Diario Vasco
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“Estamos tirando todo por nada”
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Belén Casado Mendiluce | 19-11-2012 | 07:05| 6

 

“Hola. He visto que Vd. responde cartas al lector en su Blog y paso a comentarle mi caso. Somos una pareja joven que lleva junta más de año y medio con una relación a distancia que afrontábamos quedándonos una o dos semanas en casa del otro cada mes o dos meses, viéndonos esporádicamente entre medias. Nunca habíamos discutido por nada serio hasta casi dos semanas antes de irme de Erasmus (a otro país de la UE).

Antes de venir, mi novia decidió dejarme diciéndome que me quería pero no veía lo nuestro posible, que era mejor dejar la relación para no acabar mal. Lo cual me extrañó mucho porque dos semanas antes había estado en mi casa perfectamente, sin mostrar atisbo alguno. Al final fui a su ciudad a hablar con ella y todo lo que saqué en claro era: “Que si la distancia la iba quemando. Me quería, pero no podíamos estar así. Que necesitaba tiempo para sí…”

Tras ello, una semana donde yo la ignoraba intentando no ser pesado y ella me hablaba, e incluso se molestó porque la ignoré. Al final yo me agobiaba más y acababa preguntándole si sentía algo por mí. Y bueno, ella evadía siempre la pregunta como podía. A día de hoy cuando le insisto me responde con lindezas como “Ahora no te quiero” o “Ahora no le veo futuro”. E incluso le he llegado a plantear si hay otro chico, a lo que me respondió de mala manera que no y bastante ofendida.

Si voy tras ella resulta que a palabras suyas “la agobio”. Si paso de ella y le dejo claro que necesito pasar de ella… pues hace algo para llamar mi atención como provocarme con algún comentario de twitter muy obvio o cualquier otra infantilidad; y el resultado es que acabemos discutiendo.

En nuestra última discusión le dije que estábamos haciendo el idiota y me lo admitió, al igual que también admitió que estábamos “tirando todo por nada”. Pero luego, cuando di el paso para arreglar un poco la situación… volvió a obviarme. La verdad, este tira y afloja me está matando… y sigo sin saber que tiene en la cabeza para actuar así. Y me queda hasta Marzo aquí.

Le agradecería su opinión experta de antemano.”

Un cariñoso saludo.

 

Estimado lector:

Hay entre vosotros un juego de “quiero y no quiero” por parte de ella, de “paso de ti y te agobio” por parte de ti, que sólo contribuye a complicar más la relación. Hay que empezar a clarificar lo que ambos sentís y necesitáis del otro. Probablemente, la distancia física ha provocado un cambio en los sentimientos de ella que no sepa cómo manejar. Y a ti todo esto te ha cogido por sorpresa.

Pero está claro que la circunstancia de estar separados, por ahora, no va a cambiar y esa es una realidad en vuestra relación. Quizás ha ido produciendo un desgaste que se ha agravado con tu marcha de Erasmus. Hay que hablar con claridad entre vosotros de cómo lleváis cada uno la separación.

Esa comunicación os ayudaría a clarificar vuestros sentimientos y a haceros el menor daño posible. Hablad con franqueza de lo que os resulta difícil de llevar – la falta de comunicación, de contacto…- y ved cómo se puede mantener la relación en estas circunstancias o hay que pasar a un tipo de trato más propio de una amistad que de una pareja propiamente dicha.

Dejad de utilizar esos juegos psicológicos en los que sólo jugáis con los sentimientos del otro y os hacéis daño a vosotros mismos. Si necesitáis distancia para aclarar lo que sentís siempre será mejor que mantener una situación donde sólo os acabáis enredando.

Puede que no haya pasado nada realmente grave entre vosotros como para romper la pareja y por eso tengáis la sensación de “tirar todo por nada” pero el amor sólo no basta para seguir adelante, hace falta más tiempo y dedicación del que ahora disponéis. No queréis dejar lo que tenéis pero tampoco queréis seguir como estáis, así que hay que replantearse la relación.

Espero sinceramente haberte servido de ayuda.

 

*Este consultorio ha sido realizado previa autorización expresa del paciente, debidamente modificados algunos datos para preservar su anonimato.

 

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Entre Cristina y Elena
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Belén Casado Mendiluce | 16-11-2012 | 08:08| 10

 

Hola Cristina. Me apetece mucho que hayamos quedado para charlar después de tanto tiempo que no nos veíamos ¿Cómo te van las cosas?

