Diario Vasco
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Autor: mezquiaga_1462233600
Decálogo para ser el festivalero perfecto: pon cara de asco, cuélate en las fiestas, bebe hasta enfermar y lee los créditos hasta el final, aunque sean en cirílico
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Mitxel Ezquiaga | 30-09-2013 | 4:58| 0

Ya ha terminado el Festival de Cine.  ¿Quieres ser el festivalero perfecto el año que viene?Aquí va un decálogo de instrucciones: recorta por la línea de puntos y guárdala.

1. Quéjate desde la víspera. Que a todos les parezca que el Festival es un sufrimiento al que vas como al matadero. «Jo, qué pereza», repite, aunque tu amigo el fontanero te mire con envidia y el redactor de Ferias y Mercados te escrute con estupor desde la mesa vecina. «¡Encima se queja!».

2. Sé un maldito. Por sistema, cada año, pon a parir la película que todo el mundo considere obra maestra. Aunque te guste. Te ganarás un aura ‘cool’ de maldito.

3. No sin mi txartela. Fundamental: no te quites la acreditación ni para ir a la cama. Prueba la postura del kamasutra denominada txartela-Zinemaldi. Mola.

4. A la cola. Ponte en todas las colas que encuentres, sean para lo que sean. Es aburrido, pero conoces gente Y se liga.

5. Mejor es Cannes. Repítelo varias veces al día. «San Sebastián está bien, pero no se puede comparar con Cannes o Toronto». Aunque nunca hayas estado en Cannes o Toronto.

6. ¡Sabina es un borde! Cuando estés tomando un pintxo di en voz alta, para que te escuche todo el bar, que ese famoso que a todos parece entrañable «realmente es un borde cuando le conoces de cerca». Vale para Serrat o Sabina, para Jackman o Maura. Da igual que nunca hayas estado con ninguno de ellos. Vertiente B: el famoso inalcanzable «es muy majo cuando estás con él».

7. ¡Esto es de garrafón! Cuélate en todas las fiestas que puedas, bebe y come hasta enfermar y al salir pon cara de circunstancias. «Había poca comida, menos bebida y además bastante mala», cuéntale al portero.

8. Rótulos de crédito. En el cine (¡hay que ver una película de vez en cuando!) quédate sentado hasta que salga el último de los rótulos de crédito. Aunque estén escritos en cirílico o idioma oriental indescifrable.

9. Qué pasa, Hugh. Designa a todo el mundo por el nombre, nunca con el apellido. «Juan Mari» es Arzak, «David» es Trueba… Para referirse al director del Festival se admite el apellido, pero en diminutivo: di «Rebor» con familiaridad, aunque jamás hayas cruzado una palabra con él.

10. Cara de asco. Mantén el gesto de aburrimiento, como si estar en el Zinemaldi fuera lo peor que te puede pasar en la vida. Que nadie note que te lo pasas en grande y deseas que empiece ya el próximo.

 

 

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¿Fue en 1977 el primer ‘top less’ en La Concha? Colabora con una investigación histórica, o así
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Mitxel Ezquiaga | 15-09-2013 | 8:53| 0

 

Superados los fastos del bicentenario de Donostia, profundicemos en episodios históricos más divertidos. Al grano: ¿cuándo se produjo el primer top-less en la playa de La Concha?

Desafío a los gurpeguis, sadas y buceadores en el pasado donostiarra que tanto y tan bien nos han hablado estos meses del fuego británico sobre San Sebastián y la espantada francesa: ¿cuándo emergieron los primeros pechos descubiertos en los sobrios arenales del balneario blanquiazul? Y aporto mi investigación de campo: señores del jurado, escuchen el relato.

Yo era un adolescente: tendría unos 14/15 años, y por eso mi memoria sitúa en 1977 el año del primer destete público en La Concha. Jugaba con mi amigo Gorka en la zona de La Perla, una mañana de agosto, y de pronto un murmullo corrió por la playa. «¡Están por la zona de los Relojes y en tetas, sí!», decían las voces sobresaltadas, algunas por la indignación, otras por la sorpresa y casi todas por el morbo. «Parecen extranjeras: inglesas o  así», avisaban los mejor informados.

