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Belén Casado Mendiluce

La psicóloga en casa

Sostenerse a uno mismo

 

En la vida se te pueden presentar situaciones, que de lo duras que resultan, parece como si el mundo se hundiera bajo tus pies. Pero, conforme vas viviendo -y sufriendo- lo que surge, descubres que tienes una fuerza dentro de ti que te sostiene. Esa fuerza siempre ha estado ahí presente.

Para sostenerse a uno mismo, uno debe tener los pies bien apoyados en el suelo. Estar bien anclado en la realidad, mirar de frente tu situación de vida actual y no utilizar los pies para salir corriendo sino para parar…y mirar.

Eso no significa que no puedas contar con alguna persona que te apoye, pero en esas circunstancias, cuando sientes que te falta el aire para respirar, todo apoyo externo lo puedes vivir como insuficiente. Sientes como si no pudieras sostenerte a ti mismo y una oscura noche se cierne sobre ti.

Hay que vivirlo. Tienes que sentir tu propia fragilidad, sentir tu cuerpo temblar de miedo, atreverte a ver que aquello que creías que era un pilar de tu existencia -tus hijos, tu pareja, tu familia- se desmoronan sin remedio.

Es necesario pasar por esa etapa de absoluto desconcierto y sufrimiento. Porque, entonces, cuando no te rebelas contra lo que es, cuando no luchas para quitarte de encima tanto dolor, sino que lo sientes y lo expresas, entonces, estás abriendo un camino interior para sentir una fuerza de apoyo y consuelo hacia ti misma.

Y esa fuerza que te sostiene está dentro de ti, siempre ha estado, sólo que, en ocasiones, buscabas más el consuelo fuera que en tu interior. Pero cuando “los bastones” en los que te apoyabas se caen, no te queda más remedio que mirar dentro de ti. Mejor que así sea, aunque duela.

Sostenerse a uno mismo es dejar que vayas asimilando lo que te ocurre, poco a poco, a tu ritmo. Nadie puede encajar el sufrimiento de golpe. Es escuchar lo que tu cuerpo necesita: ahora llorar, luego enfadarte, simplemente, dormir. Sostenerte es no luchar contra la realidad que se te presenta de frente. Es no pensar mucho para ver mejor.

Y entonces, poco a poco, va surgiendo una alegría y una paz interior, que no es fruto de que las circunstancias te sean favorables, no es el caso. Aunque nada haya cambiado, experimentas un nuevo renacer, porque tu lección de vida es que has aprendido a…no aferrarte a nada.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

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Sobre el autor

Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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