Diario Vasco

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Agnès Varda: “No tengo nada que pensar sobre MP2013”
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Borja de Miguel | 15-04-2014 | 11:44| 0

Después de casi seis décadas de creación cinematográfica, Agnès Varda, considerada por muchos la precursora de la ‘nouvelle vague’, es uno de los grandes nombres vivientes de la cultura francesa. Esta mujer que se autodefine como ‘visual artist’ y ‘filmmaker’ continúa, a sus 85 años, en activo y viajando de un lado al otro del globo. A principios del año participó en el programa de MP2013 con vídeos y fotografías sobre el Departamento de Bouches-du-Rhône y los barrios de Marsella, que se expusieron en Aix-en-Provence, y a mediados de septiembre organizó un domingo de divertimento en la Fundación Cartier de París, donde mostró su lado más relajado. A pesar del largo camino ya recorrido desde que en los años 50 debutara en el cine con ‘La Pointe-Courte’, Varda no parece tener ganas de retirarse de la creación artística.
 
 
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En su exposición de Aix-en-Provence había muchos juegos de palabras, esta tarde ha presentado un divertimento con números de circo, guiñoles, break dance… ¿Se encuentra en un momento lúdico de su vida? ¿Qué temas le interesan en esta etapa como creadora?
Acaba de ver un proyecto mío de creación y me pregunta qué me interesa…
 
Últimamente está realizando bastantes proyectos. Quizás no son todos así…
En octubre voy a Los Ángeles, al LACMA, donde voy a exponer una gran cabaña hecha con películas de cine y un gran mural de fotos. También he hecho una ilustración para el número de otoño de la revista Zoetrope All-Story. Intento aceptar las proposiciones diversas que me llegan porque haciendo cosas me divierto. Pensamos en función de lo que necesitamos.
 
Esta tarde se ha rodeado de gente muy joven y se nota además que se preocupa por seguir conectada a las nuevas tecnologías. Muchos de sus videos y de sus fotografías ahora las hace en formato digital…
Se trata sobre todo de no escapar de una técnica que se impone. Yo no he elegido que la fotografía sea digital… He trabajado mucho en la restauración de películas porque ya no hay salas de proyección que trabajen con bobinas, hay que pasarlas a DCP, y si no hacemos esto ya no podemos mostrarlas… No podemos darle la espalda a la tecnología, hay que lidiar con ella.
 
¿Qué le parece MP2013?
No me interesa como pregunta.
 
Pero usted participó en su programa con una exposición…
No tengo nada que pensar. Ser elegido como Capital Cultural es una ocasión para desarrollar la ciudad. Que sea en Marsella o en otra parte está bien. Marsella me gusta porque yo soy del sur pero… He visto varias cosas y están bien. La Capital Cultural da la oportunidad a ciertas ciudades que están un poco en la sombra de recibir una mano resplandeciente, y eso es bueno.
 
¿Cómo fue su experiencia con la organización?
Había una competición de la Capital contra las pequeñas ciudades, del Departamento contra la Región, de la ciudad de Marsella contra el Departamento… En fin, están todos separados. Pero el lugar donde yo exponía era la Galería del Departamento así que yo jugué el rol del Departamento: Bouches-de-Rhône (Bocas del Ródano). Y me parecía divertido hacer una aproximación de primer grado (el vídeo principal consistía en unas bocas recortadas que reían y cantaban sobre unas imágenes del Ródano). Después, como la Capital Cultural es Marsella, fui a hacer un reportaje a los barrios norte, que tienen muy mala reputación y donde hay gente que se pelea y se mata, para hacer algo apacible y con juegos de palabras…
 
 
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Los ‘Rencontres d’Arles’, una de las propuestas más sólidas de MP2013
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Borja de Miguel | 15-04-2014 | 11:44| 0

Tras más de cuatro décadas de historia, los ‘Rencontres d’Arles’ (Encuentros de Arles) se han convertido en una de las citas fotográficas anuales más importantes de Europa. Para esta ocasión, el festival de esta pequeña ciudad del sur de Francia ha sido englobado en la programación de la Capitalidad Cultural Europea de Marsella-Provenza 2013, una propuesta que permanecerá abierta al público hasta finales de septiembre y que prevé atraer a 100.000 espectadores en total (por encima de los 84.000 y 75.000 de 2011 y 2012 respectivamente). Con el título de ‘Arles in Black’, los ‘Rencontres’ acogen este año en sus 14 espacios de exposiciones a nombres de la talla de Hiroshi Sugimoto, Sergio Larraín, Arno Rafael Minkkinen o Gilbert Garcin en una edición en la que el blanco y negro es el protagonista casi absoluto.
 
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Una de las fotografías de Hiroshi Sugimoto

Tras veinte años en los que la producción en este formato ha ido decayendo hasta casi desaparecer arrinconada por la proliferación del color y de la fotografía digital, François Hébel, director del Festival, se ha propuesto aunar a algunos grandes clásicos con las nuevas generaciones, que afrontan esta forma estética desde una libertad de géneros difícilmente imaginable en el pasado. Para Hébel, Arles hoy “permite un programa en blanco y negro diferente al que habría sido posible hace veinte años”. En el siglo XXI, “el color hace pensar en la realidad mientras que el blanco y negro hace referencia al símbolo”. El director de los ‘Rencontres’ explica también en esta entrevista la influencia que la Capitalidad Europea ha tenido en la organización de la edición de este año.
 
 
François Hébel


François Hébel, director de los ‘Rencontres d’Arles’ (Foto: Claudia Huidobro ©)

Las fotos en sepia prácticamente han desaparecido pero el blanco y negro parece resistir mejor la llegada de las nuevas tecnologías. ¿Estamos hablando de un formato inmortal?
El blanco y negro ha retrocedido enormemente también, razón por la que queríamos hacer hincapié en él. Pero, más allá de nostalgias que copian el pasado, en este formato hay menos novedades estéticas que en color.
 
¿Cómo afronta cada nueva edición del Festival? ¿Qué ideas o desafíos le hacen tomar un camino u otro?
Los encuentros con los artistas son mi única guía. Miro muchos dossiers y viajo mucho. Y es esencial que un programa plantee cuestiones, provoque un debate y sea muy diferente de los precedentes. Cada programa requiere expertos diferentes que comisarían varias exposiciones y así se consigue una variedad de puntos de vista sobre la fotografía.


 
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Un visitante observa una de las obras de Gilbert Garcin

¿MP2013 ha influenciado de alguna manera la propuesta de Arles de este año?
No.
 
¿Han recibido más dinero para la presente edición gracias a MP2013?
Hemos recibido un poco de subvención de MP2013, pero es todo.
 
¿Qué significa para un festival tan consolidado como el de Arles la llegada de la Capital Cultural Europea? ¿Ayuda o dificulta la organización de la edición?
Sin duda, ayuda al traer más visitantes a la región, pero también dispersa a este mismo público hacia otros eventos que sólo tienen lugar este año.


