Diario Vasco
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La pobreza esclaviza, la austeridad libera
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Belén Casado Mendiluce | 18-06-2014 | 06:40| 12

 

El domingo por la noche vi en la televisión una entrevista sobre el papa que me dio que pensar. En ella, Francisco comenta que la pobreza es el eje del mensaje evangélico. Si se refiere a la pobreza material, no puedo estar más en desacuerdo y en ese punto me quiero extender.

Vivir en la pobreza, más en los tiempos de crisis que vivimos, supone una preocupación y una angustia para muchas personas. Vivir pendiente de pagar facturas y de no saber si se podrá salir adelante en la vida por falta de trabajo y de recursos económicos, es una situación que provoca un gran estrés. El aumento de ansiolíticos y antidepresivos que se recetan en los centros de salud, dan fe de ello.

Es necesaria una mínima dignidad económica para que la persona desarrolle sus capacidades y pueda aspirar a algo más que a sobrevivir en la vida. La pobreza nunca libera a las personas sino que las mantiene esclavas de la precariedad y la desesperanza.

Hay que luchar, y más desde el mensaje evangélico, por sacar de la pobreza a la gente, para que no existan favelas en Brasil mientras se celebran unos Mundiales de fútbol que sólo sirven para enriquecer a unos pocos.

La austeridad, sin embargo, es una actitud ante la vida que consiste en vivir con lo necesario aunque te permitas, ocasionalmente, algún extraordinario. Te ayuda a liberarte del apego a lo material para vivir en comunión con las personas que, como tú, quieren vivir sin enriquecerse constantemente ni acumular bienes; eso sí que es un ideal evangélico.

Yo no puedo estar a favor de la pobreza que angustia, limita y empobrece. Sí estoy a favor de una austeridad que libera de estar pendientes de tener y tener más cosas. Porque, no nos olvidemos, que cuando se vive en este mundo de consumismo, es difícil comprar sin caer en la tentación de seguir comprando.

La austeridad es una elección de vida, un camino que se va aprendiendo sobre la marcha, y más cuando nadamos contra corriente y los ejemplos que se nos muestran nos dicen que el que más tiene es el que más feliz es. Craso error.

Todos tenemos derecho a tener las necesidades básicas cubiertas y, para ello, es imprescindible un mínimo de seguridad económica. No hablemos, por tanto, de pobreza sino de una austeridad que sabe vivir con lo necesario, que puede disfrutar con lo superfluo también, pero que no depende de ello para vivir.

 

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Si quieres pedir perdón…lee con atención
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Belén Casado Mendiluce | 13-06-2014 | 07:32| 24

 

Pido perdón a todas aquellas personas que, consciente o inconscientemente, herí con mis palabras o mis actos.

Pido perdón a quienes sé que nunca me concederán la posibilidad de hablar con ellos para disculparme ni, mucho menos, me perdonarán. Aunque nunca me concedan la palabra, es importante que reconozca para mí que fallé.

Pido perdón sin ánimo de ir de víctima ni de “pobrecito”. Busco, desde la humildad, reconocer mis fallos sin querer dar pena.

Pido perdón sin esperar nada a cambio; que las cosas vuelvan a ser como antes o recuperar la amistad perdida. Todo requiere su tiempo.

Pido perdón sin enjuiciarme ni “machacarme” a mí mismo. Aunque me sienta triste por haber actuado mal, no significa que valga menos como persona.

Pido perdón, no para tranquilizar mi conciencia sino para, desde mi arrepentimiento, perdonarme también a mí mismo.

Pido perdón para intentar vivir la vida con más consciencia y aprender de mis errores.

Pero, aunque no reciba tu perdón, puedo dármelo a mí mismo. No puedo ser esclavo de viejas heridas que nunca curan.

Porque si no me perdono a mí mismo acabaré no perdonando a los demás.

Porque si no puedo ser comprensivo conmigo mismo acabaré viviendo con resentimiento hacia los demás.

De la misma forma que me perdono también perdono a los demás. Puede que lo que sufrí me duela durante mucho tiempo, pero prefiero no engancharme en un odio que nunca termina.

Porque es desde el perdón como se construye y me libero de viejas ataduras.

Porque sólo desde el perdón puedo abrirme… al amor que soy.

