Diario Vasco
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“Me siento agobiado en el trabajo” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 17-06-2013 | 06:53| 8

 

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Si te acuerdas, hablé contigo la última vez de que quería cambiar de orientación laboral. Pues he dejado el trabajo de administrativo y me he puesto a estudiar un Ciclo de Integrador Social. Aunque haya asignaturas que no me digan nada, siento que estoy haciendo algo que me atrae más. Y ahora estoy más descansado porque no tomo el ansiolítico que tomaba para ir a trabajar.

-Terapeuta (T): Me parece acertado que hayas cambiado a un tipo de trabajo más acorde a tu inquietud social. Pero, de cara a cuando encuentres trabajo, me gustaría que trabajásemos tu actitud frente al estrés laboral, para que no tengas que volver a recurrir a tomar pastillas.

-P: Tienes razón porque la verdad es que no trabajo nada bien con tensión. No sé cómo enfrentarme a alguien que me ningunea en el trabajo o a compañeros que me hacen el vacío. Supongo que, aunque cambie de tipo de trabajo, necesito que me afecte menos todo eso.

-T: Necesitas aprender a enfrentarte a los conflictos que surgen inevitablemente en todos los grupos. ¿Cómo reaccionas ante una situación de tensión?

-P: Muchas veces me quedo sin respuesta. Y cuando pasa el tiempo y veo que el problema sigue estando ahí, como alguien del trabajo que no me habla, no puedo evitar estar pendiente de cómo está la otra persona conmigo.

-T: Ese es el quid de la cuestión. Entiendo que es difícil no estar pendiente cuando tienes el problema delante todos los días, pero intenta concentrarte en la actividad del trabajo para así evitar dispersarte.

-P: ¿Y qué hago cuando me encuentro a esa persona en el descanso tomando el café o tengo una reunión de trabajo con ella en la que es evidente que pasa de mí?

-T: En cuanto al café, lo tomas en otro momento o te pones a charlar con otra persona. Y en lo que respecta a la reunión, si no puedes cambiar esa situación -hablando con ella o con un superior de lo que ocurre- , necesitas actuar de la misma manera para sufrir menos y que así el otro se dé cuenta de su actitud.

-P: ¿Quieres decir que yo también me ponga a pasar de la otra persona? (Se queda un rato en silencio…). Me parece buena idea…No estoy acostumbrado a actuar así pero entiendo que, de esa manera, el otro se da cuenta de lo que hace porque lo vive en su propia carne ¿no? Gracias, Belén por esta idea porque me sirve de mucho. En cuanto tenga ocasión la pondré en práctica y ya te contaré cómo me va.

-T: Me alegro que te haya servido. Animo y hasta pronto.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

 

Podéis encontrar la 1ª parte en el siguiente enlace:

http://blogs.diariovasco.com/lapsicologaencasa/2012/10/01/me-siento-agobiado-en-el-trabajo/

 

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Cuentos de Primavera: Deja de hacer ruido
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Belén Casado Mendiluce | 14-06-2013 | 05:50| 4

 

 

En el Monasterio se había organizado un ciclo de conferencias al que los

discípulos acudían para debatir sobre la existencia de la vida después de

la muerte. Pero el Maestro, conocido por los silencios en los que podía

permanecer durante días, se había mantenido al margen.

 

Un monje del Monasterio, molesto por la actitud indiferente del Maestro hacia

las conferencias que se impartían, se acercó a él y le increpó:

 

-“No estás dando buen ejemplo con tu silencio y tu aislamiento. No estás

preparado para vivir en comunidad sino en un convento de clausura.”

 

El Maestro permaneció en silencio sin responder. Al cabo de los días, se

presentó en los debates de manera sorpresiva. Se sentó tranquilamente

mirando a los asistentes, y después de un largo silencio les lanzó una

pregunta:

 

-“Decidme cuál es la respuesta a la siguiente cuestión. ¿Cómo se oye el

Silencio?”

 

-“Callando, Maestro. -le respondió un discípulo.

