Diario Vasco
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Lugares comunes (a evitar en el nuevo año)
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Lourdes Pérez | 01-01-2013 | 11:00| 1

1.- ‘Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades’: No todo el mundo tenía las mismas, ni todo el mundo hizo como si no viera las limitaciones de su economía doméstica. En todo caso, hay ya demasiada gente mal viviendo por debajo incluso de las posibilidades que atesoraba en 2008, cuando estalló la crisis, como para que la frase se haya convertido en una convención que quizás ayude a explicar el pasado, pero no a afrontar un presente y un futuro con las expectativas vitales tan recortadas. La incógnita es si encontraremos un lugar confortable entre el consumismo desmedido y el ascetismo calvinista alentado por una Angela Merkel alérgica a (mal) gastar en algo.

2.- “No hay otra alternativa que hacer lo que hacemos”: Puede, especialmente cuando lo que ha de hacerse viene forzado por las instituciones europeas y pesa tanta mala conciencia sobre la imprevisión económica de los años de vacas gordas. Pero es esa convicción de que las cosas son como son, ese fatalismo poco menos que inevitable, lo que ha ido despojando a la política de la capacidad para moldear el discurrir económico. Aunque puede que bajo la excusa de lo insoslayable se camufle una forma de hacer política según la cual uno va aplicando su ideario no porque quiera, sino porque las circunstancias le obligan a ello. Que la ideología y la respuesta a la coyuntura económica acaben coincidiendo sería, por tanto, mera casualidad.

3.- “En Euskadi estamos mejor”: Continúa siendo cierto, pese a que el deterioro económico haya empezado a cebarse con nosotros más tarde, igual que avanza la enfermedad hacia el tejido sano cuando ya tiene bajo sus pies terreno conquistado. Estamos mejor, sí, incluso podemos consolarnos pensando que lo hacemos mejor, aunque la arrogancia no se compadece con un pasado -y todavía un presente- lastrado por la última violencia activa de Europa y sus imperecederas consecuencias. El interrogante esta vez no es si, como en los 80, seremos capaces de ir de menos a más salvando los escollos en el camino. Sino, más bien, si seremos capaces de adaptarnos al tránsito de vivir con casi todo a vivir bajo la incertidumbre de poder perder ese ‘casi todo’. Si asumiremos que nuestro pequeño e industrioso país es eso, un reducto milagroso del Estado de bienestar que difícilmente podrá perdurar sin un entorno más apacible, seguro y confiado.

4.- “Tenemos la mano tendida al diálogo”. La expresión vale para cualquier trance, cualquier interlocutor y cualquier espacio geográfico, aunque en el fondo no signifique nada cuando no se ofrece nada a cambio con sinceridad. De hecho, si funciona como un efectivo lugar común es precisamente por eso, por la vacuidad, porque la consigna puede lanzarse -y repetirse durante años- sin necesidad de explicar, de explicitar, qué se pretende con ese diálogo; a qué se está dispuesto a renunciar, a ceder, a concertar, a entender, en un intercambio útil de reflexiones. La vida es fruto de una transacción permanente, con nosotros mismos y con quienes nos rodean. Pero también es posible concluir que, en ocasiones, el diálogo no solo no es posible, sino que puede resultar contraproducente por momentos cuando solapa intenciones espurias o permite que éstas ganen legitimidad. Y que ensancha los callejones sin salida cuando carece del suficiente contenido -riguroso y comprometido- para determinar el ‘qué’, el ‘con quién’ y el ‘para qué’.

5.- “Feliz 2013”: La felicitación rutinaria del año es el lugar común por antonomasia. Sobre todo cuando puede que en estos momentos haya tantos ciudadanos deseosos de pasar la página del calendario, a ver si cambia la suerte adversa, como ciudadanos persuadidos de que mejor quedarse como en 2012 ante los oscuros presagios que trae su sucesor. No obstante, se trata de un recurso tan manoseado como inofensivo. Porque dado que no queda otra -esto sí que es inevitable- que encarar el nuevo año, mejor hacerlo deseando algo bueno y haciéndonos trampa con champán durante unas horas.