Y allí que fuimos, movidos ya por el sagaz instinto del Tribulete que uno llevaba dentro. En efecto, eran dos inocentes chavalitas británicas, asustadas por el corro de miradas y comentarios que les rodeada. Enseguida se largaron de la playa, pensando quizás que se habían acabado de destino y en lugar de a la cosmopolita San Sebastián de las guías habían llegado a la cueva prehistórica de Praileaitz, por ejemplo.

Fue el suceso de aquel verano. En mi memoria de ñoñostiarra ese agosto fue el del primer ‘top-less’ en esta ciudad, aunque seguro que en los felices años 20 de la Belle Epoque más de algunas vedette del viejo Casino, hoy Ayuntamiento, se sumergió sin enaguas en las aguas de la bahía.

¿Hay alguien en la sala con espíritu científico de historiador que pueda confirmar, corregir o precisar el dato? Traigo el tema a colación por… 1) Leo que el top-less está a la baja en las playas y hasta en las revistas, que «las tetas ya no venden», según los paparazzis (admitamos que en el casto litoral guipuzcoano esa práctica nunca fue multitudinaria), y 2) Hemos vivido el último ‘finde’ de la temporada de playas: mejor hablar ya de los pechos de La Concha que de las piedras de Ondarreta, ¿no?

 

 

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La foto que faltaba para cerrar el cuento: la pareja Elvis Costello y Diana Krall se junta en Donostia
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Mitxel Ezquiaga | 31-07-2013 | 11:30| 0

 

Solo faltaba la foto. Y ya la tenemos:  Elvis Costello y su mujer, Diana Krall, juntos en Donostia. Es en el restaurante Urola, con el cocinero Pablo Loureiro y el personal del recuperado local de la Parte Vieja. Parece la clásica imagen de una pareja de guiris que disfruta de San Sebastián .Pero detrás de esa inagen hay bastante más.

Lo importante es que los dos músicos ofrecieron hace unos días brillantes conciertos en el Jazzaldia: Costello estuvo a su nivel en la actuación gratuita para gautxoris en la playa de La Zurriola; Krall evidenció en el Kursaal su madurez como artista y como persona firmando una actuación elegante, contundente y redonda.

Pero la crónica rosa del Jazzaldia exigía la foto donostiarra y conjunta de la pareja. Costello canceló el domingo su concierto en Lisboa (no sabemos bien por qué) y regresó a San Sebastián. Asistió al concierto de su esposa, se fueron juntos a cenar a Rekondo… y después se dirigieron al Urola para juntarse con otros amigos que cenaban ahí. Bebieron buen vino y comieron anchoas. Y después se fueron al hotel María Cristina, donde les esperaban sus gemelos.

Si nos pusiéramos cursis diríamos que Diana y Elvis, al fin, se amaron en Donostia. Dejémoslo en que San Sebastián fue el punto de encuentro donde sus respectivas giras se cruzaron. Los dos se fueron de la ciudad repitiendo eso tan sabido de “qué ciudad tan maravillosa”. Como Jamie Cullum, que quiere volver y actuar cuatro días consecutivos. O como John Zorn.

Krall y Costello en San Sebastián: ya está la foto. Ya podemos dar por cerrado el Jazzaldia. Ya podemos irnos de vacaciones. Feliz agosto.

 

 

 

 

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La cena secreta del Boss en el Illarra (¿acaso pensabais que estaba todo dicho sobre Springsteen en Donostia?)
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Mitxel Ezquiaga | 30-06-2013 | 10:00| 0

¿Tienes la sensación de que todos los donostiarras tienen ya una foto con Bruce Springsteen menos tú? ¿Estás harto de las historias del Boss en Donostia? Pues espera, que aún queda la última: hubo una ‘cena secreta’ del rockero de New Jersey en San Sebastián. Y fue en el restaurante Illarra de Igara, con Joxean Eizmendi de anfitrión: el Boss y el Nagusi. Ahí quedó patente que Springsteen parece vasco: come como un búfalo y reverencia a su madre.