 

-“Vosotros debatís con palabras queriendo encontrar respuestas a vuestras

dudas e inquietudes. Queréis entender en medio del ruido. Pero las

verdaderas respuestas están más allá de las palabras y los debates, sólo que

vuestra mente que no para de hablar es incapaz de encontrarlas. Dejad de

pensar y de debatir, dejad de hacer ruido, y se os aparecerá la respuesta”.

 

Y dicho esto, se levantó, saludó inclinando la cabeza ante los asistentes y se

marchó.

 

La mente tiene la facultad de pensar pero, mucho mayor, es su capacidad de no-pensar. Deja de dar vueltas a todo queriendo encontrar soluciones. Acalla tu mente y en el Silencio encontrarás la respuesta.

 

Autora: Belén Casado Mendiluce

 

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Cómo ser cariñoso con tus defectos
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Belén Casado Mendiluce | 12-06-2013 | 06:23| 12

 

Te han enseñado desde pequeño a corregir, una y otra vez, tus fallos, intentando que no se vuelvan a repetir. Pero, cuanto más empeño pones en no volver a caer en ese arranque de mal humor que tienes, más observas asombrado que vuelves a caer en él.

Seguro que sabes, de cabeza, que los cambios no se dan de la noche a la mañana. Pero te hace falta SER COMPRENSIVO, en la práctica, contigo mismo. Que cuando te pilles volviendo a meter la pata, te digas internamente: “He metido la pata, pero estoy intentando mejorar”. Lo que importa es tu actitud de querer cambiar, no el que consigas inmediatos resultados.

Esa pretensión de querer cambiar te tensa impidiendo el cambio. Tienes una pre-tensión (ya estás tenso para conseguir algo) que es, precisamente, la que te dificulta el cambio. Necesitas ESTAR TRANQUILO lo más posible, ayudándote de una relajación diaria, para no estar alerta contigo mismo, pendiente de no volver a equivocarte. Cuanto más luches contigo mismo para no volver a cometer el mismo error, antes caerás en él.

Tus defectos no son tus enemigos. Claro que te desagradan y te hacen sentirte mal, lógicamente, pero necesitas ACOGER LO QUE NO TE GUSTA DE TI. No te pido que aceptes tus defectos con resignación porque no te queda más remedio sino que los lleves contigo de la mano, con cariño. Que dejes de mirar para otro lado queriendo apartar de tu vida lo que te molesta. Que le mires de frente a tu defecto, reconociendo su existencia y que, aunque te incomode, tengas una mirada cariñosa hacia él.

Necesitas SER CONSCIENTE, por supuesto, de lo que te ocurre. Darte cuenta de que te sientes mal contigo mismo actuando como lo haces y de que haces sentirse mal a los demás contigo. Tu consciencia es la que te salva, aunque vuelvas a cometer el mismo error. Tu actitud de querer ver y darte cuenta es la que irá propiciando, poco a poco, el cambio.

Por supuesto, necesitas ser consciente SIN CULPABILIZARTE, sin machacarte una y otra vez con lo que hiciste mal, porque con esa actitud te estás haciendo daño a ti mismo. No vales menos por haberte equivocado otra vez. Sí, es doloroso y maldita la gracia que te hace, pero tratarte con desprecio sólo te va a dificultar más el que cambies.

Con estas actitudes tus defectos te molestarán menos y se harán menos presentes en tu vida. ¿Acaso no es eso lo que quieres?

 

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“Me gustaría perder menos los nervios” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 10-06-2013 | 09:19| 4

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Después de la última vez que hablé contigo del tema de mis “prontos”, me di cuenta de que tienen mucho que ver con que estoy acostumbrada a aguantar. Y llevo muchos años aguantando a mi pareja…pero lo hago porque le quiero…qué te voy a decir. Mis amigas y mi familia me dicen que no tengo que acostumbrarme a vivir en la continua tensión en la que estoy pero me da mucho miedo pensar en dejarle, la verdad.

-Terapeuta (T): Cuando dices que quieres a tu pareja, dime:¿qué es lo que te atrae de él?

-P: La compañía que nos hacemos, pues nos gusta hacer cosas juntos como viajar. También lo mucho que conversamos aunque, en muchos temas no pensamos igual. (Se queda un rato en silencio…). En realidad, mi marido es de los que “te llevan al huerto” con las palabras, te dice cosas que quedan bien para luego hacer lo que él quiere sin contar conmigo.

