Diario Vasco
img
Atravesar el desierto
img
Belén Casado Mendiluce | 21-04-2017 | 09:58

 

Hay momentos en la vida en que no queda otra que vivir con cierto grado de sufrimiento porque no se puede evitar lo que nos duele ni se puede cambiar lo que nos hace sufrir.

Así que, en vez de rebelarnos contra esa situación o mirar hacia otra parte, es mejor vivenciar lo que toca porque, de esa manera, seremos más conscientes de todo lo que estamos viviendo y podremos aprender algo de todo ello.

No siempre puede uno sentirse bien, tranquilo y con buen ánimo. En ocasiones, uno sigue con sus tareas diarias como trabajar o hacer la compra aunque por dentro las tripas te crujan y un nudo de ansiedad te recorra el cuerpo.

¡Qué difícil nos resulta convivir con el malestar interior! Queremos quitárnoslo de encima cuanto antes porque no queremos sufrir o intentamos desviar la atención a otra parte distrayéndonos con múltiples actividades que nos entretengan.

Pero, cuando no se puede, no se puede. Hay momentos en que si mi pareja me pregunta: “¿cómo estás?”, yo sólo le respondo: “como puedo”, y no queda otra. Y todos los consejos que uno pueda leer entonces para librarse del sufrimiento caen en saco roto porque, en realidad,  no queda más remedio que vivir lo que hay.

Nunca haré un elogio del sufrimiento, porque creo que no hemos venido a este mundo a sufrir sino a ser felices, pero por el camino de esa felicidad se encuentran múltiples experiencias que nos harán sufrir porque uno también tiene que sentir lo que le duele para poder hacerle frente. No conozco a nadie  que pueda afrontar realmente los problemas sin sentirlos en su interior.

Atravesar el desierto es vivir en sequedad y en aridez, como si la vida hubiera perdido, en ese momento, su frescura y su brillo. Y uno se siente gris caminando por la vida, como si llevara un peso o una mochila a cuestas. Pero vivir por un tiempo así no es sinónimo de vida perdida ni malgastada, sino de vida vivida en su plenitud, la plenitud de quien hace frente a lo que siente sin ningún tipo de cortapisas.

Pero todo pasa, nada dura eternamente, así que mientras te dure tu malestar, verbaliza lo que sientes, no te lo guardes en tu interior. Procura hacer actividades que te relajen y te hagan llevar la atención no siempre permanentemente a tu dolor. Y si no puedes concentrarte en nada, muévete, haz ejercicio físico aunque sea un paseo  o limpiar la casa, así podrás aflojar algo más la tensión de tu interior. Pero no pretendas no sentir lo que sientes, por favor.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

 

Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

Etiquetas

No hay tags a mostrar

Otros Blogs de Autor