Diario Vasco
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Una estafa: calidad y mejora continua
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Belén Casado Mendiluce | 21-10-2015 | 08:39| 7

 

En la vida personal no se puede estar constantemente aprendiendo, mejorando y creciendo como personas. No hay que hacer una carrera de obstáculos con nosotros mismos pretendiendo alcanzar alguna meta de excelencia. ¡Qué cansado!

Me acuerdo cuando, hace poco, una persona me dijo, con buena intención, con respecto al blog: “sigue mejorando”. Cuando leí aquello, algo me chirrió dentro de mí como si en la vida tuviera que seguir esforzándome por alcanzar alguna cima o llegar a no sé dónde para demostrar así lo que valgo.

Sé que, en general, tengo la actitud de querer aprender y mejorar pero, no me engaño, no siempre estoy abierta a ello porque puede que no sea el momento de aprender, porque necesite primero desahogarme o vivir mi malestar el tiempo necesario para serenarme.

Aprendemos de las circunstancias de la vida cuando estamos preparados para ello, no antes, y eso es algo que no se puede forzar. Me recuerdo a mí misma  ante las situaciones difíciles que estoy dispuesta a querer ver, a tener los ojos abiertos para darme cuenta, y sé que aprenderé cuando pueda, no antes. Eso me relaja.

Puede que necesite mi tiempo para asimilar lo que vivo aunque a otro le parezca una simple etapa en el camino. Porque para dar el siguiente paso tengo que haber sentido el momento en el que estoy con toda la consciencia que sea posible, haberlo vivido totalmente, implicándome todo yo.

No se trata de mejorar y crecer constantemente. Hay que saber parar, estar donde se está sin otra pretensión que la de vivir lo que toca, ya iremos cambiando cuando sintamos la necesidad de ello, la de situarnos en otro punto distinto del que estábamos porque nos sentimos mejor así.

No quiero estar mejorando como persona como si estuviera en una empresa de la que tengo que dar cuentas de mi rendimiento, no voy a competir conmigo mismo ni voy a demostrarme lo inteligente o competente que soy. Me dejo en paz y no me juzgo por haberme equivocado.

Así que si ahora quiero tomarme un tiempo para estar en el momento de vida que estoy sin meterme prisa por tener que decidir nada ni cambiar nada, me dejo estar. Si el crecimiento constante en la naturaleza resultaría monstruoso, tampoco me hace falta llegar a ningún punto diferente del que estoy. Es así.

 

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¿Añoras vivir de manera sencilla?
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Belén Casado Mendiluce | 14-10-2015 | 08:01| 12

 

Una se cansa de levantarse por la mañana y tener que encontrarse que hay que estar solucionando problemas. ¿La vida es eso?, me pregunto, porque a mí no me ponen los problemas, como si fueran retos o desafíos a realizar. No tengo ninguna necesidad de ponerme retos en mi vida.

“¡Pero si yo no me busco problemas!”, me digo ingenuamente, como si dependiera de mí el que me surgieran más o menos problemas en mi vida. Y me vuelvo a preguntar qué es vivir de manera sencilla porque está claro que no es tener ausencia de problemas, eso ya lo veo, que los problemas surgen sin que uno los busque; se presentan, sin más.

Me parece que esto de la sencillez es tarea harto complicada. Hay quien haciendo humor negro me dijo que la sencillez era la paz de los cementerios, pero, claro, no hay vida en ellos, así que no deseo la muerte sino la vida.

Pienso que vivir de manera sencilla no hace referencia sólo a lo material, que también, de manera que hay que vivir con cierta austeridad, que no pobreza, para desapegarse de los bienes materiales. Pero tiene que haber algo más.

Creo que vivir con sencillez es cultivar una actitud interior de sencillez. Tiene que ver con tener una mente sencilla y actuar de forma sencilla. Me voy a explicar.

Tener una mente sencilla es procurar no rumiar las cosas innecesariamente en mi cabeza, dándoles vuelta sin parar. Que las dejo estar aunque no me agraden y convivo con ellas aunque sienta que me hayan fastidiado el día. Pero intento dejar reposar lo que ha ocurrido en silencio sin quejarme constantemente de ello. Cuando reposo las cosas se acaba formando un poso de tranquilidad.

