Diario Vasco
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Fecha: enero, 2014
Está bien ser responsable…pero la vida no es una responsabilidad
Belén Casado Mendiluce 31-01-2014 | 9:05 | 12

 

Te regalo hoy un cortometraje con sentido del humor y mucha miga. Creo que disfrutarás viéndolo y te quedarás después con un buen sabor de boca.

Muchas veces pienso que está bien que, en la medida que puedas, mires tu vida de frente, cojas “el toro por los cuernos” y tomes tus propias decisiones. Pero vivir es mucho más que una sucesión de responsabilidades a tomar y de problemas a resolver, que pueden acabar por hacerte sentir la vida como una pesada carga sobre tus hombros.

Si no sintieras que disfrutas de la vida…¿de qué serviría vivirla? Acabarías sintiendo que esta vida es una broma de mal gusto y que te trajeron a ella para que representaras tu papel, como en una función de teatro, de la mejor forma posible. ¡Menuda estafa!

Para disfrutar de la vida no hace falta tener mucho dinero ni esperar a las vacaciones para hacer algo extraordinario, ya lo sabes. Por eso, buscas en el día a día pequeños momentos de disfrute que te hagan sentirte bien. Y entonces, me viene la imagen de un niño que contempla todo con ojos nuevos.

Me gusta ver cómo disfrutan los niños, con lo sencillo. Sí, ya sé que están lejos de las preocupaciones y las responsabilidades del adulto, pero no necesitan grandes cosas para pasárselo bien y eso conecta conmigo.

De alguna manera, vivir es volver a recuperar al niño que fui. Al niño que pone interés en lo que hace, que expresa lo que siente en cada momento, que sonríe y está contento… por el mero hecho de existir. No puedo dejar de ser el adulto que soy, no puedo borrar de mi memoria lo vivido, que me marca y condiciona, pero no quiero renunciar a mirar con ojos de niño.

Ya sé que mi mirada no muestra la misma capacidad de asombro que la del niño que ve todo por primera vez. Sé que mis experiencias vitales pudieron endurecerla convirtiéndola en mirada que cree que ya sabe y conoce lo que ve. Pero si quiero disfrutar de la vida he de volver a lo sencillo: cocinar un plato, contemplar un árbol, bailar…y jugar. Y hacer todo ello sin pretensión de nada, sin querer quedar bien con nadie ni demostrar nada a nadie, esa es mi “mirada nueva” aunque ya no sea un niño. Eso es volver a mirar con ojos de niño.

Y entonces, puedo disfrutar de lo que hago porque no me importa el miedo al ridículo ni al qué dirán. Puedo gritar en el monte, bailar con movimientos que no llevan el ritmo, hacer el payaso y que me vean al salir del ascensor, pintar y que sólo me guste a mí lo pintado…sólo por el mero placer de hacerlo. ¿No te recuerda al niño que fuiste?

http://www.youtube.com/watch?v=wvWVs0duu7k

 

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“Quiero encontrar un sentido a mi vida”
Belén Casado Mendiluce 28-01-2014 | 8:55 | 22

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Vengo a tu consulta porque necesito que alguien me dé una opinión desde fuera. Verás, no tengo un problema concreto en mi vida, no me va mal en mi familia ni en mi trabajo, pero no me siento tranquilo. A veces pienso si no me estaré creando yo mismo un problema en mi cabeza, pero en realidad sé que necesito, cómo decirte, encontrar un sentido a mi vida. Eso es lo que me pasa, que no me basta con que las cosas me vayan medianamente bien, sino que quiero vivir con sentido, no sé si me entiendes.

-Terapeuta (T): Te entiendo perfectamente. Que no te vale únicamente con que en tu vida haya pocos problemas sino que quieres vivir con sentido. Ese sentido lo vamos a encontrar dentro de ti, así que quiero que me digas a qué das más importancia en tu vida.

-P: Intento, aunque suene a tópico, ser una buena persona, pero yo hablo de algo más. Es que me pregunto, ¿para qué ser buena persona?, ¿para que me quieran, para quedarme satisfecho conmigo mismo? No, lo que yo quiero no es engordar mi “ego”. Te lo digo con humildad, Belén, no quiero que pienses que tengo aires de grandeza o que me considero alguien especial pero yo, a veces, siento que he venido a esta vida a cumplir una misión, que no sé muy bien cuál es. Y de eso se trata.

-T: Ya comprendo. Estate tranquilo porque no pienso que seas una persona desequilibrada por plantear lo que planteas. Ese sentido que buscas tiene que ver, desde mi punto de vista, con la trascendencia, con ir más allá de esta vida para conectar con algo mayor ¿Tienes algún tipo de creencia, en ese sentido?