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La geometría inviable
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Lourdes Pérez | 19-12-2012 | 12:18| 0

Han bastado 24 horas al frente del Gobierno Vasco para que Iñigo Urkullu y su equipo hayan tomado conciencia de la zozobra cotidiana a que puede conducirles la apuesta por la ‘geometría variable’ -el abanico de pactos puntuales sin comprometerse con un socio predeterminado- para tratar de gobernar con sus insuficientes 27 escaños. En realidad, no es que no esté operando ya esa ‘geometría variable’, sino que lo está haciendo en sentido contrario al que habían concebido sobre el papel los peneuvistas. En Gipuzkoa, los segundos Presupuestos de Bildu saldrán adelante con el apoyo de los socialistas, que relevan así a los jeltzales en la foto del acuerdo que permitió hace un año a Martin Garitano y los suyos aprobar sus primeras Cuentas forales. En Alava, el rechazo del PSE y de Bildu al proyecto presupuestario del Ejecutivo del popular Javier de Andrés aboca a éste a la prórroga porque no le alcanza con el calculado ‘sí pero no’, en forma de abstención, prestado por el PNV. Para completar el puzle, que revienta el deseo del lehendakari Urkullu de llegar a la negociación de sus primeros Presupuestos con las Cuentas refrendadas en el resto de las instituciones con su partido como eje, el PP ha decidido complicarle la vida al peneuvista José Luis Bilbao en Vizcaya, cuyos Presupuestos también están enmendados por las dos fuerzas de izquierda.

Aunque el expresidente Zapatero se atribuyó el término para revestir de ampulosidad lo que, en muchas ocasiones, fue simplemente un ‘aquí te pillo, aquí te mato’ para poder gobernar con su insuficiente mayoría en el Congreso, la fórmula de la ‘geometría variable’ tiene un arraigo más antiguo en la Unión Europea. La fórmula alude a la posibilidad de acuerdos parciales entre Estados miembros al reconocerse la existencia de “diferencias irremediables” en la estructura de integración comunitaria. La cosa, expresada así, se parece bastante a la fragmentación territorial y partidaria de la mucho más pequeña Euskadi. La geometría se ha demostrado tan variable como inviable entre las principales instituciones del país. Y constituye un aviso para Urkullu de con qué va a tener que lidiar en el Parlamento.

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El negociador a la vera del líder
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Lourdes Pérez | 14-12-2012 | 18:06| 1

Iñigo Urkullu ha jugado una baza segura para afrontar un mandato en Ajuria Enea condicionado de partida por la gravedad de la crisis económica y la necesidad que tiene el nuevo Gobierno de buscar aliados para superar los escollos de su minoría parlamentaria. Había pasado muy desapercibido en las quinielas, pero si la portavocía nunca es un puesto secundario en ningún Ejecutivo, adquiere una relevancia de primer orden cuando quien gestiona lo hace en solitario y sin apoyos más allá de la fuerza de su propia sigla. Pocas opciones mejores que Josu Erkoreka tenía ante sí el lehendakari para tratar de salvar cada semana la comunicación de las decisiones y cuitas del Gabinete y dotarle de ‘cuerpo’ político a un equipo donde priman los perfiles tecnocráticos y con limitada proyección pública. Erkoreka se convertirá, literalmente, en la voz de un Urkullu más cómodo en las bambalinas y el trabajo discreto que sometido al permanente escrutinio de los focos.

