Diario Vasco
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Autor: belencasadomendiluce
El poder de no pensar
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Belén Casado Mendiluce | 04-10-2011 | 1:07| 0


 



   Todos sabemos que hace falta pensar para solucionar problemas cotidianos de la vida: cómo planificar un trabajo, cómo arreglar un desaguisado doméstico o a quién acudir cuando algo no sabemos. Pero hasta ahí, sí.
   Cuántas veces nos pillamos dando vueltas en la cabeza a las cosas, como una noria que gira y gira… sin llegar a ninguna parte. Rememoramos una y otra vez lo que nos ha pasado con alguien, el mal trago vivido, las palabras dolorosamente oídas…y no salimos de ahí.
   Creemos, en el fondo, que por volver a pensar en lo ocurrido vamos a encontrar una nueva pista de la que no nos habíamos dado cuenta antes, que nos va a indicar por dónde tirar: “¿debemos romper la relación o somos unos egoístas con nuestras exigencias?” Pero seguimos igual de estancados, si no más. E incluso recreamos la historia vivida contándola varias veces a nuestros amigos:” ¿quieres saber lo que me ha pasado?”
   Y resulta que los científicos saben que la facultad de pensar es una de las capacidades de la mente humana, pero no la única ni la mejor. Que existe otra todavía inexplorada que es el poder de no pensar. ¿Qué es eso?
   La mente puede captar la realidad con más claridad no cuando piensa sobre ella sino cuando la observa en silencio, cuando no interpone pensamientos entre la persona que mira y lo que ve.
   Constantemente estamos en un diálogo interior, un discurso interminable de palabras e imágenes que nos impide ver las cosas tal y como son: “esto me gusta, esta persona me desagrada, no voy a poder aguantar esta situación, no me tienen en cuenta…”
   Por supuesto que debemos tener en cuenta lo que sentimos pero si ya lo sabes, déjalo estar. Toma conciencia de tus sentimientos pero lleva la atención a tu presente, a lo que estés haciendo en este momento como leer un libro, pasear o realizar un trabajo. Estate a lo que estás.
   Ya sé que es muy difícil lidiar con la “loca de la casa”,ese hábito tan arraigado en nuestra mente y en nuestra cultura de pensar sobre algo pero te diré algo más: observa el ir y venir de tus pensamientos como si fueras un espectador que mira la película que se proyecta. Los pensamientos vienen, pasan por delante de ti…y se van. Es así, compruébalo.
   Por último, recomiendo el famoso libro de Tolle: “El poder del ahora”, que nos puede ayudar a estar en el presente y…a descansar de nuestra cabeza.
   Continuaremos…Belén Casado Mendiluce




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“Psicóloga, cúrate a ti misma”
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Belén Casado Mendiluce | 03-10-2011 | 10:30| 0


   Hoy voy a hacer una cura de humildad.


  No os penséis que por el hecho de ser psicóloga estoy libre de miedos, inseguridades o ansiedad. Pues no.


   Me hice psicóloga por vocación; quería ayudar a los demás con sus problemas, que no se sintieran solos y sin saber qué hacer con su sufrimiento.


   Aquí estoy con ese deseo, sabiendo que, a parte de formarme profesionalmente, debo saber de lo que hablo. Es decir, no sólo saber la teoría, los conocimientos de los múltiples libros y cursos recibidos, sino haber experimentado en carne propia algo de lo que hablo.


   Una no ha pasado, lógicamente,  por todos los problemas imaginables, pero sí he tenido que lidiar con mis “noches oscuras”, o mi “no sé qué hacer con todo esto”.


   Y llegados a este punto, salen los consabidos comentarios: “¿cómo puedes ayudar a los demás si tú también has estado mal?”,”si eres psicóloga, cúrate a ti misma”. Como si yo no necesitara de los demás, de su apoyo y consuelo. Como si me bastara a mí misma. Pues no.


   Precisamente porque sé lo que es sentir el malestar, atravesarlo con mejor o peor fortuna, puedo saber cómo ayudar a los demás; porque me interesa profundamente el “alma humana”, si puede decirse así.


    Se piensa que los psicólogos somos “semi-dioses”, personas con soluciones para todo y que siempre estamos bien; cuando, muchas veces, hace falta pasar una crisis para salir fortalecido de ella, aunque duela;  y os aseguro que puede doler y mucho.


   Pues bueno, llegadas a estas horas tardías de la noche, terminado mi trabajo, creyendo que no voy a tener inspiración para escribir sobre nada, me ha salido esto.


   Espero que os guste, porque está hecho con el corazón.


   Continúo seguro, seguro…Belén Casado Mendiluce

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Decir “sí a la vida”
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Belén Casado Mendiluce | 30-09-2011 | 2:04| 0

