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Categoría: Psicología
Dejemos a cada uno con sus miedos


Me gusta la sensación de aprender algo nuevo, de darme cuenta de algo que sólo en la interacción con los demás se manifiesta. Porque uno solo puede acostumbrarse a su forma de ser como la más idónea pero es el otro el que te dice: “¿tú, de que vas?”. Claro que, al principio, duele verse las faltas y necesitas tiempo para que todo se recoloque en su sitio, para reposar, como digo yo. Pero vayamos al grano.




Estando, hace tiempo, con una persona de confianza, pasábamos tranquilamente la tarde disfrutando de nuestra compañía. Mientras estaba con ella me sentía relajada y a gusto, charlando de nuestras cosas.


 En un momento dado, nos pusimos a interactuar con unas personas cercanas y yo observé en mi amiga una reacción de miedo e inseguridad. Como tengo cierta deformación profesional -qué le voy a hacer- esperé un tiempo para hacerle ver lo que me parecía obvio, buscando los mejores modos y maneras. Huelga decir que ni me sacó ella el tema ni, mucho menos, me pidió mi opinión. Reconozco que hubo algo que me molestó de su actitud aunque no me repercutía directamente.



El resto de la tarde fue como manejar una nave a la deriva, que no sabes por dónde cogerla. Creo que, echándole sentido del humor, estuvimos jugando a policías y ladrones; yo que la perseguía para que se diera cuenta y ella que se escapaba poniéndose a la defensiva. ¡Qué juego más inútil!


 
Así que llegué a la conclusión de que, salvo que vengan a mi consulta o me pidan la opinión, voy a dejar a cada uno con sus miedos en paz, mientras no me influyan a mí directamente; yo también ganaré tranquilidad.



La confianza sólo presupone la sinceridad cuando esta es expresamente solicitada y aún así, hay que valorar si el otro está preparado para oírla. No soy partidaria de indagar en uno mismo si no se siente la necesidad ni las ganas, o sea, que menos lo tienen que hacer los demás.



Cada uno tiene derecho a ser como es y a caminar a su ritmo, miedos incluidos. Y yo tengo derecho a no preocuparme por los demás…a la fuerza


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Caminaremos…Belén Casado Mendiluze


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Acoge lo que no te gusta de ti


Este es el siguiente paso necesario para el cambio. El primero es tomar conciencia seguido de la actitud de no luchar contra uno mismo. Ahora aprenderemos a acoger todo aquello que me produce rechazo de mí.


 
Acoger es diferente de aceptar. Se suele aceptar con resignación lo que no queda más remedio, pero se acoge desde una actitud de cariño, como quien da la mano al miedo, por ej., y sale a la calle con él; no elimina que me siga sintiendo mal cuando aparece pero dejo de luchar contra él.


 
Habla internamente con lo que te molesta: “Sí, ya sé que estás aquí, y no me siento a gusto contigo pero te dejo un sitio a mi lado en el día a día”. Hago mis tareas cotidianas como trabajar o relacionarme con la gente y soy consciente de tu presencia porque te siento, pero te dejo estar cerca de mí aunque me incomodes.




Esta es la actitud de no-lucha que ayuda a que lo molesto vaya suavizándose; se está menos pendiente de él y contribuye a que la persona se vaya relajando y propiciando el cambio. Es importante el hacerlo con cariño, no con resignación. El cariño supone no tomar como a un enemigo eso que te molesta; simplemente es una parte de ti que reclama tu atención aunque es normal que no te agrade.


 
Acoger lo que no te gusta de ti supone también hacerle caso, prestarle atención. No eres indiferente a él como si no existiera –“no, yo no tengo miedo”- y tampoco te metes dentro como una noria que da vueltas, pensando todo el rato en ello. Le tienes en cuenta para dejarlo estar, sin lucha, intentando llevar la atención a lo que estés haciendo en el presente, como leer un libro o salir a pasear.


 
Todo lo que suponga ser cariñoso con uno mismo y con las propias debilidades, contribuye a serenarse interiormente. La autoestima se ve reforzada porque no rechazo nada de mí sino que soy consciente de todo.