Más o menos, Elena. Estoy preocupada por mis cosas pero bueno, confío en que vendrán tiempos mejores. Menos mal que podemos quedar para airearnos un poco. ¿Qué tal tú?

El otro día me acordé de ti porque viendo el Telediario pensaba: cómo es posible que Cristina pueda creer en Dios cuando hay gente que se muere de hambre, cuando sale una mujer que le están lapidando y hay tantas injusticias en el mundo. No tiene sentido…

Entiendo lo que dices pero a mí me parece que mezclas cosas. A mí también me entra indignación cuando veo cómo está el mundo pero pienso que es resultado de malos gobiernos o de hombres que actúan con crueldad. ¿Qué tiene que ver ahí Dios?

A ver Cristina, ¿Por qué tu Dios te va a ayudar a ti si estás pasando por malos momentos y no a la mujer que viste con un burka y no pinta nada para su marido? ¿Por qué a ti sí y a ella no?

Yo creo en un Dios para todos que conste Elena, no pienso que Dios exista sólo para los que hemos nacido en países con cierta riqueza y democracia. Pero no le puedes pedir a Dios lo que es tarea de la persona, que es mejorar las condiciones de vida del mundo en el que vive. ¿No lo ves así?

Entonces hay cantidad de lugares en el mundo como la India que, nunca mejor dicho, están “dejados de la mano de Dios” porque la miseria y la pobreza están en las calles. Me cuesta creer en ese Dios personal en el que tú crees.

Es que tú parece, Elena, que creerías en un Dios de milagros, que venga y elimine todas las injusticias del mundo de un plumazo, y las cosas no son así, además que yo no creo en ese Dios. Es como si tú esperaras solucionar tus problemas de pareja, por ejemplo, que te tienen angustiada y no hicieras nada para estar mejor o pedir ayuda sino aguantar sin más lo que tienes en casa, esperando que las cosas cambien por sí solas.

Ya. Tiene lógica lo que dices. Pero me cuesta creer que tu Dios no se preocupe por el mal del mundo.

Yo tampoco tengo respuestas para todo, Elena. A veces se me ocurre pensar en cuando tienes una habitación a oscuras y cerrada; es fuente de suciedad y nadie puede vivir ahí. Para que entre la luz y el aire tendrás primero tú que abrir las ventanas ¿no te parece?

En fin, Cristina. A ver si a mí me entra la luz por algún lado…

 

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Gracias por poder cuidarte
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Belén Casado Mendiluce | 14-11-2012 | 08:44| 8

 

En un comentario del post anterior escribí que hay que sentirse agradecido de cuidar al padre o a la madre ancianos. Sé que es una tarea dura por lo que tiene de condicionar la propia vida con sus horarios y exigencias, pero cuando existe afecto se estrechan más los lazos que nos unen.

Creo que el cómo atendamos en la enfermedad o en la vejez a nuestro familiar nos va a dar la medida de cómo vivamos la despedida última. Si estuvimos a su lado ayudándole a vestirse, a asearse e incluso a andar, si nos implicamos en esas tareas íntimas que antes hacía solo y ahora necesitan de nuestra presencia, vamos elaborando ya el duelo de la despedida sin saberlo.

Hacer lo que está en nuestra mano, acompañar al ser querido en su vejez, si existe amor, nos proporciona una experiencia llena de sentimientos y sentido. Cuando ves a tu madre desnuda ayudándole a vestirse nos embarga un sentimiento de ternura difícil de expresar con palabras. Cuando observas su necesidad de un andador para caminar asistes entre sorprendido y comprensivo a su mayor dependencia física del ti.

Ya no es la madre o el padre que tú recuerdas, esa persona en la que tú te apoyabas como hija, ahora es esa persona vulnerable que te necesita a ti para no sentirse solo. Y cómo unen esas vivencias en las que, sin decirnos nada, tocamos y acariciamos esa piel que tantas veces nos sirvió de refugio.

Creo que nadie está preparado para afrontar la muerte de un padre, pero haber tenido la posibilidad de atenderle nos va preparando a afrontar el último momento con más paz. No se nos queda nada pendiente por decir o por perdonar cuando compartimos momentos sencillos e íntimos como afeitarle o ducharle. Ya está todo perdonado y compartido cuando estamos juntos.