 

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“Tengo compulsión a comprar” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 10-06-2014 | 07:23| 0

 

-Paciente (P): Hola Belén. Hoy estoy más contenta que la vez pasada porque me han dado resultado los consejos que me diste. Si estoy en casa y empiezo a pensar en comprarme algo, me distraigo leyendo un libro mientras escucho música y, así, dejo de dar vueltas a lo que quiero comprar.

También me ha ayudado mucho la regla de oro de no comprar mientras paseo porque, muchas veces, era mientras daba una vuelta cuando me paraba en los escaparates y me entraba la tentación de comprar. Ahora mientras paseo sé que no compraré nada. Por un lado me pone contenta conseguir vencer la tentación y, por otro, tengo que hacer un esfuerzo para no entrar en las tiendas.

-Terapeuta (T): Es comprensible lo que dices, pero para ello sería mejor que pasearas por espacios abiertos como parques y avenidas anchas y no entre calles, que es donde se concentran las tiendas y donde puedes tener más tentación de comprar.

-P: Buena idea la que me das. Pasearé, entonces, por el paseo que da al rio en el que no hay tiendas.

-T: En estos días que no has comprado nada, ¿te has dado cuenta de algo?

-P: (Se queda unos segundos en silencio…) Sí. Me he dado cuenta de que tenía una inquietud como si me faltara algo. Igual tiene que ver con el problema de fondo que me decías que también había que tratar.

-T: Exactamente. Si te parece, vamos a comenzar a trabajarlo hoy. Háblame un poco más de esa inquietud que sientes.

-P: (Se vuelve a quedar en silencio…) Me siento como si valiera poco como persona y me he dado cuenta de que comprándome algo es como si me diera una inyección de autoestima.

-T: Lo has expresado muy bien. En general, ¿te sueles sentir que vales poco?

-P: Antes te hubiera dicho que no, que me quería como era. Pero ahora me estoy dando cuenta de que soy más insegura de lo que creo.

-T: Te voy a mandar unos deberes para la próxima sesión. Quiero que cuando te vengan pensamientos de esa inseguridad que dices sentir, los escribas, para así ver con más claridad cuáles son los sentimientos que hay detrás.

-P: Me parece bien. La semana que viene te lo traigo escrito. Hasta pronto.

-T: Vamos por buen camino. Animo y hasta pronto.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto

 

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“¿Quién es un enfermo?
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Belén Casado Mendiluce | 06-06-2014 | 08:24| 8

 

Quien padece una enfermedad, parece la respuesta obvia.

Pero sigámonos preguntando porque el tema tiene más miga de la que parece.

¿Y si el que padece una enfermedad, como el alcoholismo, no reconoce que la tiene?

Pues sigue siendo un enfermo pero con el agravante de que no tiene conciencia de su enfermedad, con lo que se hace más difícil poderla curar.

¿Hace falta, entonces, ser consciente de la enfermedad para curarse de ella? Sin duda alguna, lo que no se reconoce se vive como si no existiera.

¿Y cómo puedo darme cuenta de algo si estoy metido en ello y lo vivo como si fuera lo normal en mi vida?

Ese es el quid de la cuestión. Tendrá que pasar tiempo hasta que sientas la necesidad de cambiar por ti mismo, no porque te lo digan los demás.

¿Qué es una enfermedad, lo que molesta a los demás o a mí mismo?

Por supuesto, en primer lugar, a uno mismo, aunque casi siempre acaba afectando a mi relación con los demás.

¿Y si esa enfermedad está socialmente aceptada, vamos, que muchos están como uno, se es menos enfermo?

Buena pregunta.

Entonces, hace falta doble “ración” de consciencia. Una, para salirse del ambiente en el que se vive, por ejemplo, alejándose de los amigos que están enganchados a la droga, y otra para construir un nuevo mundo de relaciones en los que esté menos presente la adicción que padezco.

 

He aquí algunas de las preguntas que nos podemos hacer. Dejo abierto el espacio a las preguntas y reflexiones que se os ocurran.

 

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“Tengo compulsión a comprar”
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Belén Casado Mendiluce | 03-06-2014 | 07:31| 4

 

-Paciente (P): Hola Belén. Me he animado a venir a tu consulta porque llevo bastante tiempo con el problema de que me estoy comprando constantemente cosas. Creo que tengo una compulsión a comprar, intento frenarme pero no consigo mejorar por mí misma.

-Terapeuta (T): ¿En qué momentos te da por comprarte cosas?