A estas alturas ya sabemos que el músico comió en Bokado, que degustó las hamburguesas del Va Bene, que echó un trago en el Morgan y que cenó verduras y pescado en el Branka. Pero el martes pasado, en su última noche en Donostia antes de su concierto en Gijón,  el cantante quiso regalar a su madre y a todo el grupo una cena íntima. Y la mano de Iñigo Argomaniz le llevó hasta el Illarra.

Joxean Eizmendi y su equipo cerraron el restaurante al público y lo abrieron en exclusiva a la ‘troupe Springsteen’. «Ver entrar al Boss en el caserío que me ha visto nacer fue pura magia», rememora el ‘nagusi’ del Illarra, impresionado por la vitalidad del rockero y más aún por la fuerza de Adele, la madre de Springsteen, de 87 años.

Eizmendi mostró al Boss su huerta, le dio en la terraza un aperitivo de piparras, jamón joselito y rioja alavesa y después la madre de Springsteen eligió cenar en la mesa de cocina antigua que existe en el rincón más acogedor del Illarra. Guisantitos y verduras a la parrilla, hongos con huevo de casa, kokotxas de merluza, rodaballo y chuletón, rubricados por unas torrijas y queso Idiazabal, compusieron el potente menú. «Es la mejor carne que he comido», dicen que dijo. ¡No es extraño que con ese menú el Boss tuviera tanta vitalidad el día siguiente en Gijón! Cuatro horas después de llegar la familia Springsteen se fue camino del hotel. «Agur, Ellarra!», se despidió el cantante con acento eusko-norteamericano.

Fue su cena secreta. El resto de los pasos donostiarras del Boss ha sido público, e incluso ha habido cierto debate doméstico sobre si hemos sido demasiado ‘aldeanos’ al contar con tanto detalle la estancia de Springsteen en San Sebastián. Es opinable. Pero el músico transmite siempre tan buen rollo que resulta refrescante su sempiterna sonrisa posando al lado de todo quien lo pide.

Y de existir, el aldeanismo es de ‘aldea global’. Varios medios internacionales cuentan las vacaciones donostiarras del Boss: el Daily Mail, por ejemplo, publica fotos de los paseos donostiarras de Bruce con su madre con el significativo titular de ‘She’s the real Boss!’. Y otros periódicos locales ingleses dan también buena cuenta de las andanzas del Boss por sus dominios.

Bruce se ha ido, pero el día 22 vuelve a San Sebastián, o al menos a nuestros cines (Príncipe y Antiguo Berri) con el documental sobre su figura que se estrena ese día de manera simultánea en pantallas de todo el mundo.

Regresa el Boss, pero ese día sin guisantes.

 

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Los chicos de la foto, 25 años después
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Mitxel Ezquiaga | 29-06-2013 | 6:28| 0

Martin Berasategui, Koldobika Jauregi, Álvaro Bermejo, Beatriz Adán, Mikel Erentxun, María José Kerejeta, Javier Ibáñez y Txema Olazabal, posan en 1989 en La Concha en la foto de Usoz.

 

Vean esta foto. Fue tomada a finales de 1989. Son ocho personas que entonces eran jóvenes promesa en lo suyo. Les bautizamos como ‘los guipuzcoanos de los 90’. Y casi 25 años después buena parte de ellos ha alcanzado la cresta de la ola. El último, ese hombre tímido que sonríe a la derecha embutido en una gabardina: Txema Olazabal. La semana pasada  le dieron el Príncipe de Asturias.