Y te embarga una sensación de agradecimiento por haber estado al lado de la persona que quieres ayudándole a completar su ciclo de la vida. Es hermoso y doloroso nacer como hermoso y doloroso ayudar a morir. Pero tratar la muerte como un tabú nos aleja de una experiencia con sentido.

El sentido de haber cuidado a quien nos quiso, por ponerse en nuestras manos con su fragilidad, por descubrirnos que ya ahora sólo importan las caricias y los gestos sencillos de cuidado como cuando tú misma naciste y ahora tú le ayudas a…volver a nacer.

 

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“Mi padre ha fallecido”
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Belén Casado Mendiluce | 12-11-2012 | 06:45| 13

 

Hola Belén, ¿Cómo estás?

“En primer lugar presentarme, soy una chica de dieciséis años. Hace un par de días descubrí tu blog, y sinceramente, me sirvió de mucha ayuda. Haces un papel digno de admirar, para ayudar a las personas.

Pero verás, a mi me gustaría contarte una historia que estoy viviendo, y sé que tu ayuda en este mismo momento me vendría muy bien…

Hace exactamente dos meses mi Padre falleció, y es una sensación tan extraña la que estoy viviendo…que no he sido capaz de contársela a nadie.

Echo de menos a mi Padre, pero como yo sé todo lo que él ha sufrido en sus últimos días de vida debido a un cáncer muy grave, pues estoy tranquila porque sé que donde quiera que esté, estará descansando y cuidándonos desde allí arriba.

La cuestión es que no puedo asumirlo, yo sé que se ha ido, pero no sé que pasa…Son pocas las lágrimas que he derramado por él, porque lo siento tan cerca, que creo que todo esto es mentira, y que sólo es un sueño, que esto no puede estar pasando…

La sensación que tengo es como si tuviera un nudo en el estómago que me impide expresar mi dolor por él, que no me deja sacar mis lágrimas…y otra parte de mi quiere seguir hacía delante como si nada hubiera ocurrido, e intento seguir…pero es imposible seguir hacía adelante como si nada hubiera ocurrido…

Es imposible resumirte aquí todo lo que estoy sintiendo y viviendo, porque me siento muy vacía…

En definitiva, me gustaría escuchar algún consejo tuyo, y lo que más me preocupa, ¿Porqué no puedo expresar el dolor que siento? no lo entiendo…”

Muchísimas gracias de antemano. ¡Un saludo!

 

Estimada lectora:

Cuando se vive una pérdida tan cercana como la tuya surgen sentimientos difíciles de explicar, incluso contrapuestos entre sí. Aunque me parece que con la edad que tienes manifiestas una madurez fuera de lo normal.

Probablemente, por la intensidad con la que hayas vivido los últimos momentos de la vida de tu padre, haya pasado poco tiempo como para que te des cuenta siquiera de que ya no está a tu lado.

Efectivamente, no puedes seguir como si nada hubiera ocurrido porque tu vida ha experimentado un cambio importante, pero necesitas tiempo para sentir y reaccionar.

Me parece muy importante la tranquilidad que manifiestas sabiendo que tu padre está mejor dondequiera que esté que pasando dolores aquí por su enfermedad. En este sentido, le “has dejado marchar” a tu padre, no hay una rabia en tu interior por haberlo perdido y eso implica gran madurez por tu parte.

Pero existe la enorme pena y tristeza que tu cuerpo todavía no expresa. Ese nudo en el estómago evidencia que hay sentimientos que pugnan por salir. Y necesitas encontrar la manera más afín a ti para sacarlos a la luz.

Si tienes facilidad para escribir, como creo que así es, escríbele una carta a tu padre en la que le digas todo lo que sientas sin pensarlo mucho. Lo que has sentido estando a su lado durante la enfermedad y lo que sentiste cuando se fue. Déjate llevar, al escribir, por lo que te surja sin pensar si tiene lógica o sentido. Te ayudará a conectar con tus sentimientos y liberarte de ellos.

O, si lo prefieres, busca hablar con alguien de tu confianza de lo que has vivido en los últimos días de tu padre. Aunque no sepas por dónde empezar, habla de lo que hacías atendiéndole, de cómo os relacionabais tu padre y tú, de lo que hablabais y compartíais juntos. Te ayudará a ser consciente de lo vivido y expresar el dolor y la pena.

No te olvides de que sientes que a tu padre no lo has perdido sino que te sigue cuidando allá donde esté. Sólo necesitas encontrar la forma adecuada de poner palabras a tus vivencias para no llevarlas en silencio desde la soledad.

