Diario Vasco
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Autor: belencasadomendiluce
Dejar de pretender caer bien o quitarse un peso de encima
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Belén Casado Mendiluce | 10-01-2014 | 9:22| 0

 

Todos, en algún momento, pretendemos caer bien. Damos conversación cuando el tema del que hablamos no nos interesa especialmente o proponemos quedar con esa persona que hace tiempo que no vemos para que vea que somos educados.

Pero todo se nota, o casi todo. Me doy cuenta que querer demostrar a alguien algo, para que así me tenga más en cuenta o tenga mejor opinión de mí es “pan para hoy y hambre para mañana”. Vamos, que sirve de poco.

La mayoría de nosotros hemos sido educados para agradar a los demás y yo tampoco me he librado de ello. Mi educación religiosa enfatizaba tanto el amor a los demás que uno mismo no sabía muy bien en qué lugar quedaba. Yo diría que en un lugar apartado, arrinconado y olvidado. Pero, ese es otro tema.

En otra ocasión he comentado que por mucho que hagamos por hacernos los simpáticos y agradables, no nos van a querer más por ello. A veces, nos transformamos en otra persona diferente de la que somos y nos esforzamos en llenar los momentos de silencio con nuestra conversación o en descargarle al amigo de las tareas de la casa para que se sienta más cómodo.

Alguna vez, sin embargo, he experimentado la agradable sensación de no proponer ningún plan al amigo que hace tiempo que no veía y de no hacer nada que no saliera espontáneamente por parte de los dos. ¡Me he quitado un peso de encima!

Y sigo conservando cariño por ese amigo, pero no me he puesto en el compromiso ni se lo he puesto a él, de tener que hacer algún plan juntos si no ha surgido de manera natural por parte de los dos. ¿Que no se cultiva la relación de la misma manera, puedes pensar? Prefiero no forzar nada.

Me quito un peso de encima. Y la verdad es que me salió de manera natural, no premeditada. Para cuando ese amigo se marchó, entonces me di cuenta de que esa vez no le había propuesto quedar para salir juntos como otras veces y…¡no había pasado nada!

Y me sentí liberada, ligera, con menos peso. Entiendo que el que me conoce no necesita que yo le demuestre nada. Y el que no me conoce…mejor que seamos los dos los que tengamos ganas de conocernos.

 

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“Me siento deprimido” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 07-01-2014 | 9:33| 0

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Desde la última vez que estuve aquí me han ocurrido muchas cosas. Me he dado más cuenta de lo bien que me siento en la naturaleza y de por qué no estoy bien en mi día a día. En mi vida normal es como si tuviera un vocecita interior que me estuviera diciendo todo el rato cosas negativas y que no me deja concentrarme en lo que estoy haciendo.

-Terapeuta (T): ¿Y qué cosas son las que te dice esa voz interior?

-P: De todo. Desde que no valgo lo suficiente, que a los demás les salen las cosas mejor que a mí, hasta que me siento solo y abandonado.

-T: A ese sentimiento de soledad y abandono le vamos a prestar atención. Si ahora pudiera hablar esa voz interior ¿qué diría sobre que se siente solo y abandonado? Dilo en primera persona.

-P: (Se queda un rato en silencio…) Me siento triste, muy triste. Nadie me hace caso. Me doy cuenta, Belén, que es como si hubiera dentro de mí un adulto y un niño. El adulto es el que se ocupa de tomar las decisiones en el día a día, de ser responsable, y el niño que se siente mal es esa voz interior a la que el adulto no escucha porque está muy ocupado con sus obligaciones.

-T: Intenta hablar como si fueras ese niño, a ver qué le dirías al adulto, en un diálogo entre los dos.

-P: (Se vuelve a quedar en silencio…) ¿Por qué no me escuchas? Está muy bien que seas tan responsable, pero yo me siento triste y abandonado, y nadie se ocupa de mí. Necesito que me ayudes porque no tengo a nadie a mi lado.

-T: Quiero que ahora asumas el papel del adulto y que respondas a lo que te ha pedido el niño.

-P: (Se queda en silencio unos segundos…) No sabía que te sentías así y la verdad es que ni siquiera sabía que existía un niño dentro de mí. Pero ahora te digo que quiero hacerte caso y darte cariño. Sé que te sientes triste en muchos momentos y que yo como adulto siempre estoy pretendiendo no sentir esa tristeza porque no me gusta. Pero ahora entiendo que no te hago caso cuando te sientes mal y eso no es bueno para ninguno de los dos.

