Diario Vasco
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No te resistas a sentir lo que surja
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Belén Casado Mendiluce | 26-06-2013 | 06:04| 10

 

Cuando te sientes como te sientes: desanimado, sin ilusión o triste, lo mejor que puedes hacer es no resistirte a ello. Sin analizarlo en tu mente ni preguntándote el por qué estás así, no pretendas estar mejor de lo que estás ni te enfades contigo mismo por sentirte así.

¿Que no te salen ganas de hablar cuando habías quedado con ese buen amigo? ¿Que te sorprendes siendo más celoso de tu pareja de lo que pensabas de ti? Obsérvate sin culpabilizarte por ello y estate atento a lo que sientes sin pretender dar una imagen de madurez que ahora no tienes.

Resistirse es pretender estar siempre bien, siempre con buen ánimo, con las palabras adecuadas o la madurez que tú esperas de ti. Pero como sin saber por qué, a veces, te pillas comportándote de una manera que no te agrada de ti, es mejor que te dejes tranquilo y reconozcas con humildad que no puedes, en este momento, hacer más de lo que haces.

Eso sí, date cuenta de cómo te sientes, sin mirar para otro lado como si la historia no fuera contigo. No te fuerces a estar simpático cuando no te sale pero tampoco digas que no te pasa nada cuando te lo pregunta alguien cercano. Mejor ser honesto y, dependiendo de la confianza que tienes con el otro, di lo que te pasa o, simplemente, quédate en silencio. Pero no te autoengañes diciéndote que no tienes ningún problema.

Si te resistes, entras en lucha contigo mismo, te pones en tensión aunque sea inconscientemente y además no consigues, de ninguna manera, cambiar de actitud. La resistencia te reafirma más en el malestar que sientes. Necesitas tiempo y paciencia contigo mismo para que las aguas vuelvan a su cauce, necesitas aprender a convivir con lo que no te gusta de ti.

Sé que no es agradable sentirse mal cuando preferirías tener otro ánimo, pero estar bien con uno mismo no significa que siempre tengas que sentirte bien. Puedes estar bien contigo aunque ahora tu estado de ánimo no sea el que te gustaría, pero te das permiso para estar así, y eso te da paz.

El estar bien es mucho más que la ausencia de problemas aunque, lógicamente, ayuda. El estar bien es tu actitud para afrontar lo que te surge y, por eso, no depende del exterior sino de ti mismo. Si contigo mismo eres capaz de acoger con cariño lo que sientas, aunque no te agrade, podrás estar bien.

 

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“Me siento incómoda cuando estoy con mi madre” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 24-06-2013 | 06:53| 10

 

-Paciente (P): Hola Belén. Desde la última vez que nos vimos he tenido otra actitud con mi madre. Voy a visitarla cuando me siento tranquila con ella y no saco temas que sé que ella no me puede entender. La verdad es que así me siento mucho mejor. Ya no pretendo que sea el apoyo que me gustaría tener.

-Terapeuta (T): Me alegro de que te sientas mejor. ¿Cómo es la relación que tienes ahora con ella?

-P: Más tranquila aunque no saquemos temas personales de conversación. Ya te dije que yo le quiero mucho y me apoyo en ese sentimiento para estar con ella. He llegado a la conclusión de que no tengo nada que reprocharle pero también que ella a mí tampoco, con lo cual estamos en paz.

-T: ¿Cómo es tu tono de voz mientras lo dices?

-P: (Se queda un rato en silencio…) Un poco amargo, la verdad. No es un tema agradable de llevar porque me hubiera gustado tener más confianza con ella, pero, ya que me doy cuenta de que no puede ser, por lo menos siento que ella hizo lo que pudo y… yo también. Eso me deja más en paz, Belén.

-T: Es muy importante lo que estás diciendo. Ya estás en el camino de aceptarle a ella como es, y eso siempre os va a ayudar a tener una relación más relajada.

-P: Es verdad. Además, como mi madre se va haciendo mayor, entramos menos en conflicto en las conversaciones, porque ahora lo que quiere es alguien que le haga compañía y le dé cariño, y eso no me cuesta.

-T: ¿Qué has querido decir antes con lo de: “siento que ella hizo lo que pudo y yo también?

