Diario Vasco
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“Tengo compulsión a comprar”
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Belén Casado Mendiluce | 03-06-2014 | 07:31| 4

 

-Paciente (P): Hola Belén. Me he animado a venir a tu consulta porque llevo bastante tiempo con el problema de que me estoy comprando constantemente cosas. Creo que tengo una compulsión a comprar, intento frenarme pero no consigo mejorar por mí misma.

-Terapeuta (T): ¿En qué momentos te da por comprarte cosas?

-P: (Se queda unos segundos en silencio…) Cuando estoy intranquila, he tenido algún disgusto con alguien o no me salen las cosas como a mí me gustaría.

-T: ¿Cómo te sientes después de comprarte algo?

-P: En el momento muy bien, es como un subidón que me pone muy contenta. Pero cada vez me dura menos porque pasado el momento de la compra me vuelvo a sentir con el mismo desánimo que al principio.

-T: Aquí hay dos cosas que tenemos que tratar. Una, tu compulsión a comprar y otra, que es la raíz, tu malestar interior. Vamos a empezar por trabajar el síntoma, que es lo inmediato, pero luego profundizaremos de donde viene ese malestar para que, trabajando el origen del problema, no te salga un enganche a otra cosa.

-P: ¿Quieres decir que se puede curar lo de la compra, pero que podría salirme una adicción a otra cosa?

-T: Exactamente. Si no abordamos el problema raíz, que es tu malestar interior, con el tiempo te surgirían, probablemente, otros enganches.

-P: Bien, lo entiendo. Ahora lo que me preocupa es dejar de gastar un dinero que no me sobra en cosas que no son necesarias. ¿Qué puedo hacer?

-T: Para empezar, si estás en casa y sientes el impulso de comprarte algo, en ese momento vas a llevar la atención a otra cosa. O bien te pones a hacer algo físico como hacer ejercicio o incluso limpiar la casa, o bien haces algo que te relaje y que te haga estar con la atención en ello, como leer o escuchar música. Hay una regla de oro: no comprar mientras paseas por la calle, salvo que sea algo necesario, claro.

-P: ¡Buena idea! Creo que me vendrá bien porque, muchas veces, estoy en casa dándole vueltas a lo que me apetece comprarme y no dejo de pensar en ello. Probaré el ponerme a leer un libro mientras escucho música, que me relaja bastante.

-T: Nos vemos la semana que viene, y me cuentas cómo te ha ido.

-P: Muy bien. A ver si, por fin, puedo librarme de este enganche que tengo, Hasta pronto.

-T: Animo y agur.

 

*Este consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

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Cuentos de Primavera: Paseando por la playa
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Belén Casado Mendiluce | 30-05-2014 | 07:45| 0

 

Sofía paseaba por la playa disfrutando del comienzo del fin de semana. Tenía ganas de no pensar en problemas y preocupaciones, simplemente, quería estar tranquila sin más.

Caminando, a lo lejos, empezó a reconocer la figura de alguien que se le acercaba hacia ella. Era su compañero de trabajo más molesto, el que menos le ayudaba cuando tenía dudas y que, además, tenía la fea costumbre de criticar los defectos de los demás.

-“¡Por Dios!”, pensó. “No me apetece nada encontrarme con esa persona. Tenía que aparecer precisamente hoy para fastidiarme el día.”

Sabía que tenía que pararse con él para saludarle, no podía ignorarle, ya que,  se veían las caras todos los días durante 8 horas en el trabajo.

Pero no quería hacer “el paripé” sin más, no quería decir las típicas tonterías que se dicen cuando te quieres quitar a alguien de encima.

“Quiero estar tranquila conmigo misma”- pensó. “No quiero forzarme a hacerme la simpática cuando por dentro estoy pensando que es un estúpido.”

Se relajó. Dejó de recordarse lo mal que le caía esa persona, dejó de tener presente que tenía miedo a que también pudiera criticarle a ella. Simplemente, mientras se iba acercando hacia ella, le vio como una persona a la que poder tratar bien sin forzarse a nada.