 Ser cariñoso no es ser complaciente ni condescendiente sino comprensivo con lo que no se puede eliminar de un plumazo. Y desde esa actitud contribuimos, paradójicamente, a que se produzca el cambio.



Caminaremos….Belén Casado Mendiluce


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Para ti, mujer

                                         


En este día quizás quieras aprender de ti para no caer en los mismos errores. A veces, somos nosotras las primeras que fomentamos el machismo creyendo que demostramos amor cuando nos ponemos en segundo plano con respecto a ellos.

1º- El amor incondicional es una falacia, un invento para no pensar por nosotras mismas y tener en cuenta lo que sentimos. Vamos, un intento de controlar a la mujer para que sólo se plantee cómo dar, entregarse y sacrificarse dándolo todo por los demás.




El amor requiere que dos personas se impliquen en dar y recibir, no llevando una contabilidad de a ver quién da más, pero tampoco con la sensación de que te conformas con migajas.



El amor claro que es condicional. Te quiero mientras me trates con respeto, teniendo en cuenta mis opiniones y sentimientos. Te quiero mientras te preocupes por satisfacer mis necesidades afectivas de amor y cuidados como yo me preocupo por las tuyas. Y si dejas de tratarme así, mi amor hacia ti va disminuyendo hasta poder desaparecer.


 
2º- No esperes encontrar un hombre que te proteja. Puedes desear un hombre que te quiera, pero si lo que buscas es protección, sin darte cuenta te pondrás por debajo de tus capacidades y por debajo de él, como si necesitases de su aprobación para tomar decisiones o de su presencia para sentirte segura. No te infantilices a ti misma porque eso no va a hacer que él te quiera más sino que te desprecie más sintiéndose superior.


 
Cuando se quiere a alguien te sale ayudarle en lo que se pueda, pero protegerle, ¿de qué?, ¿de que le hagan daño?, ¿de los demás? Tú eres perfectamente capaz de hacerte valer por ti misma; otra cosa es que él te apoye en ello.


 
3º- Ama en libertad, sin exigencias ni imposiciones. Los celos no son demostraciones de amor sino intentos de controlar al otro. Otra cosa es que tengas celos porque te están demostrando fehacientemente que no están por ti, prestando más atención a otra persona; entonces, apártate de él porque no te merece y está jugando con tus sentimientos.


 
Ama dejando libertad para que el otro sea como es, no como a ti te gustaría que fuera. Tú no le vas a hacer cambiar ni es tu objetivo en la relación. Lo que tú esperas, con todo derecho en una pareja, es que te trate bien y que te sientas querida.


 
Si dejas que el otro sea como es, vas a ver la realidad tal como es, sin idealizaciones ni autoengaños. Eso no quita que puedas hacerle críticas constructivas pero dándote cuenta de que él tiene derecho a ser como es, como tú también tienes derecho a ser como eres; te darás cuenta de si, tal como sois, te compensan las diferencias o no.


 
Por último, “quien bien te quiere NO te hará llorar” sino que te hará feliz.

Caminaremos…Belén Casado Mendiluze


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El tesoro interior

 

El maestro llegó a ser una verdadera leyenda viviente. Se decía incluso que, en una ocasión, Dios le había pedido consejo: “Quisiera jugar al escondite con la humanidad. He preguntado a mis ángeles cuál es el mejor lugar para esconderse, y unos me han dicho que el fondo del océano, otros que la cima de la más alta montaña, y todavía otros me han dicho que la cara oculta de la luna o alguna estrella lejana. ¿Qué me sugieres tú?”

“Escóndete en el corazón humano”, respondió el Maestro. “Es el último lugar en el que pensarán”.

   Hoy quiero escribir sobre el tesoro que somos en nuestro interior y que no quiero apresar con ninguna palabra: Dios, Universo, Luz, Energía…¿qué más da el nombre? Me dirás: soy atea, no creo en nada.


