Diario Vasco
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Autor: belencasadomendiluce
Sostenerse a uno mismo
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Belén Casado Mendiluce | 12-01-2018 | 1:35| 0

 

En la vida se te pueden presentar situaciones, que de lo duras que resultan, parece como si el mundo se hundiera bajo tus pies. Pero, conforme vas viviendo -y sufriendo- lo que surge, descubres que tienes una fuerza dentro de ti que te sostiene. Esa fuerza siempre ha estado ahí presente.

Para sostenerse a uno mismo, uno debe tener los pies bien apoyados en el suelo. Estar bien anclado en la realidad, mirar de frente tu situación de vida actual y no utilizar los pies para salir corriendo sino para parar…y mirar.

Eso no significa que no puedas contar con alguna persona que te apoye, pero en esas circunstancias, cuando sientes que te falta el aire para respirar, todo apoyo externo lo puedes vivir como insuficiente. Sientes como si no pudieras sostenerte a ti mismo y una oscura noche se cierne sobre ti.

Hay que vivirlo. Tienes que sentir tu propia fragilidad, sentir tu cuerpo temblar de miedo, atreverte a ver que aquello que creías que era un pilar de tu existencia -tus hijos, tu pareja, tu familia- se desmoronan sin remedio.

Es necesario pasar por esa etapa de absoluto desconcierto y sufrimiento. Porque, entonces, cuando no te rebelas contra lo que es, cuando no luchas para quitarte de encima tanto dolor, sino que lo sientes y lo expresas, entonces, estás abriendo un camino interior para sentir una fuerza de apoyo y consuelo hacia ti misma.

Y esa fuerza que te sostiene está dentro de ti, siempre ha estado, sólo que, en ocasiones, buscabas más el consuelo fuera que en tu interior. Pero cuando “los bastones” en los que te apoyabas se caen, no te queda más remedio que mirar dentro de ti. Mejor que así sea, aunque duela.

Sostenerse a uno mismo es dejar que vayas asimilando lo que te ocurre, poco a poco, a tu ritmo. Nadie puede encajar el sufrimiento de golpe. Es escuchar lo que tu cuerpo necesita: ahora llorar, luego enfadarte, simplemente, dormir. Sostenerte es no luchar contra la realidad que se te presenta de frente. Es no pensar mucho para ver mejor.

Y entonces, poco a poco, va surgiendo una alegría y una paz interior, que no es fruto de que las circunstancias te sean favorables, no es el caso. Aunque nada haya cambiado, experimentas un nuevo renacer, porque tu lección de vida es que has aprendido a…no aferrarte a nada.

 

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Y tú, ¿qué quieres?
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Belén Casado Mendiluce | 15-12-2017 | 12:30| 0

 

De cara a los nuevos propósitos que nos solemos hacer a comienzo de año, hoy quiero compartir con vosotros un cuento que leí del libro: “Viaje al ahora” de Leonard Jacobson. Sin duda, una lectura recomendable para todos.

 

Estaba Dios un día sentado tranquilamente, y dando a muchas personas la oportunidad de que se le acercaran. El primero fue un hombre de veintitantos años.

“Tú qué quieres?”, preguntó Dios.

“No lo sé”, respondió el hombre.

“Pues no puedo darte lo que deseas”, dijo Dios. “Regresa cuando lo sepas”.

La segunda persona en acercarse a Dios fue una mujer con algo más de treinta años.

“¿Qué quieres?”, preguntó Dios.

“Quiero ser amada, pero no me siento digna de recibir amor”.

“No puedo darte algo que no sientas que mereces”, dijo Dios. “Primero cura tus heridas, y cuando sepas que eres digna de amor, pondré amor en tu vida”.

El siguiente era un hombre de cuarenta.

“¿Tú qué quieres?”, preguntó Dios.

“Quiero encontrar una casa en el campo donde pasar una vida tranquila y pacífica”, dijo el hombre. “Pero, al mismo tiempo, quiero mantener la excitación de vivir en la ciudad”.