Se paró con su compañero, le saludó y le habló de la manera que ella necesitaba para estar en paz consigo misma. Sin dureza en la mirada, sin rechazo en el contacto, sin tensión en sus palabras.

A penas tuvieron mucha conversación, pero Sofía sintió que fue la suficiente para que algo se moviera. No había sido falsa, pero tampoco había sentido el nerviosismo de tener ganas de marcharse.

El lunes siguiente, cuando volvió al trabajo, a la hora del café, su compañero “molesto” se acercó a ella y le dijo.

-“Oye, el otro día me gustó verte en la playa. ¿Qué tal pasaste el fin de semana?”

Sofía se quedó sorprendida. No había hecho gran cosa más que estar tranquila y, sin embargo, se había producido un cambio de actitud entre los dos. Había merecido la pena el encuentro, pensó.

Autora: Belén Casado Mendiluce

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“Me siento un inadaptado en esta sociedad” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 27-05-2014 | 07:04| 8

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Te quiero comentar que desde que vine aquí he procurado estar en el trabajo dándome cuenta de que lo hago lo mejor que puedo aunque, a veces, sea evidente que no llego al mismo nivel que los demás.

En ocasiones, sigo sintiéndome que estoy fuera de lugar en esta sociedad. Me viene a la mente esa frase que suele decir Mafalda, la de los dibujos de Quino, que dice: “Paren el mundo que me quiero bajar”.  Pues me siento así y me parece que esa sensación  no va a cambiar.

-Terapeuta (T): ¿Qué es lo que más te ayuda en esos momentos?

-P: El recordarme en el trabajo que hago las cosas lo mejor que sé y el intentar estar tranquilo cuando veo que mis compañeros se apoyan más entre ellos que conmigo. Creo que, al final, lo comprendo aunque me duela un poco estar al margen.

-T: Es comprensible que te duela. ¿Qué tal estás con tus compañeros?

-P: Pues, muchas  veces, simplemente estoy, hago acto de presencia porque veo que no cuentan conmigo como con los demás, pero intento centrarme en el trabajo que esté haciendo para que no me vengan muchos pensamientos del tipo: “Chico, que tonto eres”.

-T: Buena estrategia la tuya.

-P: Además, y lo que es más importante, ya no estoy tan pendiente de tener que demostrar a nadie que hago bien mi trabajo, es que no quiero entrar en la rueda de: ”mira que bien hago las cosas” para que todo el mundo lo vea. Esa actitud me ha relajado mucho más y estoy más tranquilo.

-T: Me parece muy positivo lo que cuentas. Si puedes seguir trabajando desde esa tranquilidad sin presionarte para demostrar nada a nadie, mucho mejor. Te veo bastante bien, sigue en esa actitud y nos vemos la próxima semana a ver cómo vas.

-P: Muy bien. Me siento mejor y creo que voy encontrando la manera de encontrar mi sitio en el trabajo. Hasta pronto, Belén.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

 

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belencasadomendiluce@gmail.com

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Las orgías VIP o el enganche al sexo
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Belén Casado Mendiluce | 23-05-2014 | 06:49| 65

 

Me producen rechazo, no lo puedo evitar. Sí, ya sé que las personas que ahí se reúnen lo hacen libremente y que no existe una única manera de vivir la sexualidad, pero no puede dar igual todo, no todo es igual de válido sólo porque se elija libremente.

El intercambio de parejas es un terreno enormemente resbaladizo, se mezclan sentimientos y un grado de implicación personal  del que no siempre se sale indemne, como si no pasara nada y no me dejara huella.

En nombre de la libertad de cada persona se cometen actos que dañan a otros y, sobre todo, nos dañan a NOSOTROS MISMOS, otra cosa es que queramos ser conscientes de ello o no.

Podemos ser “libres” para actuar vengativamente hacia alguien, buscando dar donde más duele, pero esa actitud no sólo hace daño a quien la padece sino también a uno mismo, porque el odio siempre destruye, no construye nada.

