Diario Vasco

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El escaño de Odón (¿sabe ya Elorza qué quiere ser de mayor?)
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Mitxel Ezquiaga | 27-10-2014 | 10:19| 0

Vino a los Keridos Monstruos de la teletxikita y arrasó en nuestros audímetros caseros y modestos como si fuera uno de esos realitys donde los concursantes enseñan el culo. “El personaje Odón Elorza sigue teniendo tirón… aunque solo sea para llevarle la contraria”, me decía el día siguiente del programa uno de sus más veteranos adversarios políticos.

Los donostiarras hemos vivido veinte años con Elorza sentado en el principal despacho de Alderdi Eder y aún padecemos las secuelas del «fin de la convivencia». Aunque desde hace tres años haya otro hombre en ese despacho.

Pero no solo los donostiarras: también el propio Odón Elorza vive aun la aclimatación al día después. Cuando supo que había perdido las elecciones, hace tres años, se exilió una semana con su mujer en un recóndito pueblo asturiano sin cobertura. Ahí empezó una digestión que ya parece resuelta. Y adelanta que ni se le pasa por la cabeza presentarse otra vez a la alcaldía.  ”Es una etapa cerrada”.

Elorza admite hoy que “los ciudadanos me echaron, quizás por hartazgo o quizas porque daban por hecha mi reelección y se quedaron en casa”. Pero como diputado en el Congreso no acaba de encontrar su sitio. «Me tienen en la última fila detrás de una columna», bromea. El ex alcalde siempre ha ido por libre en su partido y en el convulso PSOE de hoy apostó en primarias por el ‘outsider’, el candidato de Izquierda Socialista. Así no hay futuro.

Odón Elorza pasa media semana en Donostia y la otra media en Madrid, sigue escribiendo mucho, consume casi todo el cine que se estrena, pedalea por el bidegorri y disfruta las terrazas de la ciudad con su recuperada libertad. Porque sus veinte años de alcalde los vivió protegido bajo la amenaza de la violencia. El momento más emocionante de la entrevista fue cuando recordó a tantas víctimas del terror en la Donostia hoy gobernada, entre otros, por algunos que nunca dijeron que les pareciera mal que mataran a su vecino de portal.

En fin. Resultó entrañable su mención de Patxi Beloqui, el concejal de Tráfico que fue criticado hasta la extenuación y cuyas propuestas, quizás demasiado adelantadas a su tiempo, derivaron en la ciudad semipeatonal que gozamos hoy.

Elorza dice enigmáticamente que está escribiendo muchos recuerdos, «de gestión política y también personales», de sus años de alcalde. ¿Son unas memorias? «De momento escribo», responde con cara de póker.

No sabe cuál será su futuro político, pero se confiesa más cercano a su sueño juvenil de ser «algo parecido a un periodista», aunque ahora ya «por libre, sin director y a mi manera». Un sueño que hace cuarenta años se vio frustrado «cuando los profesores del Opus no me admitieron para estudiar Periodismo en la Universidad de Navarra».

 

 

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Gonzalo Tejada es Marilyn… o no
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Mitxel Ezquiaga | 22-10-2014 | 14:51| 0

Sigamos con el periodismo de riesgo: “vete a la FNAC, que el músico Gonzalo Tejada presenta nuevo disco“. Y vas. Y te lo encuentras ahí, tomando un té con leche, y temes lo peor: otro de esos discos de jazz puro. Ya sabes.

Pero resulta que no. Que Gonzalo Tejada es ahora Marilyn Monroe… o casi. El compositor y contrabajista ha creado ‘Norma Jean Baker‘, un disco inspirado en la figura de Marylin, pero no como chica-estupenda-que-nos-enamoraba-a-todos, sino como esa mujer que “siempre parecía suplicar ser amada por los otros”.

Dice Tejada que su disco hay que escucharlo como si se viera una de esas películas clásicas de los 50, y hacerlo todo seguido, no a trozos, porque compone una historia en su conjunto. Sostiene Tejada que es su disco más personal pese a que la mayor parte de las piezas está basada en los temas clásicos que la actriz cantaba en sus viejas películas y solo dos son composiciones propias. Y concluye Tejada que al trazar esa biografía emocional de Marilyn ha terminado haciendo una autobiografía. Que es la de muchos de nosotros.

El disco ya está en la calle y cuenta con la interpretación de los músicos Mikel Andueza, Roger Mas y Iago Fernandez. Ha sido editado por Errabal Jazz y es una pieza única, como de coleccionista, sobre una mujer triste que nos alegraba a los demás.

