Diario Vasco
img
Autor: belencasadomendiluce
Las adicciones son por soledad
img
Belén Casado Mendiluce | 04-03-2016 | 8:54| 0

 

Las adicciones se producen por la falta de conexión emocional con personas significativas. Esa es la conclusión del vídeo sobre adicciones que ha confirmado lo que ya intuía.-os pongo el enlace al final del post- y que quiero compartir con vosotros.

No podemos centramos únicamente en proporcionar curas de desintoxicación a los drogadictos sino que debemos ayudar a esas personas a no sentirse aisladas, incomunicadas y solas. Esa es la verdadera raíz del problema.

Pienso que un gran porcentaje de personas tenemos algún tipo de “enganche” o adicción: a los móviles, a las compras, a la pornografía, a los viajes…la lista podría ser larga. Y muchos de estas adicciones no están socialmente mal vistas quizás porque son compartidas por muchas personas.

Pero no por ello significa que nos encontremos bien con este “enganche”. Las adicciones suponen una merma en nuestra autoestima –aunque al principio pudiera parecer lo contrario- y nos dejan con la sensación de que cada vez somos menos dueños de nosotros mismos.

Necesitamos hablar con personas cara a cara, no sólo virtualmente, necesitamos hablar de cómo nos sentimos, no sólo de lo que hacemos, necesitamos establecer lazos de conexión con personas que nos hagan sentirnos importantes para ellas y que ellas lo sean para nosotros.

Hay que volver a lo sencillo. A llamarse por teléfono, no sólo a escribirse por watsapp, para volver a escuchar la voz de la persona que tanto nos dice de cómo se siente. Necesitamos conocer a gente “cuerpo a cuerpo”, cuando los gestos y las formas de expresarse que sí se ven nos hablan más del otro que lo que queda oculto tras el ordenador.

Lo que nos ayuda a mantenernos fuera de la prisión de las adicciones es mantener relaciones afectivas significativas. No sólo para tener ese grupo de personas con las que vamos de bares el fin de semana sino, sobre todo, para compartir cómo nos sentimos, lo que nos preocupa y lo que necesitamos.

Debemos preguntarnos si seguimos manteniendo relaciones en nuestra vida con personas que no nos aportan nada porque nada comunicamos con ellas, si seguimos conviviendo con parejas que hace tiempo dejaron de importarnos o si nos hemos acostumbrado a estar mal bajo el mismo techo como si esto fuera el menor de los males posibles.

Todo ello es el caldo de cultivo para caer en una adicción. Tu adicción es la expresión de la jaula en la que todavía sigues viviendo.

https://www.youtube.com/watch?v=ao8L-0nSYzg

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

Ver Post >
¿Quién teme a la adolescencia?
img
Belén Casado Mendiluce | 26-02-2016 | 11:19| 0

 

Es cierto que esta es una etapa de la vida difícil, pero si comprendemos lo que ocurre en ella, muchos miedos y fantasmas se mitigarán.

La adolescencia, evidentemente, es una etapa de cambios tanto físicos como psicológicos. El adolescente pasa de vivirse en un cuerpo de niñ@ a encontrarse en un cuerpo de adulto, con el inevitable sentimiento de sorpresa que se acompaña. A la vez, se produce un proceso de crisis de identidad en el que el joven lucha por descubrir cuáles son sus gustos, sus preferencias, sus opiniones y sus aversiones.

Es este proceso de búsqueda de identidad el que hay que vivir con la menor de las culpas posibles. ¿Culpa? Sí, porque el adolescente se siente en conflicto interior entre la forma de ser que había mostrado hasta ahora casi de manera inconsciente durante la infancia y la nueva personalidad que pugna por salir.

Los padres tienen que comprender que esta etapa es de rebeldías, enfrentamientos y luchas, y que es normal que sea así cuando el adolescente se está encontrando a sí mismo. Hay que ayudarle al hij@ apoyándole y reafirmándole en aquellas formas de ser que le hacen sentir bien con él mismo.

¿Que el adolescente quiere cambiar de amistades porque no encajan con sus inquietudes? ¿Que comienza a sacar más la rabia cuando antes se conformaba con todo? ¿Que se cuestiona el sentido que tienen las relaciones familiares de compromiso? Ayudémosle a encontrar respuestas que le satisfagan; que le satisfagan a él, no a nosotros.

