Diario Vasco
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Sé amable contigo mismo
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Belén Casado Mendiluce | 03-10-2012 | 06:01| 5

 

Trátate a ti mismo con la misma consideración y cuidado que pones en la relación con los demás. Si te esmeras en ser respetuoso incluso con personas que no conoces mucho, ¿cómo no vas a serlo con más motivo contigo, que te conoces de siempre?

Te mereces un trato afectuoso contigo mismo, permitirte momentos de descanso sin exigirte constantemente que tu tiempo sea productivo. Hacer algo que te relaja como leer o escuchar música es tan necesario como recoger la casa al volver del trabajo.

Si quieres no pensar mal de los demás para, así, librarte de la negatividad de pensamiento, ¿cómo no vas a cultivar esa actitud contigo mismo? Deja de pensar mal de ti, cuando no te salen bien las cosas o no consigues, a pesar de tus esfuerzos, alcanzar lo que deseas. Sé benevolente y comprensivo contigo.

Deja de decirte constantemente lo que deberías hacer o conseguir, de la misma manera que no estás todo el rato hablando así a las personas que quieres; cuando estas se encuentran mal, las dejas tranquilas y aprovechas para decirles todo lo que valoras de ellas, como una forma de aumentarles el ánimo. Haz lo mismo contigo en tus horas bajas, háblate con cariño y valórate.

Sé que hacer esto no siempre es fácil porque cuando estamos en la espiral de la negatividad o el desánimo no nos damos cuenta de ello hasta pasado un tiempo. No importa, cuando te des cuenta de que estás montada en la “noria mental” (esa que no va a ningún sitio y te deja en el mismo punto ansioso del comienzo), entonces cambia tu discurso interno y dite palabras amables.

Comprendo mi preocupación por el trabajo pero quiero valorar el esfuerzo que hago por salir adelante. Intento hacer las cosas lo mejor que puedo y eso me tiene que servir para estar tranquila conmigo misma y dejar de machacarme”

Deja de analizar todos tus comportamientos y de juzgarte desaprobando lo que haces; deja de hacer un Juicio diario contigo en el que tú mismo eres el juez y el fiscal a la vez… y el abogado se ha ido de vacaciones; así siempre sales perdiendo. Si no lo haces con los que te rodean y quieres ¿por qué lo haces contigo?

Ser amable con uno mismo es un principio básico para tener una buena autoestima. Y además, si tanto te preocupas por los demás antes que por ti misma ¿no crees que tratándote a ti con más cariño estás más capacitada para ayudar mejor a los que te rodean? Cuanto mejor te trates más amor darás a los demás.

 

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“Me siento agobiado en el trabajo”
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Belén Casado Mendiluce | 01-10-2012 | 15:10| 10

 

-Paciente (P): Buenos días, Belén. He venido a tu consulta porque quería comentarte que me siento agobiado en el trabajo. Meto mis ocho horas diarias y estoy pensando muchas veces: “Qué hago yo aquí metido”. Tengo 35 años, me formé como administrativo y llevo unos cuantos años trabajando en ello pero he tenido que ir al psiquiatra para que me dé medicación porque no puedo más de ansiedad. El médico me ha aconsejado que también acuda al psicólogo para hacer terapia y aquí estoy.

-Terapeuta (T): Parece que te sientes fuera de lugar en tu trabajo a pesar de haber estudiado para ello. Explícame, un poco más, qué es lo que te produce ansiedad.

-P: Antes he de decir que soy competente en mi trabajo, lo hago bien, pero he vivido situaciones de mucho estrés y competitividad laboral que me han ido minando. Yo pensaba que haciendo bien mi trabajo y facilitando las cosas a mis compañeros podría estar a gusto, pero incluso tuve un trabajo en el que tenía un jefe delante de mí que no me dirigía la palabra. Llego a casa agotado y me levanto por la mañana deprimido como si me faltara aire para respirar. Me planteo si no me he equivocado en mi orientación profesional.

-T: ¿A qué te refieres?

-P: Siempre me ha gustado viajar, las vacaciones eran mi desfogue después de trabajar, pero también he ido como voluntario en Proyectos de Cooperación y durante el año colaboro ayudando a personas discapacitadas. Me gusta ese trabajo social, me siento útil y encuentro un sentido a lo que hago. Por eso me he llegado a plantear cambiar de tipo de trabajo pero tal como están los tiempos tengo miedo a equivocarme.