-P: Pues mira, cuando a mi madre le da, a veces, por quitar importancia a lo que yo viví, le digo: “mamá, tú hiciste lo que podías y yo no te voy a reprochar nada por ello, pero no me digas a mí que no me tenía que haber sentido como me sentí”.

-T: Me alegro que te sientas así. Te estás liberando del resentimiento hacia tu madre, pero sin olvidar tus propios sentimientos y vivencias. Eso es fundamental para que mantengas una buena autoestima: tener en cuenta lo que sentiste y viviste.

-P: Eso me lo has enseñado tú, Belén, y ha sido muy importante para mí. Ahora ya no dudo tanto de lo que viví y eso me hace sentirme más segura de mí misma. Y el poder estar en paz con mi madre me ha servido mucho y te estoy muy agradecida por ello, Belén.

-T: Has construido una buena relación con tu madre sin dejar de tenerte a ti en cuenta. Vas por buen camino. Nos vemos la próxima sesión.

 

*Este consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

Podéis encontrar la primera parte en el siguiente enlace:

http://www.lapsicologaencasa.com/2012/09/me-siento-incomoda-cuando-estoy-con-mi.html

 

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Cuentos de Verano: Calla tú para que hable yo
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Belén Casado Mendiluce | 21-06-2013 | 11:42| 12

 

 

En aquella familia hacía tiempo que cada uno hacía su vida sin contar con los otros. Los hermanos, ya independientes, muy de vez en cuando se llamaban entre sí para saludarse y saber del otro.

Los padres, que seguían viviendo, organizaban comidas en su casa en torno a las cuales se juntaba toda la familia. Pero, conforme pasaban los años, cada vez los hermanos ponían más excusas para acudir a las reuniones familiares, hasta que se dejaron de celebrar.

Los padres deseaban que hubiera más trato entre sus hijos pero se daban cuenta de que ya no podían hacer nada al respecto, así que se contentaban también con llamarles por teléfono para hablar con ellos.

Un día, se acercó hasta su casa el hijo mayor para pedirles que le dejaran vivir una temporada con ellos ya que tenía intención de separarse de su mujer. Los padres, sin dudarlo, le dijeron que sí y volvieron a acomodar la antigua habitación de su hijo mayor.

Pero la convivencia empezó a hacerse insoportable muy pronto. No colaboraba en las tareas de la casa, entraba y salía de ella como si fuera una pensión y no compartía con los padres más que los momentos de las comidas en los que, además, ponía la televisión.

Entonces, los padres decidieron hablar con su hijo sobre lo que pasaba en casa.

-“Hijo, estamos cansados de que tu presencia en esta casa sea todo menos participativa. Te limitas a que te den todo hecho y a poner la televisión mientras comes. ¿Por qué no haces un esfuerzo por compartir más con nosotros?

-“A mí tampoco me gusta que discutáis entre vosotros todos los días y acabéis enfadados, así que prefiero no oír vuestras discusiones poniendo la televisión.” –le contestó el hijo.

-“Pero entre tu madre y yo llevamos toda la vida así, así que ni le damos importancia ni vamos a cambiar después de tantos años juntos” –le respondió el padre.

-“Tienes razón, Aitá, no puedo pretender haceros cambiar. Lleváis tantos años con ese mal rollo entre vosotros, que todos nosotros hemos acabado por marcharnos de casa. Os sorprendéis de lo poco unida que es nuestra familia. ¿Acaso lo sois vosotros? No os quiero culpabilizar de nada, pero no nos pidáis que nos tratemos con afecto cuando vosotros no os aguantáis” –le respondió el hijo.

Aquel día, los padres entendieron por qué ya no tenían reuniones familiares. Así que decidieron que, por lo menos, cuando vinieran los hijos a casa de visita dejarían de discutir delante de ellos.

De manera que cuando aparecían los hijos, los padres apenas hablaban entre sí porque se tenían que morder la lengua para no meterse el uno con el otro. Pero el silencio de ellos… sirvió para que los hijos empezaran a hablar en las reuniones y a interesarse entre los hermanos. Nunca el silencio de unos… sirvió tanto para la comunicación de otros.

