Mateo 4, 12-23

Tres ideas principales sacaría yo hoy sobre este evangelio que hemos escuchado: “Ante vosotros está el que esperabais”, “Convertíos”, “Seguidme”.

    1.- El que esperabais

Nosotros, los creyentes en Jesús, hemos tenido una gran suerte. En Jesús de Nazaret, muerto y resucitado, Dios ha hecho presente su proyecto esperado por la humanidad durante miles de años. El que esperaban los hombres como salvador y como luz de la humanidad ha venido ya. No tenemos que esperar a otro. Dios ha irrumpido en la historia y se ha hecho presente en Jesús.

Él ha aparecido como la luz grande de la que habla el texto del evangelio. Un día, después de haber sido arrestado Juan el Bautista, Jesús fue a Galilea, empezando así la etapa de la predicación del reino de Dios.

    2.- Convertíos

Todo aquel que quiera pertenecer al grupo de los que creen en Jesucristo ha de efectuar un cambio radical en su interior, que se exteriorice en el comportamiento y en las obras: convertirse. Dialogar sobre el tema de la conversión: dejar el mal camino, tomar el camino bueno, desandar el camino equivocado y volver a casa, cambiar de actitud interior y hacer buenas obras, volverse a Dios y a los hermanos… Todo esto equivale a volver a nacer, nacer de lo alto, nacer del agua y del Espíritu.

    3.- Seguidme

“Pasando junto al mar… vio a dos hermanos… Les dijo: Venid y seguidme. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos… Jesús los llamó. Y ellos le siguieron. Y desde entonces, Jesús sigue viendo y llamando: Ven, sígueme; ven, sígueme…

    Creer en Jesús comporta, además de un cambio interior que nos ayude a poner nuestro corazón en la salvación que Cristo ofrece apartándolo de todo lo que nos divide de él, trabajar en la transformación del mundo, pero sin hacer de las cosas y de las personas ídolos absolutizadores de nuestro corazón y de nuestra entrega. Seguir y aceptar a Cristo comportará continuar su obra de liberación, formando con él un cuerpo, en el que cada cual tiene su parte diversificada en la tarea.

    La eucaristía es presencia del que esperábamos y vino, es llamada a la conversión y es alimento de nuestro seguimiento de Jesús.

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Diario Vasco

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