Con esto y un bizcocho…

hasta mañana a las ocho



     Que llevo dándole vueltas al tema y creo que ha llegado el momento de despedirse, pero antes quiero dar las gracias a los que vinieron un día, a los que estuvieron dos y a los que permanecieron al pie de los textos tantas veces! Gracias a todos por ser tan simpáticos, cariñosos, agradecidos. Gracias.
     Atrás quedan 137 artículos, como los apoda el blog, que son para mí un buen pedazo de camino que no podría haber recorrido sin todos los mogollones de comentarios que habéis dejado y que yo leía con avidez.
     Espero que allí donde estéis, os vaya bien, de todo corazón. Os dejo un abrazo y una sonrisa.
     Y como diría Dalsy…siyú.


 

Reverso

reverso de una persona


 


Tumbada entre los helechos
reposando sobre el calor de la arena o
escondida en su atalaya.
Ahí, sí.


Bajo las sábanas [confusas por el rumor de las olas]
inmersa en el agua templada de nuestra memoria o
al volante de un viaje a ninguna parte.
Ahí, sí.


Ahí se guardan  los recuerdos más preciados,
en la otra cara.
Ahí,
en el reverso del alma. 


 

Golpes de agua

golpes de agua


 


Espérame que ya vengo.


Aguarda y no te agites,


no te muevas [imposible].


Está bien.


Mientras no te mire,


haz lo que más te convenga,


sé fiel a tu naturaleza.


 


Eso sí,


cuando vuelva,


[encarecidamente te pido]


clava mis pies a la arena y,


muestra, de nuevo, de qué estás hecho.


 


Olor a salitre que blanquea las esquinas y se arremolina en los recuerdos,


viento que destapa las esencias de lo libre o de las algas y hormiguea en nuestras retinas,


golpes de agua que reverberan dentro del oído,


un horizonte inestable, sin rellenar, vacío,


el instinto de luchar cada día contra lo mismo,


cada día contra algo distinto.


 


Espérame que ya vengo.


Una vez más,


acércate hasta la orilla y


conquista mis sentidos.


 


 


clava mis pies


 

Madre

niño & mascota


 


Me encantan Calvin & Hobbes. Me gusta recordar cosas de infancia cuando leo y veo a Calvin dentro de sus viñetas, pero lo cierto es que a quien más me parezco ahora es a su madre, la que está a punto del síncope al volante del coche y la que hace purés verdes que Calvin evita comer a toda costa.


Purés verdes y carne guisada y crêpes de limón con azúcar y tortillas francesas de jamón y queso y…Y más: llevar los patines al cole y revisión del dentista y comprar chándal para baloncesto y…todo eso. Escribir, lo que se dice escribir…no mucho, la verdad.


 

Costurera de tus penas

costurera


 


Si pudiera


vendría hasta ti con una fina aguja


y con un hilo de cariño –de 16 quilates-


empezaría a dar suaves puntadas


para coser los desgarrones de la vida.


 


Si por un rato pudiera ser


costurera de tus penas.


 


Sacaría mi máquina de coser


y con ella hilvanaría tu tristeza


para que no se extienda.


 


Pasaría los entresijos y las entretelas


por debajo de mis manos


y deslizaría tu alma herida


para reparar los rotos del desamor.


 


Si pudiera


incluso sacaría los parches más modernos,


parches de mercería,


donde el amor se pega al cuerpo


bajo el calor de los abrazos.


 


Pero sólo puedo ser tu amiga


y decir que un roto así


lo lleva cualquiera.


 


 

Abrelatas

pie enlatado


 


     Ha llegado el momento de salir de la lata. He pasado meses mirando la vida a través de la pantalla. Hace dos días que me dieron el abrelatas. Ahora ya estoy haciendo la maleta y deseando que todas aquellas imágenes que tengo guardadas en la lata se hagan realidad. Por supuesto, pienso sacar otras muchas que me servirán durante los meses que vengan después, los de otoño, convertidas para entonces en sabrosas confituras.