-P: (Se queda unos segundos en silencio…) Cuando estoy intranquila, he tenido algún disgusto con alguien o no me salen las cosas como a mí me gustaría.

-T: ¿Cómo te sientes después de comprarte algo?

-P: En el momento muy bien, es como un subidón que me pone muy contenta. Pero cada vez me dura menos porque pasado el momento de la compra me vuelvo a sentir con el mismo desánimo que al principio.

-T: Aquí hay dos cosas que tenemos que tratar. Una, tu compulsión a comprar y otra, que es la raíz, tu malestar interior. Vamos a empezar por trabajar el síntoma, que es lo inmediato, pero luego profundizaremos de donde viene ese malestar para que, trabajando el origen del problema, no te salga un enganche a otra cosa.

-P: ¿Quieres decir que se puede curar lo de la compra, pero que podría salirme una adicción a otra cosa?

-T: Exactamente. Si no abordamos el problema raíz, que es tu malestar interior, con el tiempo te surgirían, probablemente, otros enganches.

-P: Bien, lo entiendo. Ahora lo que me preocupa es dejar de gastar un dinero que no me sobra en cosas que no son necesarias. ¿Qué puedo hacer?

-T: Para empezar, si estás en casa y sientes el impulso de comprarte algo, en ese momento vas a llevar la atención a otra cosa. O bien te pones a hacer algo físico como hacer ejercicio o incluso limpiar la casa, o bien haces algo que te relaje y que te haga estar con la atención en ello, como leer o escuchar música. Hay una regla de oro: no comprar mientras paseas por la calle, salvo que sea algo necesario, claro.

-P: ¡Buena idea! Creo que me vendrá bien porque, muchas veces, estoy en casa dándole vueltas a lo que me apetece comprarme y no dejo de pensar en ello. Probaré el ponerme a leer un libro mientras escucho música, que me relaja bastante.

-T: Nos vemos la semana que viene, y me cuentas cómo te ha ido.

-P: Muy bien. A ver si, por fin, puedo librarme de este enganche que tengo, Hasta pronto.

-T: Animo y agur.

 

*Este consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

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Cuentos de Primavera: Paseando por la playa
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Belén Casado Mendiluce | 30-05-2014 | 07:45| 0

 

Sofía paseaba por la playa disfrutando del comienzo del fin de semana. Tenía ganas de no pensar en problemas y preocupaciones, simplemente, quería estar tranquila sin más.

Caminando, a lo lejos, empezó a reconocer la figura de alguien que se le acercaba hacia ella. Era su compañero de trabajo más molesto, el que menos le ayudaba cuando tenía dudas y que, además, tenía la fea costumbre de criticar los defectos de los demás.

-“¡Por Dios!”, pensó. “No me apetece nada encontrarme con esa persona. Tenía que aparecer precisamente hoy para fastidiarme el día.”

Sabía que tenía que pararse con él para saludarle, no podía ignorarle, ya que,  se veían las caras todos los días durante 8 horas en el trabajo.

Pero no quería hacer “el paripé” sin más, no quería decir las típicas tonterías que se dicen cuando te quieres quitar a alguien de encima.

“Quiero estar tranquila conmigo misma”- pensó. “No quiero forzarme a hacerme la simpática cuando por dentro estoy pensando que es un estúpido.”

Se relajó. Dejó de recordarse lo mal que le caía esa persona, dejó de tener presente que tenía miedo a que también pudiera criticarle a ella. Simplemente, mientras se iba acercando hacia ella, le vio como una persona a la que poder tratar bien sin forzarse a nada.

Se paró con su compañero, le saludó y le habló de la manera que ella necesitaba para estar en paz consigo misma. Sin dureza en la mirada, sin rechazo en el contacto, sin tensión en sus palabras.

A penas tuvieron mucha conversación, pero Sofía sintió que fue la suficiente para que algo se moviera. No había sido falsa, pero tampoco había sentido el nerviosismo de tener ganas de marcharse.

El lunes siguiente, cuando volvió al trabajo, a la hora del café, su compañero “molesto” se acercó a ella y le dijo.

-“Oye, el otro día me gustó verte en la playa. ¿Qué tal pasaste el fin de semana?”

Sofía se quedó sorprendida. No había hecho gran cosa más que estar tranquila y, sin embargo, se había producido un cambio de actitud entre los dos. Había merecido la pena el encuentro, pensó.