 

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Pienso, luego no existo
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Belén Casado Mendiluce | 19-06-2013 | 06:55| 12

 

 

Pues sí, estoy en contra de la famosa frase del Filósofo Descartes que decía: “Pienso, luego existo”. Yo creo que el que mucho piensa y analiza las cosas acaba por perderse, no por encontrarse.

Y no digo que no hay que pensar cuando existe la necesidad de planificar o buscar soluciones a algún problema concreto, como en qué distribuir durante el mes el dinero que gano, o qué documentación necesito para solicitar una beca, pero pretender racionalizar todo lo que me ocurre es una manera bastante irracional de vivir.

Hay personas que establecen una lista de cosas positivas y negativas que tiene la pareja con la que salen, con el ánimo de hacer un balance que les permita decidirse sobre la conveniencia o no de seguir con esa persona. Nada más lejos de la realidad. El cuerpo tiene sus razones que la razón suele pasar por alto.

Los sentimientos que se vienen repitiendo (“siento que no me escucha cuando le cuento un problema”), las sensaciones del cuerpo que no desaparecen (“me incomoda estar a solas con esa persona”), las intuiciones que no son pensadas sino que surgen como una claridad interior (“me parece que esta persona es un manipulador”), son mil veces más certeras y seguras que la miríada de pensamientos que nos cruzan por la cabeza.

Siempre digo que, en esta sociedad, el gran reto que tenemos es el de cultivar esa facultad fantástica de la mente de NO-PENSAR. Ese espacio silencioso donde podemos estar en el aquí y ahora, en el presente, sin tener esa constante rumia mental que nos deja tensos y agotados. Porque si la mente tiene la capacidad de pensar, mucho mayor es su capacidad de no-pensar.

Y resulta que cuando hacemos lo de cada día lo más atentos que podemos a lo que estamos sin estar con la mente en otra parte y sin dar constantes vueltas a lo que tengo delante, más se desarrolla mi intuición y antes veo lo que necesito con más claridad. Porque el silencio mental aporta lucidez y nos ayuda a resolver los conflictos de la manera más adecuada.

Se trata de entrar en otro nivel de conciencia. Porque podemos entender y darnos cuenta de la realidad más allá de reflexionar sobre ella. Porque el Silencio es una enorme fuerza que está en nuestro interior y de la que conocemos sólo una parte mínima. Porque Silencio eres tú.

 

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“Me siento agobiado en el trabajo” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 17-06-2013 | 06:53| 8

 

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Si te acuerdas, hablé contigo la última vez de que quería cambiar de orientación laboral. Pues he dejado el trabajo de administrativo y me he puesto a estudiar un Ciclo de Integrador Social. Aunque haya asignaturas que no me digan nada, siento que estoy haciendo algo que me atrae más. Y ahora estoy más descansado porque no tomo el ansiolítico que tomaba para ir a trabajar.

-Terapeuta (T): Me parece acertado que hayas cambiado a un tipo de trabajo más acorde a tu inquietud social. Pero, de cara a cuando encuentres trabajo, me gustaría que trabajásemos tu actitud frente al estrés laboral, para que no tengas que volver a recurrir a tomar pastillas.

-P: Tienes razón porque la verdad es que no trabajo nada bien con tensión. No sé cómo enfrentarme a alguien que me ningunea en el trabajo o a compañeros que me hacen el vacío. Supongo que, aunque cambie de tipo de trabajo, necesito que me afecte menos todo eso.

-T: Necesitas aprender a enfrentarte a los conflictos que surgen inevitablemente en todos los grupos. ¿Cómo reaccionas ante una situación de tensión?

-P: Muchas veces me quedo sin respuesta. Y cuando pasa el tiempo y veo que el problema sigue estando ahí, como alguien del trabajo que no me habla, no puedo evitar estar pendiente de cómo está la otra persona conmigo.

-T: Ese es el quid de la cuestión. Entiendo que es difícil no estar pendiente cuando tienes el problema delante todos los días, pero intenta concentrarte en la actividad del trabajo para así evitar dispersarte.

-P: ¿Y qué hago cuando me encuentro a esa persona en el descanso tomando el café o tengo una reunión de trabajo con ella en la que es evidente que pasa de mí?