 
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Exposición de Sergio Larraín

¿Están notando más asistencia gracias a MP2013?
Nuestro público se ha multiplicado por diez en diez años, y esta edición no escapa a esta curva exponencial. La influencia de MP2013 no es cuantificable.
 
Personalmente, ¿qué opina de MP2013?
Es un evento magnífico en el que Marsella, naturalmente, acapara la mayor visibilidad.


 
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Tres ‘pequeñas filosofías’ de Gilbert Garcin

 
 
 

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El MuCEM convence en Marsella a afines y detractores de la Capital Cultural
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Borja de Miguel | 15-04-2014 | 11:45| 0

El MuCEM (Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo) ya está abierto. Desde el pasado lunes 10 de junio, Marsella cuenta con un nuevo centro cultural destinado a convertirse en icono no sólo en la capital de Bouches-du-Rhône sino en toda Francia. Sus más de 200 millones de euros de presupuesto global han servido para crear 15.500 metros cuadrados de salas de exposiciones, un auditorio, espacios para niños, un restaurante…, que se unen mediante una pasarela al renovado Fort Saint-Jean. Con una amplia exposición permanente que se remonta a los orígenes de toda la región y dos propuestas de apertura, ‘Negro y azul’ y ‘En el bazar del género’, que no esquivan sus aspectos más conflictivos -la germinación del fascismo en el Mediterráneo, el colonialismo, la inmigración, la mafia, los efectos alienantes del turismo, la desigualdad hacia las mujeres y las últimas revueltas, tanto magrebíes contra sus gobiernos represores como europeas contra las medidas de austeridad y sus corrupciones políticas-, el MuCEM parece convencer –algo difícil en Marsella- tanto a afines como a detractores de esta Capital Cultural Europea de 2013 que tantas críticas y desconfianzas ha generado desde su nombramiento.
 
Más allá de su contenido cultural y artístico, merece la pena detenerse también en el continente en sí, un enorme bloque rectangular de formas porosas y oscuras encuadrado en uno de los entornos más emblemáticos de la ciudad –la boca del Vieux Port, a los pies de la basílica de la Major- y diseñado por Rudy Ricciotti. Pensado, además de como museo, como carta de presentación y campaña de marketing para la ciudad, el MuCEM aspira a cambiar la imagen de una Marsella degradada por la pobreza y a menudo olvidada por el resto del Estado. Para tratar el nuevo museo desde este punto de vista, hemos hablado con Simon Texier, experto en Historia del Arte Contemporáneo y director de la colección Carnets d’architectes (Éditions du Patrimoine), que explica algunos aspectos clave de este edificio cargado de responsabilidades.
 
 
Simon Texier
 
 
Para los expertos, ¿cuál es la especificidad arquitectónica más remarcable del edificio del MuCEM?
Evidentemente, la envoltura o rejilla, que da su identidad visual al edificio. Pero no hay que olvidar la forma muy original de los postes, diseñados como elementos naturales, como árboles que sostienen el museo. Finalmente, las pasarelas constituyen probablemente la proeza más remarcable a nivel técnico.
 
Estéticamente, ¿cree que el MuCEM es un edificio bien integrado y acorde a la personalidad de la ciudad?
Su forma es relativamente simple -un cuadrado-, lo que facilita su inserción en el espacio. Pero una arquitectura tan fuerte y tan expuesta a las miradas no es nunca neutra. El éxito de Ricciotti es el de haber asumido una posición fuerte –un edificio gris, casi negro- manteniéndose a la vez discreto.
 
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Y económicamente, con un presupuesto global de más de 200 millones de euros, ¿considera que el MuCEM era una inversión necesaria y bien adaptada a una ciudad como Marsella?
Si nos situamos en una lógica de competición entre las grandes ciudades europeas, sí, Marsella necesitaba un gran edificio cultural. El MuCEM es un museo nacional y el primero en no ser construido en París. Se trata de un acontecimiento que va en el sentido de una desconcentración necesaria.
 
¿Con qué otros edificios de otras ciudades lo compararía?
Podríamos compararlo al ElbPhilarmonie en proceso de construcción en Hamburgo, de Herzog & de Meuron y que será el mayor edificio de esa ciudad. La ópera de Oslo o la de Reikjavik han tenido papeles similares. Después de Bilbao, sabemos que un edificio puede contribuir a cambiar una ciudad. Desgraciadamente, demasiados dirigentes piensan que un icono arquitectural es suficiente, cuando eso no puede ser más que un elemento de una política global.
 
Si tuviéramos que criticar alguna cosa del MuCEM desde el punto de vista arquitectónico, ¿qué diríamos?
Algunos lo considerarán austero, demasiado sombrío en el interior… ¡Siempre podemos encontrar críticas!
 
Personalmente, ¿qué es lo que más ha disfrutado de su vista al edificio?
Lo más fascinante de la visita al MuCEM es el recorrido por las rampas situadas entre la fachada acristalada y la rejilla. Es ahí donde se da el gran momento de emoción: se camina en un espacio que permite comprender el funcionamiento del edificio y que se abre al mar, a Marsella. ¡Es un gran momento!
 
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‘Entre flammes et flotes’, una buena metáfora de las debilidades de Marsella-Provenza 2013
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Borja de Miguel | 15-05-2013 | 07:06| 0

Las noches del pasado 3 y 4 de mayo, Marsella acogió uno de los espectáculos más multitudinarios de su programa y que, curiosamente, se convirtió en una buena metáfora de lo que, al menos hasta ahora, es la Capitalidad Cultural Europea de Marsella-Provenza 2013 para muchos ciudadanos. Basándose en una estética industrial, la compañía Carabosse instaló alrededor del Vieux Port hasta 6.000 velas que ardieron desde las 20.30h hasta las 23.30h ofreciendo una bonita e insólita postal de la segunda ciudad de Francia. Con la caída de la noche, los colores rojos, naranjas y amarillos intensos de las chimeneas de hierro forjado, las bolsas colgantes de brasas, las macetas incendiadas y el pasillo de fuego abierto hasta el Fort Saint-Jean dibujaron en el cielo negro hermosas siluetas. Unas 200.000 personas cada noche admiraron el espectáculo ‘Entre flammes et flotes’, que además incluía una pasarela flotante que conectaba los dos brazos del puerto y permitía recorrerlo en círculo. Muy bonito, pero…
 
Entre flammes et flots b1
 
Reproduzco aquí una breve conversación con uno de los trabajadores encargados de manejar una de las chimeneas que regularmente escupían llamaradas de fuego, para regocijo del público asistente:
“Buenas noches, ¿hay algún mensaje en el espectáculo, alguna relación metafórica con el pasado industrial del puerto de Marsella, una reivindicación de la cultura como fábrica de ideas…?”
“No. Nosotros somos una compañía que trabaja con el fuego. Hacemos espectáculos en parques, plazas…”
“Entonces, se trata sólo de una propuesta estética. No hay ningún sentido detrás de esto, ninguna intención…”
“No…”
“¿Qué es el material que arde?”
“Parafina. Como la cera de las velas.”
“¿Y eso no es tóxico?”
Entonces el trabajador se encoje de hombros.
 
