Diario Vasco
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Todo aquello que soy

No me gustan mucho las etiquetas sobre mí misma, quizás porque no quiero encasillarme en nada que me obligue a seguir un camino marcado sin yo quererlo.

Pero me gusta la introspección, bucear en mis sentimientos, simplemente, para encontrar sentido y significado a lo que siento. Lo que siento ha sido mucho más guía en mi vida que los múltiples pensamientos que pasan por mi cabeza.

Sé que tengo cualidades como persona de las que procuro no envanecerme pero tampoco olvidarme de ellas. Si alguien me ataca, tengo que recordarme que puedo haber cometido un fallo, pero que nadie mejor que yo sabe cómo soy. Si alguien me acusa de no ser cariñosa, por ejemplo, afirmo que valoro mucho manifestar el cariño a través del contacto físico, aunque en algún momento puntual no lo haya hecho.

Valoro el conocerme a mí misma porque es una manera fundamental de quererse a uno mismo. ¿Cómo voy a quererme, a tratarme con cariño, si ni siquiera sé cómo soy? Procuro estar cerca de mí misma, con tiempo para pararme, para saber de mis alegrías y de mis penas, aunque no tenga respuestas inmediatas a lo que siento.

Hay quien todavía me dice: “¿cómo siendo psicóloga, estás en semejante atolladero?” Y yo me sonrío porque me parece que esa persona entiende poco de los caminos interiores. Soy psicóloga por vocación, es verdad, pero ante todo soy persona. Así que la psicología está muy arraigada en mí, pero tengo que encontrar en la vida las respuestas por mí misma, y eso sólo se hace viviendo, experimentando por uno mismo, no siendo el mejor psicólogo académico.

Muchas veces, incluso durante el día, me pregunto por el sentido de mi vida o me cuestiono el miedo a la muerte. Muchas veces, los grandes interrogantes que me asaltan no son una mera elucubración mental, sino un deseo de afianzarme en esta vida con las dos piernas bien apoyadas en el suelo, para vivir con consciencia, que es lo que quiero.

Ese es mi sentido, vivir con consciencia. Y reconocer con humildad, que hago lo que puedo, cuando las debilidades y fallos de uno mismo son, simplemente, una oportunidad para darse un abrazo cariñoso y decirse: “Aquí me tienes contigo”.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

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Todos somos nerviosos en lo que nos toca

 

Hay personas que te dicen abiertamente que ellas son tranquilas y que no se alteran con facilidad, pero luego ante lo que les preocupa e inquieta pierden los nervios. Todos tenemos nuestro punto débil ante el que nos alteramos.

Lo importante es conocerse a uno mismo para no pretender dar imágenes de nosotros mismos que no se corresponden con la realidad. Ya sé que todos podemos querer caer bien a los demás cuando nos empiezan a conocer, pero dar imágenes falsas de nosotros mismos no se sostiene por mucho tiempo.

Y por mi experiencia, cuando alguien me dice: “Yo tengo buen carácter y es fácil convivir conmigo”, me digo: “Otro que tiene reprimida la agresividad y que se pondrá como un león enjaulado cuando se altere” Y así lo he corroborado, en verdad.

Todos tenemos derecho a enfadarnos cuando algo nos toca, y es normal y sano que así sea, porque la agresividad es una energía que está a nuestro favor, no en nuestra contra. La agresividad nos sirve para defendernos y hacer valer lo que es importante para nosotros. Otra cosa es la ira que acaba por desestabilizarnos a nosotros y a los demás.

Es mejor no ir poniéndonos etiquetas que nos definan porque luego esas mismas etiquetas…suelen saltar por los aires: “Yo soy tranquilo, no tengo miedos, no me agobio con los problemas, soy una persona resolutiva, que busca solucionar los problemas…”

He oído a alguna persona que decía: “Yo no tengo ningún miedo a los hospitales”, y luego te das cuenta de que, afortunadamente, esa persona no había tenido problemas físicos que le obligaran a pasar por un hospital.Ya veríamos si decía lo mismo cuando tuviera que ingresar por fuerza mayor.

Y esas mismas personas que hablan con esa rotundidad, se sorprenden si se ven a sí mismas perder los nervios cuando algo no lo saben resolver en el trabajo, se sorprenden si se les dispara el miedo cuando ven sus ingresos mensuales disminuir o si se agobian cuando surgen problemas que les molesta afrontar.

Todos somos nerviosos en lo que nos toca, porque siempre tenemos áreas de nuestra personalidad que no están suficientemente trabajadas, a las que no hemos llevado la luz de nuestra consciencia y que, por tanto, siguen estando en la sombra. Y cuando las tocamos, nos alteramos sin remedio.