-T: Tenéis aficiones comunes pero esas conversaciones que tenéis no os sirven para comprenderos más y llevaros mejor sino que te distancian de él porque lo que dice no se corresponde con lo que hace ¿No es así?

-P: Exactamente. Mi marido es una persona con facilidad de palabra que siempre quiere tener en las conversaciones la última palabra . No para de hablar y le da la vuelta a todo lo que digo para llevarlo a su terreno. Acabo agotada de intentar que me entienda, pero no hay manera. Y el problema, como dices, es que actúa de una manera que me hace daño. Aunque también me dice cosas encantadoras como que soy la mujer de su vida.

-T: Te voy a decir algo que puede que te duela. (Silencio…) Este tipo de personas son las que se llaman encantadores de serpientes. Te dan la ración justa para que te quedes contenta y luego pasan a actuar sin tenerte en cuenta. La relación con personas así es tremendamente desgastante y frustrante.

-P: Uff…¡Qué fuerte lo que me has dicho! (Se queda bastante rato en silencio…) Tienes razón, Belén. Me doy cuenta de que si sufro tanto con él es por esa forma suya de ser. Y entonces me pregunto: “¿cómo puedo seguir queriendo a alguien que me hace tanto daño”?

-T: Buena pregunta. Pero ahora necesitas dejar reposar todo lo que ha salido en esta sesión para que la asimiles. La próxima consulta trabajaremos los miedos que tienes a dejar la relación, que son los que te mantienen en ella.

-P: Me ha parecido dura la sesión de hoy pero me ha ayudado a ver las cosas más claras. Gracias, Belén y hasta la próxima.

-T: Me alegro haberte sido de ayuda. Vas por buen camino. Hasta pronto.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

 

Podéis encontrar la primera parte en el siguiente enlace:

http://blogs.diariovasco.com/lapsicologaencasa/2013/01/28/me-gustaria-perder-menos-los-nervios/

 

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Cuentos de Primavera: Los hierbajos del jardín
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Belén Casado Mendiluce | 07-06-2013 | 06:58| 14

 

 

 

El Maestro se encontraba trabajando en el jardín del Monasterio cuando se le

acerca un discípulo y le pregunta:

 

-“Maestro, me encuentro confundido. Por más que me esfuerzo en tener menos

arranques de mal genio, más me salen, y no los consigo eliminar”.

 

El Maestro señalando el jardín en el que estaba, le pregunta a su discípulo:

 

-“ Dime, ¿qué te parece el jardín de nuestro Monasterio?”

 

Extrañado, el discípulo se queda observándolo y le contesta:

 

-“Pues no me parece especialmente cuidado. Hay hierbajos que crecen por

todas partes y no lucen las hermosas flores que crecen al lado”.

 

-“Hubo un tiempo en que arrancaba los hierbajos de cuajo, y volvían a crecer

con más fuerza, pero ahora los cuido, los riego y presto atención y forman parte

natural del jardín. De la misma manera, aprende a acoger con cariño tus

arranques de mal humor sin pretender que desaparezcan de tu carácter, no

sólo te molestarán menos sino que cumplirán su función” –le respondió el

Maestro.

 

Autora: Belén Casado Mendiluce

 

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Compartir el sexo es compartir la vida
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Belén Casado Mendiluce | 06-06-2013 | 08:21| 8

 

Puede que seas de esas personas que piensa que tener relaciones sexuales es satisfacer una necesidad fisiológica, como comer y dormir, pero si bien estas son actividades imprescindibles para sobrevivir, no puedes decir lo mismo del sexo: seguro que has tenido etapas en las que no has hecho el amor y no te ha ido la vida en ello ¿verdad?

Otra cosa es que tu vida se resienta, y que no te sientas igual con o sin sexo, lógicamente. Pero también tu vida sexual es un reflejo de cómo estés en el día a día: si estás preocupada o estresada, no tendrás ganas de tener relaciones sexuales o bien, utilizarás estas como una válvula de escape, una manera de liberar la tensión acumulada en tu vida diaria.