La parafina es un hidrocarburo derivado del petróleo que en su combustión desprende diversas sustancias tóxicas, que varían en función de con qué otros productos se haya mezclado la cera. Así, la noche del 3 y del 4 de mayo Marsella se convirtió en una enorme chimenea contaminante –habría que conocer exactamente qué tipo de parafina utilizó la compañía Carabosse- que durante varias horas ensució, además de los pulmones de sus visitantes, el cielo de ese Mediterráneo que tanto afirma admirar en su programa. Todo en nombre de la cultura…
 
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En todo caso, el público parecía encantado. Aquellas miles de velas sirvieron de alimento vacío, de fast food, ansiosamente devorado por otras tantas miles cámaras de fotos que dispararon histéricas sus flashes por toda la geografía del Vieux Port sin que nadie pareciese darse cuenta de que aquello era peligroso –centenares de macetas llenas de parafina ardiendo se extendían por la acera y colgaban de las farolas sin ningún tipo de protección-, tóxico y falto de sentido. Por eso, ‘Entre flammes et flotes’ fue una metáfora casi perfecta de lo que Marsella-Provenza 2013 es para una buena parte de la sociedad de esta región que critica la falta de consistencia y vacuidad de su Capitalidad Cultural Europea. Una sociedad que se pregunta: ¿qué quedará de Marsella cuando se acabe el espectáculo de MP2013?
 
Entre flammes et flots b3
 
Entre flammes et flots b4
 
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Marsella, ¿contra sus dirigentes o contra Europa?
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Borja de Miguel | 15-05-2013 | 06:59| 0

Más de tres meses después de la inauguración oficial de su Capitalidad, las polémicas y los desacuerdos han arrancado en Marsella con más fuerza que sus propuestas culturales. Una de las últimas, por culpa de la subvención de 400.000€ que el ayuntamiento de la ciudad decidió otorgar a Adam concerts para la celebración de un concierto del DJ estrella David Guetta. Un apoyo que, además de económico, supondría la cesión gratuita del parc Borély –un ‘jardin à la française’ del siglo XIX normalmente cerrado para otro tipo de celebraciones culturales- y que ni siquiera se transformaría en una noche de baile sin coste para sus ciudadanos, sino que el precio de las entradas –que llenarían las arcas de Adam concerts- iría de los 44 a los 59 euros. El uso del condicional se debe a que tras la creación de una plataforma ciudadana con 70.000 firmas contra el concierto y la promesa del ayuntamiento de volver a tratar el asunto en el próximo pleno, Guetta ha decidido renunciar a la subvención y al parque y trasladar su espectáculo a la sala Dôme.
 
Brûlage 2b

Los marselleses queman el monstruo de la Capitalidad Cultural MP2013 en su carnaval

Pero éste no es más que el último de una serie de conflictos que viene de largo y que sin duda se prolongará en la capital de Bouches-du-Rhône hasta el final del año, y posiblemente más allá… Entre las principales quejas ciudadanas a la manera de organizar la Capitalidad, los marselleses destacan que gran parte de los museos y centros culturales sigue en obras de construcción (MuCEM, CEREM…) o reforma (Palais Longchamp…) y no estarán abiertos al público hasta verano o incluso más tarde; que entre el 30 y el 40% del presupuesto se ha esfumado en gastos de administración; que el evento está demasiado tutelado desde París (el ex director general y alma mater de la candidatura Bernard Latarjet, la agencia de comunicación Claudine Colin y numerosos artistas programados vienen de la capital de Francia); que la verdadera cultura local no está bien representada (apenas hay presencia del hip hop marsellés a pesar de su reputación internacional); que muchos proyectos no tienen durabilidad más allá de 2013 (el hangar J1, cedido por el puerto de Marsella a cambio de su acondicionamiento a cargo de las arcas del ayuntamiento y que probablemente estará cerrado entre mayo y octubre por falta de sistema de climatización, volverá a manos de sus propietarios al finalizar el año y el Pavillon M, ‘meeting point’ de MP2013 y con un coste de 3,5 millones de euros para su construcción y funcionamiento, será también desmontado tras 2013); que la mayoría de las subvenciones públicas de este ejercicio han ido a parar a proyectos relacionados con MP2013 mientras las asociaciones culturales de la ciudad, que llevan años funcionando y que conforman su tejido cultural de base, han visto reducidas sus dotaciones y muchas han empezado a cerrar; que MP2013 está pensado más para los turistas que para los marselleses…
 
Ante este panorama, más percibido por los sectores próximos a la cultura que por los ciudadanos de a pie –que tienen otros problemas más urgentes y graves con los que lidiar- o por los turistas y visitantes –que se pasean más o menos satisfechos por el renovado Vieux Port y el puñado de exposiciones de calidades dispares presentado hasta ahora-, cabe preguntarse hasta qué punto las quejas de los marselleses hacia sus dirigentes son pertinentes. Y para ello, antes que nada, habría que tener claro qué es una Capital Cultural Europea.
 
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Acceso a los museos MuCEM y CEREM prohibido al público por obras

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El Pabellón M, una obra que será desmontada a final del año

En 1985, la actriz y ministra de Cultura griega Melína Merkoúri propuso al Consejo Europeo la idea de designar cada año una Ciudad Europea de la Cultura, un título que recaería sobre ciudades de los Estados miembro de la UE. A partir de 1990, paralelamente, se implantó el Mes Cultural Europeo, bajo el mismo concepto que el de la Ciudad pero a menor escala, pensado para los países externos a la UE y que desaparecería en 2001. En 1999 el evento cambió el nombre de Ciudad por el de Capital Cultural Europea y en 2005, tras apreciarse que se había convertido en un factor de desarrollo local y regional, la designación dejó de estar en manos de los gobiernos de los Estados miembro y pasó a estar a cargo de la Unión Europea.
 
Esta evolución muestra cómo la UE, paso a paso, se ha ido haciendo con un proyecto que, a día de hoy, se propone “resaltar la riqueza y diversidad de las culturas europeas” (no las de la ciudad escogida como Capital); “celebrar los lazos culturales que unen a los europeos” (no los que unen a los ciudadanos de la Capital escogida); “poner a la gente de los diferentes países europeos en contacto con las otras culturas y promover el entendimiento mutuo” (no poner en contacto a la gente de la propia Capital); y “fomentar el sentimiento de ciudadanía europea” (no el de ciudadanía local).
 
La Comisión Europea lo dice claro y, por ello, no hay que llevarse a engaño: la Capitalidad Europea es una iniciativa para hacer, ante todo, Europa –para eso da el relativamente poco dinero (1,5 millones de euros sobre los 91 de presupuesto total de Marsella, sin contar 600 millones más invertidos en ladrillo) y da, sobre todo, su sello-, y no para hacer ciudades. Y la Cultura es un medio para conseguirlo. Para dejarlo más claro aún y traducirlo a directrices concretas, los mismos conceptos básicos destaca su listado de criterios para escoger la Capital de cada año.
 
