Diario Vasco
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¿Has suspendido? Mira a Martín Berasategui: vuelve como distinguido al lugar donde suspendió todo
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Mitxel Ezquiaga | 04-07-2016 | 18:40| 5

 

¿Afronta tu hijo o hija el verano cargado de suspensos? ¿Tienes tu expediente académico en números rojos? Pues leed la parábola de Martín Berasategui: el joven cocinero suspendió todas las asignaturas a su paso por Lecaroz y ahora le invitan a lo que fue su internado como alumno distinguido. Es una historia que sirve de consuelo para gente en apuros: el otro día me la volvió a contar mientras paseábamos por La Concha en madrugadora caminata. Allá va.

Berasategui tenía 14 años y era mal estudiante. Había pasado, con poco éxito, por colegios como Mundaiz. Así que su familia le envió a Lecaroz. El mítico internado del norte de Navarra acogía tanto a prometedores jóvenes (como un Pedro Miguel Etxenike que ya apuntaba maneras) como a ‘rebotados’ de otros centros.

Martín pasó un año en el internado. «Suspendí las diez asignaturas», confiesa ahora. «Algunas, porque era un desastre. Otras, como francés, las podía haber aprobado, pero mi interés era suspenderlas todas. Había pactado con mis padres que si iba mal en los estudios podría dedicarme al fin a lo que quería: la cocina».

Durante el curso Berasategui tuvo que disimular. Con la complicidad del portero de su casa familiar en Donostia ‘interceptaban’ las cartas que llegaban del internado: fue el tiempo en que Martín aprendió a falsificar la firma de su padre para fingir que éste daba ‘acuse de recibo’ a las notas (o sea, los suspensos) que llegaban desde Lecaroz. Es otra de las partes hermosas de la historia: aquella firma del padre que Berasategui copiaba es hoy la firma ‘oficial’ del cocinero. Está en las fachadas de sus restaurantes y en sus cartas, como un último homenaje del chef a su aita.

Llegó el final de curso, se destapó el desastre escolar de Martín y éste logró lo que quería: trabajar en la cocina del bodegón familiar. Era septiembre de 1975 y tenía 15 años. Poco tiempo después llegaría el momento en que Berasategui dijo a su madre y a su tía que ya era para ellas hora de descansar y él asumió las riendas del Alejandro… hasta ser el rey de la Michelin y el cocinero top que es hoy.

Los exalumnos del desaparecido Lecaroz montaron hace un par de semanas un acto para conmemorar los 105 años de la Asociación. Se acercaron a los restos del internado que ya no existe algunos ilustres antiguos estudiantes: el propio Etxenike, el obispo Izeta, el periodista Fermín Goñi… y Berasategui, el estudiante que había suspendido todas.

¿Moraleja?, pregunto a Martín al terminar el paseo mañanero. «Que es muy importante estudiar y que me hubiera encantado ser mejor alumno», responde. «Pero que también hay otras formas de salir adelante en la vida, y que no hay que hacer dramas a cuenta de los suspensos», reflexiona en voz alta. «Mi sueño era ser cocinero y lo conseguí. Y encima he logrado cosas que nunca hubiera soñado». Es la parábola de Martín, quizás no edificante pero seguro que útil en fechas como éstas: una excusa para alumnos suspendidos, un consuelo para padres enfadados.

(en la foto, el Martín de sus principios como cocinero, en el Bodegón Alejandro)

 

 

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El ‘Sueño’ que triunfa en Cristina Enea: la mejor cara del 2016
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Mitxel Ezquiaga | 27-06-2016 | 18:33| 0

Shakespeare está en Donostia. San Sebastián 2016 celebra ya su primer consenso: el Sueño de una noche de verano que se representa cada noche en Cristina Enea maravilla por igual a todos los que nos adentramos en su magia. Esa fiesta cultural-gastronómico-multisensorial se ha convertido ya en lo que muchos consideramos lo mejor que ha pasado hasta ahora con la Capitalidad. Es un lujo en todos los sentidos: teatro al aire libre, recorrido por el parque bajo las estrellas (o el sirimiri, si toca), sorpresas cargadas de talento artístico y 140 personas que trabajan cada tarde-noche para 250 espectadores.