Por paradojas de la política, el hasta ahora jefe de filas del Grupo Vasco en el Congreso deberá lidiar, pero a la inversa, con la misma ‘geometría variable’ de la que fue protagonista bajo las legislaturas de José Luis Rodríguez Zapatero y que tantos réditos le aportó al PNV; especialmente en su confrontación con el exlehendakari López, con el que ahora tendrá que explorar entendimientos Urkullu. Erkoreka pasará de ser el ‘necesitado’ para poder gobernar a poner rostro a un Ejecutivo forzado por la necesidad de su minoría a tratar de trabar acuerdos a varias bandas, al menos en este arranque del cuatrienio. Hace un par de semanas, el dirigente bermeano no parecía estar en el secreto de sus nuevas responsabilidades, aunque sí en el del nombramiento de algún compañero de Gabinete. A partir del lunes habrá de adecuarse a un contexto político más contenido y menos estridente que el acostumbrado en el foro madrileño, con el desafío añadido de hacer realidad el recorte del 20% en la estructura de las sociedades públicas comprometido por Urkullu en su discurso de investidura.

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Inconcreto para poder pactar
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Lourdes Pérez | 12-12-2012 | 13:52| 2

El día en que subía a la tribuna de oradores para formalizar su contrato de gobierno con la sociedad vasca, Iñigo Urkullu tenía dos opciones: explicitar los hitos del camino por el que piensa transitar para salir de la crisis, cerrar definitivamente el ciclo de la violencia y lograr un nuevo estatus político para Euskadi, los tres objetivos que se ha fijado para la legislatura de “los acuerdos transformadores”; o bien guarecerse en unos principios generales sin concretar más que lo desgranado ya por el todavia candidato a lehendakari en su programa electoral. Urkullu no solo se ha decantado por esto último, sino que a lo largo de la hora y cuarto que ha durado su discurso -a diferencia de Laura Mintegi, él no ha agotado el tiempo disponible- se ha mostrado incluso más ambiguo que en sus compromisos previos a la cita con las urnas. De hecho, no ha mencionado 2015 como el horizonte para acordar un nuevo marco de autogobierno en clave más soberanista, como sí había plasmado en alocuciones precedentes. Aunque, en esto, no ha chirriado con respecto a Mintegi: la representante de EH Bildu, pese a identificar la soberanía como eje de su discurso, no ha ofrecido pista alguna sobre cuál es la ‘hoja de ruta’ de su grupo en el terreno que ha constituido la reivindicación por antonomasia de la izquierda abertzale.

La calculada inconcreción de Urkullu, sumada a la ausencia casi total de críticas al Gobierno de Patxi López, solo puede interpretarse desde la lógica de quien se sabe en minoría, o con una mayoría insuficiente, y es consciente además de que tendrá que pactar con alguien de la oposición cada una de las decisiones grandes o pequeñas que quiera llevar adelante. Es elocuente que el futuro lehendakari haya situado su Plan de Reactivación Económica y por el Empleo para un momento posterior a la apobación, hoy incierta, de los Presupuestos vascos para 2013. En la antesala de su gran día, cuando sea designado como nuevo inquilino de Ajuria Enea, Urkullu ha preferido recibir reproches por la “vaguedad” de sus iniciativas que cerrarse de partida alguna puerta con EH Bildu, el PSE y el PP. Al término de la sesión matutina, ninguno de los interpelados ha llevado tan lejos la censura como responder, a su vez, con un portazo. Pero ninguno se ha mostrado tampoco dispuesto a facilitarle la tarea al nuevo lehendakari si éste persiste en las buenas palabras sin propuestas tasadas.

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El discurso de su vida
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Lourdes Pérez | 09-12-2012 | 20:48| 6