¿Dónde quedan los valores puramente culturales y artísticos de la ciudad en todo esto, que son los que reclaman los marselleses? Claramente, en un segundo plano y supeditados a su capacidad de fomentar un proyecto e imagen de Europa que interesen a nivel de Bruselas. ¿Cuál es el beneficio, entonces, para una ciudad que es utilizada por Europa –en mayor o menor medida en función del carácter de sus ciudadanos y el de sus políticos- como altavoz de unos valores europeos que pueden ser, o no, los suyos? La Comisión Europea en esto también es clara:
 
“Además, los estudios muestran que el evento es una oportunidad valiosa para: regenerar ciudades, aumentar su perfil internacional, estimular el turismo –hasta aquí no se puede decir que las instituciones de Marsella no estén haciendo bien su trabajo-, realzar su imagen a los ojos de sus propios habitantes y proporcionar una nueva vitalidad a su vida cultural”.
 
Chantiers MP2013 Carnaval Marseille 1 baja
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Es en estos dos últimos aspectos –la imagen de la ciudad para sus propios habitantes y los efectos sobre la vida cultural local- donde las críticas de los marselleses a sus políticos cobran mayor fuerza y razón de ser. Muchos ciudadanos temen hacer el ridículo a nivel europeo por culpa de un programa que consideran débil y de unos gestores como mínimo poco transparentes a la hora de gestionar su Capitalidad. Y muchos otros consideran que la riqueza y la diversidad cultural de la ciudad, más que reforzada, se ha visto amenazada por el paso de la enorme maquinaria que ha supuesto MP2013 y los planes urbanísticos ligados a ella.
 
En todo caso, estos aspectos que también debería favorecer la Capitalidad Cultural Europea no son más que los efectos colaterales –siempre mencionados en segundo plano por Europa- de un proyecto destinado primeramente a ensalzar y hacer, más o menos artificialmente, patria europea, más aún en un momento en el que el continente hace aguas económicas y políticas. Por hacer un paralelismo, no se trata de un festival –el de Marsella o cualquier otra ciudad escogida- con identidad e historia propias que es patrocinado por una marca comercial que se cobra su apoyo económico a través de la publicidad, sino que es la propia marca –Europa- la que crea su propio festival con sus pautas e intereses y compra cada año el emplazamiento y la gestión con dotaciones de dinero comunitario que sirven para remodelar ciudades. Así que todos aquellos que en Marsella critican un evento que no está pensado para ellos deberían cuestionarse antes de nada: ¿están en contra de sus dirigentes o del propio concepto de Capital Cultural Europea, un evento que, sobre el papel, impone primero fomentar Europa y deja las migajas para los ciudadanos y las culturas que le acogen?
 
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Posiblemente, en contra de los dos, y por diversas razones. Contra Europa porque quizás en este caso la Comisión no ha entendido que Marsella es una ciudad de corazón tan europeo como africano, pero no europeo -y menos aún africano- de la manera en la que ellos lo están reflejando. Y contra sus dirigentes porque hay antiguas Capitales que han sabido tener mejor mano izquierda, compatibilizar intereses, satisfacer las aspiraciones de sus ciudadanos por encima de las premisas europeas y conseguir que esas migajas que deja siempre la Capitalidad terminen siendo suculentos pasteles para el tejido cultural y económico de la ciudad. Y porque una cosa es contratar a un director parisino y otra otorgar 400.000€ a la ligera para un concierto privado, por no mencionar otras actitudes políticas que enervan a la población.
 
Así que está bien y es un signo de salud ciudadana criticar los asuntos que no funcionan de MP2013 pero, para ser lo más constructivos y efectivos posible, convendría marcar la diferencia entre el ámbito local y el europeo de este asunto. Porque después de Marsella (y Košice, de la que nadie habla a este lado del extinto Telón de Acero, como allí no hablarán de Marsella y como nadie recuerda el nombre de las capitales del año pasado ni ninguna ciudad se preocupa por lo que es la Capitalidad hasta que le toca su turno, lo que supone una señal clara de la artificialidad del evento) vendrán otras ciudades. Y porque las cosas que no gustan de Europa se pueden y deben cambiar entre todos, desde sus conceptos culturales hasta sus maneras de gestionar las crisis económicas. Si ha caído David Guetta, ‘el artista mejor pagado de Francia’, ¿quién no podría caer?…
 
Graffiti MP2013 Panier 1 baja
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La Friche, una lanza cultural de Marsella obligada a redefinirse tras la Capitalidad Europea
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Borja de Miguel | 03-04-2013 | 22:40| 0

Aunque mucha gente -incluso marsellesa- piensa que La Friche la Belle de Mai comenzó como un espacio ocupado por artistas, lo cierto es que esta curiosa institución cultural de Marsella ubicada en una antigua fábrica tabaquera nació ya en 1992 bajo el tutelaje del ayuntamiento y con la clara vocación futura de renovación urbanística del barrio desfavorecido que la albergaba. En todo caso, sus primeros quince años de historia estuvieron marcados por la espontaneidad y el dinamismo de unos artistas residentes, temporales o estables, que gracias a su libertad de acción dieron al lugar una personalidad propia difícilmente repetible. Sin embargo, en los últimos tiempos y con la designación de Marsella como Capital Cultural Europea, sus infraestructuras y funcionamiento han empezado a cambiar drásticamente.
Marine Quiniou, desde el año 2000, y Paquito Bolino, desde 1994, creadores de Silex y Le dernier cri respectivamente, han presenciado la evolución de La Friche desde dentro y casi desde sus orígenes. La suya es una visión privilegiada que permite entender los nuevos retos a los que se enfrenta esta institución, una de las marcas culturales principales de Marsella hoy y que a menudo se sitúa entre la leyenda y la realidad en la mente de sus visitantes.
 
 
Marine et Paquito - La Friche - Marseille blog
 
 
Con la llegada de MP2013 llegó el dinero a La Friche. ¿Ha sido para bien o para mal?
Marine Quiniou: El principal cambio que ha experimentado La Friche es sobre todo a nivel de la infraestructura: las nuevas instalaciones no habrían podido existir sin la Capitalidad. Y eso es positivo, porque el lugar empezaba realmente a degradarse. Pero también ha tenido consecuencias a nivel de utilización del espacio que en mi opinión son un poco dramáticas.
 
¿En qué sentido?
M. Q.: Ha supuesto la muerte de algo que estaba mucho más integrado. Ahora tengo un confort de trabajo mayor pero ya no tengo un contacto tan rico con la gente del interior. El espacio se ha convertido en simples locales de proyectos individuales, mientras que antes todo funcionaba más como un equipo imbricado donde surgían proyectos participativos. Si yo llegara aquí hoy, para empezar me costaría mucho más conocer a la gente y no realizaría trabajos en común.
 
Paquito Bolino: La Friche antes era un lugar mucho más cálido y ahora hay grandes pasillos, todo el mundo está encerrado en su despacho… Antes, para cualquier producción, tú te las arreglabas, hacías bricolaje y sacabas el proyecto. Ahora tienes que tener más medios porque hay unas exigencias –seguridad, bomberos…- que antes no había. Todo se ha vuelto más institucional porque quienes han puesto el dinero han querido que sea así.
 