-T: En cuanto al café, lo tomas en otro momento o te pones a charlar con otra persona. Y en lo que respecta a la reunión, si no puedes cambiar esa situación -hablando con ella o con un superior de lo que ocurre- , necesitas actuar de la misma manera para sufrir menos y que así el otro se dé cuenta de su actitud.

-P: ¿Quieres decir que yo también me ponga a pasar de la otra persona? (Se queda un rato en silencio…). Me parece buena idea…No estoy acostumbrado a actuar así pero entiendo que, de esa manera, el otro se da cuenta de lo que hace porque lo vive en su propia carne ¿no? Gracias, Belén por esta idea porque me sirve de mucho. En cuanto tenga ocasión la pondré en práctica y ya te contaré cómo me va.

-T: Me alegro que te haya servido. Animo y hasta pronto.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

 

Podéis encontrar la 1ª parte en el siguiente enlace:

http://blogs.diariovasco.com/lapsicologaencasa/2012/10/01/me-siento-agobiado-en-el-trabajo/

 

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Cuentos de Primavera: Deja de hacer ruido
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Belén Casado Mendiluce | 14-06-2013 | 05:50| 4

 

 

En el Monasterio se había organizado un ciclo de conferencias al que los

discípulos acudían para debatir sobre la existencia de la vida después de

la muerte. Pero el Maestro, conocido por los silencios en los que podía

permanecer durante días, se había mantenido al margen.

 

Un monje del Monasterio, molesto por la actitud indiferente del Maestro hacia

las conferencias que se impartían, se acercó a él y le increpó:

 

-“No estás dando buen ejemplo con tu silencio y tu aislamiento. No estás

preparado para vivir en comunidad sino en un convento de clausura.”

 

El Maestro permaneció en silencio sin responder. Al cabo de los días, se

presentó en los debates de manera sorpresiva. Se sentó tranquilamente

mirando a los asistentes, y después de un largo silencio les lanzó una

pregunta:

 

-“Decidme cuál es la respuesta a la siguiente cuestión. ¿Cómo se oye el

Silencio?”

 

-“Callando, Maestro. -le respondió un discípulo.

 

-“Vosotros debatís con palabras queriendo encontrar respuestas a vuestras

dudas e inquietudes. Queréis entender en medio del ruido. Pero las

verdaderas respuestas están más allá de las palabras y los debates, sólo que

vuestra mente que no para de hablar es incapaz de encontrarlas. Dejad de

pensar y de debatir, dejad de hacer ruido, y se os aparecerá la respuesta”.

 

Y dicho esto, se levantó, saludó inclinando la cabeza ante los asistentes y se

marchó.

 

La mente tiene la facultad de pensar pero, mucho mayor, es su capacidad de no-pensar. Deja de dar vueltas a todo queriendo encontrar soluciones. Acalla tu mente y en el Silencio encontrarás la respuesta.

 

Autora: Belén Casado Mendiluce

 

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Cómo ser cariñoso con tus defectos
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Belén Casado Mendiluce | 12-06-2013 | 06:23| 12

 

Te han enseñado desde pequeño a corregir, una y otra vez, tus fallos, intentando que no se vuelvan a repetir. Pero, cuanto más empeño pones en no volver a caer en ese arranque de mal humor que tienes, más observas asombrado que vuelves a caer en él.

Seguro que sabes, de cabeza, que los cambios no se dan de la noche a la mañana. Pero te hace falta SER COMPRENSIVO, en la práctica, contigo mismo. Que cuando te pilles volviendo a meter la pata, te digas internamente: “He metido la pata, pero estoy intentando mejorar”. Lo que importa es tu actitud de querer cambiar, no el que consigas inmediatos resultados.

Esa pretensión de querer cambiar te tensa impidiendo el cambio. Tienes una pre-tensión (ya estás tenso para conseguir algo) que es, precisamente, la que te dificulta el cambio. Necesitas ESTAR TRANQUILO lo más posible, ayudándote de una relajación diaria, para no estar alerta contigo mismo, pendiente de no volver a equivocarte. Cuanto más luches contigo mismo para no volver a cometer el mismo error, antes caerás en él.