Iñigo Urkullu pronunciará este miércoles el discurso más importante, hasta ahora, de su vida política. Lo será, obviamente, porque esa alocución constituirá su tarjeta de presentación, su declaración de intenciones, como el quinto lehendakari desde la restauración de la democracia en Euskadi. Pero en este caso, las circunstancias revisten la investidura del presidente del PNV de una trascendencia que va más allá del acto solemne de su proclamación. La crudeza de la crisis y los cambios que está operando no solo en nuestro arraigado bienestar, sino también en la capacidad de la política institucional para anticiparse e imponerse a los rigores económicos, obligan al todavía candidato a Ajuria Enea a clarificar sus propósitos en este terreno con mayor concreción que lo que ha trascendido de su ronda de contactos con los partidos y del traspaso de poderes con los socialistas. Esa concreción, a la que el líder peneuvista también está forzado por la dureza con que él y los suyos han ejercido la oposición en los últimos tres años y medio, tiene un reverso arriesgado para los jeltzales: poner las cartas encima de la mesa y comprometerse con ellas implica diseñar un camino en el que difícilmente podrán hacer coincidir a todas las fuerzas del hemiciclo, lo que complicaría esa búsqueda de pactos a varias bandas a la que el PNV fía el arranque de un mandato en mayoría minoritaria. Pero al margen de lo explícito o no que acabe siendo, Urkullu tiene ante sí un reto más sutil y complejo: cautivar con sus palabras aunque estas describan una realidad turbia y amenazadora. La ‘prueba del nueve’ de la retórica con la que también se hace posible la política.

El contraste entre los propósitos que exprese Urkullu en materia económica, pero también en pacificación y sobre la reforma del estatus político de Euskadi, y lo que sostenga Laura Mintegi en la misma tribuna de oradores permitirá empezar a calibrar hasta dónde llega en el “nuevo tiempo” la ‘relación amor-odio’ que llevan años cruzándose los jeltzales y la izquierda abertzale. También será el discurso de su vida para Mintegi: el tiempo dirá si su peripecia política perdura o si ha llegado definitivamente hasta aquí, motivada por el encarcelamiento de Arnaldo Otegi y la falta de sincronía entre la autorización de las listas de Bildu y la legalización de Sortu. La contraposición entre los discursos de Urkullu y Mintegi, aunque solo el primero tenga opciones de ser designado lehendakari, es coherente con los objetivos inmediatos que se ha fijado la izquierda abertzale en su regreso al Parlamento: dar a entender que hace política de “otra manera” y que esa manera está lejos, además, del modo en que se conduce el PNV, la referencia en los últimos 30 años del nacionalismo institucional. Pero el desigual mano a mano entre Urkullu y Mintegi visualizará otra imagen: la de una hegemonía soberanista representada en los dos únicos candidatos que reivindicarán sus proyectos en la tribuna, con el PSE de López y el PP de Basagoiti recomponiéndose tras haber aletargado el ‘Gobierno del cambio’.

PD: La ausencia de mayorías incontestables deja en el aire la renovación de los cargos de elección parlamentaria que precisan de un apoyo cualificado. En el caso de EITB, existe un precedente de una situación de interinidad que se prolongó siete años. Tras ser elegido el 1999 gracias al respaldo de EH en la legislatura de Lizarra, Andoni Ortuzar, hoy presidente del Bizkai buru batzar y previsible relevo de Urkullu al frente del PNV, permaneció como director general del ente entre marzo de 2001 y enero de 2008 sin pasar la reválida parlamentaria, ante la imposibilidad de configurar una nueva mayoría absoluta para refrendarle o avalar una candidatura alternativa.

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Política en tableta
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Lourdes Pérez | 03-12-2012 | 18:59| 1

Es posible que la polémica sobre la adquisición de las llamadas ‘tabletas’ informáticas por parte del Parlamento Vasco haya tenido un efecto positivo: que la ciudadanía, tan desvinculada e indiferente en general a las decisiones de la ‘cosa pública’, se haya enterado de que los parlamentarios que la representan disponen de una ‘oficina móvil’ destinada, en principio, a facilitarles la conexión con su trabajo y a que trabajen con mayor eficacia. Es probable también que buena parte de esa misma ciudadanía haya considerado un exceso, e incluso un abuso para los tiempos que corren, que la Cámara fuera a invertir en torno a los 200.000 euros en proveer a sus señorías de ‘tablets’; especialmente después de que EH Bildu anunciara que iba a renunciar a las que le corresponderían, varios miembros de la bancada del PP hicieran lo propio porque ya disponen de dispositivos personales y el PSE se sumara a la ola pidiendo que se paralizara la compra. Finalmente, la Mesa del Parlamento ha optado por frenar la operación, lo que seguramente será aplaudido como un gesto de coherencia y austeridad acorde a las penurias de la crisis. Lo es, sin duda. Cosa distinta es que el episodio revele un mal mucho más preocupante: la inclinación de la política, sumida en un creciente descrédito, a dejarse llevar por la demagogia y el populismo sin dar más explicaciones y renunciando a hacer la más mínima pedagogía sobre las decisiones que se adoptan.

