Diario Vasco

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Si tanto te quejas ¿por qué no haces nada?
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Belén Casado Mendiluce | 30-04-2012 | 05:31

 

Cuántas veces nos quejamos de trabajar demasiado, de aguantar los despotismos de nuestro hermano, y todo sigue igual.

Es curioso que hay personas que, por ej., están agobiados por su exceso de trabajo (“no paro de trabajar, no tengo un momento para mí”) y, sin embargo, cuando llegan las vacaciones se llevan el trabajo al hotel y no pueden desconectar de sus preocupaciones laborales. Casi parece una droga.

O está la que se queja de su pareja poniéndole a parir, como si fuera un nuevo entretenimiento social el compartir las miserias del matrimonio y así, de paso, me desahogo con la vecina que falta me hace (“mi marido es un egoísta que no hace más que quejarse de cómo está la comida”). Y luego vuelve a su casa como si no hubiera pasado nada.

Que sí, que todos tenemos el “recurso al pataleo”, la necesidad de despotricar cuando estamos hartos de algo, pero cuando la historia se convierte en una tónica y nos seguimos quejando hasta el infinito…pues la cosa cansa.

Por supuesto que no es tan fácil separarse del marido egoísta ni enfrentarse al hermano tirano, pero bueno, si sabes lo que hay y no te sientes con fuerzas de cambiar nada…no te quejes queriendo buscar consuelo y comprensión porque, sabes que, en el fondo, no tienes el más mínimo interés de enfrentarte al tema.

Es típico sugerir alguna solución y encontrarte con la más férrea resistencia (“¿cómo le voy a decir que me ha molestado lo que ha hecho? Si, en el fondo me llevo muy bien con él”) (“¿Cómo voy a trabajar menos horas? En realidad, prefiero estar en el trabajo que quedarme en casa”)

Deja de hablar del tema y acepta que, por la razón que sea, quieres seguir conviviendo con quien te produce rechazo (“estoy acostumbrada a él, es el padre de mis hijos y no quiero tener peor calidad de vida”) porque, además, no tienes que justificarte ante nadie de tus motivos para vivir como vives (“¿cómo puedes seguir viviendo con él?”, “¿cómo no le mandas a tomar viento fresco?”)

Eso desahogos son como norias que dan vueltas sin llegar a ningún sitio porque el problema sigue estando dentro de tu casa y tú lo sabes. Otra cosa es que necesites compartir con alguna amiga lo mal que te encuentras porque te sientes como atrapada y no sabes por dónde tirar…Hace falta también tiempo para reaccionar y encontrar una salida, si eso es lo que necesitas.

A veces, para ese reaccionar necesitamos vivir el hastío, la falta de cariño e incluso la humillación para llegar al tope de nuestro aguante…si es que lo hay.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluze

belencasado@terra.es

 

Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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