Corría 1989, sí, y a uno le pedían en este papel que montara «reportajes divertidos». Más o menos, lo mismo que ahora: mientras algunos de los protagonistas de la foto han pasado en este tiempo de promesas a ‘números uno’, yo sigo haciendo casi lo mismo: dicho a la manera de Groucho, salí de la más alta miseria para llegar a las más altas cotas de la nada.

Había entonces en esta redacción de Ibaeta un subdirector inquieto, Juan Astorqui, que pronto se iría a Madrid. «Saca gente joven en el periódico», pedía, «porque si no, siempre salen los mismos». (¡Es curioso: aquellos jóvenes son hoy de «los mismos»!)

Así surgió este reportaje. Se acercaba el cambio de década y buscábamos jóvenes que ya despuntaran en lo suyo pero, a juicio de los expertos, tendrían pronto mayor proyección. Les reunimos en el Paseo de La Concha una de esas mañanas donostiarras de ‘sinfonía en gris’. El gran Jose Usoz se subió a un banco para fijar la imagen destinada a publicar y luego hicimos otra con los ocho protagonistas más el propio Astorqui, el propio Usoz y el propio reportero. O sea, yo.

Tras la foto nos juntamos a comer en el Bodegón Alejandro, del entonces emergente Martin Berasategui, uno de los ocho guipuzcoanos seleccionados. Bebimos, comimos y reímos. Todos los contertulios pusieron sobre el mantel los sueños que acariciaban: algunos con humor, otros con la proverbial prudencia guipuzcoana. Y un cuarto de siglo después, como si esto fuera un ‘Cuéntame’ en versión ‘paisito’, comprobamos que muchos sueños se han cumplido… y otros se han roto.

Pero ya es hora de repasar aquella lista de ocho guipuzcoanos. Empecemos por Olazabal, pues: tenía 23 años, había empezado a ganar torneos y algunos ya hablaban de él como el sucesor de Seve. Se ponía colorado al escucharlo, y más aún cuando Berasategui le gritaba «tú ganarás el Master de Augusta». Olazabal, callado y sonriente, se retiró ese día pronto con Sergio Gómez, su mánager y protector… que sigue siéndolo también tantos años después.

Berasategui era otro de esos ocho protagonistas. Llegó con muletas, recién operado de un pie, pero con la vitalidad de siempre. Su Bodegón Alejandro empezaba a ser un secreto a voces en el mundo de la alta cocina y él ya se veía «con la fuerza de un jabalí, dispuesto a luchar para llegar a lo más alto». Pocos años después abrió su restaurante en Lasarte y empezaron a lloverle estrellas Michelin. Hoy es uno de los chefs del planeta con más estrellas… y sigue siendo el entrañable jabalí.

En la reunión figuraba otro joven de apariencia tímida envuelto en una chupa de cuero: Mikel Erentxun. Tenía solo 24 años pero ya había vendido miles de discos con Duncan Dhu. En su cabeza bullían aún cientos de canciones y proyectos. Y ahora, en este 2013, es portada porque ultima la reaparición de Duncan Dhu.

El escultor Koldobika Jauregi y el escritor Alvaro Bermejo formaban también parte de la foto. En este tiempo han seguido firmando trayectorias personales e independientes en cada uno de sus campos, alejados de los circuitos más fáciles. Y continúan pariendo proyectos, Jauregi desde su caserío de Alkiza, Bermejo desde la línea Madrid/Donostia.

Casi más interesantes son las peripecias de quienes no han estado tanto en el escaparate. Beatriz Adán siguió diseñando moda y pintando. Javier Ibáñez continúa en el mundo de la empresa, ahora en Kraft, y María José Kerejeta, que acababa de ganar un premio literario con su primera obra, se bajó de la esfera pública y hoy, me cuentan, es traductora en el Artium de Vitoria.

Es la historia de una foto que vuelve a ser actualidad estos días de la mano de sus protagonistas. Una década después, en torno al 2000, volvimos a reunir a algunos de los personajes en una cena donde ofició un joven aprendiz de Berasategui que era… Iñigo Lavado, hoy otra figura.

Habrá que repetir.

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