Diario Vasco
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Fecha: marzo, 2014
“No sé cómo relacionarme en grupo”
Belén Casado Mendiluce 25-03-2014 | 8:21 | 8

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. He decidido venir a tu consulta porque me gustaría mejorar un aspecto de mi vida y no sé muy bien cómo hacerlo. Tengo un trabajo de educadora social en el que es muy importante el equipo humano que formamos. Hay que saber relacionarse con los compañeros porque tienes que contar con ellos para hacer bien tu trabajo. Y ese es el problema que tengo yo, que no sé cómo relacionarme en grupo.

Las compañeras nos juntamos a tomar el café en el descanso, ellas hablan de sus cosas y yo me quedo en silencio “con cara de póquer”, sin saber qué decir. Ya he oído algún comentario sobre mí de que soy una tía un poco rara que no cuenta nada de su vida.

-Terapeuta (T): ¿Cómo te gustaría estar en el grupo?

-P: He llegado a la conclusión de que nunca voy a convertirme en una persona extrovertida como otras pero, por lo menos, me gustaría estar relajada y hablar con naturalidad. Estoy con miedo a decir tonterías, a meter la pata y estoy muy pendiente de la imagen que doy a las demás, así que no estoy nada tranquila.

-T: Así que estás más pendiente de cómo te ven los demás que de cómo te sientes tú. ¿Y qué piensas tú de ti misma cuando te ves así?

-P: ¿De mí misma? (Sorprendida,  se queda unos segundos en silencio…) Me digo: “Chica, pareces tonta, podrías hablar como las demás”, “Con tu forma de ser, no vas a encajar en ningún sitio”, “Todo el mundo va a notar que tienes un problema” y cosas peores…

-T: ¿Cómo te sientes con todo lo que te dices a ti misma?

-P: Pues muy mal porque ahora me doy cuenta de que soy mi peor enemiga. Me digo cosas muy duras que me hacen sentirme peor delante de los demás.

-T: Creo que tienes que ser más consciente de ese diálogo interno que tienes contigo misma porque ahora te sale de manera automática. Cuando estés en el grupo, obsérvate lo que te dices a ti misma aunque no lo puedas evitar pero, por lo menos, hazlo conscientemente.

Antes de cambiar tu conducta ante los demás necesitas darte cuenta del tirano que tienes dentro y que te juzga por estar callada ante los otros. Ese es el primer paso para empezar a cambiar, así que quiero que apuntes todo lo que te dices a ti misma cuando estás en grupo, empezaremos por ahí.

-P: De acuerdo, me parece bien. No me daba mucha cuenta de lo dura que era conmigo misma y verlo creo que me va a ayudar. Gracias, Belén.

-T: Me alegro que lo sientas así. Animo y nos vemos la semana que viene.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

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Cuentos de Primavera: El ávido lector
Belén Casado Mendiluce 21-03-2014 | 8:49 | 8

 

El hombre andaba siempre en busca de nuevas lecturas, nuevos libros con los que satisfacer su ansia de saber. En realidad, se decía a sí mismo, no leía cualquier cosa, sino libros de autoayuda o de tipo espiritual que le hicieran pensar, pero empezaba a dudar de que tanta lectura le sirviera para algo.

“Ando buscando un cambio en mi vida, pero los libros que me enganchan y me dicen algo, me sirven mientras dura la novedad de la lectura, pero luego es como si me olvidara de lo que he leído y mi vida siguiera igual que antes, sin cambiar”, pensaba.

“¿De qué me ha servido todo lo que he leído? ¿Por qué no he conseguido cambiar mi vida como hubiera deseado? Lo veía todo tan claro mientras leía un libro que no entiendo por qué me ha resultado tan difícil aplicarlo a mi vida y mejorar”, se preguntaba.

Así que decidió tomarse una temporada de descanso, sin leer un libro detrás de otro. “Lo que podía ser importante para mi vida ya lo he leído, no tengo necesidad de más”, se dijo.

Entonces, siguió con su vida de cada día, dedicándose en sus ratos libres a pasear, charlar con los amigos y leer algún libro, sí, pero ya sin el ansia de encontrar en la lectura respuestas a las inquietudes de su vida.

Aparentemente, su vida seguía siendo la misma de siempre, pero parecía que algo se hubiera movido en su interior. Los cambios inmediatos que él esperaba seguían sin darse, seguía sintiendo dudas, miedos y no conseguía dejar de sufrir los vaivenes de las diferentes emociones que sentía cada día.

Pero sentía, no sabía cómo expresarlo, como si estuviera escribiendo su propio libro, uno desde sus propias vivencias, no un libro leído desde las vivencias de los demás. Y su propio libro, aun no escribiendo nada en él, lo iba haciendo desde su simple día a día, sin más pretensiones que ir viviendo como podía.