Si verdaderamente no era necesario adquirir los equipos previstos, o se considera que hacerlo supone un despilfarro inasumible en estos momentos, mal. Pero mucho peor es que haya podido darse marcha atrás únicamente por el temor al ‘qué dirán’, por esa mala conciencia que opera en estos tiempos sobre la política y que, al parecer, le impide en muchas ocasiones reafirmarse en las decisiones que toma. Porque puede que no sea tan mala idea que sus señorías dispongan de ‘oficina móvil’ si eso redunda en un servicio público más eficaz, si se gana en agilidad y transparencia y si se establecen filtros de control que permitan evaluar el uso que cada parlamentario da a los medios, pagados por todos, de que dispone. Un control y un rigor que, conviene no olvidarlo, deberían extenderse a la actividad cotidiana que desempeñan los parlamentarios, a la calidad de sus iniciativas e intervenciones, al contenido de sus discursos, a su capacidad para encontrar soluciones, a hacer que la seriedad con que se tomen su trabajo justifique el cargo que asumen. Un compromiso que va más allá de la controversia de las tabletas, y que interpela también a quienes solo se muestran vigilantes con los asuntos estridentes.

La política, nuestros políticos, renuncian un poco más cada día a explicar sus motivos, a hacer valer sus razones. Y la sombra de la sospecha, de la deslegitimación, se agranda. Es elocuente que no se haya elevado ni una voz crítica contra esa búsqueda de la transparencia extrema según la cual los representantes públicos han de dar a conocer hasta la última entretela de su patrimonio, alimentando más el morbo que la erradicación efectiva de prácticas abusivas, irregulares o directamente ilegales. Como resulta elocuente que lo ocurrido con las tabletas en el Parlamento vasco sitúe como adalides de la ética y las buenas prácticas a varios de aquellos que siguen sin decir explícitamente ni una palabra contra la trayectoria violenta de ETA.

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Mas tropieza con el independentismo
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Lourdes Pérez | 26-11-2012 | 00:23| 14

Nunca como hasta estas autonómicas catalanas el indiscutible ganador de las elecciones tiene tantos argumentos en contra como para renunciar a su cargo. Artur Mas no lo ha hecho, nadie lo esperaba y habría sido una irresponsabilidad inimaginable en estos momentos; su segunda despedida a la francesa, tras abortar anticipadamente la ‘legislatura de los recortes’ apenas cumplida la mitad de su mandato. Pero en contadas ocasiones se ha producido un descalabro más notorio entre las expectativas aireadas por un dirigente político y el resultado final del examen en las urnas. Mas pidió en campaña una “mayoría excepcional” que legitimara en el Parlament su apuesta por un Estado propio para Cataluña, el eufemismo de la independencia; palabra que CiU no mencionaba por sus letras en su programa, pero con la que sí encabezaba el suyo Esquerra Republicana. El president de la Generalitat no requirió ese voto masivo para todos los partidos que hacen bandera de la secesión, lo hizo para el suyo, para tratar de apuntalar una hegemonía incontestable que los convergentes no conseguían desde 1992. Las urnas no solo no le han conducido hasta esa preponderancia absoluta. En la victoria que se daba por descontada, Mas es el gran perdedor de la noche al haberse dejado 12 escaños en el camino, haber debilitado las opciones de legitimación del independentismo catalán en su primera confrontación sin ambigüedades con la España constitucional y haber ahondado su propia debilidad al frente de un Govern que va a toparse crudamente con la realidad inmediata. La realidad de tener que aprobar, por ejemplo, unos Presupuestos sin mayoría suficiente y con las finanzas del país cautivas del déficit, los recortes y la llave del fondo de rescate autonómico que tiene en el bolsillo el Gobierno de Rajoy.