Te deseo que te ayuden mis consejos en estos momentos duros de tu vida.

Un fuerte abrazo.

 

*Este consultorio ha sido realizado previa autorización expresa del paciente, debidamente modificados algunos datos para preservar su anonimato.

 

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Si reaccionas es porque algo te toca
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Belén Casado Mendiluce | 09-11-2012 | 07:17| 8

 

Últimamente ando pensando qué nos lleva a las personas a romper relaciones, de amistad o de trabajo, cuando surge alguna dificultad. Algunos se avienen a tener conversaciones para aclarar el malentendido y otros optan por cortar radicalmente sin querer saber nada más del otro.

Soy consciente de que no todo se soluciona hablando, sobre todo cuando una de las dos partes no se da cuenta de lo que nos hace daño y lo sigue repitiendo una y otra vez. Entonces la distancia es el mejor remedio en vez de intentar inútilmente aclarar las cosas.

A veces, lo que nos hacen o nos dicen nos toca una fibra sensible, un punto que nos tiene “agarrados por dentro”, que no sabemos cómo manejar y que el otro al poner su dedo ahí provoca un rechazo visceral en nosotros. Entonces, reaccionamos como animal herido y mandamos todo a tomar viento fresco.

Es bueno pararse a sentir si mi reacción dice algo de mí que no me había dado cuenta o me cuesta ver: que no me sé manejar bien con el dinero, que no me atrevo a separarme por miedo o que no soporto mi soledad. Comprendiéndome a mí misma puede resultar innecesaria la respuesta de “rompe y rasga” que antes habíamos dado al que nos había ofendido.

Nos solemos quedar tranquilos cuando nos alejamos de la persona que nos ha molestado, pero no estaría mal que nos preguntáramos, a solas y en silencio, qué de verdad hay en lo que nos ha pasado, para que no se nos pase por alto lo que tiene que ver con nuestra manera de ser y no con la del otro.

Es más fácil poner al “enemigo” fuera de uno que darse cuenta de que lo tienes dentro de casa y que es…uno mismo. Que puedes tener un tirano dentro que no para de machacarte y te duele cuando te dicen que intentas controlarlo todo. Que vas pidiendo consejo a diestro y siniestro y te duele cuando te dicen que vas de víctima. Que tienes un sentido exagerado de lo que está bien y está mal y te duele cuando te llaman rencorosa.

Hay muchas actitudes en uno mismo que son muy sutiles y que sólo las vemos al vernos reflejados en el espejo que nos devuelven los demás. La intensidad de cómo reaccionemos frente a una ofensa nos puede dar la medida de hasta qué punto somos conscientes o no de cómo somos.

 

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A nadie le gustan las despedidas
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Belén Casado Mendiluce | 07-11-2012 | 07:41| 15

 

Dejar marchar una relación de pareja que no puede ser, dejar de empeñarse en una amistad que no cuaja, aunque lo intentemos mil veces, son maneras de decir adiós…un aprendizaje necesario e inevitable en la vida.

Nos despedimos calladamente del amigo que, por simples derroteros de la vida sigue diferentes caminos al nuestro, como aquel que forma una familia y se sumerge en la vorágine del trabajo sin tiempo para nada más, distanciándose del amigo que sigue viviendo solo.

Son despedidas como la vida misma, que se van dando poco a poco, donde “la distancia hace el olvido” y el poco trato consigue que se diluyan las ganas de estar y compartir. Se sufre menos aquí porque uno se va preparando con tiempo aunque cuesta admitir que lo de ahora ya no es como antes.

Pero hay otras despedidas abruptas, rupturas que uno no espera o sí intuye pero prefiere no ver. Esas son las que más duelen porque nadie quiere soltar a lo que se siente unido. Nos aferramos a que nos quieran, nos deseen o nos busquen cuando, simplemente…el otro ya no quiere.

E intentamos analizar la situación, buscar porqués que no los busca la persona que nos deja sino la dejada. “Quizás no le comprendí lo suficiente o no supe prestarle atención en un momento dado” nos decimos, cuando la única verdad es que el amor sólo no basta para mantener una relación y que por mucho que hagamos “encaje de bolillos” haciendo incluso alpinismo para compartir aficiones con mi pareja, no por eso me va a querer más.