Sales de la FNAC pensando que el periodismo tiene sus riegos, pero también sus satisfacciones. Y calculando qué día de estos tendrás un viaje de cincuenta minutos para escuchar el disco en el coche y tranquilo, como si vieras una peli en blanco y negro pero con los acordes de Gonzalo Tejada y los suyos.

En el papel daremos los detalles y las declaraciones. Este post es solo un “solo”. Un texto improvisado tras una presentación de disco. Gonzalo Tejada es Marilyn; bueno, todos lo somos.

 

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Una rueda de prensa. Tres mujeres. Muchos libros. Cero políticos
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Mitxel Ezquiaga | 20-10-2014 | 15:55| 0

 

El periodismo a veces te envía a las trincheras de Siria y en ocasiones a una rueda de prensa a la vuelta de la esquina. Bueno, a mí el periodismo nunca me ha mandado a Siria (estuve en Damasco, pero de vacaciones) y sí a muchas ruedas de prensa por las esquinas. Algunas son insoportables; otras (pocas) gratificantes.

Lunes por la mañana. En el Koldo Mitxelena, presentación del día de las bibliotecas, que se conmemora el viernes. Sobre el papel, una cita más. Llegas al destino. Primera sorpresa: no hay políticos. Qué bien. En estos actos siempre hay un cargo político que lee un folio que alguien le ha escrito. Hoy deben estar arreglando el mundo en otro sitio mejor. Qué paz.

Segunda sorpresa: hablan tres mujeres inteligentes y apasionadas con su oficio. Escribiría que son como “sacerdotisas” laicas de la letra impresa, pero sería demasiado cursi. Dejémoslo en que aman los libros, y se les nota. Empiezan hablando de los actos convocados para celebrar el día, pero terminan charlando del valor del libro, de las nuevas librerías que nacen, del papel cambiante de las bibliotecas como punto de encuentro. Derrochan entusiasmo: uno se quedaría ya a vivir en cualquiera de sus bibliotecas.

Ellas son Susana Araiz, responsable de la biblioteca del Koldo Mitxelena; Arantza Urkia, directora de la Biblioteca Municipal de Donostia, y Ane Rodriguez, directora cultural de Tabakalera.

Y vuelves a la Redacción como si volvieras de Siria. Bueno, en el autobús de Venta Berri en vez de en un avión de Air France.

 

p.d. ¿Los actos? El miércoles 22, en el KM, a las 11.00, una mesa redonda sobre documentación audiovisual. El jueves 23, una visita al nuevo centro del comic y una mesa redonda a las 19 .00 en el KM sobre el mundo de la historieta gráfica. El viernes 24, una charla sobre la relación entre librerías y bibliotecas, a las 19.00, en el KM, con las gentes de Garoa y Kasilda, las nuevas librerías de Donostia.

 

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El ‘secuestro’ de Julia Roberts por Odón y otras 10 historias del Premio Donostia, ese Oscar koxkero
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Mitxel Ezquiaga | 28-07-2014 | 16:50| 0

Bette Davis se fue de Donostia al cielo. Julie Andrews y Warren Beatty nunca vinieron a por sus premios. Anjelica Huston no salía de Bernardo-Etxea. Richard Gere fue «mister Simpatía» entre rodaballo y rodaballo y a Julia Roberts la secuestró Odón Elorza para enfundarle la camiseta de San Sebastián 2016.

Son historias del Premio Donostia. Hace una semana se anunció que uno de los galardonados será este año Denzel Washington (seguro que hay alguno más). Ha habido debate sobre su calidad como actor y unanimidad sobre su «interés humano»: en solo dos días señoras de todas las edades ya han solicitado mediación para conocer al primer intérprete negro que recibirá el Donostia.

¿Recordamos historias del premio? Ahí va un ‘top ten’ con anecdotarios del Oscar donostiarra.

1. ¿Pero dónde está Julia Roberts? Parece la historia de ‘Pretty Woman’ pero a la inversa: aquí no querían desnudarla, sino vestirla más. Julia Roberts vino en 2010 con la película ‘Come, reza, ama’, o algo así. Todos sus pasos públicos estaban milimetrados por su agente y por su productora. Pero en su camino del ‘photocall’ del Kursaal a la rueda de prensa desapareció. ¿Dónde está Julia? La había ‘sucuestrado’ amablemente el alcalde Odón Elorza para hacerle foto con la camiseta de la capitalidad cultural. Todos los prebostes del protocolo se enfadaron. Julia no entendía bien qué quería ese señor calvo, «the major», pero el señor calvo tuvo la foto.