Por tanto, la verdadera libertad es aquella que me hace sentirme libre de enganches y ataduras de cualquier tipo, libre de tener odio hacia alguien, libre de comprarme constantemente cosas, de depender afectivamente de otro, de acumular dinero y también…de tener orgías sexuales.

Lo que llega a Donostia con las orgías VIP, no es más que la expresión de uno de los diversos enganches que tiene el ser humano, porque no me cabe duda de que los que estén ahí presentes son adictos al sexo.

No tomemos por normal lo que no lo es sólo porque se hace desde la llamada “libertad” personal. Y cuando digo normal no es lo que está socialmente aceptado, sino lo que permite a una persona mostrarse como es, en coherencia con ella misma. Y cuando digo libertad no es dejarme llevar por actitudes que me esclavizan sino sentirme libre para cada vez depender de menos cosas y personas.

Ese no es el camino de la libertad personal, el que se recorre con paciencia y comprensión hacia uno mismo para estar en paz consigo mismo y con los demás, el que te va haciendo desprenderte de lo que no eres para encontrarte con tu yo auténtico y real.

Hay tantos enganches socialmente admitidos que parece que sólo queda acercarnos curiosos a observarlos. Yo, desde aquí, ofrezco mi ayuda como psicoterapeuta a los que asistan a esas fiestas…creo que la necesitan.

 

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Cuentos de Primavera: Hay un tiempo para todo
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Belén Casado Mendiluce | 16-05-2014 | 07:21| 4

 

El Maestro y su discípulo paseaban tranquilamente por los jardines del

Monasterio. Era una mañana gris de Marzo en la que se presagiaban los

comienzos de la Primavera.

 

-“Maestro, quisiera pedirle consejo. Tengo una persona a la que me gustaría

perdonar pero no lo consigo. Me ha hecho tanto daño que, a lo más que llego,

es a intentar no desearle mal, pero no puedo practicar el perdón con ella.”

 

El Maestro siguió andando guiando a su discípulo hacia un campo sembrado

de flores aún por abrir. Entonces, parándose en medio de él, le preguntó:

-“Dime, ¿cuándo florecerán las flores?”

 

El discípulo, extrañado ante la pregunta, se quedó contemplando el campo y le

dijo:

-“Cuando tenga que ser Maestro, ni antes ni después”

 

-“Sabia respuesta. De la misma manera que las flores tienen su momento para

abrirse y mostrar todo su esplendor, tú necesitas tiempo y paciencia para dejar  

salir tu perdón. Ahora no es tu momento, así que no pretendas forzar nada que

no te salga naturalmente” , respondió el Maestro.

 

El discípulo guardó estas palabras en el silencio de su corazón. Un peso se

había aligerado dentro de él pues empezaba a comprender que podía dejarse

estar como sintiera aunque ahora no pudiera perdonar.

 

Autora. Belén Casado Mendiluce

 

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“Me siento un inadaptado en esta sociedad”
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Belén Casado Mendiluce | 13-05-2014 | 07:32| 4

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Tenía ganas de venir a tu consulta porque necesito desahogarme. Verás, tengo 48 años e intento realizar mi trabajo de la mejor forma posible. Pero cuando en la empresa nos dan cursos de formación, no puedo evitar compararme con los compañeros de trabajo más competentes. Se nos vende la imagen de ser lo más productivos posible y yo me doy cuenta de que no estoy a la altura de lo que piden. Acabo sintiéndome que no encajo en esta sociedad tan competitiva.

-Terapeuta (T): ¿Te gustaría ser como tus compañeros más eficientes?

-P: (Se queda pensativo…) Creo que no. Valoro el hacer bien las cosas pero no quiero vivir con el estrés que ellos tienen que les acaba haciendo que casi vivan para trabajar.

-T: Entonces, ¿Qué es lo que te incomoda?