La Cataluña parlamentaria no es menos soberanista hoy, en términos numéricos, de lo que registraron las urnas en 2010. Pero sí lo es con respecto al horizonte que había alentado Mas al calor de la multitudinaria manifestación de la Diada, el 11 de septiembre. El bloque netamente alineado con el impulso a un Estado catalán -CiU, ERC y CuP- suma 74 diputados, dos menos de los que contabilizaban las dos formaciones clásicas del nacionalismo y esa extravagancia que supuso la Solidaritat de Joan Laporta, hoy barrida del Parlament. El retroceso habría sido asumible en otras circunstancias. Incluso la histórica segunda plaza de ERC en el mapa político catalán habría podido interpretarse como un espaldarazo al derecho de autodeterminación. Sin embargo, ya no cabe esa lectura en unas elecciones que Mas planteó como un referéndum encubierto sobre la ruptura con España. Y los resultados no son, además, complementarios para CiU: el fracaso de los planes de Mas en su contraste con las urnas constituye el reverso del triunfo logrado por ERC, con un programa tan independentista como contrario a la política de recortes de la derecha, catalana o no. El auge de Esquerra agrava el descalabro convergente, y viceversa. El paso de los días permitirá medir hasta dónde llega el compromiso de Mas con la construcción de “estructuras de Estado” para Cataluña, pero es más que dudoso que su partido siga aventurándose con tanta alegría por esa vía ante la evidencia de que el electorado no responde y que le crece la competencia por el flanco del nacionalismo de izquierdas. El tropiezo de CiU y de su líder, calibrando erróneamente sus fuerzas, supone un tropiezo para el propio independentismo catalán en su inédito pulso con el Estado español. Gestionar la frustración suele llevar bastante tiempo: el proyecto de nuevo Estatuto para Euskadi que Juan José Ibarretxe trasladó al Congreso, con una mayoría avalada por tres votos prestados por la EH de Arnaldo Otegi, sigue durmiendo el sueño de los justos siete años después y con el PNV de Urkullu evitando que la reivindicación de un nuevo estatus cuestione el marco singular del Concierto ni sea interpretada como un nuevo desafío a Madrid.

En su primera comparecencia tras el descalabro electoral, Mas ha apelado a su responsabilidad y a la del resto de las fuerzas políticas con representanción parlamentaria para que Cataluña no se convierta en un país “ingobernable”. El problema para el líder de CiU es que ha sido su muy arriesgada y partidista decisión de adelantar las elecciones la que ha situado al Govern ante un trance bastante peor del que se encontraba. No se trata únicamente de que gestionar con 50 parlamentarios detrás sea más difícil que hacerlo con los 62 que atesoraba. Es que resulta poco probable que ninguno de sus rivales esté por la labor, al menos momentáneamente, de mejorarle la papeleta. Esquerra, porque se sabe ganadora en el doble frente del soberanismo y la izquierda; el PP, porque Rajoy ya no siente en el cogote la respiración del Artur Mas envalentonado por la efervescencia secesionista; incluso los socialistas, que profundizan en su caída, se van a permitir hoy la comparecencia de Rubalcaba, a diferencia del elocuente silencio que rodeó la debacle en las elecciones gallegas de hace un mes.