Tus defectos no son tus enemigos. Claro que te desagradan y te hacen sentirte mal, lógicamente, pero necesitas ACOGER LO QUE NO TE GUSTA DE TI. No te pido que aceptes tus defectos con resignación porque no te queda más remedio sino que los lleves contigo de la mano, con cariño. Que dejes de mirar para otro lado queriendo apartar de tu vida lo que te molesta. Que le mires de frente a tu defecto, reconociendo su existencia y que, aunque te incomode, tengas una mirada cariñosa hacia él.

Necesitas SER CONSCIENTE, por supuesto, de lo que te ocurre. Darte cuenta de que te sientes mal contigo mismo actuando como lo haces y de que haces sentirse mal a los demás contigo. Tu consciencia es la que te salva, aunque vuelvas a cometer el mismo error. Tu actitud de querer ver y darte cuenta es la que irá propiciando, poco a poco, el cambio.

Por supuesto, necesitas ser consciente SIN CULPABILIZARTE, sin machacarte una y otra vez con lo que hiciste mal, porque con esa actitud te estás haciendo daño a ti mismo. No vales menos por haberte equivocado otra vez. Sí, es doloroso y maldita la gracia que te hace, pero tratarte con desprecio sólo te va a dificultar más el que cambies.

Con estas actitudes tus defectos te molestarán menos y se harán menos presentes en tu vida. ¿Acaso no es eso lo que quieres?

 

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“Me gustaría perder menos los nervios” (2ª parte)
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Belén Casado Mendiluce | 10-06-2013 | 09:19| 4

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. Después de la última vez que hablé contigo del tema de mis “prontos”, me di cuenta de que tienen mucho que ver con que estoy acostumbrada a aguantar. Y llevo muchos años aguantando a mi pareja…pero lo hago porque le quiero…qué te voy a decir. Mis amigas y mi familia me dicen que no tengo que acostumbrarme a vivir en la continua tensión en la que estoy pero me da mucho miedo pensar en dejarle, la verdad.

-Terapeuta (T): Cuando dices que quieres a tu pareja, dime:¿qué es lo que te atrae de él?

-P: La compañía que nos hacemos, pues nos gusta hacer cosas juntos como viajar. También lo mucho que conversamos aunque, en muchos temas no pensamos igual. (Se queda un rato en silencio…). En realidad, mi marido es de los que “te llevan al huerto” con las palabras, te dice cosas que quedan bien para luego hacer lo que él quiere sin contar conmigo.

-T: Tenéis aficiones comunes pero esas conversaciones que tenéis no os sirven para comprenderos más y llevaros mejor sino que te distancian de él porque lo que dice no se corresponde con lo que hace ¿No es así?

-P: Exactamente. Mi marido es una persona con facilidad de palabra que siempre quiere tener en las conversaciones la última palabra . No para de hablar y le da la vuelta a todo lo que digo para llevarlo a su terreno. Acabo agotada de intentar que me entienda, pero no hay manera. Y el problema, como dices, es que actúa de una manera que me hace daño. Aunque también me dice cosas encantadoras como que soy la mujer de su vida.

-T: Te voy a decir algo que puede que te duela. (Silencio…) Este tipo de personas son las que se llaman encantadores de serpientes. Te dan la ración justa para que te quedes contenta y luego pasan a actuar sin tenerte en cuenta. La relación con personas así es tremendamente desgastante y frustrante.

-P: Uff…¡Qué fuerte lo que me has dicho! (Se queda bastante rato en silencio…) Tienes razón, Belén. Me doy cuenta de que si sufro tanto con él es por esa forma suya de ser. Y entonces me pregunto: “¿cómo puedo seguir queriendo a alguien que me hace tanto daño”?

-T: Buena pregunta. Pero ahora necesitas dejar reposar todo lo que ha salido en esta sesión para que la asimiles. La próxima consulta trabajaremos los miedos que tienes a dejar la relación, que son los que te mantienen en ella.

-P: Me ha parecido dura la sesión de hoy pero me ha ayudado a ver las cosas más claras. Gracias, Belén y hasta la próxima.

-T: Me alegro haberte sido de ayuda. Vas por buen camino. Hasta pronto.