-P: Sí, por supuesto. No creo tanto en una religión concreta aunque me hayan educado en la religión católica. Creo que hay un Amor, con mayúsculas, que está presente de alguna manera en esta vida, aunque no sepa muy bien cómo, y al que volvemos después de la muerte, para vivir plenamente en ese Amor. No sé cómo te sonará lo que te digo, pero eso es lo que yo creo.

-T: Me suena muy bien lo que dices, y creo que por ahí podemos encontrar el sentido que estamos buscando. Tu sentido en esta vida es ir acercándote a ese Amor del que hablas porque tú sabes que no hace falta llegar a morirse para tener en esta vida intuiciones de ese Amor, como las tienes.

-P: ¡Es verdad lo que dices! ¡Ese es mi camino! No te había dicho que practico meditación diariamente pero reconozco que me lo tomaba como una manera de cultivar una tranquilidad diaria. Pero ahora comprendo que tengo que meditar con otra actitud, la de que quiero sentir más cerca ese Amor del que hablo, ¡ese es mi sentido, el que realmente me satisface! No sabes lo que te agradezco Belén que me hayas ayudado, ha sido realmente importante para mí esta sesión.

-T: Yo también me alegro enormemente de que así sea, ha sido una sesión muy intensa para los dos. Vete practicando la meditación con esa otra actitud de la que hablas y volveremos a vernos para comentar cómo te va. (Se levanta y le da un abrazo) Hasta pronto.

 

Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

 

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Agenda personal: Miscelánea
Belén Casado Mendiluce 24-01-2014 | 9:44 | 16

 

Me gusta observar a la gente. El otro día, sin más, cruzaba un semáforo y vi a un hombre que andaba con dificultad debido a una cojera que padecía. De repente, vio caerse al suelo un botón, sí ¡un botón! y después de agacharse a cogerlo, ahí le vi yo acelerando el paso para encontrar a los posibles dueños del susodicho botón. Yo me quedé parada en la acera a contemplar la escena.

¡Pues sí que hay gente sencilla y buena por el mundo!, pensé. Porque yo soy de las que cree que el ser humano es bueno por naturaleza, aunque nos encarguemos por el camino de ir torciendo y retorciendo nuestra inclinación.

“¡Qué fácil es pensar eso cuando la vida no te da palos!”, puedes pensar. Pero, todos, en un momento u otro de nuestra vida, hemos sufrido, así que palos hemos recibido todos, aunque algunos los sufran con mayor intensidad.

En general, confío en las personas y pienso que nacemos a este mundo desnudos físicamente sí pero con la necesidad de que nos toquen y nos den afecto para sobrevivir. Ya se hicieron estudios en el pasado en los que se comprobó que si a un bebé se le da lo necesario para vivir como comida, limpieza y abrigo, pero no se le proporciona contacto físico cercano y cálido, su desarrollo posterior se veía seriamente afectado.

Así que si necesitamos amor para sobrevivir será porque ese amor forma parte de nuestra naturaleza, como necesitamos beber agua de la que nuestro cuerpo tiene un gran porcentaje.

Confío en las personas. El otro día, también sin más, llamaron a mi puerta insistentemente y como mi primer impulso es abrirla, me encontré con un hombre que me pedía dinero. Le contesté que lo sentía pero que no suelo dar dinero. Entonces, el hombre levantando la voz me contestó: “¡Pues vete a tomar por culo!” Tengo que decir que le contesté al improperio con otro igual: “¡Pues vete a tomar por culo tú!”

Sé que esa persona reaccionó así porque está desestructurada, y la sociedad en que vivimos hace que cada vez resulte más difícil mantener un equilibrio interior. No voy a juzgarla por ello como tampoco me reprimo yo si no quiero que me falten al respeto.

Nacemos con necesidad de que otro ser humano nos de amor, sin él no podemos desarrollarnos como personas sanas. Y sigo pensando que a lo largo de toda nuestra vida nos sentimos mejor con nosotros mismos cuando expresamos bondad y amor a nuestro alrededor. Así de sencillo.

 

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“Soy un adicto al trabajo”
Belén Casado Mendiluce 21-01-2014 | 9:32 | 12

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Me he decidido a pedir ayuda profesional porque tengo un problema con el trabajo. Tengo una pareja a la que dedico poco tiempo ya que estoy pendiente todo el rato de mi trabajo. Mi mujer se ha quejado muchas veces de ello pero no consigo cambiar las cosas.

-Terapeuta (T): ¿Cómo te gustaría llevar el tema del trabajo?

-P: Me gustaría desconectar del trabajo cuando llego a casa. Que si tengo que hacer algo urgente de la oficina, lo haga, pero que no me busque yo mismo el estar ocupado cuando, en realidad, no hace falta. Yo creo que ya me doy cuenta de ello, pero es que en casa me pongo nervioso si no tengo nada que hacer.

