Diario Vasco
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Autor: belencasadomendiluce
He vuelto
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Belén Casado Mendiluce | 14-09-2015 | 8:59| 0

 

Me alegro estar aquí de nuevo, entre vosotros. No he estado de vacaciones ni me he tomado unos meses sabáticos, simplemente, he estado de baja por enfermedad. ¿Qué me ha pasado, te preguntarás, para estar 4 meses fuera de circulación? Una hipotensión de LCR (líquido cefalorraquídeo) me provocaba mareos y dolores de cabeza diarios, así que no tuve más remedio que parar cuando tuve que ingresar en el hospital.

Han sido meses duros, que no precisamente me los he tomado para disfrutar del parón. A la vuelta del hospital, en casa, contaba los días para reincorporarme al trabajo, con ilusión y esperanza de ponerme bien y empezar a hacer vida normal, ¡qué más quería yo!…pero las cosas no salen como uno espera.

Pasaban las semanas y no mejoraba como necesitaba ya que tenía que pasarme mucho tiempo tumbada por el dolor de cabeza, y los médicos no me ofrecían ninguna solución.” Ya hemos hecho el tratamiento pertinente y ahora es usted quien tiene que hacer un esfuerzo por salir adelante”. “¿Pero qué esfuerzo voy a hacer yo para que no me duela la cabeza?”, me quejé. “Todos tenemos malestares”, me dijo el neurólogo, “así que -dándome una palmada en la espalda que parecía que me quería quitar de en medio-… ¡a disfrutar de la vida! “, me despidió de la consulta.

Estupefacta ante la respuesta, tuve claro que tenía que buscar un tratamiento alternativo, algo que me ayudara a recuperar la salud perdida porque, sinceramente, no tengo vocación de mártir. Descartando las vías que en otro momento había probado pero que habían resultado infructuosas –quiropráctico, osteópata, homeópata,…- me aconsejaron la vía de la medicina china, ahí que fui a probar sin querer agarrarme a un clavo ardiendo pero con fuerzas para intentar buscar una salida.

He empezado a ver la luz- gracias Jon Ken por ponerte en mi camino- a través del bio-magnetismo, un tratamiento que me ha ayudado a sentirme mejor, con fuerzas para afrontar el día a día…y volver a trabajar.

Hay quien me dijo que, tras esta enfermedad, mis escritos en el blog se verían enriquecidos por mis vivencias. Supongo que seréis vosotros, los lectores, quienes tenéis que opinar sobre eso, pero como yo nunca salgo indemne de nada, si algo ha cambiado en mi interior, … lo notaréis en seguida.

Quedan contestados los comentarios pendientes del último post: “Me cansé de sufrir”, y espero seguir contando con vuestra presencia… ¡aunque sea de manera virtual! Un cálido abrazo a todos.

 

¡Seguimos caminando!…Belén Casado Mendiluce

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Me cansé de sufrir
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Belén Casado Mendiluce | 06-05-2015 | 10:19| 0

 

Vaya de entrada el decir que me gusta tener amig@s, ¿a quién no? Me gusta poder contar con alguien que me escuche, se interese por mí y me apoye. Y creo que demostrar lo mismo por la otra persona es sentir una reciprocidad enriquecedora.

Pero hoy no quiero dar un discurso sobre la amistad porque sé que la teoría, como en tantas otras cosas, nos la sabemos todos. Tantas veces he pensado que las relaciones, del tipo que sea, hay que cultivarlas que hoy prefiero escribir no de lo que tengo que sumar, añadir, para que la amistad funcione sino de lo que prefiero soltar y dejar de hacer para, simplemente, sentirme en paz.

Cada vez más siento en mí la necesidad de dejar de sufrir por cómo son los demás; me he cansado de sufrir si tal amiga me llama o no cuando estoy enferma o si cuenta o no conmigo para hacer un plan juntas. Ya está bien de comentar lo que me duele, de analizar los motivos de los demás para actuar como actúan, de sufrir porque las cosas sean diferentes de como son.

¿Es que me da todo igual? No, en absoluto. No se ha apoderado de mí una indiferencia que me haga comulgar con ruedas de molino. Sé lo que me gusta, lo que me agrada recibir, pero no me apetece gastar energías en analizar por qué los demás son como son ni en sufrir yo por no recibir lo que deseo.