-P: La comparación inevitable entre ellos y yo. Incluso me doy cuenta que en los grupos de la oficina me tratan con cierta condescendencia porque saben que no domino el trabajo de la misma forma que ellos. Me siento mal por ello. Intento valorar el trabajo que hago pero me siento fuera de lugar, como si fuera un inadaptado social.

-T: Es una realidad que tú no vas al mismo ritmo que ellos y, por tanto, cierta sensación de no encajar puede ser normal. Eso no significa que valgas menos que ellos. Observo cierta contradicción en ti: por un lado quieres ser como los demás y, por otro, no quieres renunciar a ser como eres.

-P: ¡Eso es! A veces quiero que me valoren y me reconozcan por ser tan competente como ellos y, por otro, sé que eso no es lo que tiene importancia en la vida, por lo menos, no para mí.

-T: ¿Qué es lo que valoras en tu vida?

-P: (Se queda un rato en silencio…) Sobre todo, el vivir con tranquilidad, disfrutando de las personas que me rodean. Para mí el trabajo es un medio, no quiero sacrificar el poder compartir tiempo con mi familia a cambio de que valoren más mi trabajo. Eso lo siento claro.

-T: Pues apóyate en ello. Puede ser inevitable que surja la comparación con tus compañeros porque hay una diferencia obvia entre vosotros, pero no te tomes esa diferencia como algo personal. Sé consciente de que haces tu trabajo lo mejor que puedes y, a partir de ahí deja que cada uno viva su trabajo como pueda.

-P: Me ha servido lo que acabas de decir. No hay una manera única de vivir el trabajo y cada uno ahí hace lo que puede. Eso me ayuda a valorar más lo que hago yo. Gracias, Belén.

-T: Me alegro que te haya ayudado. Animo y hasta pronto.

 

*Este consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

 

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Escribir desde la propia voz
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Belén Casado Mendiluce | 09-05-2014 | 06:48| 12

 

Dicen que todo escritor que se precie debe encontrar “su voz”, su manera personal de escribir en la que fluyan las palabras sin tensión y en la que se exprese sin estar tan pendiente del público que le va a leer.

Tarea difícil encontrar mi propia “voz” cuando me voy descubriendo como escritora sobre el camino, cuando la tarea de escribir es una manifestación más de mi persona y no la única en la que desarrollarme profesionalmente. Vamos, que no soy una escritora profesional.

Escribir es un aprendizaje para mí. Más allá de cierta soltura inicial, intento comunicarme con vosotr@s con sencillez y claridad porque creo que las grandes verdades pueden ser comprendidas sin intelectualismos innecesarios.

Pienso que todo escritor, en el fondo, quiere que le lean y piensa mientras escribe en ese imaginario lector de sus escritos. Pero intuyo que hay que centrarse en uno mismo para dejar que fluyan las palabras sin estar pendiente de agradar excesivamente a los lectores.

Escribir sin esfuerzo…supongo que eso es encontrar la propia “voz”, pero también sé que “armar una historia” requiere un trabajo y mucha paciencia, un esfuerzo, en definitiva.

Voy perfilando lo que escribo, en muchos momentos, sobre la marcha. Voy aclarando lo que quiero decir en el mismo acto de ponerlo sobre el papel –más bien en la pantalla del ordenador- Por eso voy lenta escribiendo porque, muchas veces, organizo mis ideas y mis sentimientos sobre el tema a tratar en el momento de escribir sobre ello. No tengo un plan prefijado.

Pero más allá del trabajo que supone profundizar en múltiples aspectos de la psicología humana, estoy en actitud de aprender a dejarme fluir con las palabras, eso intuyo que es escribir sin tensión.

Mi propia voz…me gusta escribir sintiendo que “encaja” lo que escribo con lo que siento e incluso he ido cambiando lo que escribía cuando las palabras no se acaban de ajustar a mis sentimientos. En ese sentido, también escribo para mí.

Os agradezco vuestra lectura y vuestros comentarios porque me enriquecen y me aportan y me ayudan a ser más cuidadosa con las palabras. Gracias a todos por estar ahí.