-T: Parece que no te ha satisfecho tu experiencia laboral y te encuentras, por el contrario, más encajado con un perfil de trabajo de más contacto humano y de servicio a los demás. Estás en una edad en la que es más factible el cambio laboral y te animaría a que dieras el salto.

-P: ¿Tú también lo ves así? La verdad es que ahora voy arrastrándome a trabajar y no me compensa ni siquiera el sueldo a fin de mes. No quiero estar dependiendo del ansiolítico para ir al trabajo y me encuentro con ganas de trabajar en algo que, por lo menos, no me suponga tanto desgaste.

-T: Vamos a ir viendo sobre la marcha los pasos que vas dando para que vayas viendo con claridad tu camino. Comentaremos la próxima sesión qué trabajos existen relacionados, por ej., con la ayuda a los demás.

-P: Sí, Belén, ya tengo unas ideas en mente que te comentaré. Gracias por tu apoyo.

-T: Me alegro que estés más animado. Hasta la próxima consulta.

 

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A la luz de una vela
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Belén Casado Mendiluce | 28-09-2012 | 06:18| 7

 

Estoy de noche en la habitación de un hospital atendiendo a un familiar, bajo el foco tenue de la luz que no deslumbra al enfermo. Todo es silencio alrededor y como no me salen otros temas, escojo éste para mi post.

No me gustan los hospitales, como a la mayoría de personas. Siempre he tenido la sensación de que estar ingresado en uno de ellos era como estar en otra realidad donde eres objeto de interés médico pero poco de interés humano.

El tiempo cuando se está enfermo transcurre a otro ritmo donde parece que no ocurre nada pero donde uno se encuentra a solas con sus propios pensamientos. Y de esas reflexiones tumbada en una cama, siempre se vuelve a casa con la fuerte consciencia de que no se va a desear nada más en la vida que tener la salud suficiente para no tener que volver a un hospital. ¡Qué pronto nos olvidamos de ese deseo!

Va pasando el tiempo y volvemos a nuestras prisas y ajetreos, viviendo como si fuéramos seres inmortales a los que no nos debe preocupar nada más que ser productivos cada día. Hasta que debes parar forzosamente en la cama bajo prescripción facultativa. Y entonces se te caen unos cuantos esquemas abajo.

¿Qué importan los afanes que poníamos en destacar en nuestro trabajo si, a cambio, perdíamos la comunicación con quienes nos rodeaban? ¿Qué más daba si nos manteníamos en nuestro empleo si, por el contrario, nos dejábamos la piel por el camino? Y entonces, parando, cada cosa se coloca en su sitio…

Y cuando la persona traspasa el umbral del hospital de vuelta a su vida normal siente los deseos de vivir con más intensidad que antes, de disfrutar de los pequeños momentos cotidianos como una comida en familia o una conversación entre amigos. Siente que todo lo que no es realmente importante ha pasado a un segundo plano. Y el cuerpo todavía convaleciente te acompaña a lentificar el ritmo, a ir más despacio para sentir más…

Dicen que todo en esta vida es una oportunidad para aprender. Que aunque exista el azar, las experiencias vividas nos muestran un camino de aprendizaje. Y que, tristemente, necesitamos de “momentos de choque” que nos obliguen a hacer un alto y darnos cuenta de cómo vivimos.

Dedico este post a todos los que se encuentran enfermos, para que además de su pronta recuperación, encuentren en su vida diaria la paz que necesiten.

 

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¡Hoy cumplo un año!
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Belén Casado Mendiluce | 26-09-2012 | 06:56| 12

 

Hace exactamente un año que inicié mi andadura en este blog. Ha pasado el tiempo y lo que era en un comienzo un medio de comunicar mi experiencia profesional, se ha convertido también en un espacio en el que yo también aprendo.

Aprendo a ir ordenando mis pensamientos incluso mientras los escribo, porque no hay mejor escrito que aquel en el que uno va descubriendo nuevas ideas sobre la marcha que incluso resultan sorpresivas para uno mismo. Es como un camino que se va explorando mientras te adentras en él.

Escribir no es tarea fácil. Se puede pecar de técnico, de complicado y hasta de simple, con lo que he ido haciendo un camino para intentar ser clara y sencilla pero sin caer en simplismos que no aportan nada. Sigo en ello.