Yo que creo en el poder de la comunicación entre las personas, también creo que no todo se resuelve hablando. Hablar para cambiar al otro, para que se dé cuenta de algo, en ocasiones, no me ha dado mucho resultado. Al principio cambian las cosas quizás para agradar al otro pero, al cabo de cierto tiempo, todo vuelve a su ser, como antes.

No sé cómo reaccionaré cuando me vuelva a encontrar con la amiga que está “desaparecida en combate”. Quizás, es su historia y no la mía la que le hace comportarse como lo hace, ni es culpa mía ni yo valgo menos por no recibir sus llamadas. Pero ya no quiero sufrir por ello.

Si la vuelvo a ver y se autoengaña diciendo que andaba ocupada en sus cosas, por ejemplo, no quiero interiormente restarle importancia a su ausencia, pero  decirle… ¿qué? Quizás los silencios sean más elocuentes que las palabras, quizás una tranquilidad no complaciente, por mi parte, deje más en evidencia lo que siento aunque no lo diga.

No deseo mal, no albergo rencor, pero tampoco quiero renunciar a lo que siento…aunque no le ponga palabras a ello.

 

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Buscar un sentido al dolor es una blasfemia
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Belén Casado Mendiluce | 30-04-2015 | 10:03| 0

 

Estoy indignada. No puedo entender cómo puede haber escritores cristianos de renombre que escriban lo siguiente: “Reaccionar ante el dolor con animadversión es la manera de convertirlo en sufrimiento. Sonreír ante él, en cambio, es la forma de neutralizar su veneno”.

Cuando se sufre el dolor físico, como un dolor de cabeza por ejemplo, no se puede hacer otra cosa más que sufrirlo e intentar estar como se pueda: metiéndose en la cama o tomando un analgésico, pero sonreír ante él resulta del todo irreal e inaceptable.

No creo que haya que buscar ningún sentido al dolor, es lo que es, una realidad inevitable de nuestra vida de la que no hay que pretender sacar ninguna lección especial; bastante tiene uno con sufrirlo y llevarlo de la mejor manera posible como para pensar que el dolor está ahí para enseñarme algo.

Cuando el cuerpo te duele, te duele y ahí no hay conversión al sufrimiento que valga. No es que yo convierta el dolor en sufrimiento psicológico, es que ¡lo sufro en mis propias carnes! Cada persona tiene una tolerancia diferente al dolor, unos aguantan más que otros, pero pretender estar relajados y tranquilos en esa situación me parece sublimar lo inaguantable.

Por supuesto, no creo que todas las situaciones de la vida se presentan para que aprendamos algo de ellas (por ejemplo, el cáncer infantil, ¿qué tiene que aprender un niño de eso?) ni haya que creer que sólo se aprende y se madura gracias al sufrimiento.

Soy creyente, pero me rebelo contra la tergiversación que ha hecho la Iglesia Católica del mensaje de Jesús de Nazaret. El Dios en el que creo es un Dios de VIDA, no de muerte, sufrimiento y aguante. Un Dios que quiere lo mejor para cada uno de nosotros y que no nos manda ningún sufrimiento para ponernos a prueba. En esa línea, pienso que sería mejor retirar los crucifijos como símbolo de la Iglesia.

Así que el que piense que tenemos que dar la bienvenida y estar agradecidos a la Vida (léase Dios) por las experiencias duras de la vida y, entre ellas, el dolor físico, comete una absoluta blasfemia porque la vivencia de lo sagrado nunca puede estar unido al ensalzamiento del dolor. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

 

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Esto es un blog personal
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Belén Casado Mendiluce | 22-04-2015 | 10:30| 0

 

Hoy no me resulta fácil escribir en el blog. Cuando llevas varios años, una empieza a pensar que los temas se agotan, pero algo dentro de mí me dice que sentir, sigo sintiendo cosas distintas cada día, y eso no se agota nunca.

Pero el blog no es un diario para mí, ni siquiera estoy en las redes sociales porque, qué le voy a hacer, no son santo de mi devoción. Me cuesta entender la exhibición actual de la propia intimidad. ¿Acaso todavía existe el concepto de intimidad?

Cuando se publican fotos estando de vacaciones, cuando se comenta si uno está enamorado o si tu ex pareja ya no te pasa la pensión…¿qué es un blog personal? Todavía no he encontrado dentro de mí la respuesta que me satisfaga.

