Diario Vasco
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Autor: belencasadomendiluce
La virtud no produce tontos
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Belén Casado Mendiluce | 02-06-2017 | 10:48| 0

 

Ser alguien que se considera una buena persona no está reñido con ser inteligente emocionalmente y sí está reñido con ser complaciente con todo el mundo y con poca capacidad de tenerse en cuenta a sí mismo.

Muchas veces he oído decir a alguien: “ éste, de bueno que es parece tonto”, y me quedaba la sensación de que no merecía la pena tanta bondad si la persona en cuestión se sentía menospreciada o no tenida en cuenta.

Ser tonto no tiene que ver sólo con parecer alguien con pocas habilidades sociales, sino con ser una persona que se conoce poco a sí mismo y no se da cuenta de lo que le hace daño porque está más pendiente de cumplir las expectativas de los demás que las suyas propias. Vamos, que todos hacemos el tonto alguna vez.

Pero querer avanzar y desarrollarse como persona, querer aprender de las experiencias de la vida, no es un camino para convertirse en un bobalicón a quien todo el mundo mangonea, sino para sentirse con autoestima para posicionarse ante los demás si hace falta, manifestando la propia opinión.

En ocasiones, se nos ha enseñado a “perdonar setenta veces siete”, a creer que “el amor todo lo puede” y a pensar que si somos buenas personas, el otro sabrá valorarlo y nos tratará como merecemos. Pero la realidad nos demuestra, una y otra vez, que tener la actitud en la vida de dar prioridad a los demás sólo conduce a sentirse con una baja autoestima y poco valorados por el otro.

 A mí me gusta, cuando me despido de alguien, decirle: cuídate, porque creo que todos debemos hacer un trabajo para darnos lo que necesitamos: tiempo para pararnos y vivir con calidad, cariño para preguntarnos con sinceridad si me siento tenida en cuenta, comunicación para poder expresar lo que sentimos.

Preocuparnos por nosotros mismos, cultivar la virtud, no es otra cosa más que preocuparse por estar bien con uno mismo, desarrollando nuestra capacidad de darnos cuenta de las cosas, tarea de toda una vida, evidentemente. Porque, no nos olvidemos, que si nos preocupamos por vivir de una manera lo más consciente posible, trataremos a los demás de la manera más respetuosa y cariñosa posible aunque, en ocasiones, tengamos que mantenerles a distancia.

¿Parece contradictorio? No, porque se puede poner distancia hacia el otro si necesito respetarme y tenerme en cuenta para no acabar desconectado de mí mismo, alienado de mi interior. De manera, que podemos mostrar respeto al otro si le tratamos sin agresividad pero con la distancia que necesitamos.

La virtud no produce tontos, sino personas que son capaces de vivir con humildad y consciencia.  Y no creas que eres peor persona por hacerte caso.

 

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La impostura del disfraz
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Belén Casado Mendiluce | 19-05-2017 | 10:25| 0

 

Cuando consciente o inconscientemente pretendemos conseguir algo (fama, reconocimiento o éxito) nos fabricamos un disfraz a medida para alcanzar nuestros propósitos. Otra manera más de alejarnos de nosotros mismos.

Ese disfraz está hecho de todo aquello que queremos que vean los demás: lo competente que somos, nuestra simpatía, o, por el contrario, incluso podemos fabricarnos un disfraz de antipáticos para figurar más y que más gente hable de nosotros, como, por ejemplo, en la televisión, en la que podemos destacar más.

Hay personajes televisivos–y todo personaje es una impostura- que se muestran siempre delante de las cámaras con una gafas de sol, con una antipatía que busca provocar y suscitar el comentario ajeno; otra manera de que siempre hablen de nosotros, aunque sea para mal.

Amo la sencillez. Y me da repelús la persona que se fabrica un personaje, aunque supongo que la televisión es un medio muy propicio para vender imágenes que poco tengan que ver con nosotros mismos.

Si vuelvo a la vida diaria en la que nos desenvolvemos la mayoría de nosotros, cabe preguntarse en qué áreas queremos dar una imagen diferente de lo que somos. Es cierto que en el trabajo, por ejemplo, nos vemos obligados a dar una imagen de eficacia y resolución, pero si somos conscientes de ello, podemos, fuera del trabajo, relajarnos y dejar nuestras máscaras en el cajón de la oficina.