Y cuesta no hacer nada, no coger el teléfono para interesarse por el otro, no darse nuevas oportunidades en la pareja que sólo nosotros deseamos, cuesta dejar que el tiempo pase en soledad, sin la otra persona a nuestro lado. Cómo cuesta “echar el freno de mano” cuando uno quiere arreglar las cosas.

Pero no queda más remedio que vivir y sentir la tristeza y el dolor de la despedida. Quisiéramos no tener que pasar por el mal trago, evitar el sufrimiento, pero lo que no se siente…no puede pasar. El sentimiento que no se vive no se puede transformar en otro más tranquilo.

Despedirse es aprender a “soltar” nuestras expectativas de cómo nos gustaría que fueran las cosas, de cómo creemos que tienen que ser, cuando la realidad se nos manifiesta como es por mucho que le queramos cambiar el rumbo.

No sólo nos despedimos de alguien sino, fundamentalmente, de una parte de nosotros mismos que nos impide avanzar en el camino. Es dejar las actitudes y pensamientos que nos hacen daño y a los que, inconscientemente, estábamos aferrados. Es descubrirme y encontrarme a mí mismo.

 

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“Soy un chico al que su novio le ha dejado”
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Belén Casado Mendiluce | 05-11-2012 | 06:44| 6

 

“Necesito un consejo.

Soy un chico al que hace 5 meses le ha dejado su pareja (otro chico).

Estuvimos nueve meses saliendo. La relación en pareja era muy buena; a penas discutíamos, el sexo era bueno y la confianza era casi ciega.

En un momento de la relación, él empezó a tener problemas económicos, tuvo que alquilar una habitación de su casa para hacer frente a los gastos, retomó su antiguo trabajo y además ha empezado a estudiar de nuevo y a estar ocupado para “no pensar”, según me ha dicho.

Cuando, unilateralmente, decidió acabar me dijo que ya no sentía lo mismo que al principio y que yo estaba en un nivel superior dentro de la relación, porque yo aportaba mucho más que él. Además me comentó que no “le llamaba” apoyarse en mi. Me dijo que ya sabía lo que era estar por estar con una persona y que no quería eso.

La ruptura no me la esperaba, la verdad. Unos días antes sí le noté más extraño de lo normal, pero pensaba que tenía que ver con su situación. Seguimos en contacto, aunque mantiene una distancia enorme.

He tenido un gran apoyo de mis amigos. He intentado rehacer mi vida conociendo a más chicos y teniendo relaciones sexuales. Aun así, sigo enamorado de él y tras pensarlo mucho, he decidido replantearle la relación.

Soy una persona poco asertiva, lo contrario que él ¿Crees que se lo debo decir? Si es así, ¿cómo se lo puedo plantear? Estoy muy confundido y perdido, puesto que es la primera vez que me ocurre estar en esta situación.

Soy un chico extrovertido y alegre pero llevo una temporada con altibajos en mi carácter debido a la ruptura. Es imposible echarle de mi corazón ni de mi.”

Gracias de nuevo

 

Lo que comentas en tu carta requiere dar una respuesta con cierta profundidad.

En primer lugar, hablas de tu relación muy positivamente (buena confianza y sin a penas discusiones) pero a ti te ha cogido por sorpresa la ruptura, lo que me lleva a pensar que no había una comunicación suficiente entre vosotros para ir hablando de cómo os sentíais y de los cambios en vuestros sentimientos.

Tu novio ha podido verse afectado por los problemas económicos y la falta de intimidad en su propia casa al tenerla que compartir, pero estas circunstancias no determinan un cambio en el afecto hacia la pareja, acaso compartir los reveses de la vida nos une más porque no nos sentimos solos.

No ha querido hacerte daño diciéndote que aportabas más que él en la relación, pero la realidad es que sus sentimientos hacia ti habían cambiado como se refleja cuando te dice que no quiere estar por estar. Cuando dos personas se quieren no miden quien da más, acaso lo buena persona que sea el otro me ayuda a serlo yo también.

No te aconsejo que le replantees la relación porque sólo va a servir para que sufras más con su negativa, aunque no te lo vaya a decir claramente. El ya sabe que tú no querías romper y que estabas por él, así que deja que sea él quien dé el paso del acercamiento, si es que surge.

Mientras tanto, date un tiempo sin embarcarte en una nueva relación porque hace falta reposar todo lo vivido para darte cuenta de los errores que no quieres volver a repetir. Hace falta cierto tiempo para superar una ruptura e implicarse enseguida en una nueva pareja sólo sirve para enredarse.