Autora: Belén Casado Mendiluce

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“Me siento un inadaptado en esta sociedad” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 27-05-2014 | 07:04| 8

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Te quiero comentar que desde que vine aquí he procurado estar en el trabajo dándome cuenta de que lo hago lo mejor que puedo aunque, a veces, sea evidente que no llego al mismo nivel que los demás.

En ocasiones, sigo sintiéndome que estoy fuera de lugar en esta sociedad. Me viene a la mente esa frase que suele decir Mafalda, la de los dibujos de Quino, que dice: “Paren el mundo que me quiero bajar”.  Pues me siento así y me parece que esa sensación  no va a cambiar.

-Terapeuta (T): ¿Qué es lo que más te ayuda en esos momentos?

-P: El recordarme en el trabajo que hago las cosas lo mejor que sé y el intentar estar tranquilo cuando veo que mis compañeros se apoyan más entre ellos que conmigo. Creo que, al final, lo comprendo aunque me duela un poco estar al margen.

-T: Es comprensible que te duela. ¿Qué tal estás con tus compañeros?

-P: Pues, muchas  veces, simplemente estoy, hago acto de presencia porque veo que no cuentan conmigo como con los demás, pero intento centrarme en el trabajo que esté haciendo para que no me vengan muchos pensamientos del tipo: “Chico, que tonto eres”.

-T: Buena estrategia la tuya.

-P: Además, y lo que es más importante, ya no estoy tan pendiente de tener que demostrar a nadie que hago bien mi trabajo, es que no quiero entrar en la rueda de: ”mira que bien hago las cosas” para que todo el mundo lo vea. Esa actitud me ha relajado mucho más y estoy más tranquilo.

-T: Me parece muy positivo lo que cuentas. Si puedes seguir trabajando desde esa tranquilidad sin presionarte para demostrar nada a nadie, mucho mejor. Te veo bastante bien, sigue en esa actitud y nos vemos la próxima semana a ver cómo vas.

-P: Muy bien. Me siento mejor y creo que voy encontrando la manera de encontrar mi sitio en el trabajo. Hasta pronto, Belén.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

 

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Las orgías VIP o el enganche al sexo
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Belén Casado Mendiluce | 23-05-2014 | 06:49| 65

 

Me producen rechazo, no lo puedo evitar. Sí, ya sé que las personas que ahí se reúnen lo hacen libremente y que no existe una única manera de vivir la sexualidad, pero no puede dar igual todo, no todo es igual de válido sólo porque se elija libremente.

El intercambio de parejas es un terreno enormemente resbaladizo, se mezclan sentimientos y un grado de implicación personal  del que no siempre se sale indemne, como si no pasara nada y no me dejara huella.

En nombre de la libertad de cada persona se cometen actos que dañan a otros y, sobre todo, nos dañan a NOSOTROS MISMOS, otra cosa es que queramos ser conscientes de ello o no.

Podemos ser “libres” para actuar vengativamente hacia alguien, buscando dar donde más duele, pero esa actitud no sólo hace daño a quien la padece sino también a uno mismo, porque el odio siempre destruye, no construye nada.

Por tanto, la verdadera libertad es aquella que me hace sentirme libre de enganches y ataduras de cualquier tipo, libre de tener odio hacia alguien, libre de comprarme constantemente cosas, de depender afectivamente de otro, de acumular dinero y también…de tener orgías sexuales.

Lo que llega a Donostia con las orgías VIP, no es más que la expresión de uno de los diversos enganches que tiene el ser humano, porque no me cabe duda de que los que estén ahí presentes son adictos al sexo.

No tomemos por normal lo que no lo es sólo porque se hace desde la llamada “libertad” personal. Y cuando digo normal no es lo que está socialmente aceptado, sino lo que permite a una persona mostrarse como es, en coherencia con ella misma. Y cuando digo libertad no es dejarme llevar por actitudes que me esclavizan sino sentirme libre para cada vez depender de menos cosas y personas.

Ese no es el camino de la libertad personal, el que se recorre con paciencia y comprensión hacia uno mismo para estar en paz consigo mismo y con los demás, el que te va haciendo desprenderte de lo que no eres para encontrarte con tu yo auténtico y real.

Hay tantos enganches socialmente admitidos que parece que sólo queda acercarnos curiosos a observarlos. Yo, desde aquí, ofrezco mi ayuda como psicoterapeuta a los que asistan a esas fiestas…creo que la necesitan.