Quienes llevamos tiempo en esto escuchamos hace ya muchos años a Fernando Bernués el sueño de su sueño: llevar el clásico de Shakespeare a Cristina Enea y conseguir que nuestro viejo y entrañable parque se convirtiera de verdad en el bosque imaginado por el inglés.

El sueño es ya realidad, y su única única pega es la posible muerte por éxito:en total  solo 7.500 espectadores podrán contemplarlo a lo largo de este mes de representaciones. Las entradas se agotaron y se está generando ansiedad por verlo, hasta el punto de que ya hay grupos de Facebook pidiendo una prórroga. El problema es que muchos de su coral reparto de participantes tienen ya compromisos para las fechas posteriores y será difícil la prolongación. La última función es el 24 de julio. El precio de las entradas era de 30 euros en venta anticipada y 40 en la misma taquilla.

El secreto de la función radica en la concentración de muchos talentos cercanos, en un ‘dream team’ que viene a ser el antiHanselCerezismo. No había que ir lejos para buscar estrellas: el talento, si se sabe encontrar, puede estar cerca.

Bajo la dirección de Bernués e Iñaki Rikarte y la adaptación de Patxo Telleria la selección artística incluye al mejor star system de nuestros actores (Gorka Otxoa, Aitziber Garmendia, Isidoro Fernandez, Ane Gabarain, Itziar Atienza, Ramon Agirre… están todos), la música de Iñaki Salvador, la coreografía de Jon Maya o los vestuarios de Ikerne Giménez y la finlandesa guipuzcoana Titty Thusberg. La mano de la gran Luisa López Tellería (ella sí que es hada madrina del bosque) y los siempre entusiastas líderes de Bokado (Jesús Santamaría y Jose Mari Pikabea a la cabeza) se suman con la celebración gastronómica.

Porque hay que avisar al espectador que la boda de este ‘Sueño’ incluye una estupenda y traviesa cena en la que no falta el cordero o un vino Beronia que prepara los sentidos para lo que llega: un paseo nocturno en el que cada escena encuentra una ubicación distinta y donde el público se va deslumbrando con imágenes de una belleza entre pictórica y cinematográfica hasta llegar al baile final.

La versión incide más en lo cómico que en lo trágico, pero las sensaciones dominan en tres horas de ceremonia de las que uno sale feliz. Quienes fuimos el jueves pasado hasta tuvimos la experiencia de una ligera lluvia que no aguó la fiesta: más aún, la envolvió en una magia mayor. Ese día formaba parte del público el alcalde Eneko Goia («es lo más bonito que he visto en mucho tiempo», decía al salir) o Marisol Garmendia, hoy diputada foral, que recordaba cómo alentó este proyecto en sus días al frente del 2016. (El viernes se vivió la primera suspensión por culpa de la lluvia: los riesgos de la Naturaleza).

Dice Bernués que cada cierto podrían repetirse estos ‘sueños’ con más adaptaciones literarias: un ‘Hamlet’ o ‘Rey Lear’  en el Castillo de la Mota, ‘Una isla del Tesoro’ entre el muelle y Santa Clara… Ojalá: ese sí que seria un buen legado de Donostia 2016.

 

 

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El día que Muhammad Ali negó el saludo a Urtain ante 10.000 personas
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Mitxel Ezquiaga | 05-06-2016 | 19:57| 0

Muhammad Ali ya había dicho que Urtain era “el mejor peso pesado europeo”, y hasta gritó que estaría encantado de “romperle la cara“. Pero luego, cuando llegó el momento de conocerle en persona, el antes llamado Cassius Clay no quiso saludar al ‘morrosko’. ¿Falta de interés o parte del show? Más bien lo segundo. Porque nada menos que 10.000 personas contemplaron la escena en directo. Vamos a explicarlo…

Fue en Barcelona, en agosto de 1972, y una de las crónicas que dan cuenta del suceso la escribió en la revista Triunfo nada menos que Manuel Vázquez Montalbán, bajo el seudónimo Luis Dávila, uno de los múltiples nombres que utilizaba el escritor en su fecunda actividad periodística. Ali fue a capital catalana para protagonizar un combate de exhibición frente al argentino Goyo Peralta. El púgil de Louisville vivía un momento dorado y el público llenó la plaza de toros Monumental para presenciar la pelea. Cuentan las crónicas que el norteamericano recibió un millón de pesetas por la velada, gastos aparte, y que llegó como una estrella, acompañado de familia y amigos, hasta el punto de que pidió doce coches para moverse por la ciudad.