Inmersa en sus propias cuitas, la política vasca se ha mantenido alejada del contagio catalán, en buena medida porque el PNV ha optado por enfriar la fiebre independentista consciente de los peligros que comporta alimentar en el terreno identitario la rivalidad fratricida que mantiene con la izquierda abertzale. Los jeltzales pueden aspirar a la soberanía plena para Euskadi, pero lo que nunca pretenderán es quedar subordinados ante quienes les disputan el ADN del nacionalismo. Que es la posición en la que las urnas han colocado a Mas frente a Esquerra, si el president no halla un socio alternativo en el que apoyarse para poder seguir gobernando en una fragilidad corregida y aumentada.

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Igualdad con letra pequeña
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Lourdes Pérez | 19-11-2012 | 20:06| 1

La peneuvista Bakartxo Tejeria está a punto de convertirse, después de tres legislaturas en el Parlamento Vasco, en la tercera mujer que presidirá la Cámara en sus 32 años de historia. Que una parlamentaria vuelva a erigirse en segunda autoridad del país, tras el lehendakari, incidirá en el camino emprendido por las mujeres hacia el acceso en igualdad al poder institucional y partidario. De hecho, desde 2005, los sucesivos presidentes del Legislativo han sido presidentas: a Tejeria le han precedido primero su correligionaria Izaskun Bilbao y después, en el mandato del llamado ‘Gobierno del cambio’, la popular Arantza Quiroga. Pero como casi siempre, la promoción de las mujeres a puestos de responsabilidad tiene letra pequeña, más allá de las grandes proclamas en favor de la paridad. Izaskun Bilbao se convirtió en la candidata de su partido para encabezar el Parlamento después de uno de los episodios más conflictivos y rocambolescos registrados en un hemiciclo que ha sido proclive a ellos por efecto de la crispación política. Tras las elecciones del 17 de abril de 2005, y con la Cámara fragmentada en siete partidos, el PNV no consiguió sacar adelante la reelección de Juan María Atutxa, vetado por la izquierda abertzale y al que socialistas y populares opusieron un candidato alternativo -Miguel Buen-, lo que dio lugar a un empate tras otro en las votaciones que solo se rompió cuando Josu Jon Imaz optó por ‘sacrificar’ a Atutxa para conservar la presidencia dejándola en manos de Izaskun Bilbao.

La elección de Quiroga no sufrió sobresaltos, como tampoco se prevén en el caso de Tejeria. Pero basta con echar un vistazo a la web de la Cámara Vasca, donde se recoge el ‘histórico’ de todos los que han sido miembros de la Cámara desde 1980, para constatar que la presencia femenina allí donde se tomaban las decisiones fue residual hasta bien asentada la democracia. El 18 de febrero de 2005, Euskadi se dotó de una ley pionera por la igualdad de mujeres y hombres, según la cual las listas electorales deben ser no solo paritarias, sino que dicha paridad se distribuye en tramos de seis -tres mujeres y tres hombres- para asegurar que las candidatas no quedan relegadas a los puestos de cola; junto a ello, el Gobierno debe contar con al menos un 40% de consejeras. El entonces lehendakari Ibarretxe, padre de dos hijas, llegó a asegurar que la igualdad representaba el reto “más grande del siglo XXI”. Una convicción que no ha impedido que los partidos -sus dirigentes, en su mayoría masculinos- hayan contemplado en no pocas ocasiones la cuota femenina como un engorro añadido para la configuración de las planchas electorales; privadamente, eso sí. Isabel Salud, nueva responsable de Ezker Anitza, acaba de sumarse a la restringida lista de ‘lideresas’ de los partidos vascos, que se limita a Begoña Errazti (EA) y María San Gil  (PP); Rosa Díez lo intentó en el PSE, pero perdió el pulso con Nicolás Redondo Terreros. En las autonómicas de hace un mes Laura Mintegi, por EH Bildu, y Raquel Modubar, por Ezker Batua-Berdeak, fueron las únicas candidatas a lehendakari, cargo en el que Euskadi no se distingue de España: nunca lo ha ostentado una representante femenina, como tampoco ha habido presidenta de Gobierno en tres décadas de democracia. Los partidos han perpetuado los ‘techos de cristal’ que continúan irrompibles, porque siguen siendo los hombres los que encabezan gobiernos y siglas centenarias como las del PNV y las de los socialistas. Sin olvidar que, al fin, las opciones de progresar de una mujer dependen en buena parte de las ocasiones de la decisión, generosa o interesada, de un hombre.