¿Qué más ha cambiado en los últimos tiempos?
M. Q.: Al principio había una prioridad por la creación teatral. Después se dirigió más hacia el arte contemporáneo pero seguía siendo un espacio de trabajo, de producción cultural, no un lugar no para el público. Y cuando lo miras ahora, veinte años después, ves que esencialmente se ha convertido en salas de espectáculos. No es la misma filosofía, y esto es sólo el comienzo de un nuevo camino.
 
P. B.: Yo no encuentro molesto abrirse a la gente. Al contrario, creo que es lo mínimo que debe hacer un lugar que recibe dinero público. Pero lo que ha cambiado es la manera de gestionar el sitio. Como ahora está más organizada, La Friche se ha convertido en un organismo cultural más clásico, con puestos de poder y que debe mostrar a la ciudad que es profesional.
 
¿Podría decirse que La Friche se ha vuelto más comercial?
M. Q.: Creo que es mucho más profundo que eso. Es más bien que hasta hace poco La Friche era un lugar particular que no se podía reproducir en otro sitio y ahora corremos el riesgo de perder los lazos personales y las sinergias que teníamos quienes trabajábamos aquí y que eran los que hacían el proyecto especial.
 
¿La cooperativa que gestiona La Friche no puede poner solución a esto?
M. Q.: Hay una cierta desconfianza de los residentes respecto la manera en que esta sociedad funciona. Las cosas evolucionan de forma no siempre muy clara ni muy democrática… Los residentes de base no tenemos información de cómo se toman las decisiones y aquéllos de entre nosotros que forman parte de ese grupo –también están representadas las instituciones públicas y otros socios culturales- están un poco inquietos por cómo funciona todo. Hay una especie de fatalismo entre nosotros. Por eso, es posible que creemos una asociación de residentes para tener más fuerza, porque como estamos todos separados en nuestros despachos… Pero no podemos decir que haya una implicación enorme entre nosotros al respecto… Creo que estamos todos un poco en modo de observación y que es el año que viene cuando toda la nueva realidad va a empezar a cambiar de verdad.
 
P. B.: Ahora está todo focalizado en MP2013 pero lo importante es saber qué va a pasar en 2014. Han hecho las obras para este año diciendo que el modo de gestión va a cambiar, que van a haber nuevas convenciones, pero por el momento esperamos al final de 2013.
 
La Friche está en transición…
M. Q.: …y su futuro depende de a qué tipo de residencias se dediquen los próximos presupuestos: la clave es qué se va a hacer con el dinero. Aquí había un proyecto urbanístico desde el comienzo que está ligado a otros planes que ya se están llevando a cabo en la ciudad. Y no hay que olvidar que dentro de poco hay elecciones municipales. La evolución lógica apunta a que La Friche se convierta en un territorio de planificación urbana con comercios y oficinas en su interior…
 
¿No son tampoco los artistas locales los que ganan en La Friche con MP2013?
P. B.: Con MP2013 es lo inmobiliario lo que ha ganado aquí. La ciudad ha ganado un nuevo equipamiento cultural y las instituciones han metido mucho dinero para renovar el espacio pero no creo que el próximo año vayan a dar más dinero para la programación. Me da la impresión de que los políticos han pensado aquí sólo en un bonito pastel acabado, pero esto luego hay que rellenarlo y hacer que continúe. La cuestión va a ser cómo encontrar el dinero después. ¿Van a hacer oficinas e intentar alquilar los espacios? ¿Va a haber empresas privadas que hagan de mecenas?
 
M.Q.: Aquí se ha invertido mucho dinero y estaría bien saber por qué. Porque me extrañaría que fuera por los artistas. El nuevo camino para La Friche ya ha comenzado y todo lo que podemos hacer ahora es ver cómo trabajamos con esto.
 
P. B.: Y la situación es como mínimo rara, porque es un espacio que pertenece a la ciudad y tiene un 80% de su estructura subvencionada. ¿Cómo puedes estar en conflicto con la gente que te da dinero para comer todos los días?
 
¿Os sentís en el principio del fin?
P. B.: Te lo digo dentro de un año.


 

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Christine Breton: “La modernidad de Marsella hoy está en los barrios norte”
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Borja de Miguel | 27-02-2013 | 06:43| 0

Quartiers Créatifs (barrios creativos) es uno de los proyectos clave de Marsella-Provenza 2013. Su objetivo es la producción de objetos y acciones culturales compartida con los habitantes de las áreas de la capital en proceso de renovación urbana, entre otros los llamados ‘barrios norte’. Estas zonas son en su mayoría espacios periféricos deprimidos económicamente -con altas tasas de paro y cierto abandono de infraestructuras culturales y de transporte- donde históricamente se han emplazado las poblaciones inmigrantes. Respaldados por la Capitalidad Cultural Europea, a ellos han llegado en los últimos meses artistas locales y foráneos con ideas que van desde la realización de ‘performances’ hasta la construcción de jardines o belvederes que pretenden dar un nuevo aire a estos lugares históricamente olvidados. Los que han desembarcado en los barrios 15º y 16º cuentan con Christine Breton, una antigua conservadora de patrimonio que trabaja en ellos desde 1996 y que se ha convertido en una figura esencial tanto para sus habitantes como para los actores culturales e instituciones locales. Pocas personas en el complejo entramado socio-político de Marsella han conseguido ganarse, como ella, la confianza de unos y otros sectores.
 
Christine Breton
 
¿Hasta qué punto usted forma parte de MP2013?
Yo no soy parte de Quartiers Créatifs pero, como conozco el terreno y la historia, a veces me piden que colabore. A veces tengo la sensación de hacer de traductora o de ‘fijador’ –la persona local que ayuda a los periodistas extranjeros a moverse en zonas complicadas, especialmente en guerra-. Por otro lado, yo participo en dos proyectos labelizados MP2013, que son el GR 2013 –360 kilómetros recorridos en relevos en un fin de semana y numerosos paseos acompañados por artistas locales que repasan el patrimonio cultural de la región- y el Hôtel du Nord –una iniciativa que abre las casas de los vecinos para albergar a turistas y curiosos-.
 
¿Le parecen positivas las propuestas de Marsella para este año en estos barrios?
La cuestión no es así: nosotros no esperamos a MP2013 sino que les hacemos proposiciones. Nosotros no realizamos más que nuestro trabajo, MP2013 es un socio para nosotros. Aprecio que haya confiado en nosotros y que sin conocernos nos haya apoyado financieramente durante cuatro años, pero luego ellos desaparecen y nosotros continuamos. Para nosotros, el reto es enero de 2014. Tras el paso de esa enorme máquina que es la Capital Europea de la Cultura hay que seguir vivo.
 
