Diario Vasco
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Autor: belencasadomendiluce
Con el bullying no sirve el paternalismo
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Belén Casado Mendiluce | 10-03-2017 | 9:21| 0

 

Hace poco me puse con interés a ver un programa en la televisión que ofrece ayuda a personas afectadas por el acoso escolar. Y sigo constatando que la manera como se afronta el bullying dista mucho de ser la más adecuada para el que lo sufre.

No se puede ser paternalista con el que sufre el acoso escolar. Defino paternalismo como esa actitud en la que pretendemos congeniar con alguien mostrándole nuestra experiencia personal en el tema y mostrándonos a nosotros mismos como ejemplo a seguir de superación.  Paternalismo es también decirle a alguien lo que tiene que hacer sin tener en cuenta lo que el otro necesita ni su forma de ser. Eso no sirve.

Hay que ayudar al que sufre de acoso escolar a sacar todos los recursos que tiene en su interior para hacer frente al maltrato, no proponer soluciones desde fuera que le hagan sentirse a la víctima como una mera persona pasiva. Cada persona tiene las capacidades en sí misma para afrontar los problemas como él necesita aunque hay que ayudarle a ser asertivo para decir lo que siente y resolutivo para buscar soluciones sin mendigar el afecto y la comprensión de los demás. Eso es todo lo contrario de ser paternalista.

No se trata de proteger al que sufre el acoso despojándole de su protagonismo para hacerle frente, como si fuera un pobrecito totalmente desvalido. Proponer reuniones conjuntas del acosado con los compañeros de clase para que comprendan el alcance de su actuación puede servir momentáneamente, pero puede que se sientan obligados a rectificar su conducta por mera presión externa de los adultos y luego las cosas vuelvan a ser como antes, acaso más recrudecidas.

El que sufre acoso tiene que hacer valer lo que siente, a veces rabia y dolor; tiene que expresarse verbalmente y reafirmarse ante el derecho a sentirse como se siente y exigir a los demás un respeto que, no necesariamente, implica una corriente de afecto y simpatía hacia él. El objetivo ante el acoso no es que nos quieran, sino que nos traten con respeto.

Tiene que haber, por supuesto, una implicación de los padres y profesores para que hagan comprender a los alumnos que no está permitido el acoso escolar. Pero hay que tener una especial sensibilidad con el acosado para no tratarle como una mera víctima que no tiene recursos ni capacidades para caer bien a sus compañeros. Lo repito, no se trata de mendigar afecto sino de exigir respeto.

El paternalismo sólo sirve para seguir haciendo depender al acosado de la intervención de los adultos para frenar el acoso. Ayudemos al que lo sufre para tener herramientas y recursos propios para afrontarlo.

 

Caminamos… Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

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Con el bullyng no sirve el paternalismo
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Belén Casado Mendiluce | 10-03-2017 | 9:21| 0

 

Hace poco me puse con interés a ver un programa en la televisión que ofrece ayuda a personas afectadas por el acoso escolar. Y sigo constatando que la manera como se afronta el bullyng dista mucho de ser la más adecuada para el que lo sufre.

No se puede ser paternalista con el que sufre el acoso escolar. Defino paternalismo como esa actitud en la que pretendemos congeniar con alguien mostrándole nuestra experiencia personal en el tema y mostrándonos a nosotros mismos como ejemplo a seguir de superación.  Paternalismo es también decirle a alguien lo que tiene que hacer sin tener en cuenta lo que el otro necesita ni su forma de ser. Eso no sirve.

Hay que ayudar al que sufre de acoso escolar a sacar todos los recursos que tiene en su interior para hacer frente al maltrato, no proponer soluciones desde fuera que le hagan sentirse a la víctima como una mera persona pasiva. Cada persona tiene las capacidades en sí misma para afrontar los problemas como él necesita aunque hay que ayudarle a ser asertivo para decir lo que siente y resolutivo para buscar soluciones sin mendigar el afecto y la comprensión de los demás. Eso es todo lo contrario de ser paternalista.

No se trata de proteger al que sufre el acoso despojándole de su protagonismo para hacerle frente, como si fuera un pobrecito totalmente desvalido. Proponer reuniones conjuntas del acosado con los compañeros de clase para que comprendan el alcance de su actuación puede servir momentáneamente, pero puede que se sientan obligados a rectificar su conducta por mera presión externa de los adultos y luego las cosas vuelvan a ser como antes, acaso más recrudecidas.