Aprendo de los comentarios que me hacéis. Me gusta conocer qué pensáis de lo que digo, tanto si estáis de acuerdo como si no, para crear una especie de foro en el que poder compartir cómo nos sentimos. Sé que no es tarea fácil comentar sobre psicología, sentimientos y vivencias, pero creo que hay una verdadera necesidad de expresar cómo nos sentimos.

El blog me ha servido a mí para intentar ser más cuidadosa con las palabras. A elegirlas porque sean las que más se aproximen a lo que quiero decir, aun a sabiendas que hay vivencias que resultan difíciles de describir y para las que las palabras son a penas un pálido reflejo. Me consuelo sabiendo que el que ha experimentado en carne propia lo que digo sabe de lo que hablo.

No quiero, pues, sentar cátedra ni que mi voz suene a un discurso dogmático. Pretendo transmitir aquello en lo que creo y que mi trabajo como psicóloga me ha hecho descubrir. Evidentemente, sigo aprendiendo de cómo ayudar a los demás y, por tanto, intento no cerrarme a nada de lo que vosotros con vuestros comentarios aportéis.

Gracias a todos los que me seguís con vuestra lectura porque sin vuestra presencia -aunque sea virtual- no tendría la misma motivación para escribir. Gracias a los que se animan a comentar, a los que participan fielmente y a los que me escriben a través del correo electrónico. Gracias por estar ahí.

Y si en este año con el blog he contribuido a haceros pensar, sentir, daros cuenta de algo o, simplemente, a pasar un buen rato animando vuestro espíritu, entonces me doy por satisfecha. Un abrazo a todos vosotros.

 

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¿Qué es ir de víctima?
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Belén Casado Mendiluce | 24-09-2012 | 06:31| 6

 

Cuando estamos recordando las ofensas recibidas sin ser conscientes de las que nosotros pudimos hacer, cuando seguimos haciendo las cosas de la misma mala manera y nos sorprendemos del rechazo de los demás, cuando nos ponemos en situaciones en las que sabemos que vamos a salir mal parados, vamos de víctimas.

Si estás recordando el mal trago que te hicieron pasar y repites tu historia una y otra vez volviendo a revivir las emociones de dolor y rechazo, es que has asumido en esta historia el papel de “pobrecita víctima”. Deja de hablar de lo que te hace daño y no te lleva a ninguna parte.

Si sigues teniendo el mismo tipo de relación con personas que se quejan de tu forma de ser sin darte cuenta de las repercusiones que tiene tu conducta sobre los demás entonces es que vas de “victima que no rompe un plato”, como si la historia no fuera contigo y tú fueras una pobre víctima de la incomprensión de los demás. Date cuenta de la responsabilidad que tienes sobre lo que haces con todas las consecuencias que ello conlleve en la relación con los demás. Si tomas decisiones en tu pareja sin contar con ella, como a dónde ir el fin de semana juntos, no te sorprendas del enfado que aquella te muestre ni te escudes en que lo has hecho con buena intención para así evitar cambiar lo que molesta. Vas de víctima cuando justificas tus acciones mientras siguen causando malestar.

Si quieres caer bien siendo demasiado amable o queriendo agradar a todas horas y percibes que, hagas lo que hagas, no acabas sintiéndote a gusto sino incómodo porque percibes rechazo, entonces te expones a ti mismo a sufrir, a ser una víctima tipo: “que he hecho yo para merecer esto”, porque los demás no tienen ganas de estar pendientes de ti o de sentirse en deuda contigo. No te metas en situaciones que sabes que incomodan a los demás, como sacar conversaciones que no apetecen, y en las que tú te acabas sintiendo mal.

Ahora bien, si te han hecho una ofensa, intenta ver qué puedes aprender de esa situación para no volverla a sufrir. Procura aprender de tus errores, si tienes que contar menos tus cosas personales, por ej. Pon distancia de la persona que te hirió, si te hace falta, si crees que esta no va a cambiar y puedes volver a pasar por la misma dolorosa situación.

Pero no asumas el papel de víctima porque eso sólo te hace creer que no puedes cambiar lo que te ocurre. Los demás pueden hacer daño por inconsciencia o ignorancia pero no tienes por qué acostumbrarte a sufrir.

 

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Ríete más a menudo
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Belén Casado Mendiluce | 21-09-2012 | 07:12| 4

 

¡Qué buena es la risa! No soy especialmente ducha en hacer reír ni en contar chistes pero procuro ponerme menos trabas a mí misma para reirme.