Deseo, de corazón, haberte servido de ayuda.

 

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Ante la duda di: “No sé”
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Belén Casado Mendiluce | 31-10-2012 | 08:04| 26

 

Hay momentos en los que dudamos y parecemos la indecisión personificada, situaciones que no son planificadas y en las que no sabemos cómo actuar. Si reposamos lo vivido, nos daremos cuenta de que se aprende sobre la marcha.

No siempre sabemos reaccionar en el momento ni verbalizar lo que queremos. Nos presentan un plan alternativo al que habíamos pensado para el fin de semana y nos sale la actitud de agradar. Total, nos decimos, podemos pasar un buen rato de una forma diferente y si alguien está a gusto con nosotros ¿por qué no? Pero si hay otra persona a la que le disgusta el plan, nuestro afán de agradar puede convertirnos en marionetas en manos de los demás.

En realidad, en ese momento, necesitaríamos tener más tiempo para saber sinceramente qué queremos hacer nosotros. Pero los acontecimientos tienen su propia velocidad y no siempre resulta fácil parar.

Cuando te veas indecisa, simplemente, di: “No sé”. Date permiso para no tener que decidir en el momento, y estando en la duda tienes más tiempo para dejar sentir lo que quieres hacer.

No siempre podemos hablar con claridad porque hay situaciones enrevesadas en las que están presentes diferentes personas, cada una con su forma de ser. Los grupos son más difíciles de desenvolverse en ellos que de uno en uno.

Si tienes dudas, no sabes por dónde tirar, verbalízalo con un: “No sé”. Es mejor que dejarte llevar cuando sientes algo en tu interior que te frena, cuando hay algo que te incomoda o no te deja estar suelta. Es ese semáforo interior que te avisa de que le tienes que hacer caso.

Habrá otros momentos en los que ante tu indecisión te dejarás llevar sin más problemas por lo que surja sobre la marcha, haciendo esos planes fuera de la programación que habías pensado, incluso disfrutando con ello. Pero no cuando sientes algo dentro que te dice: “No sé si es el momento para mí de hacer esto” o “No me apetece estar demasiado con tal persona”.

Entonces escucha lo que sientes y di: ”No sé”. Es una manera de darte tiempo y algo de tranquilidad, sin presionarte a ti misma para dar ninguna respuesta concreta. Nadie te tiene que obligar a nada, mucho menos tú.

 

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“Estoy pasando el mal trago de una separación”
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Belén Casado Mendiluce | 29-10-2012 | 07:28| 7

 

Llevo un tiempo leyendo tu blog viendo como ayudas a gente, tal vez porque quiero buscar respuestas en temas como los que ahora estoy pasando yo.

Tengo 44 años…. y ahora estoy pasando el mal trago de una separación…. en una habitación de prestado porque (por el dinero o por no hacer pasar a mis hijas por delante de un juez y de un tribunal psicológico) he aceptado salir de casa.

Me siento triste ….no por romper algo sentimental ……..que quizás ya no existía…… sino por que ahora me han separado de mis hijas y no tengo donde estar con ellas tranquilamente…… jugando a la Wii o bañando a la pequeña (15 y 5 años, respectivamente) y compartiendo las alegrías y tristezas de la mayor….

Ahora son visitas furtivas: ir a la parada del autobús del cole para verle y llevarle a casa….. o llevarle al cine y cuando oscurece devolverla.

Imagino que me recetarías paciencia, ánimo y día a día ir aguantando ….esperar la oportunidad de poder tener un piso para mi donde poder estar con ellas …..cuando quisieran……pero mientras me muero de tristeza en ese sitio que ni es mio ni nada parecido …….de prestado y sin ellas…………

En fin …………quizás sólo quería contárselo a alguien…….que tras haberte leído varias veces ……tienes sensibilidad y palabras justas para cada caso……….”

Un abrazo enorme.

 

Comprendo perfectamente tu dolorosa situación. No puedes compartir la vida de tus hijas de la misma manera que antes de la separación y eso produce un desgarro interno. Pero tú no has perdido a tus hijas, sigues siendo su padre.

Procura cuidar al máximo el tiempo que estás con ellas, compartiendo actividades juntos o, simplemente, conversando de lo que quieran. Mantente atento a lo que necesiten, interesándote por su día a día, aunque sea por teléfono, para que así te sientan como alguien presente en sus vidas.

