 Siguiendo nuestro recorrido de historias reales mensuales, en marzo situamos la lupa al otro lado del Atlántico, en Ecuador. En nuestro empeño por poner rostro a los problemas que afectan a la infancia en el mundo vamos a fijarnos en Luis Oliver, Miguel Ángel y Jonathan, tres pequeños estudiantes de la provincia de El Chimborazo, una de las más pobres de Ecuador. Nuestros jóvenes protagonistas son indígenas quechuas, sometidos desde pequeños a la injusticia de la desigualdad social, del aislamiento, y de la carencia de recursos, que no han podido mejorar con el paso del tiempo.
 En la sierra central ecuatoriana, exactamente en el Cantón de Riobamba, se lleva a cabo, con la colaboración de Manos Unidas, un proyecto educativo en el que participan la Diócesis de Riobamba, la Dirección de Educación Intercultural Bilingüe y las comunidades rurales en un trabajo conjunto con gran esfuerzo e ilusión.

Luis Oliver, Miguel Ángel y Jonathan estudian en uno de los centros educativos beneficiados por el proyecto, el “Agustín Proaño Recalde”. Los tres provienen de la comunidad de Niño Loma, que dista bastante de la ciudad, lo que dificultaba enormemente la escolarización de los más pequeños. Las condiciones materiales no eran las más adecuadas para garantizar unos estándares de calidad mínimos, por no hablar de la higiene y salubridad de muchas de las aulas.
Con la inocencia propia de los niños, nos cuentan en sus cartas cómo han cambiado sus vidas. Y envían el mejor regalo que un niño puede hacer: sus dibujos: “con la ayuda de su proyecto hemos podido cambiar nuestra forma de vivir en la escuela”, escribe con diminutas letras Jonathan, “teníamos que virar la cocina vieja para hacer una nueva, fue muy fuerte el trabajo para traer desde Riobamba los materiales para construir, pero gracias al apoyo de mi profesor y el de todos los comuneros, se hizo fácil todo”, aclara. A pesar de su corta edad, todos los niños colaboran en unos grupos de trabajo colectivos, un esfuerzo personal que les une como comunidad y que logra sacar adelante con el tesón de cada uno, proyectos que beneficien a todos.
Luis Oliver, en séptimo de educación básica, hace una descripción pormenorizada de todo lo que no tenían, y ahora tienen; “no teníamos una buena cocina, en las ollas entraba polvo y nos enfermábamos, por el techo entraba agua, no teníamos en qué sentarnos para comer, ni patio, ni letrinas adecuadas, ni material didáctico, ni juegos infantiles…ni…ni…ni…”.
Miguel Ángel es el que describe la parte más lúdica del proyecto, que ha tenido en cuenta algo fundamental para la infancia: el derecho a jugar.: “[…] Me gusta jugar en la resbaladera, nos divertimos con los juegos infantiles…Me gustaría que visitara nuestra comunidad o nuestra escuela…”.
“Gracias amigos”, se despiden en sus cartas.
El resultado de este proyecto son cientos de historias felices y puertas que se abren a un futuro mejor en su comunidad.
Centros Educativos en Riobamba
La Diócesis de Riobamba coordina estrechamente la ejecución de este proyecto con la Dirección Provincial de Educación Intercultural y Bilingüe de Chimborazo. El número de beneficiarios directos asciende a 1.129, mientras que los beneficiarios indirectos llegarían a 2.500. El apoyo de Manos Unidas ha permitido sufragar los gastos de construcción, equipos, personal, capacitación y funcionamiento. El socio local y las comunidades han aportado el trabajo comunitario y parte de personal.
Los datos
En el mundo:
Unos 72 millones de niños no van a la escuela.
La malnutrición y la mala salud complican el acceso de los niños a las escuelas y su rendimiento escolar.
Los primeros ocho años de vida son importantísimos para el desarrollo físico y mental de los niños. La educación es fundamental en esta etapa.
La atención y educación de la primera infancia deben producirse, cuanto antes mejor.
En Ecuador:
El promedio de escolaridad en los hombres indígenas es de 1,8 años y en las mujeres de 3,5 años.
El 27,7% de los hombres y el 46,7% de las mujeres indígenas quechuas no saben leer ni escribir.
Mientras que 9 de cada 10 personas entre 5 y 14 años acceden a la educación general básica, sólo 1 de cada 2 mayores de 14 años culmina este nivel de instrucción.
Fuente: Sistema Integrado de Indicadores Sociales de Ecuador (SIISE) y PNUD (Naciones Unidas).
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