“No puedo darte lo que deseas si estás en conflicto”, dijo Dios. “Toma una verdadera decisión sobre dónde quieres vivir. Sólo entonces te puedo dar lo que quieres”.

La siguiente era una mujer de cincuenta años.

“¿Qué quieres?”, preguntó Dios.

“Quiero fama, dinero y éxito” , dijo la mujer. “Quiero ser fabulosamente rica”.

“Te traeré lo que deseas”, dijo Dios. “Pero sólo para enseñarte que no te llenará”.

El siguiente era un hombre de más de sesenta.

“¿Qué quieres?”, preguntó Dios.

“No quiero nada”, dijo el hombre, “porque veo que ya lo tengo todo”

“Está bien”, dijo Dios. “A ti se te dará aún más”

 

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Todo aquello que soy
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Belén Casado Mendiluce | 01-12-2017 | 11:32| 0

No me gustan mucho las etiquetas sobre mí misma, quizás porque no quiero encasillarme en nada que me obligue a seguir un camino marcado sin yo quererlo.

Pero me gusta la introspección, bucear en mis sentimientos, simplemente, para encontrar sentido y significado a lo que siento. Lo que siento ha sido mucho más guía en mi vida que los múltiples pensamientos que pasan por mi cabeza.

Sé que tengo cualidades como persona de las que procuro no envanecerme pero tampoco olvidarme de ellas. Si alguien me ataca, tengo que recordarme que puedo haber cometido un fallo, pero que nadie mejor que yo sabe cómo soy. Si alguien me acusa de no ser cariñosa, por ejemplo, afirmo que valoro mucho manifestar el cariño a través del contacto físico, aunque en algún momento puntual no lo haya hecho.

Valoro el conocerme a mí misma porque es una manera fundamental de quererse a uno mismo. ¿Cómo voy a quererme, a tratarme con cariño, si ni siquiera sé cómo soy? Procuro estar cerca de mí misma, con tiempo para pararme, para saber de mis alegrías y de mis penas, aunque no tenga respuestas inmediatas a lo que siento.

Hay quien todavía me dice: “¿cómo siendo psicóloga, estás en semejante atolladero?” Y yo me sonrío porque me parece que esa persona entiende poco de los caminos interiores. Soy psicóloga por vocación, es verdad, pero ante todo soy persona. Así que la psicología está muy arraigada en mí, pero tengo que encontrar en la vida las respuestas por mí misma, y eso sólo se hace viviendo, experimentando por uno mismo, no siendo el mejor psicólogo académico.

Muchas veces, incluso durante el día, me pregunto por el sentido de mi vida o me cuestiono el miedo a la muerte. Muchas veces, los grandes interrogantes que me asaltan no son una mera elucubración mental, sino un deseo de afianzarme en esta vida con las dos piernas bien apoyadas en el suelo, para vivir con consciencia, que es lo que quiero.

Ese es mi sentido, vivir con consciencia. Y reconocer con humildad, que hago lo que puedo, cuando las debilidades y fallos de uno mismo son, simplemente, una oportunidad para darse un abrazo cariñoso y decirse: “Aquí me tienes contigo”.

 

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Todos somos nerviosos en lo que nos toca
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Belén Casado Mendiluce | 17-11-2017 | 11:06| 0

 

Hay personas que te dicen abiertamente que ellas son tranquilas y que no se alteran con facilidad, pero luego ante lo que les preocupa e inquieta pierden los nervios. Todos tenemos nuestro punto débil ante el que nos alteramos.

Lo importante es conocerse a uno mismo para no pretender dar imágenes de nosotros mismos que no se corresponden con la realidad. Ya sé que todos podemos querer caer bien a los demás cuando nos empiezan a conocer, pero dar imágenes falsas de nosotros mismos no se sostiene por mucho tiempo.

Y por mi experiencia, cuando alguien me dice: “Yo tengo buen carácter y es fácil convivir conmigo”, me digo: “Otro que tiene reprimida la agresividad y que se pondrá como un león enjaulado cuando se altere” Y así lo he corroborado, en verdad.