 

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“No soporto a los hijos de mi pareja” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 08-05-2014 | 09:37| 25

 

-Paciente (P): Hola Belén. Desde la última vez que estuve aquí hemos mejorado algunas cosas mi pareja y yo. Hablé con él sobre si podíamos estar de acuerdo en algunos puntos de la educación de sus hijos, a cambio de que en otros aspectos yo me relajara más y no estuviera tan pendiente de las normas en casa.

-Terapeuta (T): ¿Habéis conseguido poneros de acuerdo?

-P: Sí. Él está dispuesto a hablar con sus hijos para que se duchen todos los días y recojan su habitación al finalizar el día. Pero es un tema delicado porque no creo que valga sólo con hablar si hasta ahora las palabras no servían.

-T: En eso estoy de acuerdo contigo. Si tu pareja quiere que sus hijos cumplan las normas que antes les dejaba pasar, tendrá que haber alguna consecuencia en caso de que no le hagan caso a su padre.

-P: ¿Te refieres a un castigo? Eso no lo había pensado antes.

-T: No. Una consecuencia es una conducta que se da de manera lógica si no asumimos nuestros actos. Por ejemplo, si en varios días no vas a trabajar, la consecuencia es que te llamen la atención por ello. No es un castigo, sino la consecuencia lógica que cabe esperar de un comportamiento tuyo inadecuado.

-P: Y en nuestro caso, ¿qué consecuencias te parece que tendría que haber?

-T: Tenéis que estar de acuerdo tu pareja y tú en poner unas consecuencias que se vayan a cumplir en caso de que los hijos no cumplan sus tareas. Y las consecuencias tienen que ser algo que realmente les importe a los chicos. Puede ser quitarles tiempo en el ordenador o dejarles sin paga semanal. Es una consecuencia que hay que avisar a los hijos de que se va a dar para que no les pille de imprevisto y sepan a qué atenerse.

-P: Ahora lo entiendo y creo que quitarles tiempo de ordenador puede ser lo que mejor nos vaya. Lo voy a comentar con mi pareja porque creo que es lo que le va a ayudar a él en el caso más que probable de que no hagan caso a las normas de su padre.

-T: No sólo es importante que estéis de acuerdo en las normas de casa sino que ocurra algo en el caso de que estas no se cumplan. Ahí es donde tu pareja puede tener más dificultad porque se tiene que mostrar más firme de lo que ha sido hasta ahora.

-P: Sí, lo veo claro. Incluso estoy pensando en que mi pareja venga a verte para que le ayudes a ser más firme con sus hijos. Gracias, Belén, tu ayuda que me está sirviendo de mucho.

-T: No me parece mala idea el que tu pareja venga a consulta siempre que él quiera, claro. Me alegro servirte de ayuda. Ya me contarás qué tal os va. Animo y hasta la semana que viene.

 

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“No sé cómo relacionarme en grupo” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 29-04-2014 | 06:43| 21

 

-Paciente (P): Hola Belén. Desde la última vez que estuve aquí me he sentido en el grupo más relajada. Empecé por observar todo lo que me decía a mí misma mientras estaba callada con los demás, como me dijiste. ¡Era una pasada! Me llamaba de todo y acababa agotada entre pensar todo lo que pensaba y el intentar decir algo en el  grupo para que no se notara lo tensa que estaba. Pero a partir de ahí algo cambió.

-Terapeuta (T): ¿Y ahora qué haces?

-P: Ahora he tomado más consciencia de que no son los demás los que pueden hablar mal de mí en el grupo sino que soy yo misma quien lo hago, así que cuando me sale algún pensamiento negativo de mí me digo: “Ya te estás machacando, si no te sale decir nada en el grupo, déjate estar como te salga”, y eso me ayuda bastante, la verdad.

-T: Muy buena actitud la tuya. ¿Y cómo estás en el grupo?