Por lo demás, Bakartxo Tejeria va a afrontar un inicio de legislatura complejo, que examinará cada semana su capacidad para arbitrar los debates en un Parlamento sin mayorías configuradas y, sobre todo, su compromiso para velar por la autonomía de la Mesa de la Cámara y por los intereses comunes frente a las pretensiones partidarias. En todo caso, Tejeria parte con el mismo derecho que sus compañeros expresidentes a hacerlo igual de bien o igual de mal.

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'Rebus sic stantibus' (o el alma de los jueces)
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Lourdes Pérez | 14-11-2012 | 10:23| 2

Con independencia del acuerdo al que acaben llegando los negociadores del PP y el PSOE, la crisis de los desahucios ya ha tenido consecuencias. La primera, que todos los que adeudamos nuestra casa y somos, por lo tanto, susceptibles de ser embargados si la vida se nos hunde alrededor sabemos ya que nuestra suerte pende de una ley de 1909. Que productos financieros complejos estén regidos por un procedimiento de ejecución (hipotecaria) del deudor de hace un siglo lleva a dos preguntas inmediatas: si no ha mediado en estos 103 años ninguna reserva por parte de nadie -tampoco por ningún gobierno en tres largas décadas de democracia- que se planteara modificar una legislación injusta, como dictaminó hace apenas unos días la abogada general del Tribunal de Justicia de la UE ; y si el hecho de que no haya habido hasta ahora una demanda social para cambiar la ley no da la medida exacta de que jamás como en los últimos años ha cundido tanto la codicia, y de que nunca como hasta ahora hemos estado tan cerca y tan rápido de poder pasar de un acomodado bienestar al empobrecimiento sin expectativas.

Todo malestar social larvado precisa para estallar de un detonante y de una voz autorizada que haga bandera de su causa. Aunque no respondiera en principio a un perfil de “extrema necesidad” -o precisamente por eso-, el suicidio de Amaia Egaña ha hecho insostenible el drama de los desahucios de la misma manera que el asesinato de Ana Orantes en diciembre de 1997, quemada viva por su marido tras denunciarle públicamente, terminó de abrir los ojos sobre la devastación silenciosa que estaba provocando la violencia machista. Y la voz autorizada ha llegado, esta vez, por un flanco inesperado: el de los jueces que se ven maniatados para poder hacer buen Derecho por una ley desfasada y muy desigual para los deudores. “El Derecho ha matado a la Justicia” ha dejado dicho el presidente del Tribunal Superior vasco, Juan Luis Ibarra, tras la muerte de Amaia Egaña. A mediados de los años 70, la Magistratura tuvo que afrontar pleitos entre promotores y constructores por la feroz y repentina carestía de los productos petrolíferos. Alguno de los jueces concernidos decidió entonces aplicar un principio legal: ‘Rebus sic stantibus’, o lo que es lo mismo, ‘mientras están así las cosas’. Según ese principio, lo pactado se mantiene en su literalidad siempre que no se produzca un cambio sobrevenido en las circunstancias que altere de manera sustancial las condiciones en que se selló el acuerdo. Esto es lo que  les habría ocurrido a quienes no pueden seguir pagando la hipoteca porque el contexto económico, y de su economía, se ha trastocado gravemente. ‘Rebus sic stantibus’ también podría traducirse por que la Justicia tiene alma. Que es capaz de mostrarse sensible, y denunciarlo, cuando los márgenes de la ley son tan sumarios, anticuados y desequilibrados que desembocan en resoluciones injustas.

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