¿Quieres dar la imagen de que eres alguien con muchas amistades y una persona con la que todo el mundo cuenta? ¿Quieres que te vean como alguien que sabe resolver sus problemas y que no necesita de la ayuda de los demás? ¿Quieres que te vean que valoras la familia y que tu familia te valora contando contigo? Buenas preguntas para hacernos todos…

En el fondo, conocerse a uno mismo es irse limpiando de todos aquellos añadidos, todas esas imágenes de mí mismo que, como capas de cebolla, han ido configurando mi personalidad…sin ser yo mismo. Porque, al final, cuando uno se reconoce humildemente como es, puede darse cuenta de que no necesita ponerse ningún disfraz  que le impide mostrarse como es.

Me encanta la gente que no va pretendiendo dar imagen de nada, que si dice una tontería se ríe de sí mismo, que si le preguntan sobre algo y no sabe qué decir no se inventa sobre la marcha un discurso que nadie entiende, ni siquiera él. Me encanta la gente que no tiene una simpatía artificial, esa que pretende caer bien a todo el mundo, aunque tengas una sonrisa congelada. Me encantan las personas que son tan sencillas que…son como tú y yo.

 

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El maestro interior
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Belén Casado Mendiluce | 05-05-2017 | 9:46| 0

 

¡Ay, si pudiéramos confiar más en nosotros mismos! Si no nos entraran tantas dudas, ni le diéramos tantas vueltas a la cabeza analizando las situaciones una y otra vez…

El otro día me preguntaba una persona: “¿Qué tal estás?” Y como tengo cierta relación con ella, no quería darle una respuesta para salir del paso tan típica como: “Bien, ¿y tú?”. Así que le dije: “Bueno, con mis más y mis menos”. Después  de unos minutos de contarle mis alegrías, me preguntó cuáles eran mis penas y yo le dije: ”Pues de las penas prefiero no hablar porque si necesito aclararme y encontrar alguna solución, ya tengo los cauces adecuados y, por lo demás, no quiero estar repitiéndome contando la misma historia una y otra vez”

Esa es la conclusión a la que he llegado escuchando la voz interior que todos llevamos dentro. Que si necesito respuestas, desahogos o apoyos, busco a una persona que me sigue en el día a día y conoce mi trayectoria. Pero ya no quiero escucharme una y otra vez contando las mismas historias a diferentes personas. Eso no me aporta nada y sólo sirve para que acabe cargada de negatividad.

Yo creo que todos tenemos un maestro interior. Pero, no nos engañemos, ese maestro sólo hace oír su voz si nos paramos a escucharnos, a dejarnos sentir, a vivir con otro ritmo más pausado y lento. Yo, a veces, me sorprendo de lo lento que hablo, incluso en mi trabajo, pero es que necesito escuchar mis palabras mientras las digo y corroborar, así, que encajan con lo que estoy vivenciando.

Intento buscar respuestas en mi interior, esas respuestas que me encajan, me hacen tenerme en cuenta y sentir que es así como quiero actuar. La verdad es que, a veces,  no siempre esas respuestas mías me dejan con buen cuerpo porque tengo que poner límites o distancia de por medio, y eso no es agradable. Pero, conforme pasa el tiempo, siento que aquello que hice fue lo mejor para mí, lo que me ayudó a no entrar en un bucle de un eterno problema.

Hoy escribo a “vuela pluma”, como me van surgiendo las palabras de mi interior, sin pasar por los filtros de mi cabeza que me dice lo que puede ser más adecuado o no de escribir. Y corroboro que cuando hago caso a lo que siento, de una forma reposada, eso no se suele equivocar; más se equivoca mi cabeza de tanto pensar…

El maestro interior que llevamos dentro está hecho de reposos, intuiciones y vivencias y no pretendas llegar a conclusiones desde la cabeza que analiza una y otra vez los pros y los contras de una situación. Estamos a otro nivel, el  nivel de las respuestas que surgen desde el silencio, ese espacio fecundo y enriquecedor en el que constatas que eres tú mismo.

 

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Atravesar el desierto
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Belén Casado Mendiluce | 21-04-2017 | 10:55| 0

 

Hay momentos en la vida en que no queda otra que vivir con cierto grado de sufrimiento porque no se puede evitar lo que nos duele ni se puede cambiar lo que nos hace sufrir.

Así que, en vez de rebelarnos contra esa situación o mirar hacia otra parte, es mejor vivenciar lo que toca porque, de esa manera, seremos más conscientes de todo lo que estamos viviendo y podremos aprender algo de todo ello.

No siempre puede uno sentirse bien, tranquilo y con buen ánimo. En ocasiones, uno sigue con sus tareas diarias como trabajar o hacer la compra aunque por dentro las tripas te crujan y un nudo de ansiedad te recorra el cuerpo.