El que sufre acoso tiene que hacer valer lo que siente, a veces rabia y dolor; tiene que expresarse verbalmente y reafirmarse ante el derecho a sentirse como se siente y exigir a los demás un respeto que, no necesariamente, implica una corriente de afecto y simpatía hacia él. El objetivo ante el acoso no es que nos quieran, sino que nos traten con respeto.

Tiene que haber, por supuesto, una implicación de los padres y profesores para que hagan comprender a los alumnos que no está permitido el acoso escolar. Pero hay que tener una especial sensibilidad con el acosado para no tratarle como una mera víctima que no tiene recursos ni capacidades para caer bien a sus compañeros. Lo repito, no se trata de mendigar afecto sino de exigir respeto.

El paternalismo sólo sirve para seguir haciendo depender al acosado de la intervención de los adultos para frenar el acoso. Ayudemos al que lo sufre para tener herramientas y recursos propios para afrontarlo.

 

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La enfermedad no siempre es una oportunidad
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Belén Casado Mendiluce | 24-02-2017 | 10:43| 0

 

Hace unos días vi en la televisión un programa de entrevistas a personas  que habían sufrido experiencias traumáticas en su vida. La última persona entrevistada era una mujer que había sido víctima de un cáncer de pecho y del cual había salido recuperada; de ella voy a hablar.

Respeto absolutamente la vivencia de esas personas que hablan de su enfermedad como una oportunidad para vivir su vida con más sentido. Hablan de que, gracias a la enfermedad, valoraron el día a día y cambiaron su escala de valores. Que su actitud positiva ante el cáncer fue lo que les ayudó a superarlo y que persiguieron sus sueños, de tener familia por ejemplo, hasta conseguir hacerlos realidad. Es curioso, porque dicen: “gracias al cáncer…”

Pero esa experiencia no siempre responde a la realidad. Hay personas que han sufrido una enfermedad y que nunca han sentido que su vida cambió a mejor gracias a la enfermedad ni que tenían que agradecerle a esta nada.

La escala de valores de estas personas siguió siendo la misma antes que después de la enfermedad; valoraban el día a día y no perseguían grandes metas en su vida. Intentaban vivir con consciencia y no con prisas, como siguen viviendo ahora. Sinceramente,  no aprendieron nada con el cáncer ni les sirvió para vivir la vida con otra perspectiva. Si pudieran, la borrarían de su vida, la verdad sea dicha.

Es verdad que tener una actitud positiva les ayuda en la enfermedad pero hay muchas personas que la tienen y eso no les libra de…quedarse en el camino. No nos olvidemos de que hay una parte de azar o suerte en la enfermedad que nosotros no controlamos y que escapa a nuestra buena actitud frente a ella. No me gusta que se venda la imagen de que el que quiere, lucha y persigue sus sueños…consigue vencer el cáncer y hasta tener familia. No siempre el que quiere, puede.

De manera que tengamos cuidado para no presentar el cáncer como una oportunidad en la vida, una oportunidad para vivir con más consciencia y presencia. Para algunos habrá sido efectivamente así,  pero otras personas sintieron que su enfermedad no les aportó nada que enriqueciera sus vidas.

Parece como si hubiera que demostrar siempre la cara amable de la enfermedad y exhibir nuestra fortaleza ante la adversidad que queda recompensada porque salimos recuperados de ella. No todas las personas, aun teniendo una actitud positiva ante el cáncer…han vivido para contarlo. Así que no creemos la falsa expectativa de que con buen ánimo y una actitud luchadora, todo se vence. No seamos ingenuos, por favor.

El cáncer supone una experiencia dura que no queda más remedio que vivir como mejor se pueda. No ensalcemos el sufrimiento como si fuera una oportunidad para vivir mejor, por favor.

 

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¿De verdad sabes lo que es el respeto?
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Belén Casado Mendiluce | 10-02-2017 | 11:10| 0

 

Respeto, esa palabra tan oída pero menos conocida, me ha motivado a escribir sobre ella para descubrir lo que realmente es. A ver si lo consigo.

A priori, pienso que respetar es no decir ni hacer nada que pueda herir a otra persona, pero esta frase tiene más calado del que aparenta. Veamos.