Por supuesto, que el sexo es cosa tuya y de tu pareja y sois vosotros quienes decidís lo que mejor os va: cuántas veces hacéis el amor y de qué manera es vuestra decisión personal e intransferible, y hay que andarse desde fuera con mucho cuidado para no juzgar lo que a cada pareja le satisface.

Aunque existen cambios hormonales que se producen en tu cuerpo a lo largo de tu vida y que condicionan, inevitablemente, tu deseo sexual, también tu mente tiene mucho que decir, y a ella voy.

Deja de estar pendiente de alcanzar el orgasmo en la relación: no siempre se está con la misma habilidad para provocarlo en la otra persona (o en la propia), ni uno mismo se siente igual de relajado para dejarse llevar. Existe la opción de, simplemente, disfrutar con las sensaciones agradables del cuerpo, más allá de llegar al clímax.

Pregúntate: “¿qué me ayuda a sentir deseo por el otro?” y díselo a tu pareja. Puede ser un buen masaje, incluso en los pies y en la cabeza. O una sesión de baile tranquilo los dos a solas en el salón de casa. O que tomes tú la iniciativa (o la tome el otro) para tener el sexo con tu pareja como te apetezca. También, incluso, podéis acariciaros y abrazaros sin llegar a la penetración, ¿por qué no?

En realidad, no tienes que hacer nada, no hay ningún patrón que seguir de cómo se hace el amor. Incluso hay mujeres que, antes de ir a la cama, les pone tener una conversación profunda con su compañero, sobre el sentido de su vida, lo que esperan de ella, o sobre el trabajo artístico que ella está desarrollando. Y lo entiendo, porque compartir lo que uno siente como importante, excita.

Compartir el sexo es compartir la vida, cómo me siento y qué es lo que necesito…y que a ti te importe, claro.

 

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“Me bloqueo cuando estoy en grupo” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 03-06-2013 | 06:47| 12

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Desde la última sesión contigo me he dado cuenta de muchas cosas, y una de ellas es que en mi familia no estaba acostumbrada a participar en las conversaciones, me quedaba callada muchas veces. He comenzado a hablar en reuniones familiares, como me dijiste, y en el momento me he sentido rara de oírme decir lo que pienso pero luego me sentía mucho mejor conmigo misma.

-Terapeuta (T): ¿Qué te hacía sentirte bien?

-P: El expresarme, el dar mis opiniones, aunque fuera sobre temas sin importancia como la comida o el tiempo. Yo pensaba que me daba igual una cosa que otra, que por eso no decía nada pero, en realidad, sí prefería algo, sólo que no lo decía y me conformaba. Por ejemplo, el otro día hablaban mis hermanos de qué poner para organizar una cena, si carne o pescado, y yo dije: ”pues yo prefiero el pescado para cenar, me sienta mejor”. Me miraron con cara extrañada, como si hubiera dicho no sé qué…

-T: Me acuerdo que viniste a mi consulta porque tenías dificultades para manejarte en grupo. ¿Has notado diferencia ahora que te expresas más en tu familia?

-P: Eso te quería comentar. Yo creía que no tenía relación una cosa con otra, pero sí. Desde que hablo más en casa, me siento más suelta en los grupos, no estoy tan pendiente de cómo me verán los demás, ni de qué decir. También es verdad que me quedo menos callada y digo más lo que pienso. Aunque todavía no he conseguido vencer el miedo a que alguien se pueda molestar conmigo.

-T: En tu familia ¿cómo te sientes si alguien te da una opinión contraria a la tuya?

- P: Pues, según el tema que sea, me siento un poco bloqueada, sin capacidad de reacción, porque no quiero tener ninguna discusión con mi familia.

-T: Tienes que probar a seguir manteniendo lo que piensas -si crees en ello, claro- aunque suscite una polémica. Toma conciencia de que, si lo haces desde el respeto, no te van a querer menos porque seas diferente.

-P: (Se queda en silencio…) Me ha gustado lo que me acabas de decir, porque para mí es muy importante sentirme aceptado por mi familia y, desde luego, si me muestro diferente ante ellos, ese sentimiento se va a poner a prueba.

-T: Sigue practicando el dar tus opiniones en tu familia pero ahora vete haciéndolo con temas más conflictivos, en los que haya desacuerdo, para ir cogiendo más seguridad en ese campo. De esa manera, tendrás menos miedo a que alguien se moleste contigo en los grupos.