     Para los que todavía no tengan su abrelatas, pueden asomar la cabeza por esta rendija y respirar profundo. Disfrutar de una pequeña porción de mar.


     olas enlatadas


 


    ¡Que paséis un buen verano!


 

Con el cuello largo

con el cuello largo


 


Vas cogiendo altura y


ves desde arriba


los treinta.


Más lejos,


la adolescencia.


Y allá abajo,


en la base de todo,


esa chiquilla


que, de cerca, estudia


el pavimento.


 


Ahora que ya estás situada


en el señora


repasas los días


se juntan los años,


memoria disuelta.


 


Te agachas de vez en cuando


para recoger


pedazos de suelo


arena, piedras, barro


que van formando el camino


por el que gastas


tus patas de gallo.


 


Y también la gente que te rodea


regala


retazos de sus suelos


con los que creas


este gran mosaico.


 


Desde aquí arriba


se ve el techo cada vez


más bajo


y eso -qué duda cabe-


asusta.


Pero también es cierto


que hay días en que lo miras


con el cuello largo,


la cabeza erguida,


porque cada vez más


tienes los bolsillos


llenos de suelo,


repletos de arcilla:


la arcilla con la que


te vas modelando.


 


Nadie te puede quitar


todo eso


que has volado.


 


 

Por eso

porque nos queremos


 


porque nos queremos.


 


 

Caricia

flor de caricia


 


Hoy vengo hasta


tus palabras


hasta la yema de tus dedos


entre las que llevo


una flor, un regalo, una caricia


para compensar


las otras,


esas palabras


que se arrojaron contra ti


con malicia.


 


Vengo a contrarrestar


tanta inmundicia


tanta mala leche


agriada


que pasó por su lengua


viperina.


 


Hoy vengo a cambiar de sabor


el poso de hiel


que él quiso dejar


en su estela más indigna.


 


Sólo vengo a dejar


esta flor


esta caricia.


 


 

Eso será

mechas inteligentes



     Así me va, claro. A la vuelta de la esquina y yo sin enterarme. Pero estoy decidida a cambiar. Sí, señor; esto no va a quedar así.
     Será que aquel día que la peluquera me preguntó si me hacía un barrido yo dije que sí sin percatarme de lo que pedía. Será eso. Y aquí estoy, con el cerebro limpito, sin otras ideas que las que caducan a diario. A saber: los deberes de los niños, el paseo del perro, el partido de baloncesto de los sábados por la mañana, el curro, la manía del frigo por quedarse vacío y los recados del lunes. Sí. Voy a dejar de hacerme barridos y me voy a modernizar, para lo cual, lo mejor es empezar por la cabeza.
     Voy a hacerme unas mechas inteligentes. Nada de andar así, a tontas y a locas, qué va. Mechas inteligentes. Y cuando salga con mis brillitos de la pelu, voy a flipar. La compra que la hagan las patillas. El flequillo que se dedique a los deberes; que se entregue con devoción a transformar los kilos en gramos y los centilitros en fracciones de litro. La coletilla trasera que toree con los grupos escolares que vienen al curro, con salero –pase por aquí, pase por allá-.
     Y mientras las mechas inteligentes se dedican a poner orden y concierto en mi vida, el remolino de la coronilla y yo nos vamos a sumergir en las mil y una historias que guardan las hojas de los libros que acumulan polvo al pie de mi cama, nos vamos a dedicar a patinar por la mañana, a sentarnos en un banco mirando el mar, a sacar fotografías de esto y lo otro, a dar besos de tornillo y saltar desde el armario, a viajar por lugares desconocidos, a escribir sin parar.
     Qué sinrazón. Qué ciega he estado.
     Menos mal que ahora sé que el remedio lo tengo a la vuelta de la esquina y por el módico precio de entre 13 y 38 euros. Como si quieren ponerme una mascarilla para las puntas secas. Un día es un día y no hay duda de que la ocasión la pintan calva.

Diario Vasco

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