¿El respeto incluye también la forma de decir las cosas? Porque no me va a sentar igual que me digas: “eres un egoísta” que “te estás comportando como un egoísta”. Sí, ya sé que en la velocidad de una conversación, no nos detenemos a hablar con esas precisiones, pero es cierto que la forma en la que expresamos lo que queremos decir es tan importante como el contenido en sí.

El respeto también incluye el ponerse en el lugar del otro, “calzarse sus zapatillas”. Aunque un comentario nos parezca sin importancia, puede que le resulte ofensivo a la otra persona, así que hay que abstenerse de decirlo, ¿difícil, no? Hay que tener en cuenta, pues, la forma de ser del otro para no herir sensibilidades sin darnos cuenta.

Y ahora, entramos en un tema central. El respeto por el otro nunca debe pasar por encima del respeto a uno mismo. Si para tener en cuenta a una persona tengo que hacer algo que me anula a mí mismo, mal asunto. Si a mi pareja le apetece invitar a un amigo a pasar unos días en casa sin contar con mi opinión, mal vamos a andar.

El respeto por uno mismo incluye el tener en cuenta y dar valor a mi forma de ser, a lo que necesito y me hace sentirme bien. Si valoro la comunicación y el compartir las cosas, no tiene sentido que por agradar a alguien acabe cediendo a su manera de hacer la cosas sin tenerme en cuenta. ¿Por qué te dejas en segundo lugar?

Si tú eliges conscientemente agradar al otro aunque tu acción no encaje con tu forma de ser, es tu elección. Pero hacer eso habitualmente te va a obligar a pagar el precio de anularte a ti mismo y ese es un precio demasiado alto para convivir con él. Así que respétate a ti mismo si quieres aprender a respetar al otro.

De manera que respetar al otro implica conocerle y, lo que es más importante, valorarle como persona, resaltando sus cualidades y animándole a desarrollar sus potencialidades. Pero, no nos olvidemos que, por encima de todo, está el respeto por uno mismo porque si uno no se quiere a sí mismo, el otro no podrá darnos lo que necesitamos para sentirnos bien.

 

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Historias de diván. El agujero sin fondo
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Belén Casado Mendiluce | 27-01-2017 | 11:00| 0

 

Alma se sentía preocupada. De vez en cuando sentía en su interior, en el vientre, un agujero sin fondo. Una sensación de vacío y de ansiedad se apoderaba de ella y tenía la imperiosa necesidad de salir a la calle a comprarse algo de ropa, en un vano intento de llenar el dichoso agujero.

Alma era consciente de que la compra que realizaba era, simplemente, una manera de tapar, sólo tapar, el vacío que sentía dentro, un vacío que volvía a dejarse sentir al poco tiempo de haber comprado lo que fuera porque, en realidad, ella lo sentía, esa compra nunca  conseguía llenar su agujero.

Así que decidió mirar dentro de sí para saber qué le pasaba, por qué sentía ese desazón que le hacía sentirse mal consigo misma. Se daba cuenta de que lo que compraba le subía momentáneamente la autoestima, pero ¿acaso ella, que se consideraba una persona capaz, tenía una voz dentro que le decía que no valía lo suficiente?

Se dio cuenta de que su agujero llevaba mucho, mucho tiempo dentro de ella, casi remontándose a una infancia de la que prefería no acordarse. Una infancia en la que no se podía mostrar como era, con sus enfados y sus ansiedades porque sus padres no sabían qué hacer con todo ello, no sabían qué hacer con los sentimientos.

Alma, a pesar de todas sus dificultades, había luchado mucho en la vida para salir adelante, con todo el mérito que eso tenía, pero una voz dentro de ella le seguía diciendo que era una pobrecita, una pobre infeliz que le había ido mal en la vida y de la que sólo podía esperar la compasión de los demás.

Así que, para su sorpresa, Alma se dio cuenta de que no se quería a sí misma realmente, que una parte de ella misma se había creído todos los mensajes que había recibido en su infancia y que todavía, casi sin darse cuenta, esos mensajes seguían estando dentro de ella como si fueran lo más normal del mundo.

Ahora, Alma presta más atención a cómo se siente, aunque no pueda evitar, de vez en cuando, salir a comprarse algo. Eso ya no tiene tanta importancia. Lo que importa es “pillar” a la vocecita interior que le sabotea y no le deja disfrutar de la vida, lo que importa es dejar de creerse los mensajes que de niña, recibió y asimiló como si fueran parte de su vida.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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