Todos tenemos derecho a enfadarnos cuando algo nos toca, y es normal y sano que así sea, porque la agresividad es una energía que está a nuestro favor, no en nuestra contra. La agresividad nos sirve para defendernos y hacer valer lo que es importante para nosotros. Otra cosa es la ira que acaba por desestabilizarnos a nosotros y a los demás.

Es mejor no ir poniéndonos etiquetas que nos definan porque luego esas mismas etiquetas…suelen saltar por los aires: “Yo soy tranquilo, no tengo miedos, no me agobio con los problemas, soy una persona resolutiva, que busca solucionar los problemas…”

He oído a alguna persona que decía: “Yo no tengo ningún miedo a los hospitales”, y luego te das cuenta de que, afortunadamente, esa persona no había tenido problemas físicos que le obligaran a pasar por un hospital.Ya veríamos si decía lo mismo cuando tuviera que ingresar por fuerza mayor.

Y esas mismas personas que hablan con esa rotundidad, se sorprenden si se ven a sí mismas perder los nervios cuando algo no lo saben resolver en el trabajo, se sorprenden si se les dispara el miedo cuando ven sus ingresos mensuales disminuir o si se agobian cuando surgen problemas que les molesta afrontar.

Todos somos nerviosos en lo que nos toca, porque siempre tenemos áreas de nuestra personalidad que no están suficientemente trabajadas, a las que no hemos llevado la luz de nuestra consciencia y que, por tanto, siguen estando en la sombra. Y cuando las tocamos, nos alteramos sin remedio.

Así que mejor no ponernos etiquetas para construir una buena imagen de nosotros mismos de cara a los demás. Mejor ser consciente de lo que nos toca para sacar de la sombra nuestros puntos ciegos y alumbrarlos con la luz de nuestra consciencia.

 

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Si te duele el cuerpo, haz lo que puedas
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Belén Casado Mendiluce | 03-11-2017 | 10:31| 0

 

Cuando tenemos un dolor físico resulta difícil hablar de estar tranquilos, de conservar la calma, cuando sabemos que hasta un simple dolor de muelas nos puede dejar fuera de combate.

El cuerpo tiene su memoria, así que las personas que han sufrido dolencias, enfermedades o ingresos hospitalarios, tienen un cuerpo resentido no sólo físicamente sino emocionalmente. Es decir, que es normal que para esas personas, el cuerpo les tiemble cuando ven agujas o, simplemente, una persona con bata blanca. El miedo también se mete en el cuerpo.

A esas personas les gustaría estar más enteras y no demostrar su alteración nerviosa, pero no es posible por mucho que lo intenten. Así que es mucho más sano dejarse estar como se pueda, reconociendo el propio nerviosismo y no pretendiendo ocultarlo de cara a los demás.

Cuando tienes un dolor físico, no pretendas hacer un ejercicio de control mental. Puede ayudar bastante el hacer respiraciones tranquilas, pero si el malestar te supera, no luches contra ti mismo por mantener el control.

Cuando te sientas mal, permítete quejarte para desahogarte y luego sentirte así más relajado. Permítete no tener ganas de hablar y estar más silencioso con los demás. Permítete estar como te pida el cuerpo, en la cama, tumbado o sin ganas de hacer nada.

Y cuando te sientas algo mejor, entonces sí puede ser momento de leer algún libro que te interese, escuchar música o dar un paseo por la calle, Es decir, que puedes hacer algo por entretenerte, llevando la atención a algo que te relaje o te haga sentirte mejor para no darle vueltas a tu malestar. Pero hasta que llegue ese momento, haz lo que puedas.

Si te vienen pensamientos negativos acerca de tu salud, ten la actitud del espectador de cine. Contempla tus pensamientos a una cierta distancia, como si vieras una película pasar: los pensamientos así vistos, de la misma forma que vienen se van. Esta actitud te ayudará a estar más tranquilo.

Ten paciencia contigo mismo, y no te machaques por estar enfermo. Tu cuerpo es sabio y te irá diciendo lo que necesita en cada momento: quejarse, callar o llevar la atención a otra cosa. Hazle caso y te sentirás mejor.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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