Así que mejor no ponernos etiquetas para construir una buena imagen de nosotros mismos de cara a los demás. Mejor ser consciente de lo que nos toca para sacar de la sombra nuestros puntos ciegos y alumbrarlos con la luz de nuestra consciencia.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

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Si te duele el cuerpo, haz lo que puedas

 

Cuando tenemos un dolor físico resulta difícil hablar de estar tranquilos, de conservar la calma, cuando sabemos que hasta un simple dolor de muelas nos puede dejar fuera de combate.

El cuerpo tiene su memoria, así que las personas que han sufrido dolencias, enfermedades o ingresos hospitalarios, tienen un cuerpo resentido no sólo físicamente sino emocionalmente. Es decir, que es normal que para esas personas, el cuerpo les tiemble cuando ven agujas o, simplemente, una persona con bata blanca. El miedo también se mete en el cuerpo.

A esas personas les gustaría estar más enteras y no demostrar su alteración nerviosa, pero no es posible por mucho que lo intenten. Así que es mucho más sano dejarse estar como se pueda, reconociendo el propio nerviosismo y no pretendiendo ocultarlo de cara a los demás.

Cuando tienes un dolor físico, no pretendas hacer un ejercicio de control mental. Puede ayudar bastante el hacer respiraciones tranquilas, pero si el malestar te supera, no luches contra ti mismo por mantener el control.

Cuando te sientas mal, permítete quejarte para desahogarte y luego sentirte así más relajado. Permítete no tener ganas de hablar y estar más silencioso con los demás. Permítete estar como te pida el cuerpo, en la cama, tumbado o sin ganas de hacer nada.

Y cuando te sientas algo mejor, entonces sí puede ser momento de leer algún libro que te interese, escuchar música o dar un paseo por la calle, Es decir, que puedes hacer algo por entretenerte, llevando la atención a algo que te relaje o te haga sentirte mejor para no darle vueltas a tu malestar. Pero hasta que llegue ese momento, haz lo que puedas.

Si te vienen pensamientos negativos acerca de tu salud, ten la actitud del espectador de cine. Contempla tus pensamientos a una cierta distancia, como si vieras una película pasar: los pensamientos así vistos, de la misma forma que vienen se van. Esta actitud te ayudará a estar más tranquilo.

Ten paciencia contigo mismo, y no te machaques por estar enfermo. Tu cuerpo es sabio y te irá diciendo lo que necesita en cada momento: quejarse, callar o llevar la atención a otra cosa. Hazle caso y te sentirás mejor.

 

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Mirando hacia adelante

Un proverbio Chino dice: “Si te sientas en el camino, ponte de frente a lo que todavía te queda por andar y de espaldas a lo que ya has andado.”

En la vida hay momentos en que sentimos la tentación de hacer una revisión de nuestra vida pasada, como si hojeáramos un álbum de fotos en el que hubieran quedado fijas instantáneas de nuestra vida. Pero la vida no se alimenta de fotos que hay que recordar.

Es verdad que hay que aprender de lo vivido para no repetir los mismos errores o, por lo menos, suavizarlos. Pero nuestra mirada no tiene que ser de nostalgia, pena o culpa por el pasado. Tu mirada tiene que centrarse en el aquí y ahora, en el presente, porque es lo único real con que cuentas.

No tiene sentido perder el tiempo en recriminarse o culpabilizarse de acciones pasadas porque tan necesario como aprender de los errores es aprender a perdonarse a uno mismo en lo que nos hizo daño a nosotros mismos o a los demás.

¿Y si no sabemos hacia dónde vamos? ¿Qué nos depara el futuro en nuestra vida?, nos preguntamos con preocupación. Obviamente, el futuro todavía no existe, sólo contamos con lo que en el día a día somos capaces de construir, de hacer o de no hacer. Sólo contamos con los pasos que damos nosotros mismos y que nadie puede dar por nosotros. Esa es nuestra grandeza.

“Mira hacia adelante. Tu vida es más que lo que hiciste en el pasado. Es lo que, conscientemente, vives en el día a día, con tus más y tus menos, porque tú sabes que haces lo que puedes, y eso también tiene un valor. Y cuando sientas que tu vida fuera como una mochila pesada que llevaras a la espalda, entonces, date permiso para parar, ir a tu ritmo y quejarte si te hace falta, que no tienes que vivir demostrándote que eres una valiente que puede con todo. Y, en medio del aparente absurdo de lo que te toca, acuérdate de que tu vida tiene un sentido, que es el de dejar en este mundo tu impronta como persona, una vida que sólo tú tienes entre tus manos: la tuya. Vivela.”