¡Qué difícil nos resulta convivir con el malestar interior! Queremos quitárnoslo de encima cuanto antes porque no queremos sufrir o intentamos desviar la atención a otra parte distrayéndonos con múltiples actividades que nos entretengan.

Pero, cuando no se puede, no se puede. Hay momentos en que si mi pareja me pregunta: “¿cómo estás?”, yo sólo le respondo: “como puedo”, y no queda otra. Y todos los consejos que uno pueda leer entonces para librarse del sufrimiento caen en saco roto porque, en realidad,  no queda más remedio que vivir lo que hay.

Nunca haré un elogio del sufrimiento, porque creo que no hemos venido a este mundo a sufrir sino a ser felices, pero por el camino de esa felicidad se encuentran múltiples experiencias que nos harán sufrir porque uno también tiene que sentir lo que le duele para poder hacerle frente. No conozco a nadie  que pueda afrontar realmente los problemas sin sentirlos en su interior.

Atravesar el desierto es vivir en sequedad y en aridez, como si la vida hubiera perdido, en ese momento, su frescura y su brillo. Y uno se siente gris caminando por la vida, como si llevara un peso o una mochila a cuestas. Pero vivir por un tiempo así no es sinónimo de vida perdida ni malgastada, sino de vida vivida en su plenitud, la plenitud de quien hace frente a lo que siente sin ningún tipo de cortapisas.

Pero todo pasa, nada dura eternamente, así que mientras te dure tu malestar, verbaliza lo que sientes, no te lo guardes en tu interior. Procura hacer actividades que te relajen y te hagan llevar la atención no siempre permanentemente a tu dolor. Y si no puedes concentrarte en nada, muévete, haz ejercicio físico aunque sea un paseo  o limpiar la casa, así podrás aflojar algo más la tensión de tu interior. Pero no pretendas no sentir lo que sientes, por favor.

 

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En la vida no hay Maestros
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Belén Casado Mendiluce | 31-03-2017 | 11:47| 0

 

Nos resulta más fácil apegarnos a alguien que nos inspira confianza y seguridad, seguir sus consejos y directrices pero, realmente, nadie puede recorrer por nosotros el camino de la vida y nadie puede darnos respuestas al día a día si no somos nosotros mismos.

He leído unos cuantos libros de psicología y autoayuda y estoy llegando a la conclusión de que leer puede convertirse también en otra especie de consumismo. No por el hecho de gastar dinero en comprar libros, que eso no me suele pesar, sino en el hecho de seguir acumulando conocimientos y pretender con cada libro nuevo encontrar respuestas a las inquietudes interiores. Porque seguimos buscando sin que nada cambie, ¿verdad?

Es verdad que ha habido libros y personas que me han inspirado y me han ayudado a sentirme mejor conmigo misma, pero sus enseñanzas las hice mías vivenciándolas, sintiéndolas e incorporándolas a mi vida diaria. De manera que no quiero seguir leyendo libros continuamente si mi vida va a seguir igual.

Así que, humildemente, con todo lo que sé, por lo menos intelectualmente, constato, una vez más, que el cambio no se produce desde la cabeza, a base de acumular y coleccionar conocimientos; eso es un consumismo más, mejor visto, eso sí, pero consumismo, al fin y al cabo.

Mi vida la tengo que vivir nadie más que yo. He elegido, es verdad, a un compañero de camino, alguien con quien compartir la vida y crecer juntos pero, en última instancia, es mi propia vida la que está en mis manos y soy yo la que tengo que dar respuestas a mis propios miedos e inseguridades.

Estoy procurando no buscar respuestas fuera de mí a lo que me preocupa. La verdad es que ese camino es más arduo que el de seguir leyendo con avidez e interés. Tengo que tomarme tiempo para mí misma, parar y hacer un espacio en mi interior para escuchar lo que surge.

¿Todas las respuestas están dentro de mí? La mayoría sí y no tengo que tener miedo de confiar en mi propio criterio porque sé que aquello que es sentido en el cuerpo, no se suele equivocar. “El cuerpo nunca miente”, como dice Alice Miller.

Me enfrento a mí misma, de una manera descarnada y experimento que todos mis buenos objetivos chocan con la realidad, con lo que, simplemente, es como es y no como a mí me gustaría que fuera. Y entonces, me pregunto qué necesito en este momento, qué está a mi alcance, de manera sencilla, sin grandes análisis intelectuales y eso suele ser siempre, en este momento, lo mejor para mí.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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