 
   No quiero que busques nada fuera de ti, ni en Iglesias ni en religiones ni en ideologías.           Aproxímate al silencio, a la naturaleza y a la soledad, y dime si sientes un eco en tu interior, algo que resuena y te da paz, como cuando contemplas un paisaje hermoso, callado y absorto en lo que ves…casi podrías sentir que eso que contemplas y tú formáis parte de lo mismo…


 
 ¿Quién soy yo?, he preguntado alguna vez en este blog y si existe la pregunta existe también la respuesta, de la misma manera que si tengo sed es porque existe el agua aunque no sepa su nombre ni dónde se encuentra.


 
   Tú eres alguien con capacidad de darse cuenta, de tomar conciencia, de despertar. Sí, ya sé que me dirás que hay muchas personas que ni siquiera saben lo que es eso y mucho menos viven de acuerdo a ello. Sí, lo sé. Pero ahora eres tú el que está leyendo y eso es lo que importa.


 
   Si te digo que dejes de luchar contra ti mismo, si dejas de juzgarte y culpabilizarte vas abriendo camino para que aflore lo que eres: CONCIENCIA, y ese es tu camino y tu sentido en la vida: tomar contacto con lo que ya eres, no con lo que te gustaría ser sino con lo que ya está presente en ti aunque no sepas muy bien dónde.


 
   ¿Y de qué me sirve ser consciente, para sufrir más, para darme cuenta de cosas que si fuera más ignorante me causarían menos dolor? ¿Cómo se desarrolla esa consciencia?.


 
   La consciencia te sirve para vivir con sentido, porque tú has venido a esta vida no para sufrir,- aunque cierto sufrimiento sea inevitable -, sino para vivir con plenitud quien tú eres, con tu personalidad propia y tu peculiar manera de ser, desarrollada al máximo.


 
   Tu consciencia es lo que consistes, tu yo real, tú mismo. Pararte a sentir, escuchar lo que sientes, cultivar el silencio y acoger lo que no te gusta de ti te ayudará en el camino de recuperarte a ti mismo.

Caminaremos…Belén Casado Mendiluze



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Deja de luchar contra ti mismo

 

   Tú no eres tu enemigo sino tu compañero de viaje, ¡acompáñate!
   Vamos a acompañarnos en el camino sin ponernos piedras a nosotros mismos, sin sabotear nuestro derecho a disfrutar de la vida con consciencia.
 


   ¡Cuántas veces luchamos por ser diferentes de como somos, cuántas veces nos hacemos buenos propósitos porque lo único que queremos es ser mejores personas o sentirnos mejor con nosotros mismos!


 
   Tus pretensiones de cambio por muy loables que sean son eso, pre-tensiones: tensiones, objetivos que te marcas que tensan tu cuerpo impidiéndote estar relajado para afrontar la realidad.


 
   ¿No hay que desear nada? ¿No hay que aspirar a mejorar o a aprender en la vida? Sin metas ¿hacia dónde vamos?


 
   Olvídate de tu “ideal de perfección”, pero no te olvides de tu consciencia. Sé consciente de tus debilidades e imperfecciones pero déjate estar tranquilo sin machacarte y sin exigirte cambiar. El cambio ya se dará cuando se tenga que dar no cuando tú insistas en conseguirlo.


 
   Sabes que te sale un pronto que te lleva los demonios o que tiendes a agradar a los demás pasando por encima de ti. Ya eres consciente de lo que te altera porque no lo tomas por normal ni le quitas importancia como quien mira para otro lado. Pides disculpas si hace falta y tu ánimo se resiente cuando vuelves a perder los estribos.


 
   Permítete equivocarte; es decir, ya sabes que equivocarte es de humanos pero date permiso para caer en la misma piedra; no vales menos por ello.


 
   Ten paciencia y comprensión contigo mismo. Esa comprensión que nace de una actitud cariñosa hacia ti mismo, no del que se justifica con condescendencia sino del que se comprende tendiéndose la mano.