Soy de la opinión de que el adolescente lleva dentro de sí todas las respuestas que necesita para estar bien consigo mismo, pero esas respuestas las tiene que experimentar, vivir y ponerlas en práctica antes de saber si realmente son las que quiere para él. Pero eso sólo se hace viviendo.

Ya no le vale la teoría, lo que debería hacer o lo que había hecho hasta ahora casi sin cuestionárselo. Necesita sentir la seguridad interna de que lo elige en la vida, incluso con cosas tan sencillas como qué tipo de ropa comprarse, es lo que él realmente quiere para sí.

 La adolescencia es el comienzo del camino para conocerse a sí mismo y es importante saber cómo soy para tener un mínimo de equilibrio interior.  Es el comienzo para que la crisálida se convierta en la maravillosa mariposa…que eche a volar.

 

 Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

Ver Post >
¿Quién dijo que tu pareja es tu mejor amigo?
img
Belén Casado Mendiluce | 19-02-2016 | 11:13| 0

 

Ya he oído en diferentes foros semejante opinión, y como me “chirría” en las tripas, voy a aportar mi personal grano de arena al tema en cuestión.

En principio, y salvo acuerdos personales e intransferibles, con el amigo uno no se acuesta, cosa que sí se produce en la relación de pareja, -mientras no se diga lo contrario-. Primer punto de diferencia.

Es posible, sí, que uno disfrute de una buena relación de amistad, en el sentido de que la relación fluya sin excesivos conflictos y las dos personas se apoyen mutuamente, pero por eso no diríamos que esa amistad puede convertirse en una relación de pareja. Faltaría algo más.

En la misma línea, existen parejas que en la convivencia diaria forman un “buen equipo”, sobre todo con respecto al trato con los hijos,sus miembros se ayudan y se tienen mutuamente en cuenta,  pero los cónyuges tienen la sensación de que, simplemente, es como si convivieran bajo el mismo techo con un buen amigo, no con una pareja. Triste experiencia.

La pareja tiene que tener un componente de atracción –que no siempre pasión- que marca, inevitablemente, la diferencia. La atracción hacia tu pareja que te hace sentirte con la necesidad de buscar el contacto físico con ella, aunque sea con un simple abrazo mantenido; la atracción que te hace desear estar al lado de esa persona porque, seamos realistas, en la pareja uno no debe acostumbrarse a estar solo.

De manera que sí es posible que haya características de una buena amistad que se den en una relación de pareja, como una buena comunicación y apoyo, pero hace falta una atracción hacia la otra persona que te haga querer estar a su lado, buscar su presencia y sentir que compartir con ella el día a día es de una cualidad diferente que hacerlo sola.

La atracción también implica que tu pareja te aporta algo, te enriquece como persona, eres capaz de crecer al lado de ella. Te puede aportar su manera austera de administrar el dinero o su actitud en la convivencia de no reprochar y valorar a la persona como es. La atracción hacia tu pareja también implica cierta admiración hacia ella.

Siempre digo que vivir en pareja es para compartir la vida y crecer juntos. Y compartir la vida no es sólo repartir las tareas y responsabilidades familiares, que lo puedes hacer con un amigo, sino querer caminar juntos en la vida en una misma dirección. Porque nos sentimos comprometidos, porque nos atraemos mutuamente. Esto es diferente de una amistad, por buena que sea.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

Ver Post >
¿Cuál es tu “San Benito”?
img
Belén Casado Mendiluce | 05-02-2016 | 11:05| 0

 

Desde la infancia hemos interiorizado etiquetas que nuestros padres o amigos nos pusieron: “angelito”, porque el niño no daba problemas en casa; “pobrecita”, porque la niña tenía problemas de salud constantes; “tontita”, porque a la niña le costaba entender las cosas. En fin, la lista sería larga…

Son etiquetas que puede que no se dijeran verbalmente pero que configuraban una actitud en el trato con el/la niñ@. Una actitud, por parte de los padres, condescendiente, de pena hacia la niña con problemas de salud o una actitud de convencimiento de que el niño nunca me dará problemas –ni la madre querrá que se los dé- hacia el niño “Feliciano”.

Esa actitud que el niño percibe inconscientemente va formando, sin embargo, parte de su carácter y conformando su personalidad. El niño se acostumbra a plegarse a los deseos de su madre para tenerle contenta y no darle problemas y la niña acaba sintiendo que tiene que acostumbrase a sufrir porque los problemas de salud son constantes.

