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Marsella, una ciudad en guerra y de fiesta
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Borja de Miguel | 10-02-2013 | 10:50

El día en el que François Hollande, tras un consejo de Defensa, comparecía en el Palacio del Elíseo para explicar la intervención militar de Francia en Malí (donde la sombra de las motivaciones económicas empieza a emerger) y el intento fallido de rescatar al espía Denis Allex en Somalia (que se saldó con veinte muertes, incluida la del secuestrado), Marsella, la segunda metrópolis del país, se lanzaba a las calles en una gran fiesta con pirotecnias, espectáculos luminosos y acuáticos, acrobacias aéreas, conciertos y bailes para celebrar el inicio de su Capitalidad Cultural Europea. Las calles de la ciudad se llenaron como casi nunca en su historia de gente, básicamente de marselleses curiosos con ganas de ver de una vez en qué se materializaba esta cita de un año que tanto está dando que hablar aquí, de élites parisinas e internacionales invitadas por la organización y por las galerías más chics de la villa y de personas de la región y de toda la geografía francesa atraídas por la cultura y la perspectiva de un fin de semana diferente y festivo.
 
Espectáculo agua Vieux Port
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Espectáculo acuático en el Vieux Port
 
Espectáculo Estienne d'Orves
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Lleno para el número aéreo del Cours d’Estienne d’Orves
 
Marsella concierto
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Noche flamenca en la plaza Thiers

Las aguas normalmente oleosas del Vieux Port salieron disparadas en chorros de colores que dibujaban bellas formas en el cielo, el Cours d’Estienne d’Orves se llenó de cientos de miles de plumas lanzadas por ángeles voladores, las plazas y calles acogieron música y ambiente hasta la madrugada y Notre-Dame de la Garde, como desde hace siglos, lo protegía todo desde las alturas con un nuevo traje de luces y cañones luminosos. Aunque en general los espectáculos no fueron de una calidad artística destacable, no cabe duda de que la ciudadanía se entregó e hizo suya una celebración que se proponía pretenciosa pero que terminó siendo sobre todo popular. Si algunos foráneos pudieron encontrarla floja, los marselleses disfrutaron de ese caos callejero y poco sofisticado, que en el fondo es como les gusta ser. La fiesta triunfó pero, en todo caso, esa noche Marsella no fue la Capital Europea de la Cultura. Acaso de la Espectacularidad, un concepto que ha invadido casi todos los ámbitos de nuestro sistema económico y necesario para la supervivencia hoy de cualquier actividad, desde la venta de chicles hasta la alineación de un equipo deportivo. Dudo que ninguna exposición de 2013 tenga el éxito de afluencia del que disfrutó el evento.
 
Edificio Bata
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Manifestación en el edificio Bata
 
Policía Marsella
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Una cadena de policías en la Canebière vigila el acceso al Vieux Port

El 12 de enero, el día en el que Marsella inauguraba su Capitalidad, el colectivo Atelier Feuillants aprovechaba la vistosidad de la fiesta para dar a conocer su lucha por la defensa del edificio Bata de las ansias urbanísticas que en los últimos años han desembarcado en la ciudad y para explicar su proyecto de convertirlo en un espacio de democracia participativa, con salas de exposiciones, debates y pisos en alquiler. Era su particular campaña de marketing, también basada en el espectáculo y necesaria para sobrevivir ante sus poderosos adversarios económicos. Aquel día, la ciudad estaba tomada por la policía (quizás porque Hollande había elevado el nivel de alerta antiterrorista tras las intervenciones en África) y los mismos que con una mano pedían a su pueblo la cooperación en forma de un gran clamor simultáneo a las 19h que se oyera en toda Europa con la otra lo vigilaban de cerca para que nada se saliera del guión establecido.
 
SDF 0 Marsella
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Un sin techo, en el puerto poco antes del inicio de la fiesta
 
SDF Marsella
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Boulevard d’Athènes
 
SDF 2 Marsella
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Una familia de tres miembros instalada en la calle
 
SDF 3 Marsella
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Pareja rumana, en el Boulevard d’Athènes
 
SDF 4 Marsella
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
La Canabière, a la altura de Réformés

La noche en la que diversos colectivos daban la vuelta a la gran fiesta de Marsella-Provenza 2013 para reivindicar sus causas más o menos perdidas, en la misma Canebière atestada de gente y en su perpendicular, el casualmente llamado Boulevard d’Athènes que lleva hasta la Gare de Saint Charles, los indigentes extendían en silencio sus manos hacia los visitantes que buscaban los últimos trenes de la jornada para regresar a sus casas. Sin embargo, para ellos no se trataba de una acción especial de marketing en un día señalado ya que, en las calles de Marsella, los sin techo, que son muchos, piden limosna y duermen cada día durante todo el año y desde hace décadas. El 26% de los habitantes de la ciudad vivía en 2009 por debajo del límite de la pobreza (según los criterios franceses), un dato que a día de hoy no debe de haber variado mucho. Para ellos la fiesta del 12 de enero se redujo a una mayor cantidad de monedas en sus vasos de plástico. Pura estadística derivada del incremento extraordinario de viandantes a los que abordar.
 
Fuera de los circuitos impresos en los folletos que la organización repartió con sonrisas, los marselleses celebraron la llegada de la Capitalidad también en sus bares y garitos de siempre, donde los clientes se conocen de vista unos a otros (y, si no es así, cruzar unas palabras basta para ponerse a bailar juntos) y donde no hacen falta grandes focos ni escenarios para pasar un buen rato cualquier día del año. Las barras y terrazas habituales, libres de las masas de turistas, se llenaron a pesar de la suave lluvia que cayó por momentos. Y quizás ése fue el mayor éxito de la fiesta de inauguración de Marsella-Provenza 2013, que sus ciudadanos supieron celebrarla conservando su carácter propio y sin dejarse engatusar por la pretenciosidad de unos fastos que no van con ellos.


Marsella fiesta
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Fiesta improvisada en un local de comida rápida

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  • chicaverde

    Muy bueno. Las palabras exactas para sentimientos q comparto, y, desde luego q los marselleses lo disfrutaron…con un orgullo parecido al q muestran cuando te enseñan su “nuevo vieux port” (ese desierto de cemento, super confortable!!!)
    y todo sigue lleno de plumas…. ;)

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