 
“Sí, ya sé que he vuelto a meter la pata y me duele por ello. No me siento orgulloso de mi actitud y se lo hago saber al otro. Estoy dolorido conmigo mismo por no poder cambiar de inmediato pero soy consciente de que el cambio no se produce de la noche a la mañana. Intento acompañarme en estos momentos difíciles y lo hago no echando más leña al fuego contra mí.
Procuro seguir con mi día a día sin reprocharme constantemente mis fallos; sé que, por lo menos, valoro el darme cuenta de lo que me pasa y de cómo afecta a los demás. Esa actitud de consciencia me tranquiliza y también me doy tiempo sin presionarme para no volver a fallar. Quiero recordarme que valgo como persona, que tengo algo que aportar a los demás y que mi vida no consiste en ser perfecto sino en ser consciente de mí.
Me gustaría olvidarme casi de tener que cambiar”.


 
   Sabed que los cambios se producen cuando uno no está pendiente de ellos. Sabed también que vuestro sufrimiento os hace más cercanos y comprensivos con las dificultades ajenas; aprendéis a juzgar menos a los demás.


 
Caminaremos…Belén Casado Mendiluce


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Párate a sentir

 

   Fíjate lo que te digo: párate y siente, porque no es posible lo uno sin lo otro.
   Necesitas ir más despacio en tu vida para darte cuenta de algo, para tomar conciencia de lo que sientes. Pero, ¿qué significa parar?


 
   Parar no sólo se refiere a que te tomes un tiempo para descansar e incluso no hacer nada sino, sobre todo, que te tomes tu día a día con el ritmo lento necesario para que seas consciente de lo que haces.


 
   No puedes darte cuenta de tu alteración si vas deprisa a todas partes, porque estás metida en plena agitación. Sólo cuando dejas de correr es cuando te das cuenta de la rapidez de tu respiración. Camina despacio.


 
   No puedes saber qué hacer en esa situación familiar si no te tomas un tiempo para escucharte, dejando constantemente de hacer cosas, estando a solas contigo misma. Lentifica tu ritmo.


 
   Alguien decía que asusta dejarse sentir porque no sabes con lo que te vas a encontrar. Por eso nos creamos la necesidad de estar constantemente ocupados en múltiples actividades para no parar…O también nos encerramos en lo conocido, nuestras rutinas, porque nos dan “seguridad”.


 
   Pararte a dejarte sentir es siempre un camino, no hay ahí monstruos agazapados al acecho esperando a saltar sobre nosotros. No hay que tener miedo de nosotros mismos, de lo que vayamos a encontrar al mirar.


 
   Nuestros sentimientos son llamadas a la puerta esperando que le abramos y hagamos caso de lo que nos vienen a decir: algo que nos ayuda siempre.


 
   Pero si te paras, procura hacerlo en la soledad de tu habitación donde no vayas a dejarte llevar ni por la impulsividad de lo que has hecho siempre ni por lo que te digan los demás por mucho aprecio que les tengas. Párate a solas sin dar cuentas a nadie de lo que pasa dentro de ti ni sentirte obligada a que te aprueben. Este camino se recorre en soledad…y en libertad.


 
  Dentro de ti sólo hay…quien eres tú. Alguien con capacidad para decidir aquello que necesita para tenerse en cuenta a sí mismo aunque no sea una decisión fácil de tomar o no la entiendan los otros. Sólo necesitas parar a sentir…y hacer caso a lo que sientes para, así, tenerte en cuenta.


 
   Para parar no hace falta dar vueltas a la cabeza sino sentarse a solas y llevar la atención a tu pecho y tu vientre, ese cerebro emocional tantas veces olvidado. Ahí se encuentra la puerta a nuestro interior.


 
   No busques encontrar respuestas rápidas que te hagan salir del atolladero como quien busca la receta mágica. Permítete seguir un tiempo sin saber qué hacer pero a la escucha de ti mismo, pronto sentirás por dónde ir.


 
   Y sigue cultivando el ritmo lento: cuando camines hacia el trabajo, cuando comas, cuando hables con los demás…sé consciente de cómo estás.


 
   De donde se aprende más en la vida es…de uno mismo.

Caminaremos…Belén Casado Mendiluce


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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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