2. Un obrero llamado Richard Gere. El otro 50% de ‘Pretty Woman’, Richard Gere, se ganó a pulso el título de ‘mister Simpatía’. Es el Premio Donostia que más ha sudado la camiseta: dio la mano a cientos de donostiarras, posó con las señoras de Getaria y los señores del Antiguo, y entre el rodaballo de Elkano y el rodaballo del Branka se portó como un campeón, siempre sonriente.

3. ¿Cuándo se va Glenn Ford? El Premio Donostia nació en 1986 para galardonar, en primera instancia, a las viejas glorias de Hollywood. Gregory Peck fue el primero en recibir el premio, y Glenn Ford, el segundo. Cuando Ford vino a San Sebastián, en 1987, vivía ya apartado de la industria. Estuvo feliz con el reconocimiento. Tanto, que luego no había forma de que se fuera…

4. Robert Mitchum, un duro por la cocina. Premiado en 1993, Mitchum llegó cansado desde Estados Unidos. El Festival quiso ahorrarle el paso ante las cámaras y le coló en el María Cristina por la puerta de servicio. ¡Pero ahí estaba Michelena, el fotógrafo de este papel, que lo retrató en la cocina! El actor luego resultó encantador y posó en Casa Cámara, por ejemplo, bromeando tras la cena.

5. Julie, Warren: ¡os falta algo! En 2001 se anunció que los Donostia serían para Julie Andrews y Warren Beatty. Pero llegó luego el terrible atentado del 11-S y los americanos no viajaron al Festival. Los dos actores no recogieron el premio, aunque salen en la lista oficial. Y de ellos nunca más se supo. ¿Cuándo venís a por vuestras estatuillas ñoñostiarras?

6. El anarco Fernán-Gómez. Fue el primer actor español en recibir el premio, en 1999. Vino feliz, y en la gala del Kursaal agradeció el galardón con el saludo anarquista. Con un par: ‘glamour’ anarco.

7. Un piso para Meryl. La Streep cautivó a todos cuando vino a por su Donostia en 2008. Fue cuando dijo aquello de que si no había cambio de gobierno en Estados Unidos se compraría piso en San Sebastián. «En la Zurriola, por ejemplo». Quería ser donostiarra, como su compañera, Anjelica Huston, feliz en 1999 con su galardón. La Huston no salía de Bernardo-Etxea, como John Malkovich, otro premiado.

8. Robert el breve. Uno de los premios más aplaudidos fue el de Robert de Niro, en el 2000. Tan aplaudido… como escueto. En la ceremonia el actor dijo «muchas gracias» y se fue. Seguramente a cenar con su amigo Schnabel.

9. El pelo de Travolta. En los casi treinta años de historia del Premio Donostia hay muchas incógnitas por despejar, pero una destaca especialmente: ¿qué pasaba con el pelo de John Travolta cuando recogió su galardón en 2012? ¿Peluquín, trasplante berlusconiano? Fue la fiebre capilar de la noche de Donostia.

y 10. Bette que estás en los cielos. Hay consenso: el gran Donostia de la historia es el de Bette Davis. En 1989 lo recogió y de San Sebastián salió en avión ambulancia para morir en París días después. Un documental que cuenta con detalle esa historia se estrena este septiembre en el Festival. El círculo se cierra.

A ver qué haces tú, Denzel Washington.

 

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Escultores ‘on the road’: un mítico viaje en ’4 latas’ en 1968 (y el Dyane 6 de Oteiza, y el Audi de Chillida)
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Mitxel Ezquiaga | 21-07-2014 | 16:29| 0

 

Sus protagonistas lo recuerdan hoy como una mera anécdota, pero fue un viaje que se ha convertido en una leyenda de culto en el microcosmos de la cultura vasca. Los artistas Remigio Mendiburu y José Antonio Sistiaga y el escritor y periodista Santiago Aizarna se embarcaron en 1968 en un Renault 4-L (¿o era un Renault 4-4?) y viajaron desde San Sebastián a Finlandia durmiendo en campings, disfrutando anocheceres y sufriendo amaneceres. O sea, viviendo.