 

*Este Consultorio es una recreación ficticia que no responde a ningún paciente concreto.

 

Podéis encontrar la primera parte en el siguiente enlace:

http://blogs.diariovasco.com/lapsicologaencasa/2013/01/28/me-gustaria-perder-menos-los-nervios/

 

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Cuentos de Primavera: Los hierbajos del jardín
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Belén Casado Mendiluce | 07-06-2013 | 06:58| 14

 

 

 

El Maestro se encontraba trabajando en el jardín del Monasterio cuando se le

acerca un discípulo y le pregunta:

 

-“Maestro, me encuentro confundido. Por más que me esfuerzo en tener menos

arranques de mal genio, más me salen, y no los consigo eliminar”.

 

El Maestro señalando el jardín en el que estaba, le pregunta a su discípulo:

 

-“ Dime, ¿qué te parece el jardín de nuestro Monasterio?”

 

Extrañado, el discípulo se queda observándolo y le contesta:

 

-“Pues no me parece especialmente cuidado. Hay hierbajos que crecen por

todas partes y no lucen las hermosas flores que crecen al lado”.

 

-“Hubo un tiempo en que arrancaba los hierbajos de cuajo, y volvían a crecer

con más fuerza, pero ahora los cuido, los riego y presto atención y forman parte

natural del jardín. De la misma manera, aprende a acoger con cariño tus

arranques de mal humor sin pretender que desaparezcan de tu carácter, no

sólo te molestarán menos sino que cumplirán su función” –le respondió el

Maestro.

 

Autora: Belén Casado Mendiluce

 

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Compartir el sexo es compartir la vida
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Belén Casado Mendiluce | 06-06-2013 | 08:21| 8

 

Puede que seas de esas personas que piensa que tener relaciones sexuales es satisfacer una necesidad fisiológica, como comer y dormir, pero si bien estas son actividades imprescindibles para sobrevivir, no puedes decir lo mismo del sexo: seguro que has tenido etapas en las que no has hecho el amor y no te ha ido la vida en ello ¿verdad?

Otra cosa es que tu vida se resienta, y que no te sientas igual con o sin sexo, lógicamente. Pero también tu vida sexual es un reflejo de cómo estés en el día a día: si estás preocupada o estresada, no tendrás ganas de tener relaciones sexuales o bien, utilizarás estas como una válvula de escape, una manera de liberar la tensión acumulada en tu vida diaria.

Por supuesto, que el sexo es cosa tuya y de tu pareja y sois vosotros quienes decidís lo que mejor os va: cuántas veces hacéis el amor y de qué manera es vuestra decisión personal e intransferible, y hay que andarse desde fuera con mucho cuidado para no juzgar lo que a cada pareja le satisface.

Aunque existen cambios hormonales que se producen en tu cuerpo a lo largo de tu vida y que condicionan, inevitablemente, tu deseo sexual, también tu mente tiene mucho que decir, y a ella voy.

Deja de estar pendiente de alcanzar el orgasmo en la relación: no siempre se está con la misma habilidad para provocarlo en la otra persona (o en la propia), ni uno mismo se siente igual de relajado para dejarse llevar. Existe la opción de, simplemente, disfrutar con las sensaciones agradables del cuerpo, más allá de llegar al clímax.

Pregúntate: “¿qué me ayuda a sentir deseo por el otro?” y díselo a tu pareja. Puede ser un buen masaje, incluso en los pies y en la cabeza. O una sesión de baile tranquilo los dos a solas en el salón de casa. O que tomes tú la iniciativa (o la tome el otro) para tener el sexo con tu pareja como te apetezca. También, incluso, podéis acariciaros y abrazaros sin llegar a la penetración, ¿por qué no?

En realidad, no tienes que hacer nada, no hay ningún patrón que seguir de cómo se hace el amor. Incluso hay mujeres que, antes de ir a la cama, les pone tener una conversación profunda con su compañero, sobre el sentido de su vida, lo que esperan de ella, o sobre el trabajo artístico que ella está desarrollando. Y lo entiendo, porque compartir lo que uno siente como importante, excita.

Compartir el sexo es compartir la vida, cómo me siento y qué es lo que necesito…y que a ti te importe, claro.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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