“¿En esto consistirá el cambio, en ir haciendo a mi ritmo lo que pueda para sentirme bien conmigo mismo, sin forzarme a nada que en este momento no pueda conseguir?”, pensaba.

 “Mi libro es un libro de mi propia vida, sólo puedo reconocerme a mí mismo en mis propias experiencias, no en las de los demás, sólo me puedo reconocer en los pasos que yo doy por mí mismo al vivir cada día, en mis propios pasos”

“Y no puedo aprender nada de fuera que no esté ya en mi interior porque sólo puedo aprendo aquello para lo que ya estoy preparado, y eso significa que su enseñanza ya existe dentro de mí”, se decía.

Entonces, el hombre se dio cuenta de que había descubierto el mejor libro espiritual: su propio LIBRO DE VIDA, aquel del cual no se iba a olvidar y del que siempre iba a seguir aprendiendo: de sí mismo.

Ahora, por fin, había encontrado el camino del autoconocimiento: su propia vida, sus propios pasos, su propio caminar. Ya estaba dentro de él todo lo que necesitaba, sólo hacía falta vivir y ser consciente de que se está viviendo.

Autora: Belén Casado Mendiluce

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“Me agobio pensando en la muerte” (2ª parte)
Belén Casado Mendiluce 18-03-2014 | 8:41 | 16

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Después de la última sesión que estuve contigo me he dado cuenta de varias cosas. Cuando visito a mi padre, me encuentro algo más tranquilo con él aunque me sigue dando pena ver cómo se va deteriorando, pero creo que es un sentimiento natural que no puedo evitar.

Por otro lado, pienso menos en mi propia muerte que antes y más en un sentimiento de soledad que siento. Tengo amigos con los que quedo y me siento a gusto pero cuando vuelvo a mi casa no puedo evitar sentirme triste y abandonado, no sé por qué tengo que sentirme así porque no tengo motivos.

-T: Te sientes triste y abandonado cuando te quedas solo. Parece como si la compañía de tus amigos sólo sirviera para tapar, momentáneamente, un sentimiento de soledad que sigue estando presente.

-P: (Se queda un rato en silencio…) Es verdad lo que dices. Yo creo que siempre he tenido ese sentimiento y que, quizás, al cuidar de mi padre mayor se me ha agrandado esa tristeza o yo he sido más consciente de ella.

-T: Descríbeme un poco más cómo te sientes cuando aparece la tristeza.

-P: (Permanece unos segundos en silencio…) No sé muy bien cómo explicarme. Cuando estoy solo es como si no supiera qué hacer conmigo mismo, me cojo un libro porque me gusta mucho leer pero leo inquieto y preferiría mil veces quedar con alguien que quedarme solo en casa. Aunque  me doy cuenta de que no puedo depender siempre de tener planes con los demás para estar bien conmigo mismo, por eso estoy aquí en terapia.

-T: Es muy positivo que te des cuenta de lo que acabas de decir. Tu bienestar no es real si lo haces depender de algo o alguien exterior. (Deja pasar unos segundos en silencio…) De manera que sientes una inquietud interior que no te deja estar relajado con lo que estés haciendo, como leer un libro.

-P: Eso es. Además siento una tristeza muy profunda, como si estuviera solo en el mundo, sin poder contar con nadie y dejado de la mano de Dios… abandonado, eso es.

-T: ¿Cómo te sientes mientras hablas de todo esto?

-P: Algo mejor, porque hasta ahora no había hablado de esa manera.

-T: Párate algunos segundos en silencio y dime si en tu infancia esos sentimiento de abandono y tristeza estuvieron presentes.

-P: (Abre los ojos sorprendido…) ¡Muy presentes, ahora me doy cuenta! En mi infancia, hubo muchos momentos en los que me sentí así porque mi madre estaba enferma y no se podía ocupar de mí. ¡Ahora me doy cuenta de dónde me vienen la tristeza y el abandono! Belén ¿Qué hago ahora con ellos?

-T: Dejarlos sentir con tranquilidad sin pretender que se vayan. Esos sentimientos llevan mucho tiempo en tu interior sin que identificaras de dónde venían, así que necesitas darte cuenta de cuándo te sentías así, reconocer lo que forma parte de tu historia, para que los sentimientos se reposen y se suavicen. Nos vemos la semana que viene y me cuentas cómo te sientes.

-P: Me parece bien. Ha sido muy importante para mí esta sesión, Belén, me ha servido mucho. Gracias y hasta la semana que viene.

