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Si tanto te quejas ¿por qué no haces nada?

2012 abril 30
por Belén Casado Mendiluce

 

Cuántas veces nos quejamos de trabajar demasiado, de aguantar los despotismos de nuestro hermano, y todo sigue igual.

Es curioso que hay personas que, por ej., están agobiados por su exceso de trabajo (“no paro de trabajar, no tengo un momento para mí”) y, sin embargo, cuando llegan las vacaciones se llevan el trabajo al hotel y no pueden desconectar de sus preocupaciones laborales. Casi parece una droga.

O está la que se queja de su pareja poniéndole a parir, como si fuera un nuevo entretenimiento social el compartir las miserias del matrimonio y así, de paso, me desahogo con la vecina que falta me hace (“mi marido es un egoísta que no hace más que quejarse de cómo está la comida”). Y luego vuelve a su casa como si no hubiera pasado nada.

Que sí, que todos tenemos el “recurso al pataleo”, la necesidad de despotricar cuando estamos hartos de algo, pero cuando la historia se convierte en una tónica y nos seguimos quejando hasta el infinito…pues la cosa cansa.

Por supuesto que no es tan fácil separarse del marido egoísta ni enfrentarse al hermano tirano, pero bueno, si sabes lo que hay y no te sientes con fuerzas de cambiar nada…no te quejes queriendo buscar consuelo y comprensión porque, sabes que, en el fondo, no tienes el más mínimo interés de enfrentarte al tema.

Es típico sugerir alguna solución y encontrarte con la más férrea resistencia (“¿cómo le voy a decir que me ha molestado lo que ha hecho? Si, en el fondo me llevo muy bien con él”) (“¿Cómo voy a trabajar menos horas? En realidad, prefiero estar en el trabajo que quedarme en casa”)

Deja de hablar del tema y acepta que, por la razón que sea, quieres seguir conviviendo con quien te produce rechazo (“estoy acostumbrada a él, es el padre de mis hijos y no quiero tener peor calidad de vida”) porque, además, no tienes que justificarte ante nadie de tus motivos para vivir como vives (“¿cómo puedes seguir viviendo con él?”, “¿cómo no le mandas a tomar viento fresco?”)

Eso desahogos son como norias que dan vueltas sin llegar a ningún sitio porque el problema sigue estando dentro de tu casa y tú lo sabes. Otra cosa es que necesites compartir con alguna amiga lo mal que te encuentras porque te sientes como atrapada y no sabes por dónde tirar…Hace falta también tiempo para reaccionar y encontrar una salida, si eso es lo que necesitas.

A veces, para ese reaccionar necesitamos vivir el hastío, la falta de cariño e incluso la humillación para llegar al tope de nuestro aguante…si es que lo hay.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluze

belencasado@terra.es

 

  • deritzott

    Yo creo que cada cosa hay que analizarla en su contexto. Lo que en un momento dado puede ser el derecho a patalera, en otro puede significar una profunda crisis personal. Tampoco son lo mismo los problemas entre hermanos pequeños, los problemas de pareja o los problemas laborales, ya que parten de contextos totalmente diferentes. Por ejemplo, el quejarse del trabajo, no creo que sea un problema en el 99% e las veces. Es como una especie de deporte universal. Ya seas empleado, jefe, mal remuneado o bienpagau, nos quejaremos siempre. Aunque, con la crisis en la que estamos, los casas de abusos laborales se van incrementando.

    Un saludo Belen

  • luzcaminante

    Buenas:

    Creo que necesitamos vivir el “tope” para que reaccionemos porque si no lo hemos hecho hasta ahora por algo será, digo yo.

    Y hay la que se queja por costumbre, y la que lo hace para compartir su malestar aunque tarde en reaccionar…

    Agurtxo

  • Belén Casado Mendiluce

    Luzcaminante:

    El “tope” de cada uno es diferente ¿verdad? y, a veces, resulta difícil respetar las decisiones de cada uno cuando a nosotros nos parece absurdo lo que hace e incluso irracional…En otro momento las tornas pueden cambiar y ser nosotros objeto de crítica por los demás…………….mejor no juzgar…

    Un abrazo

  • Belén Casado Mendiluce

    deritzott:

    Claro que cada caso está dentro de su contexto…pero hay tantos puntos en común en la quejas…

    Puede ser un deporte universal, que para eso nos vamos también al fútbol para despotricar e insultar, imaginándonos que lo hacemos contra las personas del trabajo o de casa que nos sacan de quicio…

    El caso es que preferimos quejarnos que mover ficha porque moverse, hacer algo, significaría darme cuenta de que tengo miedo al hermano, a la pareja o al jefe…y todos tenemos miedo al miedo…

    Poderoso paralizante es el miedo…

    Saludos

  • mara

    Hola Belén,

    Pienso que el tema que propones hoy , puede hilar muy bién con el de ayer.

    Suelo tardar un tiempito en responder a tus post, los “mastico” bastante y siempre me merece la pena tomarme ése tiempo.

    Como decía ,el tema de darse cuenta y hacer algo con la disconformidad en forma de queja , vá muy unida, una cosa es darse cuenta de lo que ocurre, y otra darse cuenta que el “darse cuenta” abre una puerta que nos permite “darnos cuenta” que en nuestras manos está el mover los hilos que cambién la situación.

    En realidad es una labor totalmente creativa y maleable.

    Creo que la queja, es un parón en ése proceso.

    Darse cuenta del tema.
    Darse cuenta que tenemos la potestad de mover …varias fichas a la vez para “cambiar” el tema.

    Un beso.

  • Belén Casado Mendiluce

    mara:

    Ya me doy cuenta de que te tomas tu tiempo para dejarte sentir y responder al post…qué bueno…

    Una cosa es darse cuenta, que lleva su tiempo según cada persona, y otra cambiar aquello de lo que nos dimos cuenta.

    Me puedo dar cuenta de que no doy conversación a una persona cercana y luego, cambiar esa actitud por otra más conversadora puede darse instantáneamente o no, dependiendo de la necesidad que tenga de hacerlo.

    Y la queja puede formar parte del proceso de cambio o no, según si estoy abierto a él.

    Un abrazo