Actuar de manera sencilla es procurar no resistirme a nada ni rebelarme frente a nada. ¿Qué difícil no? Intento  dejar de gastar energía y esfuerzo en pretender que las cosas sean diferentes a como son. Pero esto tiene truco, porque va en doble dirección. Si no pretendo que las personas sean diferentes a como son, tampoco yo me fuerzo  a ser diferente a como soy para agradar a los demás, así que tengo derecho a apartarme de aquellas personas que me hacen daño.

Tener una mente sencilla y actuar de manera sencilla, ahora sí que me encaja entender lo que es vivir de manera sencilla. Aunque sigan viniendo problemas a mi vida, sin yo buscarlos, eso no significa que no pueda vivir con sencillez, porque es mi actitud la que lo hace posible.

 

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El éxito social no es un valor
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Belén Casado Mendiluce | 07-10-2015 | 08:01| 7

 

No es que me guste mucho la televisión pero una de las cosas que me agradan son las entrevistas, saber experiencias y vivencias del personaje en cuestión.

Pero estoy llegando a la conclusión de que los entrevistados ya no tienen interés para mí. Todas son personas que han alcanzado el éxito económico y social, son un reflejo de los valores de esta sociedad.

¿Es un valor ganar mucho dinero? ¿Es un valor ser reconocido y envidiado por los demás? En esta sociedad, sí. Pero no quiero entrar en ese juego.

No me interesa acumular dinero con el que mantener un nivel de vida de lujo y riqueza, fuera de la realidad. No me interesa ser reconocido por la calle y perder mi anonimato. No me interesa que se me tome por modelo a seguir de nada, porque no quiero tener que estar cumpliendo las expectativas de nadie.No me interesa que se me valore por los logros conseguidos y no por lo que soy como persona. No me interesa tener que estar siempre demostrando lo competente, inteligente o agradable que soy.

Me da nauseas todo esto. Aspiro a tener lo necesario para vivir, cubriendo mis necesidades básicas sin querer acumular innecesariamente, y sigo aprendiendo. Aspiro a vivir mi vida lo más conscientemente posible porque la mayor responsabilidad la tengo con mi propia vida. Hago mi trabajo lo mejor que sé sin querer ser alguien que esté en boca de todos. No quiero estar tan pendiente de la imagen que doy para acabar perdiéndome a mí mismo.

Porque la fama, el éxito tiene su precio, un precio monstruoso que, de ninguna manera, estoy dispuesto a pagar. Y ese éxito no es un valor para mí.

Me gustaría que entrevistaran a personas que se salen de los esquemas de esta sociedad. Personas que siendo millonarias, lo han dejado todo para irse a vivir a un monasterio. Personas que han optado por vivir en vocación de servicio a los demás y son felices así. Personas que viven contracorriente, al margen del sistema, pero que pueden enriquecer enormemente a los demás. Personas que buscan tener menos y ser más, por lo menos ser ellos mismos.

Así que el éxito no es un valor para mí. Acaso el no-éxito implica un camino de desapego que me resulta mucho más interesante y humanizador. Un camino donde nos preocupamos por desarrollar la conciencia que somos y contribuir así a crear un mundo más justo.

Empecemos ya, cultivando el darnos cuenta de nosotros mismos en lo que podamos, de esta manera vamos creando un influjo beneficioso a nuestro alrededor, el influjo de vivir desde el ser consciente.

 

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¿Cada pareja es un mundo?
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Belén Casado Mendiluce | 30-09-2015 | 08:02| 6

 

Evidentemente, cada pareja establece, implícita o explícitamente, sus propias reglas de funcionamiento que hacen que sea una pareja con una forma única y singular de funcionamiento.

Hay parejas que, desde el comienzo de conocerse, no se prodigan en manifestaciones de cariño, o no sienten la necesidad de hablar mucho entre ellos o prefieren seguir cultivando sus aficiones sin compartirlas en común.

Sí, hay de todo, y si ambos están de acuerdo en cómo viven su relación, no seré yo quien vaya a cuestionar nada. Pero cuando uno de los dos se siente insatisfecho, es hora de cuestionar el tipo de vida que llevas.

Una cosa está clara: si tu pareja nunca ha sido comunicativo ni cariñoso, por ejemplo, no pretendas que ahora vaya a cambiar porque seas tú quien haya cambiado y le pidas otra cosa a la relación. Probablemente, tu pareja no va a ser de otra forma así que cuestiónate si quieres seguir al lado de ella tal como es o separarte de ella.