Su proyecto viene de largo pero algunos proyectos de Quartiers Créatifs pasarán y desaparecerán. ¿Qué opina la gente del barrio de lo que están haciendo aquí los artistas? ¿Hay buena conexión entre unos y otros?
No es una cuestión de conexión, es más fuerte: son los habitantes quienes les reciben en sus casas y les llevan a conocer el barrio. Y no se cuestionan si sus proyectos son buenos o no. No se les juzga, no somos responsables del arte contemporáneo ni jefes de galería ni comisarios de exposición. Los artistas no vienen aquí a hacer un trabajo social, sino que compartimos. Ellos viven con nosotros, simplemente. Después ya veremos qué sale, aunque a veces hacemos críticas y planificamos juntos. Estamos siempre en el diálogo y la hospitalidad. Y creo que así es más justo porque si no el artista se convierte en el ‘Jesucristo que llega’, y no funciona así. Un artista es usted, soy yo, es la señora que vive aquí y limpia su casa… No esperamos nada de ellos, convivimos.
 
Una buena simbiosis…
Nuestra vida cambia y la vida de los artistas cambia. Por eso es importante el concepto de ‘habitación’ y de ‘paseo’, porque trabajamos de corazón a corazón. No estamos en el ‘metro cuadrado de exposición’ ni en la economía o el consumo cultural. La cuestión del público no nos la planteamos. No hay una diferencia entre creador y público, estamos continuamente trabajando, aunque después quizás vayamos a un museo. Lo que importa hoy es pensar en red, en procesos a largo plazo.
 
¿De dónde sale usted? ¿Cómo llega a los barrios norte de Marsella?
Yo soy una ‘pied-noir’ de Kouba, en el extrarradio de Argel. Como todo el mundo, en 1962 vine a Francia. Hice mis estudios superiores de Historia y Arte Contemporáneo en Grenoble, trabajé en el Museo de Bellas Artes y lo dejé en 1983 porque me di cuenta de que los nuevos creadores no podían trabajar en espacios como aquél. Los museos no son más que un conjunto de limitaciones, sobre todo para quienes hacen instalaciones o land-art, y además en ese momento los artistas comenzaban a trabajar en las ciudades ocupando el espacio social, y había que seguir esa tendencia también. En 1987, a la muerte de Gaston Defferre, antiguo alcalde de Marsella, vine aquí como responsable de la política cultural de la ciudad. En 1996 se creó un puesto de conservador de patrimonio bajo la responsabilidad científica del Consejo de Europa. Se trataba de tomar las directrices patrimoniales europeas y aplicarlas sobre una gran superficie en planificación territorial que había aquí, en los barrios 15 y 16. Así que primero seguí la creación contemporánea y luego llegué a estos barrios.
 
¿Cómo enfocó aquel reto?
Se trataba de realizar la construcción simbólica de una ciudad. Para mí no hay diferencia entre lo social y lo cultural, hay que dejar de separar las cosas.
 
¿Cómo se construye simbólicamente un lugar?
Hace tiempo, éste era un enorme barrio industrial de Marsella. Había altos hornos para la construcción naval, talleres de reparación, enormes fábricas de tejas, ladrillos, baldosas… Todo el grano que llegaba de las colonias africanas y de Asia para producir el aceite llegaba aquí en barcos, se descargaba en las fábricas que estaban un poco más allá, donde se trataba, volvía a moverse en cadena a otra fábrica donde se hacía el jabón y volvía a cargarse en los barcos. Ahora sólo nos queda correr detrás de las excavadoras para intentar sacar algunas últimas fotos para no olvidar. Ya no queda nada de todo aquello excepto los humanos, porque hay muchas personas mayores que han conocido esta actividad, y su memoria es lo único que resiste.
 
¿Cómo intentó proteger todo eso?
Sobre todo, no quise hacer museos ni estructuras centralizadoras ni elaborar una Historia como un poder. Desarrollé una comunidad patrimonial, es decir, una comunidad de personas sobre el territorio que diga: éste es nuestro patrimonio. Podía ser un muro, un saber-hacer, un conflicto entre dos comunidades que había que gestionar… La gente me llamaba y yo les ayudaba a redactar dossieres. Por ejemplo, tras cuatro años de trabajo conseguimos que la Cité Saint-Louis, unas antiguas viviendas sociales de los años 20 que el propietario quería vender, se declarara patrimonio del siglo XX y quedara protegida. Publicamos un libro sobre una escuela de niñas en Saint-André, aquí al lado, donde participaron cuatro generaciones de mujeres: un siglo de historia. De historia ligada a la industria, porque las mayores eran obreras, sus hijas fueron secretarias, las siguientes, profesoras… Y para que la memoria reviva, desde el año 2000, durante la Jornada Europea del Patrimonio, el segundo fin de semana de septiembre, el barrio se abre a la gente de fuera y los habitantes realizan paseos en los que explican su historia.
 
Memoria colectiva…
Siempre, porque estamos obligados a hacer sociedad. Yo soy conservadora de patrimonio, no trabajo la memoria individual. Para eso están los artistas y otra gente que lo hace muy bien.
 
Sin embargo, usted ha decidido no vivir en el barrio. ¿Por qué?
Porque yo no tengo coche y esto es el fin del mundo a partir de las 20.30h. Se acaban los autobuses porque la ciudad tiene miedo de sus barrios norte y los separa. Desde los años 50, poco a poco, separar, separar, separar… Y, hoy en día, los que vienen a hacer los paseos con nosotros son marselleses que no quieren estar separados.
 
¿Por qué no quedarse más tranquila alrededor del Vieux Port?
Porque esto es también mi ciudad y yo la amo. Muy simplemente: esto es Marsella. Y, para mí, la modernidad de Marsella hoy está aquí y los retos son inmensos. Aquí es una cuestión de vida o de muerte. Aquí no hay más que una solución: hay que vivir. Y aprendemos a hacerlo con nada, con una economía muy pequeña, pero a la vez también con unas economías monstruosas porque una política de planificación del territorio es un monstruo. Sabe que hay un proyecto de metrópolis con Aix-en-Provence, Vitrolles, la laguna de Berre… Pues con este nuevo planteamiento, los barrios norte de Marsella, donde metíamos a los pobres, a los obreros y a los inmigrantes, dejan de ser los barrios periféricos para ser el centro.


 
 
 

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Vestigios de Marsella
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Borja de Miguel | 13-02-2013 | 07:53| 0

Hasta el próximo 15 de abril, Marsella acoge una de las exposiciones más interesantes de su Capitalidad Cultural de 2013. Las fotografías panorámicas de Josef Koudelka de vestigios griegos y romanos tomadas durante más de dos décadas en 19 países mediterráneos se muestran en el museo de la Vieille Charité, en el antiguo y agradable barrio de pescadores del Panier. Delfos (Grecia), Palmira (Siria), Alejandría (Egipto), Dougga (Túnez), Tipasa (Argelia) o Roma (Italia) son algunos de los espacios retratados por este fotógrafo checo, miembro de la agencia Magnum desde 1974, que en su larga carrera ha retratado la vida de los gitanos, la invasión soviética de Praga en 1968, una aproximación visual a la experiencia del exilio y las ruinas industriales del norte de Francia, entre otros asuntos.
 