-T: Me alegro mucho que así sea. Hasta pronto.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

 

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Mejor darse cariño ante la evidencia que cabezazos contra la pared de impotencia
Belén Casado Mendiluce 14-03-2014 | 9:05 | 4

 

Seguro que, en algún momento, has descubierto algo de ti que no te gusta: una conducta excesivamente complaciente con alguien al que quieres agradar, un silencio cómplice por tu parte para no tener que comprometerte o definirte, una respuesta con soberbia hacia alguien que no te entiende…

Y no te resulta agradable constatar en ti un defecto: primero, porque te hace sentirte mal contigo mismo y segundo, porque te hace mostrarte a los demás de una manera que no te agrada.

Pero una vez que te has dado cuenta, mejor no te martirices con ello. “¿Cómo he podido comportarme así?, ¿Es que me creo más que los demás?, ¿No me atrevo a decir lo que pienso?, pueden ser preguntas que te pasan por la cabeza y que no puedes evitar hacértelas.

Pero no insistas en dar vueltas y en analizar lo que has hecho mal. No te des “cabezazos contra la pared” por haber metido la pata, por haberte equivocado  una vez más en lo mismo que intentabas mejorar. Es normal que sientas impotencia cuando no te salen las cosas como te gustaría, pero deja de recordarte tus equivocaciones constantemente.

Entonces, pasa a tener una actitud comprensiva y cariñosa contigo mismo. No te digo que seas complaciente contigo y “te dores la píldora” diciéndote: “Otros también hacen lo mismo”, “Total, lo que he hecho no va a ningún lado”. Eso no.

Te pido que te tiendas la mano para que el malestar interior que has sentido por tu equivocación se suavice. “Qué mal me he sentido por haber actuado así pero en el momento no pude actuar de otra manera”, “No me gusta nada lo que he hecho pero comprendo que he estado como mejor he podido”.

Eso es lo mejor que puedes hacer por ti mismo y por los demás. Ser comprensivo contigo mismo, tratarte como tratarías a un amigo que lo está pasando mal en este momento. Y si procuras estar bien contigo mismo, la relación con los demás también será mejor, tendrás más que ofrecer.

Para irte calmando necesitas también paciencia porque durante un tiempo te durará el malestar por tu actuación. No pretendas que por ser comprensivo contigo vas a estar bien en seguida como si aquí no hubiera pasado nada. Tu comprensión y tu cariño te ayudan a pasar el mal trago con otro temple, a ir contigo de la mano aunque se te revuelvan todavía las tripas.

La impotencia es un sentimiento natural pero incidir en él te hace un flaco favor. El cariño siempre “suma”, nunca “resta”. Date la mano y sigue caminando.

 

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“Me agobia la relación con mis padres”
Belén Casado Mendiluce 11-03-2014 | 9:41 | 32

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Vengo a tu consulta porque me siento agobiada en la relación con mis padres. Cuando voy a su casa a visitarles me parece que intentan controlarme y meterse en mi vida y acabo marchándome pronto porque me siento incómoda.

-Terapeuta (T): ¿Cómo hacen tus padres para controlarte?

-P: Pues mira, le empiezan a poner a mi pareja en contra de mí. Le dicen que no estoy haciendo bien las cosas del trabajo, por ejemplo, y que tendría que volver a trabajar porque ahora estoy de baja.

-T: ¿Y tú cómo reaccionas?

-P: Pues me quedo callada porque no sé qué decir, pero me siento mal. Luego encima cuando nos marchamos de su casa, mi pareja me dice que mis padres tienen razón y acabamos discutiendo.

-T: Parece que acabas no sintiéndote comprendida ni por tu pareja.

-P: Es así porque cuando hablo tranquilamente con él entiende que si estoy de baja es porque no me encuentro bien. Pero no sé qué le pasa que cuando vamos donde mis padres, les hace más caso a ellos que a mí.

-T: Aquí hay varios frentes abiertos. Por un lado, el que tus padres se metan en tus decisiones. Por otro, el que te cuesta ponerles límites, y por último tu relación de pareja en la que no te sientes apoyada frente a tus padres.

-P: ¿Qué puedo hacer? El dice que también quiere visitar a mis padres pero yo creo que si acabamos mal es mejor que no venga.

-T: Ahí estoy de acuerdo contigo. Tus padres son tuyos y sería mejor que él no fuera si por esa visita vuestra relación de pareja se resiente.

-P: Uff…qué peso me quitas de encima, porque no me atrevía a decirle que prefiero ir yo sola a ver a mis padres. Y ¿ qué puedo hacer cuando mis padres critican mis decisiones?

-T: Decirles que haces lo que crees que es mejor para ti. Si ves que eso no sirve y te siguen agobiando, les dices que para estar sintiéndote mal, prefieres marcharte.

-P: (Se queda pensativa un rato…) Sí, eso está bien. Me ha servido mucho lo que hemos hablado. Gracias, Belén, me siento más tranquila.

-T: Me alegro que te sientas mejor. Hablaremos la próxima consulta de cómo te sientes con tus padres y con tu pareja. Animo y hasta pronto.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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