Porque, sintiéndolo mucho, no hay término medio. Puede que sigas con tu pareja porque te siga aportando cosas positivas o porque estás cómoda en la convivencia o porque te da pereza, cuando no miedo, embarcarte en una dolorosa separación.

Pero si lo que tú necesitas en una relación es importante, como una mayor comunicación entre vosotros, mayor afecto y cuidado mutuos o compartir momentos de ocio, es hora de que hagas caso a lo que sientes porque si no te vas a ir frustrando cada vez más sin remedio.

Lo siento, no todas las parejas son igual de válidas para mí. Y no vale decir que como se separan hasta las parejas aparentemente mejor avenidas, no es posible saber qué es lo que funciona y qué no en una pareja. Eso no es así.

Yo digo que una cosa es la apariencia y otra la realidad, así que yo no puedo saber cómo es una pareja de puertas adentro, pero también es cierto que una mala relación de pareja también se acaba reflejando, de alguna manera, en el exterior, será porque soy de naturaleza observadora y me fijo en los detalles…

¿Os cuidáis mutuamente, tanto física como psicológicamente hablando?, ¿compartís verbalmente no sólo lo que hacéis sino, sobre todo, cómo os sentís?,¿buscáis momentos de disfrute compartido? Que cada uno se responda a esos interrogantes…

En pareja, compartir la vida y crecer juntos es mi lema.

 

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¿Abrazos o acto sexual?
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Belén Casado Mendiluce | 23-09-2015 | 07:58| 14

 

Tanto los hombres como las mujeres prefieren abrazarse que realizar el acto sexual. Son las conclusiones de una encuesta que presentó en su columna Ann Landers, y yo me suscribo a ellas. Al comienzo de una relación, las parejas tienden más a tocarse: cogerse de la mano, abrazarse y acariciarse, pero estas mismas actividades, con el paso del tiempo, quedan relegadas para ceder el protagonismo al acto sexual.

Y no es que no sea importante mantener relaciones sexuales, pero las personas necesitamos sentir el contacto físico no sólo orientado al sexo, sino integrado en el día a día. Hace falta cultivar la sensualidad en la vida diaria: hacerse un masaje, darse diarios abrazos cuando nos reencontramos en casa, cogerse de la mano cuando se sale a la calle, tocarse como signo de reconocimiento mutuo…

Y no sólo ejercitar la sensualidad como paso previo a tener relaciones sexuales, no. La sensualidad es necesaria para sentirse tenido en cuenta en una relación, necesaria para demostrar una aproximación física que no tiene más interés que mostrar el afecto y la cercanía. ¿Acaso hay que tocarse sólo cuando se tienen ganas de hacer el acto sexual?

Siempre me acordaré de que estando próxima a mi divorcio, fui más consciente de nuestra distancia emocional como pareja porque ya no nos cogíamos de la mano al salir a la calle. Mi mano buscaba la suya cuando paseábamos y darme cuenta de que al quedarme yo quieta él ya no buscaba mi mano ni ningún contacto físico, fue la constatación palpable de que algo ya estaba muerto entre nosotros.

Hay que tocarse más, sin miedo, sin prejuicios, porque el contacto físico en una pareja es un signo de una buena salud psicológica y contribuye a afianzar los lazos. La sensualidad se puede expresar de diversas maneras, según el gusto de cada pareja. ¿Quieres ideas? Ahí van: daos alternativamente, sin prisas y sin pretender luego tener relaciones,  un buen masaje con aceites aromáticos, reservad un tiempo para bailar juntos en el salón de casa vuestra música favorita, cuando os reencontréis al final del día daos un abrazo y permaneced en él unos segundos en silencio, dadle al compañero esa actividad especialmente gratificante como cepillarle el pelo o darle un masaje de pies, id juntos por la calle de la mano, antes de dormir abrazaos mutuamente en la cama…

Y sobre todo, hablad de lo que os agrada, de lo que os gustaría recibir del otro en el día a día, de vuestras fantasías para una tarde especial, la sensualidad no se circunscribe únicamente a la relación sexual, es un campo en el que podéis expresaros y crecer como pareja. Ser sensuales os hace atractivos el uno al otro.