El problema es que por las etiquetas se acaba pagando un precio en la vida, precio demasiado alto en general. El niño, cuando se va convirtiendo en adolescente, no se sentirá con libertad para oponerse y enfrentarse a su madre porque como siempre ha sido “tan bueno”…; la niña sobreprotegida por su madre debido a su mala salud, creerá que no tiene derecho a divertirse y disfrutar de la vida…

Y así vamos llegando a la edad adulta en la que, sin querer, seguimos reproduciendo esas etiquetas y comportándonos como los demás esperan de nosotros que lo hagamos. Seguimos siendo dóciles, de buen conformar o, por ejemplo, somos personas que vivimos con resignación el sufrimiento.

¿Cómo liberarnos de las etiquetas? ¿Cómo ser como queremos ser en verdad sin caer en viejos disfraces? En primer lugar, hay que darse cuenta de cómo nosotros mismos mantenemos las etiquetas con nuestro comportamiento. Lo que se forjó en la infancia necesita ahora de nuestra falta de consciencia para que se perpetúe.

Observa si tú mismo reprimes tu rabia y no dices lo que realmente piensas por miedo a no ser “el angelito de la familia”. Si acabas dando pena a los demás y sintiéndote una víctima en la vida porque estás acostumbrada a sufrir problemas. Observa cómo actúas y te dará pistas de dónde estás.

Rompe con el “San Benito” que te colgaron en la infancia pero no esperes recibir la aprobación de los demás, por ello. Ellos se han acostumbrado a conocerte de una manera y es a ti a quien tienes que satisfacerte, no a los demás. Deja de ponerte un disfraz que te impide ser tú.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

 

Ver Post >
¿Te has liberado de los recuerdos?
img
Belén Casado Mendiluce | 29-01-2016 | 10:57| 0

 

Me han pedido que hable sobre los recuerdos negativos y de cómo estos nos afectan en el presente, así que me pongo al tema con interés.

Todos tenemos experiencias dolorosas de las cuales no nos hemos liberado, que se quedan dentro de nosotros con toda su carga de negatividad. Y cada vez que alguna situación del presente nos recuerda la anterior, se despiertan de nuevo los miedos, las iras y la frustración sentidos.

¿Cómo nos podemos liberar de los recuerdos que nos atenazan todavía? Tiene, en primer lugar, que existir un ejercicio de liberación de la rabia y el dolor acumulados en nuestro interior. Si no contamos con la ayuda de un profesional, podemos hacer un ejercicio sencillo que ayuda a ponernos en contacto nuestra tensión acumulada.

A solas, en tu casa, coge una percha y vete golpeando con ella el colchón a la par que dices en voz alta todo aquello que te surja recordando la situación dolorosa. Pueden ser insultos y descalificaciones, no te frenes en decir lo que te plazca. Conforme repites los golpes irás verbalizando con menos carga lo vivido, aunque puede que necesites repetir varias veces el ejercicio en sucesivos días.

Una vez que te sientas con menos rabia interior, necesitas hacer un ejercicio de perdón. Perdón no sólo hacia la persona que nos hizo daño sino, sobre todo, perdón a nosotros mismos por no haber actuado como nos hubiera gustado.

Ya he comentado en otras ocasiones que el perdón no es algo que se regala a alguien como haciéndole un favor, sino un ejercicio que se hace, sobre todo, para beneficiarnos a nosotros mismos de él, para estar en paz con nosotros mismos y “soltar”, liberarnos de la situación dolorosa. Este paso es imprescindible.

En contra de lo que parezca, suele resultar bastante más difícil y lleva más tiempo el perdonarnos a nosotros mismos que el perdonar a los demás. Puedes ya no tener ninguna relación con la persona que te ofendió pero contigo mismo convives todos los días y necesitas reconciliarte contigo.  

Si te perdonas a ti mismo es porque comprendes que hiciste lo que pudiste con el nivel de consciencia que tenías en ese momento. Te hubiera gustado defenderte mejor o no aguantar tanto como lo hiciste pero no podías, por tus miedos e inseguridades, actuar teniéndote en cuenta como debieras.

Tus recuerdos dolorosos no son más que energía acumulada en tu interior. Saca la rabia, verbaliza lo que sientes y perdónate a ti mismo… para acogerte por fin en un abrazo cariñoso.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

Ver Post >
Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

Etiquetas

Otros Blogs de Autor