Que alguien de confianza me coge el teléfono y me pone una voz de “teleñeco” cuando yo hablo seria…pues me descoloca porque piensas que estás hablando con un crío pero me he dado cuenta que aprendo a no tomarme demasiado en serio a mí misma.

Lo que más me cuesta es reírme de mis defectos porque, para eso, primero los he tenido que reconocer y eso no siempre gusta. ¿Que se me pone el pan duro y por no tirarlo lo pongo en la mesa? Pues me viene mi hija y me dice: “Ama, ¿cuándo comeremos pan de hoy?”.

Ah, eso sí, no me gusta reírme de alguien sino con alguien, que hay una gran diferencia. Si el otro no está preparado para reírse de que no oye bien, por ejemplo, porque no lleva bien su sordera…pues me callo. Pero si está “blandito por dentro” y ha oído: “vete a hacer la calle” cuando dije:” te espero en la calle”, pues nos tronchamos de risa.

Antes pensaba que me gustaba sólo la risa inteligente pero resulta que me puedo reír de la ocurrencia de un niño o de algo sencillo que no basto, así que las películas americanas de risa no las entiendo, la verdad. Por cierto, recomiendo la película española: “Que se mueran los feos” en la que estuve sonriendo casi todo el rato.

La sencillez es siempre un gran valor porque el que pretende hacer reír es difícil que lo consiga y el que no lo pretende sino que le sale de manera natural es mucho más efectivo. Yo, a veces, me he sorprendido de cómo se reían conmigo sin yo pretenderlo de algo que había dicho, y si lo pretendía no hacía ni pizca de gracia…

Me siento bien cuando me río, los problemas parecen menos y la vida menos seria de lo que parece. Agradezco estar al lado de personas que me hagan reír porque es agradable y necesario encontrar momentos de disfrute durante el día. Eso sí, cuando tengo que contar algo importante hay que estar a ello.

Y si no tienes mucho sentido del humor, prueba a ir con una sonrisa suave por la calle. Te predispone a estar de buen ánimo y a reírte con más facilidad. Si te miras al espejo antes de salir a la calle y ensayas esa sonrisa te sorprenderás de en lo agradable que se transforma tu cara.

 

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Haz lo que hagas eligiendo hacerlo
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Belén Casado Mendiluce | 19-09-2012 | 06:54| 6

 

Cada vez más valoro el ritmo lento, el no planificar lo que haré o dejaré de hacer -salvo cuando es necesario, claro- el no llenar cada día de actividades que me hacen estar ocupada pero también fuera de mí.

Por supuesto que hay que hacer cosas diariamente, desde el trabajo hasta las tareas domésticas pasando por atender a las personas que nos rodean, pero existe una gran diferencia en el COMO se hacen. He comprobado que se abarca más, se está más activa, cuando se hace lo que sea sin prisas, sin dar vueltas en la cabeza a lo que hago y haciendo desde el cuerpo. Me explico.

Sé que hay cosas que tengo que hacer más allá de que me guste o me apetezca hacerlas en este momento, pero las hago porque decido hacerlas, elijo hacerlas, de alguna manera, y esa actitud me salva de realizarlas con más tensión o nervios de lo que sería normal.

Si, por ejemplo, tienes que ir a visitar a una persona a un hospital sabiendo que a ti los hospitales te ponen enfermo -vaya gracia ¿no?- ser consciente de que vas porque es tu elección, por la razón que sea –te preocupas por el amigo o, simplemente lo haces por cumplir un compromiso- te hace que no haya una tensión dentro de ti entre lo que quieres hacer y lo que deberías hacer. Lo haces porque tú lo eliges, aunque te sigan sin gustar los hospitales y se te revuelvan las tripas cuando vas.

Esto es hacer las cosas desde el cuerpo. Elegir hacerlas y no pensar desde la cabeza: “Uf, no quiero estar aquí, o sea que cuando pueda me escaqueo”. Si tienes esta actitud de elección notarás cómo no gastas energía interna en luchar por estar en otra parte. Cuando decidas que te tienes que ir te irás, sin más.

Esto es estar activa sin estar fuera de ti. Que haces las cosas desde dentro de ti, desde tu actitud interna de elección, y desde ahí te va saliendo lo que estés haciendo con otra soltura y fluidez, y resulta que abarcas más que antes, cuando hacías las cosas con prisas y nervios y acababas agotada porque estabas hacia fuera, desconectada de ti.