 

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He vuelto
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Belén Casado Mendiluce | 14-09-2015 | 07:59| 10

 

Me alegro estar aquí de nuevo, entre vosotros. No he estado de vacaciones ni me he tomado unos meses sabáticos, simplemente, he estado de baja por enfermedad. ¿Qué me ha pasado, te preguntarás, para estar 4 meses fuera de circulación? Una hipotensión de LCR (líquido cefalorraquídeo) me provocaba mareos y dolores de cabeza diarios, así que no tuve más remedio que parar cuando tuve que ingresar en el hospital.

Han sido meses duros, que no precisamente me los he tomado para disfrutar del parón. A la vuelta del hospital, en casa, contaba los días para reincorporarme al trabajo, con ilusión y esperanza de ponerme bien y empezar a hacer vida normal, ¡qué más quería yo!…pero las cosas no salen como uno espera.

Pasaban las semanas y no mejoraba como necesitaba ya que tenía que pasarme mucho tiempo tumbada por el dolor de cabeza, y los médicos no me ofrecían ninguna solución.” Ya hemos hecho el tratamiento pertinente y ahora es usted quien tiene que hacer un esfuerzo por salir adelante”. “¿Pero qué esfuerzo voy a hacer yo para que no me duela la cabeza?”, me quejé. “Todos tenemos malestares”, me dijo el neurólogo, “así que -dándome una palmada en la espalda que parecía que me quería quitar de en medio-… ¡a disfrutar de la vida! “, me despidió de la consulta.

Estupefacta ante la respuesta, tuve claro que tenía que buscar un tratamiento alternativo, algo que me ayudara a recuperar la salud perdida porque, sinceramente, no tengo vocación de mártir. Descartando las vías que en otro momento había probado pero que habían resultado infructuosas –quiropráctico, osteópata, homeópata,…- me aconsejaron la vía de la medicina china, ahí que fui a probar sin querer agarrarme a un clavo ardiendo pero con fuerzas para intentar buscar una salida.

He empezado a ver la luz- gracias Jon Ken por ponerte en mi camino- a través del bio-magnetismo, un tratamiento que me ha ayudado a sentirme mejor, con fuerzas para afrontar el día a día…y volver a trabajar.

Hay quien me dijo que, tras esta enfermedad, mis escritos en el blog se verían enriquecidos por mis vivencias. Supongo que seréis vosotros, los lectores, quienes tenéis que opinar sobre eso, pero como yo nunca salgo indemne de nada, si algo ha cambiado en mi interior, … lo notaréis en seguida.

Quedan contestados los comentarios pendientes del último post: “Me cansé de sufrir”, y espero seguir contando con vuestra presencia… ¡aunque sea de manera virtual! Un cálido abrazo a todos.

 

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Me cansé de sufrir
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Belén Casado Mendiluce | 06-05-2015 | 09:19| 8

 

Vaya de entrada el decir que me gusta tener amig@s, ¿a quién no? Me gusta poder contar con alguien que me escuche, se interese por mí y me apoye. Y creo que demostrar lo mismo por la otra persona es sentir una reciprocidad enriquecedora.

Pero hoy no quiero dar un discurso sobre la amistad porque sé que la teoría, como en tantas otras cosas, nos la sabemos todos. Tantas veces he pensado que las relaciones, del tipo que sea, hay que cultivarlas que hoy prefiero escribir no de lo que tengo que sumar, añadir, para que la amistad funcione sino de lo que prefiero soltar y dejar de hacer para, simplemente, sentirme en paz.

Cada vez más siento en mí la necesidad de dejar de sufrir por cómo son los demás; me he cansado de sufrir si tal amiga me llama o no cuando estoy enferma o si cuenta o no conmigo para hacer un plan juntas. Ya está bien de comentar lo que me duele, de analizar los motivos de los demás para actuar como actúan, de sufrir porque las cosas sean diferentes de como son.

¿Es que me da todo igual? No, en absoluto. No se ha apoderado de mí una indiferencia que me haga comulgar con ruedas de molino. Sé lo que me gusta, lo que me agrada recibir, pero no me apetece gastar energías en analizar por qué los demás son como son ni en sufrir yo por no recibir lo que deseo.

Yo que creo en el poder de la comunicación entre las personas, también creo que no todo se resuelve hablando. Hablar para cambiar al otro, para que se dé cuenta de algo, en ocasiones, no me ha dado mucho resultado. Al principio cambian las cosas quizás para agradar al otro pero, al cabo de cierto tiempo, todo vuelve a su ser, como antes.