 

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Cuentos de Primavera: Hay un tiempo para todo
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Belén Casado Mendiluce | 16-05-2014 | 07:21| 4

 

El Maestro y su discípulo paseaban tranquilamente por los jardines del

Monasterio. Era una mañana gris de Marzo en la que se presagiaban los

comienzos de la Primavera.

 

-“Maestro, quisiera pedirle consejo. Tengo una persona a la que me gustaría

perdonar pero no lo consigo. Me ha hecho tanto daño que, a lo más que llego,

es a intentar no desearle mal, pero no puedo practicar el perdón con ella.”

 

El Maestro siguió andando guiando a su discípulo hacia un campo sembrado

de flores aún por abrir. Entonces, parándose en medio de él, le preguntó:

-“Dime, ¿cuándo florecerán las flores?”

 

El discípulo, extrañado ante la pregunta, se quedó contemplando el campo y le

dijo:

-“Cuando tenga que ser Maestro, ni antes ni después”

 

-“Sabia respuesta. De la misma manera que las flores tienen su momento para

abrirse y mostrar todo su esplendor, tú necesitas tiempo y paciencia para dejar  

salir tu perdón. Ahora no es tu momento, así que no pretendas forzar nada que

no te salga naturalmente” , respondió el Maestro.

 

El discípulo guardó estas palabras en el silencio de su corazón. Un peso se

había aligerado dentro de él pues empezaba a comprender que podía dejarse

estar como sintiera aunque ahora no pudiera perdonar.

 

Autora. Belén Casado Mendiluce

 

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“Me siento un inadaptado en esta sociedad”
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Belén Casado Mendiluce | 13-05-2014 | 07:32| 4

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Tenía ganas de venir a tu consulta porque necesito desahogarme. Verás, tengo 48 años e intento realizar mi trabajo de la mejor forma posible. Pero cuando en la empresa nos dan cursos de formación, no puedo evitar compararme con los compañeros de trabajo más competentes. Se nos vende la imagen de ser lo más productivos posible y yo me doy cuenta de que no estoy a la altura de lo que piden. Acabo sintiéndome que no encajo en esta sociedad tan competitiva.

-Terapeuta (T): ¿Te gustaría ser como tus compañeros más eficientes?

-P: (Se queda pensativo…) Creo que no. Valoro el hacer bien las cosas pero no quiero vivir con el estrés que ellos tienen que les acaba haciendo que casi vivan para trabajar.

-T: Entonces, ¿Qué es lo que te incomoda?

-P: La comparación inevitable entre ellos y yo. Incluso me doy cuenta que en los grupos de la oficina me tratan con cierta condescendencia porque saben que no domino el trabajo de la misma forma que ellos. Me siento mal por ello. Intento valorar el trabajo que hago pero me siento fuera de lugar, como si fuera un inadaptado social.

-T: Es una realidad que tú no vas al mismo ritmo que ellos y, por tanto, cierta sensación de no encajar puede ser normal. Eso no significa que valgas menos que ellos. Observo cierta contradicción en ti: por un lado quieres ser como los demás y, por otro, no quieres renunciar a ser como eres.

-P: ¡Eso es! A veces quiero que me valoren y me reconozcan por ser tan competente como ellos y, por otro, sé que eso no es lo que tiene importancia en la vida, por lo menos, no para mí.

-T: ¿Qué es lo que valoras en tu vida?

-P: (Se queda un rato en silencio…) Sobre todo, el vivir con tranquilidad, disfrutando de las personas que me rodean. Para mí el trabajo es un medio, no quiero sacrificar el poder compartir tiempo con mi familia a cambio de que valoren más mi trabajo. Eso lo siento claro.

-T: Pues apóyate en ello. Puede ser inevitable que surja la comparación con tus compañeros porque hay una diferencia obvia entre vosotros, pero no te tomes esa diferencia como algo personal. Sé consciente de que haces tu trabajo lo mejor que puedes y, a partir de ahí deja que cada uno viva su trabajo como pueda.

-P: Me ha servido lo que acabas de decir. No hay una manera única de vivir el trabajo y cada uno ahí hace lo que puede. Eso me ayuda a valorar más lo que hago yo. Gracias, Belén.

-T: Me alegro que te haya ayudado. Animo y hasta pronto.

 

*Este consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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