Cuando estás activa de esta manera procuras dejar las prisas a un lado porque no eres más efectiva en tu trabajo por ello y te va saliendo el ritmo adecuado para trabajar, aquel que necesites y estés cómoda…sin perderte en el camino.

Y dejas la cabeza a un lado porque no te hace falta pensar si quieres hacer lo que haces o estar donde estás…porque has decidido hacerlo.

 

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A mí me tira el pueblo
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Belén Casado Mendiluce | 14-09-2012 | 06:03| 6

 

Suelo ir con bastante frecuencia a un pueblo de Navarra a pasar el fin de semana. En el poco más de hora y cuarto que tardo en llegar me cambian tantas cosas…

Me encanta el silencio de la casa en que me alojo, un silencio penetrante y hasta sonoro porque me invita a quedarme sentada contemplando en silencio el paisaje. Un silencio surcado, ocasionalmente, por el precioso sonido de las campanas -y no eléctricas sino de volteo- de las varias Iglesias cercanas; las escucho y me dejan fascinada, como si oyera la melodía más cautivadora.

El olor a campo que impregna la casa aunque esté cerrada me hace respirar hondamente cuando entro en ella, ¡cómo me gusta ese olor a monte que me hace sentir como si volviera a casa! Abro todas las ventanas, contemplo las vistas…y voy corriendo al cuarto de baño donde asomo la cabeza por la ventana …y allí, en el alero del tejado, miro embelesada cómo las golondrinas han hecho varios nidos. Se asustan cuando me ven y se esconden en el nido esperando a que cierre la ventana para salir rápidas a volar. ¡Qué rápido vuelan y cambian de sentido!

Me gusta que haya pocos adornos en la casa, habitaciones despejadas de artificios que me hacen sentir la necesidad de hacer lo mismo en la casa propia. Paredes desnudas salvo algún sencillo cuadro e incluso las mismas bombillas colgando de los cables que están ahí desde no sé cuándo. No me importa, incluso me hacen gracia y me traen buenos recuerdos.

Dicen que las casas guardan las energías de quienes antaño las habitaron. Pero he llegado a la conclusión de que, en realidad, las casas son un reflejo de cómo uno se siente cuando está en ellas, así que como voy con el corazón abierto no me acuerdo de malos momentos que pude pasar. Se limpiaron.

Y qué decir de la gente. Vale que no vivo habitualmente ahí y que los cotilleos y habladurías son más frecuentes…pero a mí las vecinas me dejan un secador de pelo si me hace falta, me ayudan con la caldera que se ha quedado atascada de no usar y me hablan con una familiaridad que no la tengo en años con los vecinos de mi portal. Así que siempre vuelvo a casa y no por Navidad.

En la pescadería compro dos truchas y me regalan la tercera. Te dicen abiertamente que el sábado prefieren sacar el género y yo pienso que en la de mi ciudad no me regalan ni los buenos días. En fin, el carácter navarro es más abierto, campechano y espontáneo, de andar por casa, como a mí me gusta.

Estoy escribiendo todas las ventajas y pocas pegas. Sí, hay una…que el domingo me tengo que volver por donde he venido.

 

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“¿Envidia yo? Por favor…”
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Belén Casado Mendiluce | 12-09-2012 | 06:51| 4

 

Nos cuesta reconocer ese sentimiento tan mal visto pero tan común. Como cuando escuchamos las glorias de una persona, lo bien que le va, los planes que tiene repletos de amigos, los sitios que planea visitar (sin afectar a su bolsillo, claro) y lo animada que nos habla…

Y nos alegramos por ella -y así se lo decimos- aunque en nuestro foro interno desearíamos vernos en la misma situación del que nos habla. Se nos queda un regustillo amargo como si, sabiendo que “no es oro todo lo que reluce” nos quedáramos deslumbrados por el bienestar ajeno. Pura envidia, sí. ¿Quién no la ha sentido?

Pues no importa que la sientas si humildemente lo reconoces para ti. ¿Quién no desearía verse colmado por toda suerte de bendiciones? No tenerte que preocupar por lo que ganas a fin de mes, que tus hijos se lleven bien contigo, que te salgan planes los fines de semana para no estar solo, que viajes con relativa frecuencia y te permitas gastar en ocio como si fuera una necesidad más…

Y no voy a entrar a calificar a los envidiosos de “pobres del alma”, que de todo hay, personas que no saben alegrarse del bien ajeno y sí de las desgracias del otro. En realidad, queremos reconocernos en el otro, sentirnos semejantes a quien le pasan las mismas historias y problemas que uno: “ves, éste se separa como yo, no tiene trabajo estable y también se encuentra solo”. Y cuando no nos reconocemos en la mirada ajena nos entra la envidia.