No sé cómo reaccionaré cuando me vuelva a encontrar con la amiga que está “desaparecida en combate”. Quizás, es su historia y no la mía la que le hace comportarse como lo hace, ni es culpa mía ni yo valgo menos por no recibir sus llamadas. Pero ya no quiero sufrir por ello.

Si la vuelvo a ver y se autoengaña diciendo que andaba ocupada en sus cosas, por ejemplo, no quiero interiormente restarle importancia a su ausencia, pero  decirle… ¿qué? Quizás los silencios sean más elocuentes que las palabras, quizás una tranquilidad no complaciente, por mi parte, deje más en evidencia lo que siento aunque no lo diga.

No deseo mal, no albergo rencor, pero tampoco quiero renunciar a lo que siento…aunque no le ponga palabras a ello.

 

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Buscar un sentido al dolor es una blasfemia
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Belén Casado Mendiluce | 30-04-2015 | 09:03| 10

 

Estoy indignada. No puedo entender cómo puede haber escritores cristianos de renombre que escriban lo siguiente: “Reaccionar ante el dolor con animadversión es la manera de convertirlo en sufrimiento. Sonreír ante él, en cambio, es la forma de neutralizar su veneno”.

Cuando se sufre el dolor físico, como un dolor de cabeza por ejemplo, no se puede hacer otra cosa más que sufrirlo e intentar estar como se pueda: metiéndose en la cama o tomando un analgésico, pero sonreír ante él resulta del todo irreal e inaceptable.

No creo que haya que buscar ningún sentido al dolor, es lo que es, una realidad inevitable de nuestra vida de la que no hay que pretender sacar ninguna lección especial; bastante tiene uno con sufrirlo y llevarlo de la mejor manera posible como para pensar que el dolor está ahí para enseñarme algo.

Cuando el cuerpo te duele, te duele y ahí no hay conversión al sufrimiento que valga. No es que yo convierta el dolor en sufrimiento psicológico, es que ¡lo sufro en mis propias carnes! Cada persona tiene una tolerancia diferente al dolor, unos aguantan más que otros, pero pretender estar relajados y tranquilos en esa situación me parece sublimar lo inaguantable.

Por supuesto, no creo que todas las situaciones de la vida se presentan para que aprendamos algo de ellas (por ejemplo, el cáncer infantil, ¿qué tiene que aprender un niño de eso?) ni haya que creer que sólo se aprende y se madura gracias al sufrimiento.

Soy creyente, pero me rebelo contra la tergiversación que ha hecho la Iglesia Católica del mensaje de Jesús de Nazaret. El Dios en el que creo es un Dios de VIDA, no de muerte, sufrimiento y aguante. Un Dios que quiere lo mejor para cada uno de nosotros y que no nos manda ningún sufrimiento para ponernos a prueba. En esa línea, pienso que sería mejor retirar los crucifijos como símbolo de la Iglesia.

Así que el que piense que tenemos que dar la bienvenida y estar agradecidos a la Vida (léase Dios) por las experiencias duras de la vida y, entre ellas, el dolor físico, comete una absoluta blasfemia porque la vivencia de lo sagrado nunca puede estar unido al ensalzamiento del dolor. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

 

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Esto es un blog personal
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Belén Casado Mendiluce | 22-04-2015 | 09:30| 4

 

Hoy no me resulta fácil escribir en el blog. Cuando llevas varios años, una empieza a pensar que los temas se agotan, pero algo dentro de mí me dice que sentir, sigo sintiendo cosas distintas cada día, y eso no se agota nunca.

Pero el blog no es un diario para mí, ni siquiera estoy en las redes sociales porque, qué le voy a hacer, no son santo de mi devoción. Me cuesta entender la exhibición actual de la propia intimidad. ¿Acaso todavía existe el concepto de intimidad?

Cuando se publican fotos estando de vacaciones, cuando se comenta si uno está enamorado o si tu ex pareja ya no te pasa la pensión…¿qué es un blog personal? Todavía no he encontrado dentro de mí la respuesta que me satisfaga.

Quizás se me ocurre que personal es comunicar desde el  interior, desde la propia vivencia, desde lo que una intenta aprender mientras camina, de lo que me sirve a mí. Eso quiero, ahora me doy cuenta.