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

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Ser como niños

Hoy os muestro un vídeo que me ha emocionado de un niño descubriendo la lluvia. ¿Es posible no perder siendo adultos la capacidad de sorprenderse y disfrutar de lo más sencillo y nimio? Intentaré buscar las respuestas.

Ya sé que los niños viven una etapa de su vida en la que no tienen que hacer frente a las múltiples responsabilidades de cuando son mayores, pero si tantas personas amamos a los niños no es sólo por la ternura que suscitan sino porque nos recuerdan que podemos en nuestra vida ser más sencillos de lo que somos y encontrar felicidad en ello.

La vida puede ser muy dura y las exigencias que nos plantea pueden resultar agobiantes pero, a poco que nos paremos a sentir, podemos volver a recuperar las sensaciones de una niñez que siempre vuelven a emocionarnos.

He comprado hace poco en un mercadillo una figura de una pareja de pajaritos (madre e hijo) que cuando se da una sonora palmada…pían. Ya sé que es una infantil tontería pero, sinceramente, me alegra el día. No quiero perder esa capacidad que todos tenemos de volver a nuestros orígenes y ser sencillos.

Pero la sencillez es lo más difícil del mundo, sobre todo cuando es una sencillez del que sabe, no del que es ignorante de lo que le espera, como el niño. Y yo quiero aprender a ser sencilla pero consciente de todo lo que he vivido.

Poder pasear descalza por un campo lleno de hojas, sentir el silencio de una Iglesia, ver los gorriones que vienen a mi terraza a comer las migas de pan que les dejo diariamente, son vivencias que me reconcilian conmigo misma, me hacen sentirme en paz y me arrancan una sonrisa.

Los gorriones se apostan en mi terraza desde primera hora de la mañana, esperando las migas de pan, y yo siento que esos pájaros son mis amigos, como diría San Francisco de Asís. Porque la amistad es también común-unión y comunicación y, sin duda alguna, yo siento esa comunicación estrecha entre los gorriones y yo.

Sencilla pero consciente, esa es mi tarea en la vida, la que me hace ser más yo, porque siento que, por muy duro que sea lo que me toque vivir, siempre podré sentir la fina lluvia del cielo en mi cara.

 

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Sólo cuentas con lo real de cada instante

 

¡Cuántas veces nos esforzamos por perseguir un ideal! Pero la realidad nos demuestra, una y otra vez, que las cosas no cambian porque nosotros nos empeñemos y que las personas sólo mejoran si tienen voluntad para ello.

He sido educada en la religión católica y, a través de ella, me enseñaron que “el amor todo lo puede”, que tienes que “amar a tus enemigos” y “perdonar setenta veces siete”. Vamos, el amor incondicional puro y duro.

Pero el amor incondicional sólo existe en mi relación madre-hijas, porque entiendo que es el único contexto en el que, muchas veces, se da más de lo que se recibe, y es normal que sea así, amor sin condiciones,

Pero en las relaciones con nuestros semejantes, en relaciones de pareja o de amistad, resulta muy peligroso ejercer el amor incondicional. Damos sin esperar nada a cambio, ni siquiera agradecimiento, ofrecemos nuestra ayuda sin esperar a que nos la pidan, perdonamos sin que el otro reconozca su falta, y así, vamos sembrando el camino para…anularnos como personas.

Sólo cuentas con la realidad del presente, la única que te dice, como algo obvio, cómo es la relación que mantienes con esa persona, y no pretendas modificar esa realidad con la fuerza de tu amor, no pretendas forzar lo que naturalmente no se da.

Eso no significa que te tengas que adaptar a lo que tienes, convirtiéndote en un cubo de basura que el otro utiliza cuando le conviene, no. Ser consciente de que tu realidad te hace sufrir debería servirte para salir de ella lo antes posible.

No esperes a ver si tu amor le puede hacer cambiar al otro, a ver si tu entrega incondicional le puede transformar a tu pareja en mejor persona de lo que es. La realidad va a seguir siendo como es y tu espera sólo conseguirá que tengas menos fuerzas para enfrentarte y salir de esta situación.

No te engañes, sólo cambia quien quiere cambiar, quien toma conciencia de sus propios fallos, y no se cambia por tener alguien al lado que te da todo el amor y la generosidad que tú mismo no eres capaz de transmitir.

La realidad de cada instante presente es la única que te puede decir lo que es obvio, lo que tienes delante de ti, no el ideal de pareja que te gustaría tener, sino lo que hay, a pesar de todos los empeños que pongas en lo contrario.

Y para finalizar, la frase “ama al prójimo como a ti mismo”, sólo quiere decirnos que primero debes amarte a ti mismo para poder dar de tu amor a los demás, no que primero están los demás ante que tú mismo.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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