-P: De acuerdo. Ya te iré contando cómo me va. Gracias por tu ayuda, Belén, me está sirviendo de mucho.

-T: Me alegro que así sea. Animo y hasta la próxima sesión.

 

*Este consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto

Podéis encontrar la 1ª parte en el siguiente enlace:

http://blogs.diariovasco.com/lapsicologaencasa/2012/10/15/me-bloqueo-cuando-estoy-en-grupo/

 

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Cuentos de Primavera: Vive el presente
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Belén Casado Mendiluce | 31-05-2013 | 06:52| 12

 

 

La mujer analizaba todas las situaciones, los pros y los contras, queriendo que

no se le escapara nada importante. En el trabajo, era muy considerada por su

eficacia pero, en su casa, resultaba agobiante su excesivo control.

 

Un día, su hijo le dijo que se marchaba de casa porque no aguantaba más su

obsesión de preocuparse por todo y el poco afecto, en realidad, que le daba.

Su madre, sorprendida, le dijo:

 

-“¿Qué te doy poco afecto, dices? ¡Si no paro de preocuparme por ti!”

 

Pero, una vez que se quedó sola, decidió tomarse unas vacaciones en un país

tropical para olvidarse de todo ya que no entendía nada de lo que le había

pasado.

 

Estaba tumbada en la playa tomando el sol cuando empezó a pensar en las

consecuencias de vivir sola: “y si le pasaba algo, ¿quién le atendería?, si se

ponía enferma ¿quién le cuidaría?…”

 

Estaba tan absorta en sus preocupaciones, que no se dio cuenta de que se

estaba quemando la piel. Corriendo se fue al médico del pueblo, que tenía

fama de sabio, el cual le preguntó:

 

-“¿Cómo se le ocurre pasarse tanto tiempo al sol?

 

-“Estaba pensando en mis cosas y no me dí cuenta de que pasaban las horas”-

respondió la mujer.

 

-“Más le valdría haber pensado menos porque ahora ya no podrá pisar la playa

lo que le quedan de vacaciones”. –le dijo el médico.

 

-“Pero, ¡si acabo de llegar y no he disfrutado de nada!”- le inquirió la mujer

 

-“Así es como se pierde usted la vida, señora, pensando sin darse cuenta de

dónde está. Sus preocupaciones no le han dejado vivir el presente porque está

usted viviendo desde la cabeza sin tener en cuenta su cuerpo…hasta que se

ha quemado. Váyase a su habitación y medite lo que le he dicho” –le dijo el

médico.

 

La mujer tuvo que quedarse el resto de sus vacaciones en su habitación. Le

resonaban las palabras del médico en su corazón…hasta que entendió. Llamó

a su hijo para pedirle perdón y se reconcilió con él. En verdad, quedarse sin

vacaciones era lo mejor que le había podido pasar.

 

Autora: Belén Casado Mendiluce

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Hoy va de mí…y de ti
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Belén Casado Mendiluce | 29-05-2013 | 06:02| 18

 

Estoy aquí delante de mi ordenador con ganas de compartir con tod@s vosotros lo que me pasa por mi cabeza y mis tripas, como digo yo. Los temas para escribir se me van ocurriendo conforme pasan los días y va cambiando cómo me siento. Como soy observadora, me fijo tanto en lo que veo a mi alrededor como en lo que me pasa a mí, aunque eso no significa que me dé cuenta de todo. Si así fuera, sería perfecta, totalmente consciente de mí y de los que me rodean, y nada más lejos de la realidad. Prefiero pensar que me doy cuenta de lo que puedo.

¿A qué viene todo esto? Escribo para que me leáis, evidentemente, porque sigo con interés el contador de visitas del blog y aunque no me considero una escritora -supongo que no estoy especialmente dotada para ello- , intuyo que todo escritor escribe para ser leído, no para hacer un ejercicio de vanidad.

Sé que mis post no son para pasar el rato, que yo misma prefiero dejar un día sin escribir para que tengáis tiempo para reposar, como los alimentos, lo que leísteis el día anterior. Sé que cuesta hacer comentarios porque hay que pararse y escribir de lo que uno siente y se da cuenta, y eso no es siempre fácil.