“Hay una poesía y una inteligencia que mezclan a la perfección los lugares elegidos por los constructores, la arquitectura en ruina, la historia que ellos testimonian y sus valores”, explica Koudelka sobre ‘Vestigios’, una exposición inacabada y, según él, probablemente inacabable, ya que su interés por estos lugares no ha dejado de crecer desde 1991. “En estas destrucciones del tiempo y en estas supervivencias, hay una fuerza que hay que traer al presente, que hay que «representar»”.
 

 
 
Koudelka, que tuvo que publicar anónimamente sus fotos de Praga por miedo a las represalias y que en 1970 dejó su país y se hizo apátrida, empezó a utilizar el formato panorámico que protagoniza esta muestra en 1986. Un año más tarde, se naturalizó ciudadano francés y actualmente vive entre París y la capital checa.
 
Después de ver la exposición, de vuelta a casa o al hotel, uno puede dedicarse a fotografiar mentalmente –como hizo durante los casi tres años que estuvo preso en un campo nazi Henri Cartier-Bresson, del que Koudelka fue gran amigo- los vestigios de Marsella, una ciudad también llena de destrucciones y de supervivencias que testimonian, a menudo con crudeza, su historia y sus luchas de valores.
 
 
El Fort Saint-Jean
La construcción de este fuerte fue exigida por el rey Luis XIV a mediados del siglo XVII tanto para la protección del puerto como para demostrar a la población rebelde quién mandaba en Marsella –los cañones, en vez de hacia el mar, apuntaban hacia la ciudad-. Su levantamiento supuso la expropiación y destrucción de numerosas casas particulares. Desde 2009, el Fort Saint-Jean es objeto de una profunda renovación ligada a la próxima apertura del Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo (MuCEM) con motivo de la Capitalidad Cultural de 2013.
 
Fort Saint Jean Marseille
 
 
La Major
Sainte-Marie-Majeure, o ‘la Major’, es la única catedral construida en Francia en el siglo XIX y una de las más grandes llevadas a cabo después de la Edad Media. Sus piedras verdes de Florencia y su mármol blanco de Carrare se erigen sobre una antigua iglesia paleocristiana y sobre un posterior templo romano. Las obras de remodelación del barrio de la Joliette hoy llegan hasta sus pies.
 
La Majeur Marseille
 
 
La Puerta de Aix
En 1784 conmemoraba el fin de la Guerra de Independencia de América y en 1823 pasó a celebrar el triunfo de las campañas militares francesas en España. Hoy sirve de entrada a un barrio de origen eminentemente africano lleno de mercados callejeros y sus inmediaciones están siendo edificadas por el polémico proyecto urbanístico de Euroméditerranée.
 
Puerta de Aix Marseille
 
 
Los Docks
En el siglo XIX Marsella era uno de los puertos más importantes del mundo y, en pleno apogeo económico, construyó -en sólida piedra, para evitar la amenaza del fuego- unos almacenes que llegaron a emplear a 6.000 trabajadores y que con sus servicios de aduanas, vigilancia de mercancías y conexión ferroviaria fueron una de las joyas nacionales. Hoy, el proyecto de renovación de la Joliette planea albergar en sus instalaciones hasta 80 comercios y restaurantes, además de oficinas.
 


Docks Marseille
 
 
 

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Marsella reivindica su multiculturalidad para 2013
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Borja de Miguel | 10-02-2013 | 10:51| 0

De origen griego y pasado romano, lugar de acogida de armenios (1915: genocidio armenio), rusos (1917: Revolución rusa), españoles (1936: Guerra Civil), italianos, corsos, antillanos, argelinos, tunecinos, marroquíes, senegaleses, comorenses…, con un 12% de su población actual inmigrante y cerca del 40% de los menores de 18 años de descendencia extranjera, Marsella es una ciudad donde el tópico de la multiculturalidad, del que tanto abusan las grandes capitales para vender todo tipo de turismo y proyectos, es, para bien y para mal, cierto. La identidad marsellesa resulta, por tanto, muy variada y abarca desde a los ricos que renuncian a salir de sus barrios del sur porque detestan ese centro tan caótico, sucio y mezclado hasta a los inmigrantes de los pobres y conflictivos barrios-norte que fueron cuna del hip hop local en los 80. Pasando por los marselleses de toda la vida amantes del pastís, de la petanca y de muchas otras agradables costumbres menos tópicas; los franceses de diversas regiones que vienen a estudiar a Aix-en-Provence o en busca de sol y nuevos retos laborales; los familiares de magrebíes y subsaharianos que entran a Europa por este puerto histórico y residen aquí hasta encontrar su propio destino en el país; los investigadores internacionales de Luminy; las clases medias, que son casi unas privilegiadas en esta metrópolis tan desigual y castigada económicamente; los artistas y aventureros de diferente índole que eligen la ciudad por su legendaria libertad, aunque ésta ya empieza a escurrírsele por las alcantarillas; o los jóvenes del sur del continente y de América Latina que desembarcan en busca de cualquier ocupación huyendo de viejas o nuevas crisis. Marselleses –de pura cepa, de adopción o de paso- son todos y, aunque no es siempre la cultura lo que más les preocupa, cada uno de ellos tiene su propia visión de lo que la Capitalidad de Marsella-Provenza 2013 debería ser.
 


Dino y Arno
Dino (primero por la derecha), con su ayudante, y Arno (segundo por la izquierda), con su familia

Dino. Argelino llegado a Marsella en 1992 y propietario de la pizzería Dino.
(Distancia en línea recta entre Argel y Marsella: 755 km)
 
“La Capitalidad es importante porque Marsella tiene una mala imagen y esto va atraer a mucha gente y trabajo. Creo que es algo principalmente turístico, para los que van a venir a visitarnos, pero está bien porque han construido estructuras nuevas que más tarde servirán a los marselleses y que van a dar sus frutos más adelante. Antes de llegar aquí yo he viajado mucho, y ahora estoy bien en Marsella: en verano está la playa, los parques… Pero en invierno está muerto, así que la Capitalidad Cultural está bien. Antes, en Marsella no había nada. Aquí hay mucha cultura y muchas nacionalidades diferentes pero… ¿con MP2013 van a representar todas las culturas de la ciudad o no?”
 