A Ali le pedían espectáculo y lo dio. En la rueda de prensa de la víspera se mostró histriónico (“¿dónde está ese Peralta, que lo mato aquí mismo?”), fue cuando habló de Urtain (“he oído hablar mucho de él”), protagonizó un público pesaje oficial en la galería Jorba Preciados y al fin llegó la cita de la Monumental.

Para recibirle subieron al cuadrilátero las grandes glorias del boxeo español. Ali dio la mano a todos, pero cuando apareció Jose Manuel Ibar ‘Urtain’ el nortamericano se negó. Urtain insistió y Muhammad Ali hasta hizo amago de propinarle un cachete. Hubo una pequeña trifulca en el ring, como prueba la extraordinaria foto de esa noche que acompaña estas líneas, y que reproducimos con su aire de teletipo histórico. Buena parte de los espectadores, incluido Montalbán, sospecha que fue más voluntad de show que otra cosa, tal como uno puede imaginar al ver el rostro sonriente del propio Urtain. Solo Ali parece tomarse en serio la escena. La pelea con Peralta era de exhibición y terminó, tras ocho asaltos, sin ganador.

Muhammad Ali viviría después grandes noches, como su mítico combate contra Foreman en Kinshasa, en 1974, y Urtain experimentó el triunfo, la fama, la polémica y, muchos años después, su triste final, en 1992, cuando se precipitó desde una ventana en lo que todo el mundo consideró un suicidio.

Ali ha muerto ahora como una leyenda. Urtain, después de fallecer, también originó en su modestia un buen puñado de historias literarias, incluido el fascinante y premiado montaje teatral de la compañía Animalario. Aquella noche de Barcelona fue solo una anécdota menor en sus vidas, pero deja un titular que bien podría haber firmado el propio Vázquez Montalbán: el día que Muhammad Ali negó el saludo a Urtain.

 

 

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Un guipuzcoano ha ganado la txapela, aita (Irribarria, mi padre y yo)
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Mitxel Ezquiaga | 29-05-2016 | 19:26| 1

 

Un guipuzcoano ha ganado el manomanista de Pelota 27 años después. Es un chaval de 19 años que podría ser mi hijo. Y al ver el gran triunfo de Iker Irribarria me he puesto sentimental y he recordado a mi padre. Si quieren leer la crónica de la final, hagan ‘click’ en otro sitio. Si les gustó ‘Cinema Paradiso’, aquí tienen ‘Frontón Paradiso’. O algo así.

Mi padre fue cronista pelotazale durante casi cuatro décadas. De niño yo le acompañaba a los frontones y disfrutaba, aunque confieso que me lo pasaba aún mejor cuando me llevaba a la Redacción. Al final heredé más la pasión por el periodismo que la afición por la Pelota.

En 1989, cuando él ya estaba jubilado de los periódicos, vivimos juntos a través de la tele la final que ganó Josean Tolosa, el pelotari que él había seguido desde que era un chaval que empezaba en los frontones. Lo celebró con una pasión que ya parecía haber perdido: la victoria de un guipuzcoano le recordaba mejores épocas (de la Pelota y de mi propio padre) cuando escribía crónicas sobre Gallastegui o los Atano que convertían en épica un dos paredes o una dejada al ancho.

Paco Ezquiaga murió en 1996 sin volver a ver un campeón guipuzcoano. La maldición ha seguido durante tiempo. Y por eso he seguido la trayectoria de Iker Irribarria estas semanas como un ‘enviado especial al presente’ de mi aita. Me he sentado a ver la final como si estuviéramos otra vez juntos, aunque quien andaba por el salón es mi hijo pequeño, de 17 años, casi la edad del pelotari ganador, el más joven de la historia.

He animado al chaval de Arama desde el sofá y he vivido su victoria como un asunto de memoria histórica. Me gusta este Irribarria que en el juego se mueve tan serio que parece el imperturbable Indurain de los Tours, que da espectáculo en la cancha y que mañana, cuando pasen los ecos de su victoria, se centrará en preparar el fin de curso de sus estudios de Ingeniería Mecánica en la Goierri Eskola de Ordizia.