Aquel coche se lo había prestado Nestor Basterretxea y por eso, tras la muerte del creador de Bermeo, ese periplo vuelve a la actualidad. «Pensé que me pedían el coche solo para hacer un recado… y me lo devolvieron un mes después», solía contar con humor el propio Basterretxea.

Es una historia mínima, si se quiere, pero apasionante para quienes disfrutamos con las historias mínimas. ¿Qué interés tiene el viaje de tres señores en coche a través de Europa? ¡Mucho! Es el cruce entre la épica solemne del grupo Gaur y la lírica de ‘On the road’, en la España negra de 1968 («entonces no era tan fácil salir del país», recuerda Aizarna) y la Europa cambiante del mayo francés. Es una historia que mezcla a Jack Kerouac con Godard, pero a la vasca. Y que humaniza a esos ‘totem’ de la vanguardia artística que hoy salen en las enciclopedias: el grupo Gaur también duerme en camping.

Han pasado más de 45 años de aquel viaje. Mendiburu falleció en 1990. Aizarna tiene hoy 86 años; Sistiaga, 82. Los dos siguen felizmente activos, escribiendo el primero, pintando el segundo. Pero tantos años después, cada uno cuenta detalles contradictorios. He hablado con los dos y resulta divertido ver cómo cada uno tiene sus propios recuerdos:

- Sistiaga dice que Basterretxea les prestó el coche «pensando que era para un rato… y nos lo llevamos tres semanas»; Aizarna cuenta que «Nestor iba a llevar el vehículo al desguace y antes de deshacerse de él nos lo dejó».

- Sistiaga cree que era un Renault 4-L; Aizarna piensa un 4-4… «y posiblemente de color verde».

- Sistiaga asegura que solo conducían él y el propio Santi; Aizarna afirma que conducían los tres.

Y así sucesivamente…

Pero qué importan los detalles. Los tres creadores querían ir a Finlandia para conocer a unos arquitectos que habían despertado su interés. Finlandia no era solo un país, sino una metáfora de libertad. «En el viaje de ida paramos días en París», relata Sistiaga. Luego atravesaron Holanda, Alemania, Dinamarca… «Cruzamos de Copenhague a Suecia en un ferry en el que todo el mundo iba borracho», dice Sistiaga.

Llegaron a Helsinki, siguieron hasta Turku… «Eran los meses del ‘sol de medianoche’, nunca oscurecía», explica Aizarna. Alguna vez se quedaron sin gasolina: hay que imaginar la estampa de estos barbudos empujando un ‘4 latas’ por los campos suecos.

Casi un mes después volvieron. Devolvieron el coche a su amigo Nestor (de quien tantas y tan buenas cosas cuentan) y cada uno regresó a sus quehaceres. Fin.

Yo también fui en Opel Corsa hasta un Berlín aún atravesado por el Muro o bajé en Ford Fiesta hasta el desierto marroquí; viajé en tren hasta Estambul o por la América profunda en el Amtrak. Pero no es lo mismo: hay un ‘glamour’ en blanco y negro en el periplo de Mendiburu, Aizarna y Sistiaga, y ellos son tres gigantes.

 

Samotracia es un utilitario

Dijo Marinetti, el poeta del futurismo, que es más bella la velocidad que la escultura de la Victoria de Samotracia. Las leyendas de la escultura vasca no eran Marinetti, pero les gustaban los coches.

El Dyane 6 de Jorge Oteiza es otro fetiche del arte vasco. El viejo coche en el que circulaba de Alzuza a Zarautz y de Orio a Bilbao quedó aparcado en un garaje cuando el escultor fue cumpliendo años. Su amigo el arquitecto Carlos López de Ceballos lo restauró y en mi álbum de recuerdos favoritos tengo un viaje desde Zarautz a Getaria en ese Dyane 6, con Ceballos al volante, un ya viejo Oteiza de copiloto, feliz como un niño, y servidor en el asiento trasero. Aquel coche terminó luego en manos de otro oteiciano, Iñaki Almandoz.

 

A Eduardo Chillida sí le gustaba la velocidad: tuvo coches grandes y rápidos. Otra de mis apasionantes vivencias de Tribulete fue el viaje en un Audi conducido por Chillida, de Igeldo a Chillida Leku, a una velocidad que habría hecho saltar los radares. Su hijo Luis heredó la pasión y compite. Y (atención: ¡noticia!) ya está inscrito para el próximo Dakar.

Pero esa es otra historia. Hablamos de escultores ‘on the road’: es un homenaje a Basterretxea, una figura de la cultura vasca… y el hombre que prestó un coche.

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