ganó el Emy. Es un programa de 1972 que sigue vigente, mantiene su fuerza y tiene el aire de un clásico», confesó. Y uno, como humilde espectador, lo corrobora. Es como de David Lynch antes de que Lynch hiciera películas.

El realizador ejerció de guipuzcoano en Madrid, con su forofismo txuri urdin y su reivindicación de Donostia que le acabaría valiendo un Tambor de Oro. «Soy cofrade de la alubia de Tolosa, del salmón del Bidasoa, del pintxo donostiarra, del cuto divino de Tafalla y de la federación de cofradías gastronómicas», contaba.

Sus hijos Iñaki y Antonio han seguido sus pasos: hay ‘merceros’ para muchos rótulos de crédito. Zorionak, Antxonmercero: ojalá «dentro de tu mundo» recojas el afecto de quienes fuimos tus espectadores.

 

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