-T: Dime, ¿Qué aficiones tienes?

-P: ¿Aficiones? Me relaja ver fútbol en la televisión fumándome un cigarrillo, pero como a mi mujer no le gusta que fume en casa, he acabado por irme a un bar a ver el partido. A parte de eso, me gustan pocas cosas más.

-T: Es importante que tengáis un tiempo tu pareja y tú para compartir juntos. No necesariamente tiene que ser sólo el fin de semana, sino también entre semana. Puede ser dar un paseo juntos al finalizar el día, o tomaros un aperitivo en casa. Se trata de buscar un tiempo para parar y estar a gusto.

-P: Entiendo lo que quieres decir, pero como casi todos los días hay fútbol en la “tele”, me voy yo a mi aire al bar del barrio y para la hora de cenar nos vemos en casa. Y el fin de semana…como no sé qué hacer en casa, me voy también durante unas horas a la oficina. La verdad es que me doy cuenta de que se me pasan las semanas todas igual.

-T: Para cambiar eso, hace falta que pongas de tu parte y dejes de ver el fútbol todos los días para estar en algunos momentos con tu mujer. Y el fin de semana, podéis poneros de acuerdo para hacer algo que os guste a los dos, aunque luego cada uno, en otro momento, haga lo que más le apetezca. ¿Cómo te sientes con lo que te digo?

-P: Pues que me estoy dando cuenta de que no me he preocupado por hacer planes con mi mujer y hemos acabado por ir cada uno a nuestro aire, ella con sus amigas y yo con mi fútbol. Y el fin de semana, más de lo mismo. Sé que me va a costar dejar de ver fútbol todos los días, pero estoy dispuesto a dejar algo para mejorar nuestra relación de pareja. Gracias, Belén, hablaré con mi mujer y la próxima sesión te contaré cómo nos van las cosas.

-T: Me alegro haberte sido de ayuda. Animo y hasta pronto.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

 

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¿Cómo educar con Inteligencia Emocional? He aquí un botón de muestra…
Belén Casado Mendiluce 17-01-2014 | 8:27 | 12

 

He visto un vídeo emocionante. Por fin se empieza a educar de otra manera, teniendo en cuenta los sentimientos del niño, no tanto atiborrándole de conceptos. Porque lo que queremos es que nuestros hijos sean felices, que se sientan bien consigo mismos y que tengan una buena relación con los demás.

Como decía en el vídeo la profesora de Educación Infantil, ¿cómo no va a importarle a ella que su alumno llegue hoy a clase triste? Interesarse por ese niño y ayudarle a manejar su tristeza es mucho más importante para ella que dar la clase de historia del día.

Porque la educación no puede ser: “Pienso, luego existo”, como si la adquisición de conceptos y el desarrollo de la mente racional fueran la medida de la inteligencia y la felicidad. La educación se trata de: “Siento, luego existo”, tener en cuenta nuestros sentimientos para saberlos gestionar, dándonos así equilibrio y bienestar.

Sabemos muchas cosas sobre muchos temas pero somos analfabetos emocionales. Muchas personas adultas ni siquiera saben qué es eso de sentir, y se preguntan cómo se hace para sentir y para qué sirve, lo que refleja hasta qué punto la educación que recibieron en la infancia no tuvo en cuenta los sentimientos ni la importancia de la relación mente-cuerpo.

Ya no se puede educar así. Lo que importa no es que una persona saque las mejores notas o destaque sobre las demás por su agilidad mental, sino que además del esfuerzo y el trabajo realizado pueda sentirse con una buena autoestima y un sano equilibrio consigo mismo y con los demás.

Ese debería ser el objetivo de la educación. Educar con Inteligencia Emocional no es pretender ser perfectos ni que nada nos altere ni nos haga perder el ánimo, sino ser capaz de reconocer lo que sentimos, poniéndole nombre (tristeza, alegría, rabia…) para actuar como necesitemos en cada momento.

En un momento podemos necesitar hablar y compartir lo que sentimos, sintiéndonos liberados por ello, y en otro quizás nos siente mejor callar para no reaccionar impulsivamente y poder así ver las cosas con otra perspectiva y tranquilidad.

¿Cómo enseñarle a un niño qué es lo mejor en cada momento? La respuesta siempre está dentro de uno mismo, y al niño hay que enseñarle a confiar en sí mismo, en sus intuiciones, en lo que observa y se da cuenta. Pero para eso también hay que enseñarle a parar, a tomarse un tiempo para respirar despacio en silencio y pensar sobre lo que siente para intentar buscarle alguna solución.

 

https://www.youtube.com/watch?v=PQE4WqQSOcQ

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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