De eso se trata; que cuando sintamos que lo que nos cuentan no coincide con nuestra experiencia del momento, nos acordemos de cuando nosotros nos sentíamos pletóricos de tener mucha gente con la que salir o de no estar pendientes del dinero porque nos llegaba de sobra o de hacer planes de continuo como si eso nos llenara…seguro que algo de todo esto hemos vivido.

Y si ahora no vives lo mismo…será por algo, porque tu sentir ha cambiado, porque te has dado cuenta de que los conocidos son muchos pero los amigos pocos, que el dinero es necesario pero puedes quitarte muchas de las que antes considerabas necesidades y sentirte más libre, que ya no necesitas estar constantemente haciendo cosas porque es intentar llenar, en balde, un vacío tras otro. Si estás donde estás es porque has cambiado…y entonces la envidia desaparece porque te reconoces en el otro.

Y si añoras lo que antes tenías es que necesitas ser más consciente de lo que ahora tienes.

 

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“Me cuesta mucho darme cuenta de las cosas”
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Belén Casado Mendiluce | 22-02-2013 | 06:03| 2

 

“Hola Belén, te escribo porque además de haber descubierto tu blog, me ha interesado mucho el post que has escrito de: “Si quieres ser inteligente no pienses” ya que me siento muy identificada. Soy una persona que me cuesta mucho darme cuenta de las cosas con antelación y aun sabiéndolo es como si no quisiera hacerlo o me diera igual, cuando realmente esto no es así, quiero buscar una solución a algo pero no sé como hacerlo. La gente que me conoce me dice que si yo no soy capaz de darme cuenta por mí misma que me tendrán que ayudar para que sea capaz de verlo…La verdad es que esta situación me preocupa bastante porque cuanto más hago para rectificar peor me siento conmigo misma y ya no es sólo eso, sino que hago pasarlo mal a la personas que tengo a mi alrededor porque ven que sigo sin reaccionar, aunque yo lo intente y me rompa la cabeza. Lo que me suele ocurrir, por ejemplo, es que si tengo dudas en algo no pregunto el porqué, aunque lo haya pensado antes… ¿a que se debe esto?, ¿puedo solucionarlo por mí misma?”

Muchas gracias

 

Creo que hay una clave importante en lo que dices al comienzo: “…aun sabiéndolo es como si no quisiera hacerlo o me diera igual”. Realmente, en la práctica, tu cuerpo no siente la necesidad de cambiar aquello que te propones por mucho que tu cabeza diga lo contrario. ¿Quieres modificar algo por ti misma, porque tú lo deseas o porque te lo dicen los demás? Quizás deseas agradar a los que te aprecian pero, en el fondo, si se te dejara a ti solo, acabarías haciendo las cosas de manera distinta, e igualmente válida, a como las hacen los demás y, lo más importante, es que no te sentirías mal por ello.

Si no sabes qué solución encontrar a un problema…ya te vendrá, date tiempo para dejarte sentir que, a tu ritmo, te saldrán las respuestas que TU necesites, las que sean válidas para ti y tu forma de ser. Es minusvalorar tus capacidades creer que dependes de otros para darte cuenta de la realidad y que, sin esa ayuda externa, te encuentras perdido. Confía en que sabes cómo resolver las cosas, sólo que te hace falta tiempo para encontrar tu manera de hacerlas en la que te sientas a gusto.

Sin duda si, a pesar de intentarlo y romperte la cabeza, sigues sin reaccionar, es porque esa reacción, en tu foro interno, no es la que te sirve ni la que quieres para ti, y por eso tu cuerpo se rebela saboteándote la intentona. Si, teniendo dudas en algo tienes que preguntar el por qué, deja que te surja a ti la pregunta, porque resulte evidente para ti que necesites hacerla, no porque tengas en mente lo que “deberías hacer” o esperan de ti los demás.

Claro que puedes solucionar este problema por ti misma, sólo te hace falta confiar más en ti, en que tu forma de ser es perfectamente válida para enfrentarse a la vida y que tu personalidad tiene algo que aportar a los demás.

Confío en haberte servido de ayuda.

 

*Este consultorio ha sido realizado previa autorización expresa del paciente, modificados algunos datos para preservar su anonimato.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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