La mayor va teniendo edad de estar contigo cuando ella quiera, no sólo cuando marque el convenio regulador, y la pequeña todavía necesita que estés con ella desde el disfrute y lo lúdico, para pasarlo bien juntos.

En ese contacto contigo, aunque sea con menos frecuencia que antes, tus hijas percibirán un padre atento y cálido con ellas, contribuyendo a que sientan el deseo de volver a estar contigo. La relación padre-hijas no se rompe por una separación, acaso hay que poner más calidad en el tiempo que se comparte.

Preocúpate de estar lo mejor posible contigo mismo, para que en el encuentro con tus hijas estés lo más sereno y con el mejor ánimo que puedas con ellas. Es importante que no les lances negatividad contra su madre para que no se sientan divididas por el afecto hacia los dos.

En esta etapa dura de tu vida es normal que te invada el desánimo y la tristeza, pero ten presente que las relaciones que se construyen con cariño y dedicación no se pierden. Procura dejar de pensar en lo que has perdido para centrarte en lo que sí puedes hacer con tus hijas; ellas lo notarán.

Haz actividades para relacionarte y compartir, así, cómo te sientes. Intenta no encerrarte en tu soledad y, para ello, la relación con los demás te ayudará a levantar tu ánimo y rehacer tu vida. Es un camino en el que saldrás fortalecido.

Espero haberte sido de ayuda. Un sincero abrazo.

 

*Este consultorio ha sido realizado previa autorización expresa del paciente, modificados algunos datos para preservar su anonimato.

 

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*En Vídeos de Reporteros DV podéis ver el que me realizaron el pasado jueves 25 sobre: “Cómo combatir el estrés”.

 

 

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No esperar nada te da libertad
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Belén Casado Mendiluce | 26-10-2012 | 05:18| 8

 

No, no te confundas. No es que me da igual que me traten con calidez que fríamente, pero cuando no espero que me den nada, valoro más lo que me dan.

Pero claro, esta actitud sirve para determinadas relaciones; aquellas en las que no hay demasiada confianza o poco trato pero te ves obligado, por trabajo o familia, a tener algún tipo de contacto; aquellas que deseamos que sean de otra manera y, por un motivo u otro, siempre siguen igual… de distantes.

Te gustaría que hubiera más comunicación, más cercanía, más trato, pero te das cuenta de que, por uno o por otro, siempre surgen obstáculos, piedras en el camino que hacen que se tenga la sensación de ser una relación minada.

Entonces, prueba a hablar con naturalidad a esas personas, sin guardarles rencor pero sin pretender agradarles, sin caer en forzarte a ser simpático, cariñoso o atento. Simplemente, les hablas dejando de lado el deseo de tener su amistad o compañía, como si no esperaras nada de ellas. No cierres la puerta a esas personas, si es que surge el encuentro, pero no vayas con ninguna expectativa de lo que te gustaría encontrar.

Esta actitud te da una enorme libertad interior. No significa que no te duela, sobre todo al principio, la distancia, pero dejas a la gente en paz cuando no quieren una relación contigo y te dejas a ti mismo en paz dejando de pretender su amistad. La libertad de soltar, dejar de aferrarte a lo que no puede ser.

Con el paso del tiempo, te vas tranquilizando y eres capaz de hablar a esa persona sin recordar las antiguas ofensas, sin quererle pagar con la misma moneda y actuando con ella con respeto pero sin tenerle que demostrar nada: ni lo competente, ni la buena persona que eres.

No esperes nada que no surja naturalmente. Vas a ir sintiendo que eres libre porque dejas de gastar energía para conseguir lo que quieres y dejas de sufrir por no tener lo que deseas. Has soltado cualquier pretensión de cambio -aunque no cierres la puerta- y te has ido a tu casa en paz.

Pero cuando tu relación sea de confianza e intimidad, entonces es normal desear que algo mejore cuando va mal, siendo la comunicación una herramienta imprescindible para ir limando asperezas. No se puede no esperar nada en una relación de pareja o con un hijo, porque corremos el riesgo de acostumbrarnos a la falta de afecto, o a no significar nada el uno para el otro.

Aprende a soltar la cuerda que te mantiene atado a tus expectativas de lo que tendrías que recibir de los demás. Deja de esperar nada para darte cuenta de que, dentro de ti, no estás con las manos vacías.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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