Me agradan enormemente los correos electrónicos que me enviáis agradeciéndome el trabajo que hago como psicóloga a través del blog; saber que os ayudan mis escritos en vuestra vida diaria me refuerza y me da ánimos para intentar hacerlo cada vez mejor.

Me hacéis numerosas consultas a través del correo electrónico con la petición expresa de que no se publiquen en el blog. Así lo respeto y paso a responderos a vuestras consultas directamente en el correo. De ahí, que el Consultorio de los Lunes sea una invención mía que no desvela las confidencias de ningún paciente pero que, sin embargo, se nutre de mis largos años de experiencia profesional.

Hoy os abro la puerta a vuestras sugerencias: si tenéis interés en algún tema que todavía no haya tratado o que deseáis que toque más en profundidad, no tenéis más que decírmelo. Vuestras opiniones también me ayudan a seguir mejorando día a día, no tengáis miedo en hacérmelas saber. Todos aprendemos de todos.

Gracias por seguir ahí, por vuestra presencia aunque no os conozca. Un abrazo a todos vosotros.

 

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“Los sentimientos me juegan malas pasadas” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 27-05-2013 | 06:07| 12

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. La última vez que estuve aquí salí contenta porque se me quitó un peso de encima. Tengo amigas con las que me llevo bien pero me sentía obligada con ellas a contarles mis intimidades. No me cuestionaba si de verdad quería decírselas o no, pero después de hablarlas me acaba sintiendo mal porque era como si me hubiese desnudado sin yo quererlo. Ahora, cuando voy a quedar con una amiga, me pregunto antes: ¿quiero contarle lo que me ha pasado con mi hijo, por ejemplo? Y si es que no, me pongo el “chip” de que ese tema no lo voy a tocar porque yo no quiero. Para mí lo importante ha sido el darme cuenta de que no tengo que demostrar a nadie lo buena amiga que soy a base de contar todas mis cosas. (Silencio…) Seguro que te parece ridículo lo que te estoy contando.

-Terapeuta (T): En absoluto. Has tomado más conciencia de que no tienes que demostrar a nadie que eres de fiar. (Silencio…) Me acaba de venir una asociación con la palabra fiar, a ver qué te parece. Inconscientemente, querías que la gente se fiara de ti a base de fiar tus propias confidencias. Es como si dijeras: “mirad, no escondo nada ni me guardo nada para mí, soy un libro abierto”.

-P: ¡Eso es, has dado en el clavo! Y yo que, muchas veces, me preguntaba: “¿por qué me sale tan automático el contarlo todo, que parece que no lo puedo controlar?”, ahora comprendo más por qué lo hacía (Silencio…) Pensando en lo que has dicho, se me ha ocurrido que esa forma de funcionar es una manera desesperada de querer hacer amistades, de que te quieran y cuenten contigo ¿no?

-T: Ciertamente. Te podía más la necesidad de querer caer bien y que te quisieran. ¿Te das cuenta de eso?

-P: Sí, ahora sí. Y eso a pesar de que luego me sentía mal conmigo misma por haber contado lo que no quería…pero es verdad que me podían más mis ganas de ser aceptada por los demás. (Silencio…) Ahora que empiezo a callarme más lo que no me apetece contar, me siento rara conmigo misma en el momento, pero cuando me vuelvo a mi casa después de haber quedado con una amiga, curiosamente me siento muy orgullosa de no haber hablado más de la cuenta. Es como si, por fin, me tuviera en cuenta a mí misma.

-T: Es que es así. Estás comenzando a hacer caso a lo que sientes y eso siempre deja una sensación muy positiva en el cuerpo. Sigue poniendo en práctica esa actitud y ya me irás contando cómo te encuentras. ¿Cómo te quedas ahora, para terminar?

-P: Muy bien. He entendido muchas cosas que me pasaban. Gracias, Belén por tu ayuda, me está sirviendo mucho.

-P: Me alegro que sea así. Nos vemos la próxima semana. Hasta pronto.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

Podéis encontrar la 1ª parte en el siguiente enlace:

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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