Un guipuzcoano ha ganado la txapela, aita. Y por cierto: tu amigo Miguel Gallastegui sigue como siempre. Continúa siendo el más joven del frontón.

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Viaje al preestreno secreto de Mugaritz: Mary Poppins sigue en Errenteria
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Mitxel Ezquiaga | 12-04-2016 | 19:23| 0

Es ya una tradición: el restaurante Mugaritz invita a una veintena de personas al ‘preestreno’ de su nueva temporada. Son (somos) felices conejillos de indias que ponen a prueba el complejo mecanismo del local antes de la apertura oficial de puertas. Este año el restaurante guipuzcoano recibió más de 5.000 peticiones de todos los lugares del mundo para su ‘ensayo general’. Y al final un puñado de escogidos ha disfrutado este martes (hoy, ayer, esta semana, depende de cuándo leas esto) de la siempre rompedora propuesta de Andoni Luis Aduriz y su equipo. Rompedora, sí: Mary Poppins sigue viviendo en este idílico lugar, rodeado de montes, donde el menú sigue una secuencia ilógica, las cosas no son como parecen y el sumiller Guillermo Cruz, a punto de competir en Argentina en el campeonato mundial de lo suyo, te sorprende con vinos llegados de una escarpada ladera alemana o una recóndita finca de Mendoza. Los vinos, como la comida, buscan llevarte al lugar donde nunca has estado.

Es una celebración de la vida. Aduriz y sus gentes siguen pensando que quien visita su restaurante no solo busca comer, sino una experiencia vital. En este pre-estreno que pone a prueba el funcionamiento de los fogones y de la sala había clientes de todo tipo: amigos donostiarras, fans madrileños o curiosos catalanes como la pareja formada por Teresa Boada y Antonio Quer (en la foto posan con el propio Aduriz en la cocina). Vinieron desde Girona, desde Port de la Selva, y disfrutaron del menú, del local y de la charla de Andoni Luis Aduriz. “¡Mis primeras prácticas como cocinero fueron en Port de la Selva!”, exclamaba el cocinero entusiasmado ante sus nuevos amigos catalanes. “Hemos vivido una experiencia única”, respondían los gerundenses, profesionales del pan y de la repostería.

“Hace años que empezamos este inicio con un doble motivo”, dice Andoni. “Por un lado nos sirve para rodar nuestra maquinaria y, por otro, invitamos a comer a gente interesada en nuestra oferta y que quizás no viene a lo largo del año”. Todo es diferentes este día: el propio cocinero se sienta en una mesa del comedor, con su mujer, para vivir como comensal la experiencia de Mugaritz. Luego toma el café con los invitados para conocer su opinión en una libre y espontánea tormenta de ideas.

Tras el ‘preestreno’ Mugaritz ya ha abierto sus puertas. La temporada 2016 está lanzada. Y la oferta sigue cambiando: un menú más largo que otros años espera al cliente. Se mantienen las ganas de jugar: ¿por qué hay que seguir el orden que empieza en las verduras, sigue en el pescado y termina en la carne?, dicen. Así que uno debe abandonar perjuicios y prejuicios y dejarse llevar: de las almejas glaseadas con limón a los tuétanos de col asados, de las hojas aliñadas con cochino  al chip salado de naranja y pato, para terminar con un delicioso queso de los de siempre o dulces no menos juguetones. Por cierto: la mayoría de los platos se come con la mano, sin cubiertos. En algún caso uno se siente como Leonardo Di Caprio en ‘El renacido’, comiendo un oso con los dedos. Solo el eficaz servicio de sala, guiado por Joserra Calvo y Elisabeth Iglesias con su exquisito oficio, nos recuerda que estamos en uno de los mejores locales del mundo según la lista de Restaurant.

Mugaritz sigue entre el respeto a la naturaleza, el juego y la transgresión. No es un restaurante, sino una experiencia. Mary Poppins, en moderno, sigue viviendo aquí.

 

P.d. Al equipo de Andoni Luis Aduriz le va la marcha. Entre los postres aparece un gelatinoso dulce que recuerda al muñeco Michelin. Ahora que una campaña en internet defiende dar la tercera estrella Mugaritz, en el local sirven a su mascota de postre. El espíritu de Mary Poppins y su paraguas todo lo protege.

 

 

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