-T: ¿Cómo te sientes ahora?

-P: Pues mira, me siento más aliviado, como si me sintiera más acompañado por dentro. Me ha sentado muy bien el ejercicio que hemos hecho y seguiré hablando con mi niño interior porque nos hace bien a los dos. Gracias, Belén.

-T: Me alegro que te sientas mejor. Es importante que sigas practicando ese diálogo interior entre el adulto y el niño. Cuídate y nos vemos la próxima semana.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

Podéis encontrar la 1ª parte en el siguiente enlace:

http://blogs.diariovasco.com/lapsicologaencasa/2013/11/19/me-siento-deprimido/

 

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Mi regalo de Reyes para ti
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Belén Casado Mendiluce | 03-01-2014 | 9:46| 0

 

Te quiero ofrecer una pequeña inyección de autoestima, algo a lo que puedas recurrir cuando estés en horas bajas o el desánimo te invada. Después de leerlo, practica este ejercicio con los ojos cerrados.

Imagínate que estás en medio de la naturaleza, sentado en la hierba, contemplando los montes que hay a tu alrededor, en un día precioso para ti. Has encontrado un lugar en el que estar tranquilo y en silencio, y has decidido pararte a disfrutarlo.

En un momento dado, sientes las ganas de tumbarte en la hierba cuan largo eres y abrir tus brazos y piernas para dejar que todas las sensaciones físicas entren mejor por tu cuerpo. Encima de ti, contemplas el cielo limpio con algunas nubes con sus formas caprichosas y bandadas de pájaros que vuelan migrando hacia otro lugar.

Todo fuera de ti está en paz. No hay ruidos ni agitación. Y tú también te sientes tranquilo y relajado. No tienes que ir a ninguna parte ni ahora tienes que hacer nada más que estar ahí tumbado mirando el cielo y los pájaros volar.

Te apetece cerrar los ojos y llevar la atención a tu respiración. Observas el ritmo de tu respiración, cómo inspiras y cómo dejas salir el aire, cada vez más lentamente, sin prisas. Puedes coger el aire desde debajo del ombligo, desde el vientre, y después de la espiración, vuelves a reposar unos segundos en el vientre, hasta que sientes la necesidad de volver a inspirar. Todo va ocurriendo de la manera más natural, sin forzar nada.

Ahora, mientras respiras, vas a decirte en silencio una pequeña frase. Al inspirar te dices: “Soy”, y al espirar te dices: “Paz”. “Soy Paz” es la frase que acompañas al ritmo de tu respiración. La vas diciendo lo más lentamente que puedas y lo más atentamente que puedas, aunque tu atención dure una fracción de segundo, no importa, vuelves a repetir tu frase en silencio.

Te dices la frase sin analizarla ni pensar sobre ella. Sólo basta que la digas sinceramente, creyendo en ella. Sabes que ahora puedes tener momentos en tu vida en los que no estás reflejando esa paz, pero sientes que estar en paz es lo que mejor te hace sentirte y como te sientes más tú mismo.

Sigues repitiendo la frase en silencio. “Soy” al inspirar, “Paz” al dejar salir el aire. Sigue así, tumbado en la hierba, en la tranquilidad de la naturaleza, diciendo esa frase que va calando cada vez más en ti. No tienes ninguna prisa ni nada que hacer más que estar en silencio diciendo tu frase al compás de la respiración. Déjate estar así un cuarto de hora.

Ahora, para finalizar, abres y cierras tus manos y tus pies, para recuperar tu tono muscular habitual, respiras varias veces ampliamente y abres los ojos. Te incorporas y te quedas sentado sobre la hierba, tranquilamente.

Te sientes tranquilo y relajado. Te sientes en paz. Disfrutas de unos minutos contemplando de nuevo el paisaje y, poco a poco, te levantas y, en silencio, echas a andar.

 

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Para el próximo año…vive cada día como mejor puedas
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Belén Casado Mendiluce | 27-12-2013 | 9:22| 0

 

Estamos a las puertas del fin de año y resulta tentador escribir sobre los buenos propósitos que todos nos hacemos para cambiar tal o cual aspecto de nuestra vida. No está mal proponerse dejar de fumar, hacer más ejercicio o tomar cenas frugales, pero cuando se trata de mejorar nuestro carácter o nuestra manera de relacionarnos con los demás, la cosa cambia.

Yo no me hago propósitos de enmienda cuando comienza un nuevo año porque son como los libros prestados que acaban rotos u olvidados, así que me digo a mí misma que intentaré vivir cada día como mejor pueda.