-P: Pues no te creas que hablo mucho más que antes, pero sí me siento más relajada interiormente. Ha sido para mí un descubrimiento el darme cuenta de que era yo misma la que me estaba criticando constantemente porque me decía a todas horas cómo tenía que estar y comportarme con los demás. Así que ahora me preocupo más por no ser dura conmigo misma, me preocupo más por mí misma que por lo que puedan pensar los demás de mí, y eso me ha ayudado a estar más suelta en grupo.

Incluso he notado que hay gente que habla más conmigo que antes, algo diferente notarán, digo yo.

-T: Sin lugar a dudas. Notan que eres tú misma la que estás con otra actitud más relajada y eso invita a acercarse a ti.

-P: ¿Tú crees que es eso? (Se queda un rato en silencio…) Puede ser. Incluso me doy cuenta de que sonrío más y mis movimientos en el grupo son más sueltos y naturales. Creo que me estoy quitando un gran peso de encima.

-T: Es muy importante lo que estás diciendo porque el peso lo tenías dentro de ti con tu verbalización interna negativa, cuando tú pensabas que eran los demás los que te criticaban. Sigue con la actitud de observarte porque es la que te va a ayudar a comprenderte y a estar cada vez mejor en los grupos.

-P: Sí, eso lo tengo claro. Quiero tratarme bien a mí misma y en el camino estoy para dejar de hablarme mal como lo hacía. Gracias, Belén, por tu ayuda.

-T: Me alegro que hayas sentido tan claro lo que te hace bien. Animo y hasta pronto.

 

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¿Qué haces cuando te aburres?
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Belén Casado Mendiluce | 25-04-2014 | 07:51| 18

 

Me has pedido que trate este tema así que voy a intentar aportar algo que te ayude, querido amigo.

Vaya por delante que el aburrimiento, en ocasiones, es inevitable, a no ser que estés constantemente haciendo cosas y, ni aun así.

¿Por qué? Porque estar entretenido u ocupado no te libra de sentir: “¿Qué hago yo aquí?, ¿Qué sentido tiene lo que estoy haciendo?, ¿Para qué me ocupo en lo que no me dice nada?”, pueden ser preguntas que surjan de tus tripas sin poderlo evitar. El hacer cosas no siempre consigue tapar lo que sentimos.

Así que si te aburres y te surgen estas preguntas…bienvenidas sean. Tranquilo,  no tienes que darles una respuesta que quede bien sino la que a ti te sirva, pero desde la sinceridad:  “Estoy aquí porque he elegido hacer compañía a esta persona”, “Ahora me doy cuenta de que esto no es lo mío”.

Si eres consciente de que te aburres haciendo lo que haces, has avanzado un paso. Puedes seguir haciéndolo porque es lo que has elegido, como ir a visitar a un conocido al hospital, o puedes dejar lo que haces porque no te quieres forzar a seguir con algo que, en el fondo no te interesa. ¿Y ahora qué?

Si te aburres y no sabes qué hacer, PARATE. Túmbate en el sofá y dedícate unos minutos a respirar sin prisa, lentamente, como si eso fuera ahora lo más importante para ti. No hacer nada más que observar el vaivén de tu respiración en el cuerpo es un buen antídoto contra el estrés y la ansiedad.

El estar parado durante unos minutos te puede ayudar a sentir en qué te apetece ocupar el tiempo, aunque sea en ver la tele, o que realmente no quieres hacer nada más que parar, que eso también es necesario.

¿Y si te aburres en compañía? Pues dilo que compartir lo que se siente es una buena manera de estrechar lazos. Podéis hablar de si hacéis lo que os apetece a los dos o si uno de vosotros está en la actitud de agradar demasiado al otro.

Puede ser que ninguno sepa qué hacer para no aburrirse. Si es así, que no hay nada que os apetezca especialmente, estad en silencio paseando o parados contemplando la gente pasar, es un buen modo de ocupar el tiempo.

El silencio, en ocasiones, es necesario y saber estar juntos sin decir nada ni hacer nada en especial es una buena manera de saber estar el uno con el otro.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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