Quizás se me ocurre que personal es comunicar desde el  interior, desde la propia vivencia, desde lo que una intenta aprender mientras camina, de lo que me sirve a mí. Eso quiero, ahora me doy cuenta.

¿Ypor qué –y ahora hago de abogado del diablo- siempre tengo que aprender algo de lo que vivo? Ni que vivir fuera estar en una continua clase con exámenes y notas finales. Creo que prefiero vivir más relajada conmigo misma.

Me acuerdo cuando le oí a una persona decir que, al finalizar el día se hacía una especie de revisión de cómo le habían ido las cosas y cómo ella se había comportado. ¡Qué cansado! Me parece como ser un inspector de uno mismo… Para mí, en el momento de meterme a la cama quiero reconciliarme conmigo misma, descansar física y psicológicamente, dejarme en paz.

No me gustan las disquisiciones intelectuales en las que se busca mostrar lo brillante que se es, así que lo diré de manera sencilla. No siempre me doy cuenta en el momento de lo que me pasa; a veces, me salen esos automatismos difíciles de evitar y que le pillan a una desprevenida.

Entonces, algo siento en mi interior, se me agitan las tripas, se me acelera el corazón o algo me avisa que hubiera querido poner palabras a mi silencio desconcertado. Puede que me pare a escucharme, que deje de hacer cosas para distraerme. puede que deje la puerta abierta a darme cuenta de mí. O puede, simplemente, que siga mirando para otro lado y no me pregunte nada, quizás no es el momento, ahora no.

Pero no quiero vivir como si tuviera que pasar un examen de continuo, como si siempre tuviera que sacar una lección de lo vivido, como si me exigiera a mí misma ser lo suficientemente madura para aprender de la experiencia. Quiero vivir dejándome estar como pueda, permitiéndome estar como pueda, sin exigencias ni culpabilizaciones , ¿de qué sirven?

 

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Camino interior. Ya me he cansado, ya..
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Belén Casado Mendiluce | 16-04-2015 | 10:18| 0

 

Para mí los mejores escritos, aquellos que me seducen y me atrapan en su lectura son los que hablan de vivencias personales, los que muestran con humildad y sencillez la forma de ser y la personalidad del autor.

Pero me molesta cada vez más quien, para enganchar al lector, escribe inventándose historias “personales” que nunca ocurrieron más que en la fantasía del autor, quien da consejos psicológicos remarcando que no le hace falta tener un título colgado en la pared para hacerlo, cuando ese comentario denota un desprecio a los psicólogos de carrera.

Me he limitado durante los años de andadura de mi blog a escribir sobre los temas que a mí me interesaban sin perder el tiempo en entretenerme a criticar las formas de escribir de otras personas porque, entre otras cosas, considero que se acaba “pillando” a quien escribe de manera asidua, porque por mucho que se quiera dar una imagen de algo, se acaba intuyendo cuál es la verdadera forma de ser de quien escribe, incluida la mía.

No me gusta la mentira, el engaño y la descalificación, mucho menos cuando provienen de personas que se creen sus propias mentiras que, dicho sea de paso son las personas más peligrosas y de las que hay que resguardarse, y que acaban convirtiendo sus mentiras en “realidades” de cara a los demás.

Allá cada uno como es, y que cada uno lea lo que más le interesa, se puede pensar, pero me he cansado de no decir nada y de no alzar mi voz públicamente para decir lo que pienso. ¿Acaso el engaño vende más?

Nadie somos transparentes al 100% ni nos libramos de tener falsedades o contradicciones en nuestra vida, que para eso no somos totalmente conscientes de nosotros mismos, pero convertir la imagen en falsa realidad de manera continuada no puede tomarse con gracia justificándolo porque se provoca hilaridad y sonrisa en el lector con los escritos publicados.

Todos los que escribimos “vendemos algo” aunque sea porque  algunos tienen la suerte de dedicarse al oficio de escritor de manera remunerada y venden sus escritos y otros, sin embargo, escribimos por diferentes  motivos: para darnos a conocer profesionalmente, para compartir nuestros conocimientos e, incluso para, simplemente, disfrutar con el ejercicio intelectual de poner las ideas en orden.

Pero una cosa es eso y otra creer que vendemos “humo” y damos consejos que “vendo pero para mí no tengo”. El que no crea en los psicólogos está en su derecho de pensar así pero, por mi experiencia, suelen ser las personas que… más miedo tienen a mirar en su interior.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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