 
Arno. Parisino llegado a Marsella en 2010 y cliente de la pizzería Dino.
(Distancia en línea recta entre París y Marsella: 661 km)
 
“La pregunta que me haces es reveladora de lo que venimos oyendo desde hace tiempo: que Aix-en-Provence, Marsella y Toulon no son capaces de entenderse; que la organización de MP2013 es mala; que se ha gastado mucho dinero en la administración y poco en los artistas; que los artistas vienen de fuera y no son marselleses; que Marsella es una ciudad muy cultural y muy cosmopolita pero que esta creación local la van a dejar de lado… Y por otra parte están los que venden MP2013 y dicen que va a ser magnífico, que va a suponer una renovación para la capital… Entre los dos está lo que va a pasar. Todos esperamos que repare la imagen del lugar que tiene el resto del mundo, que traiga negocio para los comerciantes y que sea el signo de un cambio que continúe en el futuro. Todos amamos Marsella y no queremos que sea una ciudad-escaparate de marketing territorial. El día de la inauguración vimos el espectáculo de circo aéreo del Cours Estienne d’Orves, que acabó con techno y electro, algo que puede gustar un poco a todo el mundo y que no tiene nada que ver con Marsella. Luego subimos a Notre-Damme du Mont, al lado de un restaurante de tajine que había puesto música oriental a tope y donde había un montón de gente bailando, dentro y fuera. Yo espero que MP2013 se parezca a esto y que haya un verdadero intercambio de culturas y nos encontremos y compartamos nuestra música y nuestra gastronomía, por ejemplo, antes que a un año de grandes espectáculos que puedan agradar a cualquier ciudad de cualquier país. Espero que este evento consiga mostrar que Marsella es una metrópolis del mañana, que con todas sus mezclas enseñe que aquí pasa lo que va a suceder en el mundo del futuro.”


 

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Marsella, una ciudad en guerra y de fiesta
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Borja de Miguel | 10-02-2013 | 10:50| 1

El día en el que François Hollande, tras un consejo de Defensa, comparecía en el Palacio del Elíseo para explicar la intervención militar de Francia en Malí (donde la sombra de las motivaciones económicas empieza a emerger) y el intento fallido de rescatar al espía Denis Allex en Somalia (que se saldó con veinte muertes, incluida la del secuestrado), Marsella, la segunda metrópolis del país, se lanzaba a las calles en una gran fiesta con pirotecnias, espectáculos luminosos y acuáticos, acrobacias aéreas, conciertos y bailes para celebrar el inicio de su Capitalidad Cultural Europea. Las calles de la ciudad se llenaron como casi nunca en su historia de gente, básicamente de marselleses curiosos con ganas de ver de una vez en qué se materializaba esta cita de un año que tanto está dando que hablar aquí, de élites parisinas e internacionales invitadas por la organización y por las galerías más chics de la villa y de personas de la región y de toda la geografía francesa atraídas por la cultura y la perspectiva de un fin de semana diferente y festivo.
 
Espectáculo agua Vieux Port
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Espectáculo acuático en el Vieux Port
 
Espectáculo Estienne d'Orves
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Lleno para el número aéreo del Cours d’Estienne d’Orves
 
Marsella concierto
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Noche flamenca en la plaza Thiers

Las aguas normalmente oleosas del Vieux Port salieron disparadas en chorros de colores que dibujaban bellas formas en el cielo, el Cours d’Estienne d’Orves se llenó de cientos de miles de plumas lanzadas por ángeles voladores, las plazas y calles acogieron música y ambiente hasta la madrugada y Notre-Dame de la Garde, como desde hace siglos, lo protegía todo desde las alturas con un nuevo traje de luces y cañones luminosos. Aunque en general los espectáculos no fueron de una calidad artística destacable, no cabe duda de que la ciudadanía se entregó e hizo suya una celebración que se proponía pretenciosa pero que terminó siendo sobre todo popular. Si algunos foráneos pudieron encontrarla floja, los marselleses disfrutaron de ese caos callejero y poco sofisticado, que en el fondo es como les gusta ser. La fiesta triunfó pero, en todo caso, esa noche Marsella no fue la Capital Europea de la Cultura. Acaso de la Espectacularidad, un concepto que ha invadido casi todos los ámbitos de nuestro sistema económico y necesario para la supervivencia hoy de cualquier actividad, desde la venta de chicles hasta la alineación de un equipo deportivo. Dudo que ninguna exposición de 2013 tenga el éxito de afluencia del que disfrutó el evento.
 
Edificio Bata
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Manifestación en el edificio Bata
 
Policía Marsella
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Una cadena de policías en la Canebière vigila el acceso al Vieux Port

El 12 de enero, el día en el que Marsella inauguraba su Capitalidad, el colectivo Atelier Feuillants aprovechaba la vistosidad de la fiesta para dar a conocer su lucha por la defensa del edificio Bata de las ansias urbanísticas que en los últimos años han desembarcado en la ciudad y para explicar su proyecto de convertirlo en un espacio de democracia participativa, con salas de exposiciones, debates y pisos en alquiler. Era su particular campaña de marketing, también basada en el espectáculo y necesaria para sobrevivir ante sus poderosos adversarios económicos. Aquel día, la ciudad estaba tomada por la policía (quizás porque Hollande había elevado el nivel de alerta antiterrorista tras las intervenciones en África) y los mismos que con una mano pedían a su pueblo la cooperación en forma de un gran clamor simultáneo a las 19h que se oyera en toda Europa con la otra lo vigilaban de cerca para que nada se saliera del guión establecido.
 
SDF 0 Marsella
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Un sin techo, en el puerto poco antes del inicio de la fiesta
 
SDF Marsella
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Boulevard d’Athènes
 
SDF 2 Marsella
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Una familia de tres miembros instalada en la calle
 
SDF 3 Marsella
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Pareja rumana, en el Boulevard d’Athènes
 
SDF 4 Marsella
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
La Canabière, a la altura de Réformés

La noche en la que diversos colectivos daban la vuelta a la gran fiesta de Marsella-Provenza 2013 para reivindicar sus causas más o menos perdidas, en la misma Canebière atestada de gente y en su perpendicular, el casualmente llamado Boulevard d’Athènes que lleva hasta la Gare de Saint Charles, los indigentes extendían en silencio sus manos hacia los visitantes que buscaban los últimos trenes de la jornada para regresar a sus casas. Sin embargo, para ellos no se trataba de una acción especial de marketing en un día señalado ya que, en las calles de Marsella, los sin techo, que son muchos, piden limosna y duermen cada día durante todo el año y desde hace décadas. El 26% de los habitantes de la ciudad vivía en 2009 por debajo del límite de la pobreza (según los criterios franceses), un dato que a día de hoy no debe de haber variado mucho. Para ellos la fiesta del 12 de enero se redujo a una mayor cantidad de monedas en sus vasos de plástico. Pura estadística derivada del incremento extraordinario de viandantes a los que abordar.
 
Fuera de los circuitos impresos en los folletos que la organización repartió con sonrisas, los marselleses celebraron la llegada de la Capitalidad también en sus bares y garitos de siempre, donde los clientes se conocen de vista unos a otros (y, si no es así, cruzar unas palabras basta para ponerse a bailar juntos) y donde no hacen falta grandes focos ni escenarios para pasar un buen rato cualquier día del año. Las barras y terrazas habituales, libres de las masas de turistas, se llenaron a pesar de la suave lluvia que cayó por momentos. Y quizás ése fue el mayor éxito de la fiesta de inauguración de Marsella-Provenza 2013, que sus ciudadanos supieron celebrarla conservando su carácter propio y sin dejarse engatusar por la pretenciosidad de unos fastos que no van con ellos.


Marsella fiesta
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Fiesta improvisada en un local de comida rápida

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