Todos nos levantamos por la mañana entre la pereza y la desgana, con cierta incertidumbre de qué nos deparará el día. ¿Tendré muchos problemas en el trabajo?, ¿recibiré malas caras de esa persona que me incomoda? Casi siempre tenemos pensamientos negativos que agudizan nuestro desánimo matinal. Algunas veces preferiríamos volvernos a meter en la cama y taparnos con la sábana porque no queremos saber nada del mundo…
Pero sí, no queda más remedio que levantarnos y asomarnos a la ventana de nuestra existencia. Vamos aseándonos, desayunando y realizando ciertas tareas casi automáticamente, no hay tiempo que parar…
Yo reivindico cierto espacio para parar, apenas 5 minutos. ¿Acaso no te dedicas más tiempo a elegir tu ropa o a remolonear en la cama? Ya verás, cómo este precioso tiempo de parón te cunde. ¿Y qué hago?
Ponte de pie, a solas contigo mismo, y levanta los brazos desde los lados juntando las manos arriba por encima de tu cabeza, haciendo un círculo cerrado. Luego vete bajando acariciando con las palmas de tus manos tu cara, pecho, estómago, y tu vientre. Hazlo 5 veces, despacio. Tienes tiempo en estos breves minutos…
Toma conciencia de que recibes el día con caricias hacia ti, sin prisas. Es un gesto de cariño hacia ti mismo, teniéndote en cuenta desde la mañana.
A la par que haces este movimiento, di internamente en silencio esta frase: “sí a la vida”. No hace falta que pienses en ella, sólo que creas en ella; lo que digas dilo de verdad, sinceramente.
Date cuenta de que ese “sí a la vida” es sí a todo lo que te depare el día, agradable o no tanto; que estás abierto a lo que surja dentro y fuera de ti, sin exclusión, aunque algo no te haga tanta gracia. Es una actitud positiva hacia ti mismo y hacia los demás.
Practicando este ejercicio diariamente, contribuyes a crear un mejor ambiente y a estar más en paz contigo mismo.
Seguiremos…
Belén Casado Mendiluce

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Acoger el miedo
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Belén Casado Mendiluce | 28-09-2011 | 2:17| 0

Hace poco me comentaban el caso de una persona que había ido a un médico naturista, y éste le preguntó al paciente a qué tenía miedo en la vida. “¿Miedo yo? Pues creo que a nada, oiga.”- contestó. “Otro que dice que no tiene miedo a nada”, le replicó el médico.

Yo me sonreí cuando me lo contaron porque en esta sociedad está mal visto reconocer que uno tiene miedo y “vende más” dar la imagen de una persona segura de sí misma y echada para adelante.

Hay tanto libro de autoayuda sobre:”cómo atraer el dinero a su vida” y “cómo ser un buen líder en el trabajo”, que echo de menos alguno sobre: “socorro, me muero de miedo”.

¿Quién no se ha sentido paralizado ante algo que le superaba, como ir al dentista, por ejemplo? ¿Quién no se ha sentido bloqueado cuando quieres estar suelto en un grupo y no te sale? El miedo es un sentimiento muy común…y muy humano; Pero vamos a ver qué podemos hacer cuando lo sentimos.

En primer lugar, sé consciente de que tienes miedo.” Sí, si ya sé que tengo miedo”, me dirás. Yo te digo que te dejes sentir en el cuerpo tu miedo y que te observes a ti mismo cómo estás. No quieras engañarte a ti mismo diciéndote que no hay miedo o queriendo convencerte de la inutilidad del mismo. Lo sientes y punto.

¿Y ahora qué? Pues dale la mano y sal con él a la calle a hacer lo del día a día. Acoge el miedo y déjale un sitio a tu lado. No te digo que lo aceptes como si ahora te dejara de molestar, no. El miedo es un vecino incómodo y fastidioso, eso no lo vamos a negar. Pero acoger es tener una actitud más cariñosa con lo que te molesta de ti mismo.

Y por último e importante: no pretendas que desaparezca ni luches contra él, déjalo estar. Todo lo que quieras cambiar de ti con tensión, sólo consigues que permanezca más tiempo contigo.

Hay momentos en la vida que toca sentir lo que hay, aunque eso sea miedo. Y cuando soy capaz de reconocer lo que siento puedo sentirme más fuerte y dueño de mí. Aquí no se trata de esconderse de uno mismo. Animo.

Continuaremos…Belén Casado Mendiluce

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“No necesito un psicólogo”
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Belén Casado Mendiluce | 26-09-2011 | 6:25| 0

“No necesito un psicólogo”

Siempre me ha llamado la atención que hubiera gente que considerara a los psicólogos “loqueros”. Vamos, que tenías que estar con la cabeza ida para acudir a este profesional.

¿A tu consulta va gente muy tarada? – me preguntaban con una sonrisa maliciosa. Como si ellos estuvieran “sanos” y a salvo de ser considerados “locos”.

Para mis adentros, pensaba que eran ellos los que más miedo le tenían al psicólogo, a ver si éste les iba a encontrar algo en su personalidad que preferían no ver.

“Yo soy una persona equilibrada y estable y no necesito de nadie para resolver mis problemas” parecían decirme. Cuánto miedo anda suelto…

He procurado no tratar de convencer a nadie de la utilidad de loa psicólogos por aquello de que no se cambian actitudes desde la cabeza sino desde las tripas. Sólo cuando te estás ahogando en la piscina te das cuenta de que no puedes observarte a ti mismo desde fuera cómo te ahogas. Necesitas pedir ayuda desesperadamente porque tú solo no puedes salir de ésta. Por supuesto que ahí están los amigos y personas cercanas para echarnos “un cable”, pero hay momentos en se necesita alguien que se implique con nuestro sufrimiento sin que nos tengamos que preocupar de si somos una carga para el que nos escucha. Y una implicación efectiva, que incluso nos ponga el dedo en la llaga, para ayudarnos a salir de nuestro malestar.

Hace falta humildad para reconocer que uno se encuentra mal y tomar conciencia de ello, de la propia debilidad, es algo de lo que carecen muchos de los que se consideran “sanos”. Sigo pensando que es signo de fortaleza interior reconocer que se necesita ayuda y que el miedo al psicólogo no es más que un reflejo del miedo a los propios fantasmas.

Eso sí, “cada maestrillo tiene su librillo”. No todos los psicólogos son iguales. Recomiendo elegir a aquel que me inspire confianza, con el que me sienta más cómoda y que sea cercano en el trato. Encima que voy a tratar temas personales e incluso dolorosos, no me voy a cargar con la incomodidad de tener a alguien enfrente de mí que no me comprenda e incluso me resulte antipático.

Continuaremos…

Belén Casado Mendiluce

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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