¿Ypor qué –y ahora hago de abogado del diablo- siempre tengo que aprender algo de lo que vivo? Ni que vivir fuera estar en una continua clase con exámenes y notas finales. Creo que prefiero vivir más relajada conmigo misma.

Me acuerdo cuando le oí a una persona decir que, al finalizar el día se hacía una especie de revisión de cómo le habían ido las cosas y cómo ella se había comportado. ¡Qué cansado! Me parece como ser un inspector de uno mismo… Para mí, en el momento de meterme a la cama quiero reconciliarme conmigo misma, descansar física y psicológicamente, dejarme en paz.

No me gustan las disquisiciones intelectuales en las que se busca mostrar lo brillante que se es, así que lo diré de manera sencilla. No siempre me doy cuenta en el momento de lo que me pasa; a veces, me salen esos automatismos difíciles de evitar y que le pillan a una desprevenida.

Entonces, algo siento en mi interior, se me agitan las tripas, se me acelera el corazón o algo me avisa que hubiera querido poner palabras a mi silencio desconcertado. Puede que me pare a escucharme, que deje de hacer cosas para distraerme. puede que deje la puerta abierta a darme cuenta de mí. O puede, simplemente, que siga mirando para otro lado y no me pregunte nada, quizás no es el momento, ahora no.

Pero no quiero vivir como si tuviera que pasar un examen de continuo, como si siempre tuviera que sacar una lección de lo vivido, como si me exigiera a mí misma ser lo suficientemente madura para aprender de la experiencia. Quiero vivir dejándome estar como pueda, permitiéndome estar como pueda, sin exigencias ni culpabilizaciones , ¿de qué sirven?

 

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Camino interior. Ya me he cansado, ya..
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Belén Casado Mendiluce | 16-04-2015 | 09:18| 9

 

Para mí los mejores escritos, aquellos que me seducen y me atrapan en su lectura son los que hablan de vivencias personales, los que muestran con humildad y sencillez la forma de ser y la personalidad del autor.

Pero me molesta cada vez más quien, para enganchar al lector, escribe inventándose historias “personales” que nunca ocurrieron más que en la fantasía del autor, quien da consejos psicológicos remarcando que no le hace falta tener un título colgado en la pared para hacerlo, cuando ese comentario denota un desprecio a los psicólogos de carrera.

Me he limitado durante los años de andadura de mi blog a escribir sobre los temas que a mí me interesaban sin perder el tiempo en entretenerme a criticar las formas de escribir de otras personas porque, entre otras cosas, considero que se acaba “pillando” a quien escribe de manera asidua, porque por mucho que se quiera dar una imagen de algo, se acaba intuyendo cuál es la verdadera forma de ser de quien escribe, incluida la mía.

No me gusta la mentira, el engaño y la descalificación, mucho menos cuando provienen de personas que se creen sus propias mentiras que, dicho sea de paso son las personas más peligrosas y de las que hay que resguardarse, y que acaban convirtiendo sus mentiras en “realidades” de cara a los demás.

Allá cada uno como es, y que cada uno lea lo que más le interesa, se puede pensar, pero me he cansado de no decir nada y de no alzar mi voz públicamente para decir lo que pienso. ¿Acaso el engaño vende más?

Nadie somos transparentes al 100% ni nos libramos de tener falsedades o contradicciones en nuestra vida, que para eso no somos totalmente conscientes de nosotros mismos, pero convertir la imagen en falsa realidad de manera continuada no puede tomarse con gracia justificándolo porque se provoca hilaridad y sonrisa en el lector con los escritos publicados.

Todos los que escribimos “vendemos algo” aunque sea porque  algunos tienen la suerte de dedicarse al oficio de escritor de manera remunerada y venden sus escritos y otros, sin embargo, escribimos por diferentes  motivos: para darnos a conocer profesionalmente, para compartir nuestros conocimientos e, incluso para, simplemente, disfrutar con el ejercicio intelectual de poner las ideas en orden.

Pero una cosa es eso y otra creer que vendemos “humo” y damos consejos que “vendo pero para mí no tengo”. El que no crea en los psicólogos está en su derecho de pensar así pero, por mi experiencia, suelen ser las personas que… más miedo tienen a mirar en su interior.

 

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Sobre el autor Belén Casado Mendiluce
Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.

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