Lo que más valoro, por encima de todo, es estar tranquila, así que dedico un tiempo por la mañana para meditar en silencio. Es mi manera de cultivar un tiempo para parar, relajar mi mente y mi cuerpo y afrontar el día con otra actitud.

No te pienses por ello que estoy a salvo de alterarme o perder los nervios en un momento dado, no, pero eso no quita valor a lo que hago. Al revés, pienso que gracias a que me paro puedo vivir menos inconscientemente de lo que viviría si no hiciera meditación, lo he comprobado.

He comprobado que es muy fácil dejarse llevar por las mil tareas que tenemos que hacer en el día, que uno acaba sintiéndose como un autómata al que solo le falta que le den cuerda por la mañana para que vuelva a funcionar. Y que vivir así me provoca que acabe preguntándome: “¿qué hago yo aquí?”

Vivir como mejor pueda me libera de exigencias, ideales y teorías. Porque yo ya me sé las teorías, como todo el mundo, pero también sé que no se puede estar con una espada de Damocles encima de uno, a ver si vivimos con absoluta coherencia con nuestros principios, no.

No quiero llegar a ninguna parte, ni alcanzar ninguna meta, porque considero que lo que vivo cada día tiene suficiente valor por sí mismo sin tener que pensar en conseguir nada. Eso sí, tengo un faro en el camino, que es la meditación, pero intento no empecinarme en luchar contra la corriente cuando las cosas son diferentes de cómo me gustaría que fueran.

También me rebelo, siento miedo y deseos ¡cómo no!, pero voy día a día, sabiendo que si estoy lo más tranquila posible me daré más cuenta de las cosas y las afrontaré de la manera que sea mejor para mí y para los demás…de la mejor manera que pueda.

 

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Camino personal: Toma la vida en tus manos
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Belén Casado Mendiluce | 20-12-2013 | 8:59| 0

 

Esa fue la frase que le oí a un amigo mío mientras conversábamos de todo un poco y pensé, enseguida, que era un buen tema para escribir un post.

Así que me he puesto manos a la obra, a preguntarme qué es para mí tomar la vida en mis manos. Me surge una respuesta obvia: mi vida es la que tengo en el día a día, ésa es la real, la única que tengo a mano para vivirla como mejor pueda aunque, en ocasiones, no pueda resistirme a la tentación de imaginarme cómo me gustaría que fuera.

Mi amigo me decía que hay que coger la vida como se coge a un toro por los cuernos, de frente y por uno mismo. Buena indicación pero como, a veces, no tengo la suficiente claridad en algún tema en el que me siento “pillada”, pido consejo con papel y lápiz, es decir, que apunto lo que me dicen para, “si me encaja lo que oigo”, hacerle caso.

Recuerdo que me decía una persona, en esos momentos de duda, que el hacer lo que me decían esas personas cercanas a las que pedía ayuda, era un signo de falta de personalidad y yo, encima de estar en un mar de dudas, me sentía con baja autoestima por no encontrar dentro de mí las respuestas a mis preguntas.

Pero ya me he liberado de esa creencia errónea. Todos tenemos áreas de nuestra vida que no vemos con claridad: para unos la relación con los hijos, para otros la relación familiar…y creo que es un acto de humildad reconocer cuando no se sabe o no se puede decidir sobre algo y se pide consejo.

Pero volvamos al tema. Tomar la vida en mis manos no es un camino fácil. Pero me quito peso de encima si soy consciente de que hago las cosas lo mejor que puedo. Seguro que no las hago siempre como debiera o de la manera ideal, pero el que lo intente tiene su valor.

Ser protagonista de mi propia vida -eso es tomarla en mis manos- también me supone no responsabilizar a los demás de mi sufrimiento o de cómo me siento. Sí, ya sé que hay personas expertas en amargarse la vida y amargárselas a los demás, pero llegado a un punto, puedo decidir seguir a su lado o marcharme.

Así que tomar la vida en mis manos no es ir de víctima, llorando las penas o compadeciéndose de la vida que le ha tocado a uno vivir -aunque, de vez en cuando, me permito una ración de autocompasión- sino sentir lo que viva en el presente aunque eso que viva, me dé ganas de dejarlo todo y salir corriendo.

Sentir lo que viva…no irme a mi cabeza con hermosas teorías de cómo deberían ser las cosas, sino sentirlas en mi cuerpo y actuar teniendo mis tripas en cuenta para…tomar la vida en mis manos.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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